Günter Grass: lo que hay que decir

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El escritor alemán, públicamente linchado tras denunciar que Israel puede desencadenar una Tercera Guerra Mundial.

 Así, Grass encarna al perfecto alemán de posguerra, alemán antialemán que se considera autor del Holocausto (“nosotros como autores”). Vulnerando todos los principios del derecho penal, que limita a autoría a los individuos perpetradores, Grass satisface a la oligarquía resucitando el viejo cachivache preilustrado e irracional de la culpabilidad colectiva. Alemana, por supuesto. Nadie protestó entonces, cuando Grass se describió a sí mismo como genocida. Al contrario: lo hizo en los términos que el estamento político “cipayo” de ocupación gusta de utilizar contra su propio pueblo, al que -moral y materialmente- se dedica a extinguir sobre la faz de la tierra para bien consumar, de modo paulatino e imperceptible, el plan Kaufman/Morgenthau diseñado en 1941 (verdadero desencadenante del holocausto en la medida en que existió algo remotamente parecido al relato que nos incrusta en el cerebro la prensa y la televisión al servicio de la oligarquía). Por ello, ante tan ejemplar sumisión, encarnada por Grass, resulta sorprendente que alguien pueda siquiera insinuar que el escritor alemán es un nazi, un antisemita o cosa semejante.

Los párrafos de arriba pertenecen a Jaume Farrerons quien, en su blog FILOSOFÍA CRíTICA, transcribe un pasaje de un libro que contiene afirmaciones no solamente antinacionalsocialistas, sino incluso antialemanas, vertidas en el año 1990 por el Premio Nobel Günther Grass en su obra Schreiben nach Auschwitz :

Escribe Jaume Farrerons: Se opone Grass, com es bien conocido, a la reunificación alemana y, a mi entender, argumenta una de las más penosas teorías antialemanas que nunca haya escuchado. Transcribo literalmente: “quiero, para terminar, enfrentar la ruptura, la quiebra de la civilización que es Auschwitz, con ese deseo alemán de reunificación. En contra de toda tendencia forzada por el estado de ánimo, en contra del poder adquisitivo de la Alemania occidental -un un marco alemán fuerte se puede conseguir hasta la unidad-, sí, incluso en contra del derecho a la autodeterminación, que corresponde indiviso a otros pueblos, en contra de todo esto habla Auschwitz, porque uno de los requsitos para lo monstruoso, junto a otras fuerzas motrices más antiguas, fue una Alemania fuerte, una Alemania unificada. / Ni Prusia, ni Baviera, ni siquiera Austria hubieran podido, por sí solas, desarrollar y aplicar los métodos y la voluntad del genocidio organizado: tenía que ser la gran Alemania. Tenemos todas las razones para tener miedo de nosotros mismos como unidad capaz de actuar. Nada, ningún sentimiento nacional por muy idílicamente que se coloree, ninguna afirmación de buena voluntad de los que han nacido después puede relativizar ni eliminar a la ligera esa experiencia, que, nosotros como autores y las víctimas con nosotros, tuvimos como alemanes unificados. No podemos pasar por alto Auschwitz. No deberíamos, por mucho que nos atrajera, tratar de realizar ese  acto de violencia, porque Auschwitz forma parte de nosotros, es una marca a fuego permanente de nuestra historia y -¡como ganancia!- ha hecho posible un entendimiento que podría expresarse así: por fin nos conocemos” (Grass, G., Escribir después de Auschwitz. Reflexiones sobre Alemania: un escritor hace balance de 35 años, Barcelona, Paidós, 1999, pp. 56-58).

Günter Grass se ha limitado a proclamar, con una extraordinaria e inesperada valentía, lo que piensan millones de personas en Alemania y en el resto de Occidente: la criminal hipocresía de la extrema derecha judía, el racismo supremacista del sionismo, el imperialismo israelí y, en definitiva, la amenaza que la banda asesina de Tel Aviv supone para la paz mundial:

schweige nicht mehr,weil ich der Heuchelei des Westensüberdrüssig bin
No sigo callando porque estoy harto de la hipocresía de occidente.
Doch warum untersage ich mir,jenes andere Land beim Namen zu nennen,in dem seit Jahren – wenn auch geheimgehalten -ein wachsend nukleares Potential verfügbaraber außer Kontrolle, weil keiner Prüfungzugänglich ist?
Pero ¿por qué me prohíbo nombrar
a ese otro país en el que
desde hace años —aunque mantenido en secreto—
se dispone de un creciente potencial nuclear,
fuera de control, ya que
es inaccesible a toda inspección?
Das allgemeine Verschweigen dieses Tatbestandes,dem sich mein Schweigen untergeordnet hat,empfinde ich als belastende Lüge und Zwang, der Strafe in Aussicht stellt,sobald er mißachtet wird;das Verdikt “Antisemitismus” ist geläufig.
El silencio general sobre ese hecho,
al que se ha sometido mi propio silencio,
lo siento como gravosa mentira
y coacción que amenaza castigar
en cuanto no se respeta;
“antisemitismo” se llama la condena.
¡Escándalo! !Intolerable! !Blasfemo! ¡Pretende pensar por sí mismo saliéndose del Esquema Narrativo Obligatorio! ¡Ofensor del Templo y NAAAAZI! Una termitera de insectos a sueldo de Sión se han arrojado inmediatamente sobre la yugular del escritor. No sólo eso: el delincuente universal Benjamin Netanyahu, jefe de la organización genocida más conocida como “Estado de Irael”, le ha recordado a Grass su pasado en las SS. En suma, asistimos a una comedia teatral del siguiente jaez: “se le otorgará a usted el Premio Nobel, pero siempre que se atenga al guión de Hollywood o, en el peor de los casos, se quede calladito. Si osa protestar, o sea, decir la verdad, tratando con ello de rentabilizar contra el antifascismo la autoridad moral del “prestigioso galardón” (concedido a terroristas judíos) o cuestionar el proyecto ultraderechista hebreo del Eretz Israel, de forma automática pasará usted a transmutarse súbitamente en un nazi indigno y, como tal, se le retirará el derecho de tomar la palabra desde el ‘lado correcto’ de la vida.” Porque “la palabra” está habitualmente comprada, pero cuando incluso el mecanismo de bochornosa autocensura no funciona, entonces, como un resorte, se desencadena el recurso a la difamación. Hemos conocido muchos casos similares, Günther Grass no es el primero ni será el último.
“Serví en las SS”
Günther Grass, “preceptor moral de Alemania”, confesó muy tardiamente, en 2006, y poco antes de publicar su autobiografía, que con 15-17 años había servido en las SS. Bien, ¿y qué? ¿No pactaron y colaboraron los fundadores del actual Estado de Israel nada menos que con la cúpula del III Reich? ¿No les ofrecieron a los SS alianza contra sus adversarios occidentales a cambio de la aplicación del programa sionista, que coincidía sin más con el programa nazi: expulsión de los judíos, traslado a Israel? ¿No se puso en marcha ese plan conjunto nazi-sionista hasta que el estallido de la guerra hizo imposible su continuidad? ¿No se emitió una medalla conmemorativa que hermana la Esvástica con la Estrella de David? ¿No intentaron entonces los nazis “librarse” de los judíos transportándolos a Madagascar? ¿No fue a la sazón precisamente Inglaterra la que imposibilitó la operación? Si los propios dirigentes israelíes han sido colaboradores de los nazis, si hasta el propio Habermas, cumbre del pensamiento filosófico alemán de izquierdas, tuvo que comerse una carta en la que cantaba loas al régimen nazi, ¿por qué iba a resultar tan especialmente grave que un muchacho alemán de la época se alistara en las SS? ¿Todavía no nos hemos enterado de que medio mundo fue nazi o pronazi, empezando por los propios sionistas? ¿De que en aquel tiempo el nacionalsocialismo arrastró a millones de personas de decenas de países, entre las cuales no sólo se contaban adolescentes inmaduros, sino, por ejemplo, la cumbre de la filosofía del siglo XX, Martin Heidegger (o Ferdinand Céline, Ezra Pound, Knut Hamsun y tantos otros)?
Quizá Grass esté empezando a comprender lo que en miles de blogs como Filosofía Crítica y en todo el mundo se viene repitiendo desde hace años a tenor de una simple lectura de libros de historia, obras que se encuentran ya en todas las bibliotecas públicas, pero que los medios de comunicación mantienen ocultos a las grandes masas que “no leen libros”, es decir, a aquellos que construyen su imagen del mundo a partir de la información selectiva que la televisión les transmite. Tal vez Grass haya entrado en un proceso de lento deslizamiento hacia posiciones antisistema y eso se nota incluso en sus “confusiones”… Porque Grass erró quizá el número de prisioneros alemanes exterminados en la URSS, pero se quedó cortó si a esos prisioneros sumamos las víctimas de los bombardeos terroristas aliados y las víctimas alemanas de posguerra, que suman, como mínimo, 8 millones de personas.
Pero lo más repugnante de todo el asunto es que, como venimos subrayando, en 1990 ya había Grass concedido de alguna manera su participación colectiva en el presunto Holocausto cuando habla de “nosotros, los autores”, refiriéndose a los alemanes. ¿No resultaba esto mucho más serio, moral y políticamente hablando, que servir como menor de edad en la SS sin disparar un solo tiro? Desde luego, antójase mucho más grave el mea culpa de 1990, pero éste rezumaba el aroma de lo políticamente correcto, mientras que una cosa muy diferente sería el hecho que un ex SS ostente el Premio Nobel y, de propina, se atreva a criticar a Israel. !Un SS no puede ser “inocente” aunque no haya cometido delitos pues la SS fue declarada, en su conjunto, una organización criminal a cuya mera pertenencia acarreaba una imputación de culpabilidad! ¿Hay SS “inocentes” y, además, escritores geniales? Grass mismo es la escandalosa prueba de ello. Así, mientras pisoteaba a Alemania, observamos que Grass no era culpable de genocidio a pesar de incluirse simbólicamente entre los perpetradores de Auschwitz. Pero Grass pasa a convertirse en un antisemita, a título individual, a pesar de que no hubiera cometido ningún crimen, por haber vestido el uniforme SS. Curiosa inversión del sentido del derecho y de la moral.  ¿La diferencia? !La política, sólo la política, que actualmente decide a placer sobre tales significados! Cuestionar la ingeniería racial -limpiza étnica, exterminio selectivo, deportación, colonización- de Tel Aviv lo cambia todo. Constatamos, en definitiva, por enésima vez, el torticero funcionamiento del universo mental antifascista, un mundo orwelliano en el que se pasa ad hoc de Premio Nobel a no-persona (“nazi”) en cuestión de horas y en función de los intereses, instantáneos y cambiantes, del régimen oligárquico.
Crítico del sistema capitalista liberal
Günther Grass no se ha limitado a vulnerar el tabú que prohibe a las personas “decentes” (=fariseos de la oligarquía) cualquier crítica de la política islaelí, también se atrevió a cuestionar el sistema en su conjunto en una entrevista tan polémica como veraz que parecía iniciar el camino de una disidencia:

Gunter Grass: “Urge poner en cuestión el sistema en su conjunto”

El patriarca de la literatura alemana arremete, indignado, contra la degeneración de la democracia
A sus 83 años, Günter Grass se muestra más enfadado que nunca. El patriarca de la literatura alemana arremete contra los bancos yel sistema financiero que, dice, anulan la democracia y secuestran a gobiernos y parlamentos. Grass se mete con los medios de comunicación, que para ser conformistas ya ni siquiera necesitan censura, denuncia la inadvertida transformación del ejército alemán en una máquina orientada hacia la intervención exterior y compuesta por “mercenarios”. La ocasión fue el décimo aniversario de una asociación de periodistas de Hamburgo, en la que el Nobel de literatura 1999 pronunció un discurso en plena sintonía con los indignados europeos.
En primer lugar los bancos. Sus directivos y grandes accionistas forman, “una sociedad paralela”, dice Grass. Los bancos viven “una vida propia”. “Las consecuencias de sus economías basadas en el riesgo, las pagan los contribuyentes”. “Han tomado como rehenes al parlamento y al gobierno”, pero son insaciables y “siempre están hambrientos”.
También los medios son prisioneros. Para extorsionarlos ya no se precisa censura, “basta con negarles publicidad”, dice. En esas condiciones es imposible “explicarle a la opinión pública los abusos de poder de los lobbies”. Contra ellos hay que interponer “estrictas barreras” de protección alrededor del Bundestag, el parlamento alemán, para poder mantener a raya a los lobbistas.
“La degradación de los ciudadanos de la antigua Alemania del Este y sus descendientes a la condición de alemanes de segunda clase se ha convertido en un hecho tan evidente que la mayoría de los jóvenes abandonan sus ciudades y se van al oeste. Algunas regiones empiezan a despoblarse y muchas veces los que se quedan son los radicales de extrema derecha, que son lo que dan el tono en las zonas abandonadas”, denuncia el escritor. Mientras tanto, Alemania pretende aplicar en Grecia una medicina de fideicomisos y privatizaciones, no muy diferente a la que condujo a esos resultados en Alemania del Este.
“La creciente deriva hacia una sociedad de clases con una mayoría empobrecida y una grasienta minoría rica, la montaña de deudas cuya cima está cubierta por una nube de ceros, la incapacidad y manifiesta impotencia del parlamento electo frente al poder de los lobbies y al completo dominio de los bancos”, todo eso, dice Grass, “nos urge a hacer algo inaudito: poner en cuestión el sistema en su conjunto”.
El capitalismo neoliberal , dice, “ha degenerado en una máquina de destrucción del capital, bien lejos de los éxitos de la economía social de mercado”.
Es un “Moloch asocial”, que “ninguna ley puede atajar”, dice. Y se plantea la pregunta: ¿tiene aun la democracia parlamentaria la fuerza y la voluntad de contrarrestar esta decadencia, o vamos a continuar manteniendo en el ámbito de lo no vinculante todo intento de reforma de los bancos con la excusa de que “eso sólo se puede arreglar a nivel global”?
Rafael Poch
La Vanguardia, 9 de agosto de 2011
No hace falta ser un monstruo para padecer la imputación de “fascista” (=criminal), acusar a Israel de abrigar intenciones criminales y reconocer a voz en grito que el sistema actual es un fraude. Hasta un Premio Nobel puede compartir estos rasgos con nosotros, pobres ratas de la RAO (Resistencia Anti-Oligárquica). Pero ya vemos que ni siquiera a Günther Grass le permiten disentir sin deshonor ni rabiosa diabolización. Como reconoce el sociólogo de izquierdas James Petras, el sionismo es el estalinismo de nuestro tiempo. La campaña de linchamiento resulta poca cosa, comparado con lo que nos espera, pero los latigazos del dispositivo oligárquico tienen también un efecto pedagógico: al obligarles a quitarse la máscara, los torturadores ya no pueden llenarse la boca con la bazofia de la “democracia” y los “derechos humanos”. Los torturadores están sentados en las poltronas. Los torturadores son los antifascistas. Y, al igual que bajo el régimen de Stalin, los disidentes serán acusados de “fascistas”, no importa qué méritos, morales o intelectuales, presenten en su descargo.
Günther Grass defiende su poema ante los ataques de la termitera sionista:
http://www.cuartopoder.es/detrasdelsol/las-razones-de-gunter-grass/1613
El poema, una joya para todas las personas que todavía se lavan en medio de la pocilga sionista de mentiras y crímenes justificados apelando al mantra de Auschwitz :
Günther Grass
Warum schweige ich, verschweige zu lange, was offensichtlich ist und in Planspielen geübt wurde, an deren Ende als Überlebende wir allenfalls Fußnoten sind.
Es ist das behauptete Recht auf den Erstschlag, der das von einem Maulhelden unterjochte und zum organisierten Jubel gelenkte iranische Volk auslöschen könnte, weil in dessen Machtbereich der Bau einer Atombombe vermutet wird.
Doch warum untersage ich mir, jenes andere Land beim Namen zu nennen, in dem seit Jahren – wenn auch geheimgehalten – ein wachsend nukleares Potential verfügbar aber außer Kontrolle, weil keiner Prüfung zugänglich ist?
Das allgemeine Verschweigen dieses Tatbestandes, dem sich mein Schweigen untergeordnet hat, empfinde ich als belastende Lüge und Zwang, der Strafe in Aussicht stellt, sobald er mißachtet wird; das Verdikt “Antisemitismus” ist geläufig.
Jetzt aber, weil aus meinem Land, das von ureigenen Verbrechen, die ohne Vergleich sind, Mal um Mal eingeholt und zur Rede gestellt wird, wiederum und rein geschäftsmäßig, wenn auch mit flinker Lippe als Wiedergutmachung deklariert, ein weiteres U-Boot nach Israel geliefert werden soll, dessen Spezialität darin besteht, allesvernichtende Sprengköpfe dorthin lenken zu können, wo die Existenz einer einzigen Atombombe unbewiesen ist, doch als Befürchtung von Beweiskraft sein will, sage ich, was gesagt werden muß. 
Warum aber schwieg ich bislang? Weil ich meinte, meine Herkunft, die von nie zu tilgendem Makel behaftet ist, verbiete, diese Tatsache als ausgesprochene Wahrheit dem Land Israel, dem ich verbunden bin und bleiben will, zuzumuten. 
Warum sage ich jetzt erst, gealtert und mit letzter Tinte: Die Atommacht Israel gefährdet den ohnehin brüchigen Weltfrieden? Weil gesagt werden muß, was schon morgen zu spät sein könnte; auch weil wir – als Deutsche belastet genug – Zulieferer eines Verbrechens werden könnten, das voraussehbar ist, weshalb  unsere Mitschuld durch keine der üblichen Ausreden zu tilgen wäre.
Und zugegeben: ich schweige nicht mehr, weil ich der Heuchelei des Westens überdrüssig bin; zudem ist zu hoffen, es mögen sich viele vom Schweigen befreien, den Verursacher der erkennbaren Gefahr zum Verzicht auf Gewalt auffordern und gleichfalls darauf bestehen, daß eine unbehinderte und permanente Kontrolle des israelischen atomaren Potentials und der iranischen Atomanlagen durch eine internationale Instanz von den Regierungen beider Länder zugelassen wird.
Nur so ist allen, den Israelis und Palästinensern, mehr noch, allen Menschen, die in dieser vom Wahn okkupierten Region dicht bei dicht verfeindet leben und letztlich auch uns zu helfen.

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