HISPANIA: 1808 TAMBIÉN FUE UNA CRUZADA

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Durante la transición del Antiguo Régimen a lo que llaman la “Modernidad”, en España, desde 1808 hasta 1814, la guerra de guerrillas y una insurrección popular contra Napoleón fue acompañada de las acciones armadas de los ejércitos regulares. Sobre los trágicos acontecimientos que precipitaron la decadencia de España, hemos leído en  “Tradición Católica” (Madrid, marzo-abril 2008), revista editada por la Hermandad San Pio X una interpretación que pone el acento en el aspecto religioso de la confrontación.

 Bajo el titular de “El sentido religioso del alzamiento de 1808”,  se señala que con la Casa de Borbón el Estado pasa a ser regalista y su política exterior viene marcada por los Pactos de Familia. En 1793 España se une a las grandes monarquías europeas contra la “revolución francesa”, el general Ricardos, que había entrado en el Rosellón, muere y Godoy se apresura a firmar la paz de Basilea con Francia. Pero Godoy, en vez de mantener una inteligente neutralidad entre Francia y Gran Bretaña, enfrentadas entre sí, firma con Francia el Tratado de Fontainebleau (1807) permitiendo el paso hacia Portugal de 112.000 soldados franceses.  Tras el “Dos de Mayo” en Madrid, la guerra de guerrillas se extiende por toda la Península. Numerosos eclesiásticos se ponen al frente del alzamiento, tanto que, Napoleón creyó –según dicen–que la resistencia popular era “obra de clérigos y frailes”. El día 25 de julio de 1808, José Bonaparte es coronado rey, pero el día 29 de julio acaba huyendo precipitadamente al conocerse la derrota francesa en la batalla de Bailén, lo que hace que las tropas bonapartistas se retiren a la línea del rio Ebro.

En diciembre de 1808, Napoleón, al mando de la Grande Armée, entra en Madrid, restableciendo en el trono a su hermano José, y decretando medidas anticatóloicas como la reducción de las órdenes religiosas a la tercera parte y la supresión del Santo Oficio de la Inquisición.

 Respecto a la persecución contra la religión, en estas jornadas,  Marcelino Menéndez y Pelayo, en su “Historia de los Heterodoxos Españoles”, escribe que “Entretanto el gobierno de José proseguía incansable su obra de desamortización y de guerra a la Iglesia; y tras de los conventos suprimió las órdenes militares, incautándose de sus bienes y se apoderó de la plata  labrada de las iglesias (…).”. Añade que en 1809 fue fusilado el obispo de Coria, Don Juan Alvarez de Castro, anciano  de ochenta y cinco años y menciona también el “incendio de la catedral de Solsona en 1810, la monstruosa violación de las monjas de Uclés en 1809 y los fusilamientos en masa de frailes y de estudiantes de teología que hizo el mariscal Suchet (…) ”  como “leve muestra de las hazañas francesas en aquel período”.

El artículo de “Tradición Católica” pone de relieve lo que llama “la traición de las Cortes de Cádiz” pues la Junta Central refugiada en Cádiz había firmado con Inglaterra un tratado de ayuda y a instancias del embajador británico convocó Cortes. Cádiz era un hervidero de intrigas. En enero de 1810 se forma un consejo de regencia. Las cortes extraordinarias, convocadas contra el parecer del Obispo-regente, proclamaron la “soberanía popular”, introduciéndo las mismas ideas revolucionarias contra las que luchaba gran parte el pueblo llano. El citado prelado dimitió su cargo y acabó siendo perseguido. Fruto de estas Cortes de Cádiz fue su “Constitución”, aprobada el 19 de marzo de 1812. Aunque formalmente se proclamaba la confesionalidad católica del Estado, se aprueba la libertad de imprenta de la que se valdría la propaganda masónica impunemente, se suprimen los señoríos y jurisdicciones eclesiásticos, asi como la inmunidad de las personas eclesiásticas.  En 1813 las Cortes de Cádiz suprimieron el Tribunal de la Inquisición. A continuación se procedió a la expropiación de los bienes de las comunidades religiosas suprimidas por José Bonaparte, anulación del voto de Santiago, expulsión del nuncio Gravina…, etc.

 En defensa de la fe católica sobresalió en esta época el dominico Fray Francisco Alvarado (1756-1814), de profunda formación tomista, que con el pseudónimo de “Filósofo Rancio” hio célebres sus Cartas Críticas contralos “filósofos de moda”, poniendo de manifiesto la estupidez de la folletinería anticlerical.

Por otra parte, seis obispos reunidos en Mallorca, donde se habían refugiado, en 12 de diciembre ede 1812 dirigen al clero y al pueblo de sus diócesis una Instrucción Pastoral  en la que denuncian la filosofia racionalista y  la “libertad de imprenta” como ideas del enemigo invasor y en la que se unen a los demás obispos de España en la defensa de la Santa  Inquisición y de las órdenes religiosas.

En el aspecto militar, en julio de 1812, las tropas napoleónicas son derrotadas en la batalla de Arapiles; en 1813, los invasores son derrotados en Vitoria y san Marcial. En diciembre de 1813 Napoleón firma la paz de Valencay por la que se compromete a dejar en libertad a Fernando VII. Las Cortes se trasladan a Madrid y al renovarse como consecuencia de que se han liberado extenson territorios, los llamados “liberales” quedan en franca minoría y se hace evidente que las famosas Cortes de Cádiz sólo se representaban a sí mismas.

 Cuando el 16 de abril de 1814 Fernando VII llega a Valencia, un grupo de 69 diputados le presentan el Manifiesto de los Persas [así llamado porque se inicia con estas palabras: “Era costumbre de los antiguos persas pasar cinco días en anarquía después del fallecimiento de su rey, (…)], pues para los firmantes los años transcurridos desde 1808 eran equivalentes a los días de anarquía que experimentaban los persas y eran razón de más para que se tomasen medidas concretas de tipo político que suponían la supresión de la Constitución de 1812 y la celebración de nuevas Cortes según la usanza tradicional de la Monarquía Hispana.

Fernando VII fue recibido como “rey deseado” por el pueblo y como restaurador del orden y de la religión, pero no convocó nuevas Cortes, mantuvo el regalismo de sus antecesores borbones y se rodeó de una camarilla servil. Con la sublevación de Riego en 1820, provocada por la masonería, se ímpuso la Constitución de 1812. Otra vez hubo supresión parcial de los monasterios, asesinato del obispo de Vich, etc. Las llamadas tropas realistas se alzan contra el despotismo de los llamados liberales y en una de sus acciones toman la Seo de Urgel, donde una Junta de Regencia negocia la intervención militar de la Santa Alianza. La llegada de los  Cien Mil Hijos de San Luis (en realidad, 65000 franceses y 35000 españoles), con el completo apoyo de la población, supuso un paseo militar hasta Cádiz.  En esta ocasión los franceses no encontraron ninguna resistencia popular, antes bién, ayuda y colaboración.   Esta diferencia de comportamiento ante las tropas francesas se debe, indudablemente, a que en 1808 el ejército francés representaba las ideas revolucionarias y anti católicas y venían a imponer como rey a José Bonaparte y en 1823, los militares mandados por el duque de Angulema, venían a liberar al rey Fernando VII, preso en Cádiz por los sublevados y a restaurar de alguna forma lo que el pueblo sencillo creía ser una forma de gobernarse y vivir según la monarquía tradicional y católica.

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Nota de hurania’s weblog: El autor del artículo aquí resumido y transcrito somera y  libremente es Don Julio Melones Espolio.

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