CORNELIO ZELEA CODREANU, MARTIR

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Cual si se hubiera reencarnado en el cuerpo de Cornelio Zelea Codreanu, Jesus el Cristo se hizo presente en la vida, obras y muerte de un líder rumano que pese a sus grandes y nobles cualidades y virtudes heróicas hoy es casi olvidado.

Pese al silencio impuesto por los poderes ocultos que vencieron en la Segunda Guerra Mundial, un modesto obrero rumano, Ion Marii, ha dedicado su vida a difundir el pensamiento y el recuerdo de Cornelio Z. Codreanu y de la Guardia de Hierro que él fundó.

Aquí recogemos una sucinta información sobre el librito “Diario de la Cárcel”, escrito por el Capitán durante su duro y cruel encarcelamiento en una húmeda mazmorra:

En su Manual del Jefe, se vale de una alegoría para expresarlo. El legionario dispuesto al buen combate debe estar preparado a pasar por el monte del sufrimiento, por la selva de las fieras salvajes, por el pantano del desaliento. Sólo así será simillitudo Dei; del Dios Verdadero que fue crucificado y que resucitó victorioso. Sólo así, en la molienda, dará frutos, como el grano de trigo del que nos habla el Evangelio. Sólo así, “al final del difícil sendero de las tres pruebas, empieza la obra bella, la obra bendita para construir los fundamentos de la Nueva Rumania”12.
Era fatalmente previsible que una personalidad de esta talla, de tamañas ideas y de congruencia probada entre las mismas y el modo de vida libremente aceptado, suscitara los odios de liberales y marxistas, y de los tenebrosos conjurados que tras ellos se mueven. Esa conjura maldita, lo encerró una noche de abril de 1938, en la inhumana cárcel de Jilava. Y después de varios meses de vejaciones, para él, sus familiares y camaradas, decidió estrangularlo por la espalda, “sin malgastar tiempo en formalidades”, como se ufanó el diario judío Israel, de El Cairo, en su edición del 5 de enero de 1939.
Pero allí, en la cárcel, bajo circunstancias que a otros hubie­ran aniquilado moralmente, el Capitán redacta este diario que ahora presentamos. Y que es un manifiesto hermoso de la virtud teologal de la esperanza; un testamento del decoro y de la piedad, del irrenunciable objetivo de rescatar a la patria cautiva. Son páginas escritas con dolores lacerantes, del alma y del cuerpo; en las cuales está entero el temple del prisionero. No hay odios ni resentimientos en sus palabras, no hay promesas de desquite ni injurias para sus verdugos. No hay desplan­tes, bravatas, rencores o lamentos. Hay oraciones y plegarias, celebración solitaria y silente de la Pascua, lecturas de los Sal­mos, recuerdos para los que sufren, consignas para continuar con la batalla. Hay un genuino experimentum crucis, vivido y ofrecido lúcidamente, cada día. Por eso, siempre nos ha pare­cido —y estamos pesando y pensando esta afirmación— que la figura de Codreanu pertenece más al ámbito de la hagiografía que al de la historia de las ideas políticas. Su arquetipicidad congrega lo santo y lo heroico, lo poético y lo profético, lo martirial en grado estricto e inequívoco. Vivió y murió como un soldado de Cristo.
(…)
Cuando Europa regrese a sus raíces      
vestida con antiguas cicatrices
como en el alba de su edad primera.
Y suba por los montes solitarios
una estirpe imperial de legionarios.
Su muerte, Capitán, será bandera.
Cuando el Tabor se crispe refulgente
anunciando el origen de Occidente
-la razón teologal de toda historia-
0 se repita el gesto de Betania
al contemplar el cielo de Rumania.
Su vida, Capitán, será victoria.

Cuando arome el incienso y el laurel
la imagen del Arcángel San Miguel
alzada en cada altar y en cada mesa.

Habrá un canto de amor por los caídos
presentes en el rezo de los nidos.
Su nombre, Capitán, será promesa.
Cuando el honor conduzca a las naciones
hacia el rumbo que marcan sus pendones
estampados en Cruz por estandarte
la ley del sacrificio y del trabajo
regirá inapelable como un tajo.

Su ejemplo, Capitán, será baluarte.

Cuando su sangre que brotó en martirio
fecunde de la raza un nuevo lirio
y la luz del dolor se haga visible.
Cuando doblen campanas en los templos
celebrando el valor de sus ejemplos.
La Legión, Capitán, será invencible.

Antonio Caponnetto
Buenos Aires, 13 de septiembre de 1999.
Centenario del nacimiento de Codreanu

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