Moda en el Tercer Reich

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Como no podría ser de otra forma, sobre todo en la Alemania actual, una muestra sobre la moda femenina en el Tercer Reich debe necesariamente que llevbar el título de “Lo gloria y el horror”. No es una errata, no dice “honor” sino “horror”, pues sólo así es posible rememorar cómo era la moda en los doce años que cambiaron la historia del mundo.

Así informa el diario gratuito, de Madrid, “20 minutos” (14 marzo 2012/ pág 18): La escena del búnker berlinés es simbólica: aún humean los restos chamuscados de Hitler y Eva Braun, pero un grupo de rusas hambrientas se pelea por los lujosos vestidos de la compañera muerta del Führer. Sedas, zapatos y pieles cambian con violencia de manos mientras la capital destruida certifica el fin del imperio.

El III Reich: 12 años (1933-1945) que cambiaron la historia. Doce años que identificamos con botas y gorras con calaveras, chaquetas llenas de esvásticas y negros abrigos de cuero. Pero había más, como  demuestra La gloria y el horror. Moda en el Tercer Reich, exposición que se prolongará hasta 2013 en el Museo de la Industria de Ratingen, Alemania.

“(…) en las calles alemanas también hubo lugar para vestidos de fiesta, uniformes de trabajo y tradicionales ropajes. “Además de lo que muestran las estereotipadas imágenes de época”, dice la responsable de la muestra, Claudia God-frey, “había más ropa que los uniformes de las juventudes hitlerianas”. Así lo certifican los vestidos y los cientos de sombreros, zapatos y bolsos de mano donados, en su mayoría, por vecinos de la ciudad.”

Durante tres años, personal del museo recopiló esos objetos, se entrevistó con sus propietarios y, a través de lo obtenido, radiografió al país. Con la llegada de Hitler al poder, Alemania vivió un brutal descenso del desempleo (de los 6 millones de parados de 1933 se pasó al millón de 1938), y los alemanes nazis, o al menos cómplices (es decir, la inmensa mayoría), disfrutaron de una mejor calidad de vida. Como dice Richard Grunberger en Historia Social del Tercer Reich, “durante los años de paz creció el consumo de cerveza, se duplicó el de vino y, sobre todo, se multiplicó por cinco el de champán”.

Cerveza, vino y champán: pasiones mundanas que, con otras, traicionaron pronto las fantasías idealistas del Führer, que soñaba con que sus ciudadanos y, en especial, las mujeres, transmitieran la grandeza del país. Como explica Nazi Chic?, un libro de Irene Guenther, el nazismo original fantaseaba con alejar a sus féminas de cosméticos y maquillajes (sustituidos por una alimentación modélica y deporte). El look vamp, que arrasaba entonces en Hollywood, también fue calificado de “antialemán” y “enemigo de la natural belleza de la mujer aria”.

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Para Hitler, los tres grandes aliados del nazismo fueron “el cine, la radio y el automóvil”. La asistencia al cine, que ya era una de las grandes pasiones alemanas durante los años veinte, se multiplicó con la llegada del III Reich. Si en 1933 había 250 millones de espectadores anuales, la cifra subió a 1.000 millones en 1942. Durante el poder nazi, Alemania produjo más de 1.100 películas.

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