los niños de Dresden

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Recientemente se han dado cifras muy diferentes sobre el número de víctimas causadas por los bombardeos aliados en febrero de 1945 sobre una ciudad monumental: Dresde. 

Ahora, por vez primera, leemos un comentario sobre la enorme cantidad de niños que murieron en dichos bombardeos, dado que Dresde era una ciudad repleta de refugiados del Este, alemanes que venían huyendo del avance del ejército soviético.

El citado comentario es de Juan Fernández Krohn, del cual seleccionamos unos párrafos:

David Irving no necesita presentaciones. Ni siquiera del diario “El Mundo”. Su tarjeta de vista habla por sí solo. Nueve meses (nueve) de cárcel por un delito de opinión (antiguo) David Irving es un ciudadano británico (de su Majestad) que empezó estudiando de lo más sesudo el tema de Dresde para darles en la cabeza a los nostalgicos del nazismo no más, y fue donde tuvo por decirlo así su camino de Damasco. “Dresde (La hora del juicio para la Alemania nazi)” empezó siendo, como su subtítulo lo indica, un violenta requisitoria contra los designios expansionistas y militaristas del III Reich para acabar convirtiendose en prueba de cargo decisivo en contra de los bombardeos anglo/aliados que sembraron de muerte pueblos y ciudades de Europa entera por cuenta de la democracia. Para mí, lo confieso sin tapujos, la lectura del “Dresde”, de Irving,  fue una revelacion, […] del verdadero holocausto de inocentes que tuvo lugar en aquella villa alemana, joya barroca del Elba como se la conocia de antiguo, la noche fatidica del 13 de febrero del 45. Dresde era una ciudad abierta:  en los últimos días y semanas antes del bombardeo se había convertido en centro de acogida de muchedumbre en aluvión -sustancialmente mujeres, niños y ancianos- huyendo en desbandada del avance inexorable de las tropas sovieticas (de Stalin) que le habían llevado su población vertiginosamente en aumento hasta cifras superiores (sin duda alguna) a los seis millones de habitantes.

Era fiesta de noche en Dresde a pesar de la guerra. […]. Los ancianos todos en la opera, y las calles y las plazas llenas de una muchedumbre de mujeres y de niños en fiesta, todos -niños y grandes- de uniforme ¿y qué importa? Las mujeres (jovenes) en sus ropas de enfermeras o de asistentas o cuidadoras; los pequeños todos con sus trajecitos de fiesta. De repente se hizo la luz en el cielo y una carcajada infantil de miles, de cientos de miles de criaturas se elevo a lo alto y esa fue la señal, la luz o el juego de luces señalizantes que me diga. No hubo otra. […]. Fue desde luego lo que yo descubrí como iluminacion en el libro de David Irving -al que nunca ví en persona y al que no me liga absolutamente nada- y por eso sus declaraciones del sábado no podían menos de encontrarme receptivo aunque yo ya sabía “grosso modo” lo que podría querer decir y digamos que no me inmuto ni poco ni mucho; porque en Irving lo esencial, lo que sigue ardiendo en llamas, quemando, encendiendo que me diga sensiblidades y conciencias, lo es el tema Dresde. Todo el resto es secundario, peccata minuta se diria. […].

Decir que el Innombrable -Hitler que me diga- tuvo el merito de perseverar y de esperar contra toda esperanza (como prescribe la biblia) no es de qué rasgarse las vestiduras. Ni tampoco el levantar la hipotesis (digna de exploracion) que fuera en el fondo un hombre simple -en el sentido precisamente de la “simplicitas” evangelica- y acabara dejandose mediatizar e instrumentalizar por el aparato de poder que otros -Himmler en concreto- construyeron por debajo de él. Tampoco lo es el recordar verdades de perogrullo casi, por lo manidas y repetidas y archisabidas (desde hace mucho); que Churchill por ejemplo era un politico deshauciado al que salvo la guerra como por arte de magia; y que el verdadero hombre de paz lo fue Chamberlain en la crisis de Munich, digan lo que digan y sigan diabolizandole todo lo que quieran el equipo de Libertad digital y otros muchos a sus ancas. Pero evitó la intervención internacional en favor de la causa rojo/republicana en el momento crucial del verano del 38 -con la batalla del Ebro a todo arder-y eso es lo que hasta hoy muchos no le perdonan. También es digna de estudio la hipotesis que apunta Irivng que los lobbies judios “pusieron en nomina” a Churchill desde el 36, y fue ahi donde empezaria su belicismo y su intransgencia beligerante siempre en aumento desde entonces. Y decir por ultimo que los judíos fueran ellos mismos arquitectos -en parte- de su propio infortunio, es algo que pertenece ya se quiera o no al acervo de la memoria colectiva (de la humanidad doliente).

Nueve meses de carcel, yo vuelvo a “lo mio” ¿Como fue la vida en la carcel para David Irving? ¿Muchedumbres de reclusos apelotonados esperandole a la salida de las salas de las duchas, en los pasillos, agarrados a los barrotes, en la rotondas de paso obligado junto a los puestos de control al interior del establecimiento, tratandole de negacionista de asesino, de criminal (de guerra) y jurandole todas las maldiciones y amenazas pobsibles e imaginables en todas las lenguas, con la prensa y los medios unanimemente hostiles de telon de fondo, linchandole a discreción a todas horas del dia? ¿Y la misma musiquilla durante dias y dias (con sus noches) hasta que se fuera calmando poco o a poco la jauría aquella? Está claro que es dificil por no decir imposible creerlo al menos. Nunca estuve en una carcel alemana (o austriaca), pero los alemanes tienen fama de metodicos ordenados y disciplinados y los nueve meses de carcel de David Irving por delito de negacionismo no le hundieron (psíquicamente) ni dieron cuenta de el a todas luces de una forma u otra; ni de sus reaños ni de sus ganas de vivir y de seguir luchando y las declaraciones recientes lo confirman. Al contrario de lo que parece haber sido la regla en otros casos mas oscuros. Según se lee en la entrevista de “El Mundo” David Irving aprovechó su encarcelamiento para escribir o seguir escribiendo y eso, lo mismo que el respeto que a todas luces supo igualmente ganarse de sus carceleros, abona mucho en favor de su credibilidad, de su persona y de sus escritos.

Es un inglés, es cierto. Quiere decir que arrastra fatalmente una vision britanica (“british”) de las cosas. Y tabien una dosis (fatalmente inevitable) de sentimiento de culpabilidad o de complejo de culpa. Pero en mi caso no se trata de eso, ni en el mio ni el de otros muchos. Irving estaba por sus propios origenes del lado de los verdugos -en Dresde-; en mi caso en cambio me senti desde que lei su celebre obra irrevocablemente del lado de las víctimas. El relato de los detalles más espeluznantes y estremecedores de la noche aquella desepertó sin duda en mí una sensibilidad un tanto dormida, una conciencia hasta entonces enterrada o semi/enterrada en mí de unos origenes “etnicos” (y que se piense de mi lo que se quiera); de mi condición de hispano/alemán o de español de apellido germano como se quiera. Una llamada interior que nunca antes había sentido o no de por lo menos de la forma aquella.

(“La voz de la sangre” sin duda -como lo escribio Jose Antonio- “que nos liga a los destinos de Europa”. Y al recuerdo de sus grandes tragedias)

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