los banqueros judíos actúan en política (y 2)

by

miércoles, 18 de junio de 2008

Wall Street y la llegada de Hitler al poder  

Paz Digital, 18-06-2008.-

El profesor Antony C. Sutton ha escrito varios libros sobre la II Guerra Mundial. En el último de ellos, “Wall Street y la llegada de Hitler al poder”, demuestra que la II Guerra Mundial no sólo fue algo bien planificado, sino también algo muy rentable para un grupo selecto de personas con información financiera privilegiada. Con cuidado y documentando los secretos mejor guardados con documentos originales y testimonios, Sutton desvela el papel desempeñado por JP Morgan, TW Lamont, por los intereses de los  Rockefeller, por los de General Electric, Standard Oil, National City Bank, Chase Manhattan, Kuhn, Loeb y decenas de otros personajes de la elite.
Aquí, presentamos sólo la Introducción y las Conclusiones del mencionado libro, proporcionando los enlaces al resto de los capítulos en los que el autor documenta su tesis con innumerables datos.

***

INTRODUCCIÓN

Facetas inexploradas del nazismo.
Desde principios de 1920 han circulado informes infundados en el sentido de que no sólo los industriales alemanes, sino también los financieros de Wall Street, tuvieron un papel, posiblemente un papel importante, en el ascenso de Hitler y el nazismo. Este libro presenta las pruebas inéditas, una gran cantidad de archivos de los Tribunales Militares de Nuremberg, para apoyar esta hipótesis. Sin embargo, el alcance y lo sugestivo de las pruebas no se pueden ver sólo a partir de la lectura de este volumen. Dos libros anteriores de esta serie, “Wall Street y la Revolución Bolchevique” y “Wall Street y el FDR”, relatan el papel de las mismas empresas y, muchas veces, el de los mismos individuos trabajando duramente para manipular la Revolución Bolchevique en Rusia en 1917, apoyando a Franklin D. Roosevelt Presidente de los Estados Unidos en 1933, y ayudando a la subida de Hitler en Alemania antes de la guerra. En resumen, este libro es parte de un más amplio estudio sobre el surgimiento del socialismo y de las empresas  socialistas.

Este grupo políticamente activo de Wall Street es más o menos el mismo círculo elitista generalmente conocido entre los conservadores como el “establecimiento liberal”, entre  los liberales como “la clase dominante” y por los teóricos de conspiración como los “de adentro”, los “insiders”. Pero independientemente de cómo denominemos a este grupo elitista, éste es de fundamental importancia en la determinación de los asuntos del mundo, a un nivel muy por detrás y por encima de los políticos elegidos.

La influencia y el trabajo de este mismo grupo para  que Hitler llegara al poder y el surgimiento de la Alemania nazi es el tema de este libro. Esta es un área de investigación histórica casi totalmente inexplorada por el mundo académico. Se trata de un campo de minas para los incautos y para los que no son conscientes de las complejidades de los procedimientos de la investigación. Los soviéticos han acusado a los banqueros de Wall Street de haber apoyado al fascismo internacional, pero su propia fama de inexactitud histórica hace que apenas se preste atención a sus acusaciones en Occidente y por no criticar, por supuesto, el apoyo que su propia marca de fascismo recibió.

Este autor está en un campo diferente. Anteriormente fue acusado de ser demasiado crítico con los soviéticos y con el socialismo doméstico y de haber ignorado a Wall Street y su relación con el ascenso de Hitler, en este libro esperamos corregir este supuesto filosófico bastante impreciso y desequilibrado y hacer hincapié en el verdadero aspecto de la cuestión. Como quiera que llamemos al sistema colectivista: socialismo soviético, la nueva vía hacia el socialismo, socialismo corporativo o nacional socialismo, es el ciudadano medio, el hombre de la calle, el que finalmente pierde contra los tipos que dirigen la operación desde arriba. Cada sistema a su manera es un sistema de saqueo, un dispositivo organizado para que unos vivan (o intenten vivir) a costa de todos los demás, mientras que los dirigentes de la elite, los gobernantes y los políticos rebañan la crema de la parte superior.

El papel de la élite americana en el ascenso de Hitler también deberían considerarse en relación con un aspecto poco conocido del nazismo que sólo ahora se está estudiando: los orígenes místicos del nazismo y sus relaciones con la Sociedad de Thule y con otros grupos conspiradores. Este autor no es experto en ocultismo o  conspiración, pero los orígenes místicos, las raíces neo-paganas del nazismo, sus relaciones con los illuminati de Baviera y con la Sociedad de Thule son relativamente áreas desconocidas y aún no exploradas por investigadores competentes. Algunas investigaciones ya se han hecho en francés; probablemente la mejor introducción en Inglés es una traducción de “Hitler y la Tradición Cátara” de Jean Michel Angebert.

Angebert relata la cruzada que en 1933 el miembro de la Schutzstaffel, Otto Rahn, hizo para buscar el Santo Grial, que supuestamente se encontraba en el bastión cátaro, en el sur de Francia. La primera jerarquía nazi (Hitler y Himmler, así como Rudolph Hess y Rosenberg) fue proclive hacia una teología neo-pagana, en parte similar a la de la Sociedad de Thule, cuyos ideales se acercaban  a los de los illuminati de Baviera. Esta fue una fuerza subterránea impulsora del nazismo, que tenía una poderosa influencia mística sobre el núcleo duro de los dirigentes de las SS. Nuestros historiadores contemporáneos apenas mencionan y, mucho menos estudian estos orígenes ocultos y, en consecuencia, se les escapa un aspecto tan importante o más que el aspecto financiero en los orígenes del nacional-socialismo.

En 1950, James Stewart Martin publicó un libro muy interesante, “Todos los Hombres Honorables” en donde describe sus experiencias como Jefe de la Sección Económica de Guerra del Departamento de Justicia para la investigación de la estructura de la industria nazi. Martin afirma que los hombres de negocios americanos y británicos se nombraron a sí mismos para puestos clave para la investigación después de la guerra para desviar, amortiguar y sofocar la investigación sobre los nazis y sobre los industriales a fin de mantener oculta su propia participación. Un oficial británico fue condenado por un tribunal militar a dos años de cárcel por proteger a un nazi y varios funcionarios estadounidenses fueron destituidos de sus cargos. ¿Por qué los hombres de negocios americanos y británicos querían proteger a los hombres de negocios nazis? En público se argumentó que estos no eran más que hombres de negocios alemanes que no tenían nada que ver con el régimen nazi y son inocentes de complicidad en la conspiración nazi. Martin no exploró en profundidad esta explicación, pero la explicación no le gustó y fue escéptico al respecto. La evidencia sugiere que hubo un esfuerzo concertado no sólo para proteger a los hombres de negocios nazis, pero también para proteger los elementos colaboradores en empresas británicas y americanas.

Los empresarios alemanes podrían haber hablado. A cambio de protección, dijeron muy poco. No es casual que los industriales de Hitler que fueron enjuiciados en Nuremberg recibieran poco más que una reprimenda. Esto nos plantea la cuestión de si los juicios de Nuremberg debieron haberse celebrado en Washington, con algunos prominentes hombres de negocios americanos sentados al lado de los hombres de negocios nazis en el banquillo de los acusados.

Dos extractos de fuentes contemporáneas a los hechos nos introducirán en el tema. El primer extracto es de los propios archivos de Roosevelt. El Embajador de los USA en Alemania, William Dodd, escribió a Roosevelt, desde Berlín, el 19 de octubre de 1936 (tres años después de que Hitler llegara al poder), en relación con los industriales de América y su ayuda a los nazis:

 

”Por mucho que creo en la paz como nuestra mejor política, no puedo evitar el temor del que Wilson insistió en más de una ocasión en conversaciones conmigo el 15 de agosto de 1915 y después: “El fracaso de la democracia en toda Europa será un desastre para la gente. Pero, ¿qué se puede hacer? En la actualidad más de un centenar de empresas de América tienen filiales aquí o acuerdos de cooperación. DuPonts tienen tres aliados en Alemania, que están ayudando en el negocio armamentista. Su principal aliado es la empresa IG Farben, que es del Gobierno y está dando 200.000 marcos al año a una organización de propaganda para influir en la opinión pública americana. La Standard Oil Company  envió aquí $2.000.000 en diciembre de 1933 y ha mandado 500.000 dólares al año para ayudar a los alemanes en la gasística Ersatz para fines de guerra, pero la Standard Oil no puede sacar  sus ganancias fuera del país, salvo en bienes. Esta empresa declara sus ingresos en USA, pero no explica los hechos. El presidente de la International Harvester Company me dijo que sus negocios aquí aumentaron el 33% al año (se dedican a la fabricación de armas, creo), pero no pueden sacar nada. Incluso los nuestros que se dedican a la fabricación de aviones tienen acuerdos secretos con Krupps. General Motor Company y Ford hacen enormes negocios aquí a través de sus filiales y no se llevan los beneficios. Menciono estos hechos porque éstos complican las cosas y aumentan los peligros de guerra”.

 

En segundo lugar, una cita de la misma agenda del  embajador de los EE.UU. en Alemania. El lector debe tener en cuenta que un representante de la citada Vacuum Oil Company, así como representantes de otras empresas  que apoyaron a los nazis fueron nombrados para puestos en la Comisión de Control para desnazificar a los nazis:

 

”Enero 25. Jueves. El agregado comercial ha traído al Dr Engelbrecht, director de la Vacuum Oil Company en Hamburgo, a verme. Engelbrecht repitió lo que dijo hace un año: “La Standard Oil Company de Nueva York, la empresa matriz de la Vacuum, ha gastado 10.000.000 de marcos en Alemania tratando de encontrar pozos de petróleo y en la construcción de una gran refinería cerca del puerto de Hamburgo.” Engelbrecht todavía está haciendo prospecciones y tratando de encontrar una buena oferta en la región de Hannover, pero no tiene ninguna esperanza de encontrar grandes depósitos de petróleo. Espera que el doctor Schacht subvencione su empresa como hace con algunas empresas alemanas que no han encontrado petróleo. La Vacuum gasta todos sus ingresos aquí, da empleo a 1.000 hombres y no envía ningún dinero a casa. No le pude dar esperanzas”.

 

Y aún más:

 

”Estos hombres estaban saliendo del edificio cuando el abogado entró de nuevo para informar de sus  dificultades. No podía hacer nada, pero le pregunté: ¿Por qué la Standard Oil Company de Nueva York envió más de $1.000.000 en diciembre de 1933, para ayudar a los alemanes para fabricar gasolina a partir del carbón para emergencias de guerra? ¿Por qué la gente de la Internacional Harvester sigue fabricando en Alemania cuando su empresa no saca nada del país y cuando ésta no ha conseguido recuperar las pérdidas de guerra? Comprendió mi posición y estuvo de acuerdo en que si estallaba otra guerra habría aún más pérdidas”.

 

La alianza entre el poder político nazi y las grandes empresas americanas pudo no haber tenido sentido para el embajador Dodd y para el abogado americano. En la práctica, por supuesto, las grandes empresas si encuentran el sentido cuando se trata de promover su propio interés.
La inversión en la Alemania nazi (junto con inversiones similares en la Unión Soviética) era un reflejo de políticas de más altos vuelos que se jugaban mucho más que los beneficios inmediatos. Para rastrear estas “políticas de altos vuelos” hay que penetrar en el control financiero de las empresas multinacionales, ya que los que controlan el flujo de financiación controlan las políticas del día a día.
 
Carroll Quigley ha demostrado que el vértice de este sistema de control financiero internacional antes de la Segunda Guerra Mundial fue el the Bank for International Settlements, con representantes de la banca internacional tanto de Europa como de los  Estados Unidos, en un pacto que continuó a lo largo de la Segunda Guerra Mundial. Durante el período nazi, el representante de Alemania en el Bank for International Settlements fue el genio financiero de Hitler y presidente del Reichsbank, Hjalmar Schacht Horace Greeley.

 
Horace Greeley Hjalmar Schacht

En las conexiones de Wall Street con la Alemania de Hitler destacan dos alemanes: Hjalmar Schacht y “Putzi” Hanfstaengl. Este último era amigo de Hitler y Roosevelt, que sospechosamente desempeñó un papel prominente en el incidente que llevó a Hitler a la cima del poder dictatorial: el incendio del Reichstag en 1933.

La temprana historia de Hjalmar Schacht y, en particular, su papel en la Unión Soviética después de la Revolución Bolchevique de 1917, fue contada en mi anterior libro: ”Wall Street y la Revolución Bolchevique”. El anciano Schacht había trabajado en la oficina de Berlín de la Equitable Trust Company de Nueva York a principios del siglo XX. Hjalmar nació en Alemania y no en Nueva York sólo por accidente, ya que su madre se puso enferma y requirió que la familia volviera a Alemania. Su hermano William Schacht era un ciudadano de nacionalidad norteamericana. Para resaltar su origen americano, los segundos nombres de Hjalmar eran “Horace Greeley”, por el conocido político demócrata. En consecuencia, Hjalmar hablaba fluidamente el inglés y el interrogatorio de Schaft después de la guerra en el Proyecto Dustbin se realizó en alemán e inglés. Lo destacable de esto es que la familia Schacht tenía sus orígenes en Nueva York, trabajó para la importante casa financiera de Wall Street, la Equitable Trust (que estaba controlada por la Banca Morgan) y a lo largo de toda su vida Hjalmar mantuvo estas conexiones con Wall Street. Los periódicos de la época registran los numerosos encuentros con Owen Young de la General Electric; con Farish, presidente de la Standard Oil de New Jersey, y sus homólogos de la banca. En resumen, Schacht fue miembro de una élite financiera internacional que ejerce su poder detrás las bambalinas a través del aparato político de una nación. Él es el eslabón principal entre la elite de Wall Street y el círculo íntimo de Hitler.

Este libro se divide en dos grandes partes. La Primera Parte está dedicada a la construcción de los grandes grupos empresariales nazis a través de los planes de Young y Dawes  en la década de 1920. Estos grupos  empresariales fueron los principales partidarios de Hitler y el nazismo y fueron directamente responsables de la llegada de los nazis al poder en 1933. El papel que desempeñaron la IG Farben, General Electric, Standard Oil de New Jersey, Ford, y otras empresas de EE.UU. queda subrayado. En la Segunda Parte se presentan pruebas documentales sobre la financiación de Hitler, con la reproducción fotográfica de los recibos de las transferencias bancarias que se hicieron para transferir fondos de Farben, General Electric, y otras empresas, a Hitler, a través de Hjalmar Horace Greeley Schaft.

[…]


Conclusiones
Hemos demostrado con pruebas documentales de una serie de conexiones críticas entre los banqueros de Wall Street y el ascenso de Hitler y el nazismo en Alemania.

Primera: Wall Street financió a los grupos empresariales alemanes a mediados de los años 1920 que a su vez llevaron a Hitler al poder.

Segunda: Que la financiación de Hitler y sus matones callejeros de las SS llegó de filiales de empresas de los EE.UU., incluida la de Henry Ford en 1922, los pagos de  IG Farben y de General Electric en 1933, seguida de la Standard Oil de New Jersey y de ITT a Heinrich Himmler hasta 1944.

Tercera: Que multinacionales de USA bajo el control de Wall Street se beneficiaron del programa armamentista de Hitler en la década de 1930 y al menos hasta 1942.

Cuarta: Que esos mismos banqueros internacionales utilizaron su influencia política en los EE.UU. para encubrir su colaboración en tiempo de guerra y para hacer esto se infiltraron la Comisión de Control para Alemania.

Nuestras pruebas para estas cuatro afirmaciones principales se pueden resumir de la siguiente manera:

En el Capítulo I presentamos pruebas de que los Planes Dawes y Young para la reconstrucción de Alemania fueron formuladas por gente de Wall Street que temporalmente ocuparon cargos políticos en la Administración y estos préstamos generaron una lluvia de beneficios para estos banqueros internacionales. Owen Young de General Electric, Hjalmar Schacht, A. Voegler y otros íntimamente relacionados con la llegada de Hitler al poder habían estado anteriormente en las negociaciones de los EE.UU. y Alemania, respectivamente. Tres casas de Wall Street:  Dillon, Lee; Harris, Forbes, y la National City Company  manejaron tres cuartas partes de los préstamos para la reconstrucción utilizados para crear el entramado financiero-industrial alemán incluidos el dominante IG Farben y Vereinigte Stahlwerke, que, entre los dos, produjeron el 95% de los explosivos para el lado nazi en la Segunda Guerra Mundial.

El papel central de I.G. Farben en el golpe de estado de Hitler fue examinado en el Capítulo II. Los directores de American I.G. (Farben) fueron identificados como hombres de negocios prominentes de América: Walter Teagle, un socio cercano a Roosevelt y que lo apoyó y administrador de la NRA; el banquero Paul Warburg (su hermano Max Warburg fue de la Junta Directiva de IG Farben en Alemania), y Edsel Ford. Farben donó 400.000 marcos a Schacht y Hess para su uso en las elecciones críticas de 1933 y Farben estuvo posteriormente en la vanguardia del desarrollo militar de la Alemania nazi.

Una donación de 60.000 marcos se hizo a Hitler por la General Electric de Alemania (AEG), que tenía cuatro directores y un 25-30% de las acciones en poder de la empresa matriz de Nueva York. Este papel se describe en el Capítulo III, y hemos descubierto que Gerard Swope, un promotor del New Deal de Roosevelt  junto con Owen Young del Banco de la Reserva Federal de Nueva York y Clark Minor de la Internacional General Electric, eran los dominantes Wall Streeters en AEG.
 
Asimismo, no encontré pruebas para acusar a la empresa eléctrica alemana Siemens, que no estaba bajo el control de Wall Street. Por el contrario, hay pruebas documentales de que tanto AEG como Osram que estaban participadas y controladas por empresas de los EE.UU. financiaron a Hitler. De hecho, casi todos los directores de General Electric en Alemania apoyaron a Hitler, bien directamente a través de AEG o indirectamente a través de otras empresas alemanas. G.E. mostró su apoyo a Hitler con su cooperación técnica con Krupp, cuyo objetivo era limitar el desarrollo de la industria del carburo de tungsteno en los EEUU, algo que iba en detrimento de los EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial. Llegamos a la conclusión de que las fábricas de A.E.G. en Alemania se las arreglaron para no ser bombardeadas por los Aliados.

Un examen del papel de la Standard Oil de New Jersey (que era y es controlada por los intereses de Rockefeller) se llevó a cabo en el Capítulo IV. La Standard Oil aparentemente no financió la ascensión de Hitler al poder en 1933 (así parte del “Mito de Sidney Warburg” no está probada). Por otra parte, los pagos se efectuarán hasta 1944 por la Standard Oil de New Jersey, para desarrollar la gasolina sintética para fines de guerra para favorecer a los nazis y, a través de su subsidiaria de propiedad absoluta, a las SS de Heinrich Himmler y a su círculo de amigos con fines políticos. El papel de la Standard Oil consistió en asistir técnicamente para el desarrollo del caucho sintético y gasolina sintética a través de una empresa de investigación de EE.UU. bajo el control y la dirección de la Standard Oil. La Ethyl Gasolina Company, propiedad conjunta de Standard Oil de New Jersey y General Motors, tuvo un papel vital en el suministro de plomo etílico para la Alemania nazi, a pesar de las protestas del Ministerio de la Guerra de los EE.UU., con el claro conocimiento de que el etilo de plomo tenía propósitos militares.

En el capítulo cinco se demostró que la International Telephone and Telegraph Company (ITT), una de las más notorias multinacionales, trabajaron en ambos lados a través del barón Kurt von Schröder, del Schroder Banking Grup. I.T.T. también mantuvo un 28% de participación en compañía Focke-Wolfe que fabricaba excelentes aviones de combate. Asimismo, se encontró que Texaco (Texas Oil Company) estuvo implicada en la Alemania nazi a través del abogado Westrick, pero despidió a su presidente en la Junta Directiva de la compañía Rieber cuando esto se descubrió.

Henry Ford fue uno de los primeros en apoyar a Hitler tan pronto como en 1922. Edsel Ford mantuvo la tradición familiar hasta 1942-1944 y suministró a la Wehrmacht vehículos que, por lo tanto, fueron usados para atacar a los soldados estadounidenses cuando desembarcaron en Francia en 1944.  Por su pronto reconocimiento y por la asistencia oportuna a los nazis, Henry Ford recibió una medalla nazi en 1938. Los archivos de la Ford francesa sugieren que la Ford fue tratada con guante de seda por los nazis después de 1940.

Los hilos de la financiación de Hitler se dibujan en el Capítulo VII y se da respuesta precisa con nombres y cifras de la cuestión: ¿Quién financió a Adolf Hitler? En este capítulo se acusa a Wall Street y a nadie más en los Estados Unidos con excepción de la familia Ford. La familia Ford generalmente no se asocia con Wall Street, pero es, sin duda, una parte de la “élite de poder”.

En capítulos anteriores hemos citado varios amigos Roosevelt, incluyendo a Teagle de la Standard Oil, la familia Warburg, y Gerard Swope. En el Capítulo VIII, se perfila el papel de Putzi Hanfstaengl, otro amigo de Roosevelt y un participante en el incendio del Reichstag.  La composición del círculo interno nazi durante la Segunda Guerra Mundial y las contribuciones financieras de la Standard Oil de New Jersey y de las filiales de la  ITT son  trazadas en el Capítulo IX. Se presentan pruebas documentales de estas contribuciones monetarias. Kurt von Schröder se identifica como el intermediario clave en este lodazal de las SS.

Por último, en el Capítulo X revisamos un libro prohibido en 1934 y “el mito de Sidney Warburg”. En el libro prohibido se acusaba a los Rockefeller, a los Warburgs y a las principales empresas petroleras de haber financiado a Hitler. Aunque el nombre de “Sidney Warburg” fue, sin duda, una invención, lo extraordinario es que lo que dice “Sidney Warburg” está muy cerca de las pruebas presentadas ahora. También sigue siendo un rompecabezas el porqué James Paul Warburg, quince años después, quiso refutar de una manera bastante transparente el contenido del libro de “Warburg”, un libro que afirma no haber visto. Es tal vez incluso es más que un rompecabezas el porqué Warburg eligió las memorias del nazi von Papen como vehículo para presentar su refutación.

Por último, en el Capítulo XII se analiza el papel de la  banca Morgan y de la Chase Manhatan en la Segunda Guerra Mundial, en particular, su colaboración con los nazis en Francia, mientras que una guerra lo asolaba todo.

En otras palabras, como en nuestras dos anteriores investigaciones sobre los vínculos entre los banqueros internacionales de Nueva York y los principales acontecimientos históricos, nos encontramos con un patrón constante: la financiación y la manipulación política.

La influencia omnipresente de los banqueros internacionales.

En cuanto a la amplia gama de hechos presentados en los tres volúmenes de la serie de Wall Street, encontramos una persistente repetición de los mismos nombres: Owen Young, Gerard Swope, Hjalmar Schacht, Bernard Baruch, etc; los mismos bancos internacionales: JP Morgan, Guaranty Trust, Chase Bank y el mismo lugar: Nueva York y por lo general el número 120 de Broadway.

Este grupo de banqueros internacionales respaldó la Revolución Bolchevique y posteriormente se benefició de la creación de una Rusia soviética. Este grupo respaldado a Roosevelt y se benefició del New Deal. Este grupo también apoyó a Hitler y, desde luego, se benefició del programa armamentista alemán en la década de 1930. Cuando las grandes empresas deberían haberse dedicado a sus actividades comerciales en Ford Motor, en la Standard de Nueva Jersey, etc… los encontramos activa y profundamente involucrados en las convulsiones políticas, la guerra y las revoluciones en tres grandes países.

La versión de la historia que aquí se presenta es la de la élite financiera que a sabiendas y con premeditación provocó la Revolución Bolchevique de 1917 en concierto con los banqueros alemanes. Después de obtener beneficios por la hiper-inflación alemana de 1923 y después de haber planeado cobrar la recuperación alemana a los inversores [ahorradores] americanos, Wall Street se encontró con que había provocado la crisis financiera de 1929.

Dos hombres fueron respaldados como líderes de dos de los principales países occidentales: Franklin D. Roosevelt en los Estados Unidos y Adolf Hitler en Alemania. Entre el New Deal de Roosevelt y el Plan Cuatrienal de Hitler había muchas similitudes. Los planes de Roosevelt y Hitler eran planes fascistas para conquistar a sus respectivos países. Si bien el plan de Roosevelt fracasó debido a las restricciones constitucionales, el de Hitler tuvo éxito.

¿Por qué la elite de Wall Street, los banqueros internacionales, deseaban a Roosevelt y a Hitler en el poder? Éste es un aspecto que no hemos explorado. Según el “mito de “Sidney Warburg”, “Wall Street quería una política de venganza, es decir, que quería una guerra en Europa entre Francia y Alemania. Sabemos incluso, según la versión oficial de la historia, que tanto Hitler como Roosevelt llevaron a cabo políticas que conducían a la guerra.

Las conexiones entre las personas y los acontecimientos  de esta serie de tres libros requeriría otro libro. Pero un solo ejemplo tal vez indicaría la sorprendente concentración de poder en un número relativamente reducido de organizaciones y el uso de este poder.

El 1 de mayo de 1918, cuando los bolcheviques controlaban sólo una pequeña fracción de Rusia (y  cuando iban a perder incluso esa fracción que en el verano de 1918), la Liga Americana para la Ayuda y Cooperación con Rusia, se organizó en Washington DC para apoyar a los bolcheviques. No se trataba de un comité del tipo “Hands off Rusia” formado por el Partido Comunista de EE.UU. o de sus aliados. Se trató de un comité creado por Wall Street, con George P. Whalen de la Vacuum Oil Company como Tesorero y Coffin y Oudin de la General Electric, junto con Thompson, de la Reserva Federal, Willard de la Baltimore & Ohio Railroad.

Cuando observamos el surgimiento de Hitler y el nazismo encontramos a la Vacuum Oil y a la General Electric bien representadas. El embajador Dodd en Alemania se  sorprendió por la ayuda monetaria y la contribución técnica de los Rockefeller que controlaban la Vacuum Oil Company en la construcción de gasolineras militares para los nazis. El embajador trató de advertir Roosevelt. Dodd creyó que, en su aparente ingenuidad de los asuntos del mundo, intervendría Roosevelt, pero el mismo Roosevelt estaba apoyado por estos mismos intereses petroleros y Walter Teagle de la Standard Oil de New Jersey y de la ANR estaba en el consejo de la Fundación Warm Springs de Roosevelt. Así, en uno de los muchos ejemplos disponibles, encontramos a los Rockefellers que controlaban la Vacuum Oil Company ayudando prominentemente a creación de la Rusia bolchevique, a la militarización de la Alemania nazi y respaldando el New Deal de Roosevelt.

INTRODUCTION – Unexplored Facets of Nazism

Fuente: Paz Digital, 18-06-2008

Relacionado: Hitler y los banqueros judíos. Por DonaldRumsfeld

 

 

 

 

Etiquetas: ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: