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Cómo Reconocer A Un Auténtico Sabio???

1 abril, 2017

Cómo Reconocer A Un Auténtico Sabio???

 

Gandalf está vivo y lucha con nosotros

3 enero, 2017
 tolkien

Tolkien no concibe la fantasía como una simple evasión. Para él, el mito es una vía de descubrimiento siempre en relación con la verdad, que es insoslayable, y la fantasía literaria no es una ficción, sino una “segunda creación”.

Tolkien es uno de los autores más sugestivos del siglo XX. Hoy, gracias al cine, se ha convertido en uno de los más influyentes del siglo XXI. Su trilogía El Señor de los Anillos ha entrado en la cultura popular. Con ella, el mundo ha encontrado una voz que nos recuerda el valor del sacrificio y del heroísmo, y la importancia de salvar las cosas que dan un sentido profundo a la vida.

John Ronald Reuel Tolkien tuvo una infancia difícil. Vale la pena contarla, porque en ella aparecen muchos rasgos que después serán determinantes en su obra. Había nacido en Bloemfontein, Sudáfrica, en 1892, en una familia inglesa. Su padre se dedicaba a vender diamantes para el Banco de Inglaterra. En aquel país desgajado entre bóers y británicos creció Tolkien hasta que una serpiente le mordió; los sucesivos problemas de salud del pequeño Ronald (así le llamaban) llevaron a la familia a volver a Inglaterra. Su padre permaneció en Sudáfrica con la idea de reunirse después con ellos, pero murió al año siguiente. Y así la familia Tolkien, madre y dos hijos, se encontró en el más absoluto desamparo.

Un maravilloso mundo interior

Este niño Tolkien descubre dos cosas muy importantes. Una: la fe católica de su madre, Mabel, una auténtica heroína que se mata a trabajar para sacar a sus hijos adelante. Dos: los idiomas, que el pequeño Ronald estudia con pasión de coleccionista. Ronald es un buen estudiante. Su madre le ha enseñado el valor del esfuerzo. También le ha enseñado latín. Con cinco años lee y escribe fluidamente. El sacrificio de su madre y la aplicación del propio Ronald le permiten estudiar en buenos colegios. Pero Mabel muere a su vez en 1904, víctima de una diabetes. Los dos niños, Ronald y Hillary, quedan al cuidado de un sacerdote católico amigo de la familia, Francis Xavier Morgan. El padre Morgan, que era jerezano, enseñó a Tolkien unas nociones de español. Gracias a este cura encuentran los dos huérfanos un lugar donde vivir y un colegio donde estudiar. Ronald escoge la carrera de Filología Inglesa en Oxford.

¿Cuándo empieza Tolkien a concebir su obra? Desde muy pronto. Quizá porque no la concibe como una obra propiamente dicha, sino cómo un auténtico mundo interior. Tolkien está fascinado por lo medieval: lee las sagas escandinavas y el Kalevala finés, estudia las lenguas nórdicas y célticas, la filología griega y el anglosajón, frecuenta la compañía de hadas y caballeros. Con sus compañeros de Oxford crea un club (el “Tea Club of the Barrovian Society”) que reivindica la belleza medieval frente a la fealdad moderna.

Todas esas referencias eruditas, de tipo histórico y literario, se mezclan en el interior de Tolkien, como en un proceso alquímico, con los materiales de su vida cotidiana. Paisajes, edificios y personas adquieren un valor legendario. La granja de su tía es Bag End, Bolsón Cerrado. Las torres del orfanato de su infancia serán las torres oscuras de sus relatos. Viaja a Suiza en 1911 y descubre las montañas nevadas por donde viajará Bilbo Bolsón. Pasea por Cornualles y adivina acantilados poblados por elfos. Cuando su novia baile para él, surgirá la escena de amor entre Beren y Luthien. Todas y cada una de sus experiencias vitales se transforman en elementos de un relato que aún no tiene forma, pero que pronto la encontrará; Tolkien lo llamaba su “legendarium”. De momento, ese mundo imaginario de Tolkien está naciendo. Años más tarde, el propio Tolkien describirá así ese comienzo del mundo, entre la música aérea de los Ainur:

“Entonces les dijo Ilúvatar:
-Del tema que os he comunicado, quiero ahora que hagáis, juntos y en armonía, una Gran Música. Y como os he inflamado con la Llama Imperecedera, mostraréis vuestros poderes en el adorno de este tema mismo, cada cual con sus propios pensamientos y recursos, si así le place. Pero yo me sentaré y escucharé, y será de mi agrado que por medio de vosotros una gran belleza despierte en canción.
Entonces las voces de los Ainur, como de arpas y laúdes, pífanos y trompetas, violas y órganos, y como de coros incontables que cantan con palabras, empezaron a convertir el tema de Ilúvatar en una gran música; y un sonido se elevó de innumerables melodías alternadas, entretejidas en una armonía que iba más allá del oído hasta las profundidades y las alturas, rebosando los espacios de la morada de Ilúvatar; y al fin la música y el eco de la música desbordaron volcándose en el Vacío, y ya no hubo vacío.
Nunca desde entonces hicieron los Ainur una música como ésta, aunque se ha dicho que los coros de los Ainur y los Hijos de Ilúvatar harán ante él una música todavía más grande, después del fin de los días. Entonces los temas de Ilúvatar se tocarán correctamente y tendrán Ser en el momento en que aparezcan, pues todos entenderán entonces plenamente la intención del Único para cada una de las partes, y conocerán la comprensión de los demás, e Ilúvatar pondrá en los pensamientos de ellos el fuego secreto”.

Mencionábamos antes a la novia de Tolkien. Hay que contar la historia, porque es muy reveladora sobre el carácter de nuestro autor. Era 1908 cuando Tolkien, dieciséis años, pupilo del orfanato, se enamoró de Edith Mari Bratt, tres años mayor que ella. ¡Y ella le correspondía! Pero el padre Morgan, el cura jerezano, temiendo que Ronald abandonara sus estudios, le prohibió tener ningún tipo de relación con ella, ni siquiera epistolar, hasta que cumpliera la mayoría de edad. Tolkien obedeció al pie de la letra: el mismo día que cumplió 21 años, escribió a Edith declarándole su amor y proponiéndole matrimonio. Ella ya estaba comprometida –creía que Tolkien la había olvidado-, pero devolvió su anillo. Se casarán tres años más tarde, en 1916, en plena guerra mundial, después de que Edith, por insistencia de Tolkien, se convirtiera al catolicismo. Tendrán cuatro hijos; el mayor se ordenará sacerdote.

Tolkien era un hombre leal, tanto a Edith como al padre Morgan… y a Inglaterra. Se graduó, en efecto, en Filología Inglesa, y con honores, tal y como el buen cura pretendía. Era 1915. Acto seguido, Ronald ha de atender sus deberes militares: Europa está en guerra y él se enrola como alférez en los fusileros de Lancashire. Antes de partir para Francia, al frente, se casa con Edith. Estará en la batalla del Somme, donde contrae la fiebre de las trincheras. Durante su convalecencia, de nuevo en Inglaterra, comienza a trabajar en El libro de los cuentos perdidos, la base de El Silmarillion, que es la guía, el plano general del “legendarium” de Tolkien. También termina de elaborar los alfabetos imaginarios de los elfos y los gnomos. El mundo de Tolkien empieza a tomar forma.

El valor eterno del mito

Con la guerra concluida, la vida de nuestro autor pasa a ser la de un típico profesor universitario: trabaja en Oxford, enseña en Leeds, vuelve a Oxford… Aquí constituye otro grupo de aficionados a la literatura, los Inklings, en el que traba amistad con C.S. Lewis, el autor de Crónicas de Narnia. Tolkien comienza a escribir El hobbit: es sólo un libro para sus hijos, pero empieza a circular entre sus alumnos, de mano en mano. Lewis le insiste en que debe publicarlo. El hobbit aparece en 1937; será un best-seller inmediato. La editorial, Allen & Unwin, quiere más. Tolkien envía El Silmarillion, pero los editores lo consideran demasiado complicado. Comienza entonces a escribir la fantasía épica El Señor de los Anillos, a partir del mismo mundo retratado en El Hobbit. Le llevará diez años.

Tolkien no concibe la fantasía como una simple evasión. Para él, el mito es una vía de descubrimiento siempre en relación con la verdad, que es insoslayable, y la fantasía literaria no es una ficción, sino una “segunda creación”. Tampoco se trata de una alegoría, sino que hay que verla como un camino para encontrar los arquetipos de la existencia, también y sobre todo en lo moral. Eso es lo que Tolkien llama mythopoeia.

Mientras tanto, el tiempo pasa y la guerra vuelve. Las ideas políticas de Tolkien son claras: católico, conservador, anticomunista. Ama la tradición, la tierra, la naturaleza. Como muchos ingleses de su tiempo, temía más a Stalin que a Hitler. Los acontecimientos, sin embargo, se desatarán por sí solos. Estalla la segunda guerra mundial y uno de los hijos de Tolkien, Christopher, parte como piloto al frente de batalla. A la mente de Tolkien vuelven los años de la Gran Guerra, los compañeros muertos. Así escribía el padre al hijo:

“A veces me siento aterrado al pensar en la suma total de miseria humana que hay en este momento en el mundo entero: los millones separados los unos de los otros, estremecidos, prodigándose en días sin provecho… aparte de la tortura, el dolor, la muerte, la desgracia, la injusticia. Si la angustia fuera visible, casi la totalidad de este planeta anochecido estaría envuelto en una oscura nube de vapor, oculto de la mirada asombrada de los cielos. (…) Todo lo que sabemos, y en gran medida por experiencia directa, es que el mal se afana con amplio poder y perpetuo éxito… en vano: siempre preparando tan sólo el terreno para que el bien brote de él. Así es en general, y así es también en nuestras propias vidas. Pero aún hay alguna esperanza de que las cosas mejoren para nosotros, incluso en el plano temporal, por la clemencia de Dios. Y aunque necesitamos todo nuestro coraje y nuestras agallas (la vastedad del coraje y la resistencia humanos es estupenda, ¿no te parece?) y toda nuestra fe religiosa para enfrentar el mal que pueda acontecernos (como les acaece a otros si Dios lo quiere), aún podemos rezar y tener esperanzas. Yo lo hago.”

Tolkien escribe constantemente a su hijo y, en la distancia, le implica en la creación de El Señor de los Anillos. Es impresionante leer esta correspondencia porque, una vez más, el mundo interior de Tolkien y el mundo exterior se anudan y entrelazan hasta constituir una sola realidad. ¿Cuál es esa realidad? La del triunfo del mal y el ocultamiento del bien. En el bien entendido de que, aquí, bien y mal no son conceptos políticos, que uno pueda atribuir a ninguno de los bandos en liza, sino que se trata de conceptos interiores, de carácter espiritual. En plata: los aliados no serán mejores que Alemania. Esto escribe Tolkien a su hijo:

“Estamos intentando conquistar a Sauron con el Anillo. Y (según parece) lo lograremos. Pero el precio es criar nuevos Sauron y lentamente ir convirtiendo a Hombres y Elfos en Orcos. Esto no quiere decir que en la vida real las cosas resulten tan claras como en una historia, y empezamos con un vasto número de Orcos de nuestro lado (…) No se puede luchar con el Enemigo con su propio Anillo, sin convertirse uno a su vez en Enemigo; pero desdichadamente la sabiduría de Gandalf parece haber desaparecido con él hace mucho en el Verdadero Oeste”.

El Señor de los Anillos apareció en tres volúmenes entre 1954 y 1955. Fue un éxito mundial inmediato. El tranquilo profesor de Oxford se vio convertido en una celebridad. Era demasiado oropel para un hobbit de gustos sencillos, como Tolkien: nuestro autor se mudó a una casa de campo, dejó su trabajo como profesor y se dedicó a cuidar de su mujer, Edith, aquejada de una parálisis progresiva. Mientras tanto, los personajes del mundo tolkieniano pasaban aceleradamente a la cultura popular, también al activismo político. Una célebre pintada en una calle italiana, en los años setenta, proclamaba: “Gandalf está vivo y lucha con nosotros”.

A Tolkien siguieron lloviéndole los reconocimientos: fue nombrado doctor honoris causa en Cambridge y Edimburgo, la reina le hizo comandante del imperio británico… Pero nada de esto tenía ya demasiada importancia para el hobbit, entregado a su mujer hasta el último suspiro. Edith Mary murió en 1971, con 82 años. Tolkien sólo le sobrevivió dos años: murió en 1973. Sus hijos escribieron en sus tumbas los nombres de Luthien y Beren, los dos amantes del “legendarium” tolkieniano.

El anciano profesor de Oxford, el niño huérfano acogido a la caridad de un cura jerezano, legaba al mundo otro mundo: la Tierra Media. El Silmarillion es la guía que permite entrar en ella. Mil avatares, desgracias y venturas se suceden en la Tierra Media, hoy destruida, mañana reconstruida. En esa historia de destrucción y resurrección se insertan las dos obras mayores de Tolkien: El Hobbit y El Señor de los Anillos. Y en esa fantasía épica que es toda la obra de Tolkien, el lector encuentra una clara imagen de la vida: sacrificio frente a hedonismo, familia y comunidad frente a individualismo, fidelidad e integridad frente al vértigo moderno, tradición y respeto frente a maquinismo, ecología y ley natural frente a la explotación de la Tierra… todo un programa.

¿Por qué, hoy, Tolkien? Porque nos ha devuelto la fe en nosotros mismos. Porque nos ha enseñado que podemos volver a ser héroes. Porque nos ha enseñado de nuevo el camino del bien, la verdad y la belleza, en un mundo que quería reducir todo eso a la nada. Lo que Tolkien viene a decirnos específicamente a nosotros, europeos y cristianos –queramos o no-, atribulados por el peso desconcertante de la Historia, es que el heroísmo siempre es posible, porque siempre será necesario conquistar anillos para ponerlos a buen recaudo. Por eso hay que leer a Tolkien.

 

JOSE JAVIER ESPARZA,  3 enero 2017

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FUENTE:

http://gaceta.es/noticias/gandalf-vivo-lucha-03012017-2025

 

…desde RUSIA…con amor?

15 octubre, 2016

 

https://www.youtube.com/watch?v=9PPvl5zh7pM

Катюшин флеш моб – такого никто не ожидал…

https://www.youtube.com/watch?v=9PPvl5zh7pM

https://youtu.be/9PPvl5zh7pM

 

Челябинцы устроили грандиозный флешмоб “Звезда Танкограда” (официальное видео).

Crónicas… de Bernal Diaz del Castillo

27 junio, 2016

  http://pictures.abebooks.com/LAPALMA40/md/md19444493536.jpg Este volumen es la primera parte de la gran obra literaria sobre la conquista de Nueva España, de cuyo autor, Bernal Diaz del Castillo,  todos los elogios son pocos… Ahora estoy buscando la segunda parte , pues es necesario leer la obra completa…   … Oviedo, 27 de Junio de 2016, Anno Domini    

 

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NOTA: Se puede leer una verswión en PDF de “La  historia verdadera…”

en 

http://biblioteca-electronica.blogspot.com

 

http://www.historiadelnuevomundo.com/docs/Conquista-Nueva-Espana-Bernal-Diaz-del-Castillo.pdf

en Suecia izan una bandera con la Cruz Gamada

22 abril, 2016

EL DÍA DE SU CUMPLEAÑOS

Izan una bandera nazi en un Ayuntamiento en honor a Hitler

“Vetlanda se esfuerza por ser una comunidad abierta y esto va totalmente en contra de ello. Es verdaderamente triste”, ha declarado el alcalde de la localidad sueca Magnus Färjhage.

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Gaceta.es

Viernes, 22. Abril 2016 – 11:45

 

Los residentes de Vetlanda, una pequeña ciudad sueca de más de 13.000 habitantes, han amanecido este miércoles con una bandera nazi ondeando frente al ayuntamiento, informa el diario ‘The Local’. Se cree que el estandarte con la esvástica ha sido un silencioso homenaje a Adolf Hitler, nacido el 20 de abril del año 1889.

La bandera fue descubierta por un empleado del ayuntamiento a primera hora de la mañana y fue rápidamente arriada por un conserje de guardia. El incidente ha sido clasificado como “incitación al odio racial”, informa el periódico local ‘Vetlanda Posten’.

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Los residentes de Vetlanda, una pequeña ciudad sueca de más de 13.000 habitantes, han amanecido este miércoles con una bandera nazi ondeando frente al ayuntamiento, informa el diario ‘The Local’. Se cree que el estandarte con la esvástica ha sido un silencioso homenaje a Adolf Hitler, nacido el 20 de abril del año 1889.

La bandera fue descubierta por un empleado del ayuntamiento a primera hora de la mañana y fue rápidamente arriada por un conserje de guardia. El incidente ha sido clasificado como “incitación al odio racial”, informa el periódico local ‘Vetlanda Posten’.

“La bandera será entregada a la Policía y se va a realizar un informe”, ha declarado a la cadena de televisión sueca SVT el alcalde Magnus Färjhage. El edil ha tildado el suceso de “inaceptable” aunque ha hecho hincapié en que se trata de “un solo caso aislado”. “Vetlanda se esfuerza por ser una comunidad abierta y esto va totalmente en contra de ello. Es verdaderamente triste”, ha afirmado.

Numerosos vecinos han expresado su indignación en Facebook. “Qué ofensa tan horrible para todas las personas que han sido víctimas de esta terrible ideología. Es horrible que el eco de la historia no llegue a todos los residentes de nuestra pequeña ciudad”, ha lamentado Charlotte Blom. “Espero que encuentren a quien lo hizo”, ha escrito Mattias Nilsson. La Policía ha abierto una investigación.

No es la primera vez que aparece en Vetlanda una bandera nazi en el cumpleaños de Hitler: el año pasado una esvástica fue izada junto a una escuela.

http://gaceta.es/noticias/izan-bandera-nazi-ayuntamiento-honor-hitler-22042016-1145

Comentario de un lector de gaceta.es

Carlos Pérez Santiago ·

Mi más sinceras felicitaciones al hombre más calumniado de la historia. Pequeño documental informativo para conocer un poco mejor a Adolf Hitler. https://m.youtube.com/watch?v=Ay8j9Anm0n

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The Brussels Attacks: What is True, What is Fake? Three Daesh Suspects at Brussels Airport

27 marzo, 2016

Two Fake CC surveillance Videos of the bomb attacks,  Ibrahim’s  Laptop Computer discovered in a Rubbish bin; 

The  alleged Will (Testament) of one of the Daesh suspects; 

Foreknowledge of the Attacks by the Belgian police and security authorities; 

An EU terror emergency drill simulating a Metro attack held three weeks earlier, …  

Mystery, “Evidence” concerning the deceased suicide bombers?

The role and death of suicide bombers Khalif and Ibrahim el-Bakraoui respectively at the Maelbeek metro station and Brussels airport? 

Where are the official surveillance video recordings? Sofar they have been suppressed? 

The Mysterious Photo: Three Daesh Suspects at Brussels Airport Caught on the CC Surveillance Camera?   

A review of official police statements suggests that the still photos allegedly from the Airport CC Surveillance Camera were not initially released by the Police, they were first published by Dernière Heure, DH.be, which is part of Belgium’s media giant Groupe Multimédia IPM S.A.

It is worth noting that DH.be together with La Libre (also part of Groupe IPM) (mistakenly) published the fake CC surveillance video of the Brussels airport bomb attacks by using the footage of the Moscow terror attack of January 2011.

The “real” video footage from the airport CC surveillance cameras has sofar not been made public  

Below is the picture of the three Daesh suspects walking in Brussels airport. There is no mention as to when (at what time) the still video picture was taken.

Apart from this still image, no official CC surveillance video footage was released. (See our analysis on the fake CC videos).

As mentioned above, there are contradictions regarding the time of release and the source of the above images.

Derniere Heure DH.net.be published the still photo from the CC camera at 10.27am, two and a half hours BEFORE its alleged official release by the Brussels police: at 12.58pm.

The airport was closed shortly after the 8am attack: there are three possible answers:

1) that the airport security authorities made the video images available to DH.be prior to releasing it to the police.

2) that the Brussels police authorities released the images to DH.be as an exclusive, prior to their official release. Unlikely

3) that the source of the still image did not emanate from the airport surveillance CC cameras, but from another source which was used by Derniere Heure DH.be

Most media reports acknowledged that the mysterious photo of the alleged suicide bombers was released by the Brussels police.

The twitter entries below confirm the exact time at which the airport photos were released:

First Release by DH.be at 10.27am (entitled “Photo Exclusive” by DH.be)

Second Release by Politie Brussel/Police de Bruxelles: 12.58pm   

The press release of the federal prosecutor’s office on March 23rd confirms the identity of one of the suspects, Ibrahim El Bakraoui and mentions the photo. The time of its release is not mentioned.

https://5052.fedimbo.belgium.be/sites/5052.fedimbo.belgium.be/files/explorer/persbericht_23_mars_2016_FR.pdf

See also

http://www.dhnet.be/actu/belgique/ils-transportaient-leurs-bombes-dans-des-valises-apres-avoir-pris-le-taxi-56f153de35708ea2d3ce72ab

Analysis: Are the airport images genuine?

In other words, can we trust DH.be which published a fake surveillance video of the bomb attack (using footage from Moscow January 2011) on March 22 at 09.07 (one hour after the bomb attack). (See our earlier report on this issue, see summary in the text box below)


The Moscow Airport January 2011 and the Minsk, April 2011 terror attacks

The CC surveillance videos of the attacks in real time published by Belgium’s media on March 22  at both the airport and the metro are fake,

This is confirmed by an earlier Global Research report. The Belgian corporate media published footage from theMoscow airport attacks (January 2011) and the Minsk Metro terror attack (April  2011).

Video 1 scan (Moscow airport, January 2011)

Video 2 scan (Minsk Airport, April 2011)

Here is a screenshot of  the Minsk 2011 video footage broadcast on Belgian network TV and on the internet depicting the explosion in the Metro in Brussels, March 22, 2016

Contradictions

In contradiction with the official Prosecutor’s press release which identifies only one of the suspected terrorists, namely Khalif , several media reports identified the three men as Khalif and Ibrahim el Bakraoui at Brussels airport together with Najim Laachraoui. The quoted source was the official surveillance camera.

Khalif allegedly committed the suicide attack at the metro station. So why was he walking together with his brother at the airport? The airport was closed down immediately after the bomb explosions.The Prosecutor’s press release (March 23) quoted above gives a superficial explanation.

In this regard, several media changed their stories, first Khalif died at the airport as the second kamikaze. The media subsequently clarified quoting The Belgian Federal Prosecutor “that one detonated at the airport and the other at the Maelbeek metro station.”

In a subsequent statement emanating from the Prosecutor’s office, Najim is confirmed as the second kamikaze at the airport. In turn, media reports then confirmed that Najim Laachraoui was the second attacker at the Zaventem Airport. Subsequent reports confirm the death of Ibrahim and Najim at the airport, without any substantiating evidence.

According to Le Monde “a second man, carrying a large bag, was seen on CCTV in the Brussels metro with Khalid el-Bakraoui” (quoted in the Guardian).

News reports say that “authorities identified” brothers Khalid el-Bakraoui, 27, and Ibrahim el-Bakraoui, 30 as the suicide (Kamikaze) bombers.”Ibrahim el-Bakraoui died at Zaventem Airport while Khalid el-Bakraoui died at the Maelbeek Metro Station

But where is the evidence, where are the bodies? Has a post mortem (autopsy) been conducted which confirms the identity of the kamikaze bombers. Is there a coroner’s report?

Ibrahim’s Computer and Will Found in a Rubbish Bin 

According to the Prosecutor’s press release, a  computer was found abandoned in a rubbish bin which contained the will of Ibrahim. This was discovered thanks to the testimony of  the taxi driver who took Ibrahim to the airport. In addition to the explosives, a flag of the Islamic State was also found.

The full text of the alleged will (testament) is not available.

Some media call it a “letter”. From what has been released to the media,  the alleged will does not say anything. In fact it is not a will but a text focussing on Ibrahim’s personal fears. Daesh is not mentioned, neither is the planned bomb attack.

Suspects were Known to Police and Intelligence

What is of significance is that all the suspects were on the radar of police and intelligence.

The two el-Bakraoui brothers “were already being sought by police due to suspected links to the November terror attacks in Paris.”

Ironically, Brussels police categorizes Ibrahim as unknown suspect (suspect inconnu)

 

http://www.globalresearch.ca/the-brussels-attacks-what-is-true-what-is-fake-three-daesh-suspects-at-brussels-airport/5516269

http://www.globalresearch.ca/

PARA SER UNA MUJER EUROPEA…

12 marzo, 2016

sábado, 12 de marzo de 2016

PARA SER UNA MUJER EUROPEA…

 

Lo que sigue a continuación son ideas que toda mujer debe saber en  relación a su vocación profesional y protección de la salud, así como  para orientar su vida sentimental y familiar.

01.-  El autor alemán Oswald Spengler escribió que para muchas mujeres  el tener un hijo “ significa el futuro, la prolongación de la propia vida”.

(“La decadencia de Occidente”)

02.-  Hoy, en Europa y en general, en los países industrializados, ser madre es difícil porque las empresas y el Estado no dan las facilidades necesarias para que sea compatible la educación de los hijos con la actividad laboral. Esto hace que en algunos países de Europa la natalidad tan baja que no permite el relevo generacional.

03.-  Tanto las mujeres como los hombres deben tener una educación básica y aspirar a tener una cultura extensa.  Sólo así serán buenos trabajadores y buenos educadores de sus hijos.

04.- La formación de la personalidad  se basa en la aceptación de unos principios éticos que hacen posible la convivencia y la armonía social. Solo una conducta moral y el respeto mutuo hacen

posible la armonía y amor entre varón y mujer.

  1. La estabilidad y el progreso de una comunidad nacional se apoyan en la estabilidad de las familias que la forman. La unidad familiar da seguridad y fuerza de voluntad a sus miembros, pues los individuos son solidarios y sociales por naturaleza.

06.-El egoísmo individualista debilita tanto al hombre como a la mujer. De ahí que sólo las personas psicológicamente muy fuertes o las que tienen vocación mística o monacal prefieren una vida al margen de los deberes y responsabilidades que conlleva formar una familia.

07.-  Se da por supuesto hoy día que el único trabajo productivo y remunerado es el trabajo realizado fuera del hogar, sin embargo el trabajo doméstico, generalmente desempeñado por la mujer, es el que hace posible que los miembros de la familia que trabajan fuera de casa –el padre y los hijos—ejerzan bien su tarea y en condiciones saludables. De ahí se llega a la conclusión de que los ingresos dinerarios que entran en una casa pertenecen por igual al marido y a la mujer.  Se supone que el trabajo de los hijos e hijas del matrimonio consiste en sus estudios escolares, universitarios o de formación profesional, y por consiguiente se trata de un trabajo no remunerado.

08.-  Es una realidad biológica la polaridad existente entre varón y mujer. Se ha comparado esa polaridad a la que se desarrolla en la electricidad: dos polos de distinto signo se atraen y los de mismo

signo se repelen. En un caso se crea la electricidad y en el caso de la atracción del hombre y de la mujer se crea la prole humana.

09.- Para construir una sociedad y un estado bien integrados no sólo son fundamentales la ética y la educación académica, también es muy importante la formación física (salud y eugenesia, deportes, etc), la formación del carácter y de la voluntad. Por supuesto, la apreciación de las bellas artes, de la música en primer lugar, la artesanía, etc. son parte  imprescindible de la educación popular.

10.- Las llamadas tareas del hogar, tales como cocinar, coser, limpiar y embellecer y hacer habitable el espacio doméstico son poco valoradas por las ideologías hoy dominantes.  Los gobiernos e instituciones privadas, y también los grandes centros de poder económico y financiero promueven el acceso masivo de la mujer al mercado laboral. El resultado es que el hogar, y como consecuencia, la familia, queda desatendida.

Dado que los hombres no contribuyen en su mayoría, a las tareas domésticas y que muchas mujeres están sobrecargadas de trabajo, pues a la misión exclusiva de parir y cuidar a los niños añaden con frecuencia trabajos asalariados, es la familia, como unidad básica de las naciones, la que sale perdiendo.

11.- Se ha hecho creer a la mujer que puede sentirse realizada ejerciendo tareas  “de hombres” como son soldado, minero, bombero, barrendero, basurero, etc.  Evidentemente, en la guerra de 1939-1945, las mujeres alemanas en general han preferido tareas como enfermería, y han sabido ejercer multitud de oficios y trabajos que ocupaban hombres destinados al combate, antes que coger las armas para matar.  En aras de una pretendida equiparación entre hombres y mujeres se ha hecho que  mujeres se alisten en los ejércitos de algunos países… para encontrar no una realización vocacional…sino una brutal y cruel carnicería…

12.- Para que “la mujer del hogar” no se sienta despreciada en su dignidad,  su trabajo debe ser valorado, pues el trabajo doméstico es en verdad de lo más valioso. Sin embargo, prestigiar el trabajo doméstico es muy difícil en una sociedad mercantil en la que sólo se valora el trabajo en función del dinero que aporta.  Este problema de justicia distributiva sólo es posible resolverlo con una política centrada en la defensa de la familia como célula social básica, y no del “individuo”.  Las personas nacemos en el seno de una familia, crecemos y nos educamos en una familia a ser posible compuesta de un padre y una madre vivos y que se amen y apoyen mutuamente. La mujer es la que pare a los hijos, y sin ella la familia se disgrega. Por eso, la salida de la mujer del hogar para incorporarse al trabajo, en muchos casos supone la destrucción de la familia y la dispersión de los hijos.

Lo cual no significa que muchas mujeres no puedan alcanzar importantes logros profesionales, pero en todo caso, deberán elegir entre dedicarse a los hijos o a su vocación laboral.

  1. En la sociedades “desarrolladas” de Occidente las mujeres se esfuerzan, tanto como los hombres, en “ganar dinero”…pues se ha olvidado, en general,

que  debemos “trabajar para vivir” pero no  “vivir para trabajar”. Como dice Baltasar Gracián…:”que los bienes de este mundo te sigan, pero que no te arrastren”. No es malo que muchas mujeres se queden en casa educando y educándose; lo malo es que los hombres se hallen siempre fuera de casa obsesionados en ganar más y más dinero, lo que conlleva un relativo abandono del calor familiar, de la atención debida a esposa e hijos.

14 .- Las sociedades modernas valoran más el precio en dinero de un objeto de consumo que la calidad del trabajo realizado para la producción de ese objeto.  Se valora, por ejemplo, en una cena casera, no el esmerado trabajo de varias horas, sino los manjares y vinos caros, la repostería y platos que van directamente desde la tienda a la mesa. No se valora el trabajo y pericia del ama de casa que elabora “comida económica” pero sana.

Las economías domésticas están organizadas de tal forma que muchas esposas prefieren trabajar fuera de casa, por sueldos bastante bajos, para poder pagar las mercancías y servicios que ellas mismas podrían realizar en casa. Como resultado de que incluso muchas familias acostumbran a comer en restaurantes baratos o encargan alimentos precocinados, muchas mujeres y la gran mayoría de los hombres son incapaces de elaborar en casa una alimentación básica o sencilla. Y, por supuesto, sólo las personas que ingresan altos rendimientos dinerarios pueden permitirse el lujo de tener en casa criados y cocineros a sueldo. Para la mayoría de los hombres, la muerte de la esposa supone una catástrofe y no tanto ocurre en el caso de las mujeres viudas, pues ellas están más preparadas para sobrevivir en soledad. Por supuesto, en las familias con numerosa prole y nietos, este acaecer de la viudedad es más llevadero.

15.—En cuanto a la forma de manejar su vida de modo independiente y sin interés por el matrimonio, siempre ha habido mujeres muy “masculinas” en sus gustos y aspiraciones. Incluso en la Alemania nacionalsocialista hubo este tipo de mujeres, pero las leyes del Estado no impedían su desarrollo  vocacional, sino que se dirigían a la gran mayoría de las mujeres del pueblo. Lo que al Estado interesaba es conseguir  que el trabajo de la mujer que necesitaba o quería trabajar fuera de casa fuera compatible con el cuidado de su hogar y de sus hijos. El esfuerzo legal de la política laboral del NS iba encaminado a hacer lo menos duro posible el trabajo de las mujeres empleadas en fábricas, talleres, laboratorios que no podían prescindir de su sueldo pero también querían tener una vida familiar.

También hay que tener en cuenta que en la Alemania nacionalsocialista el trabajo era considerado como un honor y un servicio hacia la comunidad popular, y por consiguiente no se valoraban los distintos tipos de trabajos como dignos o indignos, sino que se valoraban como necesarios o inútil. También se consideraban una clase de trabajos más adecuados para hombres o para mujeres, en función de las característica psicosomáticas de cada sexo.  En la legislación laboral y en la asignación salarial se tenía en cuenta la condición de padre o de madre del trabajador.

Secularmente la mujer se ha encargado del cuidado de la casa y de los hijos mientras  el hombre se ocupaba de la caza, de la guerra; hoy diríamos, de traer la comida y de la seguridad de la familia.

Los pueblos y naciones de etnias o razas caucásicas o europeas siempre han protegido a la mujer evitando que ejerciera los trabajos más peligrosos para su salud e integridad física, lo cual es una manera de proteger el futuro de la comunidad. En la actualidad la mujer puede trabajar en lo que quiera y a veces se ve obligada a realizar tareas agotadoras, lo cual va en perjuicio de su posible vocación maternal. Hemos llegado, en el siglo XXI a la situación dramática ó jocosa, según se mire, de que la mujer que quiere quedarse en casa no puede y la que puede no quiere.

16.-  Sería muy deseable que las mujeres madres de familia tuvieran mucho tiempo disponible para, durante su juventud, poder educarse en temas muy diversos, adquirir una cultura muy amplia, para en su momento poder educar eficientemente a sus hijos. Por otra parte, una mujer con amplios conocimientos no sólo utilitarios en el hacer doméstico, sino también en cuanto formación humanística, artística, etc.,  estaría siempre en condiciones de formar una familia unida y más estable.

Los esfuerzos de la sociedad no deben fomentar expulsar del hogar a la mujer; más bien debería esforzarse en que el marido sea más amante de la vida familiar y no dedique todo su tiempo al trabajo, los negocios o el bar…

Por supuesto que el marido debe trabajar para mantener el hogar y su familia, pero también debe saber repartir el tiempo sobrante en dedicación a los amigos, deporte, aficiones artísticas, culturales o de amor a las excursiones campestres, senderismo, montañismo, etc. Y las personas con sentimientos más cívicos incluso buscarían tiempo para realizar servicios sociales, tales como ayudas a los ancianos, huérfanos, etc.

17.-  Richard Wagner decía, como denuncia, que el hombre moderno tiene como dios al dinero y como religión la usura.

Por eso, es necesario, si queremos superar nuestra sociedad decadente, desarrollar actividades y trabajos altruistas y desinteresados. Tenemos que tener presente la idea de servicio y un sentimiento de solidaridad nacional y popular; sentirnos miembros  –no sólo ciudadanos—de una Patria grande  encarnada en una historia milenaria.

18.-  Un dicho hindú decía que todo hombre ó mujer, durante su estancia en la Tierra, debería hacer tres cosas: plantar un árbol, escribir (o leer) un libro y tener un hijo. En la Germania tradicional se decía que la mujer centraba su vida en tres ejes: la fe, la cultura y los hijos. Lo cual dio lugar al trilema de las tres K: (Kirche, Kultur und Kinder).

Es evidente que son las madres quienes transmiten la fe y las oraciones a sus hijos en la primera infancia. Fue el trabajo y tesón de las mujeres alemanas –pues muchísimos de sus hombres, maridos e hijos y hermanos habián muerto en la guerra—las que participaron, con su fe en Dios y en la esperanza en reconstruir la nación en ruinas, en la vuelta a una normalidad relativa después de la catastrófica derrota militar en 1945. Sin voluntad y fe habría sido imposible una reconstrucción de ciudades arrasadas por millones de toneladas de bombas, desde el día siguiente a la terminación de la guerra.

Los adversarios a la educación cristiana de los hijos también procuran que éstos no crean en Papá Noel o en los Tres Reyes Magos, argumentando que no deben llenar las mentes infantiles con fantasías. Parece un chiste, porque resulta  que, muy abundantemente y constantemente, el cine, la televisión, la prensa y el teatro y todos los medios de propaganda de ideas, están llenos de fantasías cuando no de mentiras y falsedades sobre la historia reciente y sobre el acontecer diario, con el fin deliberado de condicionar el modo de pensar  de los ciudadanos y asi lograr que voten lo que lo poderes mundiales imponen.

19.- Los conceptos de espacio infinito, de vida eterna, de la “nada” son conceptos que escapan a nuestro razonamiento. No son susceptibles de estudios o de análisis porque sobrepasan a nuestra capacidad racional. Decía el filósofo Berard Shaw “no entender por qué los hombres que creen en los electrones se consideran menos crédulos que los que creen en los ángeles”.

Lo que viene a significar que es tan difícil creer en una interpretación materialista del mundo como en una explicación religiosa.  En resumen, todo se reduce a dos posibilidades: o creemos en algo –el infinito, la vida eterna—o no creemos en nada…

y ambas posibilidades escapan a nuestro conocimiento; por lo cual resulta más positivo creer en algo que en nada.

Para mí, lo más maravilloso del Universo no son los misterios del Infinito y la Eternidad; me admiran más los sentimientos de bondad, heroísmo, abnegación, amistad, sacrificio y tantos otros que parecen actuar contra el instinto de conservación y contra nuestro egoísmo innato.  Cuando era muy joven llegué a pensar que el misterio estaba no tanto en la existencia de un Ser capaz de crear al hombre físico, sino en haber creado a un hombre espiritual, capaz a su vez, de crear, por ejemplo, el preludio de Lohengrin.

Un hombre, que normalmente se aferra a la vida con toda su fuerza, en determinados casos y circunstancias, da su vida por una causa noble, incluso si cree que  no hay otra vida más allá de la vida terrenal. Este gesto de autoinmolación, de la muerte del héroe, sólo se explica porque existe el Amor, en su sentido más amplio, como un misterio más de la Creación. El amor humano a Dios es sublime y según dicen los teólogos Dios mismo es Amor.

20.- Está claro que la importancia de la religión es fundamental para la vitalidad de los pueblos. La identificación del hombre con Dios da cohesión

solidaria a los ciudadanos y a los estamentos, regiones y clases sociales. Sin embargo, en los regímenes laicistas basados en un liberalismo que excluye cualquier fe religiosa o política, se propaga el agnosticismo e incluso el ateísmo.

20 .- En la Alemania del III Reich se logró construir lo que se llamó “Volksgemeinschaft” (“Comunidad popular”), que es, como define Roger Bonnard en su obra “El Derecho y el Estado en la Doctrina Nacionalsocialista”, punto de partida del sistema político del NS, centro de la organización política. La noción de “Volk” no es una noción jurídica sino una noción étnica. En este intento de crear la Volksgemeinschaft, la aportación femenina fue fundamental. La muchacha de la ciudad aprendía a conocer el mundo rural, la naturaleza y los animales.

Respecto a la atención por parte del Estado a la salud de las mujeres, el Dr. Goebbels decía: “si la mujer es sana, entonces también el pueblo es sano”, pues el NS no sólo se preocupaba de la salud física de la mujer, sino también de la salud psíquica y espiritual.

21.-  Hoy parece anticuado besar la mano de una dama, cederle el paso o mostrar cualquier tipo de deferencia hacia ella. El NS procuró trasladar al plano de la política el esa deferencia que tenía con la mujer en el trato personal. Es más, el NS era la versión política  del movimiento artístico llamado romanticismo. El hombre europeo siempre ha dedicado a la mujer un trato caballeresco. Todo lo contrario que otras razas que, a menudo, han adjudicado a las mujeres las tareas más duras o desagradables.  El hombre blanco se caracteriza por pensar: “Como soy más fuerte, debo proteger o defender al débil.” Es de esperar que ese trato caballeresco y de respeto hacia la mujer volverá a producirse en el mundo blanco u occidental.

Las épocas como la nuestra, no son más que anécdotas que con la perspectiva de los milenios venideros, no tienen ninguna importancia.

El sol rojo de la Santa Rusia

17 octubre, 2015

sábado, 17 de octubre de 2015

El sol rojo de la Santa Rusia

por Isidro Juan Palacios – Debats, Verano 2004 –

La profunda crisis que atenaza a Rusia es el resultado de una encrucijada en la que aún hoy se debate el país de los eslavos. Raíces étnicas, culturales y religiosas, por un lado; el recuerdo un tanto ya debilitado de los mejores años del comunismo, por el otro; y una cada vez más fuerte y oficializada “tentación occidental” al estilo de Pedro el Grande, constituyen las tendencias principales del problema. El clima ruso sigue inmerso en una tempestad de las estepas que no cesa. Todo aquí parece seguir siendo apocalíptico. El equilibrio es difícil y la lucha por el poder persiste, en medio de tristezas, desmotivaciones generales y conflictividad organizada, sin olvidar, claro, las proféticas esperanzas. En Rusia todos saben que algo sigue hundiéndose, aunque asimismo hay algo que renace.

  • Rusia, hoy como ayer, sigue debatiéndose entre la memoria de san Vladimir y la Santa Rusia, y la de Pedro el Grande, el primer monarca ruso ilustrado y occidentalista.
  • Para que exista Rusia –según Boris Godunov– es preciso que se den dos factores esenciales e imprescindibles: la Ortodoxia y el Zar.
  • Rusia une Oriente y Occidente, de hecho es el único que representa el nombre de todo un continente simbólico: Eurasia, naciente, curso y ocaso del sol.
  • ¿Por qué la aparición de Fátima insistió tanto en la consagración de Rusia y por qué cinco Papas de la Iglesia de Roma se negaron a hacerlo?
  • El martirio y las zozobras por las que ha pasado recientemente Rusia tendrían que ver con un destino misterioso que el país de los eslavos tendrá que desempeñar en el futuro.
  • “Pienso que Rusia, que ha abierto las puertas del infierno al mundo, es la única capaz de poder cerrarlas” – escribe Solzhenitsin. Occidente no puede hacerlo: “todo el orbe está debilitado por la prosperidad y… pronto perecerá… las manos para vencer el infierno vendrán del Oriente eslavo. Para la historia… Rusia es un país clave”.

El caso ruso actual es semejante al que Occidente vive ya, aunque su bienestar le ciegue y no le permita ver ni el estado en que se encuentra y ni la nocividad que su civilización extiende. Europa, tanto al este como al oeste, decae, en la escasez o en el bienestar actuales.

Rusia termina de salir ahora de un periodo largo en el que su característica principal, desde el punto de vista de la cultura, ha consistido en ser infiel a su propia identidad, a su ser más profundo. Primero tímidamente con la reforma ilustrada de Pedro el Grande y luego, más tarde, sin prejuicios ni respeto alguno, con la Revolución y el Estado soviético. Aquellos fueron los años de su impostura. En estos momentos, enfrentando ahora su propia crisis, Rusia se encuentra en un caos incierto, en un nuevo interregno donde las fuerzas chocan, ante una disyuntiva, en una encrucijada de caminos, sin centro, sin seguridad, delante de la imperiosa necesidad de abordar otra vez su destino o perecer. Eso es, ineludiblemente, lo que le sucede al que ha perdido un cierto orden, sea un país entero o un simple ser humano.

En situaciones como la descrita surge siempre la misma cuestión, siendo muchos los que se hacen el mismo planteamiento. Cuando suena la hora de la confusión, cuando la sensación reinante es la de estar literalmente perdidos, los pueblos y sus dirigentes, todos, acaban por sentir la necesidad de volver a sus orígenes más firmes, hacia aquello que un día les diera su raíz más genuina y su seguridad más fuerte, como en la historia evangélica del hijo pródigo. La respuesta en Rusia a este reto tiene urgencia, como igualmente a este lado de Europa, aunque todavía aquí para la mayoría no haya sonado la hora apremiante. No obstante, vendrá para todos tarde o temprano.

En el país de los eslavos, hasta los ex soviéticos saben cuál es la cuna rusa; y Yeltsin dio muestras de saberlo al ordenar de inmediato la restauración del viejo escudo de los zares como enseña nacional, amén de aliarse de nuevo con la Iglesia ortodoxa y de peregrinar a San Petesburgo (la antigua Leningrado) para decir desde esa ciudad emblema –desde donde emergiera la traición de la Duma y la revuelta soviética– que en el nombre recuperado de Rusia no habría más “revoluciones” como la sacudida de los últimos setenta años. Sin embargo, con ser esto mucho para unos y para otros, no parece ser suficiente, porque el dilema que persiste no se resuelve del todo con la escenificación de algún que otro gesto político espectacular. El problema requiere, claro está, tomas de postura más hondas y significativas. Con ello brota una nueva inquietud, porque una de esas puertas por dónde quiere volver Rusia en clave restauradora la expuso con claridad Yeltsin en la era post soviética y, por lo que parece, la mantiene el actual presidente Putin. Según tales preferencias actuales, la tendencia gubernamental se decanta hacia el despertar del espíritu de Pedro I el Grande (1672 – 1725), el zar que terminó violentamente con muchas tradiciones rusas. Despertarlo y afianzarlo sería esa política.

Pedro el Grande, el fundador de San Petesburgo, la nueva capital del imperio, no rompía con todo, es verdad, no arrasaba todas las esencias rusas, pero sí, como se ha reconocido, una buena parte de ellas. Desde dentro, quienes en esa época enarbolaron la causa de lo genuinamente ruso oponiéndose a las reformas –entre los cuales estaba el zarevich Alexei Petrovich, hijo de Pedro I– afirmaban que aquella “modernización” no significaba otra cosa que el “principio del fin” de la Santa Rusia. No les faltaba razón1.

La pregunta, por consiguiente, ha sido formulada. ¿Dónde están y cuáles son esas esencias capaces de sacar a Rusia de su situación presente?

La esencia rusa

El día en que Iván el Terrible anunciaba a los nobles boyardos, miembros de la Duma (la cámara de los representantes), su deseo de abandonar el trono y retirarse a un monasterio para el resto de sus días, a fin de purgar allí sus muchísimos pecados, el joven Boris Godunov tomaba por primera vez la palabra ante tan notable asamblea.

–“Sin Zar no hay Rusia”– les dijo. No fue una afirmación sorprendente, pero todos lo escucharon en silencio… Y abundó en esas palabras, sobre todo para nosotros, que se las íbamos a escuchar hoy a través de Vladimir Volkoff, uno de esos escritores rusos que aún siguen viviendo en París.

–“Para que exista Rusia –siguió el joven Boris– se necesitan dos cosas: la Ortodoxia y el Zar. Por tanto, para que Rusia exista, lo único realmente imprescindible es el Zar.”

Desde que Rusia se quedó sin zar, su alma no podía morir, pero ha vivido casi setenta años del siglo XX encadenada, desde 1917 a 1985. El espíritu ruso fue sacado de la tierra y encadenado. Durante todos estos años, el símbolo de esta adversidad ha sido, sin duda, la momia de Lenin, una inmortalidad simulada, un cuerpo sin vida que la ciencia ha sabido mantener “vivo”, presente, con magistral orgullo, y que el poder soviético situó en el centro justo, y no por casualidad, en el centro ortodoxo del Kremlin moscovita, esa “sacramentalidad de la presencia entre murallas”. Por eso, la pretensión de quienes en Rusia pidieron que los restos de Vladimir Ilich Ulianov -Lenin- fueran trasladados a un cementerio de Leningrado, hoy de nuevo San Petesburgo –como el dirigente soviético dispusiera en su testamento–, y allí dejados junto a los de su madre habla por sí sola.

Situados, pues, ante la clave del despertar y del destino de Rusia, ante la reanimación de sus raíces, el renacimiento ruso se encuentra no únicamente ante el problema del estado de su ser atrofiado, sino ante el señuelo, la ilusión de un Occidente que, eufórico aún, ha reaparecido ante las miradas del Este con la fuerza de un imán. Frente a esa alternativa, sin abstracciones, se levantan (insistimos) los semblantes de dos figuras, de dos zares contrapuestos. San Vladimir, en quien se reúnen las vertientes paganas y cristianas de todas las Rusias, y el ya nombrado Pedro el Grande, el primer monarca ilustrado y occidentalista ruso, padre de la primera decadencia eslava, a la postre emprendida en la última década del siglo XVII.

Es cierto que algunos rusos, sobre todo habitantes de las agitadas y todavía precarias urbes, suspiran por nuestro agónico mundo occidental, por su no tan saludable progreso, más bien enfermizo, por su falseado gigantismo bastante ya cristalizado; otros, empero, la inmensa mayoría de los pueblos rusos, buscan en sí mismos y rehacen su memoria. En esta última corriente, se halla en sintonía la Iglesia ortodoxa, así como una buena riada de escritores, entre los que sobrenadan Solzhenitsin, el mencionado Volkoff o Guenadi Chimanov quien, citado por Yanov, escribe: “Ha habido demasiado sufrimiento en Rusia, y Dios no permitirá que este sufrimiento termine en la grotesca y mezquina nulidad democrática”. Claro que es innecesario decir que tanto esta expresión, como el trasfondo que se está moviendo, trasvasa las especulaciones puramente secularizadas de la política o de la economía, para entrar así, en la urdimbre más sutil, permanente, prístina y escondida de Rusia.

Por lo que respecta a quien esto escribe, afortunadamente le tocó vivir en la evocación de la principal efeméride rusa hace ya unos cuantos años, aquí, en España. Se iba a conmemorar el bautismo de Rusia en su día más señalado: el de los mil años. Por entonces tenía yo algunos amigos rusos, blancos y ortodoxos, con los que me fui encontrando entre las brumas de su exilio. Todavía los conservo sin excepción, aunque alguno ya esté muerto. El más joven de ellos, que se encargaba de coordinar los actos del milenario y de dar forma al Comité de los Actos Conmemorativos, me invitó a participar. Apuntaron mi nombre junto al del heredero del trono de Rusia, el gran duque Vladimir, al del Rey Simeón de los búlgaros, al del arcipreste griego padre Dimitris Tsiamparlis, al del profesor en filología y antiguo jefe del gobierno ruso en el exilio suizo Rurik de Kotzebue, al de Lucía Seslavin, y al lado de los hermanos Eugenio y Nikolai de Dobrynine.

Había nacido toda esta historia en el año 988 o (según cree Volkoff) en el 989 de Nuestro Señor, en la que un príncipe pagano, nórdico, varego o vikingo, de nombre Vladimir, se convierte al cristianismo. Enseguida, también sus nobles y su pueblo, inmersos en las aguas sagradas del río Dniéper, reciben el bautismo. Por este gesto y por los otros que le siguieron durante el resto de su vida, Vladimir –conocido por la tradición como Sol Hermoso o Sol Rojo– recibiría además, por parte de la Iglesia, el título de Santo o Ravnoapostolny, El Igual a los Apóstoles. De él me habló, como jamás ningún libro podría haberlo hecho, Rurik de Kotzebue, un fiel y disidente ruso blanco por cuya amistad entendí la entraña de la Ortodoxia, el misterio cautivador de la vieja Rus’ de Kiev luego Rusia, de Eurasia, de los iconos y del zar, cuya fotografía tenía dedicada, ya un poco amarillenta y encuadrada en terciopelo rojo invernal con el águila bicéfala plateada del Imperio. Ya anciano, no murió hasta que hubo celebrado el milenario de la conversión de Rusia. Puedo verle todavía, pues lo recuerdo, de pie, en el centro de la nave de la pequeña iglesia ortodoxa de los santos Andrés y Demetrio, en la calle Nicaragua de Madrid, emocionado, con voz vibrante, pero serena, hablándonos de san Vladimir y del cristianismo ruso.

Fátima y Rusia

Hay, además de este fundacional bautismo milenario, otro detalle más reciente, harto singular, que durante casi todo el siglo pasado concitó un buen caudal de especulaciones.

En la misma fecha de 1917, en la que se iniciaba la Revolución soviética, en uno de los confines de Eurasia, en las antípodas de Rusia, se aparecería la Virgen de Fátima. No fue sólo una extraña coincidencia. La relación entre ambos acontecimientos revela el signo de algo más hondo: descubre la misión escatológica de la Virgen como sello en el final de los tiempos y el destino en ellos de la Rusia cristiana. Cuando en Fátima, en una de las partes de su secreto, la aparición anuncia a los tres niños pastores que vendrá “a pedir la consagración de Rusia” a su Inmaculado Corazón, el mensaje contempla el advenimiento del comunismo y su posterior extensión en aquel país y más allá de sus fronteras, la suerte de un rey y el desencadenamiento de la II Guerra Mundial, ésta aún “peor” que la anterior. Aunque parezca extraño, el propósito de la aparición no estaba en ahorrarle a Rusia su calvario (el triunfo de los soviet, el martirio de los blancos con la familia real y su monarca a la cabeza). En consonancia con la comprensión cristiana de la vida nada ni nadie resucita a un estado superior de existencia, ni asume la gloria de su condición heroica, si antes no se sacrifica o es sacrificado y muere. La muerte, por tanto, tarde o temprano tendría que venir a ser para Rusia la garantía de su posterior resurgir y el broche de dolor que el país blanco iba a pasar como prueba de la santidad en la que tanto había insistido en sus largos lustros de tradiciones, así como un certificado de la asunción con todas las de la ley de una misión escatológica elegida para ella entre los demás pueblos. Rusia creía sin rechistar en todo eso.

Sí el mensaje de Fátima fue así de duro para Rusia, ese mismo mensaje pretendió en cambio evitar la II Guerra Mundial. Para frenar su desencadenamiento, en el llamado segundo secreto (en realidad no fue más que uno fraccionado en tres partes), pidió la consagración de Rusia… ¿Quería el plan divino que Alemania no fuera destruida, que los pueblos de Europa no padecieran tan cruel e indiscriminada laminación?; y, consecuentemente, ¿buscaba que el Occidente materialista, aliado con el ateísmo del Este, no extendiera sus fronteras más de lo debido, cercando y confinando a la Iglesia católica a sus cuarteles de invierno, hasta convertirla en una religión “muerta”, inoperante, espectral, y que no llegara este Occidente triunfante y devorador hasta donde ha llegado (globalización, biotecnología, más guerras, contaminación…)? ¿Pretendía el Cielo allanar los caminos para que Alemania y Rusia se encontraran un día en el punto de encuentro común de la Tradición hiperbórea primordial, y ambas con Roma, a través de la “consagración” que la Virgen indirectamente le pedía al Papa?

Una “Nueva Edad Media” se delineaba tal vez con todo ello, con estas preguntas que afloran del misterioso mensaje. Quedaban dibujados sus contornos, pero con el suceder de los acontecimientos aquellos se han difuminado por la acción de estos hasta casi oscurecerse. No obstante, siguen ahí. Y una nueva Edad Media significa que las raíces de un paganismo inmortal –el mismo que acogió el cristianismo– acabarían imbricándose con la nueva religión cristiana llegada de Oriente, uniéndose esas raíces, como en Puente Milvio, cuando un general romano nombrado Constantino hiciera situar las cruces sobre el lábaro de sus legiones, como cuenta la leyenda; o como a su manera hiciera el celtismo cristiano o el cristianismo celta; o como sucediera en el Dniéper, donde un príncipe vikingo de la estirpe de Rurik sumergiera en las aguas de la muerte y resurrección la paganía de los suyos para hacerla resurgir cristiana. Una nueva Edad Media, esta vez de paz verdadera, como la del Santo Grial, en la que paganismo y cristianismo podrían llegar a sentir la hermandad entre sí y con todo lo creado, con los animales y las plantas, con los hijos del Islam y con todos los orientales de las tierras del tigre, del dragón y del cinabrio. Una hermandad que al menos consiguiera no volverse a pelear jamás por el dominio del mundo, ni por otras causas, cualquiera que estas fueran. Un nueva Edad Media prefigurada en el verdadero sentido de Eurasia unida, no quebrada por fisuras en la tierra o en el cielo, en sus colores: blanco, rojo y negro, en sus puntos cardinales cruzados: Norte y Sur, Este y Oeste; un mapa alzado y bendecido por aquella Dama clara y luminosa de la Paz, aquella señal celeste llamada Fátima: la Theotokos –o Madre de Dios– y Madre de todo lo viviente, Soberana Doncella; ¡Fátima! no por casualidad el nombre de recuerdo tan amado también para el último de los Profetas, Mahoma. Una nueva Edad Media real, amante y sabia al estilo alfonsí, presentida asimismo por el ruso Nicolás Berdiaev a principios del siglo XX, y sintetizada así por Volkoff a la salida de una conferencia en París, como me contara el diplomático Félix Valdés, gran amigo y gran conocedor de Rusia. Extrañado Valdés por cómo había hablado Volkoff del antiguo paganismo ruso, siendo este escritor ortodoxo, al terminar no resistió la tentación de preguntarle. El escritor le respondió: “Es que no se es un buen cristiano si uno no es un buen pagano, y no se es buen pagano si uno no es buen cristiano.”

Retomando pues el hilo, Rusia, en consonancia con el mensaje divino de Fátima (de este modo se confesaba esta aparición), tendría, sí, que sufrir, padecer el martirio, pasar por la temible prueba doliente; pero bajo ningún concepto ser destruida, eliminada, deshecha, borrada del mapa de los destinos ulteriores. Por eso, en lo que parecía más evidente desde este lado europeo, Hitler, los alemanes y sus aliados europeos se equivocaron en sus planes de guerra contra Rusia, una guerra que, por otra parte, aparecía bendecida incluso por la Iglesia europea de Roma. Desde este lado, al parecer todos desearon sin rodeos la invasión, el saqueo, la partición y desaparición de la Rusia soviética, lo que llevaba implícito la invasión, el saqueo, la partición y desaparición de la Santa Rusia. Pero la Virgen de Fátima, por el contrario, hablaba de otra cosa, deseaba que el Papa de Roma consagrara el martirio ruso, de suerte que el comunismo no tardaría así en caer, terminando su Inmaculado Corazón por triunfar. Conforme a esta celestial profecía, Rusia tendría que ser preservada a toda costa. Hitler, en cambio, que no quería una nueva guerra con las potencias occidentales para la que sí parecía estar legitimado por la declaración de guerra de éstas contra Alemania, soñaba desde antes de ser Canciller, y con él muchos otros, con crearse un imperio en el Este para Alemania a costa de Rusia (que luego, tras la victoria de la campaña rusa, tenía asimismo la intención de repartir porciones con sus aliados europeos). Ya fuera como dice el historiador Carlos Caballero, para quien el comunismo era sólo “una coartada”, justificada sin duda por su amenaza, pero una coartada en los planes alemanes a fin de cuentas; o ya fuera, como ha asegurado el filósofo Gadamer, una guerra defensiva de carácter preventivo o anticipatorio frente al poder expansivo soviético, la guerra de Europa contra Rusia estaba vetada desde cualquier ángulo que se planteara. Por consiguiente, el proyecto era más que peligroso, sencillamente era una condena para quien se atreviera a llevar sus tropas demasiado lejos. La razón vuelve a repetirse, insistimos: aquella invasión implicaba la aniquilación no sólo de la visible y usurpada soberanía rusa, ahora soviética, sino la disipación de la otra Soberanía, ésta ahora invisible, que aún seguía viviendo, pues como veremos, en el abolido trono imperial, eclipsado, tras la abdicación y asesinato del zar y de toda su familia, había ahora ocupado el sitial, acaso provisionalmente, acaso siempre había estado ahí un personaje demasiado –diríamos– importante y… poderoso, como más adelante veremos. Con lo cual, Hitler y su coalición europea, incluida en ella de forma callada el Vaticano, venían a contravenir los extraños y oscurecidos planes divinos. Jugaron todos peligrosamente y, por esa causa que la razón no entiende, estos terminaron cayendo con su caudillo a la cabeza2.

En 1925, mediante una locución privada, Lucia, la vidente de Fátima, recibe de la Virgen su primera indicación para que revelara a la jerarquía católica del Vaticano la segunda parte del secreto. Reiterará la petición en 1929; sin embargo, Pío XI no le consagra Rusia y la guerra estallará (contra lo previsto) en 1939 y Rusia será atacada (conforme a lo previsto) en 1941.

¿Por qué los cinco primeros Papas que conocieron el secreto de Fátima consecutivamente se negaron o anduvieron remisos a la hora de acceder a la consagración de Rusia pedida por la Virgen blanca, hiperbórea? ¿Por qué la Iglesia latina de Occidente no le consagraba Rusia al Inmaculado Corazón de María? ¿Suponía este gesto que Roma se doblegaba ante el cristianismo ruso y oriental, no cambiante y más fiel a sus orígenes –ortodoxos– que el occidental, pero considerado “herético” por el Vaticano? No es el propósito de este artículo afrontar directamente estas preguntas. Únicamente son un indicio en los inconfesables repliegues de todo este laberinto, porque, en efecto, Roma tampoco parecía llorar lo suficiente por la destrucción de Rusia, tal vez porque con la derrota de la Rusia comunista en la guerra que se avecinaba, la Iglesia católica también soñara en su fuero interno con el eclipse de la Santa Rusia ortodoxa y zarista. ¿Conjeturas? De ser ciertas, sin duda unos y otros eran planes humanos que chocaban frontalmente con el contenido del mensaje de Fátima, que todos parecían no querer oír. Por el contrario, a la misteriosa aparición parecía gustarle la Santa Rusia tal como era. He aquí un indicio entre muchos: el ángel que precedió a la aparición de Cova da Iría, en Portugal, enseñó a rezar a los tres niños pastores de Fátima con la cabeza en el suelo, igual a como han hecho siempre los rusos, besando el suelo como muestra de humildad; y curiosamente, el Papa que por fin hizo la consagración pedida por la aparición –me refiero a Juan Pablo II, el sexto de los pontífices que conocieron el secreto– ha venido mostrando este mismo ademán como fórmula de salutación a los cien países que ha visitado durante su reinado.

Pero lamentablemente la consagración de Juan Pablo II llegaba tarde. En las fechas en que ésta se había pedido a los hombres de la Iglesia, es materia de fe que la II Guerra Mundial se hubiera evitado y el comunismo no hubiera tardado en ceder, por los mismos caminos misteriosos en que más tarde cedió. Mas al quedar por entonces obstaculizado el propósito, Europa, ni se ahorró la guerra ni se acortaron tampoco pacíficamente los tiempos de vida del comunismo soviético con toda su amargura. Tal y como sucedería más tarde… En efecto, de entre los Papas, fue finalmente Juan Pablo II quien llevó a cabo la consagración pendiente, y la llevó a cabo “casi” al pie de la letra, sin subterfugios. Semejante cosa sucedió el 25 de marzo de 1984 (cuatro años antes del milenario ruso). No estaba mal el presente. Y, atención, un año después de la mencionada consagración nacía la Perestroika con Gorbachov. ¿Coincidencias?

Aunque Rusia había pasado un largo invierno de ateísmo y persecución religiosa, las semillas de su cristiandad permanecían aún vivas en ella. François Maistre nos ha contado (Punto y Coma, 10. 1988) que el propio Breznev se quejaba todavía ante el Comité Central del Partido: “¿¡Qué ocurre camaradas!? ¿¡En qué siglo vivimos!? ¿¡Antes o después de la revolución!?”. Le obsesionaba no ver a su alrededor más que campanas y, lo que aún era peor, oír sus tañidos. Era así que el calor del sol interno –la Ortodoxia– y el calor del sol lejano –Fátima– iban a propiciar en Rusia el tiempo de su resurgir, el tiempo de su milenario. (Era una señora vestida de blanco más brillante que el sol, esparciendo luz más clara e intensa que un vaso de cristal lleno de agua cristalina…).

¿Es posible el retorno del Zar?

¿Retornará el zar al trono de todas las Rusias? Por el momento, se ha restablecido ya su enseña, el águila bicéfala con el escudo de san Jorge en el centro.

El principio y fin de la Primera Roma –la de Occidente– fue marcado con un solo nombre, el de Rómulo. La Segunda Roma –Bizancio– fue fundada por Constantino (el Grande) y cuando, siglos después, reinaba otro Constantino (Paleólogo), cayó ésta bajo el poder de los turcos otomanos, dándose por concluido el Imperio de Constantinopla, en 1453. La Iglesia latina también se encuentra inmersa en esta tradición. Alude a ella la profecía de San Malaquías diciendo que el último Papa de la Iglesia romana se llamará asimismo Pedro, igual que el primero según la leyenda. En el ciclo ruso todo parecía haber sido también cerrado. Vladimir se llamaba el fundador de la cristiandad rusa y Vladimir (Lenin) se llamó el encargado de sepultarla. Desde esta perspectiva todo aquí habría igualmente concluido. Pero hay en el caso ruso, en el de la Tercera (o Cuarta) Roma, una diferencia con respecto a las otras: entre Rómulo y Rómulo, Constantino y Constantino, Pedro y Pedro hay o habría cierta concordancia en cuanto a la continuidad (pues quien cerraba el ciclo no deseaba hacerlo y no estaba dividido contra sí mismo); en cambio, entre el varego san Vladimir, el “rojo”, y Vladimir Lenin, también el “rojo”, hay una contraposición, pues el segundo quería a todas luces abolir la obra del primero. Por eso, en el caso ruso puede admitirse un retoque o variante, siendo semejante al mito cristiano en el sentido de que a la muerte le sigue una resurrección, como la acontecida con el fundador del cristianismo. Aquí residiría la diferencia rusa y su esperanza, en la que siguen creyendo muchos ortodoxos. Por consiguiente, para Rusia, como han pensado Dostoievski y otros, estaría escrito un paralelo igual al que ha vivido y todavía vivirá la propia era cristiana, que nació (y renacerá) con el sacrificio y resurrección de Cristo, reabriéndose sobre su sepulcro (el mundo profano y la modernidad) a un nuevo Cielo y a una nueva Tierra, con su segunda venida. Además, al tema simbólico del nombre hay que añadirle algo más. Sin olvidar que Vladimir era el príncipe vikingo que hizo bautizar a la primitiva Rus’, y que otro Vladimir (Lenin) quiso acabar con la era cristiana de los eslavos, esto es, matarla; no obstante –y aquí ese otro detalle curioso que hace girar el discurso–, Vladimir se llamaba asimismo el Gran Duque heredero de la Santa Rusia en el exilio en el año (1988) en que las tierras rusas recordaban, conmemoraban, festejaban su Imperio de los Mil Años cristianos con el bautismo. Sea, ya que si ahora no perdemos de vista lo que significa el bautizo entre los sacramentos de la Iglesia y el sumergimiento y emergencia en las aguas en el simbolismo sagrado tradicional: una resurrección tras el ahogo de la muerte, el pueblo que en esta época va a resurgir de su sepultura o de su muerte es el ruso. Aunque para ello hubiera que dar todavía un paso adelante. El mausoleo sin alma representado por la momia de Lenin, el antizar yacente del Kremlin, tendría que ser removido de aquella plaza sagrada que con su situación central todavía neutraliza. De nada iba a servir, pues, que Yeltsin abrazara al Patriarca de Moscú por un lado y por el otro presidiera el desfile conmemorativo de la victoria soviética desde ese mismo mausoleo momificado, donde la inmortalidad estaba prisionera. En tanto este marco titubeante y ambiguo permaneciera el caos actual ruso seguirá presidiendo la vida en sus tierras, hasta que tal estado de vacilación no quede resuelto con una toma de decisión acertada.

Más arriba he señalado algo que es preciso ahora explicar. ¿Qué había sucedido en el trono del zar tras el asesinato de la familia imperial? Otra de las encrucijadas en el misterio del milenio. Veamos. En marzo de 1917 se desata la revolución liberal de Kerensky, quien, apoyado por la Duma y por algunos miembros resentidos de la nobleza, como el príncipe Galitsin, desea la extinción de la monarquía, a la vez que incita al asesinato del zar comparándose con Bruto. Nicolás II, el día 15 del mencionado mes, abdica en la localidad de Pskov, entre bosques y pantanos. Los generales que le acompañan en ese momento se santiguan. El Ungido, el rey-santo, se prepara para el martirio. Y a él le seguirán también su mujer (Alejandra), sus cinco hijos (Olga, Maria, Tatiana, Anastasia y el zarevich Alexis), y muchos otros. “¡Guárdate de los Idus de marzo, oh César!”

Rasputin le había profetizado al monarca: “Amigo querido. Vuelvo a repetírtelo una vez más: una nube amenazadora se cierne sobre Rusia… Todo es oscuro, sin el menor atisbo de luz. Un mar de lágrimas; mar sin límites… Sangre, horror indescriptible…” Pero el zar de la Tercera Roma (o de la Cuarta, según se mire) siguió adelante, como aquel Julio César de la Primera, hacia la aceptación de la muerte. Para Nicolás II, todo empezó en Dno, en la estación ferroviaria de Petrogrado, donde el tren del zar fue desviado de su itinerario. ¿Acaso Dno no quiere decir fondo, abismo? Desde ahí, por tres etapas –como tres caídas– pasó el zar con su familia y leales hasta el final. El nombre de las estaciones: Tsarskoie-Selo, Tobolsk y Ekaterinenburg. Algunos testigos dijeron luego que el pueblo campesino, fiel y ortodoxo, se arrodillaba al paso de su emperador.

Con la abdicación, la toma del poder por Kerensky y la Gran Guerra europea (primer capítulo de la mundial) como telón de fondo, estalla la guerra civil y triunfa la Revolución soviética en octubre de 1917, el mismo mes en que se produce la última aparición de la Virgen del Rosario en Fátima. Desde Moscú parte el telegrama ordenando el asesinato de la familia imperial y su séquito; lo firman Yakov Sverdlov y, a la derecha del documento, Lenin, como bastantes años después quedó demostrado.

“Veo una gran cruz en Ekaterinenburg” –había augurado ya el santo ortodoxo Juan de Kronstad (1829-1909). Fue allí, en Siberia, en la tierra más virginal, originaria y apartada del mundo, en los grandes bosques del planeta. No en vano, Alexander Solzhenitsin ha escrito en Vivir sin vergüenza: “Siberia y el Septentrión son nuestra esperanza, nuestra reserva”. ¿Nuestra resurrección?

Se les fusiló en la casa del ingeniero Ipatiev, en Ekaterinenburg, la noche del 16 al 17 de julio de 1918. Pero un poco antes de esto, tal vez días o semanas, sobre el itinerario de sus prisiones, unos breves versos, atribuidos a la gran-duquesa Olga (la hija mayor de Nicolás y Alejandra), ignoraban la distancia. Copiamos algunos gracias a la traducción hecha al castellano por Rurik de Kotzebue. Dicen así:

Reina del Cielo y de la Tierra, / Consoladora de los afligidos, / escucha la oración de los pecadores: / La Santa Rusia –Tu morada luminosa– / está en vísperas de perecer. / Te invocamos, Protectora nuestra. / No conocemos ninguna otra. / Oh, no abandones a Tus hijos. / Concede la esperanza a los que sufren. / Pon tu mirada / En nuestras lágrimas y martirio / (…) Danos la fuerza, oh Dios de la Verdad, / de perdonar el crimen de nuestro prójimo / y de aceptar con dulzura / nuestra pesada cruz ensangrentada / (…) Al borde de la tumba, / infunde a los labios de Tus siervos / la fuerza sobrehumana / de rezar humildemente por nuestros enemigos.

Una oración, un poema, que ignoraba la distancia, y aun cuando Olga no lo supiera, al otro extremo de Eurasia, la Virgen blanca de Fátima escuchaba su oración en la lejanía y la escuchaba también otra Virgen más próxima… que relacionaba el trono ruso con su aparición también rusa.

El mismo año de Fátima y en la fecha justa en que el zar Nicolás II abdicaba en Pskov, aquel 15 de marzo de 1917, reaparecía milagrosamente en Rusia, en Kolómenskoe (una pequeña aldea de casas de madera y residencia veraniega de los zares cercana a Moscú), el icono de la Virgen Soberana sentada en el trono de su realeza, con el cetro de los monarcas en su mano derecha y con el orbe en su izquierda. En adelante y hasta el retorno del zar, la Virgen, con toda su gloria, aunque en silencio, y cubierta con el manto rojo de la dinastía varega del primer príncipe cristiano, el vikingo san Vladimir, custodiaría la pureza de la herencia y el reino santo de Rusia desde aquel instante adverso. Lo que sucedió lo ha contado el sacerdote ortodoxo Nicolai Lijachov, quien llegó a publicar esta historia con el permiso del metropolita Tijón.

Brevemente esto es lo que pasó: Evdokia Andriánova, una campesina que vivía en la pequeña aldea de Pererva, tuvo dos sueños, uno –según nuestro calendario– el 26 de febrero y otro el 11 de marzo de 1917. En la noche del 26 oyó con claridad una voz que le decía: “en el pueblo de Kolómenskoe hay un gran icono negro. Es preciso recuperarlo; volverlo rojo, y que los creyentes recen”. La devota Adriánova, que desconocía la existencia de ese icono, confundida por tanto, se puso a orar pidiendo inspiración. Eran los días de la guerra y de la incipiente revolución, pero aún no se había desencadenado la tragedia final y en el ambiente campesino de Adriánova ni siquiera se sospechaba la catástrofe. Pocos días después volvió a soñar. La noche del 11 de marzo ve un templo blanco y en su interior, sentada, con porte real, una señora coronada a la que no consigue ver el rostro. Intuye que es la mismísima Reina de cielos y tierras. Adrianova toma el camino de la aldea de su visión. Llega a Kolómenskoe a la caída del sol del 15 de marzo de 1917, busca la casa del sacerdote y le cuenta todo lo que ha oído y visto en sus sueños. Le pide ayuda. El sacerdote, que se disponía a celebrar una misa en ese momento, invita a la mujer a mirar todos las imágenes de la Madre de Dios del iconostasio con el objeto de identificar la de su visión. Lo hace, pero ninguna se asemeja a la que ha visto desde el lecho, y pregunta si no hay más. El sacerdote sabe que hay otros iconos en el sótano, con lo que manda subir el más grande, el más parecido al descrito por Evdokia Adriánova. El cuadro está lleno de polvo y un tanto oscurecido. Al limpiarlo con cuidado, los presentes quedan maravillados al presenciar la imagen que emerge de su niebla; y aunque todavía no lo saben, el mismo día en que ha abdicado el zar en Pskov, en el interior del vagón imperial. El icono recién limpio muestra a la Virgen sentada en el trono, coronada, como la había visto en su sueño, como una zarina, con el manto rojo de la dinastía vikinga de la primitiva Rus’. Sobrecogida, Evdokia Adriánova se echa al suelo y lo besa haciendo varias veces la señal de la cruz al modo ortodoxo, de derecha a izquierda. Llora de alegría.

Con el suceder de los acontecimientos revolucionarios, se dispara la evidencia que relaciona tales acontecimientos con el misterioso mensaje divino. Y el icono, desde el primer instante, incluso desde los días cercanos a las noticias, comienza a recibir peregrinos, que en formas diversas, luego más o menos clandestinas, nunca cesaron durante los setenta años de la era soviética. La interpretación: el trono del Zar no estaría vacío hasta su, quién sabe cuándo, restablecimiento, o ¿es que la Madre de Dios, la venerada Theotokos de la Santa Rusia, no había dejado nunca de tener en él su puesto, su “morada luminosa”, como había dicho la gran duquesa Olga?

Con todo ello, podemos entender por qué Rusia no podía ser finada ni despojada para siempre, ni por la revolución, ni por la guerra, ni por lo que habría de venir después. La Gran Madre, la Parturienta Luminosa de las viejas tradiciones paleolíticas y neolíticas, la Soberanía pagana y más tarde cristiana que ungía desde el Cielo con el aceite milagroso a los reyes de antaño, invistiéndoles de su poder real, era la que tomaba en persona el lugar inhóspito de todas las ausencias. A lo mejor, con el terrible final y su aparición en el icono –no olvidemos que para los cristianos ortodoxos los iconos son verdaderos sacramentales de la presencia–, no iba a haber más reyes visibles en Rusia y sí un nuevo ideal de realeza sagrada consistente en la ofrenda de una paz maternal en las tierras, como antes aconteciera, antes de que el mundo comenzara a enloquecer por obra y gracia de la voluntad de poder. Sea como fuere, ni las fuerzas de la revolución ni su dominio después pudieron destruir el icono, que ha sobrevivido hasta nuestros días, como en el otro extremo de Eurasia fueron también fallidos los intentos de destruir el árbol y la capilla de la Virgen de Fátima.

Desde junio o julio del año 988, fecha de la investidura cristiana de la realeza rurikida, hasta 1918, en la que muere el último de los zares, transcurrieron en Rusia 930 años de su era cristiana. Si a los 930 años le añadimos la cifra tan simbólica como real de los 70 que ha durado el tiempo del “Anticristo” (el período del martirio y de la opresión para la Iglesia rusa), tenemos justamente 1000 años: el milenario, la celebración del tiempo del retorno, la vuelta del zar santificado en los iconos del martirio, la proximidad de Cristo que reaparece victorioso como sol de justicia, en su sentido más eminente y pacífico, sin venganzas que exigir. Lo que una vez más coincide con los avisos que tienen lugar en los lugares de apariciones de la Virgen, esa gran señal luminosa, rutilante, de la Gran Dama Blanca de todos los tiempos: la puerta sacral del principio y del fin, del alfa y de la omega, de la Natividad y del Apocalipsis del pequeño y gran mundo.

Acaso aquellos reyes, convertidos en símbolos vivientes de esperanza, ya no vuelvan como se relata en los mitos, acaso si… Acaso esté por venir una era mejor, acaso no… De momento, la figura del zar desaparecido se ve ahora ya asumida en la tradición de todos los reyes míticos que murieron y que, resucitados, aguardan en un jardín de las Hespérides, en una tierra blanca ideal como Ávalon, en un paraíso de amor como los trovados en la Edad Media o en un Edén como el que recoge la Biblia… “aguardan” a la orden de su venida, de su retorno, como Arturo, Carlomagno, Don Sebastián… al final de los tiempos.

Cuenta Valentín Speranski en La noche roja cómo una aldeana de Ekaterinenburg vio a los zares durante los últimos días de su cautiverio. Estaban tristes, resignados, un tanto apocados, como si fueran nada, demasiado humanos y humillados; y, sin embargo, en sueños, a esa misma aldeana se le habían aparecido –escribe Speranski– “rodeados de una aureola dorada y con trajes resplandecientes. Les acompañaba una música; y mil banderas de todos los colores flotaban al viento; caían flores de lo alto y las campanas repicaban sin cesar. El zar, a mi juicio (testimoniaba la mujer), debía ser como un gigante divino y la zarina una belleza rusa… del Paraíso… (y) el zarevich, un querube…”.

La leyenda monárquica fue así creciendo hasta el punto de que el zar –de verdad, de verdad– se pensaba que no había muerto. Por eso, ya desde los primeros momentos de la revolución y de la guerra civil rusa, muchos empezaron a pensar que después de que el poder soviético pasara “como una epidemia infantil –le dijo a Speranski un anciano en 1923–; después de esa enfermedad tremenda, pero necesaria para fortalecer el alma, se restablecerá el régimen antiguo, lavado por la sangre y purificado por el sufrimiento…”. Y, en esa altura –le añadió otro de sus interlocutores–, en ese instante, “el zar, muy piadoso, vendrá de nuevo para juzgar a los vivos y a los muertos… gracias a los poderes que habrá recibido de Dios”. ¿No se han cumplido ya esas profecías, esos vaticinios? Probablemente sí.

Se ha restablecido en Rusia la enseña imperial de la Santa Rusia zarista como bandera nacional del Estado y la Iglesia ortodoxa rusa ha santificado a los zares, a su familia y a los muchos leales que con ellos murieron en los ásperos años. ¿No es ésta una forma de retorno? Las gentes sacan en procesión por las calles los iconos de Nicolás II y Alejandra, del zarevich Alexis, de las grandes duquesas Tatiana, Maria, Olga y Anastasia. Les rezan, les piden intercesiones, milagros. Ahí están con toda su gloria, encumbrados, reinando.

¿Resucitará Europa con Rusia?

Occidente, que cayó en las tres tentaciones del monte, que amordaza el espíritu de renuncia y sacrificio, que nada quiere saber del vivir y del morir, es difícil que así resucite, imposible diría. Porque Occidente está matando su alma de molicie. A la inversa, con la Revolución soviética, el pueblo ruso ha vivido su propio calvario y su propia crucifixión, una persecución. Con ello, sus perseguidores le han garantizado su regeneración. Desearon tanto sepultar el ser entero de Rusia y olvidar su espíritu con la impostura y la fuerza, quisieron tanto matar a Dios por el martirio, que ahora lo ven resucitar. Y de igual modo que el Cristo mítico liberó del sheol a los seres ensombrecidos y larvarios que allí había con su descenso a los infiernos, así también la Santa Rusia se ha reservado un papel primordial para el porvenir. No de otra manera cabe entender estas palabras de Solzhenitsin: “Pienso que Rusia, que ha abierto las puertas del infierno al mundo, es la única capaz de poder cerrarlas”. Occidente no puede hacerlo, y sigue el escritor: “todo el orbe está debilitado por la prosperidad y… pronto perecerá… las manos para vencer el infierno vendrán del Oriente eslavo. Para la historia… Rusia es un país clave”.

En este lado de Eurasia –nuestro continente común–, en la India Blanca –como calificaba Esenin a las tierras de su amada Rusia–, confiemos en que allí no terminen igual que nosotros, cayendo ante los engañosos señuelos, en esos lazos tan sutiles y astutos, con que la ideología occidental nos tienta a todos sin discriminación alguna.

Este sueño de muchos fue también el de Ungern-Sternberg, quien, al modo de Gengis-Kan, y después de haber reunido en una sola horda hiperbórea, en su División Asiática de Caballería, a sus mongoles, cosacos y nórdicos (a sus budistas, cristianos y paganos), descendiera desde Oriente hasta Occidente como el relámpago.

Lo hemos confesado más de una vez: tenemos una necesidad imperiosa de barbarie…

Pero Ungern, Ungern-Kan, nombrado por el Kutuktu o Buda vivo, caudillo de Mongolia, tras la liberación de Urga, su capital; el barón Ungern von Sternberg, el último resistente blanco en caer en la guerra civil entre zaristas y soviéticos se adelantó a su tiempo. El también quiso llegar hasta el mítico reino invisible de Agartha y traer de allá sus alianzas. Al igual que Ungern, otros héroes lo buscaron después y lo seguirán buscando. Sin embargo, no hay otra forma de ser aceptado en esa región mítica que tragando el amargo sabor de la derrota momentánea, el dolor de la cruz y la soledad en la muerte, o entrar por la senda escondida de la renuncia total de los monjes. Sólo en ese instante, Ungern-Sternberg, el último de los defensores a caballo de la Rusia de los zares, vendrá también al lado de Arturo, Carlomagno, Nicolás II… con el Rey del Mundo, a sus flancos. Pero puede que no sea para presentar otra batalla más, aunque ésta sea la definitiva, pues ninguna batalla lo es, sino para fundar con todos la ansiada y esperada paz que tanto necesitamos los vivientes en este valle de lágrimas.

NOTAS

  1. Pedro el Grande quería que Rusia volviera su mirada a la distante y amenazante Europa católica, introdujo por ello la enseñanza obligatoria para la nobleza y otras clases elevadas, actualizó el Ejército y la Armada, reformó el alfabeto cirílico, impuso la moda occidental en el vestir, hizo que los nobles se cortaran las viejas y a todas luces fieras barbas… No dudo en ser implacable para lograr sus propósitos y no escatimó el derramamiento de sangre de sus oponentes si fuera preciso, como lo hizo con su propio hijo Alexei (o Alejo) y con otros rusos defensores de las tradiciones.
    2. Por la reciente historia secreta de Europa circula un relato en el que se asegura que el católico Hitler mantuvo un encuentro privado con la vidente alemana de la misma religión, la campesina Teresa Neumann, que vivía sin comer ni beber, siendo su único alimento la Sagrada Forma que recibía en la Comunión, y a la que el Führer favorecía y defendía de las presiones e incomprensiones que sobre la mujer ejercían los protestantes del partido. En esta entrevista, se asegura que la vidente recomendó al Canciller del III Reich que no desencadenara ataque alguno contra Rusia… No sabemos lo que Hitler le respondió, pero sí lo que hizo.

Fuente: Debats 85 Verano 2004

https://paginatransversal.wordpress.com/2012/12/17/el-sol-rojo-de-la-santa-rusia/#more-1904

Los perseguidos…

10 mayo, 2015

Haviv Schieber..Inducido a un intento de suicidio.

Judío polaco y ex-alcalde de Ber Sheeba en Israel, Schieber enseñó a Ernst Zündel mucho acerca de la realidad israelí. Fue un revisionista israelí que pretendió investigar las actitudes de Israel, sus instituciones y fronteras. Escapó de Israel para encontrar seguridad en los Estados Unidos, donde le fue negado asilo político en un comienzo y luego intentó suicidarse, cortando sus venas en el aeropuerto de Washington D.C. el día de su deportación. Finalmente se le concedió refugio en ese país contra la persecución israelí a principios de los años 70 del siglo pasado.Joseph Burg.
Perseguido y golpeado por los Implementadores del Holocausto, al estilo de los pendencieros de la Liga para la Defensa Judía. Se le negó el funeral en el Cementerio Judío de Munich. Ernst Zündel y Otto Ernst Remer despidieron los restos de este revisionista judío.

Autor de muchos libros “Schuld und Schicksal” (Culpa y Destino), “Zionazi”, “Das Tagebuch der Anne Frank” (El Diario de Ana Frank), “Auschwitz in alle Ewigkeit” (Auschwitz Por la Eternidad), etc. Así como muchos folletos y dos entrevistas documentales con Ernst Zündel. Principal asesor judío, mentor y testigo de Zündel en el Gran Juicio del Holocausto en 1988.

Thies Christophersen

Forzado a huir de país en país. Perseguido a muerte después de numerosos ataques con ácido, incendios y atentados contra su vida y su propiedad.

Como experto agrícola alemán, Christophersen fue destinado a Auschwitz en el período crítico de 1943 y 1944. En su condición de experto, tenía acceso a todo el campo. Tomó valiosas fotografías de aquella época. Fue el primer revisionista y testigo ocular que se atrevió a declarar categóricamente que no hubo cámaras de gas para eliminar personas en Auschwitz. gente que “estuvo allí” ha tenido miedo a manifestarlo y contar qué es lo que según ellos realmente pasó, y prefieren no llamar la atención sobre el hecho de que “estuvieron allí”. Sin embargo era inevitable el que unos pocos individuos valientes lo hicieran a pesar de todo. El más importante de éstos ha sido, hasta la fecha, Thies Christophersen, autor de “Die Auschwitz Luegue”, La mentira de Auschwitz, traducido a muchos idiomas. Testigo de Zündel en los grandes juicios de 1985 y 1988.

Christophersen estuvo en Auschwitz hasta diciembre de 1944 y en 1973 publicó sus memorias y su firme convicción de que los exterminios jamás tuvieron lugar allí.

Ditlieb Felderer


Acusado, juzgado, condenado y encarcelado en Suecia. Desprestigiado por la prensa. Forzado a vivir en el exilio.

Felderer, quien en una época fue un prominente Testigo de Jehová, es conocido como un antiguo investigador de la evidencia física en todos los principales campos de concentración, ubicados en la antigua Europa Comunista Oriental. Felderer tomó más de 30.000 fotografías de cada detalle imaginable en aquellos campos; descubrió que había una piscina de natación para los internos de Auschwitz, y las instalaciones incluían un moderno hospital con una sección ginecológica, así como una orquesta, un teatro para presentaciones en vivo, una biblioteca bien surtida y clases de escultura. Descubrió las partituras del “Vals de Auschwitz” en los archivos secretos, accesibles sólo con un permiso especial. Descubrió que los Testigos de Jehová habían tenido una función fraternal dentro de los campos, ya que cooperaron con la administración de las SS, expuso la mentira de que 60.000 Testigos de Jehová habían sido asesinados ahí. Por iniciativa e insistencia suya, este número inflado ha sido reducido a sólo 203. Por su trabajo revisionista Felderer fue excomulgado, es decir, fue expulsado ignominiosamente de la secta Testigos de Jehová. Ha sido perseguido por los Implementadores del Holocausto desde entonces. Felderer es conocido por su curioso sentido del humor y sus ácidas historietas humorísticas. Él cree que el herir la “sensibilidad” de los mentirosos deliberados del Holocausto y los falsificadores de la historia no debería ser un obstáculo en la búsqueda de la verdad. Esta especial idiosincrasia de Felderer, ha sido explotada por los propagandistas del Holocausto al contraatacar su trabajo. Asesor de Zündel en el Gran Juicio del Holocausto en 1985 y 1988.

Abogado Kirk Lyons

Su imagen ha sido asesinada con saña por los medios de comunicación y por las Organizaciones de Defensa Judía, después de defender los derechos de patriotas estadounidenses.

Destacado abogado estadounidense de los derechos civiles, de gran habilidad y valentía, defensor de muchos patriotas especialmente de los muertos en Waco. Lyons ha representado a personas como Fred Leuchter en casos controversiales y últimamente ha sido blanco del periódico conservador “Spotlight” mediante la figura de trato especial en los medios, debido a que ganó una larga querella contra una firma legal que había manejado de mala manera un caso que concernía a uno de sus clientes, Don Wassal, del antiguo Partido Popular de Estados Unidos. Sus asesinos de imagen aún tratan de vincularlo falsamente con el bombardeo en la ciudad de Oklahoma a través de uno de sus clientes, Andy Strasmier, hijo de un famoso activista político alemán y asesor de Helmut Kohl. Lyons también ha defendido a patriotas en el famoso juicio por sedición del Fuerte Smith y desde entonces ha sido desprestigiado por la Liga de Antidifamación sionista.

Otto Ernst Remer

Juzgado y condenado a más de un año de prisión, a pesar de que tenía más de ochenta años y tenía muy mala salud.

Un héroe de guerra alemán que frustró el golpe de estado militar llevado a cabo por los traidores alemanes contra Hitler en Berlín, el 20 de julio de 1944, Remer aprovechó la oportunidad política que concedieron las revelaciones del Informe Leuchter. Dio a conocer sus descubrimientos a millones de personas mediante su publicación privada “Die Remer Depesche” (El Telegrama Remer), un tabloide de circulación masiva, tipo periódico. El régimen servil alemán se dejó caer con fuerza sobre el viejo soldado. Fue juzgado y condenado a prisión. Se fue exiliado a España atado a una silla de ruedas donde murió. Su viuda ahora tiene que luchar para seguir recibiendo su mísera pensión. Ella se rehusa a llevar sus cenizas a Alemania hasta que llegue el momento en que los restos de su esposo puedan regresar bajo circunstancias honorables a lo que alguna vez fue su patria.

Frank Walus

Atacado siete veces por asaltantes sionistas, casi asesinado mediante un atentado, se le despojó de su ciudadanía estadounidense y perdió su hogar para financiar su defensa.

Un mecánico de autos estadounidense de origen germano-estadounidense. Walus fue elegido para ser acusado falsamente por Simón Wiesenthal, etiquetándolo como “criminal de guerra nazi”. Desprestigiado por los medios estadounidenses como el “Carnicero de Kielce” en una salvaje campaña. Walus combatió valientemente contra los torturadores de la oficina de investigaciones especiales, también conocida como los “cazadores de nazis” yanquis. Últimamente ganó el caso contra ellos en un costosísimo proceso de apelación, pero murió después de varios y severos ataques cardiacos como un hombre amargado y financieramente arruinado. Rechazó ser enterrado en tierra yanqui porque sentía que ese país lo había traicionado y le había fallado vergonzosamente. Testigo de Zundel en el Gran Proceso del Holocausto de 1985.

fotos diversas

6 junio, 2014

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