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Los hackers

15 noviembre, 2017

MLT53 MOSCÚ (RUSIA) 09/05/2017.- Varias soldados rusas participan en un desfile militar por el Día de la Victoria en la Plaza Roja de Moscú (Rusia) hoy, 9 de mayo de 2017. Rusia celebra el 72º aniversario de la victoria sobre la Alemania nazi en la II Guerra Mundial. EFE/Yuri Kochetkov, pool RUSIA DÍA DE LA VICTORIA


Con diplomáticos como Dastis, no necesitamos enemigos externos: nosotros solitos nos bastamos para traicionar nuestros intereses.

SERTORIO

En la guerra sin declarar que las potencias mundialistas hacen a Rusia, una de las armas de propaganda más usadas es la existencia de ectoplásmicos hackers a los que nadie identifica y que, desde las mazmorras del Kremlin o desde la gélida katorga siberiana, hacen temblar los cimientos de Occidente y hasta la unidad de España y de la UE. ¡Cielos! Aviados estamos si un puñado de niñatos con ordenadores soviéticos pueden cargarse la cargante Europa de los mercaderes.

Resulta como mínimo curioso que estos trasgos, elfos, farfadets, gnomos y pitufos de playstation burlen con tanta impunidad los filtros de un Occidente que le lleva a Rusia varios años de adelanto informático y que tiene en Estados Unidos y Japón, por sólo poner dos ejemplos, a los países líderes en este tipo de tecnologías. Suena a cuando la administración Reagan consideraba a la diminuta Nicaragua una amenaza para los inmensos Estados Unidos. América quiere la guerra, pero sabe que Rusia es un plato difícil de digerir y que, si se le atragantó a los drabantssuecos, a los grognards napoleónicos y a los panzergrenadiere alemanes, que combatían como hombres, difícilmente sucumbirá ante el embate de los medrosos y malcriados marines americanos, grandes devastadores aéreos de indefensos países tercermundistas, pero incapaces de imponerse en tierra a los resueltos somalíes o a los tenaces afganos, por no hablar de los heroicos vietnamitas.

La verdad suele ser apaleada y violada en las guerras; hoy estamos metidos de hoz y coz en otra contienda entre las potencias mundialistas y los países que no quieren someter su soberanía al imperio de las finanzas sin patria: Rusia, China e Irán. Russia first es el lema del imperialismo yanki, que ve en Moscú un grave peligro futuro, pues es la potencia natural de Eurasia, una fuente abundante de materias primas y un socio menos lesivo culturalmente para las naciones europeas que ese pozo negro de degeneración que son los Estados Unidos, fuente de todas las miasmas espirituales que nos afligen. ¿Qué pasaría si la estúpida y avarienta Unión Europea se disolviera en los próximos años, como puede suceder? Rusia tendría una gran oportunidad para ayudar a construir una Europa “europea”. Y los angloamericanos lo saben.

Durante los últimos meses, la prensa adicta al régimen lloriqueó sin cesar sobre la pobre Alepo y sus democráticos islamistas, bombardeados “sin piedad” (¿se puede bombardear “con piedad”?) por los rusos y el gobierno legítimo de Siria. Aquello fue un ir y venir de corredores humanitarios y bergantes de la ONU saboteando la política rusa, pero triunfó la nación siria y Alepo fue devuelto a su gobierno legal y legítimo. Sobre la devastadísima Mosul, aniquilada por los bombardeos humanitarios y piadosos de los americanos, ni una palabra. ¿Para qué? Son los buenos. Si ametrallan a los niños y mujeres iraquíes será por algo: para inculcarles los valores de la corrección política; Occidente siempre calcina ciudades y gentes por la mejor causa, la de los derechos humanos. Durante ocho años, el polifemo Obama y la gorgona Clinton sembraron el caos y la muerte en Oriente Próximo. Rusia ha frenado esta deriva en Siria y, desgraciadamente, no posee los recursos necesarios para hacerlo en otros países, pero su acción ha resultado decisiva para derrotar al Estado Islámico y estabilizar algo ese polvorín que América se empeña en incendiar, fomentando regímenes tan moderados y democráticos como Arabia Saudí o el Egipto de Al-Sisi, cuando no se dedica abiertamente al caos y al bandidaje, como en Siria, Yemen y Libia, víctima directa esta última de la OTAN: de ti y de mí, querido contribuyente.

La rusofobia del ministro Dastis –que ya ofrece una reforma de la Constitución a los separatistas y que destacó por su inactividad frente a la campaña exterior del gobierno catalán le proporciona una conspiranoica excusa para su acreditada incompetencia, al asociar a Moscú con el separatismo catalán, pero sin dar nombres concretos; le basta con parlotear ante la prensa de unos hackers de platónicas conexiones con el gobierno de Rusia y que no son más que mercenarios privados a sueldo del que mejor paga, exactamente igual que nuestros políticos.Curiosamente, el canciller español no se ha quejado de los hackers de la isla de Nieves, Estado miembro de la Commonwealth y bajo la soberanía de Su Graciosa Majestad Británica, tan activos o más que los piratas rusos en su apoyo a los separatistas. Como es habitual desde 1975, a los gobiernos españoles les encanta libar los esputos que les lanza el amo inglés. Con diplomáticos como Dastis, no necesitamos enemigos externos: nosotros solitos nos bastamos para traicionar nuestros intereses.

 Sin embargo, los que sí son muy reales son los tanques y aviones españoles que amenazan las fronteras bálticas de Rusia y que ya han protagonizado varios incidentes aéreos en “defensa” de los gibraltares yankis de Estonia, Letonia y Lituania, remoteces en las que nada se le ha perdido a España. Esta nueva División Azul –o Arco Iris, dada la ideología del régimen imperante– sí que legitima a Rusia para contestarnos en la debida forma.

Para hacernos daño de verdad, Putin no necesita hackers de mentirijillas: le basta con reconocer la independencia de Cataluña. Con tan poquita cosa nos habría tumbado de un soplamocos que no superaría ni el difunto Urtain: una simple rúbrica garabateada sobre un papelito en el que Rusia –miembro permanente del Comité de Seguridad de la ONU con derecho de veto– reconozca a “Catalonia” como Estado. Y no lo hizo. Al revés, Putin ha recordado a los matarifes de la OTAN que producir independencias a lo loco (¿se acuerda alguien de Kosovo?) no lleva a nada bueno. Pero la OTAN es como los Borbones: ni olvida ni aprende.

Y, mientras, el cipayo Mariano, el boy del sahib anglo, jugando al “Risk” en Estonia. Tenemos mucha suerte. Más de la que merecemos. No sabemos con quién nos estamos jugando los cuartos.


FUENTE:

https://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=5863

Cheka, policía secreta soviética

27 octubre, 2017

La Checa o Cheka en ruso, fue la primera de las organizaciones de policía secreta soviéticas, creada el 20 de diciembre de 1917 por Felix Edmundovich Dzerzhinsky. La checa soviética sucedió a la antigua ojrana zarista, de la que emuló su organización interna. Su cometido era suprimir y liquidar, con amplísimos poderes y casi sin límite legal alguno, todo acto contrarrevolucionario o desviacionista.

Por extensión, se denominaron checas a diversas policías políticas secretas que surgieron en otros países con posterioridad. En la España republicana, también recibieron el nombre de checas los locales que durante la Guerra Civil Española utilizaban organismos análogos (a menudo parapoliciales) para detener, interrogar y juzgar de forma sumarísima.

Contenido

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Su nombre

El nombre completo de la agencia era en españolComisión Extraordinaria de Todas las Rusias para Combatir la Contrarrevolución y el Sabotaje, pero comúnmente se abreviaba a Cheka o Vecheka.

En 1918 se retocaría ligeramente a Vserossiskaya chrezvicháinaya komissia po borbe s kontrrevoliutsiei, spekuliatsiei i prestupleniyam po dolzhnosti, o Comisión Extraordinaria de Todas las Rusias para Combatir la Contrarrevolución, la Especulación y el Abuso de Poder.

Un miembro de la Cheka era denominado chequista. Los chequistas de la posrevolución vestían chaquetas de cuero, y así se les representan en muchas películas. A pesar de los frecuentes cambios de nombre a lo largo del tiempo, los policías secretos soviéticos continuarían siendo llamados chekistas; incluso hoy se sigue empleando.

Formación

Tras los intentos iniciales de derrocar a los bolcheviques por parte de las potencias aliadas (Reino Unido y Francia) durante la Guerra Civil Rusa, y tras el asesinato del director de la Cheka de Petrogrado Moisei Uritsky el 30 de agosto de 1918 (el mismo día que Fanya Kaplan intentara asesinar a Lenin), el gobierno soviético y la Cheka se convencieron de que existía una vasta conspiración de enemigos extranjeros y contrarrevolucionarios rusos. Así pues, invirtieron recursos en el servicio de inteligencia para combatir estas presuntas conspiraciones. La Cheka tendría rápido éxito en destruir cualquier resto de actividad contrarrevolucionaria. Adicionalmente, la Cheka desempeñó un papel importante en erradicar las bandas criminales apolíticas. Durante la Guerra Civil, la Cheka formó sus propias unidades militares, vestidas de negro, que actuaban como tropas de choque.

Cambios de nombre

Al final de la guerra civil rusa, la Cheka fue reestructurada y renombrada el 6 de febrero de 1922 como Administración Política del Estado, o GPU, una sección de la NKVD de la naciente Unión Soviética.

Funciones

Las funciones de la Checa las definió el propio Shukov ante las autoridades soviéticas:

  1. Suprimir y liquidar todo intento y acto contrarrevolucionario de sabotaje, vengan de donde vengan, en todo el territorio de Rusia.
  2. Llevar a todos los saboteadores contrarrevolucionarios ante un Tribunal revolucionario.

Estos tribunales acababan de ser instituidos según el Decreto Número 1 de Tribunales que abolía todas las leyes anteriores que estaban en contradicción con los decretos del gobierno obrero y campesino y abría la posibilidad de reprimir a cualquier sector de la población que fuese identificado como enemigo del pueblo, miembros de los partidos burgueses (que incluía a liberales y socialistas) y funcionarios sospechosos de sabotaje, así como aquellos a los que pertenecían a una clase hostil.

En la misma sesión, Dzerhinsky también describió las medidas represivas encargadas a la Comisión: confiscación de bienes, expulsión del domicilio, privación de las cartillas de racionamiento, publicación de listas de enemigos del pueblo, etc.

La primera acción de la Checa fue aplastar una huelga de funcionarios en Petrogrado y la primera gran redada, realizada en la noche de 11 al 12 de abril de 1918, tuvo como objetivo a un grupo anarquista y se ejecutó con una inusitada dureza: más de un mil policías chekistas se efectuó el asalto de unas veinte casas de anarquistas en Moscú, con 520 detenidos, de los cuales 25 fueron asesinados como bandidos, un término que se generalizó a partir de entonces para aplicarlo a cualquier persona susceptible de oponerse al régimen soviético.

Pese a que la pena de muerte había sido abolida en la Revolución de febrero de 1917, fue temporalmente reinstaurada tras la primera conferencia panrusa de chekas (8 al 11 de junio de 1918) y comenzó a ser aplicada por la Cheka de forma inmediata y generalizada. El crecimiento de la policía chekista fue exponencial y sembró el terror en lugares como Ucrania, El Kubán, la región del Don y Crimea: en junio de 1918 ya contaba con cuarenta y tres secciones que agrupaban a 12.000 efectivos, a finales de año ya eran 40.000 y a finales de 1920 superaban los 280.000. Sus métodos de represión no se limitaron a detenciones y fusilamientos en masa (tan solo en Yaroslavl se fusilaron a 428 personas entre el 14 y el 18 de julio de 1918), sino que utilizaron profusamente la tortura y atrocidades tales como arrojar prisioneros a altos hornos o al mar, e incluso castraciones y decapitaciones.

Las checas en España

(Artículo principal: Checa (España))

En España hubo checas durante la Guerra Civil Española en la retaguardia republicana. Según la Causa General, organismo judicial franquista, en Madrid y alrededores hubo más de 226 checas funcionando durante la guerra civil.[1] Aparte de las que dependían directamente del Gobierno de la República –como las de las calles de Bellas Artes y Fomento 9–, cada partido político, ateneo, comité, sindicato u organización del Frente Popular disponía de la suya propia.

Son conocidos y demostrados los desmanes, abusos, violación de los derechos humanos y crímenes que se cometieron en estas checas durante la guerra civil, ya que las sentencias dictadas en ellas carecían de apelación y eran de ejecución inmediata. Además en ellas se practicaban torturas con manuales soviéticos para desestabilizar al reo. En algunas ocasiones se le concedía la libertad al detenido, para apresarle y ejecutarle inmediatamente a la salida del recinto, lo que es conocido popularmente como “paseo”.[2]

Referencias

  1.  César Vidal, Checas de Madrid: Las cárceles republicanas al descubierto, Best Seller.
  2.  César Vidal, Checas de Madrid: Las cárceles republicanas al descubierto, Best Seller.

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15 octubre, 2016

 

https://www.youtube.com/watch?v=9PPvl5zh7pM

Катюшин флеш моб – такого никто не ожидал…

https://www.youtube.com/watch?v=9PPvl5zh7pM

https://youtu.be/9PPvl5zh7pM

 

Челябинцы устроили грандиозный флешмоб “Звезда Танкограда” (официальное видео).

El sol rojo de la Santa Rusia

17 octubre, 2015

sábado, 17 de octubre de 2015

El sol rojo de la Santa Rusia

por Isidro Juan Palacios – Debats, Verano 2004 –

La profunda crisis que atenaza a Rusia es el resultado de una encrucijada en la que aún hoy se debate el país de los eslavos. Raíces étnicas, culturales y religiosas, por un lado; el recuerdo un tanto ya debilitado de los mejores años del comunismo, por el otro; y una cada vez más fuerte y oficializada “tentación occidental” al estilo de Pedro el Grande, constituyen las tendencias principales del problema. El clima ruso sigue inmerso en una tempestad de las estepas que no cesa. Todo aquí parece seguir siendo apocalíptico. El equilibrio es difícil y la lucha por el poder persiste, en medio de tristezas, desmotivaciones generales y conflictividad organizada, sin olvidar, claro, las proféticas esperanzas. En Rusia todos saben que algo sigue hundiéndose, aunque asimismo hay algo que renace.

  • Rusia, hoy como ayer, sigue debatiéndose entre la memoria de san Vladimir y la Santa Rusia, y la de Pedro el Grande, el primer monarca ruso ilustrado y occidentalista.
  • Para que exista Rusia –según Boris Godunov– es preciso que se den dos factores esenciales e imprescindibles: la Ortodoxia y el Zar.
  • Rusia une Oriente y Occidente, de hecho es el único que representa el nombre de todo un continente simbólico: Eurasia, naciente, curso y ocaso del sol.
  • ¿Por qué la aparición de Fátima insistió tanto en la consagración de Rusia y por qué cinco Papas de la Iglesia de Roma se negaron a hacerlo?
  • El martirio y las zozobras por las que ha pasado recientemente Rusia tendrían que ver con un destino misterioso que el país de los eslavos tendrá que desempeñar en el futuro.
  • “Pienso que Rusia, que ha abierto las puertas del infierno al mundo, es la única capaz de poder cerrarlas” – escribe Solzhenitsin. Occidente no puede hacerlo: “todo el orbe está debilitado por la prosperidad y… pronto perecerá… las manos para vencer el infierno vendrán del Oriente eslavo. Para la historia… Rusia es un país clave”.

El caso ruso actual es semejante al que Occidente vive ya, aunque su bienestar le ciegue y no le permita ver ni el estado en que se encuentra y ni la nocividad que su civilización extiende. Europa, tanto al este como al oeste, decae, en la escasez o en el bienestar actuales.

Rusia termina de salir ahora de un periodo largo en el que su característica principal, desde el punto de vista de la cultura, ha consistido en ser infiel a su propia identidad, a su ser más profundo. Primero tímidamente con la reforma ilustrada de Pedro el Grande y luego, más tarde, sin prejuicios ni respeto alguno, con la Revolución y el Estado soviético. Aquellos fueron los años de su impostura. En estos momentos, enfrentando ahora su propia crisis, Rusia se encuentra en un caos incierto, en un nuevo interregno donde las fuerzas chocan, ante una disyuntiva, en una encrucijada de caminos, sin centro, sin seguridad, delante de la imperiosa necesidad de abordar otra vez su destino o perecer. Eso es, ineludiblemente, lo que le sucede al que ha perdido un cierto orden, sea un país entero o un simple ser humano.

En situaciones como la descrita surge siempre la misma cuestión, siendo muchos los que se hacen el mismo planteamiento. Cuando suena la hora de la confusión, cuando la sensación reinante es la de estar literalmente perdidos, los pueblos y sus dirigentes, todos, acaban por sentir la necesidad de volver a sus orígenes más firmes, hacia aquello que un día les diera su raíz más genuina y su seguridad más fuerte, como en la historia evangélica del hijo pródigo. La respuesta en Rusia a este reto tiene urgencia, como igualmente a este lado de Europa, aunque todavía aquí para la mayoría no haya sonado la hora apremiante. No obstante, vendrá para todos tarde o temprano.

En el país de los eslavos, hasta los ex soviéticos saben cuál es la cuna rusa; y Yeltsin dio muestras de saberlo al ordenar de inmediato la restauración del viejo escudo de los zares como enseña nacional, amén de aliarse de nuevo con la Iglesia ortodoxa y de peregrinar a San Petesburgo (la antigua Leningrado) para decir desde esa ciudad emblema –desde donde emergiera la traición de la Duma y la revuelta soviética– que en el nombre recuperado de Rusia no habría más “revoluciones” como la sacudida de los últimos setenta años. Sin embargo, con ser esto mucho para unos y para otros, no parece ser suficiente, porque el dilema que persiste no se resuelve del todo con la escenificación de algún que otro gesto político espectacular. El problema requiere, claro está, tomas de postura más hondas y significativas. Con ello brota una nueva inquietud, porque una de esas puertas por dónde quiere volver Rusia en clave restauradora la expuso con claridad Yeltsin en la era post soviética y, por lo que parece, la mantiene el actual presidente Putin. Según tales preferencias actuales, la tendencia gubernamental se decanta hacia el despertar del espíritu de Pedro I el Grande (1672 – 1725), el zar que terminó violentamente con muchas tradiciones rusas. Despertarlo y afianzarlo sería esa política.

Pedro el Grande, el fundador de San Petesburgo, la nueva capital del imperio, no rompía con todo, es verdad, no arrasaba todas las esencias rusas, pero sí, como se ha reconocido, una buena parte de ellas. Desde dentro, quienes en esa época enarbolaron la causa de lo genuinamente ruso oponiéndose a las reformas –entre los cuales estaba el zarevich Alexei Petrovich, hijo de Pedro I– afirmaban que aquella “modernización” no significaba otra cosa que el “principio del fin” de la Santa Rusia. No les faltaba razón1.

La pregunta, por consiguiente, ha sido formulada. ¿Dónde están y cuáles son esas esencias capaces de sacar a Rusia de su situación presente?

La esencia rusa

El día en que Iván el Terrible anunciaba a los nobles boyardos, miembros de la Duma (la cámara de los representantes), su deseo de abandonar el trono y retirarse a un monasterio para el resto de sus días, a fin de purgar allí sus muchísimos pecados, el joven Boris Godunov tomaba por primera vez la palabra ante tan notable asamblea.

–“Sin Zar no hay Rusia”– les dijo. No fue una afirmación sorprendente, pero todos lo escucharon en silencio… Y abundó en esas palabras, sobre todo para nosotros, que se las íbamos a escuchar hoy a través de Vladimir Volkoff, uno de esos escritores rusos que aún siguen viviendo en París.

–“Para que exista Rusia –siguió el joven Boris– se necesitan dos cosas: la Ortodoxia y el Zar. Por tanto, para que Rusia exista, lo único realmente imprescindible es el Zar.”

Desde que Rusia se quedó sin zar, su alma no podía morir, pero ha vivido casi setenta años del siglo XX encadenada, desde 1917 a 1985. El espíritu ruso fue sacado de la tierra y encadenado. Durante todos estos años, el símbolo de esta adversidad ha sido, sin duda, la momia de Lenin, una inmortalidad simulada, un cuerpo sin vida que la ciencia ha sabido mantener “vivo”, presente, con magistral orgullo, y que el poder soviético situó en el centro justo, y no por casualidad, en el centro ortodoxo del Kremlin moscovita, esa “sacramentalidad de la presencia entre murallas”. Por eso, la pretensión de quienes en Rusia pidieron que los restos de Vladimir Ilich Ulianov -Lenin- fueran trasladados a un cementerio de Leningrado, hoy de nuevo San Petesburgo –como el dirigente soviético dispusiera en su testamento–, y allí dejados junto a los de su madre habla por sí sola.

Situados, pues, ante la clave del despertar y del destino de Rusia, ante la reanimación de sus raíces, el renacimiento ruso se encuentra no únicamente ante el problema del estado de su ser atrofiado, sino ante el señuelo, la ilusión de un Occidente que, eufórico aún, ha reaparecido ante las miradas del Este con la fuerza de un imán. Frente a esa alternativa, sin abstracciones, se levantan (insistimos) los semblantes de dos figuras, de dos zares contrapuestos. San Vladimir, en quien se reúnen las vertientes paganas y cristianas de todas las Rusias, y el ya nombrado Pedro el Grande, el primer monarca ilustrado y occidentalista ruso, padre de la primera decadencia eslava, a la postre emprendida en la última década del siglo XVII.

Es cierto que algunos rusos, sobre todo habitantes de las agitadas y todavía precarias urbes, suspiran por nuestro agónico mundo occidental, por su no tan saludable progreso, más bien enfermizo, por su falseado gigantismo bastante ya cristalizado; otros, empero, la inmensa mayoría de los pueblos rusos, buscan en sí mismos y rehacen su memoria. En esta última corriente, se halla en sintonía la Iglesia ortodoxa, así como una buena riada de escritores, entre los que sobrenadan Solzhenitsin, el mencionado Volkoff o Guenadi Chimanov quien, citado por Yanov, escribe: “Ha habido demasiado sufrimiento en Rusia, y Dios no permitirá que este sufrimiento termine en la grotesca y mezquina nulidad democrática”. Claro que es innecesario decir que tanto esta expresión, como el trasfondo que se está moviendo, trasvasa las especulaciones puramente secularizadas de la política o de la economía, para entrar así, en la urdimbre más sutil, permanente, prístina y escondida de Rusia.

Por lo que respecta a quien esto escribe, afortunadamente le tocó vivir en la evocación de la principal efeméride rusa hace ya unos cuantos años, aquí, en España. Se iba a conmemorar el bautismo de Rusia en su día más señalado: el de los mil años. Por entonces tenía yo algunos amigos rusos, blancos y ortodoxos, con los que me fui encontrando entre las brumas de su exilio. Todavía los conservo sin excepción, aunque alguno ya esté muerto. El más joven de ellos, que se encargaba de coordinar los actos del milenario y de dar forma al Comité de los Actos Conmemorativos, me invitó a participar. Apuntaron mi nombre junto al del heredero del trono de Rusia, el gran duque Vladimir, al del Rey Simeón de los búlgaros, al del arcipreste griego padre Dimitris Tsiamparlis, al del profesor en filología y antiguo jefe del gobierno ruso en el exilio suizo Rurik de Kotzebue, al de Lucía Seslavin, y al lado de los hermanos Eugenio y Nikolai de Dobrynine.

Había nacido toda esta historia en el año 988 o (según cree Volkoff) en el 989 de Nuestro Señor, en la que un príncipe pagano, nórdico, varego o vikingo, de nombre Vladimir, se convierte al cristianismo. Enseguida, también sus nobles y su pueblo, inmersos en las aguas sagradas del río Dniéper, reciben el bautismo. Por este gesto y por los otros que le siguieron durante el resto de su vida, Vladimir –conocido por la tradición como Sol Hermoso o Sol Rojo– recibiría además, por parte de la Iglesia, el título de Santo o Ravnoapostolny, El Igual a los Apóstoles. De él me habló, como jamás ningún libro podría haberlo hecho, Rurik de Kotzebue, un fiel y disidente ruso blanco por cuya amistad entendí la entraña de la Ortodoxia, el misterio cautivador de la vieja Rus’ de Kiev luego Rusia, de Eurasia, de los iconos y del zar, cuya fotografía tenía dedicada, ya un poco amarillenta y encuadrada en terciopelo rojo invernal con el águila bicéfala plateada del Imperio. Ya anciano, no murió hasta que hubo celebrado el milenario de la conversión de Rusia. Puedo verle todavía, pues lo recuerdo, de pie, en el centro de la nave de la pequeña iglesia ortodoxa de los santos Andrés y Demetrio, en la calle Nicaragua de Madrid, emocionado, con voz vibrante, pero serena, hablándonos de san Vladimir y del cristianismo ruso.

Fátima y Rusia

Hay, además de este fundacional bautismo milenario, otro detalle más reciente, harto singular, que durante casi todo el siglo pasado concitó un buen caudal de especulaciones.

En la misma fecha de 1917, en la que se iniciaba la Revolución soviética, en uno de los confines de Eurasia, en las antípodas de Rusia, se aparecería la Virgen de Fátima. No fue sólo una extraña coincidencia. La relación entre ambos acontecimientos revela el signo de algo más hondo: descubre la misión escatológica de la Virgen como sello en el final de los tiempos y el destino en ellos de la Rusia cristiana. Cuando en Fátima, en una de las partes de su secreto, la aparición anuncia a los tres niños pastores que vendrá “a pedir la consagración de Rusia” a su Inmaculado Corazón, el mensaje contempla el advenimiento del comunismo y su posterior extensión en aquel país y más allá de sus fronteras, la suerte de un rey y el desencadenamiento de la II Guerra Mundial, ésta aún “peor” que la anterior. Aunque parezca extraño, el propósito de la aparición no estaba en ahorrarle a Rusia su calvario (el triunfo de los soviet, el martirio de los blancos con la familia real y su monarca a la cabeza). En consonancia con la comprensión cristiana de la vida nada ni nadie resucita a un estado superior de existencia, ni asume la gloria de su condición heroica, si antes no se sacrifica o es sacrificado y muere. La muerte, por tanto, tarde o temprano tendría que venir a ser para Rusia la garantía de su posterior resurgir y el broche de dolor que el país blanco iba a pasar como prueba de la santidad en la que tanto había insistido en sus largos lustros de tradiciones, así como un certificado de la asunción con todas las de la ley de una misión escatológica elegida para ella entre los demás pueblos. Rusia creía sin rechistar en todo eso.

Sí el mensaje de Fátima fue así de duro para Rusia, ese mismo mensaje pretendió en cambio evitar la II Guerra Mundial. Para frenar su desencadenamiento, en el llamado segundo secreto (en realidad no fue más que uno fraccionado en tres partes), pidió la consagración de Rusia… ¿Quería el plan divino que Alemania no fuera destruida, que los pueblos de Europa no padecieran tan cruel e indiscriminada laminación?; y, consecuentemente, ¿buscaba que el Occidente materialista, aliado con el ateísmo del Este, no extendiera sus fronteras más de lo debido, cercando y confinando a la Iglesia católica a sus cuarteles de invierno, hasta convertirla en una religión “muerta”, inoperante, espectral, y que no llegara este Occidente triunfante y devorador hasta donde ha llegado (globalización, biotecnología, más guerras, contaminación…)? ¿Pretendía el Cielo allanar los caminos para que Alemania y Rusia se encontraran un día en el punto de encuentro común de la Tradición hiperbórea primordial, y ambas con Roma, a través de la “consagración” que la Virgen indirectamente le pedía al Papa?

Una “Nueva Edad Media” se delineaba tal vez con todo ello, con estas preguntas que afloran del misterioso mensaje. Quedaban dibujados sus contornos, pero con el suceder de los acontecimientos aquellos se han difuminado por la acción de estos hasta casi oscurecerse. No obstante, siguen ahí. Y una nueva Edad Media significa que las raíces de un paganismo inmortal –el mismo que acogió el cristianismo– acabarían imbricándose con la nueva religión cristiana llegada de Oriente, uniéndose esas raíces, como en Puente Milvio, cuando un general romano nombrado Constantino hiciera situar las cruces sobre el lábaro de sus legiones, como cuenta la leyenda; o como a su manera hiciera el celtismo cristiano o el cristianismo celta; o como sucediera en el Dniéper, donde un príncipe vikingo de la estirpe de Rurik sumergiera en las aguas de la muerte y resurrección la paganía de los suyos para hacerla resurgir cristiana. Una nueva Edad Media, esta vez de paz verdadera, como la del Santo Grial, en la que paganismo y cristianismo podrían llegar a sentir la hermandad entre sí y con todo lo creado, con los animales y las plantas, con los hijos del Islam y con todos los orientales de las tierras del tigre, del dragón y del cinabrio. Una hermandad que al menos consiguiera no volverse a pelear jamás por el dominio del mundo, ni por otras causas, cualquiera que estas fueran. Un nueva Edad Media prefigurada en el verdadero sentido de Eurasia unida, no quebrada por fisuras en la tierra o en el cielo, en sus colores: blanco, rojo y negro, en sus puntos cardinales cruzados: Norte y Sur, Este y Oeste; un mapa alzado y bendecido por aquella Dama clara y luminosa de la Paz, aquella señal celeste llamada Fátima: la Theotokos –o Madre de Dios– y Madre de todo lo viviente, Soberana Doncella; ¡Fátima! no por casualidad el nombre de recuerdo tan amado también para el último de los Profetas, Mahoma. Una nueva Edad Media real, amante y sabia al estilo alfonsí, presentida asimismo por el ruso Nicolás Berdiaev a principios del siglo XX, y sintetizada así por Volkoff a la salida de una conferencia en París, como me contara el diplomático Félix Valdés, gran amigo y gran conocedor de Rusia. Extrañado Valdés por cómo había hablado Volkoff del antiguo paganismo ruso, siendo este escritor ortodoxo, al terminar no resistió la tentación de preguntarle. El escritor le respondió: “Es que no se es un buen cristiano si uno no es un buen pagano, y no se es buen pagano si uno no es buen cristiano.”

Retomando pues el hilo, Rusia, en consonancia con el mensaje divino de Fátima (de este modo se confesaba esta aparición), tendría, sí, que sufrir, padecer el martirio, pasar por la temible prueba doliente; pero bajo ningún concepto ser destruida, eliminada, deshecha, borrada del mapa de los destinos ulteriores. Por eso, en lo que parecía más evidente desde este lado europeo, Hitler, los alemanes y sus aliados europeos se equivocaron en sus planes de guerra contra Rusia, una guerra que, por otra parte, aparecía bendecida incluso por la Iglesia europea de Roma. Desde este lado, al parecer todos desearon sin rodeos la invasión, el saqueo, la partición y desaparición de la Rusia soviética, lo que llevaba implícito la invasión, el saqueo, la partición y desaparición de la Santa Rusia. Pero la Virgen de Fátima, por el contrario, hablaba de otra cosa, deseaba que el Papa de Roma consagrara el martirio ruso, de suerte que el comunismo no tardaría así en caer, terminando su Inmaculado Corazón por triunfar. Conforme a esta celestial profecía, Rusia tendría que ser preservada a toda costa. Hitler, en cambio, que no quería una nueva guerra con las potencias occidentales para la que sí parecía estar legitimado por la declaración de guerra de éstas contra Alemania, soñaba desde antes de ser Canciller, y con él muchos otros, con crearse un imperio en el Este para Alemania a costa de Rusia (que luego, tras la victoria de la campaña rusa, tenía asimismo la intención de repartir porciones con sus aliados europeos). Ya fuera como dice el historiador Carlos Caballero, para quien el comunismo era sólo “una coartada”, justificada sin duda por su amenaza, pero una coartada en los planes alemanes a fin de cuentas; o ya fuera, como ha asegurado el filósofo Gadamer, una guerra defensiva de carácter preventivo o anticipatorio frente al poder expansivo soviético, la guerra de Europa contra Rusia estaba vetada desde cualquier ángulo que se planteara. Por consiguiente, el proyecto era más que peligroso, sencillamente era una condena para quien se atreviera a llevar sus tropas demasiado lejos. La razón vuelve a repetirse, insistimos: aquella invasión implicaba la aniquilación no sólo de la visible y usurpada soberanía rusa, ahora soviética, sino la disipación de la otra Soberanía, ésta ahora invisible, que aún seguía viviendo, pues como veremos, en el abolido trono imperial, eclipsado, tras la abdicación y asesinato del zar y de toda su familia, había ahora ocupado el sitial, acaso provisionalmente, acaso siempre había estado ahí un personaje demasiado –diríamos– importante y… poderoso, como más adelante veremos. Con lo cual, Hitler y su coalición europea, incluida en ella de forma callada el Vaticano, venían a contravenir los extraños y oscurecidos planes divinos. Jugaron todos peligrosamente y, por esa causa que la razón no entiende, estos terminaron cayendo con su caudillo a la cabeza2.

En 1925, mediante una locución privada, Lucia, la vidente de Fátima, recibe de la Virgen su primera indicación para que revelara a la jerarquía católica del Vaticano la segunda parte del secreto. Reiterará la petición en 1929; sin embargo, Pío XI no le consagra Rusia y la guerra estallará (contra lo previsto) en 1939 y Rusia será atacada (conforme a lo previsto) en 1941.

¿Por qué los cinco primeros Papas que conocieron el secreto de Fátima consecutivamente se negaron o anduvieron remisos a la hora de acceder a la consagración de Rusia pedida por la Virgen blanca, hiperbórea? ¿Por qué la Iglesia latina de Occidente no le consagraba Rusia al Inmaculado Corazón de María? ¿Suponía este gesto que Roma se doblegaba ante el cristianismo ruso y oriental, no cambiante y más fiel a sus orígenes –ortodoxos– que el occidental, pero considerado “herético” por el Vaticano? No es el propósito de este artículo afrontar directamente estas preguntas. Únicamente son un indicio en los inconfesables repliegues de todo este laberinto, porque, en efecto, Roma tampoco parecía llorar lo suficiente por la destrucción de Rusia, tal vez porque con la derrota de la Rusia comunista en la guerra que se avecinaba, la Iglesia católica también soñara en su fuero interno con el eclipse de la Santa Rusia ortodoxa y zarista. ¿Conjeturas? De ser ciertas, sin duda unos y otros eran planes humanos que chocaban frontalmente con el contenido del mensaje de Fátima, que todos parecían no querer oír. Por el contrario, a la misteriosa aparición parecía gustarle la Santa Rusia tal como era. He aquí un indicio entre muchos: el ángel que precedió a la aparición de Cova da Iría, en Portugal, enseñó a rezar a los tres niños pastores de Fátima con la cabeza en el suelo, igual a como han hecho siempre los rusos, besando el suelo como muestra de humildad; y curiosamente, el Papa que por fin hizo la consagración pedida por la aparición –me refiero a Juan Pablo II, el sexto de los pontífices que conocieron el secreto– ha venido mostrando este mismo ademán como fórmula de salutación a los cien países que ha visitado durante su reinado.

Pero lamentablemente la consagración de Juan Pablo II llegaba tarde. En las fechas en que ésta se había pedido a los hombres de la Iglesia, es materia de fe que la II Guerra Mundial se hubiera evitado y el comunismo no hubiera tardado en ceder, por los mismos caminos misteriosos en que más tarde cedió. Mas al quedar por entonces obstaculizado el propósito, Europa, ni se ahorró la guerra ni se acortaron tampoco pacíficamente los tiempos de vida del comunismo soviético con toda su amargura. Tal y como sucedería más tarde… En efecto, de entre los Papas, fue finalmente Juan Pablo II quien llevó a cabo la consagración pendiente, y la llevó a cabo “casi” al pie de la letra, sin subterfugios. Semejante cosa sucedió el 25 de marzo de 1984 (cuatro años antes del milenario ruso). No estaba mal el presente. Y, atención, un año después de la mencionada consagración nacía la Perestroika con Gorbachov. ¿Coincidencias?

Aunque Rusia había pasado un largo invierno de ateísmo y persecución religiosa, las semillas de su cristiandad permanecían aún vivas en ella. François Maistre nos ha contado (Punto y Coma, 10. 1988) que el propio Breznev se quejaba todavía ante el Comité Central del Partido: “¿¡Qué ocurre camaradas!? ¿¡En qué siglo vivimos!? ¿¡Antes o después de la revolución!?”. Le obsesionaba no ver a su alrededor más que campanas y, lo que aún era peor, oír sus tañidos. Era así que el calor del sol interno –la Ortodoxia– y el calor del sol lejano –Fátima– iban a propiciar en Rusia el tiempo de su resurgir, el tiempo de su milenario. (Era una señora vestida de blanco más brillante que el sol, esparciendo luz más clara e intensa que un vaso de cristal lleno de agua cristalina…).

¿Es posible el retorno del Zar?

¿Retornará el zar al trono de todas las Rusias? Por el momento, se ha restablecido ya su enseña, el águila bicéfala con el escudo de san Jorge en el centro.

El principio y fin de la Primera Roma –la de Occidente– fue marcado con un solo nombre, el de Rómulo. La Segunda Roma –Bizancio– fue fundada por Constantino (el Grande) y cuando, siglos después, reinaba otro Constantino (Paleólogo), cayó ésta bajo el poder de los turcos otomanos, dándose por concluido el Imperio de Constantinopla, en 1453. La Iglesia latina también se encuentra inmersa en esta tradición. Alude a ella la profecía de San Malaquías diciendo que el último Papa de la Iglesia romana se llamará asimismo Pedro, igual que el primero según la leyenda. En el ciclo ruso todo parecía haber sido también cerrado. Vladimir se llamaba el fundador de la cristiandad rusa y Vladimir (Lenin) se llamó el encargado de sepultarla. Desde esta perspectiva todo aquí habría igualmente concluido. Pero hay en el caso ruso, en el de la Tercera (o Cuarta) Roma, una diferencia con respecto a las otras: entre Rómulo y Rómulo, Constantino y Constantino, Pedro y Pedro hay o habría cierta concordancia en cuanto a la continuidad (pues quien cerraba el ciclo no deseaba hacerlo y no estaba dividido contra sí mismo); en cambio, entre el varego san Vladimir, el “rojo”, y Vladimir Lenin, también el “rojo”, hay una contraposición, pues el segundo quería a todas luces abolir la obra del primero. Por eso, en el caso ruso puede admitirse un retoque o variante, siendo semejante al mito cristiano en el sentido de que a la muerte le sigue una resurrección, como la acontecida con el fundador del cristianismo. Aquí residiría la diferencia rusa y su esperanza, en la que siguen creyendo muchos ortodoxos. Por consiguiente, para Rusia, como han pensado Dostoievski y otros, estaría escrito un paralelo igual al que ha vivido y todavía vivirá la propia era cristiana, que nació (y renacerá) con el sacrificio y resurrección de Cristo, reabriéndose sobre su sepulcro (el mundo profano y la modernidad) a un nuevo Cielo y a una nueva Tierra, con su segunda venida. Además, al tema simbólico del nombre hay que añadirle algo más. Sin olvidar que Vladimir era el príncipe vikingo que hizo bautizar a la primitiva Rus’, y que otro Vladimir (Lenin) quiso acabar con la era cristiana de los eslavos, esto es, matarla; no obstante –y aquí ese otro detalle curioso que hace girar el discurso–, Vladimir se llamaba asimismo el Gran Duque heredero de la Santa Rusia en el exilio en el año (1988) en que las tierras rusas recordaban, conmemoraban, festejaban su Imperio de los Mil Años cristianos con el bautismo. Sea, ya que si ahora no perdemos de vista lo que significa el bautizo entre los sacramentos de la Iglesia y el sumergimiento y emergencia en las aguas en el simbolismo sagrado tradicional: una resurrección tras el ahogo de la muerte, el pueblo que en esta época va a resurgir de su sepultura o de su muerte es el ruso. Aunque para ello hubiera que dar todavía un paso adelante. El mausoleo sin alma representado por la momia de Lenin, el antizar yacente del Kremlin, tendría que ser removido de aquella plaza sagrada que con su situación central todavía neutraliza. De nada iba a servir, pues, que Yeltsin abrazara al Patriarca de Moscú por un lado y por el otro presidiera el desfile conmemorativo de la victoria soviética desde ese mismo mausoleo momificado, donde la inmortalidad estaba prisionera. En tanto este marco titubeante y ambiguo permaneciera el caos actual ruso seguirá presidiendo la vida en sus tierras, hasta que tal estado de vacilación no quede resuelto con una toma de decisión acertada.

Más arriba he señalado algo que es preciso ahora explicar. ¿Qué había sucedido en el trono del zar tras el asesinato de la familia imperial? Otra de las encrucijadas en el misterio del milenio. Veamos. En marzo de 1917 se desata la revolución liberal de Kerensky, quien, apoyado por la Duma y por algunos miembros resentidos de la nobleza, como el príncipe Galitsin, desea la extinción de la monarquía, a la vez que incita al asesinato del zar comparándose con Bruto. Nicolás II, el día 15 del mencionado mes, abdica en la localidad de Pskov, entre bosques y pantanos. Los generales que le acompañan en ese momento se santiguan. El Ungido, el rey-santo, se prepara para el martirio. Y a él le seguirán también su mujer (Alejandra), sus cinco hijos (Olga, Maria, Tatiana, Anastasia y el zarevich Alexis), y muchos otros. “¡Guárdate de los Idus de marzo, oh César!”

Rasputin le había profetizado al monarca: “Amigo querido. Vuelvo a repetírtelo una vez más: una nube amenazadora se cierne sobre Rusia… Todo es oscuro, sin el menor atisbo de luz. Un mar de lágrimas; mar sin límites… Sangre, horror indescriptible…” Pero el zar de la Tercera Roma (o de la Cuarta, según se mire) siguió adelante, como aquel Julio César de la Primera, hacia la aceptación de la muerte. Para Nicolás II, todo empezó en Dno, en la estación ferroviaria de Petrogrado, donde el tren del zar fue desviado de su itinerario. ¿Acaso Dno no quiere decir fondo, abismo? Desde ahí, por tres etapas –como tres caídas– pasó el zar con su familia y leales hasta el final. El nombre de las estaciones: Tsarskoie-Selo, Tobolsk y Ekaterinenburg. Algunos testigos dijeron luego que el pueblo campesino, fiel y ortodoxo, se arrodillaba al paso de su emperador.

Con la abdicación, la toma del poder por Kerensky y la Gran Guerra europea (primer capítulo de la mundial) como telón de fondo, estalla la guerra civil y triunfa la Revolución soviética en octubre de 1917, el mismo mes en que se produce la última aparición de la Virgen del Rosario en Fátima. Desde Moscú parte el telegrama ordenando el asesinato de la familia imperial y su séquito; lo firman Yakov Sverdlov y, a la derecha del documento, Lenin, como bastantes años después quedó demostrado.

“Veo una gran cruz en Ekaterinenburg” –había augurado ya el santo ortodoxo Juan de Kronstad (1829-1909). Fue allí, en Siberia, en la tierra más virginal, originaria y apartada del mundo, en los grandes bosques del planeta. No en vano, Alexander Solzhenitsin ha escrito en Vivir sin vergüenza: “Siberia y el Septentrión son nuestra esperanza, nuestra reserva”. ¿Nuestra resurrección?

Se les fusiló en la casa del ingeniero Ipatiev, en Ekaterinenburg, la noche del 16 al 17 de julio de 1918. Pero un poco antes de esto, tal vez días o semanas, sobre el itinerario de sus prisiones, unos breves versos, atribuidos a la gran-duquesa Olga (la hija mayor de Nicolás y Alejandra), ignoraban la distancia. Copiamos algunos gracias a la traducción hecha al castellano por Rurik de Kotzebue. Dicen así:

Reina del Cielo y de la Tierra, / Consoladora de los afligidos, / escucha la oración de los pecadores: / La Santa Rusia –Tu morada luminosa– / está en vísperas de perecer. / Te invocamos, Protectora nuestra. / No conocemos ninguna otra. / Oh, no abandones a Tus hijos. / Concede la esperanza a los que sufren. / Pon tu mirada / En nuestras lágrimas y martirio / (…) Danos la fuerza, oh Dios de la Verdad, / de perdonar el crimen de nuestro prójimo / y de aceptar con dulzura / nuestra pesada cruz ensangrentada / (…) Al borde de la tumba, / infunde a los labios de Tus siervos / la fuerza sobrehumana / de rezar humildemente por nuestros enemigos.

Una oración, un poema, que ignoraba la distancia, y aun cuando Olga no lo supiera, al otro extremo de Eurasia, la Virgen blanca de Fátima escuchaba su oración en la lejanía y la escuchaba también otra Virgen más próxima… que relacionaba el trono ruso con su aparición también rusa.

El mismo año de Fátima y en la fecha justa en que el zar Nicolás II abdicaba en Pskov, aquel 15 de marzo de 1917, reaparecía milagrosamente en Rusia, en Kolómenskoe (una pequeña aldea de casas de madera y residencia veraniega de los zares cercana a Moscú), el icono de la Virgen Soberana sentada en el trono de su realeza, con el cetro de los monarcas en su mano derecha y con el orbe en su izquierda. En adelante y hasta el retorno del zar, la Virgen, con toda su gloria, aunque en silencio, y cubierta con el manto rojo de la dinastía varega del primer príncipe cristiano, el vikingo san Vladimir, custodiaría la pureza de la herencia y el reino santo de Rusia desde aquel instante adverso. Lo que sucedió lo ha contado el sacerdote ortodoxo Nicolai Lijachov, quien llegó a publicar esta historia con el permiso del metropolita Tijón.

Brevemente esto es lo que pasó: Evdokia Andriánova, una campesina que vivía en la pequeña aldea de Pererva, tuvo dos sueños, uno –según nuestro calendario– el 26 de febrero y otro el 11 de marzo de 1917. En la noche del 26 oyó con claridad una voz que le decía: “en el pueblo de Kolómenskoe hay un gran icono negro. Es preciso recuperarlo; volverlo rojo, y que los creyentes recen”. La devota Adriánova, que desconocía la existencia de ese icono, confundida por tanto, se puso a orar pidiendo inspiración. Eran los días de la guerra y de la incipiente revolución, pero aún no se había desencadenado la tragedia final y en el ambiente campesino de Adriánova ni siquiera se sospechaba la catástrofe. Pocos días después volvió a soñar. La noche del 11 de marzo ve un templo blanco y en su interior, sentada, con porte real, una señora coronada a la que no consigue ver el rostro. Intuye que es la mismísima Reina de cielos y tierras. Adrianova toma el camino de la aldea de su visión. Llega a Kolómenskoe a la caída del sol del 15 de marzo de 1917, busca la casa del sacerdote y le cuenta todo lo que ha oído y visto en sus sueños. Le pide ayuda. El sacerdote, que se disponía a celebrar una misa en ese momento, invita a la mujer a mirar todos las imágenes de la Madre de Dios del iconostasio con el objeto de identificar la de su visión. Lo hace, pero ninguna se asemeja a la que ha visto desde el lecho, y pregunta si no hay más. El sacerdote sabe que hay otros iconos en el sótano, con lo que manda subir el más grande, el más parecido al descrito por Evdokia Adriánova. El cuadro está lleno de polvo y un tanto oscurecido. Al limpiarlo con cuidado, los presentes quedan maravillados al presenciar la imagen que emerge de su niebla; y aunque todavía no lo saben, el mismo día en que ha abdicado el zar en Pskov, en el interior del vagón imperial. El icono recién limpio muestra a la Virgen sentada en el trono, coronada, como la había visto en su sueño, como una zarina, con el manto rojo de la dinastía vikinga de la primitiva Rus’. Sobrecogida, Evdokia Adriánova se echa al suelo y lo besa haciendo varias veces la señal de la cruz al modo ortodoxo, de derecha a izquierda. Llora de alegría.

Con el suceder de los acontecimientos revolucionarios, se dispara la evidencia que relaciona tales acontecimientos con el misterioso mensaje divino. Y el icono, desde el primer instante, incluso desde los días cercanos a las noticias, comienza a recibir peregrinos, que en formas diversas, luego más o menos clandestinas, nunca cesaron durante los setenta años de la era soviética. La interpretación: el trono del Zar no estaría vacío hasta su, quién sabe cuándo, restablecimiento, o ¿es que la Madre de Dios, la venerada Theotokos de la Santa Rusia, no había dejado nunca de tener en él su puesto, su “morada luminosa”, como había dicho la gran duquesa Olga?

Con todo ello, podemos entender por qué Rusia no podía ser finada ni despojada para siempre, ni por la revolución, ni por la guerra, ni por lo que habría de venir después. La Gran Madre, la Parturienta Luminosa de las viejas tradiciones paleolíticas y neolíticas, la Soberanía pagana y más tarde cristiana que ungía desde el Cielo con el aceite milagroso a los reyes de antaño, invistiéndoles de su poder real, era la que tomaba en persona el lugar inhóspito de todas las ausencias. A lo mejor, con el terrible final y su aparición en el icono –no olvidemos que para los cristianos ortodoxos los iconos son verdaderos sacramentales de la presencia–, no iba a haber más reyes visibles en Rusia y sí un nuevo ideal de realeza sagrada consistente en la ofrenda de una paz maternal en las tierras, como antes aconteciera, antes de que el mundo comenzara a enloquecer por obra y gracia de la voluntad de poder. Sea como fuere, ni las fuerzas de la revolución ni su dominio después pudieron destruir el icono, que ha sobrevivido hasta nuestros días, como en el otro extremo de Eurasia fueron también fallidos los intentos de destruir el árbol y la capilla de la Virgen de Fátima.

Desde junio o julio del año 988, fecha de la investidura cristiana de la realeza rurikida, hasta 1918, en la que muere el último de los zares, transcurrieron en Rusia 930 años de su era cristiana. Si a los 930 años le añadimos la cifra tan simbólica como real de los 70 que ha durado el tiempo del “Anticristo” (el período del martirio y de la opresión para la Iglesia rusa), tenemos justamente 1000 años: el milenario, la celebración del tiempo del retorno, la vuelta del zar santificado en los iconos del martirio, la proximidad de Cristo que reaparece victorioso como sol de justicia, en su sentido más eminente y pacífico, sin venganzas que exigir. Lo que una vez más coincide con los avisos que tienen lugar en los lugares de apariciones de la Virgen, esa gran señal luminosa, rutilante, de la Gran Dama Blanca de todos los tiempos: la puerta sacral del principio y del fin, del alfa y de la omega, de la Natividad y del Apocalipsis del pequeño y gran mundo.

Acaso aquellos reyes, convertidos en símbolos vivientes de esperanza, ya no vuelvan como se relata en los mitos, acaso si… Acaso esté por venir una era mejor, acaso no… De momento, la figura del zar desaparecido se ve ahora ya asumida en la tradición de todos los reyes míticos que murieron y que, resucitados, aguardan en un jardín de las Hespérides, en una tierra blanca ideal como Ávalon, en un paraíso de amor como los trovados en la Edad Media o en un Edén como el que recoge la Biblia… “aguardan” a la orden de su venida, de su retorno, como Arturo, Carlomagno, Don Sebastián… al final de los tiempos.

Cuenta Valentín Speranski en La noche roja cómo una aldeana de Ekaterinenburg vio a los zares durante los últimos días de su cautiverio. Estaban tristes, resignados, un tanto apocados, como si fueran nada, demasiado humanos y humillados; y, sin embargo, en sueños, a esa misma aldeana se le habían aparecido –escribe Speranski– “rodeados de una aureola dorada y con trajes resplandecientes. Les acompañaba una música; y mil banderas de todos los colores flotaban al viento; caían flores de lo alto y las campanas repicaban sin cesar. El zar, a mi juicio (testimoniaba la mujer), debía ser como un gigante divino y la zarina una belleza rusa… del Paraíso… (y) el zarevich, un querube…”.

La leyenda monárquica fue así creciendo hasta el punto de que el zar –de verdad, de verdad– se pensaba que no había muerto. Por eso, ya desde los primeros momentos de la revolución y de la guerra civil rusa, muchos empezaron a pensar que después de que el poder soviético pasara “como una epidemia infantil –le dijo a Speranski un anciano en 1923–; después de esa enfermedad tremenda, pero necesaria para fortalecer el alma, se restablecerá el régimen antiguo, lavado por la sangre y purificado por el sufrimiento…”. Y, en esa altura –le añadió otro de sus interlocutores–, en ese instante, “el zar, muy piadoso, vendrá de nuevo para juzgar a los vivos y a los muertos… gracias a los poderes que habrá recibido de Dios”. ¿No se han cumplido ya esas profecías, esos vaticinios? Probablemente sí.

Se ha restablecido en Rusia la enseña imperial de la Santa Rusia zarista como bandera nacional del Estado y la Iglesia ortodoxa rusa ha santificado a los zares, a su familia y a los muchos leales que con ellos murieron en los ásperos años. ¿No es ésta una forma de retorno? Las gentes sacan en procesión por las calles los iconos de Nicolás II y Alejandra, del zarevich Alexis, de las grandes duquesas Tatiana, Maria, Olga y Anastasia. Les rezan, les piden intercesiones, milagros. Ahí están con toda su gloria, encumbrados, reinando.

¿Resucitará Europa con Rusia?

Occidente, que cayó en las tres tentaciones del monte, que amordaza el espíritu de renuncia y sacrificio, que nada quiere saber del vivir y del morir, es difícil que así resucite, imposible diría. Porque Occidente está matando su alma de molicie. A la inversa, con la Revolución soviética, el pueblo ruso ha vivido su propio calvario y su propia crucifixión, una persecución. Con ello, sus perseguidores le han garantizado su regeneración. Desearon tanto sepultar el ser entero de Rusia y olvidar su espíritu con la impostura y la fuerza, quisieron tanto matar a Dios por el martirio, que ahora lo ven resucitar. Y de igual modo que el Cristo mítico liberó del sheol a los seres ensombrecidos y larvarios que allí había con su descenso a los infiernos, así también la Santa Rusia se ha reservado un papel primordial para el porvenir. No de otra manera cabe entender estas palabras de Solzhenitsin: “Pienso que Rusia, que ha abierto las puertas del infierno al mundo, es la única capaz de poder cerrarlas”. Occidente no puede hacerlo, y sigue el escritor: “todo el orbe está debilitado por la prosperidad y… pronto perecerá… las manos para vencer el infierno vendrán del Oriente eslavo. Para la historia… Rusia es un país clave”.

En este lado de Eurasia –nuestro continente común–, en la India Blanca –como calificaba Esenin a las tierras de su amada Rusia–, confiemos en que allí no terminen igual que nosotros, cayendo ante los engañosos señuelos, en esos lazos tan sutiles y astutos, con que la ideología occidental nos tienta a todos sin discriminación alguna.

Este sueño de muchos fue también el de Ungern-Sternberg, quien, al modo de Gengis-Kan, y después de haber reunido en una sola horda hiperbórea, en su División Asiática de Caballería, a sus mongoles, cosacos y nórdicos (a sus budistas, cristianos y paganos), descendiera desde Oriente hasta Occidente como el relámpago.

Lo hemos confesado más de una vez: tenemos una necesidad imperiosa de barbarie…

Pero Ungern, Ungern-Kan, nombrado por el Kutuktu o Buda vivo, caudillo de Mongolia, tras la liberación de Urga, su capital; el barón Ungern von Sternberg, el último resistente blanco en caer en la guerra civil entre zaristas y soviéticos se adelantó a su tiempo. El también quiso llegar hasta el mítico reino invisible de Agartha y traer de allá sus alianzas. Al igual que Ungern, otros héroes lo buscaron después y lo seguirán buscando. Sin embargo, no hay otra forma de ser aceptado en esa región mítica que tragando el amargo sabor de la derrota momentánea, el dolor de la cruz y la soledad en la muerte, o entrar por la senda escondida de la renuncia total de los monjes. Sólo en ese instante, Ungern-Sternberg, el último de los defensores a caballo de la Rusia de los zares, vendrá también al lado de Arturo, Carlomagno, Nicolás II… con el Rey del Mundo, a sus flancos. Pero puede que no sea para presentar otra batalla más, aunque ésta sea la definitiva, pues ninguna batalla lo es, sino para fundar con todos la ansiada y esperada paz que tanto necesitamos los vivientes en este valle de lágrimas.

NOTAS

  1. Pedro el Grande quería que Rusia volviera su mirada a la distante y amenazante Europa católica, introdujo por ello la enseñanza obligatoria para la nobleza y otras clases elevadas, actualizó el Ejército y la Armada, reformó el alfabeto cirílico, impuso la moda occidental en el vestir, hizo que los nobles se cortaran las viejas y a todas luces fieras barbas… No dudo en ser implacable para lograr sus propósitos y no escatimó el derramamiento de sangre de sus oponentes si fuera preciso, como lo hizo con su propio hijo Alexei (o Alejo) y con otros rusos defensores de las tradiciones.
    2. Por la reciente historia secreta de Europa circula un relato en el que se asegura que el católico Hitler mantuvo un encuentro privado con la vidente alemana de la misma religión, la campesina Teresa Neumann, que vivía sin comer ni beber, siendo su único alimento la Sagrada Forma que recibía en la Comunión, y a la que el Führer favorecía y defendía de las presiones e incomprensiones que sobre la mujer ejercían los protestantes del partido. En esta entrevista, se asegura que la vidente recomendó al Canciller del III Reich que no desencadenara ataque alguno contra Rusia… No sabemos lo que Hitler le respondió, pero sí lo que hizo.

Fuente: Debats 85 Verano 2004

https://paginatransversal.wordpress.com/2012/12/17/el-sol-rojo-de-la-santa-rusia/#more-1904

españoles en el gulag

16 junio, 2015

domingo, 19 de febrero de 2012
españoles en el gulag

Joven historiadora rumana afincada en España, autora del premiado «Republicanos españoles en el Gulag», ha documentado la tragedia de más de 300 “rojos” españoles en campos de concentración soviéticos, entre ellos trece andaluces y los marinos sevillanos Antonio Vela Rodríguez y Francisco González de la Vega.

—El exilio español cuenta con muchos estudios, pero el suyo es el primero sobre republicanos en el Gulag. ¿Por qué?

—La materia, en el ámbito académico, es joven, pero en desarrollo gracias en parte al libre acceso a los archivos y a la ausencia de la censura, lo que facilita nuestra labor de historiadores, en detrimento de la mitografía.

—Ha documentado a cientos de republicanos españoles en el Gulag. ¿Serían muchos más?

—Tengo una relación nominal de más de 300 represaliados por «delitos comunes y políticos», aunque pueden aumentar.

—¿Querer abandonar la URSS era traición?

—También desacuerdos con la línea oficial del partido, visitas a las embajadas extranjeras o algún comentario banal que era interpretado como blasfemia, eran «traición», «espionaje» o «sabotaje», es decir, largos años de campos.

—¿Sufrieron torturas los republicanos españoles a manos soviéticas?

—Al igual que los soviéticos y otros extranjeros, recibieron pavorosas torturas en las cárceles. Después vino el trabajo forzado en remotas zonas siberianas, el hambre, el frío, las enfermedades, la sombra de la incertidumbre, de la muerte. Pero el sistema concentracionario soviético fue más que tortura. Fue una negación en su forma más horrenda de lo humano.

—¿Hasta cuándo negó el PCE la existencia del Gulag?

—Nunca reconocieron la existencia de republicanos españoles en el Gulag.

—En su libro afirma que «particularmente lacerante» fue el papel de Carrillo, Pasionaria y Claudín en la persecución de patriotas correligionarios acusados de disidentes…

—Ibárruri mandaba. Otros colaboraban. Habría que añadir a Mije por sus falaces acusaciones desde Francia tildando a los internados de Karagandá de «falangistas».

—¿Toda la represión soviética contra republicanos españoles fue respaldada por el PCE?

—Sobre esta tragedia siempre pesará la responsabilidad del PCE, que tampoco hizo nada para la liberación de los presos españoles.

—¿El PCE alentó esa persecución, con Pasionaria diciendo en 1948 que sólo abandonarían territorio soviético quienes tuvieran «un expediente político positivo»?

—Más que alentarla, la favoreció. Y esta política de puertas cerradas fue una constante hasta 1956.

—¿Carrillo dio conferencias en París negando los campos de concentración donde permanecían los republicanos españoles, conociéndolos?

—Toda la cúpula del PCE en la URSS lo sabía. La conferencia y los artículos en la prensa comunista española eran una manifestación más de la cuidada coreografía que propugnaba la «magnífica vida» allí.

—¿Más que las detenciones de republicanos, a los dirigentes del PCE les preocupaba «su propia imagen»?

—Ante todo, evitar cualquier hipotética difamación de la URSS, como todo partido bolchevizado.

—Escritores como Muñoz Molina han confesado que de estos republicanos represaliados en la URSS no tenían noticia. ¿Se da por satisfecha?

—Las reseñas en la prensa fueron una grata sorpresa. Pero este «librito» derivado de mi tesina no me ha complacido lo suficiente, razón por la que prosigo con el tema en la tesis doctoral, con el apoyo de una extensa documentación.

—El secretario general del PCE dice que España es el único país que tiene a un tirano en un mausoleo. ¿Considerará a Lenin un demócrata?

—No sé, habrá que preguntarle.

—La tumba de Stalin tampoco está mal…

—Desde 1961, Stalin yace en una simple tumba en la Muralla del Kremlin, con el único ornamento de un busto suyo en granito.

—Hay quien ha pedido que los restos de Franco vayan a una cuneta. ¿Será ése un camino para la reconciliación nacional?

—Como ciudadana, veo más apropiada una tumba corriente en un cementerio normal. Como historiadora defino la reconciliación nacional como un largo proceso que durará generaciones.

—¿Se buscarán los restos de los republicanos españoles muertos en el Gulag, si lo piden sus familiares, según la Ley de Memoria Histórica?

—No. Sería una labor titánica hallar tumbas probablemente ya desaparecidas. Ante todo, tenemos que recuperar sus nombres y homenajearlos de la misma manera que se ha hecho con los internados en los campos de exterminio nazis

Son de sobras conocidas las terribles experiencias que sufrieron los republicanos españoles en los campos de concentración nazis, especialmente en mauthausen, pero resulta sorprendente descubrir las penalidades que sufrieron otros desconocidos republicanos en los campos de trabajo (gulags) soviéticos al terminar la Guerra Civil.

La semana pasada en el transcurso del coloquio sobre el exilio de exportación celebrado en el Museu d’Història de Catalunya, pude conocer esta impresionante historia de la mano de la doctora Luiza Iordache del Institut de Ciències Polítiques i Socials (UB) que está realizando un intenso estudio de estos casos.

Al parecer, tras la victoria franquista de 1939 llegaron o se encontraban en la URSS unos 4.500 exiliados españoles, entre ellos, 3.000 niños de guerra, cerca de 150 maestros y auxiliares que les acompañaban, 156 militares (marinos que formaban parte de la tripulación de los 9 barcos incautados por la Unión Soviética al finalizar la guerra), unos 200 jóvenes pilotos de la última promoción formada en Rusia y, por último, alrededor de 1.100 exiliados políticos, en su mayoría miembros del Partido Comunista y el Partido Socialista Unificado de Catalunya

Hacia 1940 y en vista de la coyuntura política internacional con el pacto ribentrop- molotov entre la URSS y Alemania y la ocupación de media Europa por parte de esta última, fueron muchos los militares y marinos que pidieron la salida del país incluso reclamando volver a España (sin saber exactamente qué se encontrarían allí). A partir de ese momento empezaron los duros interrogatorios en los terribles centros de detención de Moscú donde se forzaba mediante tortura la confesión de los detenidos, que acababan siendo condenados por traidores de la patria y antisoviéticos.
La doctora Iordache resalta el caso de 8 jóvenes cadetes republicanos que mostraron públicamente su deseo de salir del país y acabaron condenados a 8 años de trabajos forzados en el gulag por trotskistas. Lo más grave y doloroso de la situación es que fueron precisamente algunos de sus compañeros españoles los que les acusaron.

El devenir de la Segunda Guerra Mundial con la invasión nazi de la URSS no hizo sino incrementar la presión sobre los exiliados españoles sumidos ya en la desesperación. Muchos de ellos habían sido enviados a trabajar en fábricas indómitas en los confines de Rusia, mientras muchos de los niños de la guerra que llegaron en edad escolar habían caído en la delincuencia acuciados por el hambre.

Según la doctora Iordache, las detenciones de prisioneros políticos se desarrollaron en tres oleadas: la primera de 1939 a 1942, marcada por la invasión nazi, la segunda de 1942 a 1946, durante la Segunda Guerra Mundial, y la última de 1947 a 1948 con las numerosas pedidas de ayuda de las embajadas extranjeras y surrealistas huídas en baúles diplomáticos.

En total cerca de 350 exiliados españoles de todos estos grupos fueron internados en los terribles gulags soviéticos durante estas tres oleadas. Allí estos 350 republicanos españoles se encontrarán con los aproximadamente 300 prisioneros de guerra de la División Azul, sus antiguos enemigos, hoy compañeros de celda, ya que el gulag no hacía distinción de nacionalidades ni ideologías.

En 1948 dentro de la primera oleada de repatriaciones tras la Segunda Guerra Mundial muchos de estos presos intentaron en vano salir del país pero tanto el Partido Comunista español como el Partido Comunista de la Unión Soviética truncaron su liberación acusándolos de fascistas (sí, fascistas a los mismos republicanos españoles que habían luchado una década antes contra Franco) por temor a la propaganda antisoviética que pudieran desarrollar a su vuelta.

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No fue hasta 1954 y, especialmente, en 1956 cuando se inició el retorno junto a los prisioneros de guerra de la División Azul gracias a las conversaciones en Francia entre la España franquista y la Unión Soviética. Fueron 6 expediciones que hasta mayo de 1957 fueron devolviendo finalmente a su país a los restos de los republicanos españoles que sobrevivieron a los gulags soviéticos, a una cruel guerra civil, a la invasión nazi en la Segunda Guerra Mundial y al hecho de ser acusados injusta y deshonrosamente de fascistas, una terrible paradoja que la Historia no debe olvidar.

La investigación de la doctora Iordache plasmada en el libro “Republicanos españoles en el Gulag (1939 – 1956)” se enmarca dentro de su tesis doctoral, presentada en 2007, y que le valió el Premio a la Memoria de Doctorado en Ciencias Políticas convocado ese mismo año por el Institut de Ciències Polítiques i Socials de Barcelona.

No fueron niños de la guerra. No fueron miembros de la División Azul, prisionerios de la Uniñon Soviética. Fueron “internados”, según la terminología de la época, republicanos secuestrados por Stalin durante 13 años, abandonados a una situación legalmente fantasmal y condenados al gulag. Su historia aparece ahora recogida en el ensayo ‘Españoles en el gulag; republicanos bajo el estalinismo’ (Península), obra de Secundino Serrano.
¿Quiénes eran estos republicanos de Siberia? El propio Serrano contesta: “Fueron 185 españoles encarcelados, aunque hay quien sube la cifra hasta los 300, inclluyendo a otros españoles que pasaron por el gulag por motivos diversos. Hay dos grandes grupos: por un lado, los alumnos de aviación que fueron a Azerbayán a un curso de pilotaje para servir a la República y a los que el final de la guerra los sorprendió allí. Eran chicos jóvenes, de 18 a 21 años. Otro grupo, era de marineros a los que la victoria franquista los sorprendió en una travesía de camino a la URSS. Cuando llegaron, los soviéticos requisaron sus barcos y empezó su periplo. En este grupo, había gente más mayor. Había también algún falangista de izquierdas que abandonó la División Azul, que desertó en Kazajistán”. A excepción de estos últimos, todos los miembros del grupo “habían hecho una declaración de adhesión a la República que se requería para ir a la URSS, eran gente con mucho sentido de la militancia. Había algún miembro del PNV, muchos socialistas, muchos anarquistas y, sobre todo, muchos comunistas. Eso sí, al cabo de 13 años, todos terminaron siendo anticomunistas fervorosos”.
Y, entonces, ¿por qué cayeron en desgracia? “Su ‘pecado’ fue que quisieron salir de la URSS. No para irse a España sino para establecerse en Francia, al principio, o en América Latina. Y claro, eso era inconcebible para los soviéticos”, cuenta Serrano. Después de dos años de internamiento más o menos amable, en balnearios a las afueras de Moscú, el grupo de los marineros se dirigió a la Embajada Alemana en la URSS (por entonces, la Alemania nazi era aliada de Stalin) y solicitó que mediara los ayudara a abandonar Rusia. El PCUS se tomó mal esa licencia e hizo lo que se solía hacer en esos casos: a Siberia con los marineros, ya mismo. “Cuando empezó la Operación Barbarroja, todos los extranjeros residentes en la URSS fueron detenidos. Y allí cayeron el resto de los españoles. No hacía falta juzgarlos ni condenarlos: simplemente se aplicaba sobre ellos la retahila de trotskistas, quintacolumnistas, antirrevolucionarios…”.
Los marineros se llevaron la peor parte: pasaron un año en un campo de concentración del Círculo Polar. En 12 meses, murieron 11 de 40. “Después, se unieron a los demás españoles en “campos de concentración ‘medios’. El campo de Kok-Usek fue emblemático en su periplo”, explica Serrano. “No eran campos de exterminio, sino de trabajos forzados. La tasa de mortalidad era alta pero no tanto. Había un día libre a la semana, con cine, bailes y hasta misa. Nueve o 10 de los españoles tuvieron hijos durante esos años, porque los campos eran mixtos… Cuando regresaron a España, los examinaron los médicos y su estado de salud no era malo. Ni el físico ni el psíquico, aunque sí hubo un falangista desertado que, al partir desde Odesa, tuvo una crisis nerviosa y se quedó en tierra”.
¿Y el Partido Comunista de España? No es para estar muy orgullosos. “Antonio Mije, en las Cortes Republicanas en el exilio se refería a ellos como ‘falangistas embozados'”, explica Serrano. “Y, si bien la decisión de su encarcelamiento dependió del PCUS, a partir de 1948 fue el PCE el que bloqueó la liberación de los ‘internados’ republicanos”.
Lo deprimente es que hasta el franquismo trató mejor a estos españoles. “El Gobierno español supo de estos chicos en 1946, por el testimonio de un ingeniero francés que se llamaba Bornet. No hizo nada por ellos, pero es que tampoco habría podido hacer nada, sin relaciones diplomáticas. Tampoco los estadounidenses pudieron salvar a sus ciudadanos confinados al gulag… Después, cuando murió Stalin y la URSS quiso deshacerse de estos prisioneros, Franco los recibió con los brazos abiertos”. Así, transmitía un mensaje de reconciliación en un momento en el que quería acercarse a las democracias burguesas. En cambio, los miembros de la División Azul, que también fueron liberados en esa época, se convirtieron en una presencia mucho más incómoda. “Cuando los divisionarios llegaron a Barcelona, volvieron a aparecer esvásticas y símbolos falangistas pintados en las paredes. Justo, lo que no quería Franco en ese momento. Y, por eso, se canceló la recepción que se había previsto en Madrid. En cambio, a los ‘internados’ republicanos se les mimó mucho. Ramiro Pinilla estuvo muy encima de ellos y se les consiguió trabajo a todos ellos”.

Una chica catalana llega a Madrid a finales de los 90 y se lía con un chico madrileño. Es un chico madrileño rarito: entre muy echado p’alante y más taciturno que un chocolate del Gijón, de una palidez preternatural y de un atavío negro sempiterno como los que en su día pondrán de moda las hijas de Zapatero, más moderno y más atrevido que nadie y a la vez poniendo a caldo a la izquierda con un sarcasmo virulento que llama la atención incluso en pleno gobierno Aznar. Amigos de la chica le comentan: “¿y cómo tú, siendo catalana, vas y te lías con semejante facha?”.
Salta ella como una ballesta en defensa de su lúgubre novio: “le llamais así porque no le conoceis, porque no sabeis lo que le ha pasado”. Ah. ¿Y qué le ha pasado?, pregunta el malhumorado corifeo. Procede ella a contarlo.
Resulta que el padre de este chico madrileño fue un piloto de la república al que el principio de la guerra civil pilló imberbe y el final de la guerra pilló en Rusia, a donde junto con otros había ido a recibir instrucción de la aviación soviética. Allí coincidió con varios marinos de barcos españoles que durante la contienda habían ido y venido de la URSS y con varios “niños de la guerra”. Hablamos de cientos de personas que en 1939 quedaron atrapadas en la URSS y que no lograron salir de ella hasta 1954 unos y hasta 1956 otros. Eso los que salieron. Porque de los 270 que fueron mandados una media de once años al presidio del gulag, unos cuantos ya no volvieron.
¿Rojos en las cárceles de Stalin? Pues sí, aunque parezca un despropósito. Hubo quien se dejó la piel combatiendo contra Franco para acabar haciendo huelga de hambre codo con codo con prisioneros de la División Azul en los temibles campos de concentración de la URSS en el Círculo Polar Ártico. Donde se trabajaban doce horas diarias a cincuenta grados bajo cero y con una ración mínima.
Antes de llegar al gulag había habido que pasar por los feroces interrogatorios de la Lubianka, donde lo más normal era que ni el preso mismo entendiera exactamente de qué se le acusaba. A unos les tildaban de espías. A otros de antisoviéticos. Matices todos ellos más nominales que esenciales, ya que el trato recibido era idénticamente brutal. Exámenes médicos crueles y vejatorios, privación del sueño durante semanas, reclusión en gélidos calabozos con las paredes llenas de barro, golpes, llegar al mismísimo filo de matar de hambre, etc.
¿Y todo eso a santo de qué? Hubo algunos presos españoles comunes en el gulag pero el mínimo común denominador de los que fueron a parar allí era haber rechazado quedarse en la Unión Soviética después de la guerra civil. Haber pedido volver a España -aún sabiendo lo que les aguardaba bajo el franquismo- o emigrar a otros países. Las autoridades soviéticas consideraban esto un signo de desafección política y de traición. Más cuando la misma dirección del PCE, con Dolores Ibárruri al frente, se mostraba partidaria de fusilar a aquellos rojos “tibios” antes que dejarlos salir de la URSS a hacer “mala propaganda” de la misma.
El resto es historia…hasta cierto punto. Hablamos de una verdad y una memoria que al parecer no hay manera de que cuaje. Tampoco es que esto no se haya contado nunca. Varios periodistas e historiadores han incidido en ello en los últimos años. Pero de refilón, de puntillas y sin lograr nunca o casi nunca que el trágico destino de estos republicanos españoles olvidados en el gulag -no salieron de él hasta que el mismísimo Franco los repatrió, junto con los presos de la División Azul- arraigue en la conciencia colectiva.
A la chica catalana le decían sus amigos progres que su novio, el madrileño lúgubre, se tiraba el moco para impresionarla. Que todo aquello eran o tenían que ser cuentos. O excepciones sin importancia.
Aquella chica ya no tiene aquel novio y ni siquiera sigue viviendo en Madrid. Es en Nueva York donde me he leído el breve pero muy documentado y conmovedor libro, apenas 85 páginas, “Republicanos españoles en el gulag (1939-1958)”, publicado por el Institut de Ciències Polítiques i Socials de Barcelona. ¿Ustedes se habían enterado? Pues yo tampoco. La primera noticia la tuve por William Chislett, antiguo corresponsal del Times en Madrid. Él me puso sobre la pista de este “librito”, como él lo llama cariñosamente, que es el resumen de la tesina de la estudiosa de origen rumano Luiza Lordache.
“It is a coñazo to obtain it”, se queja el bueno de William de lo difícil que es no ya sospechar que este libro existe sino hacerse con un ejemplar. ¿Será verdad que a nadie le importa? ¿Que hay memorias históricas de primera y de segunda?
Recuerdo la indefinible emoción que sentí al caer el libro en mis manos y abrirlo por el apéndice con la lista de los nombres de los presos españoles en el gulag que volvieron a España -a Barcelona- en 1954 en un barco que se llamaba Semíramis.

Juan Bote García, de familia humilde, nació en 1896 en Alcuéscar (Cáceres). En 1926 ya era licenciado en Ciencias Naturales y Medicina por la Universidad Central de Madrid. Vivió durante unos cinco años en la Guinea Española dedicado al tratamiento del paludismo y otras enfermedades tropicales. Fue director del Laboratorio de Santa Isabel y del Hospital de San Carlos en la isla de Fernando Poo, la actual Bioko. Volvió a España cuando ya se había instaurado la II República.
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De izquierda a derecha, el marino Agustín Llona, el aviador Francisco Llopis y el doctor Juan Bote en el Gulag

En septiembre de 1935 fue nombrado profesor complementario del Institut Escola de la Generalitat de Catalunya. Durante la Guerra Civil era catedrático de ciencias naturales en el Institut Pi i Margall de Barcelona. En 1937 fue designado primer comisario-director del Institut Obrer de Sabadell. Impartía las asignaturas de ciencias naturales, física y química, y también era responsable de las prácticas de laboratorio. Los alumnos lo consideraban un profesor duro, pero recordaban con agrado sus clases. En el centro era conocido como José Bote, en lugar de Juan Bote. El hecho de que fuera nombrado responsable de uno de los cuatro institutos obreros creados en la España republicana indica que mantenía buenas relaciones con las autoridades del Ministerio de Instrucción Pública y Sanidad, dirigido por el comunista Jesús Hernández. Juan Bote era militante del PSUC.
El 30 de noviembre de 1938 Juan Bote quedó separado de la enseñanza y perdió todos los derechos como funcionario por haber abandonado su puesto en el Institut Obrer “sin conocimiento ni autorización” del Ministerio de Instrucción Pública y Sanidad. Una nota aparecida en la Gaceta de la República el 10 de diciembre aclaraba que el mencionado Catedrático ha marchado al extranjero en misión de “propaganda cultural” que le ha sido encomendada por Organismo no dependiente de este Ministerio. Lo mismo le ocurrió a Mariano de la Cámara Cumella, profesor del Institut Obrer de Barcelona.
En realidad, el doctor Bote y Mariano de la Cámara se habían ido a la URSS en calidad de profesores de la expedición de niños refugiados que partió de Barcelona el 25 de noviembre de 1938 y llegó a Leningrado el 6 de diciembre del mismo año. La expedición había sido organizada por el Ministerio de Trabajo, controlado por los comunistas. Desde abril de 1938, el Ministerio de Instrucción Pública y Sanidad, del que dependían Bote y De la Cámara, estaba bajo control de los anarquistas, así que las sanciones contra ambos seguramente fueron la expresión de un enfrentamiento entre los dos ministerios.
Mariano de la Cámara fue profesor de geografía en la Casa de Niños núm. 8 de Leningrado y murió en la primavera de 1942 de disentería mientras era evacuado al Cáucaso.
Juan Bote fue profesor de ciencias naturales, geografía y matemáticas en varias Casas de niños, pero cayó en desgracia al mantener criterios docentes distintos de la línea oficial y no dejar de expresar sus opiniones en público.
Empezó en enero de 1939 como profesor en la Casa de niños de Krasnovidovo. Ya en aquel mismo mes, tres maestras de la casa, Mari Rodríguez, Adela Rubio y Libertad Fernández, junto a una inspectora soviética del Narkompros, la institución soviética que velaba por la educación de los niños españoles, denunciaron la actitud docente de Juan Bote, denuncia que momentáneamente fue desestimada gracias a su experiencia. Un día acudió a la casa una comisión inspectora de la que formaban parte varios miembros del PCE, la cual se escandalizó porque los alumnos desconocían la traición del coronel Casado a la República, quién había escrito “El Capital”, la fecha de nacimiento de Dolores Ibárruri o la fecha de la promulgación de la Constitución Soviética. La comisión determinó que los alumnos carecían de formación marxista y sus miembros increparon y amenazaron al profesor Bote, porque los niños “necesitaban menos historia, geografía y matemáticas y más, mucho más, marxismo”. Bote replicó que era importante que los niños recibieran una buena formación académica y que cuando fueran más mayores ya estudiarían materias políticas. Algunos autores han invertido el sentido de la frase y la atribuyen a Juan Bote (“estos niños necesitan menos marxismo y más matemáticas”). En consecuencia, Bote fue trasladado en diciembre de 1939 a otra casa, la de Pravda núm. 1, situada en Moscú. Como se utilizaba papel para borrar la tiza de las pizarras, que hacía un desagradable ruido, Bote no se privó de dar su opinión: “en los países capitalistas, ¡hay trapos!”, poniendo en cuestión el dogma oficial de que en los países occidentales todo era peor que en el “paraíso” soviético. Ante la actitud independiente de Bote, y su costumbre de emitir sus quejas en público, en noviembre de 1940 fue separado de la docencia y enviado primero a la Casa de reposo de Senezh y, más tarde, a la de Opalija, ambas en los alrededores de Moscú. Allí coincidió con 26 alumnos pilotos españoles procedentes de la Escuela de Aviación de Kirovabad, en Azerbaiyán.

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Los pilotos de Kirovabad

Durante la Guerra Civil, hubo cuatro promociones de pilotos republicanos que se formaron en las escuelas soviéticas de Járkov y Kirovabad. Los cerca de 190 componentes de la cuarta y última expedición llegaron a la Unión Soviética entre finales de 1938 y enero de 1939, así que el final de la guerra los pilló allí. Casi todos ellos (136), que eran leales a la República pero no comunistas, solicitaron emigrar a otros países, sobre todo a Francia y México, básicamente para reunirse con sus familias, pero no les fue permitido. En este punto hay que decir que, del cuerpo de militares españoles que por entonces se encontraban en la URSS, sólo uno, el aviador Rómulo Negrín, hijo de Juan Negrín, presidente del Gobierno de la República, pudo salir del país a petición de su padre. Pero ya hablaremos de eso más adelante.
Los aviadores españoles sufrieron múltiples presiones para que se integraran en la sociedad soviética. Está documentado que el Gobierno soviético, la Komintern y el PCE tenían sus propios planes acerca de los últimos pilotos republicanos, de modo que iniciaron la obstrucción sistemática de su salida de la Unión Soviética. El objetivo era disciplinarlos y servirse de ellos. A partir del verano de 1939, el PCE empezó a amenazarlos (“estando en la Unión Soviética podríamos hacer con vosotros lo que quisiéramos, pero no lo vamos a hacer. No queremos hacer uso de la fuerza. Primero queremos probar la convicción”) y difamarlos. Se les empezó a tachar de “jóvenes alocados” “cargados de principios burgueses”, y a algunos incluso de “fascistas” o “falangistas”. Se les acusaba de “espionaje y actitud antisoviética”. Uno de los “fascistas” fue el barcelonés Emilio Salut Payá, miembro de UGT, que antes de ir a la URSS había sido herido en el frente, en 1938. Su delito fue un dibujo de un mendigo. Cuando el comisario político de Kirovabad, Iakov Mirov, le preguntó por qué el dibujo llevaba por título “Paracaidista en Kirovabad”, Salut le contestó: “¡Como ustedes dicen que en la Unión Soviética no hay andrajosos y todo el mundo es feliz, he supuesto que a ese mendigo lo habrá tirado en paracaídas algún país capitalista!”. El dibujo desapareció de la habitación de Salut.
Las autoridades soviéticas enviaron a unas cuantas chicas, todas ellas agentes de la NKVD, para que se liaran con los aviadores españoles y les incitaran a hacer algo por lo que pudieran detenerlos. Una de ellas lo relata así:

Ellos [los pilotos] querían marchar[se], salir de Rusia, pero no los dejaban. A raíz de esto sus sentimientos hacia las autoridades soviéticas no eran del todo amistosos, aunque nadie hubiera podido afirmar que se tratara de enemigos. Y entonces fuimos nosotras mismas, sus amigas, las “colaboradoras” del NKVD, las encargadas de sugerirles que fueran a una Embajada extranjera. Yo no conocía a las otras, pero no era difícil comprender que las bellas amigas de los pilotos eran otros tantos agentes. Cuando fueron a pedir ayuda a la Embajada alemana para salir de Rusia, fueron detenidos. Por otra parte, la misma Embajada los denunció a nuestro Gobierno. Es horrendo, monstruoso, lo que se hizo. Eran jóvenes entusiastas, alegres, generosos. Sólo querían irse a vivir a otro país.

Como apunta Carmen Calvo, “esta agente era consciente de cuál había sido el resultado último de su “trabajo”: sabía que los pilotos españoles habían perdido después su libertad y algunos, incluso, la vida”.
Acerca de la actuación de la Embajada alemana en todo esto hablaremos más adelante, no obstante lo cierto es que hubo seis aviadores españoles que consiguieron salir de la URSS en 1940 gracias a las gestiones realizadas por dicha Embajada.
Un buen número de aviadores fue claudicando e incorporándose a los colectivos de españoles que trabajaban por diversos lugares del país. Algunos incluso se hicieron espías de la NKVD. No obstante, quedó un grupo de 34 irreductibles que persistieron en su actitud de quererse marchar. Los ocho que las autoridades soviéticas consideraron más “rebeldes” fueron detenidos en enero de 1940. El grupo escogido estaba formado por Josep Gironés Llop, de Reus; Josep Goixart, de Lérida; Luis Milla Pastor, de Madrid; Vicente Monclús Guallar, de Huesca; Juan José Navarro Seco, de Barcelona; Francisco Paz Morata, de Barcelona; Joan Salut Salas, de Barcelona y Francisco Tarrés Carreras, de Barcelona. En una carta del PCE que llegó a manos del juez, se les acusaba de haber pertenecido en España “a la quinta columna y al partido trotskista” y se pedía, “en nombre del pueblo español”, que fuesen “condenados a muerte” (¡!). Con el “partido trotskista” seguramente se hacía referencia al POUM, y lo cierto es que ninguno de ellos pertenecía ni había pertenecido a dicha formación. También se les acusaba de “actividades antisoviéticas”. En fin, todas las acusaciones eran falsas, claro.
Por poner un ejemplo, la caída en desgracia de Vicente Monclús se produjo cuando reivindicó ante el comisario Mirov el papel de los anarquistas en la defensa de la República durante la Guerra Civil. Según Mirov, sólo el PCE, unánimemente apoyado por todo el pueblo español y por el Gobierno soviético, había ofrecido resistencia frente al enemigo hasta el último minuto. Esto ofendió a Monclús, miembro desde los 17 años de la CNT y que había combatido como soldado de infantería en el frente de Aragón. Su enfado le costaría caro.
Los ocho aviadores fueron torturados, encerrados durante ocho meses en la cárcel de Butirka, en Moscú, y enviados después al Gulag. Cuatro de ellos morirían allí, y un quinto, Luis Milla, moriría después de ser liberado como consecuencia de los padecimientos que sufrió en los campos de concentración.

Los 26 aviadores restantes compartieron durante varios años el mismo destino que el doctor Bote.
Uno de los alumnos pilotos, Miguel Velasco, recuerda que el doctor Bote les explicó por qué estaba en Opalija:

Sencillamente no soy un profesor apto para una generación comunista y me han traído a descansar una temporada y, al mismo tiempo, quieren que vaya asimilando ciertas lecciones de pedagogía indispensables para el buen funcionamiento de una escuela de niños… Se me ha traído aquí como primera providencia. Yo sé que mi final será cualquier campo de Siberia, porque inculcaba en los niños “virus capitalistas”. Os hablo en los mismos términos que me han hablado. Sí, les hablaba de España, de nuestra historia, de nuestra geografía, de nuestras cosas… y por lo visto todo esto deben ignorarlo los pobres. Hay que hablarles de Marx, de Stalin y hacerles entrar en sus almas e inteligencia, que no hay más dioses que estos señores ni más patria que Rusia. Yo no estaba de acuerdo. Ya me lo advirtieron al principio, me dieron unas normas de cómo había que educarlos. Hice caso omiso de ellas y empleé lo que yo creo digno y sensato. Seguí los mismos métodos que conmigo emplearon en mi niñez…

Semanas antes del ataque alemán a la URSS, los pilotos y el doctor Bote fueron trasladados a la Casa de Dubki. Pocos días después de empezar la guerra, el 25 de junio, el grupo fue detenido. Esta vez ni siquiera había acusación alguna. Fueron llevados a Moscú, y desde allí viajaron en tren a lo largo de dos semanas, en penosas condiciones, hasta la prisión central de Novosibirsk, capital de Siberia, donde malvivieron durante dos meses. Parece ser que allí las autoridades soviéticas propusieron a los pilotos participar en la guerra contra Alemania enrolados en el Ejército Rojo como aviadores, pero se negaron. En los interrogatorios se les golpeaba. Después fueron enviados a la cárcel de Petropavlovsk, en Kazajstán, y de ahí a la de Krasnoiarsk, esperando ser trasladados en barcazas por el río Yenisei hasta las minas de níquel de Norilsk, dentro del Círculo Polar Ártico, en donde se vivía en condiciones infrahumanas y las posibilidades de supervivencia eran escasas. Afortunadamente para ellos ya era finales de septiembre y las aguas del río se helaron, lo que hizo imposible su viaje hacia el norte. El invierno en Krasnoiarsk tampoco fue fácil. Los españoles convivieron con delincuentes comunes, la alimentación era pésima y las temperaturas muy bajas. En abril de 1942 fueron enviados durante varios meses a una colonia de trabajo de la industria maderera. Allí, Vicente Montejano Moreno, trabajando en la máquina de aserrar, perdió tres dedos de la mano izquierda y dos de la derecha. Otro piloto, Salvador Almor Chirivella (que además era farmacéutico), perdió en la máquina dos dedos enteros y la mitad de otros dos; su mano derecha quedó completamente mutilada. En octubre de aquel año el grupo fue trasladado de nuevo, esta vez hacia el sur, hasta la región de Karagandá, en Kazajstán. Primero fueron internados en el campo de tránsito de Karabás, donde durante un mes se encargaron de recoger cadáveres y enterrarlos. En noviembre se trasladaron a pie (28 kilómetros por la estepa) al campo de Spassk, a unos 40 kilómetros de la ciudad de Karagandá. Allí se encontraron con otros internados de países occidentales, entre ellos un grupo de marinos mercantes españoles cuyos barcos habían quedado retenidos en los puertos soviéticos en 1937-1938, a los que habían ido a cargar material de guerra y víveres para la República. Estos marinos, que habían sido detenidos como los pilotos y el doctor Bote en junio de 1941, tuvieron peor suerte y llegaron unos días antes que ellos a la prisión de Krasnoiarsk, desde donde fueron conducidos al campo de Norilsk, en el que murieron varios de ellos.
Entre 1941 y 1950, el campo de Spassk registró una mortalidad entre sus prisioneros del 65-70%.

Los marinos

Cuando acabó la Guerra Civil, había nueve barcos mercantes republicanos fondeados en puertos soviéticos. Estos barcos habían estado transportando desde 1937 material de guerra, carbón y víveres entre la URSS y España, y eran los siguientes: el Cabo San Agustín, fondeado en el puerto de Feodosia (Mar Negro); el Cabo Quilates y el Marzo, en el puerto de Múrmansk (Mar Blanco); y el Ciudad de Tarragona, el Ciudad de Ibiza, el Isla de Gran Canaria, el Mar Blanco, el Inocencio Figaredo y el Juan Sebastián Elcano, en Odessa (Mar Negro). Todos ellos fueron incautados por los soviéticos. Cinco resultarían hundidos por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, y tres de éstos serían reflotados más tarde.
La mayoría de los tripulantes de estos barcos fueron enviados a España antes del fin de la Guerra Civil. En abril de 1939 todavía quedaban unos 285 marinos españoles en la Unión Soviética. A estas personas se les ofreció volver a España o quedarse en la URSS. Los que prefirieron regresar a España parece ser que no tuvieron muchos problemas en hacerlo, al menos en su mayoría (a modo de intercambio, en mayo de 1939 las autoridades franquistas liberaron a unos 95 tripulantes procedentes de buques soviéticos apresados durante la guerra), pero hubo un grupo que eligió marcharse a otros países, básicamente de América. El grupo, integrado sobre todo por tripulantes del Cabo San Agustín (32 de un total de 66 personas), permaneció en Odessa. Los soviéticos negociaron la salida de estas personas con diplomáticos estadounidenses y mexicanos, los cuales se negaron a recibirlas en sus países, en vista de lo cual las autoridades soviéticas les ofrecieron quedarse en la URSS y trabajar en fábricas. Como los españoles insistieron en querer marcharse, seis de ellos fueron detenidos a finales de abril de 1940 como medida de presión. El resto del grupo continuó en Odessa manteniendo la misma actitud, hasta que el 22 de junio de 1941 comenzó la invasión alemana. Los marinos se ofrecieron para combatir contra los nazis, pero fueron todos detenidos el 27 de junio, casi a la vez que los aviadores y el doctor Bote. Esta oleada de detenciones de españoles republicanos en la Unión Soviética justo tras el ataque alemán se debió a una orden de Lavrenti Beria, jefe de la NKVD. La razón de la orden fue que, en los meses anteriores (entre febrero de 1940 y junio de 1941), los españoles habían estado buscando su salida de la Unión Soviética a través de la Embajada alemana en Moscú. La diplomacia alemana se ofreció a mediar entre la España de Franco y la URSS para lograr la repatriación de los españoles dado que el III Reich mantenía buenas relaciones con ambos países, es decir, dado que los nazis eran aliados tanto de los franquistas como de los soviéticos. A partir del 22 de junio de 1941, a ojos de los soviéticos, los republicanos españoles que habían buscado salir de su país de esa forma pasaron automáticamente a ser colaboradores de los fascistas, a pesar de que dicha situación se había producido debido a la propia colaboración de la URSS con el III Reich.
Igual que los aviadores, los marinos fueron enviados a Krasnoiarsk, pero tuvieron peor suerte que aquéllos y terminaron en Norilsk, donde tuvieron que pasar el invierno. Dadas las condiciones de vida allí, ocho murieron en pocos meses; uno de ellos, José Azcueta, se suicidó. Otro más, Juan Zarragotia, moriría en septiembre de 1942, en Krasnoiarsk.
Luis Serrano Organero, fogonero del buque Inocencio Figaredo, fue enviado con su mujer, Petra Díaz Alonso, y su hija de dos años de edad al campo de Oranki, cerca de Gorki, en agosto de 1941. Petra Díaz fue una de las educadoras que acompañó a los niños de la guerra enviados a la URSS. Otros educadores españoles fueron también enviados al campo de Oranki, donde murieron tres de ellos, de edad avanzada.
En 1942 todos los marinos españoles supervivientes fueron trasladados a Krasnoiarsk y luego a Karagandá. Los de Norilsk fueron a parar al campo de Spassk, donde se encontraron con los aviadores. Luis Serrano y su familia fueron a parar al de Kok-Uzek, cerca del otro. Al poco tiempo murió allí Petra Díaz.
A finales de 1942 había 67 republicanos españoles presos en Kazajstán. Permanecieron en los campos de la estepa más de cinco años y medio (desde septiembre de 1942 hasta mayo de 1948), soportando el tórrido calor del verano, el frío invernal, la pésima higiene, la inanición, las enfermedades, los piojos y la explotación de su trabajo. Rodeados de koljoses, la mayoría se ganaba la comida trabajando en la agricultura. A lo largo de ese tiempo murieron allí diez de ellos, de los cuales ocho eran marinos.
El último de ellos, Secundino Rodríguez de la Fuente (muerto el 7 de marzo de 1947) fue secretario de la agrupación de Izquierda Republicana en su ciudad natal, Sestao (Vizcaya), alcalde constitucional de Castro-Urdiales, fundador y accionista de la Casa de la Democracia y director del semanario de izquierda La Voz de Castro. En la Guerra Civil fue comisario político a bordo de la motonave Cabo San Agustín. Había enviado una carta al Comisario del Pueblo para Asuntos Exteriores, Molotov, solicitando su liberación, pero éste no le hizo ni caso.

En 1948, Antonio Mije, miembro del Buró Político del PCE y representante de dicho partido en la Diputación Permanente de las Corte españolas en París, afirmaría que todos los republicanos españoles encerrados en campos de concentración soviéticos eran en realidad espías falangistas y que, si él hubiera estado en el lugar de las autoridades soviéticas, no habría sido tan benévolo, insinuando que los habría mandado fusilar.

El interrogatorio, la confesión y la condena

Cuando por entonces en la Unión Soviética alguien ingresaba en prisión, pasaba por una revisión médica, era fichado, fotografiado y se le tomaban las huellas dactilares. Luego llegaba el registro. Vicente Monclús, uno de los aviadores detenidos en 1940, lo explica así: “Me desnudaron completamente, arrancando botones y rasgando la ropa. Registro minucioso, pieza por pieza y costura por costura. Arrancaron las suelas de los zapatos. Luego miraron mis cabellos, mis oídos e incluso el orificio anal. Después en el interior de la boca y las uñas de los pies y de las manos. En la observación de las uñas pasaron mucho rato. Acaso creían que allí llevábamos anotados quién sabe qué secretos”.
Los interrogatorios a los prisioneros se hacían de noche, pero por el día se les prohibía dormir. Durante los primeros días, nadie les explicaba el motivo de la detención, lo que aumentaba su desesperación. Toda esta situación conseguía extenuarlos física y mentalmente. En realidad, como apuntó la poetisa Anna Ajmatova y recuerda Luiza Iordache, en la Unión Soviética se detenía a la gente sin motivo.
Quizá los ciudadanos soviéticos estuviesen acostumbrados ya a ese estado de cosas. Ellos, muchos de los cuales habían visto cómo detenían a algún familiar o amigo que, aparentemente, no había hecho nada, dormían con el miedo en el cuerpo previendo que en cualquier momento podía llegar la NKVD para llevárselos. Pero ese sistema resultaba ajeno a los españoles.
No obstante, desde el punto de vista del sistema imperante en aquel país, todo era legal. En la Unión Soviética prevalecía el concepto de “justicia socialista”. Como rezaba el dicho, la justicia socialista tenía tanto que ver con la justicia como una silla con la silla eléctrica. La justicia estaba completamente politizada al servicio de un régimen totalitario.
La NKVD se preocupaba mucho por actuar de acuerdo al procedimiento legal en lugar de llevada por caprichos arbitrarios. Claro que sabía que la ley podía manipularse para obtener los efectos deseados. No se encerraba a nadie en un campo de concentración o se le ejecutaba sin una confesión firmada. Y como se había demostrado en los juicios espectáculo de los años treinta, se podía lograr que los acusados confesaran prácticamente cualquier cosa.
Precisamente, la etapa más dura para la mayoría de los presos era la “extracción de la confesión” por medio de sucesivos interrogatorios. Se pretendía averiguar y desenmascarar la red de espionaje en la que supuestamente estaba implicado el detenido, a través de las pruebas aportadas por su confesión. Cuando el acusado no confesaba nada alegando que era inocente, era golpeado o torturado hasta que conseguía “recordar” todos sus “crímenes” y nombrar a sus “cómplices” en la “conspiración contrarrevolucionaria”. Entonces el círculo se ensanchaba porque cada confesión implicaba a un nuevo inculpado, y así sucesivamente hasta que la “organización de espías” llegaba a grandes proporciones o hasta que alcanzaba las dimensiones deseadas por los instructores del sumario.
A Vicente Monclús le ataron las manos y fue amenazado y golpeado una y otra vez. Rafael Pelayo de Hungría, cuyo verdadero nombre era Rafael Pelayo Aunión, miembro de las Juventudes Socialistas Unificadas, se había exiliado en la URSS tras acabar la guerra en España. Durante la Segunda Guerra Mundial fue comandante del Ejército Rojo, condecorado en octubre de 1941 con la Orden de la Estrella Roja y la Medalla al Valor. En 1944 fue objeto de severas críticas por parte de Dolores Ibárruri y expulsado del PCE, hecho por el que decidió enviar una carta a Stalin devolviéndole las condecoraciones, y otra al Politburó. Cuando se dirigía la Embajada de los EEUU a pedir asilo político, fue interceptado por dos agentes de la policía secreta, que le solicitaron la documentación y le pidieron que les acompañara a la prisión de Lubianka para llevar a cabo una comprobación, por motivos de “seguridad”, que sería “cosa de cinco minutos”.
Obviamente, Pelayo de Hungría quedó detenido. Como no confesaba sus “crímenes” contra el Estado soviético, lo metieron en un cubículo de castigo al que llamaban “cajón iluminado”, una especie de “ataúd vertical con la anchura justa para que un hombre estuviera de pie, sin poderse mover, lo que producía un cansancio general y un entumecimiento de los miembros con agudos dolores”.
Otra forma de tortura era dejar a los detenidos sin comer. La imposibilidad de dormir producía en los prisioneros un estado de confusión absoluto. Vicente Monclús estuvo nueve días sin dormir, y después de un periodo de descanso de cinco días se reanudaron los interrogatorios combinados con el encierro en un calabozo húmedo de un metro cuadrado.
En la prisión de Lefortova, utilizada como lugar complementario de tortura para los “resistentes”, el aviador Juan Blasco Cobo probó el calabozo húmedo en una variante más “refinada” que en Butirka. Según cuenta, se trataba de un calabozo frio y lleno de barro donde, para maximizar la desesperación del preso, se empleaba el método de “gota de agua” que caía del techo.
Si a pesar de todos estos métodos el detenido seguía sin confesar, según cuenta Pelayo de Hungría, se le obligaba “a doblar la rodilla dos o tres minutos, manteniendo en la corva, debajo de la rótula, un triángulo de madrea. El dolor era tan intenso que acaba con la pérdida de conocimiento, mientras que la rótula se inflamaba extraordinariamente”. Como Pelayo de Hungría se obstinaba en no confesar, le colocaron una camisa de fuerza “que tenía unas correas dorsales que unían brazos y piernas, curvando el cuerpo hacia atrás. Cada pregunta sin contestar era un tensamiento más de las correas hasta que la espina dorsal parecía quebrantarse”. Si un preso tenía familia, mujer o hijos, eran utilizados durante los interrogatorios para hundir psicológicamente al detenido, como le ocurrió a Valentín González, El Campesino.
Una medida complementaria adoptada por la policía secreta soviética para evidenciar la culpabilidad, o añadir un nuevo cargo a la acusación, era la colocación dentro de la celda de un preso o un policía disfrazado de preso para provocar al inculpado una confesión o entablar conversaciones antisoviéticas,
Habitualmente, las torturas para lograr las “confesiones” se prolongaban durante meses.
El Campesino, por haber abandonado ilegalmente el territorio de la Unión Soviética (trató de escaparse en 1944), fue condenado, según sus palabras, a “tres años de trabajos forzados en Vorkutá –en el desierto polar-, cinco años más bajo rigurosa vigilancia y otros cinco con pérdida de todo derecho. Total, trece años”. Se escaparía a Irán en 1949.

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Valentín González, El Campesino

Pelayo de Hungría fue acusado de agitación antisoviética y antirrevolucionaria, traición a la patria y espionaje. Se le condenó a diez años de trabajos forzados en los campos del Volgolag.
Juan Blasco Cobo fue detenido en noviembre de 1948 por haber visitado embajadas intentando salir de la Unión Soviética. Se le acusó de haber proporcionado a dichas embajadas secretos militares y políticos del Estado soviético. En su confesión, dijo: “Es que como yo soy español querría vivir en España, pero mis compatriotas comunistas y ustedes consideran que irse a España es hacer un pacto con el fascismo y eso implica, como usted sabe, la detención. Por eso yo había pensado irme a Méjico, como muchos otros españoles”.
Antes de ser detenido, Blasco le había escrito una carta a Stalin quejándose del acoso a que era sometido por parte de la policía y la situación de marginación en la que se encontraba. En la URSS, era una costumbre bastante extendida que la gente escribiera cartas a Stalin para solicitarle ayuda, exponerle injusticias o incluso para transmitirle sus sospechas sobre algún familiar, o amigo, o vecino. El propio Stalin había hecho instalar un buzón destinado a este fin en la muralla del Kremlin. Aunque nadie tenía la certidumbre de que la carta llegara a su destinatario, la misiva de Blasco pareció ser contraproducente, ya que fue detenido y condenado a diez años de trabajos forzados.
Como ya dijimos, en 1948 también fueron detenidos el doctor Julián Fuster, el aviador José Tuñón Albertos, el niño de la guerra Pedro Cepeda Sánchez y los ingenieros Francisco Ramos Molins y Francisco Fernández de la Vega. La causa de las detenciones fue el intento infructuoso de Tuñón y Cepeda de huir de la Unión Soviética escondidos en unos baúles pertenecientes a unos diplomáticos de la Embajada argentina en Moscú.

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Pedro Cepeda Sánchez

A Tuñón se le acusó de espionaje al servicio de Argentina. Aunque rechazó la acusación de espionaje, Tuñón reconoció que recogía información “estratégicamente peligrosa” como las malas condiciones de vida en la Unión Soviética, el descontento de los obreros, etc.
Pedro Cepeda fue acusado de actividad antisoviética, y en concreto de recopilar datos para los argentinos sobre las tiendas y los comedores de Moscú, “tratando de mostrar sólo la parte negativa de nuestra vida”, fotografiando las colas, los patios llenos de basura y a los mendigos.
Las confesiones de Tuñón y Cepeda condujeron a la detención de Fuster, que por entonces trabajaba en la Embajada argentina. Para su desgracia, la policía secreta se hizo con unos escritos en los que Fuster criticaba a la URSS, al PCE y a Dolores Ibárruri.
El testimonio de Fuster llevó a las otras dos detenciones.
Todos ellos fueron condenados al Gulag, con penas comprendidas entre los 10 y los 25 años.
Publicado por hugo fernández en 3:00
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FUENTE:
http://elcomentamierda.blogspot.com.es/2012/02/espanoles-en-el-gulag.html

En Kazajistán, se inauguró el Memorial de Spassk

11 junio, 2015

Karagandá:
Un monumento recientemente inaugurado en esta región de Kazajistán recuerda a los españoles presos en el Gulag, que agrupó a republicanos y miembros de la División Azul
LUIZA IORDACHE /JAVIER ARMESTO
13/06/2015 05:00
El pasado 31 de mayo, fecha de la Conmemoración de las Víctimas de la Represión Política en la República de Kazajistán, se inauguró en el Memorial de Spassk un monumento en memoria de los españoles allí fallecidos entre 1941 y 1954. Como cada año, el pasado volvía a fundirse con el presente. Pero esta ocasión era especial para los españoles. España homenajeaba por primera vez a sus víctimas, las que perdieron la vida en la estepa de Karagandá, en Spassk 99 y Kok-Uzek, campos de trabajos forzados para presos soviéticos, prisioneros de guerra e internados civiles extranjeros durante la época estalinista. Al menos 34 gallegos pasaron varios años cautivos en estos campos y uno de ellos, Manuel Dopico, pereció y se encuentra allí enterrado.

CEMENTERIO DE SPASSK
galicia

Así era la vida en el Gulag
La historia de Spassk, pequeña aldea de la antigua República Socialista Soviética de Kazajistán, está relacionada con la expansión del sistema de campos de trabajos y colonias de la URSS, el Gulag, acrónimo de Glávnoe upravlenie laguérei o la Dirección General de los Campos. Con el fin de desarrollar la agricultura en Karagandá y utilizar a los presos como mano de obra, la OGPU, el órgano de seguridad del Estado soviético, creó en 1931 el Karlag, el campo de trabajos forzados de Karagandá, uno de los más extensos y duraderos del Gulag. Hasta 1941, por aquellas alambradas pasaron miles y miles de presos, especialmente soviéticos, condenados a largos años de reclusión por delitos políticos y comunes.El estallido de la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la «Gran Guerra Patria», tras la invasión de la URSS por las tropas nazis en junio de 1941, determinó a las autoridades soviéticas a abrir nuevos campos o a reformar algunos ya existentes, en interés de la seguridad estatal. Tal fue el caso de Spassk, división que pertenecía al Karlag. Así, por orden del NKVD o Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos, sucesor de la OGPU, el 5 de julio de 1941 se creó el campo de Spassk Nº 99, destinado a prisioneros de guerra e internados civiles extranjeros. Con el mismo fin, en la región de Karagandá funcionaron otros tres, el lager de Baljash Nº 37 y los de Dzhezkazgan Nº 39 y Nº 502. Técnicamente estos campos, como otros repartidos por la Unión Soviética, no pertenecían al Gulag, sino al GUPVI, la Dirección General de Prisioneros de Guerra e Internados del NKVD.Janagul Tursinova, directora del Archivo Estatal de la Región de Karagandá, señala que por el campo de Spassk 99 pasaron unos 66.000 prisioneros de guerra de 40 nacionalidades. Entre ellos, unos 127 prisioneros de la División Azul capturados en los alrededores de Leningrado durante la Segunda Guerra Mundial, según consta en las fichas halladas en los Archivos Nacionales de la República de Kazajistán por el director de esta institución, Marat Absemetov. Aun así, ésta es sólo una cifra parcial, ya que más de 300 divisionarios sufrieron cautiverio en la Unión Soviética. Según datos oficiales, la URSS hizo más de 4 millones de prisioneros de guerra, en su mayoría alemanes, pero también soldados de otros países que lucharon con el Eje en contra de los Aliados, como austríacos, italianos, húngaros, rumanos y japoneses, entre otras nacionalidades.Entre las 152 fichas recuperadas, también figuran las de 24 pilotos y marinos republicanos en calidad de internados civiles que vivieron separados de los prisioneros de guerra en Spassk 99 y otro campo próximo, el de Kok-Uzek. Investigaciones realizadas desde España confirman que el número de internados republicanos allí confinados fue más elevado, unas 70 personas, entre pilotos, marinos y maestros de los «niños de la guerra», sorprendidos por el desenlace de la Guerra Civil en la URSS, en comisión de servicio para el Gobierno de la República. Con anterioridad al internamiento en Karagandá, estos internados sufrieron cautiverio en campos duros del Gulag, como también lo hicieron otras 280 personas del bando republicano entre 1940 y 1957. Así, unas 350 víctimas pasaron por el Gulag: marinos, pilotos, exiliados políticos en la URSS, «niños de la guerra» evacuados a aquel país durante la Guerra Civil, maestros de éstos, y republicanos capturados en Berlín por el Ejército Rojo en 1945. Ellos forman parte de la memoria del Gulag que recluyó a unos 18 millones de personas, además de otras millones de víctimas del exilio y la deportación.Muchos divisionarios y republicanos lograron sobrevivir a los rigores concentracionarios y regresar a España, repatriados en el buque Semíramis en 1954, en las expediciones del Krym de 1956 y 1957 o de la Serguei Ordjonikidze de 1959. No obstante, el frío y el hambre, la pésima sanidad e higiene, las enfermedades y el trabajo forzado, se cobraron sus víctimas mortales también entre los españoles repartidos por los campos del Gulag y del GUPVI. En Spassk 99, sus cuerpos yacen junto a otros en una fosa común convertida ahora en memorial. Fuentes kazajas subrayan que de los 7.700 prisioneros fallecidos en Spassk 99, catorce eran españoles: once divisionarios, dos marinos y un piloto. No obstante, éste es un expediente todavía abierto. Los testimonios de supervivientes relatan el fallecimiento de otros seis marinos y una maestra española entre 1942 y 1947.Las alambradas de antaño, hoy desaparecidas, han sido progresivamente reemplazadas por monumentos que Alemania, Armenia, Bielorrusia, Corea, Estonia, Francia, Italia, Japón, Rumanía, Rusia, Ucrania, Polonia y otros países han levantado en memoria de sus ciudadanos. Desde el 31 de mayo de 2015, los españoles también tienen el suyo, un símbolo de respeto a la vida y a los derechos humanos atropellados por las circunstancias políticas y los regímenes dictatoriales de la época.La inauguración del monumento se hizo con la participación del embajador de España en Astaná, Manuel Larrotcha, miembros del cuerpo diplomático y funcionarios de la Embajada, del cónsul honorario de Kazajistán en Barcelona, Aquilino Matas, además de autoridades de la región de Karagandá y representantes de distintas empresas españolas que contribuyeron a que esta conmemoración fuese posible. El acto contó con la presencia de una delegación de familiares y asociaciones que viajaron especialmente a Kazaijstán para rendir homenaje a la memoria de los que perecieron y sobrevivieron en las estepas de Karagandá y al Gulag.Estaban presentes José María Bañuelos, un «niño de la guerra» de 87 años que fue víctima de los tiempos lúgubres de la postguerra soviética y superviviente del Karlag; Javier Bilbao, nieto de Antonio Echaurren Ugarte, marino del Cabo Quilates enterrado en Spassk; Luis Montejano, hijo de Vicente Montejano Moreno, el último superviviente del grupo de pilotos de Kirovabad internados en Spassk; Inmaculada Rodríguez, hija del divisionario Eusebio Rodríguez, prisionero en Spassk; Elías y Ana Cepeda, hijos de Pedro Cepeda Sánchez, preso político en los campos de Intá, Abez y Karagandá; Natasha Ramos, hija de Francisco Ramos Molins, preso político en los campos de Potma y Kutschino; Dolores Cabra, secretaria general de Archivo, Guerra y Exilio, asociación que recupera la memoria republicana y vinculada al Arxiu Nacional de Catalunya, depositario del Fondo del Centro Español de Moscú; León Urzaiz y Carlos León, de Nexos Alianza, productora del documental Los olvidados de Karagandá, dirigido por Enrique Gaspar; Alfonso Ruiz de Castro, vicepresidente de la Fundación de la División Azul, entidad que preserva y difunde el conocimiento de lo que fue la División Española de Voluntarios; el general Salvador Fontenla, autor de diversos trabajos sobre la División Azul; periodistas de Informe Semanal y Carmen Clara Rodríguez, de EFE, que cubrieron la noticia; y Luiza Iordache, en calidad de historiadora, especializada en el exilio español en la URSS y las víctimas republicanas del Gulag.Pisar la misma tierra que sus padres o abuelos o pasear por los alrededores de un campo, parecido o idéntico a aquellos en que en su día estuvieron recluidos sus familiares, se convirtió en una experiencia única para los asistentes. Cada uno recorrió con sus propios pasos el cementerio de Spassk, sembrado aquí y allá con pequeñas cruces negras y otra grande que domina la estepa. Era ésta solo una parte de la ruta concentracionaria que emprendieron hace tiempo para recordar a sus seres queridos. Algunos lo hicieron con su testimonio, ayudando en la investigación y la divulgación, otros aportando los archivos personales de sus padres y sacando del baúl del exilio memorias, cartas y fotografías, testigos de otros tiempos y rumbos. Algunas de estas memorias han sido revisadas: Natasha Ramos revisó e hizo imprimir los escritos de su padre con el título Un camarada soviético ha apuñalado a otro camarada soviético, y Ana Cepeda hizo lo mismo recientemente al publicar Harina de otro costal.La ruta también incluyó una visita a los Archivos Nacionales de la República de Kazajistán, auspiciada por Marat Absemetov y Abay Naymanov, director del Fondo Vernadsky de Kazajistán. En las vitrinas del archivo se exponen documentos, expedientes y fichas, entre ellas de prisioneros e internados españoles. Estas últimas están reproducidas en el álbum con el que fueron obsequiados los familiares, disponible para consulta en el Archivo Histórico de Españoles en el Karlag, en la página web de la Embajada de España en Astaná.La última parada concentracionaria fue el Museo en Memoria de las Víctimas de la Represión Política, situado en Dolinka, en la antigua sede administrativa del Karlag. Nada más entrar, otra pequeña exposición recuerda a otros españoles, que en su búsqueda de libertad oprimida por un régimen dictatorial y los postulados del PCUS asumidos por el PCE en su exilio soviético, pararon al Archipiélago: Julián Fuster Ribó, el catalán nacido en Vigo, médico exiliado en la URSS y recluido en el campo de Kengir (Kazajistán), y cuyo archivo personal fue facilitado para la investigación por su hijo Rafael Fuster; y Pedro Cepeda Sánchez, «niño de la guerra» malagueño que intentó escapar de la Unión Soviética escondido dentro de un baúl de un diplomático argentino, y que fue a parar también al Karlag. Las realidades que vivieron ellos y demás presos llegan hasta el presente. Paulatinamente, el visitante se adentra en el sistema carcelario y la vida concentracionaria del Karlag, reconstruido con celdas de reclusión, pozos de tortura, salas de interrogatorio, mapas que cubren las paredes, barracones o el vagón Stolypin parado pero listo para embarcar a presos. El Museo de Dolinka impregna el Gulag en el recuerdo y la memoria. También los dos volúmenes sobre el Karlag, obsequios del centro y de su directora, Svetlana Bainova.Así, todos los caminos de la ruta concentracionaria y de la investigación desembocan en la recuperación de los nombres y apellidos de las víctimas procedentes de las Españas de antaño, que volvieron a encontrarse en tierras lejanas y que descansan en el cementerio de Spassk: el piloto Rafael Segura Pérez; los marinos Antonio Echaurren Ugarte, Secundino Rodríguez de la Fuente, Guillermo Díaz Guadilla, Manuel Dópico Fernández, Emilio Galán Galavera, Francisco González de la Vega, Elías Legarra Bolomburo y Demetrio Mateo Sánchez; la educadora de «niños de la guerra» Petra Díaz Alonso; y, según fuentes kazajas, los divisionarios Enrique Vigil Noval, Antonio Gómez Gallardo, Marcos Gómez Pedro, Arturo Gutiérrez Terán, Mariano Ejido Francisco, José Castello Sancho, Nicolás López Sánchez, Francisco Naranjo Rodríguez, Juan Cristóbal Sánchez Vázquez, Juan Trias Diego y Felipe Fernández.

FUENTE:
http://www.lavozdegalicia.es/noticia/sociedad/2015/06/11/karaganda-estepa-34-gallegos-enterrados-vida/00031434048324889346963.htm

MONSEÑOR WILLIAMSON…. y VLADIMIR PUTIN

7 junio, 2015

RADIO CRISTIANDAD: MONSEÑOR WILLIAMSON O… WELL, I`M SO

Bien, yo soy así, puede decirse de Monseñor Williamson, y siendo el Obispo de Kent así, no demora en manifestarse sobre Vladímir Putin con todo desparpajo, en su afán de encontrar el hombre salvador (?) fruto de la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María, que promueva el renacimiento religioso, etc. etc.

Recordemos qué dijo el Prelado de Kent en la entrevista con el sitio “Égalité et Réconciliation“, cita que nos aportara el Padre Juan Carlos Ceriani aquí:

Creo que lo que ahora está sucediendo en Rusia es un serio motivo de esperanza. La consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María debió haberse realizado y si el Papa la hubiera hecho, habría detenido la propagación del comunismo. Ahora estamos más allá de esa etapa. Ahora estamos en la etapa donde el Presidente de Rusia se comporta en público como un jefe de Estado cristiano. Dios sabe si esto también es verdad en privado, lo que mucha gente duda, pero en público el Presidente Putin se asemeja a un gigante entre los enanos de Occidente, esas ridículas, criminales y malvadas marionetas que son nuestros políticos. En cualquier caso, Putin está liderando y haciendo todo lo que puede para promover un renacimiento religioso en Rusia. Ha reconstruido miles de iglesias y eso significa que si se hace la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María, fácilmente se realizará la conversión de Rusia a la religión católica, y Rusia renovará la Iglesia. Rusia lideraría la renovación de la Iglesia porque no seguiría los pasos de la decadente Iglesia Latina. Para nada. Parece haber ahora una verdadera renovación de la religión en Rusia. Si esta renovación se vuelve Católica, entonces Rusia creará un nuevo Catolicismo, tanto nuevo como antiguo, pero definitivamente nuevo. Es una verdadera esperanza para mañana o pasado mañana. Yo creo que esto es lo que debe pasar porque sin el Catolicismo no tenemos la Verdad completa. Al presente, los ortodoxos están en cisma, si no en herejía. Pero con la consagración se convertirán.

El Presidente de Rusia no se comporta en público como un jefe de Estado cristiano, como podemos ver aquí:

Putin Menorah

La noticia de este acto del hombre que “promueve un renacimiento religioso en Rusia”, la podemos ver aquí, y dice lo siguiente:

Foto del día

Jueves, 21 de Diciembre de 2000

El Gran Rabino de Rusia, Berl Lazar, a la izquierda, observa mientras el presidente ruso, Vladímir Putin, a la derecha, enciende la Shamash de la Menorá frente al Aron Kodesh, en la sinagoga Marina Roscha, en Moscú, al anochecer del jueves, la primera noche de Janucá.

El Shamash es el brazo central de la Menorá; su nombre significa “siervo” y la vela que lo ocupa (que recibe el mismo nombre) es la que se utiliza para encender las demás. El Aron Kodesh es un armario, gabinete o pequeña recámara decorada donde se guardan los rollos con los pergaminos de la Torá; se ubica normalmente en el muro de la sinagoga orientado hacia Jerusalén,

Más abajo, en el mismo sitio, aparece otro artículo sobre ese evento, donde Putin, el que para el Epíscopo Irretractable es un gigante comparado con los enanos de Occidente (nos preguntamos ¿en qué punto cardinal se encuentra Usted, Monseñor?), luce llevando en su mano una Menorá (importante elemento ritual del judaísmo) con la que fue obsequiado en el evento, similar a aquella que le correspondiera inaugurar en su encendido en esa Fiesta de las Luminarias del último año del segundo milenio, según el honor que le concedieran en la oportunidad:

PUTIN SHAMASH

La noticia dice así:

JANUKÁ COMIENZA CON UN ESTRÉPITO EN RUSIA

“Nos has mantenido vivos… nos has preservado y permitido llegar a esta etapa. Especialmente el Judaísmo y las actividades de la organización Chabad-Lubavitch están vivos y bien. Esta noche 350 lugareños que se reunieron en la sinagoga Marina Roscha fueron testigos de un milagro histórico y moderno.

Por primera vez en la historia, el Presidente de Rusia participó en una celebración de Janucá. A las 21:40 el Presidente Putin llegó a la sinagoga Marina Roscha con un séquito de 14 vehículos y cerca de 100 agentes de los servicios secretos rusos.

Cuando Putin entró junto al Gran Rabino Lazar recibió una ovación de pie de todos los presentes.

Después Putin se dirigió a la multitud y les deseó a todos una feliz Janucá. El Gran Rabino Lazar luego habló durante unos minutos, agradeciendo al Presidente por todo su duro trabajo y por venir a la celebración de Janucá. Lazar llegó a decir que la participación del Presidente es una clara señal de cómo la visión del Rebe ha llegado “al punto de partida”, después de todos los años de entrega total que el Rebe puso en Rusia. Putin y la multitud respondieron con un fuerte aplauso.

Entonces el presidente Putin fue honrado con la iluminación de la Shamash, el rabino Lazar impartió la bendición y encendieron la Menorá.

Tras el encendido de la Menorá, Levi Leviev obsequió al presidente Putin con una hermosa Menorá de plata.

Putin se sentó a disfrutar de la deliciosa cena. Durante la cena el ex primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, se dirigió a la multitud. El Rabino Lazar también danzó para el Presidente.

El presidente se retiró a las 12:00 de la noche.

A principios de la tarde 2.000 moscovitas incluyendo el alcalde Yuri Luzhkov se reunieron para encender una Menorá en la plaza Mayakovskaya en Moscú, un punto céntrico importante en la ciudad. Levi Leviev dio un excelente discurso sobre el mensaje del Rebe para Janucá.

La primera frase del artículo corresponde a una bendición judía de esta fiesta. Chabad-Lubavitch, o Jabad-Lubavitch; agrupación judía jasídica (ver aquí), que sigue principalmente las enseñanzas de “El Rebe“, apelativo de un célebre estudioso y erudito judío llamado Menajem Mendel Schneerson; tal vez la figura judaica más importante del siglo XX. Plaza Mayakovskaya: paseo y estación del Metro de Moscú, llamadas así en honor de Vladímir Vladímirovich Mayakovsky, poeta y gran difusor de la revolución soviética. Se quitó la vida de un balazo al corazón, el 14 de Abril de 1930, desconociéndose las causas del suicidio,

Hay que tener en cuenta, en defensa de los indefendibles Putin y Williamson, que no son muy originales que digamos; los dos últimos ocupantes —al menos— de la Cátedra de San Pedro, son individuos ejemplares de esta apostasía:

Candelabros

El despliegue pro-judaico de Putin no se limita a lo desarrollado hasta aquí; también emula a los precursores del Falso Profeta:

11) Juan Pablo II en el Muro de los Lamentos

12) Venenito XVI en el Muro de los Lamentos

15) Bergoglio en el Muro de los Lamentos

Putin asimismo remeda al gran precursor actual del Anticristo:

OBAMA

Por eso, Putin también le habla a la pared:

Russian President Vladimir Putin (2nd R) visits the Western Wall tunnels in Jerusalem's Old City June 26, 2012. REUTERS/Alexsey Druginyn/RIA Novosti/Pool (JERUSALEM - Tags: POLITICS) THIS IMAGE HAS BEEN SUPPLIED BY A THIRD PARTY. IT IS DISTRIBUTED, EXACTLY AS RECEIVED BY REUTERS, AS A SERVICE TO CLIENTS5) Putin en el Muro de los Lamentos - 26-06-2012 - I

6) Putin en el Muro de los Lamentos - 26-06-2012 - II

8) Putin en el Muro de los Lamentos - 26-06-2012 - IV

En ocasión de esta visita al Muro de los Lamentos (la tercera del Presidente de Rusia), Putin visitó también la Basílica del Santo Sepulcro, y efectuó algunas significativas declaraciones; dijo, entre otras cosas, que

… no quería perderse la posibilidad de visitar ambos lugares porque despiertan en él una “especial sensibilidad”, y destacó que desde su punto de vista era la parte más importante de su paso por la zona.

Es decir, el Muro de los Lamentos es más importante para el presidente ruso que la Basílica del Santo Sepulcro; ver aquí. Putin planificó en esta oportunidad una visita nocturna, para

… poder rezar con tranquilidad. Acompañado por el rabino del Muro, Samuel Rabinovich, y por otro de Rusia, Putin, con una “kipá” (solideo) en la cabeza… dijo que “aquí es dónde se ve cómo el pasado judío está grabado en las piedras de Jerusalén

En la misma oportunidad, según este sitio, Putin

… se acercó a las piedras, ofreció una breve oración y recitó los salmos de un libro de oraciones ruso-hebreo… Posteriormente, realizó una gira por los túneles del Muro, fue informado sobre las excavaciones en curso y dijo que su visita le ha mejorado su comprensión del sitio y sus vínculos con el pueblo judío. El presidente ruso recibió un trato personalizado en idioma ruso y una copia de un libro sobre los túneles.

También aprovechó para entrevistarse con el primer ministro, Benjamín Netanyahu, y con su colega israelí, Shimón Peres.

Según el ingenuo pensamiento del Obispo-Que-No-Se-Desdice, aunque Putin se haya sumergido en el centro geográfico, cultural. pseudoreligioso, militar, etc., de la usurpación judaica, y se haya identificado con los más perversos enemigos de Cristo (aquellos cuyas leyes del Talmud aún condenan a Nuestro Señor) con oraciones, comprensión y vínculos, seguramente en las intenciones subjetivas de su inocente corazón, el Presidente de Rusia está preparando la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María; ¿qué mejor, entonces, que mostrarle a los líderes judíos su rostro angelical y su voluntad de convertir a Roma… ?

* * *

Un poco más acá en el tiempo (véase aquí), Putin pronunció un discurso en un hotel de alta montaña ubicado en las cercanías de la ciudad de Sochi (Rusia), a los integrantes del llamado “Grupo Valdai”. Se trata de una organización conformada por intelectuales, economistas y políticos rusos; su nombre proviene de la homónima ciudad ubicada sobre el lago Valdaiskoye, en la zona de Novgorod, al noroeste de Rusia, urbe donde realizaron su primer encuentro; es una entidad al estilo del Club Bilderberg y el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR). En sus primeras palabras, Putin destacó

… el punto de inflexión en que nos encontramos.

Para agregar que

… la política mundial es sobre todo acerca del liderazgo económico, cuestiones de la guerra y la paz, y la dimensión humanitaria, incluyendo los derechos humanos.

Ni una palabra acerca de las almas; ese es el restaurador que espera el Obispo Irretractable. Sigue:

Por desgracia no hay garantías de que el sistema existente de seguridad global y regional pueda protegernos de graves turbulencias… Lo que necesitamos hacer es llevar a cabo una reconstrucción racional y adaptarlo a las nuevas realidades del sistema de relaciones internacionales.

Los caballitos de batalla de estos personajes del siglo XXI, contra los que según ellos hay que luchar, son, entre otros, el lavado de dinero, los fanatismos religiosos y, sobre todo, el terrorismo; dice Putin:

… siempre hablo de la necesidad de una lucha conjunta con el terrorismo, como tarea global.

Y va encarando la solución:

Estimados colegas. Este periodo de dominación unipolar ha demostrado claramente que el dominio de un solo centro de poder no lleva al aumento de la gobernabilidad de los procesos globales. Al contrario esta endeble construcción ha mostrado su incapacidad para luchar contra amenazas tales como los conflictos regionales, el terrorismo, el narcotráfico, el fanatismo religioso, el chauvinismo y el neonazismo… No tenemos la menor intención de encerrarnos, eligiendo un camino de desarrollo cerrado que nos lleve a vivir en una autarquía. Siempre estamos dispuestos al diálogo, incluso para la normalización de las relaciones económicas y políticas. Contamos para ello con las posturas y comportamientos pragmáticos de las comunidades de negocios de los principales países.

Sigue con la programación que es necesario llevar adelante en el futuro (más bien próximo):

… la dependencia de una única superpotencia disminuirá objetivamente… Probablemente los desarrollos en la política mundial reflejarán los mismos hechos que estamos viendo en la economía global: una competencia fuerte en nichos específicos y frecuentes cambios de líderes en áreas específicas. Esto es enteramente posible.

Putin se propone:

… El objetivo de lograr un equilibrio global… si no construimos un mecanismo de manejo y resolución de las situaciones de crisis los síntomas de anarquía global aumentarán inevitablemente.

Se dice temer al uso de la fuerza; y solapadamente se propone dejarla en manos del Consejo de Seguridad de la ONU:

A falta de instrumentos legales y políticos las armas vuelven una vez más al centro de la agenda global… Se utilizan donde conviene y como conviene, sin ninguna sanción del Consejo de Seguridad de la ONU.

Debemos hacer una pequeña digresión, para recordar lo que proponía Benedicto XVI en la encíclica Caritas in Veritate (Nº 67):

urge la presencia de una verdadera Autoridad política mundial, como fue ya esbozada por mi Predecesor, el Beato Juan XXIII. Esta Autoridad deberá estar regulada por el derecho, atenerse de manera concreta a los principios de subsidiaridad y de solidaridad, estar ordenada a la realización del bien común, comprometerse en la realización de un auténtico desarrollo humano integral inspirado en los valores de la caridad en la verdad. Dicha Autoridad, además, deberá estar reconocida por todos, gozar de poder efectivo para garantizar a cada uno la seguridad, el cumplimiento de la justicia y el respeto de los derechos.

¿Dónde se originan esos hechos de fuerza que menciona Putin?:

La siguiente amenaza evidente es el aumento de los conflictos étnicos, religiosos y sociales. Esos conflictos son peligrosos no solo por sí mismos, sino también porque crean zonas de anarquía.

Debemos buscar, por lo tanto, una solución,

Tanto más cuando… estamos, como se dice, en el mismo barco.

Va finalizando con cierta mayor precisión sobre el mundo que hay que preparar:

¿Cuál debería ser el fundamento legal, político y económico del nuevo orden mundial que garantice la estabilidad y seguridad, que garantice la sana competencia y no permita la formación de nuevos monopolios que bloqueen el desarrollo?…  es evidente que el éxito y un resultado real solo será posible si los participantes clave de la vida internacional pueden armonizar sus intereses básicos, sobre la base de una lógica autolimitación, y dan un ejemplo de liderazgo responsable y positivo. Hay que definir claramente hasta dónde pueden llegar las acciones unilaterales y dónde y cuándo deben aplicarse mecanismos multilaterales… Quizás lo más importante sea el respeto al socio y sus intereses… No es necesario ni siquiera construir algo nuevo desde cero…, las instituciones creadas tras la Segunda Guerra Mundial son universales y pueden ser llenadas con contenidos modernos, adecuados para manejar la situación actual… Esto es verdad en relación al mejoramiento del trabajo de la ONU…, la creciente ingobernabilidad y las diferentes amenazas nos obligan a forjar un nuevo consenso entre las fuerzas responsables. Creo que se necesita una nueva versión de la interdependencia. No hay que tenerle miedo. Al contrario, es un buen instrumento para armonizar posiciones.

Cierra el discurso nuevamente haciendo referencia a la supremacía de lo económico:

… es necesario el diálogo… aceptar la necesidad de la formación de un espacio único económico y de cooperación humanitaria que se extienda desde el Atlántico al Pacífico.

Y les advierte a todas las naciones que no sigan o no acepten este proceso:

Todos sabemos que el mundo ha entrado en una época de cambios y transformaciones globales, y todos necesitan tener cuidado y evitar dar pasos sin reflexionar… En caso contrario las esperanzas de un desarrollo pacífico y estable son una peligrosa ilusión, y las actuales conmociones serán un preludio del colapso del orden mundial.

Sí, por supuesto que ya les he hablado de esto: la construcción de un orden mundial más estable es una tarea complicada, se trata de un trabajo largo y difícil. Fuimos capaces de crear unas reglas de interacción tras la Segunda Guerra Mundial, y pudimos llegar a un acuerdo en los años 70 en Helsinki. Nuestra obligación común es encontrar una solución a esta tarea fundamental en esta nueva etapa de desarrollo.

Comentarios adicionales sobre este discurso pueden encontrarse en varios sitios de Internet; por ejemplo en este.

* * *

Entendemos haber expuesto una ceñida semblanza del líder ruso soviético; tenemos que estar preparados para lo que se avecina bajo el mando de este personaje, y no caer en la candidez que parece exhibir Monseñor Williamson, según el pasaje de su entrevista con que dimos inicio a este post.

Aunque a esta altura de los acontecimientos, cada vez parece más probable que sea un cómplice, y no un esforzado defensor de Cristo y de su Iglesia; véanse nuestros artículos anteriores, aquí y aquí.

Es verdad que Putin ha reconstruido muchas iglesias, pero no son templos católicos, sino que pertenecen a la cismática (y herética) iglesia ortodoxa rusa, que tiene demasiado de rusa y nada de iglesia ni de ortodoxa.

Por otra parte, la iniciativa en ese sentido no fue de Putin. Rusia cuenta con el templo de esta falsa creencia más alto en el mundo; es la Catedral de Cristo Salvador, situada en el centro de Moscú. Fue destruida por completo en el año 1931, con la idea de instalar en su lugar (un sitio espléndido), el Palacio de los Soviets, obra que nunca se llevó a cabo. La reconstrucción, que dio comienzo en 1994, se debió a miembros prominentes de la iglesia ortodoxa rusa, científicos, escritores, artistas y creyentes de rango. Esta iniciativa contó con el apoyo del primer Presidente de Rusia, Boris Yeltsin, y del alcalde de Moscú, Yuri Luzhkov.

El nuevo templo fue reinaugurado en 1997 (antes de las Presidencias de Putin) y volvió a ser “consagrado” en el año 2000. Todo esto en el seno de la iglesia ortodoxa rusa, que como dijimos se basa en una religión falsa y por lo tanto enemiga de Cristo (Mateo XII, 30).

El “resurgimiento religioso” que propiciaría Putin no es, en consecuencia, confiable. Del mismo modo hay que recelar del comentario del Pastor Británico, cuando dice: “Rusia lideraría la renovación de la Iglesia porque no seguiría los pasos de la decadente Iglesia Latina.”

Si se refiere a la Iglesia Católica, no es decadente, porque es Santa; si alude a los intrusos del Vaticano, se trata de otra iglesia, tan lejos del Verbo y tan apóstata como la iglesia ortodoxa rusa; y cabe preguntarse si es mejor pertenecer a una creencia decadente y apóstata o a una iglesia históricamente cismática y herética. La pregunta se responde con simpleza: da lo mismo; ambas son caminos de perdición y de ruina del mundo…, con la diferencia que la primera puede proporcionarle al Obispo de Kent la tan preciada regularización…

Por lo tanto, que no nos engañen (ni a nosotros ni al jerarca kentiano) las siguientes imágenes:

Virgen desfilando

Cruz desfilando

María Santísima es misericordiosa hasta el punto de que sólo es superada por su Hijo, Jesucristo Nuestro Señor; pero a nuestra Madre del Cielo no le agrada que la Santa Cruz sea adulterada y profanada en una iglesia presidida por demonios (falsos ídolos; I Corintios X, 19-22). Tampoco es de su complacencia ser llevada en triunfo por tropas que conservan mucho del Ejército Rojo, y que a esa fuerza armada le rinden homenaje cada 9 de Mayo.

* * *

El Obispo de Kent, entonces, puede ser llamado:

  1. Williamson, denominación que proviene de su familia;
  2. Wall-come-soon, denominación originada en el Templo de Jerusalén; o
  3. Well-I’m-so, denominación que proviene de su aparente ingenuidad.

Bien decimos “aparente”, porque el nuevo Comentario Eleison (Nº 412, 6 de Junio), es un dechado de excusas irracionales para los jerarcas de la iglesia oficial… y de la Neo-F$$PX, basado en el pretexto de la subjetividad inocente. Es probable que esta singular teoría del pensamiento que ha pergeñado Ricardo, Hijo de Guillermo, sea una autodisculpa, porque menciona sin empacho las locuras de que “Iglesia y mundo son reconciliables” (iglesia conciliar) y “Tradición y neo-Iglesia son reconciliables” (Neo-F$$PX); así, sólo hay que dar un breve paso (un corto vuelo) para afirmar que “Resistencia, mundo y neo-iglesia son reconciliables” (resistencia fláccida); eso sí: nunca en Clase Turista; ya que seguramente lo han de invitar (según el antecedente del pacto Poli-Bouchacourt), que dispongan para el Mitrado de la Rubia Albion un buen pasaje de jet.

¿Se puede afirmar, con recta conciencia y sano raciocinio, que los papas conciliares “… subjetivamente hablando han sido convencidos de que estaban en lo correcto, y han bien podido estar al menos parcialmente (Dios lo sabe) bien intencionados.”?

¿Se pueden mezclar, entreverar, encadenar, el falso magisterio conciliar con el sedevacantismo y el “liberalismo católico”, sin ruborizarse hasta las puntas de las pestañas?

¿Puede simularse ser ingenuo, al plantear el discernimiento de una dosis de buena intención por parte de los papas conciliares, dejando librada esa apreciación a una audiencia de la Iglesia? ¿De qué iglesia, Monseñor?

¿Se puede descansar cómodamente en “… dejar en suspenso la cuestión de estos Papas“, afirmando que tan arrellanado suspenso no es confortable?

¿Se puede afirmar “… pero sé que Dios en su propio buen tiempo vendrá al rescate de Su Papado.”, sabiendo que luego de estos papas (o lo que sean) verdaderamente blasfemadores no hay otro acontecimiento que restaure las cosas que la Parusía?; ¿que Cristo presidirá el Reino venido a la Tierra sin necesidad de tener un Vicario?

No, Monseñor; no son únicamente los electricistas de la iglesia conciliar y los de la Neo-F$$PX quienes tratan de obstaculizar esa luz de emergencia que Usted no quiere ver en la Segunda Venida de Nuestro Señor. Sabido es que para atenuar una línea de energía, se intercala un dispositivo en el circuito, que se opone al paso de la corriente. En este caso, la corriente de las gracias de Nuestro Señor Jesucristo, además de los electricistas conciliares y neofraternales, cuenta con otro estorbo de gran magnitud, tal vez mayor que estos dos primeros. Ese escollo se llama resistencia, Monseñor; resistencia fláccida… fláccida y tan voluble, que más que resistencia parece un reóstato.

Resumiendo el Comentario Eleisno Nº 412, para que sigan tratando de defender al indefendible Epíscopo Indesdecible, le concedemos denominarse Well,-I’m-so.

SEMINARIO VACíO, libro de Antonio Parra

20 diciembre, 2011

Me entero, a través de un blog que se titula nada menos que  “francoyelfranquismo” que en Moscú se va a editar un libro que trata sobre la crisis vocacional en los seminarios de la Iglesia Católica Romana y del cual es autor un periodista español, Antonio Parra. Copio lo siguiente:

http://www.grancoyelfranquismo.blogspot.com/2011/12/nadie-es-profeta-en-su-tierra-pero-ayer.html

EL “SEMINARIO VACÍO”  SE TRADUCIRÁ AL RUSO
Buenas noticias. Albricias. He recibido una carta de una editorial moscovita para tratar de publicar mi libro en Rusia. Esto recompensa por los sinsabores y esa frialdad que nace de la envidia, del desprecio o la ignorancia (el “Castilla desprecia cuanto desconoce” machadiano, y el“aquí no hay más que envidia… y a gente como tú la odian” de José Antonio Alonso García al que le digo que Mig16 el hombre de luto no es más que un personaje de mi imaginación al igual que otros, nada personal ni que ver con la realidad) padecidos. Llegas a las librerías y te miran como un bicho raro y nace en ti el complejo de culpa. Esta sociedad mira a los escritores que van por lo libre como a delincuentes.
Sin embargo todo el rebaño prorrumpe en balidos de admiración cuando el plumilla en cuestión es objeto de una entrevista en TV o los suplementos literarios de la Prensa de la Consigna y las Planchas masónicas lo mientan en alguna gacetilla aunque el autor en cuestión sea Lucía Echeverría la hija de mi amigo Jesús y de su mujer la Juani, ambos de Bilbao y aberchales, que no podían ver a Franco y al que este corresponsal de Franco invitó alguna vez al “Martínez” de Regent Street y Jesús correspondió con un bacalao al pilpil que era para chuparse los dedos.
El “Seminario Vacío” en el que dos hispanistas rusos encuentran un entronque con Gogol el maestro de la sátira y resonancias chejovianas es un canto a la hermosura del viejo dogma cristiano, un tesoro que portan los hombres pecadores en vasijas de barro. Hay quien puede ver en sus cuatrocientas páginas un holocausto ofrecido a la diosa Némesis pero no hay ningún afán de venganza.
 Aquellos buenos sacerdotes operarios diocesanos fundados por el catalán Domingo y Sol fueron ejemplares en la educación que nos dieron aunque pudo haber un desvío fruto de las circunstancias y del pensamiento de la época.
Uno de los temas que se vienen a apuntar es que la fe cristiana no es un problema de bragueta y en ese sentido aquellos buenos curas nos enseñaron a mirar lo trascendente a entusiasmarnos con la utopía a amar a los hombres a través del Evangelio esto es los libros.
Cristo, interpelado sobre la pecadora, no escribió más que unas cuantas letras sobre la arena que luego borrarían el viento y las olas del mar de Galilea pero sus discípulos desde san Pablo, pasando por los santos Padres hasta llegar a las encíclicas pontificias basaron su mensaje en la letra muerta que no mata como cree Unamuno sino que vivifica, nos resucita y nos proyecta. Sin embargo, y esto es a lo mejor lo que quería decir don Miguel de Unamuno en su “Agonía del Cristianismo” cuando se abusa de la parenética o se esgrime la Biblia como única fuente de la Revelación en menoscabo de la tradición y de espaldas al viento que inspira y expira con soplos del paráclito, terminamos en discusiones bizantinas “utrum angeles migeant necne” que refería don José María García Diez el hoy deán de Compostela en sus clases de Moral, o en el protestantismo. La Reforma-volvamos a Unamuno- hizo de la religión cristiana letra muerte, lecturas a palo seco, altares desnudos, guerras de religión y el positivismo del lucro y el comercio.
 El que los ángeles de ocho alas tengan, o no, pilila, o fundamentar toda la fábrica monumental del pensamiento católico en las Epístolas de San Pablo como pretendía Martín Lutero nos llevaría a aberraciones a aparte de ser indiferente.
 Yo no me propuse lanzar mensaje pues uno no escribe una novela con un propósito filosófico pero me ha salido una añoranza de todo aquel tiempo perdido en la debacle del Vaticano II. En la curia que son muy inteligentes creo que han prestado atención al parche.
 En Roma se han dado cuenta de que las ideas corren y vuelan por Internet y que éste es un medio de comunicación de hoy. En tal sentido reputo de dulcísimo consuelo el que se haya vuelto a cantar la Passio y he colgado el video en esta bitácora de 31 minutos y que el papa Benedicto XVI haya insistido en el latín como lengua litúrgica y universal y que la sede apostólica, precavida como está de poder ser víctimas de manipulaciones de los que odian a Cristo y a su Iglesia, restrinja los viajes por el mundo de los que tal vez abusó su predecesor. Sí nos han hecho caso. Bendita seas, Virgen Santísima que proteges a los pecadores y a aquellos curillas que marraron el camino.
 Quedan otros aspectos a los que la Curia se muestra poco propicia a atender y a la ordenación de sacerdotes casados y ya metidos en años en la acepción autentica de la palabra de “presbíteros” que en el Vaticano por ahora prestan oídos de mercader. La fruta está madura. Todo se andará, si Dios quiere.
Me duele el mutis con que se ha acogido en mi pueblo este texto. Nadie es profeta en su tierra. En el querido Adelantado de Segovia su director se negó a dar acogida a un breve reseña. Sin embargo, me cabe el honor de proclamar que en algunos periódicos de provincia como La Nueva España, de Oviedo, me trataron con mucho más cariño que esos cardos borriqueros de José Zorrilla.
 Me duele también la cobardía, el desbarajuste, el aire de retirada de ciertas iglesias cercanas a Rouco y a COPE que como no les pueden vencer se han unido a ellos haciendo de tripas corazón.
 Me duelen los abusos de aquella espiritualidad merengue que ciertos padres nos querían insinuar a los pipis aunque las cosas no llegaron nunca a mayores ni creo que en la iglesia española salvo excepciones se produjeran esos abusos que han acontecido en Bélgica en Alemania en Inglaterra en Irlanda y en Estado Unidos. The church must change the tune. Tiene la jerarquía  que cambiar la melodía. El sexo como vehículo de la conservación de la especie no debe convertirse en un factotum que regule la vida de un cristiano aunque tiene que ser encauzado y entendido con más comprensión. Por aquellos días era una obsesión de la cual ahora nos reímos al ritmo de los cambios que se han operado en el mundo. No estoy dolorido ni he querido realizar un ajuste de cuentas con la escritura de este libro en medio del ambiente apocalíptico – la verdadera Apocalipsis entre nosotros son la envidia y la ignorancia el desden mayúsculo hacia aquellos que no profesan el pensamiento oficial- sino orgulloso de haber trabajado muchas horas durante tres años en esta novela. Se ha conseguido, al menos, una cosa: que nos reunamos al menos una vez por año y con nuestras diferencias ideológicas vitales con nuestros achaques y nuestros temores hemos descubierto que guardamos en el alma una parte de aquellos niños que ingresaron en el seminario un primero de octubre de 1955 y con respecto a esto mismo, me ha llegado un mensaje de Lino José María Rincón Tapia que estudió en Segovia y luego cursó teología en Montpellier, de un curso anterior al nuestro interesándose por “Seminario Vacío”. Ellos se reúnen dos veces al año y aquí va la foto de su última reunión en Hontoria a los pies de la Patrona. Gracias, Rincón. Es una alegría reencontrarnos 53 años después.
En conclusión he de añadir que yo he puesto los cinco sentidos en este trabajo. Si ha sido un acierto o un fracaso es algo que no está a mi alcance. Es la historia la que ha de emitir su fallo. Aunque esta comunicación que me lleva de Rusia me anima a seguir adelante. Por lo pronto he tenido las agallas y el coraje de meter en una novela cosas que no se atreve a contar nadie. Pero alguien tiene que ponerle el cascabel al gato… Sufficit… salutem plurimam.
Vivimos tiempos recios.

LA FAMILIA IMPERIAL DE RUSIA VENCE AL “COMUNISMO”

17 julio, 2008
 
 
 
 

 

EKATERINBURG, 90 AÑOS
 
DESPUÉS DEL
 

MAGNICIDIO

 

En ABC digital se informa de que se han autenficado los restos del zarevich Alexei, asesinado en la ciudad de Katerina, donde se han celebrado solemnes funerales. Es poco conocido que la actual ciudad de Ekaterinburg, durante la época soviética llevó el nombre del ejecutor del magnicidio de la familia imperial, Svedorf. Y hasta hace pocos años Ekterinburg se llamó Sverdlovk.

También en el diario ABC, edición impresa de hoy 17 de julio de 2008,se  publica  un artículo (“Noventa años de Ekaterimburgo”) en el que Miguel Torresseñala que “Hoy, dia 17 de julio, se cumple el noventa aniversario del asesinato de la familia imperial rusa (…)” y añade que “Lo sarcástico es que la efeméride se cumple con los restos de la familia Romanov enterrados con todos los honores de Estado hace diez años en la cripta imperial de la Fortaleza de Pedro y Pablo en San Petersburgo, con el anhelo de la Iglesia Ortodoxa de elevarles al nivel de santidad”.
 
 
 
 
 
 

 


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