Posts Tagged ‘Historia’

Origen de algunas frases de saludo

7 julio, 2017

En su “Historia de las creencias….”, Fernando Nicolay (1848-1922) señala el origen y explicación de las diversas formas  de salutación entre las gentes de naciones cristianas y europeas:

Así por ejemplo, en Suecia el saludo de acogida es  “Gad sei lav!” (¡Alabado sea Dios!), el cual puede relacionarse con la tradicional fórmula de separación o despedida “¡Adiós!”, expresión que equivale a decir “¡Dios te acompañe!”, ¡”Dios te guarde!” o “¡Vaya usted con Dios!”. Los eslavos decian “Bogo toboi!” (¡Dios sea contigo!”.

Por otra parte, la costumbre de exclamar “¡Jesús!” ó “¡Dios te bendiga!”, cuando alguien estornuda obedece a un sentimiento semejante.

La expresión habitual de gratitud “¡Gracias!” es el resumen de decir “¡Dios te conceda gracias!. En Francia “Dios te conceda una recompensa (“mercedem”) . De aquí “Mercí!”. Lo cual significa: “¡Dios se lo pague!”.

===

 

NOTA DE HURANIA:

Análogamente, el habitual saludo “¡Buenos dias!” se refiere a la frase “Buenos dias nos dé el Señor!”, por ejemplo; o

“¡Tenga usted buen día!”, etc. Este saludo nada tiene que ver con el clima… en el sentido de “buen” o “mal”  tiempo…

 

Dresden 2017

17 febrero, 2017

dresde-1

(Aspecto de Dresde, tras el bombardeo aliado)

Dresden 2017

EDUARDO ARROYO

 Han pasado apenas un par de días del 72 aniversario de la destrucción de Dresden por la aviación anglo-americana. No es la primera vez que escribo sobre esto y tampoco será la última. Al menos hasta que se normalice hablar de toda esa sangre inocente vertida por los “buenos” oficiales de la historia del pasado siglo. Escuché en 1982, en directo, al entonces Juan Pablo II que nunca se podía legitimar la muerte de un inocente y hoy pienso que, si no se puede legitimar, tampoco se puede enterrar en el olvido. Esta cuestión es especialmente irritante cuando la denominada “memoria” es solo una herramienta con la que se airean unos crímenes para ocultar las propias verguenzas. Este es el caso exacto de la ciudad de Dresden, pero también el de ColoniaHamburgo o Tokio, todas ellas ciudades martirizadas con el objetivo único de doblegar al enemigo a base de aterrorizar a los más indefensos. Sirva pues este artículo para recordar el crímen y a los verdugos: la aviación norteamericana y británica y, en especial, uno de los políticos más incompetentes y sobrevalorados del último siglo, el premier Winston Churchill, enterrador del imperio birtánico.

Vaya también para servir a la denuncia de todos aquellos que han contribuído al olvido y a la justificación -el corrompido y servil Estado alemán- y todo el detritus humano que, bajo el paraguas del “antifascismo”, ha aplaudido o comprendido una acción autenticamente asesina.

Pero no todo es denuncia. Hay algunos honestos recuerdos sobre Dresden que han florecido en el mismísimo templo del Arte. Sirva de ejemplo el monumental cuadro del pintor catalán Martí Teixidor,“Dresden”, expuesto hoy en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona y verdadero contrapunto a la fealdad y al afán propagandístico, alentados por la inteligencia soviética y sus lacayos, en el “Guernica” picassiano. Sirva así mismo como ejemplo, el excepcional dramatismo y honradez del escritor norteamericano Kurt Vonnegut y su “Slaughterhouse-Five”. Vonnegut fue soldado estadounidense hecho prisionero en Dresden a raíz de la batalla del Bulge y, por tanto, auténtico superviviente de su propio ejército y de una de las principales corruptelas de la época: la que justifica lo peor de lo que somos capaces en nombre de los principios.

Son personas como Teixidor y Vonnegut las que simbolizan la esperanza de la especie humana y las que alientan el anhelo de todos los que buscan llamar a las cosas por su nombre. Son, en definitiva, los que en un tiempo nuevo conseguirán que el mundo vuelva a sonreir. De momento, vaya este recuerdo por los muertos de Dresden. Ellos no claman ni venganza ni castigo. Solo esperan a poder dormir en paz por toda la Eternidad. Dios les tenga en su seno.

===

fuente:

http://gaceta.es/eduardo-arroyo/dresden-2017-17022017-1101

 

 

 

 

Gandalf está vivo y lucha con nosotros

3 enero, 2017
 tolkien

Tolkien no concibe la fantasía como una simple evasión. Para él, el mito es una vía de descubrimiento siempre en relación con la verdad, que es insoslayable, y la fantasía literaria no es una ficción, sino una “segunda creación”.

Tolkien es uno de los autores más sugestivos del siglo XX. Hoy, gracias al cine, se ha convertido en uno de los más influyentes del siglo XXI. Su trilogía El Señor de los Anillos ha entrado en la cultura popular. Con ella, el mundo ha encontrado una voz que nos recuerda el valor del sacrificio y del heroísmo, y la importancia de salvar las cosas que dan un sentido profundo a la vida.

John Ronald Reuel Tolkien tuvo una infancia difícil. Vale la pena contarla, porque en ella aparecen muchos rasgos que después serán determinantes en su obra. Había nacido en Bloemfontein, Sudáfrica, en 1892, en una familia inglesa. Su padre se dedicaba a vender diamantes para el Banco de Inglaterra. En aquel país desgajado entre bóers y británicos creció Tolkien hasta que una serpiente le mordió; los sucesivos problemas de salud del pequeño Ronald (así le llamaban) llevaron a la familia a volver a Inglaterra. Su padre permaneció en Sudáfrica con la idea de reunirse después con ellos, pero murió al año siguiente. Y así la familia Tolkien, madre y dos hijos, se encontró en el más absoluto desamparo.

Un maravilloso mundo interior

Este niño Tolkien descubre dos cosas muy importantes. Una: la fe católica de su madre, Mabel, una auténtica heroína que se mata a trabajar para sacar a sus hijos adelante. Dos: los idiomas, que el pequeño Ronald estudia con pasión de coleccionista. Ronald es un buen estudiante. Su madre le ha enseñado el valor del esfuerzo. También le ha enseñado latín. Con cinco años lee y escribe fluidamente. El sacrificio de su madre y la aplicación del propio Ronald le permiten estudiar en buenos colegios. Pero Mabel muere a su vez en 1904, víctima de una diabetes. Los dos niños, Ronald y Hillary, quedan al cuidado de un sacerdote católico amigo de la familia, Francis Xavier Morgan. El padre Morgan, que era jerezano, enseñó a Tolkien unas nociones de español. Gracias a este cura encuentran los dos huérfanos un lugar donde vivir y un colegio donde estudiar. Ronald escoge la carrera de Filología Inglesa en Oxford.

¿Cuándo empieza Tolkien a concebir su obra? Desde muy pronto. Quizá porque no la concibe como una obra propiamente dicha, sino cómo un auténtico mundo interior. Tolkien está fascinado por lo medieval: lee las sagas escandinavas y el Kalevala finés, estudia las lenguas nórdicas y célticas, la filología griega y el anglosajón, frecuenta la compañía de hadas y caballeros. Con sus compañeros de Oxford crea un club (el “Tea Club of the Barrovian Society”) que reivindica la belleza medieval frente a la fealdad moderna.

Todas esas referencias eruditas, de tipo histórico y literario, se mezclan en el interior de Tolkien, como en un proceso alquímico, con los materiales de su vida cotidiana. Paisajes, edificios y personas adquieren un valor legendario. La granja de su tía es Bag End, Bolsón Cerrado. Las torres del orfanato de su infancia serán las torres oscuras de sus relatos. Viaja a Suiza en 1911 y descubre las montañas nevadas por donde viajará Bilbo Bolsón. Pasea por Cornualles y adivina acantilados poblados por elfos. Cuando su novia baile para él, surgirá la escena de amor entre Beren y Luthien. Todas y cada una de sus experiencias vitales se transforman en elementos de un relato que aún no tiene forma, pero que pronto la encontrará; Tolkien lo llamaba su “legendarium”. De momento, ese mundo imaginario de Tolkien está naciendo. Años más tarde, el propio Tolkien describirá así ese comienzo del mundo, entre la música aérea de los Ainur:

“Entonces les dijo Ilúvatar:
-Del tema que os he comunicado, quiero ahora que hagáis, juntos y en armonía, una Gran Música. Y como os he inflamado con la Llama Imperecedera, mostraréis vuestros poderes en el adorno de este tema mismo, cada cual con sus propios pensamientos y recursos, si así le place. Pero yo me sentaré y escucharé, y será de mi agrado que por medio de vosotros una gran belleza despierte en canción.
Entonces las voces de los Ainur, como de arpas y laúdes, pífanos y trompetas, violas y órganos, y como de coros incontables que cantan con palabras, empezaron a convertir el tema de Ilúvatar en una gran música; y un sonido se elevó de innumerables melodías alternadas, entretejidas en una armonía que iba más allá del oído hasta las profundidades y las alturas, rebosando los espacios de la morada de Ilúvatar; y al fin la música y el eco de la música desbordaron volcándose en el Vacío, y ya no hubo vacío.
Nunca desde entonces hicieron los Ainur una música como ésta, aunque se ha dicho que los coros de los Ainur y los Hijos de Ilúvatar harán ante él una música todavía más grande, después del fin de los días. Entonces los temas de Ilúvatar se tocarán correctamente y tendrán Ser en el momento en que aparezcan, pues todos entenderán entonces plenamente la intención del Único para cada una de las partes, y conocerán la comprensión de los demás, e Ilúvatar pondrá en los pensamientos de ellos el fuego secreto”.

Mencionábamos antes a la novia de Tolkien. Hay que contar la historia, porque es muy reveladora sobre el carácter de nuestro autor. Era 1908 cuando Tolkien, dieciséis años, pupilo del orfanato, se enamoró de Edith Mari Bratt, tres años mayor que ella. ¡Y ella le correspondía! Pero el padre Morgan, el cura jerezano, temiendo que Ronald abandonara sus estudios, le prohibió tener ningún tipo de relación con ella, ni siquiera epistolar, hasta que cumpliera la mayoría de edad. Tolkien obedeció al pie de la letra: el mismo día que cumplió 21 años, escribió a Edith declarándole su amor y proponiéndole matrimonio. Ella ya estaba comprometida –creía que Tolkien la había olvidado-, pero devolvió su anillo. Se casarán tres años más tarde, en 1916, en plena guerra mundial, después de que Edith, por insistencia de Tolkien, se convirtiera al catolicismo. Tendrán cuatro hijos; el mayor se ordenará sacerdote.

Tolkien era un hombre leal, tanto a Edith como al padre Morgan… y a Inglaterra. Se graduó, en efecto, en Filología Inglesa, y con honores, tal y como el buen cura pretendía. Era 1915. Acto seguido, Ronald ha de atender sus deberes militares: Europa está en guerra y él se enrola como alférez en los fusileros de Lancashire. Antes de partir para Francia, al frente, se casa con Edith. Estará en la batalla del Somme, donde contrae la fiebre de las trincheras. Durante su convalecencia, de nuevo en Inglaterra, comienza a trabajar en El libro de los cuentos perdidos, la base de El Silmarillion, que es la guía, el plano general del “legendarium” de Tolkien. También termina de elaborar los alfabetos imaginarios de los elfos y los gnomos. El mundo de Tolkien empieza a tomar forma.

El valor eterno del mito

Con la guerra concluida, la vida de nuestro autor pasa a ser la de un típico profesor universitario: trabaja en Oxford, enseña en Leeds, vuelve a Oxford… Aquí constituye otro grupo de aficionados a la literatura, los Inklings, en el que traba amistad con C.S. Lewis, el autor de Crónicas de Narnia. Tolkien comienza a escribir El hobbit: es sólo un libro para sus hijos, pero empieza a circular entre sus alumnos, de mano en mano. Lewis le insiste en que debe publicarlo. El hobbit aparece en 1937; será un best-seller inmediato. La editorial, Allen & Unwin, quiere más. Tolkien envía El Silmarillion, pero los editores lo consideran demasiado complicado. Comienza entonces a escribir la fantasía épica El Señor de los Anillos, a partir del mismo mundo retratado en El Hobbit. Le llevará diez años.

Tolkien no concibe la fantasía como una simple evasión. Para él, el mito es una vía de descubrimiento siempre en relación con la verdad, que es insoslayable, y la fantasía literaria no es una ficción, sino una “segunda creación”. Tampoco se trata de una alegoría, sino que hay que verla como un camino para encontrar los arquetipos de la existencia, también y sobre todo en lo moral. Eso es lo que Tolkien llama mythopoeia.

Mientras tanto, el tiempo pasa y la guerra vuelve. Las ideas políticas de Tolkien son claras: católico, conservador, anticomunista. Ama la tradición, la tierra, la naturaleza. Como muchos ingleses de su tiempo, temía más a Stalin que a Hitler. Los acontecimientos, sin embargo, se desatarán por sí solos. Estalla la segunda guerra mundial y uno de los hijos de Tolkien, Christopher, parte como piloto al frente de batalla. A la mente de Tolkien vuelven los años de la Gran Guerra, los compañeros muertos. Así escribía el padre al hijo:

“A veces me siento aterrado al pensar en la suma total de miseria humana que hay en este momento en el mundo entero: los millones separados los unos de los otros, estremecidos, prodigándose en días sin provecho… aparte de la tortura, el dolor, la muerte, la desgracia, la injusticia. Si la angustia fuera visible, casi la totalidad de este planeta anochecido estaría envuelto en una oscura nube de vapor, oculto de la mirada asombrada de los cielos. (…) Todo lo que sabemos, y en gran medida por experiencia directa, es que el mal se afana con amplio poder y perpetuo éxito… en vano: siempre preparando tan sólo el terreno para que el bien brote de él. Así es en general, y así es también en nuestras propias vidas. Pero aún hay alguna esperanza de que las cosas mejoren para nosotros, incluso en el plano temporal, por la clemencia de Dios. Y aunque necesitamos todo nuestro coraje y nuestras agallas (la vastedad del coraje y la resistencia humanos es estupenda, ¿no te parece?) y toda nuestra fe religiosa para enfrentar el mal que pueda acontecernos (como les acaece a otros si Dios lo quiere), aún podemos rezar y tener esperanzas. Yo lo hago.”

Tolkien escribe constantemente a su hijo y, en la distancia, le implica en la creación de El Señor de los Anillos. Es impresionante leer esta correspondencia porque, una vez más, el mundo interior de Tolkien y el mundo exterior se anudan y entrelazan hasta constituir una sola realidad. ¿Cuál es esa realidad? La del triunfo del mal y el ocultamiento del bien. En el bien entendido de que, aquí, bien y mal no son conceptos políticos, que uno pueda atribuir a ninguno de los bandos en liza, sino que se trata de conceptos interiores, de carácter espiritual. En plata: los aliados no serán mejores que Alemania. Esto escribe Tolkien a su hijo:

“Estamos intentando conquistar a Sauron con el Anillo. Y (según parece) lo lograremos. Pero el precio es criar nuevos Sauron y lentamente ir convirtiendo a Hombres y Elfos en Orcos. Esto no quiere decir que en la vida real las cosas resulten tan claras como en una historia, y empezamos con un vasto número de Orcos de nuestro lado (…) No se puede luchar con el Enemigo con su propio Anillo, sin convertirse uno a su vez en Enemigo; pero desdichadamente la sabiduría de Gandalf parece haber desaparecido con él hace mucho en el Verdadero Oeste”.

El Señor de los Anillos apareció en tres volúmenes entre 1954 y 1955. Fue un éxito mundial inmediato. El tranquilo profesor de Oxford se vio convertido en una celebridad. Era demasiado oropel para un hobbit de gustos sencillos, como Tolkien: nuestro autor se mudó a una casa de campo, dejó su trabajo como profesor y se dedicó a cuidar de su mujer, Edith, aquejada de una parálisis progresiva. Mientras tanto, los personajes del mundo tolkieniano pasaban aceleradamente a la cultura popular, también al activismo político. Una célebre pintada en una calle italiana, en los años setenta, proclamaba: “Gandalf está vivo y lucha con nosotros”.

A Tolkien siguieron lloviéndole los reconocimientos: fue nombrado doctor honoris causa en Cambridge y Edimburgo, la reina le hizo comandante del imperio británico… Pero nada de esto tenía ya demasiada importancia para el hobbit, entregado a su mujer hasta el último suspiro. Edith Mary murió en 1971, con 82 años. Tolkien sólo le sobrevivió dos años: murió en 1973. Sus hijos escribieron en sus tumbas los nombres de Luthien y Beren, los dos amantes del “legendarium” tolkieniano.

El anciano profesor de Oxford, el niño huérfano acogido a la caridad de un cura jerezano, legaba al mundo otro mundo: la Tierra Media. El Silmarillion es la guía que permite entrar en ella. Mil avatares, desgracias y venturas se suceden en la Tierra Media, hoy destruida, mañana reconstruida. En esa historia de destrucción y resurrección se insertan las dos obras mayores de Tolkien: El Hobbit y El Señor de los Anillos. Y en esa fantasía épica que es toda la obra de Tolkien, el lector encuentra una clara imagen de la vida: sacrificio frente a hedonismo, familia y comunidad frente a individualismo, fidelidad e integridad frente al vértigo moderno, tradición y respeto frente a maquinismo, ecología y ley natural frente a la explotación de la Tierra… todo un programa.

¿Por qué, hoy, Tolkien? Porque nos ha devuelto la fe en nosotros mismos. Porque nos ha enseñado que podemos volver a ser héroes. Porque nos ha enseñado de nuevo el camino del bien, la verdad y la belleza, en un mundo que quería reducir todo eso a la nada. Lo que Tolkien viene a decirnos específicamente a nosotros, europeos y cristianos –queramos o no-, atribulados por el peso desconcertante de la Historia, es que el heroísmo siempre es posible, porque siempre será necesario conquistar anillos para ponerlos a buen recaudo. Por eso hay que leer a Tolkien.

 

JOSE JAVIER ESPARZA,  3 enero 2017

===

FUENTE:

http://gaceta.es/noticias/gandalf-vivo-lucha-03012017-2025

 

“Origen del Islam”, por Richard Williamson

12 septiembre, 2016

Orígenes del Islam

¿Quién se beneficia promoviendo a los adversarios de Nuestro Señor?
Aquellos que sirven a Dios azotándonos con aflicciones.

Al recomendar a los lectores “Complot Contra la Iglesia” por Maurice Pinay, un libro que prueba con abundancia de documentos que el principal enemigo externo de la Iglesia Católica por 2000 años han sido los judíos, estos “Comentarios” declararon que los judíos estaban detrás del Islam, la Masonería y el Comunismo.

Ningún lector impugnó que ellos estaban detrás de la Masonería y del Comunismo, pero unos pocos preguntaron qué es lo que demuestra que también estaban detrás del Islam. En realidad, ya que el Islam surgió en el siglo séptimo después de Cristo, no existe para éste nada como la documentación que existe para las raíces modernas de la Masonería y del Comunismo. Además, expertos en Islam dirán que incluso muchos documentos originales sobre el comienzo del Islam habrían sido destruidos, precisamente para ocultar sus verdaderos orígenes. Lo que nos queda aquí son el texto del Corán mismo y argumentos históricos que apuntan a los judíos como los que originaron el Islam.

En cuanto al texto del Corán, uno que lo estudió de cerca antes del Concilio, Hanna Zakarías, llegó a la conclusión en su libro “Verdadero Mahoma, Falso Corán” que éste fue totalmente trabajo de un Rabino judío. Para apoyar su tesis de que el Islam es simplemente el judaismo explicado a los Árabes por un Rabino para convertirlos al único Dios verdadero del Antiguo Testamento, Zakarías sostiene que no hay historia ni detalle en el Corán que no sean específicamente judíos, en referencia al Antiguo Testamento, al Talmud o a otra literatura judía. Solamente un judío, argumenta él, pudo haber glorificado tanto a Israel como lo hace el Corán, a la cabeza de las naciones, único receptor de la única Revelación del único Dios verdadero. Así, pasajes en el Corán honrando, por ejemplo, a Juan el Bautista y a la Santísima Virgen, los honran puramente como judíos, cortando toda conexión con la Cristiandad (Sura XIX, 1–21). En cuanto a Jesús, Él pudo haber sido el hijo de María pero ciertamente Él no fue el Hijo de Dios.

Por el contrario, un estudioso post-conciliar del Islam, Laurent Lagartempe, afirma en su libro “Orígenes del Islam” que hay muchas preguntas acerca de la persona histórica de Mahoma y él argumenta que el Corán es una mezcolanza de textos dispares, más o menos estabilizados apenas dos siglos después del comienzo del Islam, para justificar la nueva religión y para actuar como su texto sagrado para rivalizar con el Antiguo y Nuevo Testamentos de Moisés y Jesucristo, respectivamente. Pero Lagartempe no refuta una presencia significativa del judaísmo en el Corán ni su influencia.

En cuanto a los argumentos históricos sobre los judíos detrás del Islam, el libro de Pinay documenta el bien conocido papel jugado por los judíos en ayudar a los Árabes a conquistar la España católica entre 711 y 788, reconquistada por los Católicos solamente en 1492. Lagartempe supone razonablemente que la precedente conquista Árabe del Norte de África desde 647 hasta 710 fue también ayudada por los judíos, porque aquellos países al sur del Mediterráneo, alguna vez una floreciente parte del Cristianismo, han desde entonces permanecido mayormente bajo control árabe.

Sin embargo, tal vez el argumento principal sobre los judíos detrás del Islam es de un orden más general, y difícilmente discutible, apoyado en el papel muy especial jugado en la historia por el pueblo del Mesías, Nuestro Señor Jesucristo. Para empezar, el entrenamiento dado por Dios a los israelitas para ese papel, se extendió a lo largo de 2,000 años desde Abraham hasta Cristo. Vean en el Antiguo Testamento cuán especialmente Dios los recompensaba tanto como los castigaba, para formarlos como la cuna del Mesías por venir. Eso les dio a los judíos una familiaridad muy especial con el único Dios verdadero y ellos nunca la perdieron totalmente desde entonces. Y esa familiaridad les da una habilidad especial para fabricar religiones sustitutas que parecen satisfacer las reales necesidades religiosas de los hombres.

Desgraciadamente, ellos rechazaron a su Mesías cuando Él vino, y ese rechazo les da una motivación especial para fabricar falsas religiones con el fin de arrastrar a los seres humanos lejos de Cristo y lejos de la salvación eterna. Aquí está el por qué Maurice Pinay puede mostrar cómo ellos han luchado a través de todos los siglos contra la Iglesia Católica. Hoy ellos están indiscutiblemente detrás de la invasión Musulmana de las que alguna vez fueron naciones católicas de Europa para disolver los últimos remanentes de la Fe y así lograr que esas naciones dejen de oponerse a su Nuevo Orden Mundial.

Kyrie eleison.

===
FUENTE:
http://nonpossumus-vcr.blogspot.com.es/2016/09/comentario-eleison-numero-cdlxxviii-478.html

1 septiembre, 2016

fundacion-bueno

Gustavo Bueno Sánchez, en la Fundación Bueno, en Oviedo.

oviedo-cunagaleria-3col-1

Don Gustavo Bueno Martinez (1924-2016)

Gustavo Bueno, el último ciclo de conferencias organizado por su Fundación. IRMA COLLÍN

 Tal día como hoy habría completado 92 vueltas alrededor del sol el filósofo asturiano Gustavo Bueno.

(Javier NEIRA)…

La Fundación Bueno va a dar un salto cualitativo gracias a la su expansión en Méjico

“No nos vamos a convertir ni en una Iglesia ni en guardianes de la ortodoxia del materialismo filosófico”

 

Oviedo, E. LAGAR Gustavo Bueno Sánchez (Salamanca, 1955) concede su primera entrevista tras la muerte, el pasado día 7, de su padre el filósofo Gustavo Bueno Martínez, que hoy hubiera cumplido 92 años. Bueno Sánchez, director de la Fundación que lleva el nombre de su progenitor, habla del futuro que tiene ante sí el materialismo filosófico -el sistema de pensamiento desarrollado por su padre-, y el de la escuela de filosofía asentada en el edificio del antiguo Sanatorio Miñor de Oviedo. Conservarán y mantendrán el legado del fundador, pero advierte: “No queremos ni convertirnos en un grupo de consuelos mutuos ni en una iglesia, ni en una especie de órgano censor de la ortodoxia buenista”. Añade que tienen un gran horizonte por delante: sobre todo en México, gracias al apoyo de un millonario que ha creado en Guanajuato la primera facultad de filosofía sustentada en el pensamiento de Bueno.

-¿Tiene recorrido la obra filosófica de Bueno?

-Totalmente. La obra de Bueno no se muere con su autor. Un sistema filosófico que lo sea puede tener recorrido ulterior, pero si se lucha para que lo tenga. Si cuando jubilaron a Bueno de la Universidad de Oviedo no se hubiera estado constituyendo la fundación, él hubiera seguido escribiendo, pero la Universidad lo hubiera opacado del todo. Habría desaparecido a efectos académicos. Como, de hecho, está prácticamente desaparecido. Se pudo ver objetivamente este mes: la muerte de Bueno tuvo una gran repercusión en prensa pero mínima en los entornos académicos gremiales de la filosofía.

-¿Por qué?

-No se puede generalizar, pero muchos enemigos vienen de los entornos de una filosofía cristiana, otros de una filosofía que se supone heredera del marxismo. Para unos, Bueno era un comecuras comunista. Para otros era un fascista porque vende la idea de España. Y eso trasládelo al sistema de los departamentos de la Universidad, donde el sectarismo en filosofía es absoluto.

-Eso también se les echa en cara a ustedes. Dicen que son una secta filosófica.

-Nosotros somos sistemáticos pero no dogmáticos. Ese matiz es importante. Nunca hemos rehuido discutir con otros. Y siempre hemos aceptado a cualquiera en nuestras publicaciones y encuentros, cosa que no pasa al revés.

-¿Qué sintonía tienen hoy con el Ayuntamiento de Oviedo, que hace dos décadas promovió la creación de la Fundación Bueno?

-La única, desde que tomó posesión el tripartito, es que a la capilla ardiente de Niembro fue un concejal de cada grupo con una corona.

-El Ayuntamiento les ha retirado la subvención.

-Y no sólo eso. Antes del tripartito, ante una denuncia que el Tribunal de Cuentas ha demostrado ahora que era falsa el Ayuntamiento, en la época de Caunedo, no tuvo los arrestos de frenarla y la elevó al Tribunal de Cuentas. Eso provocó que nos retuvieran una subvención que se supone que nos la tienen que pagar. Pero, mientras tanto, airearon y echaron toda la mierda que quisieron en el ámbito político. La denuncia (sobre la organización de la exposición “Oviedo, doce siglos”) la movió el grupo socialista. Evidentemente, el libro “Zapatero el pensamiento Alicia” molestó en los ambientes de la socialdemocracia. Se dijeron todas las falsedades que se pueden decir, que si estaba mi hermana implicada… Alegamos y el Tribunal de Cuentas ha dicho que tenemos razón, que no hubo ninguna malversación. Eso significó un daño de imagen grande y una ruptura de relaciones con el Ayuntamiento. Y cuando llegó el tripartito hace un año, por prensa cuestionaron si nos iban a echar el edificio.

-¿Qué daño les hace la falta de apoyo institucional?

-Primero, nosotros no tenemos nada que reprochar al ayuntamiento de Oviedo. Le estamos agradecidos por los 19 años que llevamos en este edificio y, tal como está previsto, esperamos seguir otros treinta. Tenemos aquí derecho a estar 50 años. Ahora, sabemos cómo funcionan las cosas. Por poder, cualquier cosa.

-¿Le preocupa que les echen?

-En absoluto. Si dejamos de tener esta sede tendremos que desplazar parte de nuestra actividad a otros sitios. El no tener subvenciones nos da plena libertad.

-¿La supresión de las ayudas públicas en qué medida les deja sin recursos?

-Nunca habíamos hecho una red de amigos donantes, ahora la estamos haciendo. Y también algunos ingresos vía derechos de autor. Con los recursos propios de la fundación tenemos para mantener la actividad diez años.

-¿Qué va a pasar con la biblioteca de Bueno?

-Se va a mantener en Oviedo y en Niembro. No va a haber ningún cambio. Ahora, en el escenario de que perdamos aquí el edificio, nuestras actividades en Oviedo se verán disminuidas. Tenemos ofertas para hacerlas en Madrid. Tenemos muy buena relación con el centro riojano. A los efectos nos da lo mismo porque nuestro público es Internet. La novedad principal es, como ya se sabe, que el mismo día en que se entierra Bueno, se inaugura la Facultad de Filosofía de León, en Guanajuato, México.

-¿Cómo se gestó?

-No fue buscado por nosotros. Fue el Instituto Oviedo, de enseñanza secundaria, en León (Guanajuato), propiedad de un asturmexicano que no quiere que digamos su nombre, quien se acercó a nosotros. Él no quiere montar una universidad más. Quiere que sea la principal Facultad de Filosofía de lengua española. Ya es la primera licenciatura de Filosofía en México, privada y no de la Iglesia, reconocida por la secretaría de educación pública. El promotor tiene músculo suficiente para mantenerla. Eso cambia cualitativamente la perspectiva de la fundación Bueno en el futuro. Este promotor se ha dado cuenta de lo que puede aportar el materialismo filosófico a la sociedad mexicana: un dirigente tiene que tener una formación filosófica para conocer por dónde van las cosas. Ya estamos organizando masters y diplomaturas.

-La llegada del indiano les embarca en la internacionalización de la Fundación.

-No tenemos aún la figura pero seguramente haremos una Fundación Gustavo Bueno en México.

-¿Queda algún inédito por publicar de su padre?

-Dejó muchos textos que no están en forma de libro, que están en forma de apuntes. Pero obra inédita, no.

-¿Qué era lo último que le preocupaba a su padre?

-Le puedo decir que hace dos meses Bueno me dijo: ya está bien de todo el tiempo que hemos dedicado al fundamentalismo político-democrático, deberíamos apuntar los tanques al fundamentalismo científico.

-¿Por?

-Porque los políticos se apoyan firmemente en las comisiones de científicos. Pero cuando un premio Nobel de Física o Química se pone a hablar de otras cosas, no es experto.

-¿Ha sido un hijo ensombrecido por la figura de su padre?

-No. Ensombrecido, no. La identidad de la misión ha sido total. Mi padre contaba que éramos un equipo. En mi familia siempre hemos mantenido unas relaciones objetivas, digamos. Somos una familia poco cariñosa o afectiva, con vínculos muy fuertes pero no superficiales.

-No dados al besuqueo.

-Dos días antes de morir mi padre, cuando estaba ya bastante mal, nos dimos las manos. Me las apretaba y yo pensaba: ¡pero si no le he dado la mano desde que era niño!

-¿Qué diferencia había entre el Bueno privado y la figura pública?

-Todos lo tenían como una persona inasequible, difícil y era todo lo contrario. En el ámbito familiar Bueno ha sido un padrazo, siempre preocupado por sus hijos. Cuando la enfermedad de mi madre se dedicó a ella. Si mi madre no hubiera caído enferma, Bueno hubiera escrito cuatro o cinco libros más. Así de claro.

-Conmueve que ambos hayan fallecido casi al tiempo.

-Pensábamos que se iba a morir primero mi padre. Él tenía un problema cardiaco desde joven. Pero había ido trampeando, tenía arritmias muy importantes pero le permitían llevar una vida normal sin preocuparse. Hasta que se rompió el equilibrio y empezaron los desajustes. Tuvo una pequeña recaída en julio, y en éstas a mi madre, que llevaba diez años en silla de ruedas, le da una neumonía y hay que llevarla al hospital. A mi padre le afectó ver a mi madre tan mal. Quiso estar varias horas junto a ella en el hospital, pensativo. Luego mi madre fue recuperando, pero él ya tenía dificultad para levantarse. Creíamos que se moriría él antes. Pero dos días antes de fallecer mi madre, cuando estaban ya los dos con oxígeno y en silla de ruedas, ella se había recuperado lo suficiente para verlo hecho polvo. Entonces se dieron la mano y se rieron entre ellos. Fue en la casa de Niembro. Casi como una despedida.

-¿Qué aprendió de su padre?

-Su actitud ante las adversidades, que han sido muchas. Nos inculcó a todos los hijos la virtud de la firmeza. Ante las adversidades y aunque supieran que eran cuestiones de persecución política, no había que preocuparse. Mantenerse firmes y seguir.

 

 

http://www.lne.es/sociedad/2016/09/01/fundacion-bueno-dar-salto-cualitativo/1977588.html

homenaje a Ramón J. Sender

13 julio, 2016

SENDER CONTRA LA GAFANCIA DE LOS BORBONES

 

El trece mal número fatídico que cuadraba a un rey de ojos inexpresivos y mirada vacía un rey “esparrancao” aficionado al porno duro (queda por ahí alguna película años veinte cine mudo en la cual participó como protagonista) al decimotercero de los Alfonsos se deben los veinte mil muertos de Annual y los doce mil de Monte Arruit, según declara Sender en sus confesiones. Sangre española. El 13 mal número. Enfrentado al peligro, no arrostró su obligación como hizo el último de los Romanov o su tatarabuelo Luis XVI. Los borbones traen mala suerte. Error imperdonable del dictador al reinsertarlos. Es una monarquía con bicho.

 

Ramón J. Sénder culpa a Franco de haber desaprovechado la ocasión para desterrar a estos dinastas con mal fario y establecer el reino de la justicia social. El tercer tranco de su libro autobiográfico “Crónica del Alba” es un canto de amor a España al heroísmo de sus pistolos que luchan bajo el mando de una oficialidad en muchos casos corrupta. “Algunos de nuestros jefes y oficiales eran más perniciosas para la patria que el propio Abdelkrim”.

 

Marruecos siempre Marruecos. El Rif misterioso. Pelear contra el moro tuvimos por costumbre, pero el moro es hermano nuestro. Luego serían los soldaditos de la Yehala los que sacarían a Franco las castañas del fuego ayudándole a vencer en la guerra del 36. Una larga historia de amor y desamor, de encuentros y desencuentros. Salam malikum. Y malikum salam.

 

Cuando aparece en escena el “djin” (Satanás), que malmete, estas relaciones se alborotan. Sender fue como Pedro Antonio de Alarcón como Arturo Barea o Ernesto Gimenez Caballero, Mola, Sanjurjo y tantos otros tantos escritores soldado en la guerra de Melilla. Sus páginas están impregnadas de ese sol místico de la Elvira desierta y es lo que significa la palabra elvira en árabe: desierto; su pluma tallada en las arenas del Sahara.

 

Sopla sobre ellas el “levante” que es un aire que enloquece. Estuvo Ramon J. Sender -cuatro años de mili- destacado en un regimiento de infantería de línea el Ceriñola 42 y, enamorado de una hispano-marroquí, la bella Antonia, vendería panes de munición y cartuchos a los de Abdelkrim. Libró de ser fusilado y condenado a trabajos forzados en el penal del Hacho, salió libre tras la amnistía decretada por el general Berenguer.

 

Una vez excarcelado se dedica a buscar a su bella jarifa por todo el Rif. Vestido de moro con babuchas y chilaba encuentra a su ex en un aduar de la frontera con Argelia. Es una historia apasionante en la cual el escritor aragonés revela sus facultades narrativas y la capacidad para la intriga y el suspense. Vierte el relato en una prosa nada alcorzada ni melindrosa. Es escritura verdad sin impostar la voz ni hacer gorgoritos efectistas al estilo de Baroja,  Azorin o de Unamuno, del que dice que era un pobre hombre con muy mal oído para el párrafo musical (sus páginas carecen del concento o esa disposición armónica, ese atisbo, que tanto abunda en la obra de Cela o de Valle Inclán. Por cierto, Unamuno no tenía ideas originales, toda su obra la copia de filósosfos extranjeros: Hobbes, Nietzsche, Holderling. Perez de Ayala le parece al autor aragonés un asturiano insoportable que trufa sus obras de vocablos culteranos para demostrar su ascendiente jesuita curtido en lecturas clásicas.

 

Sólo se libran de sus varapalos Cansinos Assens que era un sefardita gordo y procesional que hablaba todos los idiomas del mundo y traducía a los maestros rusos. Gómez de La Serna le parece un madrileño simpático y castizo pero algo afrancesado.

 

Ramón J. Sender se expresa de una forma llana y libre a la manera de como hablaban las gentes de su Calamera natal. Pero también incorpora a sus libros el lenguaje del cuartel y la trinchera. La guerra huele a mierda y a listerina, y a desinfectante hieden los cuartos de banderas.

 

El Bajo Aragón es tierra fronteriza de romis, muladíes y aljamiados que revelan una larga convivencia y entendimiento con el Islam. Tierra de hombres cabales con nervios de acero y sangre en las venas. Pero las cosas son como son hasta que dejan de serlo. Y el español ha incorporado a la masa de su sangre virtudes y defectos de su herencia morisca. Por ejemplo, la arrogancia, el valor, la insolaridad peninsular que nos viene de los benimerines.

 

España sigue siendo un reino de taifas con mucho orgullo local con el riesgo de perder el sentido nacional.

 

Crónica del Alba es un tour de force narrativo que, en ocasiones, recuerda escenas increíbles de aduares y vuelos en alcatifa como en las Mil y una Noches; otras, plantea escena las princesas jarifas del Romancero que regresan a la grupa del caballero don Bueso de tierra de moros y que son en realidad cristianas cautivas. Buen pueblo pero mala gente. Regido por políticos indotados y monarcas cenizos. ¡Dios, qué buen vasallo si hubiese buen señor!

 

Los siete trancos de esta extensa novela autobiográfica son siete arracadas o perlas colgantes que se exhiben como el Tesoro visigótico de la cruz de Guarrazar, muestran a un escritor-verdad, que trata de interpretar la vida española en el tiempo de la república y los años previos a la guerra civil.

 

Sopló un levante de locura cainita y vinieron las gumias. El gemido de las parcas llenó el país de cantos lúgubres. La catástrofe se pudo evitar si no hubieran tenido tanta fuerza los masones y los poderes en la sombra no le hubieran apretado las clavijas a los militares sublevados y el Faenas viscoso y verrugo (así llama a don Manuel Azaña) no hubiera sido tan malvado, o se hubiera dado a la fuga el monarca.

 

El conde Romanónes bajó a despedirle a la estación de Torrelodones. Alfonso XIII abdicó. España, ahí te quedas. No se fue el caimán por Barranquilla, que se fue por Cartagena.

 

El pueblo asistió ignorante a aquella hecatombe y tomó las armas del bando en que se encontraba cuando estalló el Movimiento. Algunos como el propio autor se pasaron del bando nacional al republicano porque sus ideas se inclinaban hacia el progreso, la democracia y la libertad. El régimen del 14 de abril del 31, lo dice con todo su dolor Sender, fue un sistema político que malparió. Pronto vinieron los desengaños. Esto no furrula.

 

La republica a juicio del ex soldado aragonés que al llegar a Madrid se hizo periodista, cometió el error de trocar la enseña roja y gualda [cierto que una bandera no es más que un trapo pero por defenderla y honrarla habían muerto tantos] por el carmesí. El color morado es el de los borbones y da mala suerte. El error lo han vuelto a cometer los de Podemos. Impolítica medida del Faenas Verrugado fue también la orden de quemar conventos.

 

El moradillo es tintura del hematoma y de la sangre coagulada. Anticipaba la degollina. El Viscoso era un “bassani” (hijo de mala madre) para los moros que cruzaron el Estrecho. Además era un cobarde, aunque buen orador.

 

El amarillo sin embargo es color limpio de los campos de España donde el trigo de los espacios de la tierra de pan llevar contrae matrimonio con el rojo de la amapola. Se fundían así la pasión y la contemplación. Dos cromatismos fervientes que no había por qué cambiarles por el cárdeno de Villalar, que es color de la derrota.

 

Luego, aquello sería un desbarajuste. España abrió la puerta a todo el lumpen de Europa y de Estados Unidos. Los de las Brigadas Internacionales tenían la idea de que se alistaban con el bando de la República en favor de unas vacaciones pagadas. Cuando se dieron cuenta de qué iba la cosa y que se derramaba mucha sangre en el campo de batalla pues aquella guerra nunca fue un paseo militar, que iba en serio, regresaron a sus casas. Españoles ahí os quedáis.

 

Todas estas ideas anarquistas del escritor nacido en las riberas del Cinca y para libre Aragón ya lo dijo Baltasar Gracián volvieron a Sender sospechoso tanto a ojos de los azules como de los rojos. Barruntaban que fuera un doble agente. En Burgos y en Calamera estuvo a punto de ir al paredón. Salvaría la piel mediante ardides y subterfugios, sin que ello le librase más tarde de las penalidades del campo de concentración francés y de la hégira primero a México y después a USA.

 

Su obra está plagada de aforismos y de reflexiones filosóficas fruto de su conocimiento de las lenguas clásicas y de la mitología indoeuropea. Así escribe, verbigracia, que el Nuevo Testamento se encuentra trufado de contradicciones. Sin embargo, en abono de su divinidad declara que la narración de la Pasión del Señor, según los Evangelios Sinópticos, es el texto más maravilloso que haya podido salir de  la pluma de un hombre a lo largo de todos los tiempos. Con toda seguridad fue inspirado por Dios.

 

Le gusta san Agustín porque le parece el autor más humano de toda la patrística y admira a Teresa de Jesús en su casticismo del espíritu castellano más realista, cuando conversando en tiempos de soledad y de sequedad, con Jesus se queja al Amado de sus dolencias espirituales y carnales:

 

– “No me extraña, Señor, que tengas tan pocos amigos, a juzgar por lo mal que los tratas”,

 

Sostiene que el cristianismo y el budismo con sus postulados de dulzura quietud y amor para con los enemigos son dos formularios de carácter femenino: (el yin de los chinos). Sin embargo, el Islam – el yen- es una religión viril al igual que la Ley Mosaica.

 

Ambas religiones presentan a un dios tronitonante que no se humana, oculto en la montaña del Sinai o la piedra de La Caba. Stalin y Hitler, por ese mismo renglón, son deidades másculas que pertenecen al linaje de Maquiavelo. Nietzsche y Siva. Así habló Zaratrusta.

 

Platón y Sócrates honran como principio religioso a la filosofía de la razón. Espinoza aquel converso al que expulsaron de la sinagoga de  Amsterdam pulía el diamante mientras presenta para la historia un sistema envenenado de divinidad. Es el panteísmo como venero del que todas las fuentes del pensamiento brotan. Fe es creer lo que no vimos dice el P. Astete. Ahí me las den todas.

 

A Dios nunca lo vimos pero ejerce el oficio de guardabarreras del mundo. Un oficio en el cual en verano te escaldas en invierno te arrices y siempre te jodes. Hay que seguir buscando.

 

Los libros de este autor aragonés es un monumento a la hispanidad desde el espíritu libertario y anarquista total. Deberían ser preceptivos en los escuelas de la nación para que lo jóvenes supieran verdaderamente qué es lo que pasó, por qué pasó y cómo pasó.

 

La historia de España no es un cursi serial de “Cuéntame” ni de “Aguila Roja“. Es mucho más. Mientras no salgamos de ese círculo vicioso y expurguemos nuestras conciencias, España, acervo de las tres religiones, seguirá siendo un país maldito malmetido por políticos trincones y periodistas buscones siempre de tertulia en alarde del pose y nadando estilo mariposa.

 

FUENTE:

http://www.antonioparragalindo.blogspot.com

 

 

The Brussels Attacks: What is True, What is Fake? Three Daesh Suspects at Brussels Airport

27 marzo, 2016

Two Fake CC surveillance Videos of the bomb attacks,  Ibrahim’s  Laptop Computer discovered in a Rubbish bin; 

The  alleged Will (Testament) of one of the Daesh suspects; 

Foreknowledge of the Attacks by the Belgian police and security authorities; 

An EU terror emergency drill simulating a Metro attack held three weeks earlier, …  

Mystery, “Evidence” concerning the deceased suicide bombers?

The role and death of suicide bombers Khalif and Ibrahim el-Bakraoui respectively at the Maelbeek metro station and Brussels airport? 

Where are the official surveillance video recordings? Sofar they have been suppressed? 

The Mysterious Photo: Three Daesh Suspects at Brussels Airport Caught on the CC Surveillance Camera?   

A review of official police statements suggests that the still photos allegedly from the Airport CC Surveillance Camera were not initially released by the Police, they were first published by Dernière Heure, DH.be, which is part of Belgium’s media giant Groupe Multimédia IPM S.A.

It is worth noting that DH.be together with La Libre (also part of Groupe IPM) (mistakenly) published the fake CC surveillance video of the Brussels airport bomb attacks by using the footage of the Moscow terror attack of January 2011.

The “real” video footage from the airport CC surveillance cameras has sofar not been made public  

Below is the picture of the three Daesh suspects walking in Brussels airport. There is no mention as to when (at what time) the still video picture was taken.

Apart from this still image, no official CC surveillance video footage was released. (See our analysis on the fake CC videos).

As mentioned above, there are contradictions regarding the time of release and the source of the above images.

Derniere Heure DH.net.be published the still photo from the CC camera at 10.27am, two and a half hours BEFORE its alleged official release by the Brussels police: at 12.58pm.

The airport was closed shortly after the 8am attack: there are three possible answers:

1) that the airport security authorities made the video images available to DH.be prior to releasing it to the police.

2) that the Brussels police authorities released the images to DH.be as an exclusive, prior to their official release. Unlikely

3) that the source of the still image did not emanate from the airport surveillance CC cameras, but from another source which was used by Derniere Heure DH.be

Most media reports acknowledged that the mysterious photo of the alleged suicide bombers was released by the Brussels police.

The twitter entries below confirm the exact time at which the airport photos were released:

First Release by DH.be at 10.27am (entitled “Photo Exclusive” by DH.be)

Second Release by Politie Brussel/Police de Bruxelles: 12.58pm   

The press release of the federal prosecutor’s office on March 23rd confirms the identity of one of the suspects, Ibrahim El Bakraoui and mentions the photo. The time of its release is not mentioned.

https://5052.fedimbo.belgium.be/sites/5052.fedimbo.belgium.be/files/explorer/persbericht_23_mars_2016_FR.pdf

See also

http://www.dhnet.be/actu/belgique/ils-transportaient-leurs-bombes-dans-des-valises-apres-avoir-pris-le-taxi-56f153de35708ea2d3ce72ab

Analysis: Are the airport images genuine?

In other words, can we trust DH.be which published a fake surveillance video of the bomb attack (using footage from Moscow January 2011) on March 22 at 09.07 (one hour after the bomb attack). (See our earlier report on this issue, see summary in the text box below)


The Moscow Airport January 2011 and the Minsk, April 2011 terror attacks

The CC surveillance videos of the attacks in real time published by Belgium’s media on March 22  at both the airport and the metro are fake,

This is confirmed by an earlier Global Research report. The Belgian corporate media published footage from theMoscow airport attacks (January 2011) and the Minsk Metro terror attack (April  2011).

Video 1 scan (Moscow airport, January 2011)

Video 2 scan (Minsk Airport, April 2011)

Here is a screenshot of  the Minsk 2011 video footage broadcast on Belgian network TV and on the internet depicting the explosion in the Metro in Brussels, March 22, 2016

Contradictions

In contradiction with the official Prosecutor’s press release which identifies only one of the suspected terrorists, namely Khalif , several media reports identified the three men as Khalif and Ibrahim el Bakraoui at Brussels airport together with Najim Laachraoui. The quoted source was the official surveillance camera.

Khalif allegedly committed the suicide attack at the metro station. So why was he walking together with his brother at the airport? The airport was closed down immediately after the bomb explosions.The Prosecutor’s press release (March 23) quoted above gives a superficial explanation.

In this regard, several media changed their stories, first Khalif died at the airport as the second kamikaze. The media subsequently clarified quoting The Belgian Federal Prosecutor “that one detonated at the airport and the other at the Maelbeek metro station.”

In a subsequent statement emanating from the Prosecutor’s office, Najim is confirmed as the second kamikaze at the airport. In turn, media reports then confirmed that Najim Laachraoui was the second attacker at the Zaventem Airport. Subsequent reports confirm the death of Ibrahim and Najim at the airport, without any substantiating evidence.

According to Le Monde “a second man, carrying a large bag, was seen on CCTV in the Brussels metro with Khalid el-Bakraoui” (quoted in the Guardian).

News reports say that “authorities identified” brothers Khalid el-Bakraoui, 27, and Ibrahim el-Bakraoui, 30 as the suicide (Kamikaze) bombers.”Ibrahim el-Bakraoui died at Zaventem Airport while Khalid el-Bakraoui died at the Maelbeek Metro Station

But where is the evidence, where are the bodies? Has a post mortem (autopsy) been conducted which confirms the identity of the kamikaze bombers. Is there a coroner’s report?

Ibrahim’s Computer and Will Found in a Rubbish Bin 

According to the Prosecutor’s press release, a  computer was found abandoned in a rubbish bin which contained the will of Ibrahim. This was discovered thanks to the testimony of  the taxi driver who took Ibrahim to the airport. In addition to the explosives, a flag of the Islamic State was also found.

The full text of the alleged will (testament) is not available.

Some media call it a “letter”. From what has been released to the media,  the alleged will does not say anything. In fact it is not a will but a text focussing on Ibrahim’s personal fears. Daesh is not mentioned, neither is the planned bomb attack.

Suspects were Known to Police and Intelligence

What is of significance is that all the suspects were on the radar of police and intelligence.

The two el-Bakraoui brothers “were already being sought by police due to suspected links to the November terror attacks in Paris.”

Ironically, Brussels police categorizes Ibrahim as unknown suspect (suspect inconnu)

 

http://www.globalresearch.ca/the-brussels-attacks-what-is-true-what-is-fake-three-daesh-suspects-at-brussels-airport/5516269

http://www.globalresearch.ca/

17 blogs interesssantes

1 diciembre, 2015

17 blogs interesssantes

13 blogs son …wordpress.com
europa89, fuegofrio, hirania, hirania89, hurania, hyrania, jrania, yrania.
montalbo, tresmontes, tresmontes7,
avenir89, ser1889,
y cuatro blogs son de blogspot.com

klypeus89.blogspot.com
urania89.blogspot.com

yrania89.blogspot.com

ajitvadakayil.blogspot.com

españoles en el gulag

16 junio, 2015

domingo, 19 de febrero de 2012
españoles en el gulag

Joven historiadora rumana afincada en España, autora del premiado «Republicanos españoles en el Gulag», ha documentado la tragedia de más de 300 “rojos” españoles en campos de concentración soviéticos, entre ellos trece andaluces y los marinos sevillanos Antonio Vela Rodríguez y Francisco González de la Vega.

—El exilio español cuenta con muchos estudios, pero el suyo es el primero sobre republicanos en el Gulag. ¿Por qué?

—La materia, en el ámbito académico, es joven, pero en desarrollo gracias en parte al libre acceso a los archivos y a la ausencia de la censura, lo que facilita nuestra labor de historiadores, en detrimento de la mitografía.

—Ha documentado a cientos de republicanos españoles en el Gulag. ¿Serían muchos más?

—Tengo una relación nominal de más de 300 represaliados por «delitos comunes y políticos», aunque pueden aumentar.

—¿Querer abandonar la URSS era traición?

—También desacuerdos con la línea oficial del partido, visitas a las embajadas extranjeras o algún comentario banal que era interpretado como blasfemia, eran «traición», «espionaje» o «sabotaje», es decir, largos años de campos.

—¿Sufrieron torturas los republicanos españoles a manos soviéticas?

—Al igual que los soviéticos y otros extranjeros, recibieron pavorosas torturas en las cárceles. Después vino el trabajo forzado en remotas zonas siberianas, el hambre, el frío, las enfermedades, la sombra de la incertidumbre, de la muerte. Pero el sistema concentracionario soviético fue más que tortura. Fue una negación en su forma más horrenda de lo humano.

—¿Hasta cuándo negó el PCE la existencia del Gulag?

—Nunca reconocieron la existencia de republicanos españoles en el Gulag.

—En su libro afirma que «particularmente lacerante» fue el papel de Carrillo, Pasionaria y Claudín en la persecución de patriotas correligionarios acusados de disidentes…

—Ibárruri mandaba. Otros colaboraban. Habría que añadir a Mije por sus falaces acusaciones desde Francia tildando a los internados de Karagandá de «falangistas».

—¿Toda la represión soviética contra republicanos españoles fue respaldada por el PCE?

—Sobre esta tragedia siempre pesará la responsabilidad del PCE, que tampoco hizo nada para la liberación de los presos españoles.

—¿El PCE alentó esa persecución, con Pasionaria diciendo en 1948 que sólo abandonarían territorio soviético quienes tuvieran «un expediente político positivo»?

—Más que alentarla, la favoreció. Y esta política de puertas cerradas fue una constante hasta 1956.

—¿Carrillo dio conferencias en París negando los campos de concentración donde permanecían los republicanos españoles, conociéndolos?

—Toda la cúpula del PCE en la URSS lo sabía. La conferencia y los artículos en la prensa comunista española eran una manifestación más de la cuidada coreografía que propugnaba la «magnífica vida» allí.

—¿Más que las detenciones de republicanos, a los dirigentes del PCE les preocupaba «su propia imagen»?

—Ante todo, evitar cualquier hipotética difamación de la URSS, como todo partido bolchevizado.

—Escritores como Muñoz Molina han confesado que de estos republicanos represaliados en la URSS no tenían noticia. ¿Se da por satisfecha?

—Las reseñas en la prensa fueron una grata sorpresa. Pero este «librito» derivado de mi tesina no me ha complacido lo suficiente, razón por la que prosigo con el tema en la tesis doctoral, con el apoyo de una extensa documentación.

—El secretario general del PCE dice que España es el único país que tiene a un tirano en un mausoleo. ¿Considerará a Lenin un demócrata?

—No sé, habrá que preguntarle.

—La tumba de Stalin tampoco está mal…

—Desde 1961, Stalin yace en una simple tumba en la Muralla del Kremlin, con el único ornamento de un busto suyo en granito.

—Hay quien ha pedido que los restos de Franco vayan a una cuneta. ¿Será ése un camino para la reconciliación nacional?

—Como ciudadana, veo más apropiada una tumba corriente en un cementerio normal. Como historiadora defino la reconciliación nacional como un largo proceso que durará generaciones.

—¿Se buscarán los restos de los republicanos españoles muertos en el Gulag, si lo piden sus familiares, según la Ley de Memoria Histórica?

—No. Sería una labor titánica hallar tumbas probablemente ya desaparecidas. Ante todo, tenemos que recuperar sus nombres y homenajearlos de la misma manera que se ha hecho con los internados en los campos de exterminio nazis

Son de sobras conocidas las terribles experiencias que sufrieron los republicanos españoles en los campos de concentración nazis, especialmente en mauthausen, pero resulta sorprendente descubrir las penalidades que sufrieron otros desconocidos republicanos en los campos de trabajo (gulags) soviéticos al terminar la Guerra Civil.

La semana pasada en el transcurso del coloquio sobre el exilio de exportación celebrado en el Museu d’Història de Catalunya, pude conocer esta impresionante historia de la mano de la doctora Luiza Iordache del Institut de Ciències Polítiques i Socials (UB) que está realizando un intenso estudio de estos casos.

Al parecer, tras la victoria franquista de 1939 llegaron o se encontraban en la URSS unos 4.500 exiliados españoles, entre ellos, 3.000 niños de guerra, cerca de 150 maestros y auxiliares que les acompañaban, 156 militares (marinos que formaban parte de la tripulación de los 9 barcos incautados por la Unión Soviética al finalizar la guerra), unos 200 jóvenes pilotos de la última promoción formada en Rusia y, por último, alrededor de 1.100 exiliados políticos, en su mayoría miembros del Partido Comunista y el Partido Socialista Unificado de Catalunya

Hacia 1940 y en vista de la coyuntura política internacional con el pacto ribentrop- molotov entre la URSS y Alemania y la ocupación de media Europa por parte de esta última, fueron muchos los militares y marinos que pidieron la salida del país incluso reclamando volver a España (sin saber exactamente qué se encontrarían allí). A partir de ese momento empezaron los duros interrogatorios en los terribles centros de detención de Moscú donde se forzaba mediante tortura la confesión de los detenidos, que acababan siendo condenados por traidores de la patria y antisoviéticos.
La doctora Iordache resalta el caso de 8 jóvenes cadetes republicanos que mostraron públicamente su deseo de salir del país y acabaron condenados a 8 años de trabajos forzados en el gulag por trotskistas. Lo más grave y doloroso de la situación es que fueron precisamente algunos de sus compañeros españoles los que les acusaron.

El devenir de la Segunda Guerra Mundial con la invasión nazi de la URSS no hizo sino incrementar la presión sobre los exiliados españoles sumidos ya en la desesperación. Muchos de ellos habían sido enviados a trabajar en fábricas indómitas en los confines de Rusia, mientras muchos de los niños de la guerra que llegaron en edad escolar habían caído en la delincuencia acuciados por el hambre.

Según la doctora Iordache, las detenciones de prisioneros políticos se desarrollaron en tres oleadas: la primera de 1939 a 1942, marcada por la invasión nazi, la segunda de 1942 a 1946, durante la Segunda Guerra Mundial, y la última de 1947 a 1948 con las numerosas pedidas de ayuda de las embajadas extranjeras y surrealistas huídas en baúles diplomáticos.

En total cerca de 350 exiliados españoles de todos estos grupos fueron internados en los terribles gulags soviéticos durante estas tres oleadas. Allí estos 350 republicanos españoles se encontrarán con los aproximadamente 300 prisioneros de guerra de la División Azul, sus antiguos enemigos, hoy compañeros de celda, ya que el gulag no hacía distinción de nacionalidades ni ideologías.

En 1948 dentro de la primera oleada de repatriaciones tras la Segunda Guerra Mundial muchos de estos presos intentaron en vano salir del país pero tanto el Partido Comunista español como el Partido Comunista de la Unión Soviética truncaron su liberación acusándolos de fascistas (sí, fascistas a los mismos republicanos españoles que habían luchado una década antes contra Franco) por temor a la propaganda antisoviética que pudieran desarrollar a su vuelta.

FOTO
lavanguardia-1954

No fue hasta 1954 y, especialmente, en 1956 cuando se inició el retorno junto a los prisioneros de guerra de la División Azul gracias a las conversaciones en Francia entre la España franquista y la Unión Soviética. Fueron 6 expediciones que hasta mayo de 1957 fueron devolviendo finalmente a su país a los restos de los republicanos españoles que sobrevivieron a los gulags soviéticos, a una cruel guerra civil, a la invasión nazi en la Segunda Guerra Mundial y al hecho de ser acusados injusta y deshonrosamente de fascistas, una terrible paradoja que la Historia no debe olvidar.

La investigación de la doctora Iordache plasmada en el libro “Republicanos españoles en el Gulag (1939 – 1956)” se enmarca dentro de su tesis doctoral, presentada en 2007, y que le valió el Premio a la Memoria de Doctorado en Ciencias Políticas convocado ese mismo año por el Institut de Ciències Polítiques i Socials de Barcelona.

No fueron niños de la guerra. No fueron miembros de la División Azul, prisionerios de la Uniñon Soviética. Fueron “internados”, según la terminología de la época, republicanos secuestrados por Stalin durante 13 años, abandonados a una situación legalmente fantasmal y condenados al gulag. Su historia aparece ahora recogida en el ensayo ‘Españoles en el gulag; republicanos bajo el estalinismo’ (Península), obra de Secundino Serrano.
¿Quiénes eran estos republicanos de Siberia? El propio Serrano contesta: “Fueron 185 españoles encarcelados, aunque hay quien sube la cifra hasta los 300, inclluyendo a otros españoles que pasaron por el gulag por motivos diversos. Hay dos grandes grupos: por un lado, los alumnos de aviación que fueron a Azerbayán a un curso de pilotaje para servir a la República y a los que el final de la guerra los sorprendió allí. Eran chicos jóvenes, de 18 a 21 años. Otro grupo, era de marineros a los que la victoria franquista los sorprendió en una travesía de camino a la URSS. Cuando llegaron, los soviéticos requisaron sus barcos y empezó su periplo. En este grupo, había gente más mayor. Había también algún falangista de izquierdas que abandonó la División Azul, que desertó en Kazajistán”. A excepción de estos últimos, todos los miembros del grupo “habían hecho una declaración de adhesión a la República que se requería para ir a la URSS, eran gente con mucho sentido de la militancia. Había algún miembro del PNV, muchos socialistas, muchos anarquistas y, sobre todo, muchos comunistas. Eso sí, al cabo de 13 años, todos terminaron siendo anticomunistas fervorosos”.
Y, entonces, ¿por qué cayeron en desgracia? “Su ‘pecado’ fue que quisieron salir de la URSS. No para irse a España sino para establecerse en Francia, al principio, o en América Latina. Y claro, eso era inconcebible para los soviéticos”, cuenta Serrano. Después de dos años de internamiento más o menos amable, en balnearios a las afueras de Moscú, el grupo de los marineros se dirigió a la Embajada Alemana en la URSS (por entonces, la Alemania nazi era aliada de Stalin) y solicitó que mediara los ayudara a abandonar Rusia. El PCUS se tomó mal esa licencia e hizo lo que se solía hacer en esos casos: a Siberia con los marineros, ya mismo. “Cuando empezó la Operación Barbarroja, todos los extranjeros residentes en la URSS fueron detenidos. Y allí cayeron el resto de los españoles. No hacía falta juzgarlos ni condenarlos: simplemente se aplicaba sobre ellos la retahila de trotskistas, quintacolumnistas, antirrevolucionarios…”.
Los marineros se llevaron la peor parte: pasaron un año en un campo de concentración del Círculo Polar. En 12 meses, murieron 11 de 40. “Después, se unieron a los demás españoles en “campos de concentración ‘medios’. El campo de Kok-Usek fue emblemático en su periplo”, explica Serrano. “No eran campos de exterminio, sino de trabajos forzados. La tasa de mortalidad era alta pero no tanto. Había un día libre a la semana, con cine, bailes y hasta misa. Nueve o 10 de los españoles tuvieron hijos durante esos años, porque los campos eran mixtos… Cuando regresaron a España, los examinaron los médicos y su estado de salud no era malo. Ni el físico ni el psíquico, aunque sí hubo un falangista desertado que, al partir desde Odesa, tuvo una crisis nerviosa y se quedó en tierra”.
¿Y el Partido Comunista de España? No es para estar muy orgullosos. “Antonio Mije, en las Cortes Republicanas en el exilio se refería a ellos como ‘falangistas embozados'”, explica Serrano. “Y, si bien la decisión de su encarcelamiento dependió del PCUS, a partir de 1948 fue el PCE el que bloqueó la liberación de los ‘internados’ republicanos”.
Lo deprimente es que hasta el franquismo trató mejor a estos españoles. “El Gobierno español supo de estos chicos en 1946, por el testimonio de un ingeniero francés que se llamaba Bornet. No hizo nada por ellos, pero es que tampoco habría podido hacer nada, sin relaciones diplomáticas. Tampoco los estadounidenses pudieron salvar a sus ciudadanos confinados al gulag… Después, cuando murió Stalin y la URSS quiso deshacerse de estos prisioneros, Franco los recibió con los brazos abiertos”. Así, transmitía un mensaje de reconciliación en un momento en el que quería acercarse a las democracias burguesas. En cambio, los miembros de la División Azul, que también fueron liberados en esa época, se convirtieron en una presencia mucho más incómoda. “Cuando los divisionarios llegaron a Barcelona, volvieron a aparecer esvásticas y símbolos falangistas pintados en las paredes. Justo, lo que no quería Franco en ese momento. Y, por eso, se canceló la recepción que se había previsto en Madrid. En cambio, a los ‘internados’ republicanos se les mimó mucho. Ramiro Pinilla estuvo muy encima de ellos y se les consiguió trabajo a todos ellos”.

Una chica catalana llega a Madrid a finales de los 90 y se lía con un chico madrileño. Es un chico madrileño rarito: entre muy echado p’alante y más taciturno que un chocolate del Gijón, de una palidez preternatural y de un atavío negro sempiterno como los que en su día pondrán de moda las hijas de Zapatero, más moderno y más atrevido que nadie y a la vez poniendo a caldo a la izquierda con un sarcasmo virulento que llama la atención incluso en pleno gobierno Aznar. Amigos de la chica le comentan: “¿y cómo tú, siendo catalana, vas y te lías con semejante facha?”.
Salta ella como una ballesta en defensa de su lúgubre novio: “le llamais así porque no le conoceis, porque no sabeis lo que le ha pasado”. Ah. ¿Y qué le ha pasado?, pregunta el malhumorado corifeo. Procede ella a contarlo.
Resulta que el padre de este chico madrileño fue un piloto de la república al que el principio de la guerra civil pilló imberbe y el final de la guerra pilló en Rusia, a donde junto con otros había ido a recibir instrucción de la aviación soviética. Allí coincidió con varios marinos de barcos españoles que durante la contienda habían ido y venido de la URSS y con varios “niños de la guerra”. Hablamos de cientos de personas que en 1939 quedaron atrapadas en la URSS y que no lograron salir de ella hasta 1954 unos y hasta 1956 otros. Eso los que salieron. Porque de los 270 que fueron mandados una media de once años al presidio del gulag, unos cuantos ya no volvieron.
¿Rojos en las cárceles de Stalin? Pues sí, aunque parezca un despropósito. Hubo quien se dejó la piel combatiendo contra Franco para acabar haciendo huelga de hambre codo con codo con prisioneros de la División Azul en los temibles campos de concentración de la URSS en el Círculo Polar Ártico. Donde se trabajaban doce horas diarias a cincuenta grados bajo cero y con una ración mínima.
Antes de llegar al gulag había habido que pasar por los feroces interrogatorios de la Lubianka, donde lo más normal era que ni el preso mismo entendiera exactamente de qué se le acusaba. A unos les tildaban de espías. A otros de antisoviéticos. Matices todos ellos más nominales que esenciales, ya que el trato recibido era idénticamente brutal. Exámenes médicos crueles y vejatorios, privación del sueño durante semanas, reclusión en gélidos calabozos con las paredes llenas de barro, golpes, llegar al mismísimo filo de matar de hambre, etc.
¿Y todo eso a santo de qué? Hubo algunos presos españoles comunes en el gulag pero el mínimo común denominador de los que fueron a parar allí era haber rechazado quedarse en la Unión Soviética después de la guerra civil. Haber pedido volver a España -aún sabiendo lo que les aguardaba bajo el franquismo- o emigrar a otros países. Las autoridades soviéticas consideraban esto un signo de desafección política y de traición. Más cuando la misma dirección del PCE, con Dolores Ibárruri al frente, se mostraba partidaria de fusilar a aquellos rojos “tibios” antes que dejarlos salir de la URSS a hacer “mala propaganda” de la misma.
El resto es historia…hasta cierto punto. Hablamos de una verdad y una memoria que al parecer no hay manera de que cuaje. Tampoco es que esto no se haya contado nunca. Varios periodistas e historiadores han incidido en ello en los últimos años. Pero de refilón, de puntillas y sin lograr nunca o casi nunca que el trágico destino de estos republicanos españoles olvidados en el gulag -no salieron de él hasta que el mismísimo Franco los repatrió, junto con los presos de la División Azul- arraigue en la conciencia colectiva.
A la chica catalana le decían sus amigos progres que su novio, el madrileño lúgubre, se tiraba el moco para impresionarla. Que todo aquello eran o tenían que ser cuentos. O excepciones sin importancia.
Aquella chica ya no tiene aquel novio y ni siquiera sigue viviendo en Madrid. Es en Nueva York donde me he leído el breve pero muy documentado y conmovedor libro, apenas 85 páginas, “Republicanos españoles en el gulag (1939-1958)”, publicado por el Institut de Ciències Polítiques i Socials de Barcelona. ¿Ustedes se habían enterado? Pues yo tampoco. La primera noticia la tuve por William Chislett, antiguo corresponsal del Times en Madrid. Él me puso sobre la pista de este “librito”, como él lo llama cariñosamente, que es el resumen de la tesina de la estudiosa de origen rumano Luiza Lordache.
“It is a coñazo to obtain it”, se queja el bueno de William de lo difícil que es no ya sospechar que este libro existe sino hacerse con un ejemplar. ¿Será verdad que a nadie le importa? ¿Que hay memorias históricas de primera y de segunda?
Recuerdo la indefinible emoción que sentí al caer el libro en mis manos y abrirlo por el apéndice con la lista de los nombres de los presos españoles en el gulag que volvieron a España -a Barcelona- en 1954 en un barco que se llamaba Semíramis.

Juan Bote García, de familia humilde, nació en 1896 en Alcuéscar (Cáceres). En 1926 ya era licenciado en Ciencias Naturales y Medicina por la Universidad Central de Madrid. Vivió durante unos cinco años en la Guinea Española dedicado al tratamiento del paludismo y otras enfermedades tropicales. Fue director del Laboratorio de Santa Isabel y del Hospital de San Carlos en la isla de Fernando Poo, la actual Bioko. Volvió a España cuando ya se había instaurado la II República.
2066857

De izquierda a derecha, el marino Agustín Llona, el aviador Francisco Llopis y el doctor Juan Bote en el Gulag

En septiembre de 1935 fue nombrado profesor complementario del Institut Escola de la Generalitat de Catalunya. Durante la Guerra Civil era catedrático de ciencias naturales en el Institut Pi i Margall de Barcelona. En 1937 fue designado primer comisario-director del Institut Obrer de Sabadell. Impartía las asignaturas de ciencias naturales, física y química, y también era responsable de las prácticas de laboratorio. Los alumnos lo consideraban un profesor duro, pero recordaban con agrado sus clases. En el centro era conocido como José Bote, en lugar de Juan Bote. El hecho de que fuera nombrado responsable de uno de los cuatro institutos obreros creados en la España republicana indica que mantenía buenas relaciones con las autoridades del Ministerio de Instrucción Pública y Sanidad, dirigido por el comunista Jesús Hernández. Juan Bote era militante del PSUC.
El 30 de noviembre de 1938 Juan Bote quedó separado de la enseñanza y perdió todos los derechos como funcionario por haber abandonado su puesto en el Institut Obrer “sin conocimiento ni autorización” del Ministerio de Instrucción Pública y Sanidad. Una nota aparecida en la Gaceta de la República el 10 de diciembre aclaraba que el mencionado Catedrático ha marchado al extranjero en misión de “propaganda cultural” que le ha sido encomendada por Organismo no dependiente de este Ministerio. Lo mismo le ocurrió a Mariano de la Cámara Cumella, profesor del Institut Obrer de Barcelona.
En realidad, el doctor Bote y Mariano de la Cámara se habían ido a la URSS en calidad de profesores de la expedición de niños refugiados que partió de Barcelona el 25 de noviembre de 1938 y llegó a Leningrado el 6 de diciembre del mismo año. La expedición había sido organizada por el Ministerio de Trabajo, controlado por los comunistas. Desde abril de 1938, el Ministerio de Instrucción Pública y Sanidad, del que dependían Bote y De la Cámara, estaba bajo control de los anarquistas, así que las sanciones contra ambos seguramente fueron la expresión de un enfrentamiento entre los dos ministerios.
Mariano de la Cámara fue profesor de geografía en la Casa de Niños núm. 8 de Leningrado y murió en la primavera de 1942 de disentería mientras era evacuado al Cáucaso.
Juan Bote fue profesor de ciencias naturales, geografía y matemáticas en varias Casas de niños, pero cayó en desgracia al mantener criterios docentes distintos de la línea oficial y no dejar de expresar sus opiniones en público.
Empezó en enero de 1939 como profesor en la Casa de niños de Krasnovidovo. Ya en aquel mismo mes, tres maestras de la casa, Mari Rodríguez, Adela Rubio y Libertad Fernández, junto a una inspectora soviética del Narkompros, la institución soviética que velaba por la educación de los niños españoles, denunciaron la actitud docente de Juan Bote, denuncia que momentáneamente fue desestimada gracias a su experiencia. Un día acudió a la casa una comisión inspectora de la que formaban parte varios miembros del PCE, la cual se escandalizó porque los alumnos desconocían la traición del coronel Casado a la República, quién había escrito “El Capital”, la fecha de nacimiento de Dolores Ibárruri o la fecha de la promulgación de la Constitución Soviética. La comisión determinó que los alumnos carecían de formación marxista y sus miembros increparon y amenazaron al profesor Bote, porque los niños “necesitaban menos historia, geografía y matemáticas y más, mucho más, marxismo”. Bote replicó que era importante que los niños recibieran una buena formación académica y que cuando fueran más mayores ya estudiarían materias políticas. Algunos autores han invertido el sentido de la frase y la atribuyen a Juan Bote (“estos niños necesitan menos marxismo y más matemáticas”). En consecuencia, Bote fue trasladado en diciembre de 1939 a otra casa, la de Pravda núm. 1, situada en Moscú. Como se utilizaba papel para borrar la tiza de las pizarras, que hacía un desagradable ruido, Bote no se privó de dar su opinión: “en los países capitalistas, ¡hay trapos!”, poniendo en cuestión el dogma oficial de que en los países occidentales todo era peor que en el “paraíso” soviético. Ante la actitud independiente de Bote, y su costumbre de emitir sus quejas en público, en noviembre de 1940 fue separado de la docencia y enviado primero a la Casa de reposo de Senezh y, más tarde, a la de Opalija, ambas en los alrededores de Moscú. Allí coincidió con 26 alumnos pilotos españoles procedentes de la Escuela de Aviación de Kirovabad, en Azerbaiyán.

pilotos-durante-la-guerracivil

Los pilotos de Kirovabad

Durante la Guerra Civil, hubo cuatro promociones de pilotos republicanos que se formaron en las escuelas soviéticas de Járkov y Kirovabad. Los cerca de 190 componentes de la cuarta y última expedición llegaron a la Unión Soviética entre finales de 1938 y enero de 1939, así que el final de la guerra los pilló allí. Casi todos ellos (136), que eran leales a la República pero no comunistas, solicitaron emigrar a otros países, sobre todo a Francia y México, básicamente para reunirse con sus familias, pero no les fue permitido. En este punto hay que decir que, del cuerpo de militares españoles que por entonces se encontraban en la URSS, sólo uno, el aviador Rómulo Negrín, hijo de Juan Negrín, presidente del Gobierno de la República, pudo salir del país a petición de su padre. Pero ya hablaremos de eso más adelante.
Los aviadores españoles sufrieron múltiples presiones para que se integraran en la sociedad soviética. Está documentado que el Gobierno soviético, la Komintern y el PCE tenían sus propios planes acerca de los últimos pilotos republicanos, de modo que iniciaron la obstrucción sistemática de su salida de la Unión Soviética. El objetivo era disciplinarlos y servirse de ellos. A partir del verano de 1939, el PCE empezó a amenazarlos (“estando en la Unión Soviética podríamos hacer con vosotros lo que quisiéramos, pero no lo vamos a hacer. No queremos hacer uso de la fuerza. Primero queremos probar la convicción”) y difamarlos. Se les empezó a tachar de “jóvenes alocados” “cargados de principios burgueses”, y a algunos incluso de “fascistas” o “falangistas”. Se les acusaba de “espionaje y actitud antisoviética”. Uno de los “fascistas” fue el barcelonés Emilio Salut Payá, miembro de UGT, que antes de ir a la URSS había sido herido en el frente, en 1938. Su delito fue un dibujo de un mendigo. Cuando el comisario político de Kirovabad, Iakov Mirov, le preguntó por qué el dibujo llevaba por título “Paracaidista en Kirovabad”, Salut le contestó: “¡Como ustedes dicen que en la Unión Soviética no hay andrajosos y todo el mundo es feliz, he supuesto que a ese mendigo lo habrá tirado en paracaídas algún país capitalista!”. El dibujo desapareció de la habitación de Salut.
Las autoridades soviéticas enviaron a unas cuantas chicas, todas ellas agentes de la NKVD, para que se liaran con los aviadores españoles y les incitaran a hacer algo por lo que pudieran detenerlos. Una de ellas lo relata así:

Ellos [los pilotos] querían marchar[se], salir de Rusia, pero no los dejaban. A raíz de esto sus sentimientos hacia las autoridades soviéticas no eran del todo amistosos, aunque nadie hubiera podido afirmar que se tratara de enemigos. Y entonces fuimos nosotras mismas, sus amigas, las “colaboradoras” del NKVD, las encargadas de sugerirles que fueran a una Embajada extranjera. Yo no conocía a las otras, pero no era difícil comprender que las bellas amigas de los pilotos eran otros tantos agentes. Cuando fueron a pedir ayuda a la Embajada alemana para salir de Rusia, fueron detenidos. Por otra parte, la misma Embajada los denunció a nuestro Gobierno. Es horrendo, monstruoso, lo que se hizo. Eran jóvenes entusiastas, alegres, generosos. Sólo querían irse a vivir a otro país.

Como apunta Carmen Calvo, “esta agente era consciente de cuál había sido el resultado último de su “trabajo”: sabía que los pilotos españoles habían perdido después su libertad y algunos, incluso, la vida”.
Acerca de la actuación de la Embajada alemana en todo esto hablaremos más adelante, no obstante lo cierto es que hubo seis aviadores españoles que consiguieron salir de la URSS en 1940 gracias a las gestiones realizadas por dicha Embajada.
Un buen número de aviadores fue claudicando e incorporándose a los colectivos de españoles que trabajaban por diversos lugares del país. Algunos incluso se hicieron espías de la NKVD. No obstante, quedó un grupo de 34 irreductibles que persistieron en su actitud de quererse marchar. Los ocho que las autoridades soviéticas consideraron más “rebeldes” fueron detenidos en enero de 1940. El grupo escogido estaba formado por Josep Gironés Llop, de Reus; Josep Goixart, de Lérida; Luis Milla Pastor, de Madrid; Vicente Monclús Guallar, de Huesca; Juan José Navarro Seco, de Barcelona; Francisco Paz Morata, de Barcelona; Joan Salut Salas, de Barcelona y Francisco Tarrés Carreras, de Barcelona. En una carta del PCE que llegó a manos del juez, se les acusaba de haber pertenecido en España “a la quinta columna y al partido trotskista” y se pedía, “en nombre del pueblo español”, que fuesen “condenados a muerte” (¡!). Con el “partido trotskista” seguramente se hacía referencia al POUM, y lo cierto es que ninguno de ellos pertenecía ni había pertenecido a dicha formación. También se les acusaba de “actividades antisoviéticas”. En fin, todas las acusaciones eran falsas, claro.
Por poner un ejemplo, la caída en desgracia de Vicente Monclús se produjo cuando reivindicó ante el comisario Mirov el papel de los anarquistas en la defensa de la República durante la Guerra Civil. Según Mirov, sólo el PCE, unánimemente apoyado por todo el pueblo español y por el Gobierno soviético, había ofrecido resistencia frente al enemigo hasta el último minuto. Esto ofendió a Monclús, miembro desde los 17 años de la CNT y que había combatido como soldado de infantería en el frente de Aragón. Su enfado le costaría caro.
Los ocho aviadores fueron torturados, encerrados durante ocho meses en la cárcel de Butirka, en Moscú, y enviados después al Gulag. Cuatro de ellos morirían allí, y un quinto, Luis Milla, moriría después de ser liberado como consecuencia de los padecimientos que sufrió en los campos de concentración.

Los 26 aviadores restantes compartieron durante varios años el mismo destino que el doctor Bote.
Uno de los alumnos pilotos, Miguel Velasco, recuerda que el doctor Bote les explicó por qué estaba en Opalija:

Sencillamente no soy un profesor apto para una generación comunista y me han traído a descansar una temporada y, al mismo tiempo, quieren que vaya asimilando ciertas lecciones de pedagogía indispensables para el buen funcionamiento de una escuela de niños… Se me ha traído aquí como primera providencia. Yo sé que mi final será cualquier campo de Siberia, porque inculcaba en los niños “virus capitalistas”. Os hablo en los mismos términos que me han hablado. Sí, les hablaba de España, de nuestra historia, de nuestra geografía, de nuestras cosas… y por lo visto todo esto deben ignorarlo los pobres. Hay que hablarles de Marx, de Stalin y hacerles entrar en sus almas e inteligencia, que no hay más dioses que estos señores ni más patria que Rusia. Yo no estaba de acuerdo. Ya me lo advirtieron al principio, me dieron unas normas de cómo había que educarlos. Hice caso omiso de ellas y empleé lo que yo creo digno y sensato. Seguí los mismos métodos que conmigo emplearon en mi niñez…

Semanas antes del ataque alemán a la URSS, los pilotos y el doctor Bote fueron trasladados a la Casa de Dubki. Pocos días después de empezar la guerra, el 25 de junio, el grupo fue detenido. Esta vez ni siquiera había acusación alguna. Fueron llevados a Moscú, y desde allí viajaron en tren a lo largo de dos semanas, en penosas condiciones, hasta la prisión central de Novosibirsk, capital de Siberia, donde malvivieron durante dos meses. Parece ser que allí las autoridades soviéticas propusieron a los pilotos participar en la guerra contra Alemania enrolados en el Ejército Rojo como aviadores, pero se negaron. En los interrogatorios se les golpeaba. Después fueron enviados a la cárcel de Petropavlovsk, en Kazajstán, y de ahí a la de Krasnoiarsk, esperando ser trasladados en barcazas por el río Yenisei hasta las minas de níquel de Norilsk, dentro del Círculo Polar Ártico, en donde se vivía en condiciones infrahumanas y las posibilidades de supervivencia eran escasas. Afortunadamente para ellos ya era finales de septiembre y las aguas del río se helaron, lo que hizo imposible su viaje hacia el norte. El invierno en Krasnoiarsk tampoco fue fácil. Los españoles convivieron con delincuentes comunes, la alimentación era pésima y las temperaturas muy bajas. En abril de 1942 fueron enviados durante varios meses a una colonia de trabajo de la industria maderera. Allí, Vicente Montejano Moreno, trabajando en la máquina de aserrar, perdió tres dedos de la mano izquierda y dos de la derecha. Otro piloto, Salvador Almor Chirivella (que además era farmacéutico), perdió en la máquina dos dedos enteros y la mitad de otros dos; su mano derecha quedó completamente mutilada. En octubre de aquel año el grupo fue trasladado de nuevo, esta vez hacia el sur, hasta la región de Karagandá, en Kazajstán. Primero fueron internados en el campo de tránsito de Karabás, donde durante un mes se encargaron de recoger cadáveres y enterrarlos. En noviembre se trasladaron a pie (28 kilómetros por la estepa) al campo de Spassk, a unos 40 kilómetros de la ciudad de Karagandá. Allí se encontraron con otros internados de países occidentales, entre ellos un grupo de marinos mercantes españoles cuyos barcos habían quedado retenidos en los puertos soviéticos en 1937-1938, a los que habían ido a cargar material de guerra y víveres para la República. Estos marinos, que habían sido detenidos como los pilotos y el doctor Bote en junio de 1941, tuvieron peor suerte y llegaron unos días antes que ellos a la prisión de Krasnoiarsk, desde donde fueron conducidos al campo de Norilsk, en el que murieron varios de ellos.
Entre 1941 y 1950, el campo de Spassk registró una mortalidad entre sus prisioneros del 65-70%.

Los marinos

Cuando acabó la Guerra Civil, había nueve barcos mercantes republicanos fondeados en puertos soviéticos. Estos barcos habían estado transportando desde 1937 material de guerra, carbón y víveres entre la URSS y España, y eran los siguientes: el Cabo San Agustín, fondeado en el puerto de Feodosia (Mar Negro); el Cabo Quilates y el Marzo, en el puerto de Múrmansk (Mar Blanco); y el Ciudad de Tarragona, el Ciudad de Ibiza, el Isla de Gran Canaria, el Mar Blanco, el Inocencio Figaredo y el Juan Sebastián Elcano, en Odessa (Mar Negro). Todos ellos fueron incautados por los soviéticos. Cinco resultarían hundidos por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, y tres de éstos serían reflotados más tarde.
La mayoría de los tripulantes de estos barcos fueron enviados a España antes del fin de la Guerra Civil. En abril de 1939 todavía quedaban unos 285 marinos españoles en la Unión Soviética. A estas personas se les ofreció volver a España o quedarse en la URSS. Los que prefirieron regresar a España parece ser que no tuvieron muchos problemas en hacerlo, al menos en su mayoría (a modo de intercambio, en mayo de 1939 las autoridades franquistas liberaron a unos 95 tripulantes procedentes de buques soviéticos apresados durante la guerra), pero hubo un grupo que eligió marcharse a otros países, básicamente de América. El grupo, integrado sobre todo por tripulantes del Cabo San Agustín (32 de un total de 66 personas), permaneció en Odessa. Los soviéticos negociaron la salida de estas personas con diplomáticos estadounidenses y mexicanos, los cuales se negaron a recibirlas en sus países, en vista de lo cual las autoridades soviéticas les ofrecieron quedarse en la URSS y trabajar en fábricas. Como los españoles insistieron en querer marcharse, seis de ellos fueron detenidos a finales de abril de 1940 como medida de presión. El resto del grupo continuó en Odessa manteniendo la misma actitud, hasta que el 22 de junio de 1941 comenzó la invasión alemana. Los marinos se ofrecieron para combatir contra los nazis, pero fueron todos detenidos el 27 de junio, casi a la vez que los aviadores y el doctor Bote. Esta oleada de detenciones de españoles republicanos en la Unión Soviética justo tras el ataque alemán se debió a una orden de Lavrenti Beria, jefe de la NKVD. La razón de la orden fue que, en los meses anteriores (entre febrero de 1940 y junio de 1941), los españoles habían estado buscando su salida de la Unión Soviética a través de la Embajada alemana en Moscú. La diplomacia alemana se ofreció a mediar entre la España de Franco y la URSS para lograr la repatriación de los españoles dado que el III Reich mantenía buenas relaciones con ambos países, es decir, dado que los nazis eran aliados tanto de los franquistas como de los soviéticos. A partir del 22 de junio de 1941, a ojos de los soviéticos, los republicanos españoles que habían buscado salir de su país de esa forma pasaron automáticamente a ser colaboradores de los fascistas, a pesar de que dicha situación se había producido debido a la propia colaboración de la URSS con el III Reich.
Igual que los aviadores, los marinos fueron enviados a Krasnoiarsk, pero tuvieron peor suerte que aquéllos y terminaron en Norilsk, donde tuvieron que pasar el invierno. Dadas las condiciones de vida allí, ocho murieron en pocos meses; uno de ellos, José Azcueta, se suicidó. Otro más, Juan Zarragotia, moriría en septiembre de 1942, en Krasnoiarsk.
Luis Serrano Organero, fogonero del buque Inocencio Figaredo, fue enviado con su mujer, Petra Díaz Alonso, y su hija de dos años de edad al campo de Oranki, cerca de Gorki, en agosto de 1941. Petra Díaz fue una de las educadoras que acompañó a los niños de la guerra enviados a la URSS. Otros educadores españoles fueron también enviados al campo de Oranki, donde murieron tres de ellos, de edad avanzada.
En 1942 todos los marinos españoles supervivientes fueron trasladados a Krasnoiarsk y luego a Karagandá. Los de Norilsk fueron a parar al campo de Spassk, donde se encontraron con los aviadores. Luis Serrano y su familia fueron a parar al de Kok-Uzek, cerca del otro. Al poco tiempo murió allí Petra Díaz.
A finales de 1942 había 67 republicanos españoles presos en Kazajstán. Permanecieron en los campos de la estepa más de cinco años y medio (desde septiembre de 1942 hasta mayo de 1948), soportando el tórrido calor del verano, el frío invernal, la pésima higiene, la inanición, las enfermedades, los piojos y la explotación de su trabajo. Rodeados de koljoses, la mayoría se ganaba la comida trabajando en la agricultura. A lo largo de ese tiempo murieron allí diez de ellos, de los cuales ocho eran marinos.
El último de ellos, Secundino Rodríguez de la Fuente (muerto el 7 de marzo de 1947) fue secretario de la agrupación de Izquierda Republicana en su ciudad natal, Sestao (Vizcaya), alcalde constitucional de Castro-Urdiales, fundador y accionista de la Casa de la Democracia y director del semanario de izquierda La Voz de Castro. En la Guerra Civil fue comisario político a bordo de la motonave Cabo San Agustín. Había enviado una carta al Comisario del Pueblo para Asuntos Exteriores, Molotov, solicitando su liberación, pero éste no le hizo ni caso.

En 1948, Antonio Mije, miembro del Buró Político del PCE y representante de dicho partido en la Diputación Permanente de las Corte españolas en París, afirmaría que todos los republicanos españoles encerrados en campos de concentración soviéticos eran en realidad espías falangistas y que, si él hubiera estado en el lugar de las autoridades soviéticas, no habría sido tan benévolo, insinuando que los habría mandado fusilar.

El interrogatorio, la confesión y la condena

Cuando por entonces en la Unión Soviética alguien ingresaba en prisión, pasaba por una revisión médica, era fichado, fotografiado y se le tomaban las huellas dactilares. Luego llegaba el registro. Vicente Monclús, uno de los aviadores detenidos en 1940, lo explica así: “Me desnudaron completamente, arrancando botones y rasgando la ropa. Registro minucioso, pieza por pieza y costura por costura. Arrancaron las suelas de los zapatos. Luego miraron mis cabellos, mis oídos e incluso el orificio anal. Después en el interior de la boca y las uñas de los pies y de las manos. En la observación de las uñas pasaron mucho rato. Acaso creían que allí llevábamos anotados quién sabe qué secretos”.
Los interrogatorios a los prisioneros se hacían de noche, pero por el día se les prohibía dormir. Durante los primeros días, nadie les explicaba el motivo de la detención, lo que aumentaba su desesperación. Toda esta situación conseguía extenuarlos física y mentalmente. En realidad, como apuntó la poetisa Anna Ajmatova y recuerda Luiza Iordache, en la Unión Soviética se detenía a la gente sin motivo.
Quizá los ciudadanos soviéticos estuviesen acostumbrados ya a ese estado de cosas. Ellos, muchos de los cuales habían visto cómo detenían a algún familiar o amigo que, aparentemente, no había hecho nada, dormían con el miedo en el cuerpo previendo que en cualquier momento podía llegar la NKVD para llevárselos. Pero ese sistema resultaba ajeno a los españoles.
No obstante, desde el punto de vista del sistema imperante en aquel país, todo era legal. En la Unión Soviética prevalecía el concepto de “justicia socialista”. Como rezaba el dicho, la justicia socialista tenía tanto que ver con la justicia como una silla con la silla eléctrica. La justicia estaba completamente politizada al servicio de un régimen totalitario.
La NKVD se preocupaba mucho por actuar de acuerdo al procedimiento legal en lugar de llevada por caprichos arbitrarios. Claro que sabía que la ley podía manipularse para obtener los efectos deseados. No se encerraba a nadie en un campo de concentración o se le ejecutaba sin una confesión firmada. Y como se había demostrado en los juicios espectáculo de los años treinta, se podía lograr que los acusados confesaran prácticamente cualquier cosa.
Precisamente, la etapa más dura para la mayoría de los presos era la “extracción de la confesión” por medio de sucesivos interrogatorios. Se pretendía averiguar y desenmascarar la red de espionaje en la que supuestamente estaba implicado el detenido, a través de las pruebas aportadas por su confesión. Cuando el acusado no confesaba nada alegando que era inocente, era golpeado o torturado hasta que conseguía “recordar” todos sus “crímenes” y nombrar a sus “cómplices” en la “conspiración contrarrevolucionaria”. Entonces el círculo se ensanchaba porque cada confesión implicaba a un nuevo inculpado, y así sucesivamente hasta que la “organización de espías” llegaba a grandes proporciones o hasta que alcanzaba las dimensiones deseadas por los instructores del sumario.
A Vicente Monclús le ataron las manos y fue amenazado y golpeado una y otra vez. Rafael Pelayo de Hungría, cuyo verdadero nombre era Rafael Pelayo Aunión, miembro de las Juventudes Socialistas Unificadas, se había exiliado en la URSS tras acabar la guerra en España. Durante la Segunda Guerra Mundial fue comandante del Ejército Rojo, condecorado en octubre de 1941 con la Orden de la Estrella Roja y la Medalla al Valor. En 1944 fue objeto de severas críticas por parte de Dolores Ibárruri y expulsado del PCE, hecho por el que decidió enviar una carta a Stalin devolviéndole las condecoraciones, y otra al Politburó. Cuando se dirigía la Embajada de los EEUU a pedir asilo político, fue interceptado por dos agentes de la policía secreta, que le solicitaron la documentación y le pidieron que les acompañara a la prisión de Lubianka para llevar a cabo una comprobación, por motivos de “seguridad”, que sería “cosa de cinco minutos”.
Obviamente, Pelayo de Hungría quedó detenido. Como no confesaba sus “crímenes” contra el Estado soviético, lo metieron en un cubículo de castigo al que llamaban “cajón iluminado”, una especie de “ataúd vertical con la anchura justa para que un hombre estuviera de pie, sin poderse mover, lo que producía un cansancio general y un entumecimiento de los miembros con agudos dolores”.
Otra forma de tortura era dejar a los detenidos sin comer. La imposibilidad de dormir producía en los prisioneros un estado de confusión absoluto. Vicente Monclús estuvo nueve días sin dormir, y después de un periodo de descanso de cinco días se reanudaron los interrogatorios combinados con el encierro en un calabozo húmedo de un metro cuadrado.
En la prisión de Lefortova, utilizada como lugar complementario de tortura para los “resistentes”, el aviador Juan Blasco Cobo probó el calabozo húmedo en una variante más “refinada” que en Butirka. Según cuenta, se trataba de un calabozo frio y lleno de barro donde, para maximizar la desesperación del preso, se empleaba el método de “gota de agua” que caía del techo.
Si a pesar de todos estos métodos el detenido seguía sin confesar, según cuenta Pelayo de Hungría, se le obligaba “a doblar la rodilla dos o tres minutos, manteniendo en la corva, debajo de la rótula, un triángulo de madrea. El dolor era tan intenso que acaba con la pérdida de conocimiento, mientras que la rótula se inflamaba extraordinariamente”. Como Pelayo de Hungría se obstinaba en no confesar, le colocaron una camisa de fuerza “que tenía unas correas dorsales que unían brazos y piernas, curvando el cuerpo hacia atrás. Cada pregunta sin contestar era un tensamiento más de las correas hasta que la espina dorsal parecía quebrantarse”. Si un preso tenía familia, mujer o hijos, eran utilizados durante los interrogatorios para hundir psicológicamente al detenido, como le ocurrió a Valentín González, El Campesino.
Una medida complementaria adoptada por la policía secreta soviética para evidenciar la culpabilidad, o añadir un nuevo cargo a la acusación, era la colocación dentro de la celda de un preso o un policía disfrazado de preso para provocar al inculpado una confesión o entablar conversaciones antisoviéticas,
Habitualmente, las torturas para lograr las “confesiones” se prolongaban durante meses.
El Campesino, por haber abandonado ilegalmente el territorio de la Unión Soviética (trató de escaparse en 1944), fue condenado, según sus palabras, a “tres años de trabajos forzados en Vorkutá –en el desierto polar-, cinco años más bajo rigurosa vigilancia y otros cinco con pérdida de todo derecho. Total, trece años”. Se escaparía a Irán en 1949.

ataque

Valentín González, El Campesino

Pelayo de Hungría fue acusado de agitación antisoviética y antirrevolucionaria, traición a la patria y espionaje. Se le condenó a diez años de trabajos forzados en los campos del Volgolag.
Juan Blasco Cobo fue detenido en noviembre de 1948 por haber visitado embajadas intentando salir de la Unión Soviética. Se le acusó de haber proporcionado a dichas embajadas secretos militares y políticos del Estado soviético. En su confesión, dijo: “Es que como yo soy español querría vivir en España, pero mis compatriotas comunistas y ustedes consideran que irse a España es hacer un pacto con el fascismo y eso implica, como usted sabe, la detención. Por eso yo había pensado irme a Méjico, como muchos otros españoles”.
Antes de ser detenido, Blasco le había escrito una carta a Stalin quejándose del acoso a que era sometido por parte de la policía y la situación de marginación en la que se encontraba. En la URSS, era una costumbre bastante extendida que la gente escribiera cartas a Stalin para solicitarle ayuda, exponerle injusticias o incluso para transmitirle sus sospechas sobre algún familiar, o amigo, o vecino. El propio Stalin había hecho instalar un buzón destinado a este fin en la muralla del Kremlin. Aunque nadie tenía la certidumbre de que la carta llegara a su destinatario, la misiva de Blasco pareció ser contraproducente, ya que fue detenido y condenado a diez años de trabajos forzados.
Como ya dijimos, en 1948 también fueron detenidos el doctor Julián Fuster, el aviador José Tuñón Albertos, el niño de la guerra Pedro Cepeda Sánchez y los ingenieros Francisco Ramos Molins y Francisco Fernández de la Vega. La causa de las detenciones fue el intento infructuoso de Tuñón y Cepeda de huir de la Unión Soviética escondidos en unos baúles pertenecientes a unos diplomáticos de la Embajada argentina en Moscú.

gulag-7

Pedro Cepeda Sánchez

A Tuñón se le acusó de espionaje al servicio de Argentina. Aunque rechazó la acusación de espionaje, Tuñón reconoció que recogía información “estratégicamente peligrosa” como las malas condiciones de vida en la Unión Soviética, el descontento de los obreros, etc.
Pedro Cepeda fue acusado de actividad antisoviética, y en concreto de recopilar datos para los argentinos sobre las tiendas y los comedores de Moscú, “tratando de mostrar sólo la parte negativa de nuestra vida”, fotografiando las colas, los patios llenos de basura y a los mendigos.
Las confesiones de Tuñón y Cepeda condujeron a la detención de Fuster, que por entonces trabajaba en la Embajada argentina. Para su desgracia, la policía secreta se hizo con unos escritos en los que Fuster criticaba a la URSS, al PCE y a Dolores Ibárruri.
El testimonio de Fuster llevó a las otras dos detenciones.
Todos ellos fueron condenados al Gulag, con penas comprendidas entre los 10 y los 25 años.
Publicado por hugo fernández en 3:00
==
FUENTE:
http://elcomentamierda.blogspot.com.es/2012/02/espanoles-en-el-gulag.html

Los perseguidos…

10 mayo, 2015

Haviv Schieber..Inducido a un intento de suicidio.

Judío polaco y ex-alcalde de Ber Sheeba en Israel, Schieber enseñó a Ernst Zündel mucho acerca de la realidad israelí. Fue un revisionista israelí que pretendió investigar las actitudes de Israel, sus instituciones y fronteras. Escapó de Israel para encontrar seguridad en los Estados Unidos, donde le fue negado asilo político en un comienzo y luego intentó suicidarse, cortando sus venas en el aeropuerto de Washington D.C. el día de su deportación. Finalmente se le concedió refugio en ese país contra la persecución israelí a principios de los años 70 del siglo pasado.Joseph Burg.
Perseguido y golpeado por los Implementadores del Holocausto, al estilo de los pendencieros de la Liga para la Defensa Judía. Se le negó el funeral en el Cementerio Judío de Munich. Ernst Zündel y Otto Ernst Remer despidieron los restos de este revisionista judío.

Autor de muchos libros “Schuld und Schicksal” (Culpa y Destino), “Zionazi”, “Das Tagebuch der Anne Frank” (El Diario de Ana Frank), “Auschwitz in alle Ewigkeit” (Auschwitz Por la Eternidad), etc. Así como muchos folletos y dos entrevistas documentales con Ernst Zündel. Principal asesor judío, mentor y testigo de Zündel en el Gran Juicio del Holocausto en 1988.

Thies Christophersen

Forzado a huir de país en país. Perseguido a muerte después de numerosos ataques con ácido, incendios y atentados contra su vida y su propiedad.

Como experto agrícola alemán, Christophersen fue destinado a Auschwitz en el período crítico de 1943 y 1944. En su condición de experto, tenía acceso a todo el campo. Tomó valiosas fotografías de aquella época. Fue el primer revisionista y testigo ocular que se atrevió a declarar categóricamente que no hubo cámaras de gas para eliminar personas en Auschwitz. gente que “estuvo allí” ha tenido miedo a manifestarlo y contar qué es lo que según ellos realmente pasó, y prefieren no llamar la atención sobre el hecho de que “estuvieron allí”. Sin embargo era inevitable el que unos pocos individuos valientes lo hicieran a pesar de todo. El más importante de éstos ha sido, hasta la fecha, Thies Christophersen, autor de “Die Auschwitz Luegue”, La mentira de Auschwitz, traducido a muchos idiomas. Testigo de Zündel en los grandes juicios de 1985 y 1988.

Christophersen estuvo en Auschwitz hasta diciembre de 1944 y en 1973 publicó sus memorias y su firme convicción de que los exterminios jamás tuvieron lugar allí.

Ditlieb Felderer


Acusado, juzgado, condenado y encarcelado en Suecia. Desprestigiado por la prensa. Forzado a vivir en el exilio.

Felderer, quien en una época fue un prominente Testigo de Jehová, es conocido como un antiguo investigador de la evidencia física en todos los principales campos de concentración, ubicados en la antigua Europa Comunista Oriental. Felderer tomó más de 30.000 fotografías de cada detalle imaginable en aquellos campos; descubrió que había una piscina de natación para los internos de Auschwitz, y las instalaciones incluían un moderno hospital con una sección ginecológica, así como una orquesta, un teatro para presentaciones en vivo, una biblioteca bien surtida y clases de escultura. Descubrió las partituras del “Vals de Auschwitz” en los archivos secretos, accesibles sólo con un permiso especial. Descubrió que los Testigos de Jehová habían tenido una función fraternal dentro de los campos, ya que cooperaron con la administración de las SS, expuso la mentira de que 60.000 Testigos de Jehová habían sido asesinados ahí. Por iniciativa e insistencia suya, este número inflado ha sido reducido a sólo 203. Por su trabajo revisionista Felderer fue excomulgado, es decir, fue expulsado ignominiosamente de la secta Testigos de Jehová. Ha sido perseguido por los Implementadores del Holocausto desde entonces. Felderer es conocido por su curioso sentido del humor y sus ácidas historietas humorísticas. Él cree que el herir la “sensibilidad” de los mentirosos deliberados del Holocausto y los falsificadores de la historia no debería ser un obstáculo en la búsqueda de la verdad. Esta especial idiosincrasia de Felderer, ha sido explotada por los propagandistas del Holocausto al contraatacar su trabajo. Asesor de Zündel en el Gran Juicio del Holocausto en 1985 y 1988.

Abogado Kirk Lyons

Su imagen ha sido asesinada con saña por los medios de comunicación y por las Organizaciones de Defensa Judía, después de defender los derechos de patriotas estadounidenses.

Destacado abogado estadounidense de los derechos civiles, de gran habilidad y valentía, defensor de muchos patriotas especialmente de los muertos en Waco. Lyons ha representado a personas como Fred Leuchter en casos controversiales y últimamente ha sido blanco del periódico conservador “Spotlight” mediante la figura de trato especial en los medios, debido a que ganó una larga querella contra una firma legal que había manejado de mala manera un caso que concernía a uno de sus clientes, Don Wassal, del antiguo Partido Popular de Estados Unidos. Sus asesinos de imagen aún tratan de vincularlo falsamente con el bombardeo en la ciudad de Oklahoma a través de uno de sus clientes, Andy Strasmier, hijo de un famoso activista político alemán y asesor de Helmut Kohl. Lyons también ha defendido a patriotas en el famoso juicio por sedición del Fuerte Smith y desde entonces ha sido desprestigiado por la Liga de Antidifamación sionista.

Otto Ernst Remer

Juzgado y condenado a más de un año de prisión, a pesar de que tenía más de ochenta años y tenía muy mala salud.

Un héroe de guerra alemán que frustró el golpe de estado militar llevado a cabo por los traidores alemanes contra Hitler en Berlín, el 20 de julio de 1944, Remer aprovechó la oportunidad política que concedieron las revelaciones del Informe Leuchter. Dio a conocer sus descubrimientos a millones de personas mediante su publicación privada “Die Remer Depesche” (El Telegrama Remer), un tabloide de circulación masiva, tipo periódico. El régimen servil alemán se dejó caer con fuerza sobre el viejo soldado. Fue juzgado y condenado a prisión. Se fue exiliado a España atado a una silla de ruedas donde murió. Su viuda ahora tiene que luchar para seguir recibiendo su mísera pensión. Ella se rehusa a llevar sus cenizas a Alemania hasta que llegue el momento en que los restos de su esposo puedan regresar bajo circunstancias honorables a lo que alguna vez fue su patria.

Frank Walus

Atacado siete veces por asaltantes sionistas, casi asesinado mediante un atentado, se le despojó de su ciudadanía estadounidense y perdió su hogar para financiar su defensa.

Un mecánico de autos estadounidense de origen germano-estadounidense. Walus fue elegido para ser acusado falsamente por Simón Wiesenthal, etiquetándolo como “criminal de guerra nazi”. Desprestigiado por los medios estadounidenses como el “Carnicero de Kielce” en una salvaje campaña. Walus combatió valientemente contra los torturadores de la oficina de investigaciones especiales, también conocida como los “cazadores de nazis” yanquis. Últimamente ganó el caso contra ellos en un costosísimo proceso de apelación, pero murió después de varios y severos ataques cardiacos como un hombre amargado y financieramente arruinado. Rechazó ser enterrado en tierra yanqui porque sentía que ese país lo había traicionado y le había fallado vergonzosamente. Testigo de Zundel en el Gran Proceso del Holocausto de 1985.


A %d blogueros les gusta esto: