San Pelagio, víctima de un emir (sodomita) de Córdoba

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Sería interesante averiguar por qué  el Día del “Gay Pride”   u “Orgullo” (?) de ser homosexual se celebra exactamente, cada año, alrededor del dia 26 de junio, dia en  que la Iglesia Católica conmemora el martirio del niño Pelayo, asesinado en el “Al-Andalus” musulmán en el año 925, por negarse  a satisfacer los apetitos libidinosos del emir Abderramán III.

Hoy todavía, en Oviedo (Asturias, España) se conservan las reliquias del niño San Pelayo, precisamente en el convento de las monjas llamadas “pelayas”.

En el blog asturiano “Las libertades” se publica un post titulado “San Pelayo, contra los abderramanes democráticos” el cual reproducimos a continuación:

Hoy 26 de junio celebra la Iglesia la festividad de San Pelayo, mártir (911-925). Santo del Reino de Asturias, pariente de San Rosendo y de la realeza asturiana. Mártir no sólo por no renegar de su Fe frente a los mahometanos, sino sobre todo por defender su pureza frente a los aberrosexualistas (esos pervertidos que son ridículamente llamados «homosexuales» o «gays»). Santo patrón de los niños y jóvenes carlistas. Desde Oviedo, esta antigua corte de la Monarquía asturiana que custodia sus reliquias, lo recordamos reproduciendo una antigua entrada de la desaparecida web Atrévete a pensar, y con unas apostillas de actualidad a continuación.

El joven murió martirizado por negarse a ser sodomizado por el sultán de Córdoba. Como afrenta, el «Orgullo Gay» se celebra siempre el siguiente fin de semana a su festividad: 26 de junio. Adalides de la tolerancia…

Su biógrafo dice que era tardo para la sonrisa; sin razón ninguna para no creerlo, aceptamos su testimonio y hasta puede ser que al final de la hagiografía terminemos por darle la razón. Nacido en la actual Galicia, a orillas del Miño; solía jugar con los otros chicos en el pórtico de la episcopal de Tuy. Era sobrino del obispo Hermogio; por eso estudiaba gramática en la escuela junto a la catedral, donde se iba aprendiendo el salterio día a día; también en los días más solemnes se unía al canto mozárabe y actuaba como monaguillo en las funciones litúrgicas.

Pero aquello quedaba lejos. Ahora lo habían metido en la cárcel de Córdoba, donde los cuerpos de sus compañeros estaban sujetos con cadenas y grilletes; aquellos esclavos daban un hedor nauseabundo, pero a todo se acostumbra uno; un guardia con látigo iba a por ellos para llevarlos a sus tareas de arreglar jardines, limpiar mezquitas, atender los baños, arrimar tierra y amontonar ladrillos para las construcciones. Al regreso contaban que era inabarcable el trabajo que había en aquella ciudad enorme.

A Pelayo le habían dicho que le llevaban a ver al tío, y no le mintieron del todo, porque vio a Hermogio que estaba en la prisión, ya enfermo y hecho un viejo. Lo habían apresado el año anterior en la batalla de Val de Junquera (920) y desde allí lo llevaron a Córdoba. Pelayo era su rescate porque, al no llegar el oro, más valía un joven que un viejo.

El niño pensó que aquella situación acabaría pronto; así se lo aseguró su tío, pero con lo enfermo que iba al pasar el Duero, nada más llegó a saberse del obispo. Es verdad que de vez en cuando venían oleadas de prisioneros nuevos; pero en los cuatro años que pasó en la prisión, cada día repetía al anterior y fijaba al de mañana. Pelayo tenía permitido estar en otras estancias mientras sacaban a los mayores para el trabajo diario; como no había alborotado, ni dado un problema, ni se había unido a ninguna insurrección, hasta se había ganado la confianza de sus guardianes; pasaba bastante tiempo leyendo códices a escondidas y por la noche preguntaba lo que no entendía a los clérigos presos. Aprendió a discutir con carceleros y con los dueños de las casas ricas donde lo pusieron a trabajar de día; supo atraer su simpatía y respeto. Aquel chico valía la promesa de dinero.

Comprendió la corrupción generalizada de Córdoba, que a la vez era fortaleza, poder, arte, libros, bullicio, mercado con una gran cantidad de gente que compraba y vendía, reía, vociferaba más que hablaba, estaba contenta, y con frecuencia escuchaba a poetas que solían cantar las gracias de los mancebos. Tuvo tiempo de ver la confusión moral generalizada del lugar donde vivían hacinados los trabajadores esclavos y los presos sometidos a condena, y allí mismo necesitó energía heroica para guardar su pureza. Por eso decía «Dios quiera que no me vea en apuros más terribles». Porque allí se enteró de que los altos cargos se compraban con la prostitución de las conciencias; sí, al renegar de la religión venían sin mucho esfuerzo las casas, los palacios con esclavos del mediterráneo o judíos comerciantes de Alemania o de Francia, oro y tierras. Era la política de Abderramán III, que los hacía instrumentos útiles y manejables al cambiar de religión y prestarle infames servicios.

El joven Pelayo no cedió cuando lo llamaron a prestarlos aunque lo llevaran con protocolo al fastuoso ambiente cortesano, donde había alfombras y tapices, vasos de plata, aromas exóticos y guardianes sudaneses. Iba todo bañado, limpio, elegantemente vestido y perfumado; así lo presentaron ante el emir Abderramán III, el Victorioso, hombre dominado por la sensualidad, aunque los historiadores lo alaben por su corazón bondadoso. Las promesas de honor, riqueza y poder si se hacía musulmán se quedaron pequeñas. Sus palabras: «Soy cristiano y lo seré. Tus riquezas no valen nada. No voy a renegar de Cristo que es mi Señor y el tuyo, aunque tú no lo quieras». Y «Atrás, perro» (echándose para atrás, cuando intentaba tocar su ropa aquel soberano) «¿crees que soy como esos jóvenes infames que te acompañan?». Y rezó: «Señor, líbrame de las manos de mis enemigos».

Una catapulta de guerra lo lanzó desde un patio del alcázar hasta la otra orilla del Guadalquivir; como aún vivía, un guardia negro le cortó la cabeza con la espada. Era el primer cuarto del siglo X.

Su cuerpo fue trasladado a León, y más tarde a Oviedo, donde se veneran actualmente sus reliquias en el monasterio de benedictinas que lleva su nombre.

Los «gays» no se inventaron en el siglo XXI. Ni los mártires. Ya ves, Pelayo, cuando tanto invertido de uno y otro sexo campea hoy gritando por sus derechos, tú te quedas en la Historia como ejemplo de los que mueren por no querer serlo.

Según otras fuentes, San Pelayo fue mutilado y descuartizado antes de decapitado. Los sodomitas y los mahometanos (en verdad esto es a menudo redundante) se han distinguido siempre por lo satánico de su crueldad y de su odio.

El monasterio que custodia sus reliquias es el que lleva su nombre, el de las populares Pelayas. A ellas pertenecen (en derecho, lo que de hecho y contra derecho perdieron con la inicua Desamortización, obra de los sucesores de Abderramán) los terrenos de la Fábrica de Armas de la Vega.

Inicua fue también la venta de nuestras fábricas de armas a esos otros aliados de Abderramán, la industria armamentista estadounidense. Pero ya se sabe que los políticos de la democracia gobiernan contra Asturias y contra España, igual que los apóstatas que a partir del siglo VIII colaboraban con los invasores mahometanos.

Ahora, con periódicas exhibiciones de hipocresía y contradicción, los mismos abderramanes y tropas auxiliares (los partidos y sindicatos del sistema) se aprestan a cerrar la fábrica de armas y utilizar sus terrenos para la especulación urbanística (la misma que ha destrozado Oviedo y Asturias y que tanto ha contribuido a la recesión económica en que nos encontramos).

Que San Pelayo nos asista en la expulsión de los sucesores de Abderramán. Empezando por el que ocupa el Palacio de la Zarzuela y por sus aduladores y cómplices de aquí.

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Fuente: blog Las Libertades, Juventudes Tradicionalistas Asturianas

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7 comentarios to “San Pelagio, víctima de un emir (sodomita) de Córdoba”

  1. hurania Says:

    Reblogged this on jrania.

  2. antonio campomanes Says:

    …También es significatrivo que la semana que acaba hoy,en la fachada de la sede del PSOE, en la calle Ferraz de Madrid, ha ondeado la bandera multicolor del “movimiento gay”… y que
    Obama, por haber legalizado el “matrimonio gay” ha merecido el premio de aparecer en la portada de la revista “Time”…

  3. ana Says:

    Desde luego que no se pueden decir más estupideces en menos espacio. Pero mira, a lo mejor si le rezas a San Pelayo un buen moro te peta el culo que es lo que te tiene que gustar de verdad, subnormal.

    • hirania Says:

      tanta ira soez es quizás porque el srtículo ha herido un punto sensible de tu persona…
      ¿eres lesbiana? ¿eres mora? ¿desprecias a los “subnormales”? ¿Cuál es el problema? Supongo que serás progre, de “izquierda” y “feminista…
      Me gustaria saberlo solo a efectos científicos pues me interesa la psicologia humana. Gracias!

      • ana Says:

        Gilipollas, tu respuesta es más patética todavía que el texto. Nazi de tres al cuarto si supieras quién fue tu bisabuelo te daba algo. Búscate una novia normal, chaval.

  4. angel Says:

    Vaya tonterías acabo de leer… nacido en la actual Galicia… hombre, actual y antigua diría yo… o pretenden los asturianos anexionarse Galicia? por no hablar del nauseabundo olor ideológico que emana de este texto y de las maneras tan poco elegantes de hablar de homosexuales, moros, progres, etc… si es que has de pensar que en el mundo sólo hay sitio para los que son como tú, lo cual, estimado igual, nos llevará al tú o yo…
    Y no soy gay, ni moro, ni progre (básicamente por que lo de progre me resulta suave de más…).
    Con Dios…

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