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Bombardeos sobre Alemania en 1939 a 1945: Todavia hay bombas sin desactivar

5 mayo, 2017

Casi 50.000 personas serán evacuadas en Hannover para desactivar 13 bombas de la Segunda Guerra Mundial

Ya se han comenzado a disponer cientos de hospitales de campo y decenas de miles de porciones de alimentos para el tiempo que dure la operación.

LD/Agencias

2017-05-05

 

 

El Ayuntamiento antiguo de Hannover, en 1943 | Wikipedia

Cerca de 50.000 personas tendrán que ser evacuadas este domingo en la ciudad alemana de Hannover para llevar a cabo el proceso de desactivación de 13 bombas de la Segunda Guerra Mundial en lo que será la segunda mayor movilización de fuerzas de seguridad desde la propia guerra.

Los artefactos fueron descubiertos durante la exploración de un edificio en el distrito de Vahrenwald. Debido a la magnitud de la evacuación, ya se han comenzado a disponer cientos de hospitales de campo y decenas de miles de porciones de alimentos para el tiempo que dure la operación, según informa el diario Augsburger Allgemeine y recoge Europa Press.

Hannover fue, durante la Segunda Guerra Mundial, blanco habitual de los bombarderos aliados. Sólo en la noche del 9 de octubre de 1943 se lanzaron sobre la ciudad un total de 261.000 artefactos. Más de 1.200 personas murieron y cerca de 250.000 perdieron sus viviendas.

Precedente en Augsburgo

Esta será la segunda mayor operación que tiene lugar desde el conflicto. La más grande llevada a cabo hasta el momento tuvo lugar el pasado mes de diciembre, cuando un total de 54.000 personas fueron evacuadas de la localidad alemana de Augsburgo para proceder a la desactivación de una bomba de casi dos toneladas.

El alcalde de Augsburgo, Kurt Gribi, pidió a los residentes que “abandonaran la zona, a ser posible por su propio pie”, a través de un vídeo publicado en la cuenta de la Alcaldía en la red social Twitter.

La bomba fue desactivada tras cinco horas de trabajos por parte de los artificieros, tras lo cual los evacuados pudieron comenzar a regresar a sus viviendas.

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FUENTE:

http://www.libertaddigital.com/internacional/europa/2017-05-05/casi-50000-personas-seran-evacuadas-en-hannover-para-desactivar-13-bombas-de-la-segunda-guerra-mundial-1276598310/

 

Dresden 2017

17 febrero, 2017

dresde-1

(Aspecto de Dresde, tras el bombardeo aliado)

Dresden 2017

EDUARDO ARROYO

 Han pasado apenas un par de días del 72 aniversario de la destrucción de Dresden por la aviación anglo-americana. No es la primera vez que escribo sobre esto y tampoco será la última. Al menos hasta que se normalice hablar de toda esa sangre inocente vertida por los “buenos” oficiales de la historia del pasado siglo. Escuché en 1982, en directo, al entonces Juan Pablo II que nunca se podía legitimar la muerte de un inocente y hoy pienso que, si no se puede legitimar, tampoco se puede enterrar en el olvido. Esta cuestión es especialmente irritante cuando la denominada “memoria” es solo una herramienta con la que se airean unos crímenes para ocultar las propias verguenzas. Este es el caso exacto de la ciudad de Dresden, pero también el de ColoniaHamburgo o Tokio, todas ellas ciudades martirizadas con el objetivo único de doblegar al enemigo a base de aterrorizar a los más indefensos. Sirva pues este artículo para recordar el crímen y a los verdugos: la aviación norteamericana y británica y, en especial, uno de los políticos más incompetentes y sobrevalorados del último siglo, el premier Winston Churchill, enterrador del imperio birtánico.

Vaya también para servir a la denuncia de todos aquellos que han contribuído al olvido y a la justificación -el corrompido y servil Estado alemán- y todo el detritus humano que, bajo el paraguas del “antifascismo”, ha aplaudido o comprendido una acción autenticamente asesina.

Pero no todo es denuncia. Hay algunos honestos recuerdos sobre Dresden que han florecido en el mismísimo templo del Arte. Sirva de ejemplo el monumental cuadro del pintor catalán Martí Teixidor,“Dresden”, expuesto hoy en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona y verdadero contrapunto a la fealdad y al afán propagandístico, alentados por la inteligencia soviética y sus lacayos, en el “Guernica” picassiano. Sirva así mismo como ejemplo, el excepcional dramatismo y honradez del escritor norteamericano Kurt Vonnegut y su “Slaughterhouse-Five”. Vonnegut fue soldado estadounidense hecho prisionero en Dresden a raíz de la batalla del Bulge y, por tanto, auténtico superviviente de su propio ejército y de una de las principales corruptelas de la época: la que justifica lo peor de lo que somos capaces en nombre de los principios.

Son personas como Teixidor y Vonnegut las que simbolizan la esperanza de la especie humana y las que alientan el anhelo de todos los que buscan llamar a las cosas por su nombre. Son, en definitiva, los que en un tiempo nuevo conseguirán que el mundo vuelva a sonreir. De momento, vaya este recuerdo por los muertos de Dresden. Ellos no claman ni venganza ni castigo. Solo esperan a poder dormir en paz por toda la Eternidad. Dios les tenga en su seno.

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fuente:

http://gaceta.es/eduardo-arroyo/dresden-2017-17022017-1101

 

 

 

 

españoles en el gulag

16 junio, 2015

domingo, 19 de febrero de 2012
españoles en el gulag

Joven historiadora rumana afincada en España, autora del premiado «Republicanos españoles en el Gulag», ha documentado la tragedia de más de 300 “rojos” españoles en campos de concentración soviéticos, entre ellos trece andaluces y los marinos sevillanos Antonio Vela Rodríguez y Francisco González de la Vega.

—El exilio español cuenta con muchos estudios, pero el suyo es el primero sobre republicanos en el Gulag. ¿Por qué?

—La materia, en el ámbito académico, es joven, pero en desarrollo gracias en parte al libre acceso a los archivos y a la ausencia de la censura, lo que facilita nuestra labor de historiadores, en detrimento de la mitografía.

—Ha documentado a cientos de republicanos españoles en el Gulag. ¿Serían muchos más?

—Tengo una relación nominal de más de 300 represaliados por «delitos comunes y políticos», aunque pueden aumentar.

—¿Querer abandonar la URSS era traición?

—También desacuerdos con la línea oficial del partido, visitas a las embajadas extranjeras o algún comentario banal que era interpretado como blasfemia, eran «traición», «espionaje» o «sabotaje», es decir, largos años de campos.

—¿Sufrieron torturas los republicanos españoles a manos soviéticas?

—Al igual que los soviéticos y otros extranjeros, recibieron pavorosas torturas en las cárceles. Después vino el trabajo forzado en remotas zonas siberianas, el hambre, el frío, las enfermedades, la sombra de la incertidumbre, de la muerte. Pero el sistema concentracionario soviético fue más que tortura. Fue una negación en su forma más horrenda de lo humano.

—¿Hasta cuándo negó el PCE la existencia del Gulag?

—Nunca reconocieron la existencia de republicanos españoles en el Gulag.

—En su libro afirma que «particularmente lacerante» fue el papel de Carrillo, Pasionaria y Claudín en la persecución de patriotas correligionarios acusados de disidentes…

—Ibárruri mandaba. Otros colaboraban. Habría que añadir a Mije por sus falaces acusaciones desde Francia tildando a los internados de Karagandá de «falangistas».

—¿Toda la represión soviética contra republicanos españoles fue respaldada por el PCE?

—Sobre esta tragedia siempre pesará la responsabilidad del PCE, que tampoco hizo nada para la liberación de los presos españoles.

—¿El PCE alentó esa persecución, con Pasionaria diciendo en 1948 que sólo abandonarían territorio soviético quienes tuvieran «un expediente político positivo»?

—Más que alentarla, la favoreció. Y esta política de puertas cerradas fue una constante hasta 1956.

—¿Carrillo dio conferencias en París negando los campos de concentración donde permanecían los republicanos españoles, conociéndolos?

—Toda la cúpula del PCE en la URSS lo sabía. La conferencia y los artículos en la prensa comunista española eran una manifestación más de la cuidada coreografía que propugnaba la «magnífica vida» allí.

—¿Más que las detenciones de republicanos, a los dirigentes del PCE les preocupaba «su propia imagen»?

—Ante todo, evitar cualquier hipotética difamación de la URSS, como todo partido bolchevizado.

—Escritores como Muñoz Molina han confesado que de estos republicanos represaliados en la URSS no tenían noticia. ¿Se da por satisfecha?

—Las reseñas en la prensa fueron una grata sorpresa. Pero este «librito» derivado de mi tesina no me ha complacido lo suficiente, razón por la que prosigo con el tema en la tesis doctoral, con el apoyo de una extensa documentación.

—El secretario general del PCE dice que España es el único país que tiene a un tirano en un mausoleo. ¿Considerará a Lenin un demócrata?

—No sé, habrá que preguntarle.

—La tumba de Stalin tampoco está mal…

—Desde 1961, Stalin yace en una simple tumba en la Muralla del Kremlin, con el único ornamento de un busto suyo en granito.

—Hay quien ha pedido que los restos de Franco vayan a una cuneta. ¿Será ése un camino para la reconciliación nacional?

—Como ciudadana, veo más apropiada una tumba corriente en un cementerio normal. Como historiadora defino la reconciliación nacional como un largo proceso que durará generaciones.

—¿Se buscarán los restos de los republicanos españoles muertos en el Gulag, si lo piden sus familiares, según la Ley de Memoria Histórica?

—No. Sería una labor titánica hallar tumbas probablemente ya desaparecidas. Ante todo, tenemos que recuperar sus nombres y homenajearlos de la misma manera que se ha hecho con los internados en los campos de exterminio nazis

Son de sobras conocidas las terribles experiencias que sufrieron los republicanos españoles en los campos de concentración nazis, especialmente en mauthausen, pero resulta sorprendente descubrir las penalidades que sufrieron otros desconocidos republicanos en los campos de trabajo (gulags) soviéticos al terminar la Guerra Civil.

La semana pasada en el transcurso del coloquio sobre el exilio de exportación celebrado en el Museu d’Història de Catalunya, pude conocer esta impresionante historia de la mano de la doctora Luiza Iordache del Institut de Ciències Polítiques i Socials (UB) que está realizando un intenso estudio de estos casos.

Al parecer, tras la victoria franquista de 1939 llegaron o se encontraban en la URSS unos 4.500 exiliados españoles, entre ellos, 3.000 niños de guerra, cerca de 150 maestros y auxiliares que les acompañaban, 156 militares (marinos que formaban parte de la tripulación de los 9 barcos incautados por la Unión Soviética al finalizar la guerra), unos 200 jóvenes pilotos de la última promoción formada en Rusia y, por último, alrededor de 1.100 exiliados políticos, en su mayoría miembros del Partido Comunista y el Partido Socialista Unificado de Catalunya

Hacia 1940 y en vista de la coyuntura política internacional con el pacto ribentrop- molotov entre la URSS y Alemania y la ocupación de media Europa por parte de esta última, fueron muchos los militares y marinos que pidieron la salida del país incluso reclamando volver a España (sin saber exactamente qué se encontrarían allí). A partir de ese momento empezaron los duros interrogatorios en los terribles centros de detención de Moscú donde se forzaba mediante tortura la confesión de los detenidos, que acababan siendo condenados por traidores de la patria y antisoviéticos.
La doctora Iordache resalta el caso de 8 jóvenes cadetes republicanos que mostraron públicamente su deseo de salir del país y acabaron condenados a 8 años de trabajos forzados en el gulag por trotskistas. Lo más grave y doloroso de la situación es que fueron precisamente algunos de sus compañeros españoles los que les acusaron.

El devenir de la Segunda Guerra Mundial con la invasión nazi de la URSS no hizo sino incrementar la presión sobre los exiliados españoles sumidos ya en la desesperación. Muchos de ellos habían sido enviados a trabajar en fábricas indómitas en los confines de Rusia, mientras muchos de los niños de la guerra que llegaron en edad escolar habían caído en la delincuencia acuciados por el hambre.

Según la doctora Iordache, las detenciones de prisioneros políticos se desarrollaron en tres oleadas: la primera de 1939 a 1942, marcada por la invasión nazi, la segunda de 1942 a 1946, durante la Segunda Guerra Mundial, y la última de 1947 a 1948 con las numerosas pedidas de ayuda de las embajadas extranjeras y surrealistas huídas en baúles diplomáticos.

En total cerca de 350 exiliados españoles de todos estos grupos fueron internados en los terribles gulags soviéticos durante estas tres oleadas. Allí estos 350 republicanos españoles se encontrarán con los aproximadamente 300 prisioneros de guerra de la División Azul, sus antiguos enemigos, hoy compañeros de celda, ya que el gulag no hacía distinción de nacionalidades ni ideologías.

En 1948 dentro de la primera oleada de repatriaciones tras la Segunda Guerra Mundial muchos de estos presos intentaron en vano salir del país pero tanto el Partido Comunista español como el Partido Comunista de la Unión Soviética truncaron su liberación acusándolos de fascistas (sí, fascistas a los mismos republicanos españoles que habían luchado una década antes contra Franco) por temor a la propaganda antisoviética que pudieran desarrollar a su vuelta.

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No fue hasta 1954 y, especialmente, en 1956 cuando se inició el retorno junto a los prisioneros de guerra de la División Azul gracias a las conversaciones en Francia entre la España franquista y la Unión Soviética. Fueron 6 expediciones que hasta mayo de 1957 fueron devolviendo finalmente a su país a los restos de los republicanos españoles que sobrevivieron a los gulags soviéticos, a una cruel guerra civil, a la invasión nazi en la Segunda Guerra Mundial y al hecho de ser acusados injusta y deshonrosamente de fascistas, una terrible paradoja que la Historia no debe olvidar.

La investigación de la doctora Iordache plasmada en el libro “Republicanos españoles en el Gulag (1939 – 1956)” se enmarca dentro de su tesis doctoral, presentada en 2007, y que le valió el Premio a la Memoria de Doctorado en Ciencias Políticas convocado ese mismo año por el Institut de Ciències Polítiques i Socials de Barcelona.

No fueron niños de la guerra. No fueron miembros de la División Azul, prisionerios de la Uniñon Soviética. Fueron “internados”, según la terminología de la época, republicanos secuestrados por Stalin durante 13 años, abandonados a una situación legalmente fantasmal y condenados al gulag. Su historia aparece ahora recogida en el ensayo ‘Españoles en el gulag; republicanos bajo el estalinismo’ (Península), obra de Secundino Serrano.
¿Quiénes eran estos republicanos de Siberia? El propio Serrano contesta: “Fueron 185 españoles encarcelados, aunque hay quien sube la cifra hasta los 300, inclluyendo a otros españoles que pasaron por el gulag por motivos diversos. Hay dos grandes grupos: por un lado, los alumnos de aviación que fueron a Azerbayán a un curso de pilotaje para servir a la República y a los que el final de la guerra los sorprendió allí. Eran chicos jóvenes, de 18 a 21 años. Otro grupo, era de marineros a los que la victoria franquista los sorprendió en una travesía de camino a la URSS. Cuando llegaron, los soviéticos requisaron sus barcos y empezó su periplo. En este grupo, había gente más mayor. Había también algún falangista de izquierdas que abandonó la División Azul, que desertó en Kazajistán”. A excepción de estos últimos, todos los miembros del grupo “habían hecho una declaración de adhesión a la República que se requería para ir a la URSS, eran gente con mucho sentido de la militancia. Había algún miembro del PNV, muchos socialistas, muchos anarquistas y, sobre todo, muchos comunistas. Eso sí, al cabo de 13 años, todos terminaron siendo anticomunistas fervorosos”.
Y, entonces, ¿por qué cayeron en desgracia? “Su ‘pecado’ fue que quisieron salir de la URSS. No para irse a España sino para establecerse en Francia, al principio, o en América Latina. Y claro, eso era inconcebible para los soviéticos”, cuenta Serrano. Después de dos años de internamiento más o menos amable, en balnearios a las afueras de Moscú, el grupo de los marineros se dirigió a la Embajada Alemana en la URSS (por entonces, la Alemania nazi era aliada de Stalin) y solicitó que mediara los ayudara a abandonar Rusia. El PCUS se tomó mal esa licencia e hizo lo que se solía hacer en esos casos: a Siberia con los marineros, ya mismo. “Cuando empezó la Operación Barbarroja, todos los extranjeros residentes en la URSS fueron detenidos. Y allí cayeron el resto de los españoles. No hacía falta juzgarlos ni condenarlos: simplemente se aplicaba sobre ellos la retahila de trotskistas, quintacolumnistas, antirrevolucionarios…”.
Los marineros se llevaron la peor parte: pasaron un año en un campo de concentración del Círculo Polar. En 12 meses, murieron 11 de 40. “Después, se unieron a los demás españoles en “campos de concentración ‘medios’. El campo de Kok-Usek fue emblemático en su periplo”, explica Serrano. “No eran campos de exterminio, sino de trabajos forzados. La tasa de mortalidad era alta pero no tanto. Había un día libre a la semana, con cine, bailes y hasta misa. Nueve o 10 de los españoles tuvieron hijos durante esos años, porque los campos eran mixtos… Cuando regresaron a España, los examinaron los médicos y su estado de salud no era malo. Ni el físico ni el psíquico, aunque sí hubo un falangista desertado que, al partir desde Odesa, tuvo una crisis nerviosa y se quedó en tierra”.
¿Y el Partido Comunista de España? No es para estar muy orgullosos. “Antonio Mije, en las Cortes Republicanas en el exilio se refería a ellos como ‘falangistas embozados'”, explica Serrano. “Y, si bien la decisión de su encarcelamiento dependió del PCUS, a partir de 1948 fue el PCE el que bloqueó la liberación de los ‘internados’ republicanos”.
Lo deprimente es que hasta el franquismo trató mejor a estos españoles. “El Gobierno español supo de estos chicos en 1946, por el testimonio de un ingeniero francés que se llamaba Bornet. No hizo nada por ellos, pero es que tampoco habría podido hacer nada, sin relaciones diplomáticas. Tampoco los estadounidenses pudieron salvar a sus ciudadanos confinados al gulag… Después, cuando murió Stalin y la URSS quiso deshacerse de estos prisioneros, Franco los recibió con los brazos abiertos”. Así, transmitía un mensaje de reconciliación en un momento en el que quería acercarse a las democracias burguesas. En cambio, los miembros de la División Azul, que también fueron liberados en esa época, se convirtieron en una presencia mucho más incómoda. “Cuando los divisionarios llegaron a Barcelona, volvieron a aparecer esvásticas y símbolos falangistas pintados en las paredes. Justo, lo que no quería Franco en ese momento. Y, por eso, se canceló la recepción que se había previsto en Madrid. En cambio, a los ‘internados’ republicanos se les mimó mucho. Ramiro Pinilla estuvo muy encima de ellos y se les consiguió trabajo a todos ellos”.

Una chica catalana llega a Madrid a finales de los 90 y se lía con un chico madrileño. Es un chico madrileño rarito: entre muy echado p’alante y más taciturno que un chocolate del Gijón, de una palidez preternatural y de un atavío negro sempiterno como los que en su día pondrán de moda las hijas de Zapatero, más moderno y más atrevido que nadie y a la vez poniendo a caldo a la izquierda con un sarcasmo virulento que llama la atención incluso en pleno gobierno Aznar. Amigos de la chica le comentan: “¿y cómo tú, siendo catalana, vas y te lías con semejante facha?”.
Salta ella como una ballesta en defensa de su lúgubre novio: “le llamais así porque no le conoceis, porque no sabeis lo que le ha pasado”. Ah. ¿Y qué le ha pasado?, pregunta el malhumorado corifeo. Procede ella a contarlo.
Resulta que el padre de este chico madrileño fue un piloto de la república al que el principio de la guerra civil pilló imberbe y el final de la guerra pilló en Rusia, a donde junto con otros había ido a recibir instrucción de la aviación soviética. Allí coincidió con varios marinos de barcos españoles que durante la contienda habían ido y venido de la URSS y con varios “niños de la guerra”. Hablamos de cientos de personas que en 1939 quedaron atrapadas en la URSS y que no lograron salir de ella hasta 1954 unos y hasta 1956 otros. Eso los que salieron. Porque de los 270 que fueron mandados una media de once años al presidio del gulag, unos cuantos ya no volvieron.
¿Rojos en las cárceles de Stalin? Pues sí, aunque parezca un despropósito. Hubo quien se dejó la piel combatiendo contra Franco para acabar haciendo huelga de hambre codo con codo con prisioneros de la División Azul en los temibles campos de concentración de la URSS en el Círculo Polar Ártico. Donde se trabajaban doce horas diarias a cincuenta grados bajo cero y con una ración mínima.
Antes de llegar al gulag había habido que pasar por los feroces interrogatorios de la Lubianka, donde lo más normal era que ni el preso mismo entendiera exactamente de qué se le acusaba. A unos les tildaban de espías. A otros de antisoviéticos. Matices todos ellos más nominales que esenciales, ya que el trato recibido era idénticamente brutal. Exámenes médicos crueles y vejatorios, privación del sueño durante semanas, reclusión en gélidos calabozos con las paredes llenas de barro, golpes, llegar al mismísimo filo de matar de hambre, etc.
¿Y todo eso a santo de qué? Hubo algunos presos españoles comunes en el gulag pero el mínimo común denominador de los que fueron a parar allí era haber rechazado quedarse en la Unión Soviética después de la guerra civil. Haber pedido volver a España -aún sabiendo lo que les aguardaba bajo el franquismo- o emigrar a otros países. Las autoridades soviéticas consideraban esto un signo de desafección política y de traición. Más cuando la misma dirección del PCE, con Dolores Ibárruri al frente, se mostraba partidaria de fusilar a aquellos rojos “tibios” antes que dejarlos salir de la URSS a hacer “mala propaganda” de la misma.
El resto es historia…hasta cierto punto. Hablamos de una verdad y una memoria que al parecer no hay manera de que cuaje. Tampoco es que esto no se haya contado nunca. Varios periodistas e historiadores han incidido en ello en los últimos años. Pero de refilón, de puntillas y sin lograr nunca o casi nunca que el trágico destino de estos republicanos españoles olvidados en el gulag -no salieron de él hasta que el mismísimo Franco los repatrió, junto con los presos de la División Azul- arraigue en la conciencia colectiva.
A la chica catalana le decían sus amigos progres que su novio, el madrileño lúgubre, se tiraba el moco para impresionarla. Que todo aquello eran o tenían que ser cuentos. O excepciones sin importancia.
Aquella chica ya no tiene aquel novio y ni siquiera sigue viviendo en Madrid. Es en Nueva York donde me he leído el breve pero muy documentado y conmovedor libro, apenas 85 páginas, “Republicanos españoles en el gulag (1939-1958)”, publicado por el Institut de Ciències Polítiques i Socials de Barcelona. ¿Ustedes se habían enterado? Pues yo tampoco. La primera noticia la tuve por William Chislett, antiguo corresponsal del Times en Madrid. Él me puso sobre la pista de este “librito”, como él lo llama cariñosamente, que es el resumen de la tesina de la estudiosa de origen rumano Luiza Lordache.
“It is a coñazo to obtain it”, se queja el bueno de William de lo difícil que es no ya sospechar que este libro existe sino hacerse con un ejemplar. ¿Será verdad que a nadie le importa? ¿Que hay memorias históricas de primera y de segunda?
Recuerdo la indefinible emoción que sentí al caer el libro en mis manos y abrirlo por el apéndice con la lista de los nombres de los presos españoles en el gulag que volvieron a España -a Barcelona- en 1954 en un barco que se llamaba Semíramis.

Juan Bote García, de familia humilde, nació en 1896 en Alcuéscar (Cáceres). En 1926 ya era licenciado en Ciencias Naturales y Medicina por la Universidad Central de Madrid. Vivió durante unos cinco años en la Guinea Española dedicado al tratamiento del paludismo y otras enfermedades tropicales. Fue director del Laboratorio de Santa Isabel y del Hospital de San Carlos en la isla de Fernando Poo, la actual Bioko. Volvió a España cuando ya se había instaurado la II República.
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De izquierda a derecha, el marino Agustín Llona, el aviador Francisco Llopis y el doctor Juan Bote en el Gulag

En septiembre de 1935 fue nombrado profesor complementario del Institut Escola de la Generalitat de Catalunya. Durante la Guerra Civil era catedrático de ciencias naturales en el Institut Pi i Margall de Barcelona. En 1937 fue designado primer comisario-director del Institut Obrer de Sabadell. Impartía las asignaturas de ciencias naturales, física y química, y también era responsable de las prácticas de laboratorio. Los alumnos lo consideraban un profesor duro, pero recordaban con agrado sus clases. En el centro era conocido como José Bote, en lugar de Juan Bote. El hecho de que fuera nombrado responsable de uno de los cuatro institutos obreros creados en la España republicana indica que mantenía buenas relaciones con las autoridades del Ministerio de Instrucción Pública y Sanidad, dirigido por el comunista Jesús Hernández. Juan Bote era militante del PSUC.
El 30 de noviembre de 1938 Juan Bote quedó separado de la enseñanza y perdió todos los derechos como funcionario por haber abandonado su puesto en el Institut Obrer “sin conocimiento ni autorización” del Ministerio de Instrucción Pública y Sanidad. Una nota aparecida en la Gaceta de la República el 10 de diciembre aclaraba que el mencionado Catedrático ha marchado al extranjero en misión de “propaganda cultural” que le ha sido encomendada por Organismo no dependiente de este Ministerio. Lo mismo le ocurrió a Mariano de la Cámara Cumella, profesor del Institut Obrer de Barcelona.
En realidad, el doctor Bote y Mariano de la Cámara se habían ido a la URSS en calidad de profesores de la expedición de niños refugiados que partió de Barcelona el 25 de noviembre de 1938 y llegó a Leningrado el 6 de diciembre del mismo año. La expedición había sido organizada por el Ministerio de Trabajo, controlado por los comunistas. Desde abril de 1938, el Ministerio de Instrucción Pública y Sanidad, del que dependían Bote y De la Cámara, estaba bajo control de los anarquistas, así que las sanciones contra ambos seguramente fueron la expresión de un enfrentamiento entre los dos ministerios.
Mariano de la Cámara fue profesor de geografía en la Casa de Niños núm. 8 de Leningrado y murió en la primavera de 1942 de disentería mientras era evacuado al Cáucaso.
Juan Bote fue profesor de ciencias naturales, geografía y matemáticas en varias Casas de niños, pero cayó en desgracia al mantener criterios docentes distintos de la línea oficial y no dejar de expresar sus opiniones en público.
Empezó en enero de 1939 como profesor en la Casa de niños de Krasnovidovo. Ya en aquel mismo mes, tres maestras de la casa, Mari Rodríguez, Adela Rubio y Libertad Fernández, junto a una inspectora soviética del Narkompros, la institución soviética que velaba por la educación de los niños españoles, denunciaron la actitud docente de Juan Bote, denuncia que momentáneamente fue desestimada gracias a su experiencia. Un día acudió a la casa una comisión inspectora de la que formaban parte varios miembros del PCE, la cual se escandalizó porque los alumnos desconocían la traición del coronel Casado a la República, quién había escrito “El Capital”, la fecha de nacimiento de Dolores Ibárruri o la fecha de la promulgación de la Constitución Soviética. La comisión determinó que los alumnos carecían de formación marxista y sus miembros increparon y amenazaron al profesor Bote, porque los niños “necesitaban menos historia, geografía y matemáticas y más, mucho más, marxismo”. Bote replicó que era importante que los niños recibieran una buena formación académica y que cuando fueran más mayores ya estudiarían materias políticas. Algunos autores han invertido el sentido de la frase y la atribuyen a Juan Bote (“estos niños necesitan menos marxismo y más matemáticas”). En consecuencia, Bote fue trasladado en diciembre de 1939 a otra casa, la de Pravda núm. 1, situada en Moscú. Como se utilizaba papel para borrar la tiza de las pizarras, que hacía un desagradable ruido, Bote no se privó de dar su opinión: “en los países capitalistas, ¡hay trapos!”, poniendo en cuestión el dogma oficial de que en los países occidentales todo era peor que en el “paraíso” soviético. Ante la actitud independiente de Bote, y su costumbre de emitir sus quejas en público, en noviembre de 1940 fue separado de la docencia y enviado primero a la Casa de reposo de Senezh y, más tarde, a la de Opalija, ambas en los alrededores de Moscú. Allí coincidió con 26 alumnos pilotos españoles procedentes de la Escuela de Aviación de Kirovabad, en Azerbaiyán.

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Los pilotos de Kirovabad

Durante la Guerra Civil, hubo cuatro promociones de pilotos republicanos que se formaron en las escuelas soviéticas de Járkov y Kirovabad. Los cerca de 190 componentes de la cuarta y última expedición llegaron a la Unión Soviética entre finales de 1938 y enero de 1939, así que el final de la guerra los pilló allí. Casi todos ellos (136), que eran leales a la República pero no comunistas, solicitaron emigrar a otros países, sobre todo a Francia y México, básicamente para reunirse con sus familias, pero no les fue permitido. En este punto hay que decir que, del cuerpo de militares españoles que por entonces se encontraban en la URSS, sólo uno, el aviador Rómulo Negrín, hijo de Juan Negrín, presidente del Gobierno de la República, pudo salir del país a petición de su padre. Pero ya hablaremos de eso más adelante.
Los aviadores españoles sufrieron múltiples presiones para que se integraran en la sociedad soviética. Está documentado que el Gobierno soviético, la Komintern y el PCE tenían sus propios planes acerca de los últimos pilotos republicanos, de modo que iniciaron la obstrucción sistemática de su salida de la Unión Soviética. El objetivo era disciplinarlos y servirse de ellos. A partir del verano de 1939, el PCE empezó a amenazarlos (“estando en la Unión Soviética podríamos hacer con vosotros lo que quisiéramos, pero no lo vamos a hacer. No queremos hacer uso de la fuerza. Primero queremos probar la convicción”) y difamarlos. Se les empezó a tachar de “jóvenes alocados” “cargados de principios burgueses”, y a algunos incluso de “fascistas” o “falangistas”. Se les acusaba de “espionaje y actitud antisoviética”. Uno de los “fascistas” fue el barcelonés Emilio Salut Payá, miembro de UGT, que antes de ir a la URSS había sido herido en el frente, en 1938. Su delito fue un dibujo de un mendigo. Cuando el comisario político de Kirovabad, Iakov Mirov, le preguntó por qué el dibujo llevaba por título “Paracaidista en Kirovabad”, Salut le contestó: “¡Como ustedes dicen que en la Unión Soviética no hay andrajosos y todo el mundo es feliz, he supuesto que a ese mendigo lo habrá tirado en paracaídas algún país capitalista!”. El dibujo desapareció de la habitación de Salut.
Las autoridades soviéticas enviaron a unas cuantas chicas, todas ellas agentes de la NKVD, para que se liaran con los aviadores españoles y les incitaran a hacer algo por lo que pudieran detenerlos. Una de ellas lo relata así:

Ellos [los pilotos] querían marchar[se], salir de Rusia, pero no los dejaban. A raíz de esto sus sentimientos hacia las autoridades soviéticas no eran del todo amistosos, aunque nadie hubiera podido afirmar que se tratara de enemigos. Y entonces fuimos nosotras mismas, sus amigas, las “colaboradoras” del NKVD, las encargadas de sugerirles que fueran a una Embajada extranjera. Yo no conocía a las otras, pero no era difícil comprender que las bellas amigas de los pilotos eran otros tantos agentes. Cuando fueron a pedir ayuda a la Embajada alemana para salir de Rusia, fueron detenidos. Por otra parte, la misma Embajada los denunció a nuestro Gobierno. Es horrendo, monstruoso, lo que se hizo. Eran jóvenes entusiastas, alegres, generosos. Sólo querían irse a vivir a otro país.

Como apunta Carmen Calvo, “esta agente era consciente de cuál había sido el resultado último de su “trabajo”: sabía que los pilotos españoles habían perdido después su libertad y algunos, incluso, la vida”.
Acerca de la actuación de la Embajada alemana en todo esto hablaremos más adelante, no obstante lo cierto es que hubo seis aviadores españoles que consiguieron salir de la URSS en 1940 gracias a las gestiones realizadas por dicha Embajada.
Un buen número de aviadores fue claudicando e incorporándose a los colectivos de españoles que trabajaban por diversos lugares del país. Algunos incluso se hicieron espías de la NKVD. No obstante, quedó un grupo de 34 irreductibles que persistieron en su actitud de quererse marchar. Los ocho que las autoridades soviéticas consideraron más “rebeldes” fueron detenidos en enero de 1940. El grupo escogido estaba formado por Josep Gironés Llop, de Reus; Josep Goixart, de Lérida; Luis Milla Pastor, de Madrid; Vicente Monclús Guallar, de Huesca; Juan José Navarro Seco, de Barcelona; Francisco Paz Morata, de Barcelona; Joan Salut Salas, de Barcelona y Francisco Tarrés Carreras, de Barcelona. En una carta del PCE que llegó a manos del juez, se les acusaba de haber pertenecido en España “a la quinta columna y al partido trotskista” y se pedía, “en nombre del pueblo español”, que fuesen “condenados a muerte” (¡!). Con el “partido trotskista” seguramente se hacía referencia al POUM, y lo cierto es que ninguno de ellos pertenecía ni había pertenecido a dicha formación. También se les acusaba de “actividades antisoviéticas”. En fin, todas las acusaciones eran falsas, claro.
Por poner un ejemplo, la caída en desgracia de Vicente Monclús se produjo cuando reivindicó ante el comisario Mirov el papel de los anarquistas en la defensa de la República durante la Guerra Civil. Según Mirov, sólo el PCE, unánimemente apoyado por todo el pueblo español y por el Gobierno soviético, había ofrecido resistencia frente al enemigo hasta el último minuto. Esto ofendió a Monclús, miembro desde los 17 años de la CNT y que había combatido como soldado de infantería en el frente de Aragón. Su enfado le costaría caro.
Los ocho aviadores fueron torturados, encerrados durante ocho meses en la cárcel de Butirka, en Moscú, y enviados después al Gulag. Cuatro de ellos morirían allí, y un quinto, Luis Milla, moriría después de ser liberado como consecuencia de los padecimientos que sufrió en los campos de concentración.

Los 26 aviadores restantes compartieron durante varios años el mismo destino que el doctor Bote.
Uno de los alumnos pilotos, Miguel Velasco, recuerda que el doctor Bote les explicó por qué estaba en Opalija:

Sencillamente no soy un profesor apto para una generación comunista y me han traído a descansar una temporada y, al mismo tiempo, quieren que vaya asimilando ciertas lecciones de pedagogía indispensables para el buen funcionamiento de una escuela de niños… Se me ha traído aquí como primera providencia. Yo sé que mi final será cualquier campo de Siberia, porque inculcaba en los niños “virus capitalistas”. Os hablo en los mismos términos que me han hablado. Sí, les hablaba de España, de nuestra historia, de nuestra geografía, de nuestras cosas… y por lo visto todo esto deben ignorarlo los pobres. Hay que hablarles de Marx, de Stalin y hacerles entrar en sus almas e inteligencia, que no hay más dioses que estos señores ni más patria que Rusia. Yo no estaba de acuerdo. Ya me lo advirtieron al principio, me dieron unas normas de cómo había que educarlos. Hice caso omiso de ellas y empleé lo que yo creo digno y sensato. Seguí los mismos métodos que conmigo emplearon en mi niñez…

Semanas antes del ataque alemán a la URSS, los pilotos y el doctor Bote fueron trasladados a la Casa de Dubki. Pocos días después de empezar la guerra, el 25 de junio, el grupo fue detenido. Esta vez ni siquiera había acusación alguna. Fueron llevados a Moscú, y desde allí viajaron en tren a lo largo de dos semanas, en penosas condiciones, hasta la prisión central de Novosibirsk, capital de Siberia, donde malvivieron durante dos meses. Parece ser que allí las autoridades soviéticas propusieron a los pilotos participar en la guerra contra Alemania enrolados en el Ejército Rojo como aviadores, pero se negaron. En los interrogatorios se les golpeaba. Después fueron enviados a la cárcel de Petropavlovsk, en Kazajstán, y de ahí a la de Krasnoiarsk, esperando ser trasladados en barcazas por el río Yenisei hasta las minas de níquel de Norilsk, dentro del Círculo Polar Ártico, en donde se vivía en condiciones infrahumanas y las posibilidades de supervivencia eran escasas. Afortunadamente para ellos ya era finales de septiembre y las aguas del río se helaron, lo que hizo imposible su viaje hacia el norte. El invierno en Krasnoiarsk tampoco fue fácil. Los españoles convivieron con delincuentes comunes, la alimentación era pésima y las temperaturas muy bajas. En abril de 1942 fueron enviados durante varios meses a una colonia de trabajo de la industria maderera. Allí, Vicente Montejano Moreno, trabajando en la máquina de aserrar, perdió tres dedos de la mano izquierda y dos de la derecha. Otro piloto, Salvador Almor Chirivella (que además era farmacéutico), perdió en la máquina dos dedos enteros y la mitad de otros dos; su mano derecha quedó completamente mutilada. En octubre de aquel año el grupo fue trasladado de nuevo, esta vez hacia el sur, hasta la región de Karagandá, en Kazajstán. Primero fueron internados en el campo de tránsito de Karabás, donde durante un mes se encargaron de recoger cadáveres y enterrarlos. En noviembre se trasladaron a pie (28 kilómetros por la estepa) al campo de Spassk, a unos 40 kilómetros de la ciudad de Karagandá. Allí se encontraron con otros internados de países occidentales, entre ellos un grupo de marinos mercantes españoles cuyos barcos habían quedado retenidos en los puertos soviéticos en 1937-1938, a los que habían ido a cargar material de guerra y víveres para la República. Estos marinos, que habían sido detenidos como los pilotos y el doctor Bote en junio de 1941, tuvieron peor suerte y llegaron unos días antes que ellos a la prisión de Krasnoiarsk, desde donde fueron conducidos al campo de Norilsk, en el que murieron varios de ellos.
Entre 1941 y 1950, el campo de Spassk registró una mortalidad entre sus prisioneros del 65-70%.

Los marinos

Cuando acabó la Guerra Civil, había nueve barcos mercantes republicanos fondeados en puertos soviéticos. Estos barcos habían estado transportando desde 1937 material de guerra, carbón y víveres entre la URSS y España, y eran los siguientes: el Cabo San Agustín, fondeado en el puerto de Feodosia (Mar Negro); el Cabo Quilates y el Marzo, en el puerto de Múrmansk (Mar Blanco); y el Ciudad de Tarragona, el Ciudad de Ibiza, el Isla de Gran Canaria, el Mar Blanco, el Inocencio Figaredo y el Juan Sebastián Elcano, en Odessa (Mar Negro). Todos ellos fueron incautados por los soviéticos. Cinco resultarían hundidos por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, y tres de éstos serían reflotados más tarde.
La mayoría de los tripulantes de estos barcos fueron enviados a España antes del fin de la Guerra Civil. En abril de 1939 todavía quedaban unos 285 marinos españoles en la Unión Soviética. A estas personas se les ofreció volver a España o quedarse en la URSS. Los que prefirieron regresar a España parece ser que no tuvieron muchos problemas en hacerlo, al menos en su mayoría (a modo de intercambio, en mayo de 1939 las autoridades franquistas liberaron a unos 95 tripulantes procedentes de buques soviéticos apresados durante la guerra), pero hubo un grupo que eligió marcharse a otros países, básicamente de América. El grupo, integrado sobre todo por tripulantes del Cabo San Agustín (32 de un total de 66 personas), permaneció en Odessa. Los soviéticos negociaron la salida de estas personas con diplomáticos estadounidenses y mexicanos, los cuales se negaron a recibirlas en sus países, en vista de lo cual las autoridades soviéticas les ofrecieron quedarse en la URSS y trabajar en fábricas. Como los españoles insistieron en querer marcharse, seis de ellos fueron detenidos a finales de abril de 1940 como medida de presión. El resto del grupo continuó en Odessa manteniendo la misma actitud, hasta que el 22 de junio de 1941 comenzó la invasión alemana. Los marinos se ofrecieron para combatir contra los nazis, pero fueron todos detenidos el 27 de junio, casi a la vez que los aviadores y el doctor Bote. Esta oleada de detenciones de españoles republicanos en la Unión Soviética justo tras el ataque alemán se debió a una orden de Lavrenti Beria, jefe de la NKVD. La razón de la orden fue que, en los meses anteriores (entre febrero de 1940 y junio de 1941), los españoles habían estado buscando su salida de la Unión Soviética a través de la Embajada alemana en Moscú. La diplomacia alemana se ofreció a mediar entre la España de Franco y la URSS para lograr la repatriación de los españoles dado que el III Reich mantenía buenas relaciones con ambos países, es decir, dado que los nazis eran aliados tanto de los franquistas como de los soviéticos. A partir del 22 de junio de 1941, a ojos de los soviéticos, los republicanos españoles que habían buscado salir de su país de esa forma pasaron automáticamente a ser colaboradores de los fascistas, a pesar de que dicha situación se había producido debido a la propia colaboración de la URSS con el III Reich.
Igual que los aviadores, los marinos fueron enviados a Krasnoiarsk, pero tuvieron peor suerte que aquéllos y terminaron en Norilsk, donde tuvieron que pasar el invierno. Dadas las condiciones de vida allí, ocho murieron en pocos meses; uno de ellos, José Azcueta, se suicidó. Otro más, Juan Zarragotia, moriría en septiembre de 1942, en Krasnoiarsk.
Luis Serrano Organero, fogonero del buque Inocencio Figaredo, fue enviado con su mujer, Petra Díaz Alonso, y su hija de dos años de edad al campo de Oranki, cerca de Gorki, en agosto de 1941. Petra Díaz fue una de las educadoras que acompañó a los niños de la guerra enviados a la URSS. Otros educadores españoles fueron también enviados al campo de Oranki, donde murieron tres de ellos, de edad avanzada.
En 1942 todos los marinos españoles supervivientes fueron trasladados a Krasnoiarsk y luego a Karagandá. Los de Norilsk fueron a parar al campo de Spassk, donde se encontraron con los aviadores. Luis Serrano y su familia fueron a parar al de Kok-Uzek, cerca del otro. Al poco tiempo murió allí Petra Díaz.
A finales de 1942 había 67 republicanos españoles presos en Kazajstán. Permanecieron en los campos de la estepa más de cinco años y medio (desde septiembre de 1942 hasta mayo de 1948), soportando el tórrido calor del verano, el frío invernal, la pésima higiene, la inanición, las enfermedades, los piojos y la explotación de su trabajo. Rodeados de koljoses, la mayoría se ganaba la comida trabajando en la agricultura. A lo largo de ese tiempo murieron allí diez de ellos, de los cuales ocho eran marinos.
El último de ellos, Secundino Rodríguez de la Fuente (muerto el 7 de marzo de 1947) fue secretario de la agrupación de Izquierda Republicana en su ciudad natal, Sestao (Vizcaya), alcalde constitucional de Castro-Urdiales, fundador y accionista de la Casa de la Democracia y director del semanario de izquierda La Voz de Castro. En la Guerra Civil fue comisario político a bordo de la motonave Cabo San Agustín. Había enviado una carta al Comisario del Pueblo para Asuntos Exteriores, Molotov, solicitando su liberación, pero éste no le hizo ni caso.

En 1948, Antonio Mije, miembro del Buró Político del PCE y representante de dicho partido en la Diputación Permanente de las Corte españolas en París, afirmaría que todos los republicanos españoles encerrados en campos de concentración soviéticos eran en realidad espías falangistas y que, si él hubiera estado en el lugar de las autoridades soviéticas, no habría sido tan benévolo, insinuando que los habría mandado fusilar.

El interrogatorio, la confesión y la condena

Cuando por entonces en la Unión Soviética alguien ingresaba en prisión, pasaba por una revisión médica, era fichado, fotografiado y se le tomaban las huellas dactilares. Luego llegaba el registro. Vicente Monclús, uno de los aviadores detenidos en 1940, lo explica así: “Me desnudaron completamente, arrancando botones y rasgando la ropa. Registro minucioso, pieza por pieza y costura por costura. Arrancaron las suelas de los zapatos. Luego miraron mis cabellos, mis oídos e incluso el orificio anal. Después en el interior de la boca y las uñas de los pies y de las manos. En la observación de las uñas pasaron mucho rato. Acaso creían que allí llevábamos anotados quién sabe qué secretos”.
Los interrogatorios a los prisioneros se hacían de noche, pero por el día se les prohibía dormir. Durante los primeros días, nadie les explicaba el motivo de la detención, lo que aumentaba su desesperación. Toda esta situación conseguía extenuarlos física y mentalmente. En realidad, como apuntó la poetisa Anna Ajmatova y recuerda Luiza Iordache, en la Unión Soviética se detenía a la gente sin motivo.
Quizá los ciudadanos soviéticos estuviesen acostumbrados ya a ese estado de cosas. Ellos, muchos de los cuales habían visto cómo detenían a algún familiar o amigo que, aparentemente, no había hecho nada, dormían con el miedo en el cuerpo previendo que en cualquier momento podía llegar la NKVD para llevárselos. Pero ese sistema resultaba ajeno a los españoles.
No obstante, desde el punto de vista del sistema imperante en aquel país, todo era legal. En la Unión Soviética prevalecía el concepto de “justicia socialista”. Como rezaba el dicho, la justicia socialista tenía tanto que ver con la justicia como una silla con la silla eléctrica. La justicia estaba completamente politizada al servicio de un régimen totalitario.
La NKVD se preocupaba mucho por actuar de acuerdo al procedimiento legal en lugar de llevada por caprichos arbitrarios. Claro que sabía que la ley podía manipularse para obtener los efectos deseados. No se encerraba a nadie en un campo de concentración o se le ejecutaba sin una confesión firmada. Y como se había demostrado en los juicios espectáculo de los años treinta, se podía lograr que los acusados confesaran prácticamente cualquier cosa.
Precisamente, la etapa más dura para la mayoría de los presos era la “extracción de la confesión” por medio de sucesivos interrogatorios. Se pretendía averiguar y desenmascarar la red de espionaje en la que supuestamente estaba implicado el detenido, a través de las pruebas aportadas por su confesión. Cuando el acusado no confesaba nada alegando que era inocente, era golpeado o torturado hasta que conseguía “recordar” todos sus “crímenes” y nombrar a sus “cómplices” en la “conspiración contrarrevolucionaria”. Entonces el círculo se ensanchaba porque cada confesión implicaba a un nuevo inculpado, y así sucesivamente hasta que la “organización de espías” llegaba a grandes proporciones o hasta que alcanzaba las dimensiones deseadas por los instructores del sumario.
A Vicente Monclús le ataron las manos y fue amenazado y golpeado una y otra vez. Rafael Pelayo de Hungría, cuyo verdadero nombre era Rafael Pelayo Aunión, miembro de las Juventudes Socialistas Unificadas, se había exiliado en la URSS tras acabar la guerra en España. Durante la Segunda Guerra Mundial fue comandante del Ejército Rojo, condecorado en octubre de 1941 con la Orden de la Estrella Roja y la Medalla al Valor. En 1944 fue objeto de severas críticas por parte de Dolores Ibárruri y expulsado del PCE, hecho por el que decidió enviar una carta a Stalin devolviéndole las condecoraciones, y otra al Politburó. Cuando se dirigía la Embajada de los EEUU a pedir asilo político, fue interceptado por dos agentes de la policía secreta, que le solicitaron la documentación y le pidieron que les acompañara a la prisión de Lubianka para llevar a cabo una comprobación, por motivos de “seguridad”, que sería “cosa de cinco minutos”.
Obviamente, Pelayo de Hungría quedó detenido. Como no confesaba sus “crímenes” contra el Estado soviético, lo metieron en un cubículo de castigo al que llamaban “cajón iluminado”, una especie de “ataúd vertical con la anchura justa para que un hombre estuviera de pie, sin poderse mover, lo que producía un cansancio general y un entumecimiento de los miembros con agudos dolores”.
Otra forma de tortura era dejar a los detenidos sin comer. La imposibilidad de dormir producía en los prisioneros un estado de confusión absoluto. Vicente Monclús estuvo nueve días sin dormir, y después de un periodo de descanso de cinco días se reanudaron los interrogatorios combinados con el encierro en un calabozo húmedo de un metro cuadrado.
En la prisión de Lefortova, utilizada como lugar complementario de tortura para los “resistentes”, el aviador Juan Blasco Cobo probó el calabozo húmedo en una variante más “refinada” que en Butirka. Según cuenta, se trataba de un calabozo frio y lleno de barro donde, para maximizar la desesperación del preso, se empleaba el método de “gota de agua” que caía del techo.
Si a pesar de todos estos métodos el detenido seguía sin confesar, según cuenta Pelayo de Hungría, se le obligaba “a doblar la rodilla dos o tres minutos, manteniendo en la corva, debajo de la rótula, un triángulo de madrea. El dolor era tan intenso que acaba con la pérdida de conocimiento, mientras que la rótula se inflamaba extraordinariamente”. Como Pelayo de Hungría se obstinaba en no confesar, le colocaron una camisa de fuerza “que tenía unas correas dorsales que unían brazos y piernas, curvando el cuerpo hacia atrás. Cada pregunta sin contestar era un tensamiento más de las correas hasta que la espina dorsal parecía quebrantarse”. Si un preso tenía familia, mujer o hijos, eran utilizados durante los interrogatorios para hundir psicológicamente al detenido, como le ocurrió a Valentín González, El Campesino.
Una medida complementaria adoptada por la policía secreta soviética para evidenciar la culpabilidad, o añadir un nuevo cargo a la acusación, era la colocación dentro de la celda de un preso o un policía disfrazado de preso para provocar al inculpado una confesión o entablar conversaciones antisoviéticas,
Habitualmente, las torturas para lograr las “confesiones” se prolongaban durante meses.
El Campesino, por haber abandonado ilegalmente el territorio de la Unión Soviética (trató de escaparse en 1944), fue condenado, según sus palabras, a “tres años de trabajos forzados en Vorkutá –en el desierto polar-, cinco años más bajo rigurosa vigilancia y otros cinco con pérdida de todo derecho. Total, trece años”. Se escaparía a Irán en 1949.

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Valentín González, El Campesino

Pelayo de Hungría fue acusado de agitación antisoviética y antirrevolucionaria, traición a la patria y espionaje. Se le condenó a diez años de trabajos forzados en los campos del Volgolag.
Juan Blasco Cobo fue detenido en noviembre de 1948 por haber visitado embajadas intentando salir de la Unión Soviética. Se le acusó de haber proporcionado a dichas embajadas secretos militares y políticos del Estado soviético. En su confesión, dijo: “Es que como yo soy español querría vivir en España, pero mis compatriotas comunistas y ustedes consideran que irse a España es hacer un pacto con el fascismo y eso implica, como usted sabe, la detención. Por eso yo había pensado irme a Méjico, como muchos otros españoles”.
Antes de ser detenido, Blasco le había escrito una carta a Stalin quejándose del acoso a que era sometido por parte de la policía y la situación de marginación en la que se encontraba. En la URSS, era una costumbre bastante extendida que la gente escribiera cartas a Stalin para solicitarle ayuda, exponerle injusticias o incluso para transmitirle sus sospechas sobre algún familiar, o amigo, o vecino. El propio Stalin había hecho instalar un buzón destinado a este fin en la muralla del Kremlin. Aunque nadie tenía la certidumbre de que la carta llegara a su destinatario, la misiva de Blasco pareció ser contraproducente, ya que fue detenido y condenado a diez años de trabajos forzados.
Como ya dijimos, en 1948 también fueron detenidos el doctor Julián Fuster, el aviador José Tuñón Albertos, el niño de la guerra Pedro Cepeda Sánchez y los ingenieros Francisco Ramos Molins y Francisco Fernández de la Vega. La causa de las detenciones fue el intento infructuoso de Tuñón y Cepeda de huir de la Unión Soviética escondidos en unos baúles pertenecientes a unos diplomáticos de la Embajada argentina en Moscú.

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Pedro Cepeda Sánchez

A Tuñón se le acusó de espionaje al servicio de Argentina. Aunque rechazó la acusación de espionaje, Tuñón reconoció que recogía información “estratégicamente peligrosa” como las malas condiciones de vida en la Unión Soviética, el descontento de los obreros, etc.
Pedro Cepeda fue acusado de actividad antisoviética, y en concreto de recopilar datos para los argentinos sobre las tiendas y los comedores de Moscú, “tratando de mostrar sólo la parte negativa de nuestra vida”, fotografiando las colas, los patios llenos de basura y a los mendigos.
Las confesiones de Tuñón y Cepeda condujeron a la detención de Fuster, que por entonces trabajaba en la Embajada argentina. Para su desgracia, la policía secreta se hizo con unos escritos en los que Fuster criticaba a la URSS, al PCE y a Dolores Ibárruri.
El testimonio de Fuster llevó a las otras dos detenciones.
Todos ellos fueron condenados al Gulag, con penas comprendidas entre los 10 y los 25 años.
Publicado por hugo fernández en 3:00
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FUENTE:
http://elcomentamierda.blogspot.com.es/2012/02/espanoles-en-el-gulag.html

Los perseguidos…

10 mayo, 2015

Haviv Schieber..Inducido a un intento de suicidio.

Judío polaco y ex-alcalde de Ber Sheeba en Israel, Schieber enseñó a Ernst Zündel mucho acerca de la realidad israelí. Fue un revisionista israelí que pretendió investigar las actitudes de Israel, sus instituciones y fronteras. Escapó de Israel para encontrar seguridad en los Estados Unidos, donde le fue negado asilo político en un comienzo y luego intentó suicidarse, cortando sus venas en el aeropuerto de Washington D.C. el día de su deportación. Finalmente se le concedió refugio en ese país contra la persecución israelí a principios de los años 70 del siglo pasado.Joseph Burg.
Perseguido y golpeado por los Implementadores del Holocausto, al estilo de los pendencieros de la Liga para la Defensa Judía. Se le negó el funeral en el Cementerio Judío de Munich. Ernst Zündel y Otto Ernst Remer despidieron los restos de este revisionista judío.

Autor de muchos libros “Schuld und Schicksal” (Culpa y Destino), “Zionazi”, “Das Tagebuch der Anne Frank” (El Diario de Ana Frank), “Auschwitz in alle Ewigkeit” (Auschwitz Por la Eternidad), etc. Así como muchos folletos y dos entrevistas documentales con Ernst Zündel. Principal asesor judío, mentor y testigo de Zündel en el Gran Juicio del Holocausto en 1988.

Thies Christophersen

Forzado a huir de país en país. Perseguido a muerte después de numerosos ataques con ácido, incendios y atentados contra su vida y su propiedad.

Como experto agrícola alemán, Christophersen fue destinado a Auschwitz en el período crítico de 1943 y 1944. En su condición de experto, tenía acceso a todo el campo. Tomó valiosas fotografías de aquella época. Fue el primer revisionista y testigo ocular que se atrevió a declarar categóricamente que no hubo cámaras de gas para eliminar personas en Auschwitz. gente que “estuvo allí” ha tenido miedo a manifestarlo y contar qué es lo que según ellos realmente pasó, y prefieren no llamar la atención sobre el hecho de que “estuvieron allí”. Sin embargo era inevitable el que unos pocos individuos valientes lo hicieran a pesar de todo. El más importante de éstos ha sido, hasta la fecha, Thies Christophersen, autor de “Die Auschwitz Luegue”, La mentira de Auschwitz, traducido a muchos idiomas. Testigo de Zündel en los grandes juicios de 1985 y 1988.

Christophersen estuvo en Auschwitz hasta diciembre de 1944 y en 1973 publicó sus memorias y su firme convicción de que los exterminios jamás tuvieron lugar allí.

Ditlieb Felderer


Acusado, juzgado, condenado y encarcelado en Suecia. Desprestigiado por la prensa. Forzado a vivir en el exilio.

Felderer, quien en una época fue un prominente Testigo de Jehová, es conocido como un antiguo investigador de la evidencia física en todos los principales campos de concentración, ubicados en la antigua Europa Comunista Oriental. Felderer tomó más de 30.000 fotografías de cada detalle imaginable en aquellos campos; descubrió que había una piscina de natación para los internos de Auschwitz, y las instalaciones incluían un moderno hospital con una sección ginecológica, así como una orquesta, un teatro para presentaciones en vivo, una biblioteca bien surtida y clases de escultura. Descubrió las partituras del “Vals de Auschwitz” en los archivos secretos, accesibles sólo con un permiso especial. Descubrió que los Testigos de Jehová habían tenido una función fraternal dentro de los campos, ya que cooperaron con la administración de las SS, expuso la mentira de que 60.000 Testigos de Jehová habían sido asesinados ahí. Por iniciativa e insistencia suya, este número inflado ha sido reducido a sólo 203. Por su trabajo revisionista Felderer fue excomulgado, es decir, fue expulsado ignominiosamente de la secta Testigos de Jehová. Ha sido perseguido por los Implementadores del Holocausto desde entonces. Felderer es conocido por su curioso sentido del humor y sus ácidas historietas humorísticas. Él cree que el herir la “sensibilidad” de los mentirosos deliberados del Holocausto y los falsificadores de la historia no debería ser un obstáculo en la búsqueda de la verdad. Esta especial idiosincrasia de Felderer, ha sido explotada por los propagandistas del Holocausto al contraatacar su trabajo. Asesor de Zündel en el Gran Juicio del Holocausto en 1985 y 1988.

Abogado Kirk Lyons

Su imagen ha sido asesinada con saña por los medios de comunicación y por las Organizaciones de Defensa Judía, después de defender los derechos de patriotas estadounidenses.

Destacado abogado estadounidense de los derechos civiles, de gran habilidad y valentía, defensor de muchos patriotas especialmente de los muertos en Waco. Lyons ha representado a personas como Fred Leuchter en casos controversiales y últimamente ha sido blanco del periódico conservador “Spotlight” mediante la figura de trato especial en los medios, debido a que ganó una larga querella contra una firma legal que había manejado de mala manera un caso que concernía a uno de sus clientes, Don Wassal, del antiguo Partido Popular de Estados Unidos. Sus asesinos de imagen aún tratan de vincularlo falsamente con el bombardeo en la ciudad de Oklahoma a través de uno de sus clientes, Andy Strasmier, hijo de un famoso activista político alemán y asesor de Helmut Kohl. Lyons también ha defendido a patriotas en el famoso juicio por sedición del Fuerte Smith y desde entonces ha sido desprestigiado por la Liga de Antidifamación sionista.

Otto Ernst Remer

Juzgado y condenado a más de un año de prisión, a pesar de que tenía más de ochenta años y tenía muy mala salud.

Un héroe de guerra alemán que frustró el golpe de estado militar llevado a cabo por los traidores alemanes contra Hitler en Berlín, el 20 de julio de 1944, Remer aprovechó la oportunidad política que concedieron las revelaciones del Informe Leuchter. Dio a conocer sus descubrimientos a millones de personas mediante su publicación privada “Die Remer Depesche” (El Telegrama Remer), un tabloide de circulación masiva, tipo periódico. El régimen servil alemán se dejó caer con fuerza sobre el viejo soldado. Fue juzgado y condenado a prisión. Se fue exiliado a España atado a una silla de ruedas donde murió. Su viuda ahora tiene que luchar para seguir recibiendo su mísera pensión. Ella se rehusa a llevar sus cenizas a Alemania hasta que llegue el momento en que los restos de su esposo puedan regresar bajo circunstancias honorables a lo que alguna vez fue su patria.

Frank Walus

Atacado siete veces por asaltantes sionistas, casi asesinado mediante un atentado, se le despojó de su ciudadanía estadounidense y perdió su hogar para financiar su defensa.

Un mecánico de autos estadounidense de origen germano-estadounidense. Walus fue elegido para ser acusado falsamente por Simón Wiesenthal, etiquetándolo como “criminal de guerra nazi”. Desprestigiado por los medios estadounidenses como el “Carnicero de Kielce” en una salvaje campaña. Walus combatió valientemente contra los torturadores de la oficina de investigaciones especiales, también conocida como los “cazadores de nazis” yanquis. Últimamente ganó el caso contra ellos en un costosísimo proceso de apelación, pero murió después de varios y severos ataques cardiacos como un hombre amargado y financieramente arruinado. Rechazó ser enterrado en tierra yanqui porque sentía que ese país lo había traicionado y le había fallado vergonzosamente. Testigo de Zundel en el Gran Proceso del Holocausto de 1985.

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6 junio, 2014

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Una gesta que España y Europa deberían conmemorar

11 julio, 2012

16 JULIO 1212 – 16 JULIO 2012 : BATALLA DE  LAS NAVAS DE TOLOSA

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El Ayuntamiento de La Carolina (Jaén) se queda casi solo en la celebración de la victoria militar de las tropas cristianas sobre las musulmanas en la batalla de las Navas de Tolosa en 1212.

…en las Navas de Tolosa, cuatro reyes (Alfonso VIII de Castilla, Sancho VII de Navarra, Pedro II de Aragón y Alfonso II de Portugal) se jugaron la vida en la lucha contra el invasor islámico.

Solamente la Comunidad Foral de Navarra colabora en la celebración de los actos programados para conmemorar la victoria que supuso el principio del fin de la Reconquista. Y es que ni la Junta de Andalucía, ni la Diputación Provincial de Jaén, ni el Gobierno central se han preocupado de la celebración sobre el terreno de la trascendental batalla.

(LA GACETA)

A diferencia de muchos  políticos de hoy que se dicen progresistas, Claudio Sánchez  Albornoz, Presidente del Consejo de Ministros de la República en el  exilio durante el franquismo, definía nuestra reconquista tal y como la  entienden de manera natural las gentes y alcaldes de nuestras comarcas manchegas  y jienenses.
Les dejo con las palabras  escritas por el viejo historiador por si algunos aprendan un poco más de la  realidad histórica de España y se dejan de fomentar chorradas varias:
“Aquellos ocho siglos  España luchó, en el nombre de Dios, para recuperarse a sí misma, es decir, para  reafirmar su propia identidad cristiana. La causa de Cristo y la de España,  empujando hacia el sur espada en mano, con la cruz alzada, se habían hecho una  sola.
Y «siempre en  permanente actividad colonizadora, siempre llevando hacia el Sur el romance  nacido en los valles septentrionales de Castilla, siempre propagando las  doctrinas de Cristo en las tierras ganadas con la espada, siempre empujando  hacia el Sur la civilización que alboreaba en los claustros románicos y góticos  de catedrales y cenobios, siempre extendiendo hacia el mediodía las libertades  municipales, surgidas en el valle del Duero, y siempre incorporando nuevos  reinos al Estado europeo, heredero de la antigüedad clásica y de los pueblos  bárbaros, pero tallado poco a poco, por obra de las peculiaridades de nuestra  vida medieval, en pugna secular con el Islam» .
La divisa hispana en  estos siglos fue lógicamente Plus ultra, más allá, más allá siempre…  “
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Nota de Hurania:  Es muy archisabida la idea de que las naciones o pueblos que olvidan su historia pierden su razón de ser , su identidad y su destino.
El sagaz George Orwell escribió acertadamente en su obra “1984” que el gobierno del “Big Brother” sistemáticamente reescribia cada dia la historia y borraba el recuerdo de efemérides históricas según las conveniencias políticas de cada momento.  Así, hoy en Europa, mientras cada dia la propaganda recuerda hechos a veces falsos o exagerados, oculta otros acontecimientos de importancia y de relevancia manifiestas.  Así por ejemplo, se minimizan los crímenes cometidos durante la Revolución francesa, como las 50.000  personas guillotinadas por el Terror, o los hechos sangrientos llevados a cabo por las fuerzas llamadas “aliadas” en las dos guerras mundiales del siglo XX, mientras por otra parte se oculta a la opinión pública el hecho evidente de que, como acaba de señalar el excanciller alemán Helmut Schmitt, Europa en demografia ha pasado de representar el 30% de la población mundial en 1950 al 10% en la actualidad. Y ese hecho se silencia para facilitar la política genocida de promoción del aborto y de las políticas antifamiliares y antinatalistas. 
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La Batalla de las TERMÓPILAS

12 mayo, 2012

DEVENIR EUROPEO CASTILLA

 

Le invita a la conferencia “La Batalla de las Termópilas y el êthos espartano”

-Sábado, 12 de mayo de 2012, a las 18:00 horas-

Mañana, cuando la noche caiga, de la guardia del rey Leónidas sólo quedará un grupo de cuerpos sin vida, y después un puñado de huesos, y después un puñado de polvo, y después nada. Quizás entonces, cuando se haya olvidado el nombre de Esparta, e incluso el vasto imperio del Rey de Reyes haya sucumbido al olvido, alguien recordará nuestro sacrificio y verá que por nuestra muerte fuimos justos, valientes y leales, y todo lo que no llegamos a ser en vida, y entonces dirá: “los espartanos de la guardia del rey Leónidas murieron hace mucho, pero su recuerdo permanece inmortal”. Así será, y quien diga lo contrario merecerá la muerte.

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8 torres indestructibles

24 mayo, 2011

Las 8 Torres evocan las 2 Torres que relata Tolkien en su grandiosa obra “El Señor de los Anillos”. Estas construcciones ciclópeas nos hablan de una civilización destruida por el fuego infernal del fósforo y del azúfre, tragedia que ocurrió hace miles de años… aunque los documentos recojan una datación correspondiente al período comprendido entre los años 1940 y 1944…

¡ el padre de la MENTIRA!!!

22 abril, 2011

Si Jesucristo llamó a Satanás el “Padre de la Mentira”, también otras  doctrinas tradicionales condenan la mentira como uno de los peores crímenes pues dañan y mátan a las almas…  El hinduísmo comprendió muy bien que con la difusión de ideas se puede hacer muchísimo bien y también muchísimo mal…  De aquí la enorme fuerza y poder de la propaganda… En la historia de los hombres no sólo son hechos los acontecimientos reales que ocurren… también son hechos que pesan en el acontecer diario los relatos de esos hechos tanto si son fieles a la verdad como si son mentiras absolutas…  En este sentido tenía razón Goebbels cuando acusaba a los bolcheviques de mentir y repetir miles de veces una mentira…pues consideraba que esa mentira actuaba como si fuera verdad sobre los hombres que creían en ella…

Desde las dos últimas guerras mundiales, la propaganda de las fuerzas llamadas “aliadas” ó de las “Naciones Unidas” se ha impuesto de tal manera que las mayores falsificaciones históricas se admiten como verdad indiscutible…

Uno de los pocos pensadores que se atreve a cuestionar las mentiras oficiales es Jaume Farrerons. De su interesantísimo blog reproduzco el siguiente post, titulado:

¡Rechacemos la Mentira!

Se acostumbra a minimizar que el Premio Nobel de la Paz Alexandr Solzhenitsyn, brutalmente ignorado por la intelectualidad occidental cuando, después de poner en evidencia la realidad del sistema soviético, dejó muy claro que no iba a dedicarse a adular las sociedades de consumo occidentales, propuso a todos los ciudadanos decentes del mundo un código de conducta muy simple: rechazar la mentira. Conviene aclarar que existe una diferencia de matiz relevante entre “decir la verdad”, ética racional universal, sencilla e irrefutable que vengo proponiendo en este blog desde hace cuatro años, y negarse a acoger la mentira dentro de uno en términos de “resistencia pasiva”. Solzhenitsyn mismo lo aclara:

No es una llamada a filas. No hemos madurado para salir a la plaza y proclamar la verdad públicamente, y expresar en voz alta lo que pensamos. No es necesario; aunque es terrible que no podamos hacerlo. Pero, al menos, !neguémonos a decir lo que no pensamos!

(Solzhenitsyn, A., Alerta a occidente, Barcelona, Acervo, 1978, p. 45).

El rechazo de la mentira es algo así como una resistencia pasiva que no obliga más que a no convertirse en una caja de resonancia del discurso oficial, algo que está en nuestro poder y que, sin embargo, las más de las veces despreciamos como un detalle insignificante, cuando podría tener consecuencias decisivas en la lucha contra la opresión antifascista:

Aquí yace la clave que despreciamos. La más sencilla, la más asequible para alcanzar la liberación: !LA NO PARTICIPACIÓN PERSONAL EN LA MENTIRA! Que la mentira lo cubra todo; pero obstinémonos en lo más pequeño: que domine pero !NO A TRAVÉS DE MÍ!

(op. cit., íbidem).

Y añade: “este es nuestro camino”. Se trata de la clave de una ética cívica individual que pondría en riesgo, de manera inmediata y sin sangre, el entero entramado del poder oligárquico mundial. Aplicada no sólo al ámbito político, sino a todo lo que tenga que ver con nuestra actividad como ciudadanos, de manera ejemplar para los demás, supone el primer paso hacia la verdad y, por ende, hacia una regeneración integral de las instituciones democráticas. Solzhenitsyn, quien arriesgó su vida luchando pacíficamente contra la dictadura totalitaria soviética, desarrolla con tremenda autoridad moral una suerte de decálogo del coraje cívico:

No escribirá, no firmará, no publicará de modo alguno una sola frase que, en su opinión, tuerza la verdad.

Ni en conversación privada, ni públicamente, ni mediante declaración escrita, ni como propagandista, maestro o educador; ni desempeñando un papel en el teatro; ni artísticamente, esculturalmente, fotográficamente, técnicamente, musicalmente, no representará, no acompañará, no transmitirá un solo pensamiento falso, una sola verdad tergiversada, que pueda discernir.

Ni oralmente, ni por escrito traerá a colación una sola cita “directiva”, para complacer, para asegurarse, para ascender en su trabajo, si no comparte la totalidad de la idea citada o no tiene relación directa con lo que se trata.

No permitirá que contra sus deseos y voluntad se le haga asistir a una manifestación o mitin. No tomará en las manos, no elevará una pancarta o una consigna que no comparta en su totalidad.

No alzará la mano electora de una propuesta que no comparta con sinceridad; no votará ni abierta ni secretamente en favor de un individuo que estima indigno o dudoso.

No permitirá que se le acose en una reunión en la que se espera un debate forzoso y tergiversado del asunto.

Dejará inmediatamente la reunión, la sesión, la conferencia, el espectáculo, el cine en cuanto escuche del orador la mentira, la sandez ideológica o la propaganda desvergonzada.

No se suscribirá y no adquirirá en números sueltos el diario o la revista donde la información es tergiversada y son ocultados hechos de primera importancia.

No he enumerado, naturalmente, todas las abstenciones posibles y necesarias. Mas quien comience a purificarse, con su mirada ya limpia fácilmente discernirá en otros casos.

Sí, en los primeros tiempos será difícil. Habrá quien pierda su trabajo temporalmente. A los jóvenes que quieran vivir en la verdad, al principio se les complicará mucho la vida: las lecciones que reciben están repletas de mentira, y hay que elegir. Quien desea ser honrado tiene que elegir: todos los días, todos nosotros, incluso ante las ciencias técnicas más seguras, hemos de andar o en dirección a la verdad o en el sentido de la mentira; hacia la independencia espiritual o el servilismo del alma. Y quien no tenga valor para defender su alma, que no se enorgullezca de sus convicciones vanguardistas, que no se ufane de ser académico o artista del pueblo, personalidad emérita o general; que se diga a sí mismo: soy un animal y un cobarde y sólo necesito suculencia y calor (op. cit., pp. 46-47).

Entre quienes se niegan a ser vehículos de la mentira y quienes proclamen abiertamente la verdad -que primero habrá que fundamentar con los métodos rigurosos y univerales de las ciencias-, deberán existir hilos más o menos sutiles. La afirmación de la verdad exige tales sacrificios, que serán pocos quienes puedan comprometerse tan a fondo en la lucha contra el poder filosionista. Pero si están rodeados de personas que, pese a no dar ese paso al frente, al menos arropan a los valientes alzados en su negativa a colaborar con la mendacidad institucionalizada, la tarea de aquéllos resultará humanamente más asumible y efectiva.

La doctrina oficial del sistema oligárquico mundial es el antifascismo. La oligarquía transnacional vigente representa el dispositivo de poder más criminal que conoce la historia de la humanidad, pero también aquél que con más medios técnicos cuenta para sacar rendimiento a su arma principal, a saber, la mentira, precisamente, pero también, en última instancia, cualquier tipo de artilugio terrorífico que ni siquiera la fuerza de las masas podría actualmente derrotar. Ahora bien, lejos de arriesgarse a caer en esa sangrienta confesión de su carácter antidemocrático (que vale sólo para el Tercer Mundo, donde los asesinos se quitan la máscara sin empacho), en los países centrales del sistema no se nos oprime con fusiles, sino con un asfixiante lavado de cerebro filosionista y con la amenaza implícita de la denominada “muerte civil”. Ésta supone en muchos casos la renuncia a una carrera profesional en el ámbito que fuere, pero singularmente en aquéllos relacionados con la cultura, la docencia y la administración pública. “Fracaso” económico y de estatus personal que, en las sociedades de consumo actuales, afecta al corazón mismo de la existencia del disidente, pues destruye su vida familiar, su equilibrio psicológico, su salud, etcétera. La “muerte civil” equivale así a un veneno lento que asesina sin dejar huellas. Para romper el bloqueo, se puede recurrir a la política, por ese motivo hemos fundado una organización que aspira, entre otras cosas, a dirigirse a la mayor parte de la población de la nación, los trabajadores, a fin de que despierten de la narcosis propagandística en que el discurso oligárquico los ha sumido desde hace décadas.

Ahora bien, en la actualidad, políticamente ya no se trata sólo de denunciar el gulag, sino de analizar aquéllo que ha hecho posible la impunidad de la mayor atrocidad de la historia, perpetrada por una organización, el partido bolchevique y sus derivaciones, en la que, como se ha demostrado ya sin contestación, en sus orígenes la mayoría de sus dirigentes y perpetradores eran judíos. Dicha impunidad trasciende el régimen comunista y compromete a occidente en su conjunto. Representa el hilo conductor para comprender nuestra realidad social cotidiana actual. Es necesario preguntarse cómo está constituida la estructura del poder político en el mundo occidental para que hayan podido suceder ciertos espantosos acontecimientos, de enorme magnitud -de tamaño cósmico, por decirlo así-, que interesan al núcleo mismo del discurso legitimador de nuestras sociedades (los derechos humanos) y, sin embargo, se viva como si aquéllos carecieran de importancia o nunca hubiesen ocurrido, mientras se machaca sin parar la mente de los ciudadanos con la propaganda relativa a uno solo de los genocidios habidos en el siglo XX. Sin contar con que dicho genocidio “privilegiado” ha sido tremendamente exagerado y tergiversado y que, quizá también por pura casualidad, la narración del mismo tiene por objeto central la persecución de los judíos y sólo de los judíos (gitanos, rusos y otras víctimas del nazismo son olvidadas también). ¿Existe una relación entre la minimización del gulag y la inflación de la Shoah? Sólo un ciego o una persona muy deshonesta se negaría a aceptar la luminosa (y monstruosa) evidencia intelectual del escándalo. Esta situación puede parecer normal a algunos, porque a fin de cuentas la simple repetición de las imágenes y conceptos guía de la ideología antifascista nos ha habituado a la imagen del judío-víctima; ciertamente, nos habituaría a cualquier cosa que hubiésemos experimentado con tal regularidad y que formara parte de la cotidianeidad más profunda vivida desde la infancia, como lo demuestra la naturalidad con que se aceptan los dogmas religiosos más absurdos siempre que se imbuyan tempranamente en la psique del niño.

Casi todas las personas que en la actualidad se alimentan de la cultura y de los medios de comunicación del “antifascismo socioliberal filosionista” han nacido en una época en que la oligarquia había ya empezado a reescribir la historia o justamente en la fase de transición (los años 60) hacia una sociedad en que Auschwitz monopolizaría el centro del espacio público. Nos hemos acostumbrado a la impostura, la cual, por otro lado, sigue una curva ascendente en su peso mediático, educativo y cultural a medida que nos alejamos del hecho histórico a la que originariamente remite en teoría (unos edificios reconstruidos, supuestas cámaras de gas, en el campo de concentración de Auschwitz, Polonia). Pero la lógica, la objetividad, el acceso, todavía posible, a la literatura y el pensamiento anteriores al triunfo de la oligarquía, nos permiten cotejar datos y entender que “lo cotidiano” en el occidente contemporáneo no es “lo normal” desde ningún punto de vista racional, sino un estado de excepción moral y político que atenta contra el espíritu. Vivimos en un mundo orwelliano donde la mente del ciudadano ha sido colonizada por una serie de imágenes falaces imbuidas propagandísticamente e impuestas a los desafectos mediante la presión a la conformidad social y, en los casos de rebeldía extrema, mediante la amenaza penal -y la cárcel- o incluso la muerte. La característica central del sistema totalitario vigente es que, al poder controlar el alma de las gentes gracias sobre todo a los medios de comunicación, destruye en la mayoría precisamente la conciencia de vivir inmersos en el totalitarismo. De manera que la liberación no será política si no es primero espiritual, bien entendido que tampoco puede generar una incidencia histórica significativa mientras, en una suerte de espiral entre lo filosófico y lo político, no se consiga que el espíritu empape a las masas de alguna manera, provocando la única reacción eficaz digna de consideración a los efectos de una auténtica democracia, a saber, la revolución pacífica de la verdad y el derrocamiento de la tiranía oligárquica. En definitiva, sólo seremos libres el día en que podamos decir: “Auschwitz fue una mentira”, sin que ello nos convierta en fascistas; pues, de hecho, no otra es la única superación posible del propio fascismo.

Jaume Farrerons

28 de febrero de 2011

Publicado por Jaume Farrerons

Un legislador de Noruega se atreve a negar….

5 abril, 2011

Siendo aparentemente cierto que la gente está dispuesta a creer una mentira cuanto mayor es, incluso cuando esa mentira lesiona gravemente el honor y el prestigio de la propia nación, e incluso es un insulto a la inteligencia… debido a la enorme presión de esa propaganda y a las leyes penales… pocos son los historiadores ó investigadores que han osado cuestionar la teoría  de que en la II Guerra Mundial hubo un genocidio deliberado de seis millones de judíos. Por otra parte casi nadie debate o comenta un hecho histórico del cual no se hace propaganda: hubo más de 50 millones de muertes, de los cuales muchos millones fueron de rusos, ukranianos, alemanes, etc. ¿Por qué tanto interés en hablar de muertes de judíos y casi ningún interés, por ejemplo, en hablar de las decenas de millones de muertes provocadas por los regímenes llamados “comunistas”? ¿Quizás porque unos muertos pertenecían al bando vencedor y los otros al de los vencidos?

Sin embargo, aparte de una serie de historiadores casi desconocidos del “gran público”, los llamados historiadores revisionistas, como David Irving y otros,  recientemente se ha sabido que un autor italiano, Antonio Tonetto, y un legislador de Noruega, han aportado nuevas pruebas y datos que hacen pensar que realmente, si bien nadie niega que muchos judiós sufrieron persecució y muerte, no existió un plan de exterminio y desde luego no existieron cámaras de gas para matar personas. Por otra parte, persecución y muerte sufrieron también millones de alemanes y otros europeos, durante y después de la guerra: Hasta hoy sigue vigente en el mundo la llamada “caza de nazis” y en casi todo el mundo sigue siendo muy dificil ó imposible la exposición de ideas que tengan alguna relación con las ideas que fueron derrotadas en la II G.M. , por ejemplo, la eugenesia, la defensa de las políticas natalistas en naciones de raza blanca, etc.

Dicho todo esto, es interesante conocer lo que, en lengua inglesa, se publica aquí:

Members of a Norwegian lawmaker’s own party have called for his resignation after he publicly denied the Holocaust.

Labor Party lawmaker Anders Mathisen reportedly told the Finnmarken newspaper that the Holocaust never happened and challenged readers to prove him wrong.

“There is no evidence the gas chambers or mass graves existed,” he told the newspaper, according to reports. “Even reputable Holocaust historians have admitted it cannot be established.”

Mathisen reportedly has spent months researching World War II concentration camps and is advocating changing history books, according to the Coordination Forum for Countering Anti-Semitism. He also published his reported his “findings” on his Facebook page.

Mathisen reportedly has accused Holocaust survivors of exaggerating their stories. He also said that the public has been brainwashed into believing in the Holocaust by films such as “Schindler’s List,” according to the forum.

The lawmaker has refused to resign from the party.

“Holocaust survivors are aghast at the morally repugnant comments of a Norwegian member of Parliament,” Elan Steinberg, vice president of the American Gathering of Holocaust Survivors and their Descendants, said in a statement. “They are an insult to the memory of all victims of Nazi brutality, Jew and non-Jew.”

Steinberg called for Mathisen’s expulsion from political office and removal from the Labor Party.

“It was not until the 1990s that Norway began to confront its collaboration with the deportation of Jews and the plunder of their property during the Nazi occupation,” the statement concluded. “The manner in which they deal with MP Mathisen is a test of whether those historical lessons were learned.”

Related:
The heretics dilemma: Attack or not attack the Zionist Achilles heel
Holocaust, Hate Speech & Were the Germans so Stupid?

Source: Jewish Telegraphic Agency

Nota de HURANIA: La fuente es:

http://www.rebelnews.org/politics/europe/727734-norwegian-lawmaker-denies-holocaust

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Por otra parte, en lengua española, leemos en el blog Te Maldigo!  lo siguiente:

El legislador noruego Anders Mathisen arriesgando su carrera y de modo valiente como pocos ha hecho declaraciones en el sentido que tras meses de investigación no es posible encontrar evidencias concretas que el hecho haya sucedido, Holocausto es elimminación sistemática, la crueladad y persecución es otro tema; este legislador noruego incluso reta a que le demuestren con evidencias materiales que tal evento sucedió.

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