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La Parábola Taoista Que Te Hará Saber Que Toda Tu Vida Es Una Ilusión

1 abril, 2017

La Parábola Taoista Que Te Hará Saber Que Toda Tu Vida Es Una Ilusión

 

 

 

 

EL AMOR, por Antonio Medrano

26 diciembre, 2016

lunes, 26 de diciembre de 2016

EL AMOR

 

Antonio Medrano

http://www.antoniomedrano.net

El Amor es la poderosa palanca que mueve el mundo. Dante Alighieri ve en el Amor la fuerza “que mueve el Sol y las demás estrellas”. Todas las doctrinas espirituales insisten en la importancia de esta fuerza elemental y suprema, cósmica y divina. Según la enseñanza unánime de la Tradición o Filosofía Perenne, la Sabiduría y el Amor son los pilares que sostienen el Orden universal. Son los dos grandes resortes que hacen posible la existencia humana, haciendo que sea auténticamente humana. Ahora bien, una vez admitida o reconocida en principio la importancia fundamental del Amor, surge la pregunta: ¿qué es en realidad el Amor? ¿Cómo puede ser definido y cuáles son las condiciones que ha de reunir y los elementos que lo hacen posible? Se habla mucho de amor, pero pocas veces se hace el esfuerzo de definirlo y ver exactamente en qué consiste, para distinguir el verdadero amor del amor falso y engañoso (que puede llegar a denigrar al ser humano, llevándole a destruir y matar).

Hay, en verdad, amores que matan. Se confunde el Amor con cosas que no tienen nada que ver con él o, peor aún, constituyen su antítesis: el afán posesivo y despótico (creer que el ser amado es propiedad privada nuestra), los celos y la pasión ciega, la obsesión sexual, el cariño invasor y anulador de la personalidad del otro, la amabilidad desconsiderada e irrespetuosa, etc.

Se podrían dar cinco definiciones del amor, que nos desvelan en realidad cinco aspectos de esta inmensa fuerza humana, cósmica y divina:

1.- Fuerza unitiva. Tendencia a la unión y la unidad. Impulso emotivo y afectivo, energía volitiva y fuerza magnética de atracción que une cosas separadas o distanciadas. Resorte interno que hace que se aproximen para entenderse seres alejados (que tal vez se ignoran o no se conocen, que quizá se miran con hostilidad, timidez o desconfianza). Fuerza que acerca, que vincula, que enlaza, que forja lazos sólidos, que liga y ata: ata y libera; ata para dar más altas cotas de libertad y para situar a los seres que anima en niveles más elevados de vida. El Amor integra, coordina, armoniza, incorpora, concilia, cose e hilvana, restaura, compone y recompone, completa y perfecciona; es yugo (o yoga) que unce, junta y ayunta a dos o más seres, poniendo en conjunción sus vidas y haciéndoles vibrar al unísono.

El Amor crea unidad: unifica por dentro y por fuera; une y reconcilia polos opuestos; armoniza extremos que podrían chocar o entrar en conflicto. El Amor de dos vidas hace una. El odio y el desamor, en cambio, provocan desunión, separan y dividen, distancian y enfrentan; si el amor suma, adiciona, agrega y aumenta, el desamor resta y disminuye, merma y sustrae.

2.- Búsqueda del bien. Anhelar el bien para aquello (persona o cosa) que se ama: lo que realmente es su bien, y no un bien falso, aparente e ilusorio (que acabará siendo un mal, algo que le perjudicará). Querer y desear ante todo el bien, todo lo bueno, incluso lo mejor, por mucho que cueste, buscándolo de manera objetiva, rigurosa y sincera. El bien es el fin, la meta, la razón de ser, el móvil o motivo y el objetivo inspirador del Amor. De ahí que la bondad y lo bueno constituyan el humus o terreno en el que florece el Amor, el cual se manifiesta en todo aquello que deriva del bien y de lo bueno: benevolencia (querer bien y querer el bien), beneficiar y beneficencia (hacer bien y hacer el bien), bendecir y bendición (“decir bien” de algo o alguien, derramar el bien por medio de la palabra, el gesto o la mente sobre alguna persona o cosa).

3.- Capacidad de entrega, donación, abnegación, servicio y sacrificio. Disposición a servir al prójimo y serle de utilidad. Tener en cuenta al otro como si fuera uno mismo, anteponiendo incluso su interés o su bienestar al propio. Contar con él, tenerle siempre presente y estar pendiente de él, viviendo en él y para él, desviviéndose por servirle y complacerle. Amar es complacer, placer compartido, dar placer al prójimo con agrado; búsqueda erótica del otro para servirle, para entregarse a él e incorporarlo a la propia vida.

4.- Potencia creadora, forjadora de realidad, profundamente renovadora, engendradora de realidad nueva. Fuerza creativa que lleva a imaginar la realidad amada, captando sus posibilidades recónditas y actuando con tacto para ayudar a que emerjan, se manifiesten y se realicen, de tal modo que dicha realidad amada quede transformada y llegue a ser lo que está llamada ser. En el Amor está la clave y el secreto de la creatividad. El Amor es la fuente de la auténtica creatividad (eso que hoy tanto se echa a faltar, que sufre una alarmante crisis).

5.- Principio de vida: el Amor crea vida; hace surgir vida allí donde no la había; despierta, potencia y realza la vida; restaura y sana la vida enferma, sofocada, alterada o anulada; vivifica la existencia; estimula las energías vitales. Nos hace vivir de verdad; da vida al vivir anodino, inerte e inane que suelen arrastrar los seres humanos; hace que nuestra vida mortecina (que muchas veces no es más que muerte en vida, un sinvivir) se vuelva verdadera vida; nos ayuda a rescatar y proteger la vida de las fuerzas de muerte que la amenazan. No hay vida sin amor. No hay resorte vital que pueda compararse al amor. “Cada vez estoy más convencido de que el misterio del amor coincide con el misterio de la vida”, escribía Franz von Baader, gran pensador y teólogo del siglo XIX, llamado “el filósofo del amor” (en alemán existe una significativa similitud entre las voces Lieben, “amar”, y Leben, “vida, vivir”). Para que exista auténtico amor, amor pleno y sólido, tienen que darse de forma unitaria y conjunta esos cuatro elementos, sin que falte ninguno de ellos. De lo contrario, será un amor cojo, mutilado, equivocado o mal orientado, incluso negativo y dañino. No puede haber tendencia unitiva, impulso hacia la unión, si no se busca el bien o se menosprecia la bondad. No se puede querer el bien sin vivir en la unidad o sin tender a ella. No puede haber creatividad y vida auténticas si no hay voluntad integradora, deseo de ligar y unir. Nadie puede servir, entregarse y sacrificarse sin haberse unido internamente, sin haber integrado sus fuerzas en torno al eje del Bien. Quien dice Amor dice voluntad, benevolencia, deseo bien orientado, decisión, buena disposición, disponibilidad, buen ánimo, bondad difusiva, apertura del alma, afecto y cariño, simpatía, cordialidad, compasión, tacto y ternura, respeto y consideración, compromiso, libre vinculación y sumisión, fidelidad, devoción y dedicación, pasión y entusiasmo, implicación interior en las cosas (en las tareas y empresas a realizar), emoción inteligente y contenida, expansión afectiva, poesía vivida, asunción de valores, impulso activo en beneficio de otros, alegría emprendedora, ímpetu realizador, desinterés fervoroso (fogoso o apasionado), positividad ante la vida, respetar y apreciar el valor de las cosas, estar dispuesto a renunciar, sentimientos nobles, emotividad sana, actitud oblativa, sentido del deber y la responsabilidad, actitud afirmadora, inclinación a mejorar el mundo. El amor vigoriza y renueva la existencia, crea paz y armonía, forja personalidad y comunidad, nos hace buscar el bien propio y ajeno. Dentro del Amor entra, por supuesto, el amor a uno mismo. Con razón se ha dicho que el amor bien entendido (o la caridad bien entendida) empieza por uno mismo. Quien no se quiere, quien no ha aprendido a quererse como es debido, difícilmente querrá a alguien tal y como ese alguien deba ser querido. Uno no puede amar a otro si previamente no se ama a sí mismo (desea su propio bien y se esfuerza por alcanzarlo, busca su unidad personal, crea y recrea sin cesar su propia vida, va conquistando sin cesar valores). No se puede dar lo que no se tiene: no puedo dar amor si no lo tengo dentro de mí, en y para mí mismo, hacia mi propio ser. ¿Qué supone, exige o lleva consigo el Amor?

El Amor, que puede presentar distintas formas y diferentes niveles, se traduce en una serie de cualidades y actitudes positivas, como las siguientes:

1) buena voluntad y voluntad fuerte (firme y enérgica); sólo la voluntad fuerte es buena; una voluntad débil será por fuerza una mala voluntad, deficiente o inservible.

Energía volitiva que venza a la noluntad, la abulia, la indiferencia y la indolencia. Amar es querer, y el querer es un acto de la voluntad. Amar de forma plena consiste en armonizar el querer y el desear, orientándolos de forma serena y ordenada hacia el bien (lo beneficioso, lo útil, lo provechoso, lo honesto y deleitable).

2) anhelo de lo mejor: voluntad y deseo de alcanzar la excelencia, lo óptimo en cualquier terreno. Decidida voluntad de mejorar uno mismo (en todos los órdenes: en lo profesional y en lo personal, en lo intelectual y emotivo, en lo moral y espiritual), y de ayudar también a los demás para que mejoren y se eleven como personas, abandonando la inercia y la incuria en que de ordinario se suele vivir. En este sentido, el Amor viene a ser impulso hacia lo alto, fuerza anagógica o sátvica que tira de nosotros hacia arriba.

3) deseo de abrazar y ser abrazado; anhelo de abarcar la realidad, en cualquiera de sus formas de manifestación, y especialmente en su modalidad personal. Abrazar y abarcar la realidad que nos rodea para fundirnos con ella, de tal modo que nos llene, nos trasmita toda su riqueza, y nosotros también podamos trasmitirle la riqueza que llevamos dentro. Abrazar la realidad para salvarla y ser salvados por ella, a través de ella y junto con ella.

4) inclinación a dar y darse: dar lo mejor de sí; preocuparse más por lo que uno puede dar que por lo que uno puede recibir. Y dar con desprendimiento, sin esperar nada a cambio, sabiendo también recibir con humildad y generosidad, para no ser nosotros los únicos que damos, sino dando también a los demás la posibilidad de darnos, para que así puedan disfrutar del placer de dar, con todo lo que este dar conlleva de enriquecimiento y afirmación del propio ser.

5) impulso que nos lleva a compartir, a hacer a los demás partícipes de lo nuestro, de lo que somos, hacemos y tenemos: nuestras actividades y quehaceres, nuestros conocimientos, nuestras ilusiones y aficiones, los bienes y dones con que hemos sido agraciados. Quien no comparte y reparte, demuestra que ama poco, aun cuando se le llene la boca hablando de “amor”. La persona que ama sabe que cuanto más comparte, más tiene.

6) decisión en lo que se afirma, se cree, se proyecta y se emprende. El indeciso no puede amar en serio, no es capaz de adoptar o sostener una actitud amorosa; ante la menor dificultad, se derrumbará. La duda, al titubeo, la vacilación y la inseguridad indican una falta de convicción y, por tanto, una deficiencia amorosa, un déficit de amor. Para amar de verdad es necesario tener una fe firme, una seguridad en la fuerza del propio amor y una confianza en los seres y cosas que amamos. No se puede amar sin confiar. Quien ama confía en todo aquello que el amor presenta ante sus ojos, en todo cuanto el amor le ofrece y le exige.

7) vínculo y compromiso. Disposición a vincularse, a aceptar deberes y obligaciones, a limitar la propia libertad por el bien propio y ajeno. Comprometerse firmemente con los propios ideales, principios y convicciones; comprometerse con quienes nos rodean y comparten con nosotros esos ideales, principios y convicciones. Y, por supuesto, mantener con fidelidad y lealtad los compromisos contraídos; no traicionar a las personas y las cosas (principios, ideales, valores, realidades) con los que estamos comprometidos.

8) entregarse de lleno a la tarea a realizar, sea esta la que fuere; llevarla a cabo con ilusión y entusiasmo, con el máximo esmero y cuidado. Amor = “esmero con que se trabaja una obra deleitándose en ella” (DRAE). Todo lo que hagamos en la vida debemos hacerlo con amor. Como decía Teresa de Calcuta, “lo importante no es hacer pocas o muchas cosas, hacer cosas relevantes o insignificantes, sino hacerlas siempre con amor”. Por pequeña que sea la acción o labor que estamos realizando o vamos a realizar, tendríamos que hacerla con plena consciencia, de forma sabia y amorosa.

9) atender y dedicarse con devoción a quienes nos debemos, a todos aquellos con quienes estamos vinculados o en deuda. Atender y dedicarse asimismo desinteresadamente a aquellas tareas y actividades (estudio, lectura, ejercicio, conversación, etc.) que nos aportan un valioso caudal formativo, preparándonos para avanzar en la vida y para cumplir mejor nuestra misión.

10) apertura del alma y de la mente: actitud cordial, con puertas y ventanas abiertas, para que en nosotros pueda entrar lo que nos viene de fuera (mensajes, ideas, gestos, signos, emociones, bellezas, oportunidades, caricias, etc.). Abrir el propio corazón rompiendo el aislamiento y la cerrazón del propio ego, que están motivados por el miedo, la desconfianza y el odio o el desamor.

11) propensión a abrirse al otro, a recibir lo que nos envía o nos pueda enviar (quizá sin ser plenamente consciente de ello: su mensaje vital) y a sentir lo suyo como nuestro: dolerse y alegrarse con él, ponerse en su piel, acogerle como si fuera parte de nosotros mismos. Lo cual quiere decir empatía, o sea, penetrar en su vida interior y participar en sus sentimientos y emociones, sintiéndolos como si fueran propios (em- = dentro, meter; pathos = pasión, sentimiento o emoción). Para ser pleno, el amor tiene que ser empático.

12) disposición a la ayuda y a la colaboración, inclinación a participar con los demás en tareas vitales, sugestivas o ilusionantes. Dejar a un lado el ego, el afán de protagonismo o el deseo de significarse y destacar por encima de los demás. No regatear nuestra participación, ayuda o cooperación, salvo que motivos de rango superior así lo exijan.

13) estar disponible para el prójimo cuando requiera nuestro apoyo y en todo aquello que de nosotros pueda necesitar. No hacerse el remolón ni buscar excusas para evadirse y no tener que acudir en su auxilio. No ser antipáticos ni demasiado reservados: tener siempre una reserva, tanto de tiempo como de interés y atención, para quien pueda necesitar de ella en un momento determinado.

14) ánimo servicial y solicito. Estar siempre dispuesto a servir a los demás y a hacer lo que haya que hacer (lo que sea necesario y conveniente en cada situación), y hacerlo además con buen ánimo, con optimismo y temple alegre. Procurar ser de utilidad al prójimo, sin importunarle, aturdirle ni avasallarle, respetando en todo momento su libre voluntad y su espacio vital. Sentir el placer de servir y ser útiles. Disfrutar sirviendo, ayudando y atendiendo a los que tengamos cerca.

15) generosidad, capacidad de entrega desinteresada y de sacrificio: sin darle importancia y sin que cueste hacerlo, sin esperar recompensa, compensación ni gratitud. Hacer las cosas con desapego, practicando la alta ética de una impersonalidad activa. El ideal del Karma-Yoga o “Yoga de la acción”, tan próximo al del Bhakti-Yoga, el “Yoga del amor” o “Yoga devocional” (el Yoga del amor y la devoción a Dios).

16) actitud oblativa. Concebir la propia existencia con un sentido de oblación, de ofrenda, de sacrificio o inmolación. Ofrecer y ofrecerse. Hacer ofrecimiento de la propia vida. Hacer de nuestra propia vida una continua ofrenda, ofreciendo a los demás lo mejor que podamos ofrecer, nuestra misma vida, e inmolándonos a su servicio a través de nuestro proyecto vital. Transformar el propio vivir en un desvivirse por el bien de todos, cumpliendo nuestro deber en una vivencia en la que el cumplimiento del deber se une a estado de ánimo ilusionado: se cumple el deber con ilusión y alegría. La ausencia de alegría denota una falta de amor.

17) afirmar la vida, con todos los dones, valores y riquezas que contiene.

Afirmación de la vida, del mundo y del ser a pesar de todos los pesares (no obstante los sufrimientos y sinsabores que la existencia lleva consigo), tratando de descubrir su sentido (el sentido de la vida) o, dicho de otro modo, esforzándose por crear y poner sentido en el propio vivir. El Amor implica la superación de cualquier expresión, pulsión o manifestación de negatividad.

18) interesarse por todo aquello que merece la pena, que es noble y valioso, y puede enriquecer por consiguiente tanto nuestra propia vida como la del prójimo. Apreciar, buscar y cultivar con ahínco todo lo bueno, bello y verdadero, en suma, todo aquello que contribuye a tener una vida más plena, más profunda y auténtica, más libre y feliz.

19) pasión, ímpetu, entusiasmo, fuego interior (estimulante y enardecedor). El amor se traduce en pasión por aquello que se ama, un fuego cálido y entrañable que da vida a todo lo que toca y tiene ante sí. Entraña un actuar apasionado y erótico que se vuelca en todo aquello que es digno de ser amado. Quien ama no puede menos de poner pasión en lo que hace, en lo que piensa y dice, en las convicciones e ideales que guían su vida, en las cosas que despiertan su interés o atraen su atención. Es la pasión noble y lúcida que va ligada a la grandeza. En la vida no se puede hacer nada grande sin pasión.

20) tratar con amabilidad, con exquisito tacto y ternura, a todos los seres que nos rodean. Adoptar hacia ellos una actitud educada, atenta, respetuosa y afable, en la que impere la cortesía y las buenas maneras (por mucha confianza o intimidad que haya). Darles un buen trato, un tratamiento suave, tierno y cuidadoso (curativo) como el tratamiento que daría un buen médico o sanador al paciente o enfermo que ha de curar (o cuidar). Extremar la afabilidad y la delicadeza para no herirlos ni violentarlos en el roce existencial que conlleva inevitablemente la convivencia. Sufrir con paciencia sus flaquezas y defectos. Usar la violencia únicamente cuando sea completamente indispensable, y poniendo buen cuidado en que sea entonces una violencia legítima, mesurada, no demasiado dura ni rígida, suavizada por el cariño y el respeto, atemperada por la equidad y el buen juicio.

21) ser duro cuando hay que actuar con dureza y ser blando cuando hay que actuar con blandura, siempre en función del bien del ser querido. Para ello hay que saber violentarse, y estar dispuesto a ello, cuando la ocasión requiera adoptar una actitud o postura que no es la que nos gustaría o la que adoptaríamos de forma espontánea (la que resulta más connatural a nuestro temperamento).

22) sentir compasión hacia los seres que sufren (humanos y no humanos), pero también sentir alegría con quien se alegra, disfrutar con quien disfruta, ser feliz con quien es feliz y le van bien las cosas (justo lo contrario de la envidia). Ser receptáculo o espejo en el que se reflejan, a la vez con fidelidad y pureza, los bienes y males que suceden a los demás. Entra aquí en juego la simpatía, en la significación etimológica de la palabra: del griego sym-pathos (sym = con, juntos; pathos = pasión, sentimiento), capacidad para sentir o padecer con los demás, pathos o pasión en común, sufrir o alegrarse juntos.

23) apreciar, estimar, valorar y considerar. Amar es apreciar, sentir afecto y aprecio por algo o alguien. Es saber estimar y apreciar el alto precio de las personas y las cosas (valores, realidades, acontecimientos y hechos de la vida). Tener consideración para con todos y hacia todo. Amar es apreciar y no despreciar ni menospreciar. No despreciar nada ni a nadie, no mirar nunca a nadie por encima del hombro ni creerse superior a los demás; superar cualquier tentación de soberbia o de endiosamiento narcisista.

24) atraer y sentirse atraído. El amor es una fuerza magnética que atrae de manera irresistible, generando una corriente o tensión erótica que resulta enormemente creativa y que es capaz de unir, fundir y soldar vidas o realidades. Es como un imán que nos hace sentirnos atraídos y a cuyo poder de atracción no nos podemos resistir (en francés, se usa la misma palabra para decir “imán” y “cariñoso”: aimant, literalmente “amante” o “amando”, derivado del verbo aimer, “amar”). Amar es sentirse seducido, asombrado y fascinado, por el encanto de la realidad, por su poder mágico y por el misterio que la envuelve (lo que se hace especialmente patente en el caso de la realidad personal). El amor resulta siempre atractivo (poderosamente atractivo, por la fuerza de su bondad y su belleza) y genera atractivo, mezcla de gracia, magia y candor: una persona resulta atractiva, tiene encanto personal, en la medida en que su vida está guiada, inspirada y animada por el amor.

25) actitud comunicativa, postura dialogante.

Amar significa estar en continua comunicación con cuanto nos rodea. Es hablar y escuchar, expresar los propios sentimientos y emociones, y al mismo tiempo prestar oído a lo que los demás tienen que decirnos, estimulándoles para que también ellos se expresen y nos comuniquen y transmitan sus vivencias. La vida humana es comunicación, conversación y diálogo. Vivir –y más aún el convivir– es comunicarse, usar la palabra como vehículo de unión. La palabra, medio de expresión y signo más puro de lo humano, es el medio que usa el amor para manifestarse, actuar y realizar las diversas funciones que le son propias (unitiva, creativa, vivificante, humanizante, donante y servicial, benefactora y bendecidora). Aunque en la palabra o, lo que viene a ser lo mismo, en el lenguaje, hay que englobar todas aquellas formas a través de las cuales el hombre habla y se comunica de forma sumamente elocuente y expresiva: así, por ejemplo, la palabra escrita, el lenguaje corporal, el lenguaje del gesto, el lenguaje de los signos y símbolos, incluso el lenguaje de los silencios (que pueden llegar a ser no sólo elocuentes, sino hasta clamorosos).

26) encuentro, concordia y entendimiento recíproco. Amar significa ir al encuentro del otro. Salir a su encuentro, saliendo del propio mundo egocéntrico. Es esforzarse por entender al que tenemos en frente o a nuestro lado, tendiendo puentes para concordar (con-cordis: armonía y sintonía de corazones) y establecer una sintonía; no desentendernos de él, sino procurar entenderle, interesándonos por sus problemas, creencias, convicciones, ideales, aficiones, ilusiones e inquietudes.

Amor es todo lo contrario de desencuentro, rechazo, antipatía, huida o alejamiento, negativa a escuchar o recibir (al otro y lo suyo); supone un salir de mí mismo, dejando de obsesionarme por el “yo y lo mío” (la actitud egocéntrica que nos tiene generalmente esclavizados y está en los antípodas del verdadero amor). Sobre el encuentro y el desencuentro Cuando dos personas no se entienden y no llegan a encontrarse, viviendo en un más o menos hostil desencuentro, es porque falta amor: seguramente amor al prójimo, y también amor a sí mismo (sustituido por el “amor propio”, entendido como soberbia, engreimiento, orgullo desmedido, egocentrismo), pero además amor a los valores y a todo lo valioso, amor a la verdad, amor al bien, amor a la vida, amor a lo real. Conviene tener siempre presente, por otra parte, que el amor bien entendido, inteligente y sabio, hondo y sincero, se extiende también a los contrarios, a los adversarios y enemigos (idea que suele entenderse bastante mal y practicarse peor). Nada puede estar excluido del amor. Nada puede quedar fuera de esa voluntad de encuentro y entendimiento, así como de ese anhelo de bien y bondad, que implica la inclinación amable, amante o amorosa. ¿Quién, siendo inteligentemente amable o amablemente inteligente, no deseará el bien de su enemigo, que pasa forzosamente por la transformación de su persona, con la consiguiente eliminación de las causas de su enemistad? Esto último, suponiendo que tales causas estén de su lado y no del nuestro. Lo cual no quita para que al enemigo se le combata con la máxima energía y de forma implacable, sobre todo cuando están en juego los más altos y fundamentales valores. Esto es, cuando el enemigo lo es porque ataca, vulnera o amenaza valores como la Verdad, el Bien, la Belleza, la Justicia, la Libertad y la Vida. Aunque, en tal caso, el amor se ocupará de que ese combate se lleve a cabo siempre con nobleza, dignidad y ecuanimidad. En la forma más alta del encuentro desaparece la barrera entre el yo y el no-yo, esa frontera separadora que condiciona nuestra mentalidad y nuestro entero vivir. Se llega a percibir que todo forma parte de uno mismo, que el otro y lo otro forman parte de mi persona, de mismo ser; pues, como decía Ortega y Gasset, “yo soy yo y mi circunstancia”. Lo otro o el no-yo son ingredientes de mi circunstancia y, por lo tanto, se integran en mi ser, en lo que yo soy. Por eso, para salvarme o liberarme yo, tengo que salvarles o liberarles a ellos (siguiendo la argumentación de Ortega); para encontrarme a mí mismo, tengo que encontrarles a ellos, encontrarme con ellos. Se abre un camino de unidad –la unidad entre el yo y el no-yo, entre sujeto y objeto, entre lo de dentro y lo de fuera–, como corresponde a la esencia del amor. Mi bien no es algo que yo pueda gozar aislado, separándome del resto de los seres, como si yo fuera una isla sin relación alguna con el entorno. Mi bien depende del bien de los demás, del bien del otro o del no-yo; va ligado al bien de cuantos me rodean. Cuando lucho y trabajo por el bien ajeno estoy en realidad luchando y trabajando por mi propio bien, aunque por desgracia no sepamos verlo así. Cuando ocasiono algún mal a los demás, cuando daño al entorno en el que me muevo, no estoy en realidad sino dañando y causando un mal a mí mismo.

El amor nos prepara ante todo para el encuentro con la realidad, encuentro básico y fundamental. Y, en particular y de un modo especial, propicia y prepara el encuentro con esa parte tan importante de la realidad que somos nosotros mismos; realidad propia, personal, la más próxima y esencial, de la que solemos estar tan alejados, tan ausentes, viviendo incluso enfrentados o enemistados con ella. El amor nos encamina hacia el encuentro con nuestra realidad más íntima; encuentro de la mayor trascendencia, pues condiciona el resto de los posibles encuentros que se den en nuestra vida. Para amarnos a nosotros mismos, tenemos primero que encontrarnos. Y encontrarnos significa conocernos y entendernos: comprender quién somos, cómo está estructurada nuestra persona, cuáles son los elementos y niveles de realidad que integran nuestro ser, de dónde venimos y adónde vamos, qué pasa dentro de nosotros, para qué vivimos, qué significa lo que nos sucede a lo largo de la existencia, cuál es nuestro destino y misión en esta vida. Pero no nos encontraremos –una vez más el círculo virtuoso o vicioso, según cada caso, que se retroalimenta–, si no nos amamos, si no nos queremos y si no queremos de verdad el encuentro con la realidad. ¿Cómo vamos a encontrarnos, si no queremos buscarnos ni ser encontrados, aunque nos hagamos los encontradizos y simulemos estar deseando saber de nosotros mismos? El encuentro exige siempre una firme voluntad de encuentro que rompa decidida y amorosamente cualquier desencuentro, distanciamiento o alejamiento que pudiera existir. Supone, como paso previo, un querer encontrar, dando así los pasos necesarios para poner fin a la pérdida o extravío que antes se daba. Situación, esta última, que es la que sufre quien se siente perdido en medio de la existencia, solo y aislado entre la masa, extraviado y aturdido por el mundanal bullicio y por el ajetreo de una vida falsa y superficial completamente volcada hacia la exterioridad. El Amor es, junto con la Sabiduría, la mayor bendición para el mundo. No hay verdadero Amor sin Sabiduría. No hay verdadera Sabiduría sin Amor. Si el amor es una gran bendición, el amor mal entendido llega a convertirse en una auténtica maldición. El amor erróneamente enfocado da lugar a expresiones aberrantes, generadoras de dolor y sufrimiento. Franz von Baader: “El amor es don y misión” (Liebe ist Gabe und Aufgabe). “El amor es el auténtico principio organizador y articulador, que mantiene en unidad la multiplicidad y abundancia, haciendo que esta unidad se amplíe y expanda hasta alcanzar la plenitud”. * * * *

LA ACCIÓN TEJEDORA DEL AMOR Nuestras vidas –nos demos cuenta de ello o no– están cosidas por el Amor. El Amor zurce con un hilo sutil y delicado pero fuerte y poderoso sus diversas partes y elementos para que en ella, en vez de dispersión, tensión y conflicto, haya unión, paz y armonía. Este hilo unitivo, enhebrador, coordinador y articulador, es el hilo vital del sentido, ese fluido misterioso que permite comprender y apreciar el significado de las cosas, así como captar el lugar que ocupan y la función que desempeñan dentro del Todo o del Orden universal. Es el Amor o Eros, que toca las fibras más sensibles de nuestro ser, quien da un toque intuitivo, iluminador, concienciador y sensibilizador, a nuestro vivir. Es el Amor quien, haciéndonos receptivos y despertando nuestros mejores instintos, pone la hebra indispensable para que nuestra vida sea una cordial conversación con la realidad que nos rodea; conversación o plática con un sólido y apasionante argumento, mantenida por un cálido y lúcido hilo conductor, rebosante de sentido y significación; diálogo vivo, espontaneo y sincero, en el que la realidad nos habla, nos interpela e interroga, nos formula preguntas y nos pone deberes, y en el que nosotros respondemos con nuestro actuar más o menos certero a lo largo de la vida, procurando dar una respuesta correcta, sensata, justa y recta, sabia o al menos inteligente, amable y responsable (“responsabilidad” viene precisamente de “responder”). Procuramos cumplir los deberes que nos corresponden, siguiendo el hilo cálido y dorado del Amor, ateniéndonos a lo que él nos indica y aferrándolo bien y con cuidado para no perderlo y para que no se rompa. Para vivir y para amar hay que hilar muy fino. Hay que saber mantener de forma ágil y sincera esa conversación existencial, ese intercambio de la palabra con el mundo, con la realidad y con la vida, hilvanando deberes y quehaceres, pues sólo así evitaremos quedar incomunicados, hundiéndonos en un monólogo estéril, irracional o ininteligible, monótono y aburrido. De romperse el hilo de la cálida conversación vital que todo ser humano necesita, quedaríamos incomunicados, para empezar, con nosotros mismos, perdidos en un soliloquio o diálogo autorreferente y egolátrico que es en realidad un antidiálogo; un soliloquio éste, que por ser destructor de todo diálogo, que viene a traducirse en soli-locura. Quien se entrega a tan insensato y enfermizo hábito monologante acaba llevando una vida soli-locoide, mono-loca y mono-maniática; o sea, conduciéndose como loco a solas, como demente en aislamiento y soledad. Cuando en nuestro ser se impone el desamor, cuando en él irrumpe un falso amor o se deja llevar por el anti-amor, nuestras vidas quedan descosidas, deshilachadas y deshilvanadas; se vuelven opacas, perdiendo en calidad, sufriendo un proceso de caída y entrando en una grave crisis. Se rompe ese diálogo o conversación que constituye el entramado del vivir y convivir, y nos encontramos totalmente aislados, separados de todo, incapacitados para usar adecuadamente el hilo luminoso de la palabra, y sumidos por tanto en un autismo o un mutismo insalvables (otra de las formas extremas que puede adoptar la actitud separativa y monológica: con poca lógica y mucho monos, esto es, mucho “de uno solo”, demasiada soledad, exceso de aislamiento y desconexión). Caemos entonces en la irresponsabilidad y la arbitrariedad, en el comportamiento caprichoso, voluble y antojadizo, como si fuéramos niños mimados, creyendo que podemos hacer lo que nos dé la gana. Pensamos neciamente que no hay normas ni deberes, que todo da igual, que cualquier respuesta que demos a la vida y a la realidad es válida y no va a traer consecuencias. Sin el amor, nuestro vivir y nuestra individualidad dejan de ser dialogantes, lo que es tanto como decir que dejan de ser humanos o se tornan inhumanos. Dan la espalda a la Ley de la vida, al fundamento del orden y a la fuerza que nos humana. Y como consecuencia se hunden en la miseria (miseria moral y existencial), se abisman en el caos y las tinieblas, se desmoronan, se descomponen y desintegran, pierden ilación y unidad, se ven invadidas por la negatividad, por el absurdo y el sinsentido.

Y esto vale tanto para la existencia individual como para la social y colectiva, según podemos comprobar por desgracia a diario. Voy tejiendo mi vida con acierto en la medida en que escucho la dulce y potente voz del Amor, que resuena no sólo en el fondo de mi corazón, sino también en el mundo que me rodea, en la Naturaleza y en el Cosmos. Consigo que mi vivir tenga un buen hilo argumental y quede bien enhebrado, adquiriendo con ello sentido, si me dejo inspirar y guiar por esa inmensa energía cósmica y divina que es el Amor. Deshago, sin embargo, toda esa delicada labor hilandera y tejedora, destruyo la urdimbre y la trama de mi vida, cuando me dejo invadir por el vaho nihilista del sin-amor, que es también el vacío negativo del sin-sentido, el negro agujero hueco y anulador que acompaña al absurdo. Del sin-amor, des-amor y anti-amor emerge una emanación tóxica, letal, oxidante, desmoralizante y destructiva, que va inevitablemente asociada a la ausencia de sabiduría, la ignorancia o ceguera intelectual, con sus lógicas y naturales secuelas que son la necedad, la estupidez, la zoncería, la insania y la demencia, cosas todas ellas que parecen haberse adueñado de nuestro mundo. * * * *

EL AMOR, EXPRESIÓN DEL SER

El Amor es una tendencia, fuerza o impulso que brota del Ser. Es una pura expresión, aparición o epifanía del Ser. Viene del Ser y va hacia el Ser. Por eso da vida, anima, alienta y sostiene a todo lo que es, a toda realidad, a todo lo que vive y existe. El Amor está en la esencia de todo ser, en su núcleo esencial, en su meollo constitutivo. De ahí que sea también fuerza afirmadora y potenciadora del ser. El Amor nutre y alimenta al ser, lo protege y cobija, lo cuida con cariño, lo cubre y arropa, lo ampara y envuelve con su caricia. El hombre está llamado a ser “el pastor del Ser” (según Heidegger); es decir, su destino no es otro que actuar como cultivador, cuidador o curador del Ser, ser su guía, vigilante y protector, porque esa es la función que le señala la llamada del Amor. Esa es su vocación innata y connatural, en la cual se realiza como persona. Pero hace falta mucha capacidad amorosa para ser un buen pastor. Allí donde hay una huida del Ser se da también una caída o pérdida del Amor. Y viceversa: donde encontremos degeneración, apagamiento o ruina del Amor, comprobaremos que ello es consecuencia del olvido o huida del Ser. Y no puede dejar de señalarse que en este olvido o huida del Ser, como han diagnosticado destacados pensadores, está precisamente la raíz última de la crisis que sufrimos. El Amor nos hace arraigar en el Ser. Hace que nuestras raíces vitales penetren hasta el mundo del Ser de donde extraerán toda su sustancia nutricia, trascendiendo el mundo del devenir. Nos hace ser en verdad y a fondo. Afianza, aumenta, fortalece y acendra nuestro ser. Nos ayuda a comprender lo que significa “ser” (en el sentido fuerte de la palabra). Nos lleva a conocernos y sernos en plenitud. Gracias al Amor nos hacemos esenciales, contactamos con nuestro ser esencial, que puede así manifestarse, crecer y expandirse. Y no hay que olvidar que en el Ser (Sein) está el Sentido (Sinn), sin el cual no podemos vivir, no podemos tener una vida realmente humana. El ser humano es un ser en busca de sentido: el sentido es lo que más necesita y lo que ante todo debe buscar para desarrollarse humanamente y alcanzar la felicidad, aunque esto suela olvidarse. Y ese sentido que busca, que necesita imperiosamente, que anhela desde el fondo de su ser, no lo encontrará más que a través del amor. Cualquiera habrá podido comprobar por propia experiencia esta íntima conexión entre ser y sentido, basada sobre la fuerza del amor, si se ha parado a reflexionar y mirar la propia vida durante unos instantes. Cuanto más verdaderamente soy, más sentido tiene mi vida; cuanto más sentido descubro y pongo en mi vida, más me siento ser, más resplandece mi ser ante mis ojos (los ojos de mi alma). Cuando la vida rebosa amor, rebosa también sentido y significación, se eleva por encima de la insignificancia, el sinsentido y el absurdo, mostrando de forma radiante la plenitud y riqueza del Ser. El desamor, el odio y el rencor, el sin-amor y el anti-amor, son hostiles al Ser; son expresión de la negación, del no-Ser, de la nada, de la nihilidad, del anti-Ser (con la consiguiente incursión en posturas nihilistas o nadistas). Por eso nos distancian del Ser: hacen que perdamos ser, que nuestro ser se vaya reduciendo y quede ninguneado o devaluado, como succionado por el negro abismo de la nada. Todas esas tendencias y pulsiones hostiles al Amor nos hacen des-ser o dejar de ser, nos des-realizan, aminoran lo que somos y trituran el “quien” que está en nosotros (ese quien personal, único e insustituible, que cada cual es). Dicho con otras palabras: nos hacen inesenciales (unessential que dicen los ingleses, unwesentlich en alemán), triviales y banales, hostiles a nosotros mismos, enemigos de nuestro propio ser. Nos alienan y enajenan, lo que es tanto como decir que nos alejan de nuestra propia esencia (“esencia” viene justamente del latín essere, “ser”). Mientras el amor nos forma, eleva, construye y edifica, el desamor nos nihiliza, nos anula y nadifica. Cuanto más nos dejamos ganar por el desamor, más des-somos, más nos des-hacemos o des-construimos como personas, más desvalor o antivalor acumulamos, menos somos y menos valemos como seres humanos. El ser se esfuma y volatiliza en nosotros, quedando en la penumbra y en un oscuro ostracismo, para dejar paso a la agitación y el arrollador torbellino del puro devenir. En nuestra persona todo deviene y nada es. El no-ser acaba apoderándose por completo de nuestra existencia. To be or not to be, that is the question: “ser o no ser, esta es la cuestión”, la cuestión capital y decisiva.

EL FUNDAMENTO ÚLTIMO DEL AMOR Toda forma de amor dimana del Amor divino que anima y sustenta la totalidad de la Creación o Manifestación universal. Dios, Sol eterno, que es Sabiduría y Amor, Luz y Fuego (Llama de amor viva), es la Fuente de cualquier expresión amable o amorosa que observemos en el mundo, desde la Naturaleza al mundo humano. La más pequeña muestra o manifestación de amor que veamos (hasta en las plantas y en los animales, o incluso en los minerales) no es más que una chispa de la gran hoguera o incendio del Amor divino que inunda el Cosmos. La doctrina hindú llama a la Divinidad “Océano de amor” (Premsagar o Prema-Sagar, siendo Prema la palabra sánscrita que designar al Amor puro y sublime). Dios es el Océano de Amor, Luz y Vida en el que nos movemos, sobre el que flotamos, nadamos y navegamos. Es la fuerza de ese Amor infinito y eterno la que nos mantiene a flote y nos indica el rumbo que debemos seguir. Sin el contacto con esta Fuente viva y perenne de Amor, en la que toda inclinación amorosa tiene su fundamento y de la que recibe su savia vital, el amor humano se marchita o se apaga, degenera, decae, queda viciado, se degrada y corrompe, llegando a convertirse en la antítesis de lo que esencialmente es y lo que debería ser. Fray Diego de Estella (místico franciscano del siglo XVI) “Todo nace de fuente viva de amor y todo lo que tiene ser viene esmaltado de amor, y de manera que si la vista de nuestra alma no estuviese ciega de la vileza y polvo de su propia pasión y amor, lo primero que vería en todo lo creado sería el amor del Creador”. Por eso los “amigos de Dios”, al igual que aquel antiguo filósofo que “enseñaba a sacar fuego del pedernal”, “de cada criatura, aunque pequeña, hacen saltar centellas de fuego de amor”. Fue el Santo Amor, como “buen hortelano”, quien ordenó a todas las cosas cumplir su función cuando las creó. “Si el aire me refresca y da vida, el Amor se lo mandó: que él por sí, como sea causa segunda, nada podría. Si el agua nos sirve y da sus peces y corre con grande ímpetu para el mar de donde salió, todo es para cumplir el mandamiento de amor. Finalmente, si el fuego da calor, si el cielo da luz e influencia criando diversos metales en la tierra, todo es para servicio y para regalo de un solo amigo que aquel Amor infinito, nuestro Dios, en esta tierra crió”. “¿Qué son, Señor, el sol y la luna, cielos y tierra, sino joyas de tu mano para intimarnos [trasmitirnos] tu grande voluntad de amor?” Swami Ramdas (maestro espiritual y místico hindú del siglo XX) “El Señor es el Amor infinito. Nuestro cuerpo es su templo”. “Dios es todo amor y toda piedad… La meta de toda vida es tener un corazón lleno de amor, y después vivir en el altruismo, la libertad y la alegría”. “No es bueno decir que tememos a Dios; debemos amarle. Es únicamente por medio del amor como obtendremos de Él cuanto necesitamos. El temor nos aleja de Él. Debemos acercarnos a Dios de la misma forma que un niño se acerca a su madre: lleno de amor y de confianza… Debemos ver en Dios a nuestro padre y nuestra madre. Debemos amarle para darnos cuenta de cómo Su amor se revela a nuestro corazón. En nuestro corazón mora el Padre-Madre amoroso”. Lao-Tse (mítico fundador del Taoísmo chino, autor del Tao-Te-King) “El Tao es la Madre misteriosa de todos los seres. Los cuida a todos con solicitud y amor”. [Tao = el Principio eterno, lo Absoluto, el Misterio supremo, la Divinidad, el Logos, el Sentido, la Razón universal, la Raíz de Cielo y Tierra] “El Tao es la Suprema Bondad (Shang Shan)”. Por eso es semejante al agua, que beneficia a todos los seres. “Quien está cerca del Tao mora en la Bondad mora en la bondad. Su corazón ama la profundidad y la caridad”. “Los tres tesoros”, las tres virtudes cardinales, que permiten vivir en sintonía con el Tao, son, según Lao-Tse: 1º) el amor maternal o amor profundo (tzu); 2º) la frugalidad o sobriedad (chien); 3º) la humildad, “no pretender ponerse al frente del mundo” (rechazar la hybris, la soberbia narcisista y mundana, el afán de poder). [Tao-Te-King , cap. LXVII] Tzu = piedad, compasión, amabilidad, “el amor que protege y nutre, la característica sobresaliente del amor de una madre”. [Ellen M. Chen] Después de explicar cómo quien ama profundamente está unido al Tao, Lao-Tse nos dice: “El amor, en el ataque, vence. En la defensa, es inconmovible. A quien el Cielo quiere salvar Lo rodea y protege con su amor”. (Fu tzu, i chan tse sheng / i shou tse ku. / Tien chiang chiu chih, / i tzu wei chih). William Law (1686-1761) El más grande de los místicos ingleses, en su magnífica obra The Spirit of Love: “Dios, el Creador, que es únicamente una eterna voluntad de toda bondad (an eternal Will to all Goodness), es sin lugar a dudas el Bendecidor de toda cosa creada (the Blesser of every created thing), y no puede dar de sí mismo nada sino bendición, bondad y felicidad, porque no tiene en sí mismo ninguna otra cosa para dar. Es mucho más posible para el Sol dar y emitir oscuridad que para Dios dar, ser, emitir o proyectar otra cosa que no sea bendición y bondad (Blessing and Goodness). Ahora bien, aquí está el Fundamento y Origen (Ground and Original) del Espíritu de Amor en la creatura: es y debe ser una voluntad de toda bondad (a will to all goodness); y no tendrás el Espíritu de Amor hasta que no tengas esta voluntad de toda bondad, en todo momento y en todas las ocasiones… El Espíritu de Amor no estará en ti hasta que no sea el espíritu de tu vida, hasta que no vivas libre, voluntaria y universalmente de acuerdo con él… El Espíritu de Amor únicamente puede amar, dondequiera que esté, adondequiera que vaya y se le haga lo que se le haga en cualquier circunstancia”. “Dios es un Abismo de Amor universal, una Infinidad Triuna de Amor y Bondad, del cual no brotan sempiternamente más que los mismos dones de Luz y Amor, Bendición y Alegría. La adorable Deidad es un incesante y desbordante Océano, sin principio ni fin, de mansedumbre (meekness), deleite (delight), bendición (blessing), bondad (goodness), paciencia (patience) y misericordia (mercy)”. “La bendición de todas las bendiciones es este Dios de Amor habitando dentro de tu alma y matando toda raíz de amargura, que es el dolor y tormento de todo amor terreno egoísta”. Karl von Eckartshausen (sabio, místico, filósofo y hombre de ciencia bávaro del siglo XVIII) En el comienzo de su bello libro Gott ist die reinste Liebe (“Dios es el Amor más puro”) incluye una sentida oración, de la que extraemos algunos fragmentos: “Tú eres el Amor. Sí, el Amor eres Tú, pues todas tus obras proclaman el Amor. El Sol naciente proclama tu Majestad y el esplendor de este amanecer, tu Bondad. Veo hoy de nuevo a mis seres queridos –mis padres, mi esposa, mis hijos, mis amigos– que vienen a mis brazos. ¿Quién cuida de ellos, quién los ha protegido de los peligros de la noche? ¡Tú, Dios de la Bondad! ¿Y mi corazón no tendría que amarte? Amarte significa cumplir tus mandamientos; y tus mandamientos son Amor. ¿Qué me pide y exige el Ser misterioso e inconcebible que me creó? ¿Cuáles son las órdenes o mandatos del Señor dominador de los mundos? ¡Amor! ¡Ama!, replica la Naturaleza entera; ¡ama a Dios, ámate a ti mismo, ama a tu prójimo!” “Amor eres Tú. Hacerme semejante a Ti en amor es mi oficio y vocación como ser humano (mein Beruf). Todo me lo anuncia y enseña: esa es tu ley. El sentimiento de mí mismo, la conciencia de mi propio ser, lo ha escrito en mi corazón con letras indelebles: el deseo de ver feliz a todo el mundo a mi alrededor es el más dichoso y bienaventurado de los deseos”.

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FUENTE:

http://www.antoniomedrano.net/doc/Medrano%20Antonio%20-%20El%20amor.pdf

Día de difuntos: El morir sólo es el billete de vuelta

4 noviembre, 2012

Somos religiosos, antes que por otras cosas formidables por la perogrullada de que la vida no nos la hemos dado nosotros y que es una gran suerte haberla recibido para gustarla y aprovecharla. Como un escultor en su taller y con las piedras que recibió. En ambos casos siempre agradecidos a Quien nos amó desde el principio del tiempo. (Ef 1, 4) Y, por descontado, somos cristianos en virtud de la promesa de que los que creamos en Jesús de Nazaret, Dios mismo hecho hombre, viviremos después del tránsito de la muerte.

Muchas maravillas guarda nuestra religión, pero el habernos asegurado la vida eterna es lo que hace de Cristo santo y seña de nuestro ser y estar; luz que alumbra a todo hombre que viene a este mundo, dice San Juan. Es el saber de quién nos hemos fiado (2 Tim 1, 12) lo que arraiga todas nuestras esperanzas, invencibles ante el misterio de la muerte, que a todos disturba, pero que resulta insignificante ante el misterio del haber nacido, en el que pocos reparan.

Desvíos hacia el barranco.

¿Se dan cuenta? Ningún católico muere por un misal, ni por un fundador, ni por este o aquél Papa; eso es propio de secta. Sólo lo haremos por el Dios encarnado. Es por Él, por lo que Él nos dijo y por lo que con Él y su enseñanza se relaciona, que estamos dispuestos a pelear y arriesgar la vida. Por Él y sólo por Él se ama al prójimo. Por Él se rechazan los falsos magisterios que quieren borrarle de nuestro corazón y de la historia. Es por Cristo que se denuncia al jerarca usurpador, al clérigo vividor, al teólogo vendido, al párroco que deserta del cuidado de almas.

Es por amor a Cristo que se elige la misa de Trento, la que ya San Pedro decía con el mismo significado sacrificial, la que muestra y obliga con simbolismos sagrados y enseña lecciones de adoración y ofrenda. Y es por respeto a Dios, Uno y Trino, que rechazamos la misa enmaridada de protestantismo: “banquete de hermanos”, demagogia agazapada, remedo de alimento sin sal y sin sabor de Dios, asamblea del pueblo capaz de sentar por mayoría que el sol sale del fondo del mar. Y pensar que hay tradicionalistas que aceptan y pagan misas heréticas jamás prescritas por el CVII. Misas de duelo dichas sin respeto al difunto ni al dolor de los parientes; ramplonas, frías, sin fe…

¿Talibanes? ¿Fundamentalistas?

En nada nos debilitan los que a sí mismos se engañan y, con ese fruto, nos echan toda la tinta de calamar que pueden. Pero en esto de las misas no queremos transigir. No queremos porque si la misa es “el culmen de la religión católica”, la nueva expresa con toda justicia la rebaja que desde el Concilio Vaticano II se le ha infligido a la religión católica. Que más parece que un evento consultivo, que no se definió dogmático, haya de ser superior a la fe de nuestros antepasados y a la misma Iglesia cuya nueva presencia en el mundo rompe la memoria que de ella guardábamos. Por cierto, muchos se preguntan – muchos más ni eso, se van y basta – qué fuerzas habrá en la sombra que determinen estos dislates, ambigüedades y vagabundeos teológicos. Esta religión nueva que se adapta como guante al refrán: “Decidme de qué presumís y os diré de lo que carecéis.” Así, a: de la falsa nueva confesionalidad; b: de la falsa revolución humanitarista; c: de la falsa caridad con el prójimo; d: del falso ecumenismo. Porque ha sido en los últimos 40 años que a), naciones enteras se han impulsado por los papas conciliares a desgajarse de Dios en sus constituciones; b) las sociedades quedaron huérfanas de una moral cristiana protectora; c) una extrañísima caridad deja al prójimo en su ignorancia del amor de Dios, y d), el fracaso de la vuelta de los mal llamados hermanos a la Una, Santa, Católica y Apostólica Iglesia romana.

La obra de Annibale Bugnini, el Novus Ordo aprobado por Pablo VI, se corresponde perfectamente con este objetivo, con los frutos evidentes de una religión nueva que perfectamente se expresa en la Nueva Misa comparada con la antigua que tenían que ser unos franceses, quizás por caridad divina, los que nos la preservaran de su aniquilación.

Pero los católicos queremos ser tan “anticuados” como nuestro Credo. Y es que, miradas las cosas con sencillez, si nuestras verdades son “eternas” ¿por qué hay que reconvertirlas a un volátil presente? Si nuestra fe es religión enseñada por el mismo Dios ¿qué cambio se justificarfá en su predicación? Existe hoy un adjetivo de calidad: “Lo clásico”. Esta tarde en el hipermercado me han dado una papeleta promocional para llevarme gratis séis litros de leche “clásica”, si el sábado hago compra de no recuerdo cuánto. Existe gran variedad de cosas clásicas inimaginables: el cine clásico, la música clásica, los historiadores clásicos, el matrimonio clásico, la educación clásica… Es evidente que el gusto por “lo clásico” entraña la búsqueda de valores invariables, como el oro, que sube de precio cuando el dinero lo pierde.

En nada queremos ser originales, ni epatar a nadie. Nuestro pensar no es nuestro, es el recibido de la Tradición (1 Co 11, 12), a nuestros argumentos los refuerzan los hechos. En estas cosas preferimos sentirnos coetáneos de San Vicente de Lerins, o de los que se unieron a San Atanasio de Alejandría el doctor solitario frente al grueso de obispos abrigados por el poder de los emperadores y la debilidad del Papa… No nos queda otra que rechazar el atropello llamado “puesta al día” con el que se nos impuso, un-dos, un-dos, una temeraria adaptación a los tiempos. No reparando en que pretender educar al mundo con la adopción de sus defectos atrae la fatal compañia de sus primos: el demonio y la carne. (cfr Catecismo, Los enemigos del alma.)

Mañana, dos de noviembre, es el día de los cementerios. Día oportuno para pensar estas cosas y descubrir hasta qué punto la Iglesia es o no congruente con su fe divina y católica. Esos paseos entre monumentos y epitafios nos preguntan a cada cual en cuánto estamos abandonando nuestra formación en la fe de católicos por un simple temor a no destacar. Falsa humildad donde las haya.

Sí, con razón el mundo sin fe suele objetarnos: “— Pero, oigan, ¿no es la muerte el argumento definitivo de la nada? ¿Podemos creer en la inmortalidad después de ver una incineración?” Es cierto que ante el ser querido al que vemos descenderle a una fosa, la certeza de su descomposición nos sacude hasta parecernos que con él enterramos toda esperanza. Mas, también, en ese momento la fe se hace el único asidero que nos sostiene más allá de lo que vemos… Con acierto diremos que esa contemplación es “la hora de la verdad” en la que descubrimos si nuestras creencias no son mero convencionalismo, clavo ardiendo de fantasías consoladoras.

Nuestra fe se fortalece en que nuestra naturaleza, supuestamente efímera, está sustentada en algo indestructible, el alma. ¿Dónde está la incineradora capaz de aniquilar el alma? No se esfuercen en buscarla porque no hay nada que pueda enfrentarse al aliento de vida que sale de la boca de Dios. Dios dio vida inmortal a nuestro barro y por eso un cristiano, un bautizado, no teme a la muerte. (Ge 2, 7) Y si la teme es con mezcla de curiosidad, tal que Simón el Pescador cuando, como niño curioso, anduvo sobre las aguas y, asombrado del prodigio, dudó y temió hundirse.

Con la fe cristiana vislumbramos, pues, que la muerte no es el final de nuestra existencia, que aun con todas las tinieblas que se quiera este túnel tiene una salida espléndida de luz. Fue prometido que cuando nos llegue la muerte, una vez cumplida esta gravidez en la placenta de la fe, Dios nos parirá de nuevo, rescatados para la Vida que no acaba… Así se aprecia en la bellísima metáfora propuesta por Jesús: «La mujer, cuando está de parto, tiene congoja, pues llegó su hora; mas cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que nació un hombre al mundo.» (Jn 16, 21)

¿Es que hay un Más Allá?

Agujeros negros, supernovas con la energía de un millón de soles, enjambres de galaxias… y, ahora, la Física Quántica en cuyas subpartículas se pierden los descreidos. ¿Y ha de ser esto para desperdicio? ¿Para que los ocasos se quemen en inútil derroche ante un campo sin nadie que sustituya al sol…? (J.M. Valverde) No,rotundamente no.

Seguros podemos estar de que lo que sabemos hoy  se empequeñecerá con lo que sabremos mañana. Por ejemplo, casi ayer nada conocíamos de los neutrinos que parecen espectros, o de esa masa oscura que sostiene astros y sistemas… Esto solo ya me parece más increíble que la idea de inmortalidad. Ahora, último regalo, la “Teoría de las Cuerdas” que nos propone varios universos, intercomunicados o estancos…

Si la Física y las ciencias exactas apuntan a que todo lo creado pudiera no radicar en la inmensidad material visible poco nos importará ya un Big-Bang, o el Gran Atractor, pues antes y detrás siempre estará ese Dios que nos hizo casi iguales a los ángeles. (Ap 22, 9) Porque es de elemental conclusión que debe haber una Causa Primera, que el orden de lo hecho supone, exige la existencia de un Ordenador, y que entre la creación visible y la invisible hay muchas energías desconocidas. La mayor de todas, la que meteríamos en un arca de oro con una etiqueta que dijera: “Amor”. La creación máxima de Dios (1 Jn 4, 8) ante la que nada importa que “se quede el infinito sin estrellas”, como decía una canción.

Inmortales

En las escrituras Dios nos promete abrir nuestros sepulcros…: «Y os haré salir de ellos. […] os infundiré mi espíritu y viviréis […] y sabréis que yo el Señor lo digo y lo hago.» (Ez 37, 12b -14)

Sospecho que los que no creen en la inmortalidad no lo es tanto por objeción racional sino por lo mucho que la desean. Y es que tenemos miedo de que no sea verdad. ¡Vivir para siempre y, además, recuperados los dones perdidos…! Lógico es que nuestra nimiedad nos haga recelar. No obstante, que somos criaturas hechas por Dios y para Dios lo prueba sentir dentro de nosotros la atracción “genética” hacia Él, como bien dijo San Agustín: «Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.» Realidad que le da título a este post.

Al gustar de la esperanza cristiana y sentir la natural e inmedible gratitud que provoca, surge preguntarnos lo que perderemos si seguimos la apostasía hoy tan fuerte. Lo seguro es que nada más nos quedemos con el nihilismo de la indiferencia y la orfandad del materialismo. Una pregunta a la que sin pretenderlo contestó con otra un patrón de pescadores de Galilea: «¿Adónde iremos, Señor? Sólo tú tienes palabras de vida eterna.» (Jn 6, 68) No, señores irenistas, “progrez” y bazofia de la “Nueva Cristiandad” mariteniano-montiniana, y de la fenomenología juanpablista, nada sois ante la definitiva promesa para este día. «Yo soy la resurrección y la vida; quien cree en mí aunque haya muerto vivirá.» (Jn 3, 36; 6, 51; 11,25)

Las visitas a los cementerios nos impulsan a dar un salto sin red a la fe. En nuestra cultura, a la fe cristiana. Creer en la vida sin final, prometida por quien puede prometerlo, Dios, es condición fundamental para bañar de fe nuestras visitas del Día de Difuntos. Sepulturas que nos recuerdan el misterio de vivir para morir, de llegar para marcharnos; que nos siembran el alma con sentimientos que merecen ser escudriñados. Porque llevan a Dios. De los que los vivos, muertos de miedo y de insolencia, huimos de su reclamo. Sin embargo, ¿no es cierto que sin Dios esas lápidas son muy poca cosa? Apenas una evocación de aquellos a los que hemos amado y nos amaron.

Que vivan en paz.

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Nota de HURANIA: Este post es original de Pedro Rizo, quien lo ha publicado en su blog  ubicado en PeriodistaDigital

Estatura física de Hitler, Franco y Stalin

12 octubre, 2012

1,72 m. ;  1,63 m.; 1,63 m.   respectivamente.

Según he leído recientemente  en un libro cuyo título no recuerdo,  la estatura expresada en centímetros de los tres estadistas europeos arriba citados es, respectivamente de 172, 163 y 163.

Por otra parte, buscando en yahoo.es he econtrado la siguiente respuesta respecto a la estatura de Adolf Hitler:

Pues sabrás que don Adolfo era una persona promedio 1.78 m de estatura y unos 75 Kgs. de peso. Nariz típica germana, ojos azules, No tomaba bebidas alcohólicas, no fumaba, y no andaba con mujeres pero no creo que haya sido homosexual. Muchos de los grandes hombres han sido mayormente asexuales. Si su padre no hubiera sido adoptado, su apellido habría sido Schickelgruber.

FUENTE:

Seguidamente leemos lo siguiente:

…ciertamente la historia no es como nos la han vendido…

bueno esta muy comprobado que el holocausto es improbable, es una de las mentiras mas grandes de la historia, la historia esta escrita por los vencedores de la segunda guerra mundial y por los judíos mismos muchísimos libros con pruebas reales que demuestran la mentira del holocausto son censurados, quemados etc. Por que ? si se supone que la verdadera verdad soporta cualquier tipo de prueba, o no
Es exacto que la Alemania nacionalsocialista creó campos de concentración; lo hizo
después junto con muchos otros países, convencidos todos de que dichos campos serían más humanos que la cárcel:

Hitler veía en esos campos lo que Napoleón III había creído ver en la creación de las colonias penitenciarias: un progreso para el ser humano. Pero es falso que haya creado campos de exterminio. Es exacto que los alemanes fabricaron camiones que funcionaban con gas (Gaswagen).
es falso que hayan fabricado camiones de gas homicidas (si uno solo de esos camiones hubiera existido, estaría expuesto en el museo del automóvil o en los museos del Holocausto.
si los alemanes empleaban el Zyklon (producto a base de ácido cianhídrico utilizado desde 1922) para proteger mediante la desinsectación la salud de los civiles, de las tropas, de los prisioneros o de los internados. jamás emplearon el Zyklon para matar a nadie y mucho menos a multitudes de seres humanos ; a raíz de las drásticas precauciones en el manejo del gas cianhídrico, los pretendidos gaseamientos homicidas de Auschwitz o de otros campos habrían sido, además, radicalmente imposibles. Si los alemanes contemplaban una « solución final de la cuestión judía Pero esa solución era territorial y no homicida; se trataba de instar o, caso de ser necesario, de forzar a los judíos a abandonar Alemania y su esfera de influencia en Europa para establecer, mediante un acuerdo con los sionistas, un hogar nacional judío, en Madagascar o donde fuera. Muchos sionistas colaboraron con la Alemania nacionalsocialista para que se llevara a cabo esa  solución, y no un programa de exterminio físico.
si algunos campos de concentración poseían hornos crematorios para la
incineración de los cadáveres. Pero era para combatir mejor las epidemias y no para incinerar en ellos, como algunos se atrevieron a veces a decirlo, a seres vivos además de los cadáveres.
si los judíos conocieron los sufrimientos de la guerra, del internamiento, de
la deportación, de los campos de retención, de los campos de concentración, de los campos de trabajo forzado, de los ghettos, de las epidemias, de las ejecuciones sumarias por toda clase de razones; también padecieron represalias o hasta masacres porque no hay guerra sin masacres.
Pero también todos esos sufrimientos los padecieron de igual manera otras
naciones en particular, los alemanes y sus aliados
(exceptuando los sufrimientos de los ghettos, puesto que el ghetto es primero y ante todo una creación específica de los propios judíos.) ; es sobre todo verosímil, para quien no padezca una memoria hemipléjica y para quien se esfuerza por conocer las dos caras de la historia de la Segunda Guerra Mundial (la cara que siempre se muestra y la cara que casi siempre se oculta), que los sufrimientos de los vencidos durante la guerra y después de la guerra fueron, tanto en el aspecto cuantitativo como cualitativo, peores que los de los judíos y de los
vencedores, sobre todo en lo referente a las deportaciones.
Es falso que, como algunos se atrevieron a afirmarlo durante mucho tiempo, haya
existido orden alguna de Hitler o de alguno de sus próximos colaboradores de exterminar a los judíos. Durante la guerra, algunos soldados y oficiales alemanes fueron condenados por sus propios tribunales militares, y a veces fusilados, Es bueno que los exterminacionistas (es decir aquellos que creen en el exterminio de los
judíos) hayan terminado, rendidos, por reconocer que no se encuentra rastro de ningún plano, de ninguna instrucción, de ningún documento relativo a una política de exterminio físico de los judíos y que, de la misma manera, hayan admitido por fin que no se encuentra rastro de cámaras y demás instrumentos con que se llevo a cabo “el exterminio” porque entonces la historia contada por los judíos?
por dinero, el motor que les mueve
libros:
El Holocausto bajo la lupa – Jürgen Graf
Escritos revisionistas – Robert Faurisson
En el anteproyecto a la «ley antir-racismo», que el Consejo Federal suizo presentó al Parlamento, ¡se penaliza toda crítica referente a la veracidad del holocausto con multa o prisión!

http://es.answers.yahoo.com/question/index?qid=20081018071239AAAYXQB

http://es.answers.yahoo.com/question/index?qid=20111201055857AATy8VJ

http://es.answers.yahoo.com/question/index?qid=20090723031653AAQ7UVO

http://www.galeon.com/zulia88/6milagros.…

…contra la Familia y contra la Vida

7 julio, 2012

Leemos en TRADICIÓNDIGITAL una información sobre “La verdad del amor humano”, un documento  que la Conferencia Episcopal Española presentó el 4 de julio en rueda de prensa.  Se trata de “Orientaciones sobre el amor conyugal, la ideología de género y la legislación familiar”,  cuyo texto fue aprobado por la plenaria de la CEE en su última reunión, el pasado 26 de abril.

“El documento, dividido en seis partes, pone las bases de la concepción cristiana del matrimonio y de la familia, fundamentada en la naturaleza humana y en el bien común de la sociedad. Las partes del documento son: La verdad del amor, un anuncio de esperanza; La verdad del amor, inscrita en el lenguaje del cuerpo; El amor conyugal: «Como Cristo amó a su Iglesia» (Ef 5, 25); La disolución de la imagen del hombre; Amor conyugal, institución y bien común; y Hacia una cultura del matrimonio y de la familia. El texto concluye señalando la misión y el testimonio del matrimonio y de la familia.”

El texto completo del citado documento puede leerse aquí.

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Nota de HURANIA: Como es evidente el documento de la Conferencia Episcopal Española es una clarificadora defensa de las virtudes  del amor conyugal y del matrimonio, cuyo fín básico es la procreación de la vida humana.

…y como era de esperar, los poderosísimos agentes de la globalización y del llamado “nuevo orden mundial”, diseñado a partir de 1945 se manifiestan EN CONTRA… de la Familia y del matrimonio  y por tanto de la natalidad, es decir de la vida humana.

Es el caso de el diario de Madrid “El País” (5 julio 2012, pág 36) que, refiriéndose al citado documento eclesiástico, titula: <Los obispos atacan la “ideología de género”>.

En efecto, el periodista de “El País” Juan G. Bedoya escribe “Según la jerarquía católica, el núcleo del problema es la ideología de género y ´el dogma pseudocientífico según el cual el ser humano nace  sexualmente neutro´”

Seguidamente, el informador de “El País” enumera los pasos que suponen, según la Iglesia Católica, una degradación y corrupción de la familia y del amor humano:

“Primero se postuló la práctica de la sexualidad sin la apertura al don de los hijos: la anticoncepción y el aborto.”

“Después, la sexualidad sin matrimonio: el amor libre”

“Luego, la sexualidad sin amor.”

“Más tarde, la producción de hijos sin relación sexual (fecundación in vitro).

“Por último, con el anticipo de la cultura unisex y el pensamiento feminista radical, se separó la sexualidad de la persona: ya no habría varón y mujer; el sexo sería un dato anatómico sin relevancia antropológica.”

¿Aceptará la Fraternidad San Pio X todo el Vaticano II?

18 mayo, 2012

Cardenal Koch: «No podemos ser católicos y no aceptar el Vaticano II»

NUEVO DOGMA NOS IMPONE EL MODERNISMO.

EL OTRO ES EL DEL HOLOCAUSTO.

Sobre el caso de los lefebvrianos

Una nueva imbecilidad de la iglesia conciliar… Su cara parece decirlo todo… “la operación sigue al ser”

Las conversaciones entre la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y el Vaticano están en una fase decisiva. La reconciliación parecía inminente pero se ha frenado. Sin embargo, las negociaciones siguen adelante.

“Está claro que no puedo decir nada públicamente acerca de lo que estamos hablando. Está claro, tenemos que preparar algo. Al final, el Santo Padre decidirá”, ha dicho el cardenal Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos.

El proceso de reconciliación provocó divisiones entre los lefebvrianos. Tres obispos de este grupo tradicionalista no están de acuerdo con las condiciones del Vaticano a pesar de que permiten una legítima discusión sobre el Concilio. El principal punto de desacuerdo es que el grupo tradicionalista no acepta el Concilio Vaticano II ni el Magisterio de los papas posteriores.

“No podemos ser católicos y no aceptar el Concilio Vaticano II o el Magisterio de la Iglesia católica, nacido después del Concilio Vaticano II”, recuerda el purpurado.

Todo apuntaba a que el Vaticano publicaría su respuesta definitiva a finales de mayo. Pero ahora el futuro es aún más incierto. (rome reports)

Fuente:

http://radiocristiandad.wordpress.com/2012/05/18/cardenal-koch-no-podemos-ser-catolicos-y-no-aceptar-el-vaticano-ii-la-iglesia-conciliar-presenta-nuevo-dogma/

…Quieren destruir el Orden Natural de la FAMILIA !!!

28 enero, 2012

http://catolicidad-catolicidad.blogspot.com/2011/01/la-unesco-tiene-un-plan-para-que-la_06.html

“LA UNESCO TIENE UN PLAN PARA QUE LA MITAD DE LA POBLACION MUNDIAL SEA HOMOSEXUAL”: MONS. FERNÁNDEZ

A través de la implantación de la ideología de género.

El obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, dice que así se lo ha asegurado el «ministro» del Vaticano para las familias.
Gilberto Pérez/ReL

El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, ha afirmado durante una misa de la Familia que el cardenal Ennio Antonelli, presidente del Pontificio Consejo para la Familia, le comentaba hacía poco “que la Unesco tiene programado para los próximos 20 años hacer que la mitad de la población mundial sea homosexual”.
“Para eso, a través de distintos programas, irá implantando la ideología de género, que ya está presente en nuestras escuelas” precisó el prelado en la Catedral de Córdoba.
“Según la ideología de género, -explica el obispo- uno no nacería varón o mujer, sino que lo elige según su capricho, y podrá cambiar de sexo cuando quiera según su antojo”. Todo se trataría de una estrategia destinada a romper con el “plan de Dios” para la familia, que consiste, evidentemente, “en la unión estable de un varón y una mujer”.
En su intervención, el obispo señaló que además hay otros muchos peligros para ese plan en esta “cultura que quiere romper totalmente con Dios”: “el crimen abominable del aborto”, “las facilidades para el divorcio”, “la anticoncepción en todas sus formas”, etc.
El prelado terminó la homilía alentando a los feligreses: “No es momento de lamentarse, sino de conocer bien cuáles son los ataques a este bien precioso y de vivir con lucidez y con coherencia lo que hemos recibido de Dios, por ley natural o por ley revelada”.

MY MAN

16 octubre, 2010

Entrevista con Antonio Medrano

12 mayo, 2010

El sentido de la vida

entrevista   con    Antonio    Medrano


Antonio Medrano es filósofo, escritor y miembro de la Asociación
Libertad e Identidad. Ha escrito numerosos libros en los que ha
tratado los temas más trascendentes de la vida humana, aquellos que la
persona, en un momento u otro de su vida, debe enfrentar y responder.
Desde “Magia y misterio del liderazgo” y “La vía de la acción” hasta
“La lucha con el dragón” o “La senda del honor”, Antonio Medrano ha
estudiado el hecho humano en todas sus facetas y ha intentado
responder a las preguntas que se formula el hombre moderno a la luz,
siempre presente en sus obras, de la sabiduría espiritual, tan
necesaria hoy para nosotros como lo fuera para nuestros antepasados
hace mil años. En la siguiente entrevista Medrano responde a algunas
de esas preguntas. El lector comprobará la altura de sus respuestas
pero también un tono eminentemente práctico, cálido y cercano que está
presente asimismo en toda la obra del autor, a modo de luz orientadora
en medio de la confusión de la hora presente.

Ante la grave crisis que actualmente atravesamos, ¿qué importancia tiene la vida, cuál es el puesto y el papel que a la vida humana le corresponde en esta difícil coyuntura?

La vida es nuestro más preciado tesoro, lo más importante que tenemos
cada uno de nosotros. Mi vida, mi vida íntima y personal, es lo que
más me debería importar. Que mi vida esté bien articulada y orientada
es lo primero que debería preocuparme, y más en tiempos de crisis, de
total confusión y desorientación como los que actualmente vivimos.
Desgraciadamente, no solemos dar a nuestra vida la importancia que
tiene, dejamos que vaya pasando un día tras otro sin pena ni gloria,
la desperdiciamos de manera lamentable, sin preocuparnos de darle
forma, de organizarla y construirla como es debido. No deberíamos
olvidar nunca que nuestra vida será feliz o desgraciada según esté
bien o mal enfocada, según pongamos o no interés en vertebrarla y
construirla con inteligencia. Por eso, la vida es lo que ante todo
hemos de defender, afirmar, afianzar y forjar. Todo –el arte, la
cultura, la economía, la política, la ciencia, el saber y el
conocimiento– debe estar al servicio de la vida.

–Pero, ¿cómo podría definirse la vida? ¿Qué es lo que la hace tan
atractiva y valiosa?

La vida, considerada tanto de forma general, en cuanto vida humana,
como de forma particular, en cuanto vida mía, la vida de cada persona
en concreto, encierra un profundo misterio. Un misterio en el que, de
forma velada pero elocuente, se revela y manifiesta la Eternidad.
Pero, además de un misterio, la vida es un don, un reto y una
oportunidad que se nos ofrece. No hay nada más apasionante que
responder de manera inteligente y responsable a ese don y a ese reto
que tenemos ante nosotros. La vida es la realidad radical, como
certeramente apuntara Ortega y Gasset. Es la realidad en la que
acontece y se da o se tiene que dar todo aquello que para mí es
decisivo: desde mi realización personal y mi vivencia de la felicidad
hasta mi experiencia religiosa, con lo que ésta entraña de revelación
de lo Divino y mi encuentro con Dios. Y este valorar y estimar mi
vida, en cuanto realidad radical de mi existencia y don de Dios, es lo
que me abre a la vida del prójimo, para entenderla, abrazarla y amarla
como se merece. Es lo que me permite comunicarme mejor con los demás
seres humanos, ayudarles y cooperar con ellos en la construcción de un
mundo mejor, como es mi deber y mi destino.

–Entonces es indudable que hay un modo correcto de vivir. ¿Cómo debemos proceder para vivir en plenitud?

Sí, la vida es fundamentalmente empresa, proyecto, aventura. Como tal
empresa o proyecto, exige dos cosas: 1. una idea rectora, un ideal a
conquistar, una meta que alcanzar; 2. una dirección clara, un
autodirigirse o autoliderarse. La vida tiene que estar bien dirigida
para poder llegar a la meta y para que no descarríe, para que no se
desvíe de su ruta. Todo ello exige voluntad, esfuerzo y trabajo: es
fundamental esforzarse por hacer las cosas bien, trabajarse con tesón
para mejorar, laborar con ahínco para elevar la propia vida. La vida
hay que vivirla, y cada cual tiene que vivir la suya. Nadie puede
vivir por otro. Y vivir la vida significa hacerla, construirla, irla
formando sin cesar. Para lo cual no hay otro camino que formarnos y
cultivarnos como personas. La vida es algo que hay que hacer. Es tarea
a realizar, tarea que nunca acaba.

–Sin embargo vemos que la mayoría de la gente no se preocupa lo más mínimo de hacer su vida, de formarse y cultivarse…

Claro, por eso malviven. Tienen una vida a medio hacer o, peor aún,
deshecha y completamente sin hacer. Se abandonan a la inercia y siguen
la ley del mínimo esfuerzo, con lo cual echan su vida a perder. Por
eso, se puede decir que no viven realmente, sino que más bien son
vividos. Dejan que sean otros quienes les hagan o deshagan la vida.
Sus vidas quedan a merced de los poderes impersonales que dominan
estos tiempos convulsos (la publicidad, la propaganda, el dinero y las
fuerzas económicas, los medios de comunicación de masas, las modas,
las ideologías, etc.). Pero todo eso se acaba pagando, y se paga con
graves problemas y sufrimientos de toda índole. Ahí está la raíz de la
angustia, de la ansiedad, de la zozobra existencial, de la
insatisfacción íntima y de todas las dolencias psicosomáticas, que son
el flagelo de nuestro tiempo.

–En sus escritos aparece como un hilo conductor la trascendencia. ¿Podría explicar qué relación existe entre vida y trascendencia? ¿Puede la vida tener su justificación y encontrar su sentido en el bienestar material, el desarrollo económico y el progreso tecnológico?

En la vida humana es elemento esencial la dimensión trascendente.
Siendo el hombre un ser espiritual, para que su vida discurra de forma
sana, libre y feliz, tiene que dar a su vivir una orientación
vertical, que lo proyecte hacia lo alto y tenga siempre en cuenta su
fin último. La verticalidad del Espíritu ha de afirmarse por encima de
la horizontalidad terrena, material, anímica y biológica, imprimiendo
a esta última orden, sentido, mesura y armonía. Para vivir con
dignidad y plenitud, el ser humano tiene que dar prioridad a su vida
interior, que es la que le constituye como persona. Allí donde la vida
se quede en lo exterior, en lo superficial, en lo puramente material,
olvidando la dimensión espiritual, perderá en calidad, altura, salud y
autenticidad.

–Entonces, para la vida sea importante tener principios y ponerla al servicio de algo más alto.

Por supuesto que sí. La vida ha de ser vivida de forma responsable
como gran empresa realizadora de valores, al servicio de unos altos
principios. Para desarrollarse con normalidad, la vida tiene que estar
principiada, es decir, cimentada sobre sólidos principios y, en última
instancia, enraizada en el Principio supremo que es el Alfa y Omega de
la existencia, la Base y Origen de todos los principios. Una vida sin
principios, sin norte y sin fundamento, no merece el nombre de “vida
humana”. La vida ha de tener un eje vertebrador, un centro que le dé
unidad y equilibrio. Y este centro y eje no puede ser otro que el
Principio divino y eterno, Fuente y Raíz de toda vida.

Por otra parte, hay que tener siempre presente que la vida es un don
que hemos recibido y del cual habremos de responder. Es un don que
tenemos que hacer rendir y fructificar. No se nos ha dado para que lo
malgastemos, lo desaprovechemos o lo manejemos a nuestro antojo. Todo
don (Gabe) genera una tarea (Aufgabe), decía aquel gran filósofo y
teólogo bávaro que fue Franz von Baader; es decir, como tal don
implica un deber, una exigencia y una misión. Cada cual viene a la
vida con una misión, y al cumplir esa misión es fiel a su destino, se
perfecciona como ser humano, sirve al Orden universal y realiza la
Voluntad divina.

–Pero, pese a todo, el nihilismo que invade nuestras sociedades afirma que la vida es algo absurdo, que no tiene sentido, ¿qué respuesta merece tal postura?

Una vida sin sentido es inhumana, insufrible e insoportable. No es
vividera. No es verdadera vida. El hombre necesita, antes que nada,
encontrar el sentido de su vida y crear sentido en su vivir. El
sinsentido o la falta de sentido es lo que más hace sufrir al hombre,
pues la exigencia de sentido es una condición fundamental de su
inteligencia y su ser espiritual. Lejos de ser ininteligible, la vida
está llena de sentido, de significación y de valor. Todo lo que nos
sucede encierra un significado, contiene un mensaje y una enseñanza.
La vida está entretejida de amor y sabiduría. Pero para descubrir todo
esto y dar así sentido a nuestra vida, tenemos que enraizarnos en
Dios, el Ser que nos da el ser, el Todo que es todo Amor y Sabiduría,
la Realidad suprema que sustenta toda realidad, el Sentido que da
sentido a todo cuanto existe.

–Entonces, ¿cuál es la postura ante la vida que puede considerarse como característica o dominante en el mundo actual?

La civilización actualmente imperante, individualista, activista y
materialista, desprincipiada, carente de principios y valores firmes,
des-sacralizadora y profanadora de la realidad, se define por una
pronunciada orientación antivida y por un impulso antivital. Odio a la
vida, desprecio de la vida, miedo ante la vida, cansancio de vivir,
náusea vital: estos vienen a ser los rasgos que resumen el tono
existencial de la actual sociedad de masas dominada por la idolatría
de lo efímero y contingente. Hay una evasión o huida de la vida que es
consecuencia de lo que Max Picard llamó “la huida del Centro”, esto
es, la huida o el alejamiento de Dios.

El resultado es una vida desvitalizada, infirme y sin energía vital.
Nos encontramos ante un mundo en el cual se va imponiendo la pulsión
tanática, pudiendo hablarse de una auténtica tanatolatría, un culto a
la muerte o una propensión hacia la mortandad: abortos, eutanasia,
suicidios (incluso en grupo o por internet), asesinatos (ligados sobre
todo a la violencia doméstica o sexual), drogas (con lo que suponen de
autodestrucción), narcotráfico y crimen organizado, terrorismo,
matanzas y genocidios. Son los síntomas de una grave enfermedad
colectiva que amenaza con llevar Occidente a la ruina. La sociedad
actual se halla dominada tanto por el miedo a la vida como por el
miedo a la muerte. Se siente tal terror ante la muerte, terror
ignorante, supersticioso y agorero, que se pretende alejarla,
exorcizarla o suprimirla matando, asesinando, destruyendo vidas,
destrozando, asfixiando y corrompiendo la vida por todos los medios.

–Por último, la muerte, ese tema del que hoy día tan poco se habla, ha sido tratado profusamente por usted. Podría contestarnos a la siguiente pregunta: ¿Cabe establecer alguna relación entre vida y muerte a la hora de plantearse la tarea de construir la propia vida?

Sin duda. Una correcta visión de la vida tiene que tener muy en cuenta
la idea de la muerte, punto culminante del vivir humano. No se puede
hablar de la vida sin hablar de la muerte. Para vivir en paz,
felicidad y libertad es indispensable poder mirar cara a cara a la
muerte, aceptar con serenidad y sabiduría el hecho de que hemos de
morir. Únicamente quien sepa dar sentido a su muerte sabrá dar sentido
a su vida, y viceversa: sólo quien acierte a dar sentido a su vivir
habrá dado sentido al mismo tiempo a su morir. Moriremos con la
conciencia tranquila, con ánimo alegre y sereno, cuando, con la mirada
puesta en lo alto, hayamos cumplido o tratado de cumplir lo mejor
posible la misión que hemos venido a realizar en este mundo. Si se ha
vivido bien, la muerte será vivida como la coronación o consumación de
esa vida buena por la que hemos de estar agradecidos a Quien nos la
dio y nos guió a lo largo del camino. La muerte no es más que la
puerta hacia una vida más alta y plena, hacia la Vida que es más que
vida, hacia la Vida eterna.

Fuente:  libertadidentidad 

“himmler, pureza de sangre total”

23 marzo, 2010

El titular de arriba está entrecomillado porque no es mío y además no se si quien lo ha redactado lo hace usando la ironía, pues, por supuesto, para el pensamiento único imperante todo lo que sea “puereza” ha de ser ridiculo o nefando…pues no en vano un día sí y otro también nos recuerdan las ventajas del mestizaje racial, la multiculturalidad y la “alianza de civilizaciones”.  No se entiende que la “limpieza de sangre” sea algo malvado cuando limpieza es lo opuesto a suciedad.  También se admite que la pureza es algo bueno si hablemos de “oro puro”.  Sin embargo, lo que debe ser muy divertido para los “snobs”, “progres” y burgueses o “intelectuales” del Sistema es la “pureza” referida a la sexualidad… pues debido a excesos puritanos ha llegado a ser tan denostada que hoy asistimos a una corrupción planificada de la juventud, mediante leyes inspiradas por organismos mundialistas, o sencillamente difundiendo pornografia y drogas aunque sean ligeras como el alcohol, la marihuana  y el tabaco…

Pero hecha esta introducción me parece interesante leer lo que el diario “El Pais”,  de Madrid, ayer dia 22, publicaba en su página 40:

REPORTAJE

Himmler, pureza de sangre total

La Fundación José María Castañé dispone del informe genealógico que demuestra la raza sin mácula del jefe de las SS a través de 350 antepasados

JESÚS RUIZ MANTILLA – Madrid – 22/03/2010

A Heinrich Himmler le gustaba predicar con el ejemplo. Si para pertenecer a las SS su responsable exigía que ni una sola gota de sangre no aria se hubiera mezclado en el pasado de sus miembros al menos durante cinco generaciones, él, que fue cerebro del genocidio, no iba a ser menos. Por eso se fabricó un impecable informe genealógico en el que demostraba a través de 350 antepasados su pureza a lo largo de cuatro siglos.

Obligaba a sus subordinados a tener un mínimo de cuatro hijos

El documento está a disposición de los historiadores en la sede de la Fundación José María Castañé, en Madrid, dedicada al estudio de los conflictos que han asolado el siglo XX. En él se pueden apreciar cosas escalofriantes. La obsesión maniaca por la pureza parece muchas veces atributo de los débiles y los acomplejados. Himmler lo era. Además, debía hacer alarde de esa teórica pulcritud cuando decidió crear, con el aplauso de Hitler, la Sociedad de Herencia Ancestral (Ahnenerbe). Ésta debía demostrar por medio de la genealogía la supremacía absoluta de los arios.

Para esbozar y poner en marcha un programa como el exterminio de millones de judíos, gitanos, homosexuales, discapacitados psíquicos y comunistas hay que padecer desarreglos mentales serios. De niño enfermizo y joven no apto para la carrera militar, Himmler acabó un tiempo como ingeniero agrónomo y experimentador de razas superiores de gallinas en granjas como la que poseía en Gmund (Tegernasee).

De ahí pasó a la aristocracia del nazismo y a hombre de confianza -aunque no de la entera simpatía- de Adolf Hitler. Al Führer alemán llegaron a resultarle cargantes sus obsesiones por el glorioso pasado ario, algo que Himmler heredó de las prédicas paternas. La huella del viejo Gebhard en ese campo fue determinante a lo largo de su vida. Su padre, un maestro protestante y trepador social, según sostiene Peter Longerich en su monumental biografía sobre el dirigente nazi, publicada en España por RBA, era un obseso de las leyendas germánicas. A Hitler, aquel personaje con un entusiasmo racial desbordante le pareció el hombre indicado para limpiar Europa de impurezas sanguíneas.

Pero para esa tarea debía demostrar un linaje ejemplar. Por ello, Himmler mandó elaborar un informe exhaustivo de sus antepasados. Tres años tardaron los expertos en tenerlo listo. El documento llega a 1936 y se remonta hasta 1530. En aquel año se encuentra el primer rastro de un Himmler: Valentín, en Burgbernheim. La lista sigue su rastro a través de 174 localidades alemanas donde hay pistas del apellido.

“Podríamos considerar Franconia como el solar del origen de los Himmler”, se lee en el informe, firmado por un tal Bergmann, alférez y ayudante de las SS. Pero en las conclusiones también llama la atención sobre posibles sombras. Se remontan al siglo XVIII, concretamente a 1727, donde aparece un Johann Leonhard Kuhn, dedicado a la construcción de molinos. Pero… falsa alarma. “Podemos eliminar todas las dudas en torno a la familia Kuhn, un nombre que presenta similitudes con una raíz judía: Cohen, que significa sacerdote, vocablo que dio origen a varios nombres típicos judíos en Centroeuropa”, se recoge en el informe.

Aunque inmediatamente resuelve el dilema. La solución es fácil. Lo entronca con una rama aria muy conveniente a las aspiraciones de Himmler: “El nombre de Kuhn puede ser adscrito también a la etimología germánica que significa valiente. Los Kuhn, Cun, Cohn, son oriundos de las cercanías de Ansbach y bastante numerosos allí”.

La obsesión de Himmler en estos asuntos fue enfermiza. Las reglas de pureza para sus subordinados eran propias de un sistema delirante. Además de legislar sobre ellas, figuraban en las reglas internas de las SS. Obligaba a sus miembros a tener al menos cuatro hijos. Y no con cualquiera. Las normas para el matrimonio eran tan estrictas que en 1937 llegó a acumular 20.000 solicitudes no resueltas. Su determinación se enmarca dentro de una estricta filosofía: “La SS es una Orden militar nacionalsocialista de hombres de determinación nórdica y una comunidad de clanes conjurados. Conforme a nuestras leyes, la novia, la mujer, pertenece a esta comunidad, a esta Orden de las SS del mismo modo que el hombre. Tengámoslo claro: sería insensato reunir primero la buena sangre de toda Alemania y dejarla luego casarse y dispersarse en familias como se le antoja”.

Lo que vale para los padres vale para los hijos. Así que los nuevos vástagos de las SS debían ser bautizados con ritos teutónicos. En la Fundación José María Castañé también se halla un documento que da fe del nacimiento de Thorisman, el tercer hijo de Himmler, el 14 de enero de 1936. El encargado de la ceremonia cubrió al niño con el vínculo azul de la vida y, tras pronunciar unas palabras tradicionales, tomó un vaso que representaba al Santo Grial -otra de las obsesiones de Himmler, que lo buscaría en el monasterio de Montserrat-y dio de beber al padre. Después le puso un anillo. “Niño, debes llevar este anillo de la parentela de las SS, del linaje de Wolff, cuando te muestres digno como joven de las SS y de tu parentela”.

Nota de HURANIA:  Otras fuentes: La Memoria Viva y la web de la Fundación José María Castañé, recientemente instalada en España y que, al parecer, contiene abundante material documental soviético, de la guerra española de 1936-1939  y  de la WWII ó guerra civil europea, según algunos autores.


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