G. Knupffer: “Struggle for World Power”

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En los años sesenta  se publicó en España un libro titulado “La lucha por el poder mundial”, obra hoy casi desconocida, de  G. Knuppfer, un economista ruso exilado a causa de la revolución soviética.  El editor era  “Mauricio Karl”, pseudónimo que de Mauricio Carlavilla, autor especializado en denunciar, antes de 1936,  las entonces llamadas “sociedades secretas”.

Hoy, el texto escrito de una conferencia titulada “El problema del dinero”, pronunciada por dicho autor, G. Knuffer, lo he hallado en un blog cuyos contenidos son de alta calidad informativa. Por su extraordinario interés lo copiamos  íntegramente del citado blog, qbitácora:

C. Knupfer – El problema del dinero

Esta es la transcripción de un conferencia realizada (según se deduce del texto) antes de la caída de la URSS, en la que el autor trata los siguientes asuntos:

  • El funcionamiento del sistema monetario del capitalismo, un problema sobre el que hay mucha ignorancia, muy infravalorado y poco tratado.
  • La relación entre comunismo y capitalismo. Creo que es la primera vez que trato el asunto aquí.
  • La descripción de ciertos hechos históricos.

El autor tiene una manera de expresarse que si bien no es muy concisa, lo compensa con un estilo coloquial y ameno. Según lo leía, tenía la sensación de estar presente escuchando su discurso. Por lo ameno del texto y lo bien explicado y fácil de entender, así como por explicar tan bien la relación entre comunismo y capitalismo, y por su información histórica, lo incluyo en la lista de mis artículos favoritos. He remarcado en negrita lo que me ha parecido conveniente.

* * * * * * *

¡Señoras y señores! ¡Sr. Presidente!.

Mucho hemos oído sobre la toma de posesión del poder en el mundo, sobre el esclavizamiento de los pueblos y de sus gentes, y todo esto es cierto, todo ello viene a constituir antiguos aspectos de lo que está ocurriendo en el mundo; ha venido ocurriendo desde hace varios siglos, pero estos factores no tienen una importancia práctica decisiva, porque no se puede ejercer una influencia simplemente por medio de la expresión de cierta filosofía o ideología, a menos que exista una verdadera fuerza o impulso detrás de ello. Yo creo que fue de Víctor Hugo de quien se dijo que había observado que no hay nada tan poderoso como una idea que ha llegado, que se ha producido en el momento exacto. Felizmente esto es una supersimplificación, porque lo que verdaderamente puede decirse que es cierto es que nada es tan poderoso como una idea y desgraciadamente puede estimarse mala aquella que tiene un apoyo material de volumen suficiente. La Política es el arte de lo posible, como dijo Bismarck, pero también es el arte de lo factible y realizable en términos prácticos.

En mis primeros años, yo me sentía inclinado a dar por bueno y aceptable más o menos automáticamente y sin mucha fuerza, la existencia de dos sistemas básicos que operan en el mundo desde 1917: comunismo y lo que generalmente se conoce como capitalismo, combinados corrientemente con lo que se denomina democracia. Y, sin profundizar mucho en detalles, yo lo acepté como el evidente hecho práctico de que era mucho mejor vivir bajo la dispensa democrática capitalista que bajo el comunismo. Y entonces llegó la gran crisis de 1929‑30, en que, repentinamente, millones de personas quedaron sin empleo y se produjeron toda clase de otros fenómenos más desagradables que se extendieron por todo el mundo.

Desde luego, después de eso, yo me he dado cuenta de que este sistema conocido como capitalismo no es perfecto; ciertamente, por decir lo menos en algunos aspectos muy importantes resulta trágicamente equivocado. Yo decidí estudiarlo intensamente para tratar de descubrir qué era. Después de aproximadamente un año y medio o dos años de duro trabajo, conseguí dar con ello. Estuve leyendo los dos volúmenes de las memorias del difunto Henry Ford, en las cuales trató de manera muy competente la cuestión del dinero y la financiación de los negocios, de los débitos y de los intereses y así sucesivamente. Y, conforme estaba leyendo estas páginas, de repente vino la conexión ‑ lo conseguí y después de ello comencé a estudiar la cuestión de emisión monetaria, de préstamos e intereses y así sucesivamente. Después entré en contacto con aquellas personas que ya habían realizado mucho trabajo en este sentido y descubrí una completa literatura que explicaba gran parte de este problema. Todo ello vino a confirmar lo que yo había ya descubierto en cierto y considerable grado. No incidentalmente, toda la literatura de lo que nosotros podríamos llamar verdadera nueva economía ha sido escrita en inglés, en primer lugar en Inglaterra y después en los Estados Unidos y existe muy poca participación de ninguna otra parte. En Alemania existen libros que resultan de mucha ayuda, tales como un circunstancial ejemplo, el de Werner Sombart “Die Juden un die Weltwirtschaft” (“Los judíos y la economía mundial”) y algunos otros similares; en francés, más recientemente, han aparecido los libros de Henry Coston, como “Les financiers qui menent le monde” (“Los financieros que dominan el mundo”). Existen otros muchos libros, pero no tratan del problema original.

El problema original, básico, es algo muy sorprendente ‑ aunque tiene tal tremenda influencia y ha influido tanto en el sino de la humanidad en un período de dos o tres siglos ‑ es un problema que, incluso hoy, es muy ampliamente desconocido, o se conoce deficientemente. Y puedo decirles que en los últimos cuarenta años, en que he estado actuando prácticamente sobre todos estos asuntos, he viajado mucho por todo el mundo. Como pueden ver, hablo un poco el inglés, crecí en la Rusia Imperial, de forma que sé hablar ruso, y asimismo francés y alemán. Yo descubrí que incluso entre los puestos de altura, digamos entre los primeros Ministros, o Ministros de Hacienda, o Reyes o Presidentes, prácticamente no existen conocimientos de todos los hechos básicos de la vida económico‑monetaria. Es, desde luego, extraordinario, pero es verdad. Hay excepciones. Ahora se aprecia, así, por qué este sistema no se ha practicado satisfactoriamente desde hace mucho tiempo. Aquí encontramos la circunstancia básica que debemos tener siempre presente como punto de partida para considerar y estudiar los problemas del poder, los problemas políticos, los problemas de la historia de nuestros tiempos, y los problemas de lo que nosotros podemos hacer sobre ello, cómo podemos solucionar y resolver las cuestiones que se nos plantean, cómo podemos contrarrestar los peligros que surgen continuamente.

El problema original y básico que debemos considerar es el problema del poder, el cual, en el mundo moderno, es el poder y el derecho a poner todos los medios de intercambio sin nada como débito que comporta intereses. Y, en los últimos cuarenta años, desde que me vengo ocupando de este asunto, he hecho muchas investigaciones, no sólo en la literatura, sino también hablando y conversando con personas, especialmente banqueros; por ejemplo en los Estados Unidos, donde tuve muchas oportunidades, y donde se encuentran personas que le dicen a uno francamente lo que piensan y lo que saben, y que vienen a admitir hechos que, realmente y en cierto modo, hablan en disfavor de ellos mismos o, por lo menos, en contra del sistema que ellos representan; así pues, lo que yo voy a decirles a ustedes es algo que no se acaba de inventar, sino algo que he comprobado y vuelto a comprobar y en lugares donde los hechos son bien conocidos.

Vean ustedes; si van a un banco del mundo capitalista, y quieren pedir un préstamo de dinero, independientemente de si son ustedes representantes de un Estado soberano, de una empresa, o simplemente actúan por cuenta propia, y dicen que solicitan un préstamo de, digamos, un millar o un millón de libras ‑ello no constituye diferencia ‑ el principio es exactamente el mismo, y el banco le preguntará si tiene garantías, y si estas garantías puede facilitarlas de alguna forma tangible, por ejemplo, un inmueble, acciones, una fábrica, barcos, o cualesquiera otra cosa, y el banco entonces le dice: “Muy bien, usted tiene una buena reputación, le conocemos, dispone de suficientes garantías; le facilitaremos, en consecuencia, un préstamo de un millar de libras, a tal porcentaje de interés”. Después el banco anota en su cuenta corriente: en el haber, la cifra de mil libras. Después, con un talonario de cheques, puede sacar en efectivo o efectuar pagos mediante cheques que se ponen en circulación de una forma o de otra. En países de elevado desarrollo, tales como Gran Bretaña o Estados Unidos de América, más del 95 por ciento de todo el dinero circulante está constituido por dinero a crédito que se maneja por medio de cheques. Ahora bien, el banco que le ha prestado ese dinero, y por el cual le cobra intereses, no ha sacado esa cantidad de ningún otro fondo o cuenta, y, en el acto de prestárselo a usted, ha creado ese dinero de la nada, con la ayuda de media gota de tinta y un par de centímetros cuadrados de papel: eso es todo.

Este sistema comenzó ‑sin que vayamos a adentramos en la prehistoria del mismo, lo cual, aunque sería interesante, nos llevaría muchas horas ‑ con la fundación del Banco de Inglaterra en Londres el año 1694. En aquel tiempo, el centro de la “High International Finance” (Alta Finanza Internacional) se encontraba en Holanda, y el Barney Baruch de su época era un caballero llamado Israel Ben Menasse, y el hombre cabildero, propagandista o de relaciones públicas, que los financieros de Londres utilizaban para preparar el terreno para la fundación de este banco, en el reinado de William III y Nary ‑siendo William el director y dinásticamente ilegal dominatario de los muchachos ‑ era William Patterson (co‑fundador del Banco de Inglaterra). Este individuo, haciendo propaganda para el Banco, dijo claramente:

“El Banco tendrá el derecho de emitir dinero de nada y obtendrá los beneficios del mismo e intereses sobre el mismo”.

Y lo que ellos hicieron fue prestar al gobierno 1.200.000 libras de lo que entonces era dinero efectivo (oro, plata), cargando el 6 por ciento. Pero también consiguieron una ley del parlamento, la cual ‑si ustedes la observan, que el epígrafe y encabezamiento era tan largo como éste que ven, y aumenta continuamente, de hecho permite a Su Majestad imponer tasas y derechos sobre la cerveza y guantes blancos de Francia, y derechos sobre las alzas, las bajas, y tonelaje, con toda clase de expresiones estrambóticas. Observen ustedes que después de todo este llamémosle prólogo, viene la verdadera “piéce de resistence”, porque dicen: “y para fundar un Banco, el Banco de Inglaterra, para financiar la guerra actual contra Francia”. Y sin embargo esto es falso, porque, aunque había alguna guerra de menor importancia en aquel momento contra Francia, ciertamente el Banco no fue fundado con esos fines. Todo ello fue solamente para desviar la atención de la verdadera cuestión. Ahora bien, según ello, los banqueros que restaron 1.200.000 Libras en efectivo de la clase por aquel entonces disponible, también obtuvieron el derecho de crear otras 1.200.000 en valor de papel‑moneda, en billetes de banco impresos, que ellos emitían de la nada; solamente tenían el gasto de su impresión. Y asimismo se les permitió hacer préstamos al 6 por ciento de interés. Así pues, sobre la cantidad original, ellos conseguían el 12 por ciento con la garantía del Estado, por tanto no tenían ninguna posibilidad de experimentar pérdidas. Habiendo conseguido tales progresos con esa cantidad de dinero imaginario, ellos continuaron cada vez más con mayores empresas, hasta la actualidad, en que, desde luego, la emisión y resultados crediticios son de volumen astronómico, y siguen todavía in crescendo.

Bien, si ustedes se sitúan mentalmente en la situación de estos banqueros que han adquirido el derecho a emitir todos los medios de cambio sin ningún esfuerzo ni gasto, y reciben intereses que cargan sobre ello, ustedes apreciarían que, en primer lugar, ellos tienen los beneficios de emitir. Los beneficios de emisión los tienen sobre todo el dinero que circula por el Mundo Occidental ‑que constituye una muy grande, grandísima suma‑ y cuentan también con los beneficios que les reportan los intereses que perciben sobre todo ese dinero, lo cual es, evidentemente, una suma asimismo elevadísima.

Pero lo que es todavía peor es la fuerza, el poderío que todo ello les confiere. En primer término, tienen la facultad de aumentar el volumen del dinero y hacer que los precios suban o, viceversa, de disminuirlo, haciéndolos bajar; ellos pueden especular con el alza y la baja y ejercer diversas presiones económicas y políticas. Pero lo principal aquí es que, una vez que los gobiernos empiezan a pedir dinero prestado a los banqueros, evidente y lógicamente, estos gobiernos vienen a convertirse en obedientes servidores de los banqueros. Además, debe tenerse muy presente que, si prácticamente todo el dinero ha nacido de una deuda que comporta intereses, creado de la nada, solamente mediante una anotación de entrada en los libros, entonces se infiere que no habrá dinero en circulación, conforme a tal dispensa, a menos que exista el número suficiente de personas dispuestas a solicitar préstamos de los banqueros. Mirémoslo de otra manera: Si existe una determinada cantidad de dinero o medios de cambio en circulación y todo marcha bien, entonces la gente no contrae deudas; se sentirán más bien inclinados a reembolsar aquello que deben a los bancos. Pero si el dinero se ha obtenido por medio de un préstamo bancario, queda desde luego anulado por su reembolso, lo que es exactamente el proceso contrario. Así pues, si los bancos recuperan sus fondos durante un período de prosperidad, entonces gradualmente la cantidad de dinero en circulación en ese país, debido a la falta de nuevos préstamos y al reembolso de los existentes, la cantidad de dinero en circulación, repito, disminuirá gradualmente. Por ello, los banqueros, en lugar de dejar que esto se vaya produciendo automáticamente y fuera de control, se adelantan y toman la iniciativa. Entonces anuncian con cara seria toda clase de fantásticas teorías sobre el hecho de que la economía se está derrumbando, o que nosotros nos hemos excedido, como vulgarmente se dice, “estirar más el brazo que la manga” y toda clase de cosas que realmente no tienen relación con los hechos, y simplemente significan que están tratando de buscar una excusa para hacer bajar los precios, para luego decir a sus clientes, a la comunidad mercantil y de negocios en general: “Señoras y señores, desde ahora emitiremos mucho menos dinero, en otras palabras, prestaremos mucho menos, y esperamos que se nos efectúen los reembolsos con mayor rapidez”, con el consiguiente resultado de que, si yo soy fabricante de muebles, y hago esta silla para venderla, digamos, al precio de 10 Libras, esperando obtener un beneficio de unas 30 sobre ello, y me veo imposibilitado de venderla por más de 8 Libras, y experimento una pérdida, y, a la larga, me encuentro con que no puedo venderla en absoluto, y tengo que despedir a mis obreros, ‑tenemos aquí el típico fenómeno de una crisis, Así, cuando esto ha durado el tiempo suficiente y una cantidad de empresas han quebrado o se encuentran en difícil situación, entonces los banqueros anuncian la feliz noticia de que la crisis se ha superado. Todo esto, explicado en términos científicos. Después indican que están dispuestos a proseguir con la concesión de préstamos y créditos, con lo cual yo acudo humildemente al banco, y pido dinero a crédito; y así obran todos los demás, a base de sus condiciones y plazos. Y así el sistema continúa, desde un auge y ruina a otro auge y ruina, y no puede salirse de ello.

Hoy día los principales Estados, los mayores estados de actividades financieras son el Reino Unido y, desde luego, especialmente, los Estados Unidos de América, y esos países se permiten regularmente presupuestos deficitarios.

En otras palabras, todos los años el Estado recoge menos de lo que gasta. Por consiguiente, está pidiendo préstamos continuamente y sin estos créditos continuados todo el sistema no podría sobrevivir. En estos momentos hemos tenido noticias de que la Alemania Occidental, que es muy astuta, muy lejos de solicitar créditos, está acumulando beneficios. Como ven ustedes, tiene una favorable balanza comercial, de forma que no es prestataria. Esto es, pues, lo que se describe en las páginas financieras de los periódicos eufemísticamente como una crisis de disponibilidad internacional; traducido en correcto inglés, una crisis de disponibilidad internacional.

Quiere decir que no existe bastante dinero prestado en circulación. Y, desde luego, los banqueros nunca pueden, bajo ninguna circunstancia, crear dinero de otra forma, porque entonces ellos acabarían con el hechizo. Deben conservar rigurosamente la impresión, la teoría, de que la única forma de que el dinero llegue a existir es justamente de esta especial manera. Y cuando, por ejemplo, hace un centenar de años, el Presidente Lincoln se enfrentó con los usureros que exigían un 20 por ciento y más en sus préstamos, y decidió obligar a cumplir la Constitución americana y empezar a emitir dinero de manera adecuada, no tardó en ser asesinado. La Constitución americana tiene una muy buena disposición sobre la emisión de moneda, a la cual se llegó aproximadamente de esta forma: Las administraciones autónomas de las colonias de Nueva Inglaterra, las Colonias de las Costas del Atlántico, fueron fundadas, establecidas y administradas mediante un Privilegio Real en los días anteriores a la fundación del Banco de Inglaterra, antes de que la potencia y los derechos de la emisión monetaria hubieran sido transferidos del Estado a los bancos privados. Y, por lo tanto, estos privilegios estipulaban que las Colonias podrían emitir su propio dinero, lo que así hicieron. Y, desde luego, lo realizaron libres de deudas e intereses, con el resultado de que, hacia finales del siglo XVIII, la prosperidad media de los habitantes de las colonias americanas fue considerablemente superior al promedio de prosperidad de las gentes del Reino Unido.

Tan pronto como los banqueros se apercibieron de este hecho, dijeron al gobierno que diera orden a las Colonias de que no dispusieran más de su propio dinero, sino que lo pidieran prestado en el mercado de la moneda de Londres, con el resultado de que se produjeron quiebras, desempleo y todos los fenómenos corrientes dentro del capitalismo que presta dinero. Esto enojó a los americanos, y por ello comenzó la guerra de la Independencia, la revolución americana. En los libros de historia hemos tenido que falsear muchas cosas al objeto de poder ocultar la verdad, y se nos ha dicho que ha sido a causa de los impuestos, o por otros diversos motivos. El impuesto era tan insignificante, dos peniques por libra, que realmente no constituía un factor en absoluto; se mencionaba solamente por decir algo. No, el verdadero motivo es este. Los compiladores de la Constitución americana de hecho establecieron esta frase:

“El Congreso acuñará moneda y regulará el valor de la misma y de la moneda extranjera”.

La acuñación en este sentido no quiere decir acuñación de monedas metálicas; quiere decir emisión de moneda, creando los medios de intercambio, porque, incluso antes de la Constitución, ya había papel‑moneda en circulación en las colonias, de forma que no resultan tan primitivas como eso, sustituyendo las primeras monedas metálicas por dinero. Pero, desgraciadamente, en la época en que el poder político iba a establecerse, el nuevo gobierno y el Congreso, las personas importantes ‑como George Washington y otros‑ eran ese tipo de personas que no comprenden las cuestiones monetarias en absoluto, con el resultado de que un caballero llamado Alexander Hamilton, persona de actividades bancarias, pudo realizar el establecimiento del Banco de los Estados Unidos, el cual era un Banco típicamente capitalista, en completa contradicción con las disposiciones de la Constitución. Más tarde, en los años 1830, fue el presidente Andrew Jackson quien comprendió este problema y trató de llevar a cabo la adecuada reforma y hacer cumplir la Constitución, pero no tuvo éxito en su empeño, porque su mandato era sólo de 4 años, y durante ese tiempo no se pueden realizar muchas cosas. El último presidente que emitió constitucionalmente moneda corriente fue el Presidente Lincoln, (Nota de qbit: Esta información está desactualizada, por ser el texto anterior al último presidente en emitir dinero de manera constitucional en EE.UU.: J.F. Kennedy, asesinado en 1963), quien hizo imprimir en dinero 450 millones de dólares, de los que aproximadamente 350 millones todavía están en circulación. Los intereses que se han economizado con ese dinero, al no tratarse de un préstamo con interés, pueden calcularse del orden de ‑creo yo‑ unos 20 billones de dólares en un centenar de años.

De cualquier manera, tenemos aquí una situación en la que el poder, el verdadero poder, en el mundo capitalista‑democrático, se encuentra en manos de una oligarquía dictatorial, ni más ni menos. No es que esté diciendo y nunca lo diré, que todos los banqueros sean unos conspiradores conscientemente malvados, y en contra de nuestro bienestar. Sencillamente, esto no es cierto. La mayoría de ellos han nacido para el trabajo; ellos realizan su trabajo exactamente día tras día y año tras año y, de hecho, incluso no se dan cuenta de las consecuencias de lo que están haciendo, De hecho, para ser perfectamente justo, en la banca moderna, la mayoría de sus funciones, cierta y prácticamente todas sus funciones ‑excepto la emisión de moneda ‑ son llevadas a cabo muy útil y muy bien. Y nosotros no podríamos hacer nada sin bancos, lo mismo que tampoco podemos hacer nada sin Compañías de Seguros. No es que estemos sugiriendo que los bancos debieran abolirse o incluso nacionalizarse. Todo lo que yo estoy diciendo es sencillamente que esta facultad, este poder de crear dinero de la nada, simplemente con una gota de tinta, debiera quitársele a los hombres de negocios particulares, cualquiera que sea la función que parecen desempeñar, ya sea un banquero o cualquier otra persona, debiendo esta función ser repuesta a quien pertenece y ha pertenecido a lo largo de los siglos: al Estado.

Ahora bien, una vez más, si nos imaginamos estar nosotros mismos en la posición de tal banquero, que puede emitir este dinero, podemos imaginarnos también exactamente cómo estableceríamos nuestra política en nuestro propio interés; porque estamos inclinados y obligados a hacerlo; si nosotros tenemos negocios como banqueros, nuestras ideas deben predominar, deben estar imbuidas del aspecto del interés de nuestra profesión y de nosotros mismos como individuos. Al haber adquirido, como digo, un poder prácticamente dictatorial sobre los Estados, nosotros estamos obligados a cumplir, a ejecutar, a ejercitar ese poder. En otras palabras, a guiar los destinos del Estado en una dirección que nos convenga.

Ahora bien, este sistema que acabo de describirles no es estable; no es eterno. Su propia construcción es un factor que se destruye a sí mismo, porque, si ustedes piensan, de un año a otro, en cualquier país normal, la población aumenta, el desarrollo técnico comporta un aumento de los rendimientos y beneficios de la industria, etc., de lo que se infiere que todos los años puede emitirse nuevo dinero, dinero complementario, completamente aparte y desligado de cualquier cuestión de inflación y si todo este dinero surge como préstamo sujeto a interés, es lógico pensar que debe llegar el momento de utilizar una forma válida de prueba matemática que algunos de ustedes pueden recordar de la escuela, como la “reductio ad absurdum”, (reducción al absurdo), lo cual, en este caso, querría decir que llegará el día en que tengan que pagar un cien por cien del impuesto de la renta para pagar los intereses de la deuda nacional. No olviden que en un país como Gran Bretaña la deuda nacional comenzó al final del siglo XVII ‑y ahora estamos aproximadamente a finales del XX‑ Así pues, los ingleses todavía están pagando ese préstamo original con motivo de las guerras de Napoleón y las guerras de los Zulúes; y siguen pagando ahora, y continuarán pagando bajo esta dispensa hasta el día del Juicio Universal. Ahora bien, puesto que este sistema es limitado esa es la condición, se infiere que, desde luego, la gente que ha creado el sistema, y que lo ha llevado a cabo y que lo comprende perfectamente, deben haber pensado, y de hecho lo pensaron, ya hace mucho tiempo por lo menos hace 100 años ‑ en qué podrían hacer para modificar el sistema o para sustituirlo por otro, sabiendo como saben que el sistema actual no puede continuar indefinidamente. Como ustedes ven, si acumulamos la deuda y el gravamen de los intereses, podemos aligerar el peso mediante la inflación de la moneda muy rápidamente. Si el dólar yanqui o la libra esterlina, o el franco suizo, tuvieran que ser tratados como la lira italiana o los cruceiros brasileños, entonces este gravamen se aliviaría considerablemente, pues si la libra llegara a tomar el valor de un penique, nos encontraríamos en una situación diferente. Pero no puede hacerse esto indefinidamente. Sin embargo, los usureros han visto que pueden establecer otra forma de poder y explotación global que sea estable y que, en teoría, podrá durar indefinidamente. Y el sistema que han venido apoyando, desarrollando y divulgando por todo el mundo, es el COMUNISMO aliado con muchas otras formas de subversión premeditada. Quiero decir que, incluso, el jazz es subversión, y diseñado para ser subversivo. Sin que nos adentremos en detalles, limitémonos a tomar exactamente el comunismo. Dejando de lado toda la fraseología y toda la pseudo‑fílosofía, y todos los escritos y observaciones que constituyen una completa y deliberada mentira, y ustedes lo contemplan tal como es, el comunismo no es otra cosa que una ESCLAVITUD UNIVERSAL impuesta por un terror ABSOLUTAMENTE DESPIADADO, sencillamente esto. Ustedes saben que antes de que Lenin subiera a ocupar el poder en Rusia, él estaba subvencionado por un consorcio de banqueros internacionales, y se sabe exactamente quién le dio tanto, de qué forma, cómo se entremezclaron con los demás, a través de qué canales, de qué medios se llegó a los comunistas, y así sucesivamente. Todos los detalles se conocen muy bien. Y si estas gentes son capaces, a través de sus principales agentes ‑como Lenin ‑, de decir, como él dijo, que el comunismo en Rusia debía establecerse y mantenerse por medio de un terror despiadado, y si ese terror nos cuesta ‑dijo Lenin‑ nueve décimas partes de la población rusa, ese comunismo, no obstante, se sigue manteniendo, todo ello vale la pena. Dijo que estaba dispuesto a enfrentarse y combatir al 90 por ciento de todo el pueblo ruso. De hecho, directa o indirectamente, hasta el momento actual, en cifras redondas, pero no como una vaga aproximación ‑existe un cálculo bastante preciso ‑ la revolución rusa, el comunismo, le ha costado a Rusia un centenar de millones de vidas. Esta pequeña “broma” de Lenin de aproximadamente nueve décimas partes ‑ustedes pueden apreciarlo – ciertamente no se alcanzó, pero calculo que el daño que se hizo fue de dimensiones extraordinarias, y de una gran magnitud. Y este método puede ‑en teoría‑ ser practicado indefinidamente, pues creo que, por lo menos en teoría, no existe en este método un factor de autodestrucción como existe en el sistema democrático‑capitalista. Y aquí, a propósito de la democracia, debería mencionar también que, desde luego, es un sistema muy conveniente para la oligarquía financiera porque, como ustedes pueden ver, el voto del pueblo, de la multitud, viene a ser en la realidad totalmente cómico y ridículo.

Imagínense que han sido invitados a una función de títeres. Todo es igual, desde luego, todo está controlado por la misma persona; todo es una completa farsa, un “bluff”, y ello es muy conveniente, pues si se controla la prensa, la radio y los partidos políticos y todo lo demás, puede entonces predeterminarse el resultado de la elección exactamente con la misma facilidad que la caída del sillón de la presidencia. Así es exactamente como ocurre. Así pues, cuando hablamos de la democracia, simplemente hablamos del engaño, un ardid o truco, utilizado muy eficazmente por la oligarquía financiera para imponer su completa dictadura. Ya que esto es lo que verdaderamente es. De hecho, admito que puedo sentirme un poco perjudicado porque toda la vida he sido, y todavía continuo siendo, un convencido realista. Yo puedo decir que todo ello es muy discutible, pero no quiero insistir sobre ello porque realmente es cuestión aparte; que si hay libertades en otros países ‑como de hecho las tienen ‑ estas libertades son en mucho mayor grado los residuos de las reglas y disposiciones monárquicas y legislativas, más que las disposiciones y legislaciones democráticas. La democracia tiende a conducirnos hacia la dictadura, y no existe protección contra ella si sólo confiamos seriamente en el votante de clase media, cuyos conocimientos son absolutamente deplorables, y todo ello perdurará a través de los siglos venideros. Aquí tenemos pues un sistema que nos gobierna o nos desgobierna, nos explota bajo el capitalismo y la democracia a un lado del “Telón de Acero” ­y que nos esclaviza, nos somete al terror, nos interna en campos de concentración, y nos deja aislados de cientos de millones del otro lado del Telón. Esto exactamente parecería constituir una elección para nosotros. Nosotros, en el lado capitalista, estamos creando, promoviendo y estimulando al lado comunista. Esto es lo que parecería, a menos que nos tomáramos la molestia de sacar deducciones de un análisis de cómo el sistema capitalista de préstamo del dinero funciona de hecho y de manera efectiva. Y si ustedes comprenden esto, conocen ya la solución al problema.

Y ésta es, desde luego, muy sencilla. La restauración del poder, de la fuerza y autoridad para la emisión monetaria, de la emisión de medios de intercambio, al Estado soberano, libre de intereses y de deudas, y en cantidades que mantengan un elevado poder adquisitivo. Entonces el Estado, que es el representante de la Nación, del Pueblo, realmente se convierte en soberano; el dinero ya no constituye una carga para el pueblo, sino que es un beneficio, como debe ser, porque refleja el trabajo del pueblo mientras que los banqueros no producen absolutamente nada, aunque creen todo el dinero del mundo, lo cual constituye una reivindicación, una efectiva reivindicación válida en la práctica sobre el trabajo de todas las gentes. En el sistema actual, constituye una reivindicación de la nada sobre el todo. Es una completa inversión del orden natural de las cosas.

Ahora bien, si ese dinero es emitido en la manera que debe hacerse, desde luego, lo primero que el Estado hace cuando emite nuevo dinero, cada año o cada medio año o cuando lo estime conveniente, lo primero que hace, digo, es utilizar ese nuevo dinero para las necesidades del propio Estado. Como se produce un surplus, un superávit, éste puede ir a los banqueros. Todos los banqueros pueden pedir dinero prestado a sus clientes en forma de economías, y así sucesivamente. Después, junto con sus propiedades, ahorros y ganancias, los bancos tienen bastante dinero disponible que ofrecer a sus clientes como préstamos en los casos en que realmente se necesitan. Pero, en lo que al Estado se refiere, si se ocupara de este problema, podría de hecho abolir, si no toda, sí gran parte de los impuestos. Y esto no es una teoría que a alguien como a mí o a otro se le haya ocurrido en su propia imaginación; es algo que realmente ocurre y ha ocurrido en todo el curso de mi vida.

Desde los primeros días del Imperio Ruso, los medios de cambio fueron emitidos por el Banco del Estado, libre de deudas y de intereses. El resultado fue que no hubo desempleo, no se produjo auge y quiebra, ni tampoco hubo impuestos sobre la renta. Incluso – durante la primera guerra mundial – el Imperio Ruso tuvo que llamar a filas a no menos de 22 millones de hombres. Ahora, 22 millones de hombres constituyen una gran cantidad. Una parte de ellos tuvo que ser transportada a lugares equidistantes del globo, desde Kamtchatka, en el Lejano Oriente, al Báltico; eso costó dinero. Además de todo ello, había que alimentarlos, equiparlos, armarlos y demás. Esto costó enormes sumas, y todo ello se hizo sin establecer impuestos ni contribuciones sobre la renta. Por las memorias del General Ludendorf descubrimos que los alemanes, durante la primera guerra mundial, mantenían más de la mitad de sus tropas en el frente ruso. El Imperio Austríaco – una de las principales potencias‑ mantuvo prácticamente todas sus tropas en el frente ruso. Y después estaba el Imperio Turco, el cual, aunque en política y económicamente en situación y pasos vacilantes, era todavía una potencia fuerte y tenía un ejército valiente y aguerrido. Y el ejército turco constituía un ejemplo de competencia, ciertamente duro, tenaz y resistente; y, desde luego, todo el ejército turco se hallaba en el frente ruso. La campaña de Palestina implicaba una gran cantidad de batallones. Pero en condiciones normales modernas, que pueden aplicarse también a la primera guerra mundial, una potencia militar no empieza a preocupar a menos que tenga unos cientos de divisiones, y nosotros necesitamos varios centenares. Durante el transcurso de la guerra, Rusia apresó sola diez veces más soldados que todo el resto de los aliados juntos, es decir, Gran Bretaña, Francia, Bélgica, Portugal, Brasil, etc. Ellos, en conjunto, hicieron de 300 a 400.000 prisioneros, y los rusos cogieron de 3 a 4 millones: alemanes, austríacos y turcos. Por todo ello fue necesaria esta extraordinaria movilización, debido a que los frentes eran extremadamente amplios y tenían mucha actividad. Pero la cuestión principal no es militar, sino económica: No hubo impuestos sobre la renta.

El segundo ejemplo dentro del tiempo en que nosotros hemos vivido, ha sido el de Adolf Hitler. Con toda franqueza, no pretendo empezar a hacer ninguna clase de debates acerca de los pros y los contras del Nacional‑Socialismo, pero simplemente digo ‑destacando mi propia imparcialidad ‑ que yo no iba a favor de Hitler porque me he tomado la molestia de leer “Mein Kampf” en el original alemán, incluso antes de que él subiera al poder, y yo sabía que Hitler hablaba seriamente cuando dijo que su principal idea política era la conquista territorial a costa de Rusia. Esto solo ya resulta suficiente para que me fuera imposible aprobar a Adolf Hitler. (N. del T.: hay que aclarar que el autor es de nacionalidad rusa).

Pero, respecto a las finanzas, él hizo exactamente lo que procedía, lo correcto, en toda su plena medida. Y, ya antes de la subida al poder, los nacionalsocialistas acostumbraban a hacer propaganda contra la esclavitud, contra la Knechtschaft. Nosotros conocíamos este problema. Y, ciertamente, en “Mein Kampf”, Hitler nos dice que él aprendió economía de Gottfried Feder. Sabiendo eso, yo fui a la biblioteca del Museo Británico, y allí encontré los libros de Gottfried Feder, y puedo asegurar que sabía lo que decía. Él no conocía todo lo que nosotros conocemos ahora, porque esto fue hace ya décadas, pero sabía los hechos básicos. Y quedó establecido que Hitler, contra la oposición del Dr. Schacht y Schwerin von Krosigk, hizo todo lo necesario para la emisión del dinero por el Estado, y no por medio de bancos particulares, con el resultado de que en Alemania, donde había millones de parados, todos estos trabajadores fueron empleados en la industria y en la agricultura, y en un espacio de tiempo relativamente corto, el desempleo desapareció y, después de esto, la prosperidad de Alemania fue creciendo de año en año, no sólo a causa de que las masas de obreros vivieran bien sino también porque el número de millonarios aumentaba anualmente en todos los niveles del sistema económico.

Cuando digo que el Estado debería emitir el dinero no estoy diciendo nada que no sea académico. Esto, de hecho, se está realizando, se hará y marchará bien. Ahora no es cuestión de prosperidad nacional, sino que también es cuestión de supervivencia, frente a estos trucos y astucias subversivas, sobre todo del comunismo, con el que nos enfrentamos todavía hoy en el mundo. Desde luego, tan pronto se le quite esta fuerza a las Altas Finanzas Internacionales, se quedarán sin poder ni fuerza alguna, absolutamente nada, y como el comunismo es su creación, y depende de ellos incluso en este momento, política y económicamente, el comunismo acabaría rápidamente si esta reforma se llevara a cabo. Es, pues, una cuestión extraordinaria y extremadamente importante; es totalmente básica para la supervivencia de todos nosotros. Esto no es una supersimplificación, esto no es una cosa maravillosa o extraordinaria, como la gente que concentra sus ideas en problemas como el fluoruro en agua. Bien, yo me siento totalmente en contra del fluoruro en agua, pero quiero significar que no es cuestión de “ser o no ser” para toda la Humanidad. Pero yo me quejo sin ninguna vacilación, y hago ver que este es el problema político de nuestra época. Y, a menos que se solucione, y a menos que se tomen las medidas para solucionarlo, esto es, que los gobiernos estén informados y educados políticamente, a menos que se haga a tiempo y a menos que, finalmente, tengamos algunos gobiernos que estén de acuerdo con ello y realmente realicen esta reforma en el momento de mayor necesidad y derrumbamiento ‑que está acercándose ‑ nos encontraremos perdidos, completa y definitivamente perdidos. Porque, suponiendo que el dólar y la libra y las principales monedas se derrumben completamente, nos encontraremos con un caos, tumultos, hambre, miseria e inanición por todo el mundo, una completa desintegración de toda la economía organizada, de la vida política y social. Y, en tales condiciones, solamente existe una fuerza en el momento presente, capaz de tomar el poder, bajo estas condiciones, y es el comunismo. Ustedes saben muy bien cómo están organizados. Lugares como Addis Abeba, Zanzíbar, etc, tienen focos de expansión de la red comunista, y grandes influencias durante largos años desde la segunda guerra mundial. E, incidentalmente, una de las pruebas básicas de la verdad de lo que estoy diciendo, está en la contestación a la pregunta: ¿Quién ganó la Segunda Guerra Mundial? Y la respuesta es: Sólo el Comunismo, absolutamente nadie más. Y, sin embargo, ¿quién llevó las riendas? ¡Las Altas Finanzas! . Ahora les doy a ustedes un ejemplo. Inmediatamente después de que terminara la guerra contra Alemania, ese grande, inteligente, y poderoso hombre, Mr. Bernie Baruch, visitó Inglaterra. Inglaterra se sintió extremada y tremendamente honrada con este extraordinario acontecimiento. Bernie Baruch vino de los Estados Unidos, y su visita fue preparada por medio de una declaración pública que respondía a esto: Roosevelt envió un cable a Churchill ‑todo esto fue publicado en los periódicos‑, envió, repito, un cable a Churchill, diciendo:

“Nuestro amigo Bernhard N. Baruch está en camino de Inglaterra para visitarle. Como usted sabe, es muy inteligente, y estoy seguro de que usted desea recibir su consejo”.

Y Churchill contestó a Roosevelt: (No cito verbalmente todas las palabras, pero éste es el verdadero sentido de lo que ocurrió)

“Me sentiré muy feliz por saludar a nuestro Amigo Mr. Bernard N. Baruch, que es muy inteligente, y aceptaré su consejo”.

Y Baruch dijo lo mismo, de manera ligeramente más sencilla, porque él es un hombre muy sencillo y encantador: cuando los periodistas le preguntaron que porqué había ido a Inglaterra, el gran hombre se complació en decir, desde la altura de su majestuoso trono: “Yo he venido aquí a enarbolar el bastón fuerte por encima de los grandes muchachos para comprobar que no violan la paz”. Esta es la voz de la autoridad. Esta es, como ven ustedes, la forma de hablar del Emperador. Con cierta clase de descaro, de atrevimiento. Bien, así es como se hizo. Ahora bien, cómo pudo este hombre que, incluso después de la primera guerra mundial ‑cuando una comisión senatorial de investigación de los Estados Unidos le preguntó (porque él había estado encargado de toda la producción industrial para la primera guerra mundial en Estados Unidos): “Mr. Baruch, ¿es verdad que durante ese período Ud. era el hombre más poderoso del mundo? “; y Mr. Baruch dijo: “Sí, es verdad”. Tal como lo oyen. Y todas esas gentes que llevan las riendas, el mando, determinando la política a seguir, dieron la victoria al comunismo. Y ¿cómo ocurrió eso?.

Ustedes saben que, cuando las tropas aliadas estaban avanzando por Eu­ropa, de hecho, no solamente tuvieron que retroceder, sino que fueron arrojadas de diversos lugares para dejar que las ocuparan los comunistas.

En el Lejano Oriente, ya saben ustedes que Japón ofreció rendirse antes de que fuera lanzada la primera bomba atómica, y que el super‑criminal Roosevelt se negó a aceptar esta oferta de rendición, ante la sorpresa de su propio Estado Mayor. Pero, de cualquier forma, ésta fue la razón principal: Como ustedes saben, tuvieron que esperar hasta que Alemania sucumbiera finalmente para que la Unión Soviética pudiera trasladar un número sufi­ciente de tropas al Lejano Oriente. Después, cuando ya estas tropas estu­vieron en su posición, llegaría el momento en que Japón se viera obligado a capitular, una vez que la Unión Soviética hubo declarado la guerra a Ja­pón, lo cual no había hecho aún en aquel momento. Así es como ocurrió.

Tan pronto como las tropas soviéticas llegaron a la frontera china, en aquel tiempo cerca de Manchuria ‑ésta era la base principal de los depósitos militares japoneses, industrias militares, etc – la Rusia Soviética declaró la guerra a Japón, y cuatro días más tarde, mediante el empleo de la bomba atómi­ca, Japón fue obligado a rendirse nuevamente, porque desde luego los So­viets no estaban en condiciones de guerrear contra Japón, después de la difícil derrota de Alemania, y fueron ellos quienes lograron los frutos de la victoria, en 4 días de participación nominal en la guerra.

Hay otros muchos relatos e historias, Yo voy a darles, en resumen, una breve información relatando cómo todas estas cosas ocurren. Tanto Corea corno Vietnam eran deliberadas guerras que no se pagan. Y, en Corea, como algunos de ustedes recordarán, fueron las Naciones Unidas ‑no los Estados Unidos‑ las que combatieron contra los comunistas de Corea del Norte. Lo que no se sabe es que las Naciones Unidas se establecieron por medio de un comité de comunistas, bajo la dirección y mando de Alger Hiss, un convicto agente comunista, y ellos escribieron en el reglamento de esta encantadora organización, cuyo símbolo o divisa es precisamente el mismo que el de la Unión Soviética, y no por accidente, el globo o la bola del mundo con unas gavillas de trigo:

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escribieron ‑repito ‑ en el reglamento que el Ministro del Ejército, es decir, el subsecretario de Asuntos Militares, (porque el Secretario General es una especie de futuro primer ministro del Gobierno del mundo, cuya capital se trata de que sea Jerusalén) de esta deliciosa organización tenía que ser nombrado del bloque comunista, todas las veces, y hasta ahora lo ha sido ya nueve o diez veces, cada una de ellas alguien designado por la Unión Soviética, excepto una vez que fue nombrado por Tito ‑un comunista de Yugoslavia ‑, un camarada llamado Protitch. Al mundo se le dice que las Naciones Unidas están combatiendo al comunismo en Corea, y el Ministro del Ejército era comunista. Ahora bien, ¿puede la traición seguir adelante? . Esto es un asesinato, porque las gentes que iban voluntarias, o aquellos que eran movilizados para combatir en Corea, eran sacrificados deliberadamente para nada en absoluto. ¡Y ocurre lo mismo en Vietnam! ¡Exactamente lo mismo! . Y, hablando de asesinato, ¿saben ustedes que, después de la ocupación de Alemania, Austria e Italia, fueron hallados en los territorios ocupados varios millones de rusos, hombres, mujeres y niños, que se aprovecharon de la retirada de los alemanes para retirarse con ellos, al objeto de poder escapar del Paraíso Comunista?. Mediante un acuerdo que se realizó entre el Occidente ‑dominado por el Capitalismo ‑ y Stalin, agente a su vez del Capitalismo Occidental, (los convenios se hicieron en lugares como Yalta, Postdam, etc.) todas estas gentes fueron entregadas a la fuerza a los Soviets. El propio Stalin admitió que aproximadamente 5 millones de personas fueron entregadas a la fuerza durante 3 años y medio, empezando desde finales de 1944. Esto es, sin embargo, un asesinato en masa, si se obliga a la gente a caer bajo el poder del cual se sabe de antemano que sufrirán las consecuencias y las penalidades, como las padecieron todos, excepto aquellos que se suicidaron. Tales son algunos de los crímenes llevados a cabo por las potencias dominadas por el capitalismo‑comunismo y, sin embargo, estas potencias tuvieron la desfachatez de sentarse ante un tribunal para el juicio de los nacionalsocialistas.

Quiero significar que, si el magistrado Lord Lawrence, del Reino Unido, estuvo sentado en el mismo tribunal con un representante de la Policía Secreta de la Unión Soviética, un pretendido general llamado Yusenko, este juez ha manchado el buen nombre de la Justicia Británica para muchos siglos venideros. Al mencionar a Al Capone, puede verse la diferencia de que Al Capone era más bien una pequeña marioneta inofensiva en comparación con estos sujetos ‑él mató quizá a 15 o 16 personas, mientras que estos destruyeron a centenares de millones, lo que constituye una completa diferencia. Las tropas que se utilizaron fueron incidentalmente británicas y también americanas, desde luego, y en algunos casos francesas. Se utilizaron para hacer entrega de estas gentes, cometiendo asesinatos. ¿Cuánta sangre se derramó y cuando quedará limpia? NUNCA. Esta es una desgracia que nunca se puede olvidar, que no se puede lavar. Y esto es lo que ocurre cuando, en la cima de las cosas, en el mismo pináculo, se encuentran los siervos del diablo en persona. ¡Los super‑destructores de este mundo! Esto es lo que tenemos delante, con lo que nos enfrentamos. No puede ser muy hermosa la vida para ninguno de nosotros cuando ellos se apoderen de todo.

Así pues, es el deber de todos los que estamos aquí, en esta sala, y de sus amigos, cuando ustedes les inculquen y traspasen esta idea, asegurarse completamente y convencerse de que la única posibilidad de contraatacar es ponerse en acción AHORA, porque podría haber ocurrido ya ayer. Nos queda muy poco tiempo, si es que nos queda.

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Esta entrada fue publicada el a las Miércoles 16 de Abril de 2008 y está archivada bajo las categorías Comunismo, Historia, Monetarismo. Puedes seguir las respuestas de esta entrada a través de sindicación RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o trackback desde tu propio sitio.

Una respuesta para “C. Knupfer – El problema del dinero”

  1. axel black Dice:
    14 Abril 2010 en 11:44 am | Responder muy interesante.

de este autor Editorial Nos, de Mauricio Carlavilla, publicó en los años sesenta un libro hoy muy dificil de encontrar. “La lucha por el poder mundial”.

Fuente: http://qbitacora.wordpress.com/2008/04/16/c-knupfer-el-problema-del-dinero/

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Nota de HURANIA: Este excelente artículo viene a completar otros trabajos esclarecedores sobre la esencia y origen del dinero, de los que son autores estudiosos y economistas poco conocidos, como Joaquim Bochaca, J. M. de Mahieu, Walter Bevegheri y otros.   En lengua inglesa George Knupffer publicó “Struggle for World Power”, traducido al castellano como “la lucha por el poder mundial”.  George Knuffer, estuvo en España –en los años sesenta– para entrevistarse con altas personalidades del mundo económico  y político a fin de asesorar al Gobierno sobre sun relaciones internacionales en temas financieros.

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Una respuesta to “G. Knupffer: “Struggle for World Power””

  1. qbit Says:

    Una agradable sorpresa ver que conoces a este autor, y descubrir esa información que desconocía sobre él.

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