la falacia de los “feministas” profesionales

Noviembre 24, 2009 por axel

Es un truco oportunista muy miserable: Se defiende aparentemente todo tipo de derechos y privilegios para las mujeres y, como resultado se beneficia uno de una clientela agradecida.  Es la táctica de demagogos como Zp y otros varones que en cuanto se encuentran con mujeres adoptan una postura beligerante contra el “machismo”, la “familia poatriarcal” etc… con lo cual sólo muestran su cobarde oportunismo y además ignoran que es una muestra de debilidad que siempre es objeto de desprecio por toda mujer cabal.  Es interesante constatar que los “hombres que no aman a las mujeres”, es decir, los maricas, son siempre fervientes “feministas”…

Estas consideraciones son resultado de haber leído en el blog filosofía crítica  un artículo que puede leerse completo aquí:

http://nacional-revolucionario.blogspot.com/2009/11/los-hombres-que-si-amaban-las-mujeres.html

Su autor, Jaume Farrerons, pone de relieve cómo el conocido “revolucionario” Leon Bronstein fue un teórico defensor de masacrar a los “contra-revolucionarios”. No menciona a otro teórico también marxista , el se supone que francés Merluau-Ponty, que en su obra “Literatura y Revolución” justificó los campos de la muerte posteriormente llamados “Gulag” por el premio Nobel ruso Solyenytsin. El artículo está ilustrado con la fotografía de una mujer asesinada al ser violada en Prusia Oriental por la soldadesca soviética que obedecía las consignas de odio del agitador de propaganda de guerra psicológica Iliá Ehrenburg, el cual no era precisamente de etnia eslava… Es sabido que unos dos millones de mujeres alemanas fueron violadas tras la capitulación de 1945… Este drama histórico, evidentemente, nunca es mencionado por los conocidos “feministas” profesionales que, curiosamente, tampoco suelen denunciar los abusos que sufren las mujeres… cuando los abusadores no son de etnia europea…

Tras este preámbulo, me parece que vale la pena leer lo que se publica en el blog  filosofía crítica:

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Quienes creyeran alguna vez que ser trotskysta constituye una garantía moral frente al estalinismo, eran, al parecer, unos simples indocumentados. Estamos hablando del despiadado Trotsky, nada menos que el forjador del Ejército Rojo; en la obra citada, este asesino en serie manifiesta de manera inequívoca su desprecio por los derechos humanos:

“Por lo que a nosotros se refiere, nunca hemos perdido el tiempo en las charlatanerías de los pastores kautskystas y de los cuáqueros vegetarianos acerca del ‘valor sagrado’ de la vida humana”(Trotsky, op. cit., p. 158). “

De manera que las masacres de las hordas soviéticas en la Alemania vencida y, especialmente, el trato dado a las mujeres alemanas, representarían una expresión de la política de terror que Lenin improvisó, el trotskysmo teorizó y Stalin se limitó a perfeccionar de forma sistemática. No creo, pues, que un trotskysta como Larsson sea la persona más adecuada para hacer novela crítica “antifalofascista” de maltrato a la mujer. Al menos, para las mujeres alemanas que conocieron las exquisiteces morales del bolchevismo, la nauseabunda trología “Millenium” constituye una auténtica burla viniendo de quien viene.

Cada año, los medios de prensa controlados por los filosionistas fabrican, mediante la prevaricación de una crítica literaria teledirigida políticamente, algún best seller que mantenga viva la fe antifascista. Se trata de auténticos bodrios, como “El niño del pijama a rayas”, pero a fuerza de insistir los medios en su genialidad, la gente los termina comprando y se inocula, sin saberlo, de la necesaria dosis de ideología-veneno al servicio de una anticívica ceguera voluntaria. Luego viene, por supuesto, la inevitable película, que el cretino de turno también irá a ver al cine o en video, financiando por partida doble el dispositivo de lavado de cerebro construido por los nacionalistas judíos a escala mundial. En tales circunstancias, dudo que se escriba jamás una novela titulada “Los hombres que sí amaban a las mujeres”, en la que se explique la experiencia de las mujeres alemanas con aquellos progresitas y humanistas soviéticos que en su día fueran nutridos doctrinalmente por trostskystas como Larsson. No obstante lo cual, Anthony Beevor en su “Berlín: la caída” nos permite columbrar que se trataría de una obra mucho más feminista, objetiva y real que la mamarrachada pseudo progresista de Larsson.

“Caso” Williamson: ¿Estorsión judía contra la IGLESIA?

Noviembre 21, 2009 por axel

Estamos acostumbrados a llamar “antisemitismo” cualquier crítica a los judíos… pero nadie llama “anticristianismo” cualquier crítica a la Iglesia Católica.  Hay que desconfiar de cualquier “anti….”, pues lo que da sentido a la vida y a un ideal es una actitud positiva. Lo importante es lo que defendemos y esa defensa nos hará des¡cubrir quienes son  nuestros enemigos.

A fin de clarificar las declaraciones de  Monseñor Williamson que fueron objeto de graves críticas por parte de organizaciones judias es interesante conocer el análisis de un conocido pensador católico, Antonio Caponnetto, que sido publicado en el blog  Cabildo:

I. La defensa del Papa

No desconocemos los esfuerzos del Papa Benedicto XVI en orden a lo que podríamos llamar —algo simplificadamente— el afán restaurador de la Tradición. Desde sus tiempos de Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe que viene dando concretos testimonios de este anhelo, estampado incluso en algunos hechos relevantes de los que muy pocos tomaron debida nota, como los sendos y magníficos prólogos a las dos obras del liturgista alemán Monseñor Klaus Gamber, traducidas al castellano como ¡Vueltos hacia el Señor! y La reforma de la liturgia romana. Esto sin contar su propia obra como liturgo, reseñada en su notable libro El espíritu de la liturgia.

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II. La disolvente ambigüedad continúa

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En menguadísima síntesis, y con dolor filial, limitaremos a dos estas penosas dificultades del pontificado de Benedicto XVI.
Por un lado, es dable constatar la continuación de los errores y de las confusiones doctrinales que parecen haber ganado desgarradora carta de ciudadanía en la Iglesia de las últimas cuatro décadas.
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Pídasenos un ejemplo reciente de lo que decimos y mencionaremos (…)
la aceptación de una laicidad de los Estados, formalmente pregonada en Francia, en el año 2008. Avanzando así por la misma y desubicada línea que lo hiciera su antecesor Juan Pablo II, cuando en la Carta a los Obispos Franceses del 12 de febrero de 2005, ponderó la ley de 1905 de separación de la Iglesia y del Estado. La misma que había condenado San Pío X en la Vehementer nos.
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Todavía no entendemos a quienes ante la vista de estos desaciertos que inducen frecuentemente al error —sea que se determinen por afirmación expresa o por anfibología— deciden hacer de cuenta que no existen, mirar hacia otro rumbo, minimizar su gravedad, o lo que es más grave, denostar a quienes se atreven a protestarlos bajo el cargo de que escandalizan o desobedecen al Santo Padre. Como si atacar los errores fuera atacar la autoridad per se. Como si ya no rigiera la enseñanza de San Gregorio Magno, estampada en sus Homilías sobre la profecía de Ezequiel: “cuando alguien se escandaliza de la Verdad, más vale consentir el escándalo que no el abandonar la Verdad”.

III. La debilidad del mando

De dos inconvenientes penosos hablábamos arriba para caracterizar el pontificado de Benedicto XVI. Quede lacónicamente señalado el primero con lo antedicho. Pero al segundo llamaremos lisa y llanamente debilidad y cesión ante las injustísimas presiones de los enemigos de la Iglesia. Si en este terreno bastara también con un ejemplo, recordaríamos la serie de episodios y de reacciones que protagonizó después de su famoso discurso en la Universidad de Ratisbona, el 12 de septiembre de 2006.

El discurso, por cierto, tuvo la erudición y la lumbre a las que ya nos tiene acostumbrados el Pontífice. También, lamentablemente, tuvo sus sombras, como reprobar indistintamente toda defensa de la verdad por la espada o guerra justa al descalificar el concepto mahometano de yihad. Pero desatada sobreactuadamente la cólera de los mahometanos por aquella pieza académica, y alimentada dicha cólera por el aparato modernista internacional y la inquina multimediática, la reacción del Pontífice fue el repliegue, la explicación indebida, la rápida contemporización con el mundo islámico, los súbitos pedidos de disculpa, las increíbles majaderías dirigidas a gobernantes y teólogos de los países árabes, y un sinfín de salvedades lamentables que debieron haberse evitado. Mientras los mahometanos dieron señales de desproporcionado encono —sin que faltaran los asesinatos de inocentes— en la Santa Sede se prefirió la orfebrería del efugio y de la elipsis, del aplacamiento de los enunciados taxativos para diluir cuanto antes los efectos de aquella importante pieza académica leída en la Universidad de Ratisbona.
Cuando lo mismo sucede ante las presiones judaicas —todas ellas fabricadas insidiosamente y sin motivos— las debilidades suelen ser todavía más lamentables y estridentes. Más lamentables porque es la misma doctrina sobre el fariseísmo judaico y sobre el deicidio la que entonces resulta escamoteada. Más estridente porque si Israel moviliza a todo el mundo a su favor, monopolizando el carácter de víctima, a todo ese mundo mentiroso, obsecuente y abyecto se dirigen también los incesantes pedidos de perdón. No es imposible ver en estas conductas otras tantas manifestaciones del temor mundano o del temor servil, cifrado en los respetos humanos, y que Santo Tomás reprobara como encarnaduras posibles de cobardía (Cfr. S.Th, II, II, q.19,a.1).

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IV. El deber de los súbditos y la papolatría

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No somos tan temerarios como para andar diciendo —a secas y sin más— que el Papa es un pecador; y si eso se entendió y en eso hay ofensa estamos prontos a retirarla. Conocemos el principio “de internis non iudicat Ecclesia”, y en su cumplimiento, ninguna intención osaríamos juzgar. “De adentro del corazón salen las intenciones malas”, enseña el Señor (Mt. 15, 19-20). Y adentro del corazón de nadie estamos. Tanto menos en el del Vicario de Cristo.
Pero es posible distinguir con Santo Tomás (S. Th, III, q. 96, a. 4) entre el fuero interno y el fuero externo, siendo el primero aquel en el que habitan esas intenciones no sujetas a ningún juicio humano, y el segundo el de las acciones públicas, visibles, evidentes. Si el primero refugia las disposiciones interiores, la comúnmente llamada vida privada, y es el fuero de Dios (forum Dei), el otro expresa las acciones y las reacciones públicas, es el forum ecclesiæ y puede llegar a ser también, de existir dolo, el forum iudiciale. De allí que una acción o una reacción pontificia pública —como la que sucedió y sigue sucediendo respecto de la insolencia judía con ocasión del “caso Williamson”, por no mentar otros muchos casos— pueda ser descalificada por pusilánime e impregnada de temor servil y mundano, o de respetos humanos reñidos con la virtud de la fortaleza. De hecho, y si se repasan los titulares de los grandes medios, sin excluir L’Osservatore Romano, es común que de “movidas por el temor a irritar a los judíos” se tilden estas acciones y reacciones romanas. Aunque para el mundo que así ofrece las noticias, ese temor se les antoje sacro y ponderable. No lo es, porque remoza aquel miedo a los judíos que tenían los apóstoles antes de la llegada del Espíritu (Jn. 20, 19). Pero el Espíritu Santo ha llegado, y no nos es lícito vivir como si Pentecostés no hubiera sucedido.
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Bueno será recordar o saber, que Benedicto XVI, en la Audiencia General del miércoles 1º de octubre de 2008, y a propósito justamente de esta famosa Controversia de Antioquía, hizo el elogio de San Pablo y de su “libertad interior”, de sus “encendidas reacciones” con las que “llegó a acusar a Pedro y a los demás de hipocresía”, pues “este comportamiento [el de Pedro] “amenazaba realmente la unidad y la libertad de la Iglesia”.
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En su obra Las parábolas de Cristo, específicamente en el capítulo 52, analizando la “Parábola de las puertas de la polis”, el Padre Leonardo Castellani vuelve a decir lo que es justo sobre tan espinosa cuestión. “No es necesario para el gobierno de la Iglesia, y la guarda de la Revelación, que el hombre Pedro, o el hombre Pío, o el hombre Juan, sean puros e inmaculados, aunque sea deseable. Pedro representa a Cristo y está en lugar de Cristo; y cuando reconoce, confiesa, profesa y proclama a Cristo, habla con la voz de Dios; pero el mismo Pedro como persona privada, hablando por sus fuerzas naturales y con su entendimiento humano, puede decir y hacer cosas indignas, escandalosas e incluso satánicas. Existen entre nosotros fulanos que piensan es devoción al Sumo Pontificado decir que el Papa «gloriosamente reinante» en cualquier tiempo «es un santo y un sabio», «ese santazo que tenemos de Papa», aunque no sepan un comino de su persona. Eso es fetichismo africano, es mentir sencillamente a veces, es ridículo; y nos vuelve la irrisión de los infieles: lo que cumple es obedecer al Papa y respetarlo en cualquier caso, como Pontífice; y amarlo como persona, cuando merece ser amado. Los defectos y los pecados personales son pasajeros; la función social del Monarca Eclesiástico es permanente”.

Y en “San Agustín y nosotros”, publicada largos años tras su muerte, en Mendoza, hacia el 2000, sigue Castellani especificando el candente tema: “El Papa es infalible, pero no en todo. Cuando declara solemnemente las cosas de la Fe, cosa que hace pocas veces, por cierto. Pero pretender como hace muchísima gente aquí que todos los Papas o tal Papa particular son maravillas de inteligencia y de rectitud, hasta llegar a renunciar al propio sentido moral, cerrar los ojos ante un error y una iniquidad manifiesta, y dar como anticatólico, o poco católico, o no católico al que no puede cerrar los ojos así, al que no puede renunciar a su sentido moral, eso es inventar un nuevo dogma, eso es rendirse a una superstición, eso es morar en plena exterioridad […] En otros tiempos, cuando el Papa se equivocaba, los santos de aquel tiempo le decían tranquilamente: «Non lo sapevate un corno», y el Papa mismo rogaba que se lo dijeran. Había más caridad. Había comunión”.
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V. La mayor mentira de la mentira del Holocausto

A pesar de que lleva largo tiempo el alboroto inicuo armado ex profeso por el aparato judeo-modernista internacional contra las razonables declaraciones de Monseñor Richard Williamson, todavía no terminan de inteligir los católicos la verdadera gravedad de sostener la versión oficial del Holocausto. Incluso —y con pesar lo decimos— no terminan de entenderlo ciertos intelectuales católicos de orientación tradicionalista. A muchos de ellos el fastidio que les suscita la sola mención del Nacionalsocialismo, y la posibilidad siquiera indirecta de que puedan quedar defendiéndolo, les impide ver la profundidad del mal que se está consumando ante nuestra vista.

Porque esta versión oficial del Holocausto, que desde antes del pontificado de Benedicto XVI ya Roma se había decidido a sostener y a preservar, y que ahora ha cuasi dogmatizado, no contiene sólo una inadmisible fábula histórica sino una horrenda falsificación teológica. El mito de la Shoah no es principalmente inaudito porque se adulteren las cifras de los homicidios, las causas de las muertes o las condiciones edilicias de los campos de concentración. No radica su nocividad en hacer pasar por gases humanamente letales los desinfectantes del tifus, o en montar hornos crematorios después del triunfo aliado, o en trucar fotos, cifras, testimonios, juicios y acontecimientos. Ni siquiera es su peor culpa haber hecho un negocio multimillonario de esta mentira, como lo probó el judío Norman Finkelstein en su libro La industria del Holocausto. Todo esto y tantísimo más, describen la faz histórica, política y económica de este embuste basal del siglo XX, asegurado por los verdugos inmisericordes de Nüremberg y sellado en las tenidas torvas de Yalta y de Potsdam. Y todo esto, claro, estará bien que se dirima en el ámbito de los estudios historiográficos, distante si se quiere de las cuestiones de Fe.

Pero todavía hay algo mucho más tenebroso, y es la teología judaica sobre el Holocausto. Una teología dogmática que enseñan y hacen suya las más renombradas agrupaciones hebreas que suelen tener ahora libre acceso al Vaticano, o viceversa, que suelen dar hospedaje al Santo Padre. Según esta teología, Israel, no Cristo, es el Cordero Inmolado. Perseguido durante siglos y ofreciéndose en sacrificio permanentemente, alcanza el punto culminante de su ofrenda cuando muere masivamente bajo las tropelías del Tercer Reich. Tropelías antisemitas que, en esta cosmovisión mesiánica del Israel carnal, no tendrían sino como fundamento último las mismas enseñanzas católicas que durante siglos y siglos habrían predicado la culpabilidad hebrea en la muerte de Cristo. Al nazismo se llega por culpa del cristianismo; y bajo el nazismo la oblación mesiánica de Israel alcanza su punto culminante. Cristo es el gran destronado de su trono de Víctima, y acusados sus seguidores de instigación secular al antisemitismo, colócase en ese trono sangrante el mismo Israel. Del Gólgota ya no pende Aquel cuya sangre pidieron un día que cayera sobre sus testas impías y las de sus propios hijos. Pende sacrílegamente la mano y la mente, el puño y la inteligencia de aquellos que fraguaron la crucifixión del Redentor.

Parodia endemoniada de la economía de la salvación, caricatura infernal del genuino mesianismo, subversión radical del sentido de la Historia de clara inspiración cabalística, esta versión teológica del Holocausto es la que debe saber todo católico honrado que está adquiriendo cada vez que le hacen creer que “quien niega la Shoah no conoce el misterio de Dios ni de la Cruz de Cristo”. Palabras insensatas pronunciadas el 30 de enero por el Padre Federico Lombardi, Director de la Oficina de Información de la Santa Sede y que, lamentablemente, no fueron desmentidas ni enmendadas.

Es por este carácter paródico y endemoniado del mesianismo de Israel, que sus principales ideólogos monopolizan la denominación de holocausto para lo sucedido durante la Segunda Guerra Mundial, no permitiendo que el término se use para los cien millones de cristianos masacrados por el Comunismo a lo largo de la casi totalidad del siglo XX, porque es bien sabido que la dirigencia comunista responsable de este martirio colectivo ha sido y fue en su casi totalidad de origen hebreo.

Y es porque este carácter paródico del mesianismo debe quedar asegurado universalmente, que la teología dogmática judía elabora o promueve en abundancia obras como las de Yad Vashem (Jerusalém), M. Polakoff (Iom HaShoá VeHagvurá. Un manual para el recuerdo), Isajar Moshé Teijtel (Alegre madre de hijos), Pasión intacta, de George Steiner, Breviario del Odio, de León Poliakov —con su prólogo meaculpista del cristiano Francois Mauriac—, The destruction of the European Jews, de Raul Hilberg o la de Gustavo D. Perednik, Teología del holocausto, que con interés y provecho puede consultarse digitalmente (http://www.monografias.com/trabajos28/teologiaholocausto/teologia holocausto.shtm).

Precisamente en este ensayo dice Perednik, glosando a otros exégetas hebreos, que el capítulo 53 de Isaías, llamado Del Siervo del Eterno, no sería una prefiguración de la Crucifixión de Jesucristo, sino “que puede ser entendido perfectamente como una referencia al Holocausto”, pues en él “los sufrimientos son purificadores en dos sentidos: en lo personal y en un plano social” […] Aquí cabe evocar al filósofo que se basó precisamente en Isaías 53 para fundamentar su teología del Holocausto. Para Ignaz Maybaum, el judío sufre a fin de despertar la conciencia del mundo gentil que es su victimario. A partir del martirio judío, la humanidad entera, por reflejo, ahonda su búsqueda en la senda del bien […] “Mira:yo pongo hoy delante de ti la vida y la bendición, la muerte y la maldición”, concluye por decirnos la Torá. Berkovits, sostenedor de esta idea, agregará que en el tema del Holocausto, el contraste histórico es claro: “desde los humos de Treblinka, irrumpe el Estado de Israel. Lo que Berkovitz denominaría, después del horror, «la sonrisa suficiente». El retorno a Sión da el significado a la historia judía”.

Pero ni este texto representativo ni este artículo agotan lo que cabría saber al respecto. La nómina de expositores de este paródico mesianismo, se engrosaría si incluyéramos en ella a ciertos autores protestantes, como Robert McAfee Brown, o sedicentemente católicos como Harry James Cargas, mucho más entitativo, audaz y heterodoxo que el vocero vaticano Lombardi.

VI. La Iglesia debe pensar católicamente

Si se nos ha seguido benévolamente hasta aquí, con especial énfasis en la lectura del parágrafo anterior, un par de necesarias conclusiones podríamos ir elaborando.

La primera es que la Iglesia no puede asumir como propia la versión oficial sobre el Holocausto, ni mucho menos dotarla de la intangibilidad que se pretende.

Tiene esta versión un cúmulo inagotable de mentiras a designio, fruto principalmente de las llamadas “campañas de desnazificación”, con sus tribunales fiscalizadores, sus lavados de cerebro colectivos y sus programas de reeducación, cuya parcialidad antialemana y aliadófila jamás disimularon. Terminada la guerra, en el Bundesland de Baden-Württemberg se publicó sin rubores: “No debe ser dicho nada favorable sobre el Tercer Reich, y no debe ser dicho nada desfavorable sobre los aliados”. Y en 1960, el Presidente de Alemania Federal, Heinrich Lübke, hablando de “los textos escolares” referidos “al lapso histórico alemán de 1933 a 1945”, solicitó expresamente que trasmitieran “aborrecimiento por el Tercer Reich”.

Con sublevante patetismo se advierte que nadie pide estudiar la verdad histórica, investigar serenamente, escudriñar las fuentes, cotejar testimonios, fatigar archivos. Ningún rebelde librepensador se atreve al llegar aquí a pensar libremente. Lo que se pide es instalar de modo unánime y sacramental el pensamiento único elaborado por Israel. Ardid inmoral y escandaloso que viene siendo elaborado perseverantemente desde el infame juicio de Nüremberg, cuyas aberraciones de toda índole jamás se quieren mencionar. Empezando por la que señala Carlos Whitlock Porter en su Not guilty at Nuremberg: se desecharon sin escrúpulos las 312.022 declaraciones notariales presentadas por la defensa, se aceptaron como moneda de buena ley, en cambio, las 8 ó 9 declaraciones presentadas por la fiscalía. Mención aparte significaría recordar la nómina de atentados judíos —algunos de ellos mortales— contra autores e instituciones dedicadas a la revisión histórica. Por probar este aserto, el 3 de enero de 1996, el embajador de Israel en la Argentina, Israel Avirán, ordenó la captura y el secuestro de la revista “Memoria” que entonces editábamos con un puñado de amigos.

El Santo Padre, precisamente por su doble condición de patriota alemán y de intelectual destacadísimo, debe ser la persona indicada para advertir que esta versión ruinosa y ficta no puede ser asumida por la Iglesia. Entiéndase bien: no se trata de exigirle a Roma que avale una determinada escuela historiográfica en contra de otra, ni de que tome partido por el revisionismo u otorgue rango de definición ex cathedra a los asuntos meramente terrenos. Pero se trata sí, de rogarle con insistencia que busque celosamente la verdad del pasado, que promueva esa búsqueda con empeño y sabiduría, que apoye a los estudiosos serios y veraces, desdeñando interpretaciones facciosas, preñadas de adulteraciones y de embustes de grueso calibre. Se trata, en suma, de tener bien presente, que el último dogma fue el de la Asunción de María Santísima.

No podemos conformarnos cada vez con menos, que es una de las definiciones de la tibieza; ni podemos tampoco aceptar la necesidad del doble discurso como constitutivo ineludible de las relaciones diplomáticas. Cierto es que el grueso de las sociedades vive bajo las falacias de la virtualidad y bajo el sometimiento de esos ídolos que supo describir Bacon. Cierto que al amparo de esos ídolos, que entenebrecen la realidad, pocos y cada vez menos son los que distinguen lo que las cosas son, como gustaba decir Gilson. Y cierto al fin, si se quiere, que no le corresponde al Pontífice hacer de historiador, ni andar dirimiendo sobre el Zyklon B o los alambrados de púas en Auschwitz. Pero si ya no hemos de pedirle al Vicario de Cristo que combata a los hijos de las tinieblas, y bregue por la Verdad en la totalidad de sus manifestaciones, ¿a quién entonces deberíamos acudir los católicos?

En su confortadora encíclica Spe Salvi, Su Santidad Benedicto XVI memora un texto del Sermón 340 de San Agustín, que parece contener toda una respuesta al dilema que estamos planteando. Explica allí el de Hipona que una misión se ha impuesto: “corregir a los indisciplinados, confortar a los pusilánimes, sostener a los débiles, refutar a los adversarios, guardarse de los insidiosos, instruir a los ignorantes, estimular a los indolentes, aplacar a los soberbios, apaciguar a los pendencieros, ayudar a los pobres, liberar a los oprimidos, mostrar aprobación a los buenos”. Todo un programa para estas cruciales circunstancias.

Pero además, y como quedó dicho, existe otra razón superior para que la Iglesia rechace enfáticamente la versión oficial del Holocausto, y es que tras la misma asoma una teología dogmática judía groseramente anticristiana, burdamente paródica del genuino mesianismo, deliberada mueca hostil de inspiración talmúdica contra la misión salvífica de Nuestro Señor Jesucristo, y su Divina Majestad.

Llama poderosamente la atención que en estos agitados días alrededor del caso Williamson, haya pasado inadvertida toda voz eclesial, empezando por la de Benedicto XVI, que nos haya remitido a la Mit brennender sorge de Pío XI. Allí está todo lo que un católico debe saber para tomar distancias del Nacionalsocialismo, y de cuanto aquella ideología y su concreción política pudieron haber tenido de injusto y aún de ominoso. Pero está todo lúcida y corajudamente explicado en perspectiva católica, para que ningún bautizado confunda el rumbo y la finalidad. “La Cruz de Cristo” —dice Pío XI— “aunque su solo nombre haya llegado a ser para muchos locura y escándalo, sigue siendo para el cristiano la señal sacrosanta de la redención, la bandera de la grandeza y de la fuerza moral. A su sombra vivimos, besándola morimos; sobre nuestro sepulcro estará como pregonera de nuestra fe, testigo de nuestra esperanza, aspiración hacia la vida eterna” [nº 31].

Los argentinos, además, hemos tenido la gracia del magisterio del Padre Julio Meinvielle. En su opúsculo “Entre la Iglesia y el Reich”, publicado en el mismo año 1937 de la encíclica de Pío XI, abundan las razones por las que un católico no puede dar su adhesión al Nacionalsocialismo. Pero, insistimos, son las razones de la teología católica, no de la cábala hebrea; y de la historia veraz, no de la fábula del holocausto.

VII. El juramento antinegacionista

La segunda conclusión que debemos ir sacando es que Monseñor Williamson se quedó muy corto. Enbuenahora se haya atrevido a desenmascarar algunos aspectos de la faz histórica de la gran mentira pagando el alto precio de un linchamiento tan injusto cuanto deleznable, sin que las mismas autoridades de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X hayan atinado a algo más que a sacarlo de escena, al compás de las exigencias vaticanas, de las coacciones rabínicas y de las inmundas disposiciones kirchneristas. Pero lo más importante para un católico, y sobre todo si se trata de un Obispo, es la faz teológica de esta ficción hebrea. Y sobre eso nada se dijo.

Entiéndase que no es esto un reproche hacia un clérigo que, en este momento de su vida, antes necesita y reclama con equidad un homenaje público que un reto. Pero si le estamos reprochando amablemente todo lo contrario de lo que el mundo le espeta, es para protestar por vía de paradoja, la indignación que nos causa el que no haya prácticamente un solo analista católico y “bienpensante” de esta cuestión que no haya pagado su tributo a la corrección política, diciendo que Monseñor Williamson estuvo imprudente o inoportuno. No faltó tampoco quien le atribuyó la responsabilidad directa en la reacción blasfema de la judería propalada por la televisión del Estado de Israel. Caído el árbol, los incapaces de la altura se abajan dócilmente para fabricar su propia leña.

No hay nada de cierto en lo que se dice contra Monseñor Williamson; y seguir repitiéndolo agrega estulticia a la ofensiva mundana contra este digno Pastor. Bien y sobradamente se sabe hoy que si no hubiera pronunciado sus traídas y llevadas palabras, cualquiera hubiera sido la excusa para presionar a Benedicto XVI e inculpar al Tradicionalismo hasta impedir su formal inserción en la Iglesia. Bien y sobradamente conocemos también la capacidad del enemigo para instalar un tema, inventándolo, y torcer el rumbo de la realidad hasta sustituirla por la virtualidad. De hecho, no son pocos los informes que vienen circulando desde hace años, incluyendo a Monseñor Lefebvre como una de las cabezas de una supuesta Internacional Negra. ¿Qué hubiera costado cambiar de chivo expiatorio? Sin el reportaje de marras, el montaje judeo-modernista estaría igual en todo su rabioso esplendor. Monseñor Williamson fue la ocasión y la excusa, el pretexto y la coartada. El objetivo era y es mantener en permanente estado de sospecha, de culpa y de marginación a todo lo que represente al Tradicionalismo Católico.

Algunos, movidos por la más noble preocupación, han visto en las declaraciones de Monseñor Williamson un obstáculo para que el Papa pudiera seguir adelante con sus intenciones restauradoras, ya no de los cuatro obispos en apuros canónicos sino de lo que ellos representan desde el punto de vista del resguardo del magisterio tradicional. Pero por lo que llevamos dicho, no sólo es injusto convertir a Monseñor Williamson en un obstáculo —porque desde el instante en que así lo han presentado, artificial e insidiosamente, él no ha hecho otra cosa más que poner la otra mejilla— sino que clama al cielo escamotear a los verdaderos obstaculizadores que se muestran desfachatadamente en centenares de declaraciones judeo-modernistas. Que ante este obstáculo real y concreto —un verdadero montaje internacional contra la Tradición— nada se diga, intramuros o extramuros romanos, es lo verdaderamente preocupante e irritativo. Cambiando la premisa clásica de Tertuliano, se nos quiere hacer creer ahora, que ya no la Sinagoga sino Monseñor Williamson en un reportaje televisivo, es la causa de todos nuestros males.

Quienes en vez de defenderlo a capa y espada —no tanto por la literalidad de lo que dijo, sino por lo que representa y encarna el que haya osado, y el que por eso mismo quieran exterminarlo los honorables criminales de paz—, quienes en vez de sostenerlo, reiteramos, lo han llevado al convencimiento de que debe humillarse hasta el anonadamiento, removiéndolo de sus funciones, se confunden si creen que pueden hacerlo en nombre de la prudencia, de los arreglos temporales, o sencillamente porque lo que debería retractar no es una verdad de Fe. Lo que en el fondo está en debate aquí, encarnado en la figura de este Obispo, no es si existieron o no las cámaras de gas; es si a partir de ahora son los judíos o es la Jerarquía Católica la que manda en la Iglesia y decide la suerte de sus hijos, de su magisterio y de su teología dogmática. Si es el báculo recio del Vicario de Cristo el que tiene que resonar imperativamente entre los fieles, o el cotorreo pérfido de los que siguen vociferando: “¡No queremos que Éste reine sobre nosotros!”. Una vez más lo repetimos: es la integridad del Antiguo y del Nuevo Testamento lo que nos moviliza; no el Manifiesto del NSDAP.

Hemos escuchado y leído decenas de veces el fatídico reportaje que convirtió a Monseñor Williamson en un paria, y al caso que él encarna en un casus belli internacional en el que los litigantes y fiscales se amontonan para castigarlo, pero nunca para debatir académicamente lo que sostuvo. Es curioso. Se trata literalmente de un puñado de palabras racionales, mesuradas, matizadas, dichas sin el menor compromiso con una ideología y sin el mínimo asomo de odio racial o religioso. Sólo una hipocresía de inspiración satánica, y un plan maldito de idéntico origen, pudo convertir ese manojo de serenas, acotadas y eventuales reflexiones históricas en la piedra de escándalo para poner en entredicho la decisión pontificia a favor de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, por un lado, y el derecho del Tradicionalismo a pertenecer a la Iglesia, por otro.

La reacción de Roma fue la peor de todas. Con fecha 4 de febrero de 2009, la Secretaría de Estado del Vaticano hizo público un Comunicado que, en la parte que nos concierne dice: “Las posturas de monseñor Williamson sobre la Shoah son absolutamente inaceptables y firmemente rechazadas por el Santo Padre, como él mismo ha recordado el 28 de enero pasado, cuando, refiriéndose a aquel salvaje genocidio, reafirmó su plena e indiscutible solidaridad con nuestros hermanos destinatarios de la Primera Alianza, y afirmó que la memoria de aquel terrible genocidio debe inducir a «la humanidad a reflexionar sobre el poder imprevisible del mal cuando conquista el corazón del hombre», añadiendo que la Shoah permanece «para todos como advertencia contra el olvido, contra la negación o el reduccionismo, porque la violencia hecha contra un solo ser humano es violencia contra todos». El obispo Williamson, para ser admitido a las funciones episcopales en la Iglesia, deberá también tomar de modo absolutamente inequívoco y público distancias a sus posturas sobre la Shoah, desconocidas por el Santo Padre en el momento de la remisión de la excomunión”.

Es una declaración de pésima factura doctrinaria y prudencial, que en vano se podrá atemperar adjudicándosela al Secretario de Estado, mientras desde instancias más altas se la refrende, sea tácitamente, por omisión de rectificaciones, o con hechos concretos.

Se trata, en rigor, de la puesta en práctica de un nuevo juramento que sustituye al ya tristemente dado de baja en 1967, y que impusiera en 1910 San Pío X en el Motu Proprio Sacrorum Antistitum. A partir de ahora no es contra “el conglomerado de todas las herejías” que los religiosos deben jurar rechazo y animadversión, sino contra el “negacionismo”, ridículo efugio de la neoparla hebrea para calificar bajo tal mote a todo aquello que ose poner en discusión racional la amañada versión preponderante del “holocausto”, con su doble mitología, la histórica y la teológica. Y a partir de ahora, repetimos, Monseñor Williamson y todo aquel que quiera “ser admitido a las funciones episcopales en la Iglesia”, deberá hacer profesión pública de que admite y tiene por válida esta flamante dogmática, incorporada al Syllabus, en tiempos en que este glorioso vademécum de las heterodoxias condenables ha cedido su lugar a la libertad irrestricta de pensamiento.

Las nuevas y escandalosas declaraciones del Padre Federico Lombardi —director de la Oficina de Información de la Santa Sede, recordémoslo— no hacen sino ratificar hasta qué punto las autoridades romanas se han decidido a conferir carácter dogmático al antinegacionismo. En efecto, el viernes 27 de febrero de 2009, la precitada Oficina hace público un comunicado, en el cual —a la par que rechaza las disculpas ofrecidas por Monseñor Williamson, teniéndolas por insuficientes— le ordena que, de acuerdo “con las condiciones establecidas por la nota de la Secretaría de Estado del 4 de febrero de 2009, tendrá que tomar de modo absolutamente inequívoco y público distancias a sus posturas sobre la Shoah”. No encontramos palabras para calificar tamaña obsecuencia al poder judío, tamaña falta de caridad para con el derrumbado Monseñor Williamson, y tamaña osadía como para configurar de hecho este nuevo juramento antinegacionista, a todas luces contrario a la verdad histórica y teológica, y funcional en todo a la estrategia israelita de victimización perpetua.

Ni con el tema de la Inquisición se llegó tan lejos. Urgido Juan Pablo II tras la Memoriali Domini a que aquel Santo Tribunal fuera condenado enérgicamente, el Papa respondió creando una Conferencia Internacional de Estudios, en 1998, asesorada por tres Cardenales y presidida por el Profesor Agostino Borromeo. Seis años después, un enorme volumen titulado precisamente La Inquisición, recogía los resultados de aquellos académicos e investigadores, llegando a la conclusión de que la vilipendiada institución “está lejos de ser como opinan los enemigos de la Iglesia”. Al “Holocausto”, en cambio, no se le puede conceder este rango de objeto de estudio. Por eso, no nos equivocamos cuando llamamos “irreflexiva” a la decisión de incorporarlo, de facto, al Símbolo de los Apóstoles, con un status cuasi dogmático, que no se trepidó, por ejemplo, en rechazar para la creencia en el limbo.

Extraño caso el de la Santa Madre Iglesia. No se conoce otra religión con una legítima estructura jerárquica bimilenaria, en la cual, agentes externos, y tradicionalmente tenidos por impugnadores de la Fe que esa estructura jerárquica preserva, le indiquen imperativamente a quiénes se puede canonizar, qué oraciones se deben rezar en los oficios cuaresmales, cómo y bajo cuáles formas se han de aplicar sanciones y des excomuniones, y al fin, en qué nuevos dogmas habrá que depositar la certeza a priori e inconcusa como conditio sine qua non para pertenecer al rebaño, ser “admitido a las funciones episcopales” y, perseverando mansamente en esa línea, tal vez, algún día, alcanzar la salvación eterna.

Y extraño caso además, el de esta Iglesia, que asfixiada y coaccionada por estos agentes externos —repetimos: tradicionalmente tenidos, y con razón, por impugnadores de su doctrina— los convoca para darles satisfacciones, concesiones y aún perdones, pero no recibe de ellos gesto equivalente alguno sino mayores e insolentes destemplanzas. Cuando el 12 de febrero, el Santo Padre convocó humildemente a su sede a las autoridades de la Fundación Judía “Appeal of Conscience”, y —tal vez a los efectos de descongestionar tanto entredicho— llamó a los israelitas ya no “hermanos mayores” sino “padres en la Fe”, Arthur Schneier, presidente de la entidad invitada le dijo textualmente: “Las víctimas del Holocausto no nos han dado el derecho de perdonar a los culpables ni a los que niegan el Holocausto”. Y cuando Monseñor Williamson, acosado hasta el límite de sus fuerzas, en soledad absoluta y bajo la presión de quienes debieron respaldarlo, escribió el 26 de febrero, al llegar a Londres: “A todas las almas que quedaron honestamente escandalizadas por lo que dije, ante Dios, les pido perdón”, contestó inmediatamente el vicepresidente del Consejo Central de Judíos en Alemania, Dieter Graumann, diciendo que no aceptaba (la petición) del perdón. Otras cabezas rabínicas emularon su actitud.

¡Ellos, los deicidas, los criminalistas rituales, los responsables de homicidios innúmeros, los martirizadores de pueblos cristianos, los apedreadores de Esteban y los acuchilladores del Santo Niño de la Guardia, los cruentos despojadores de Palestina, los recientes invasores de Gaza a sangre y fuego…! ¡Ellos, los carceleros de los soviets, los instigadores de las chekas, los verdaderos dueños de los gulags, los sicarios de San Simón de Trento, los crucificadores de San Guillermo de Norwich, los que hace dos mil años gritaron crucíficale al Justo entre los justos… Ellos, los sepulcros blanqueados, los hijos del homicida desde el principio, los que por dentro están llenos de huesos de muertos y de podredumbre (Mt. 23, 27-24), no pueden perdonar ante quien se prosterna para pedirles un perdón que no merecen ni corresponde ni cabe! Qué razón tenía el Padre Castellani cuando decía que “si se hacen manteca los leales, se salen de la vaina los protervos”. Qué razón mayor tenían los honrosos hermanos Lémann, cuando ya conversos y sacerdotes ambos, se dirigían a los aún circuncisos de cuerpo y de alma para asegurarles que un día, en reparación de sus muchas ignominias, tendrán que acercar sus labios a las llagas de Cristo, y dejar caer sobre ellas torrentes de lágrimas.

(…/…)

Antonio Caponnetto

http://www.revistacabildo.blogspot.com/

el enemigo avisa sobre SU triunfo…

Noviembre 14, 2009 por axel

Leemos en blogbis, un blog de Argentina, un interesante aviso de Gaddafi sobre el futuro de Europa. Se supone que no

pretende mentir y quizás sí provocar derrotismo. En todo caso, copiamos lo que escribe Raquel Reznik:

 

‘Alá proveerá la victoria del Islam en Europa’, ha afirmado recientemente el líder libio Muhammar Al-Gaddafi.
El Islam crece, y todavía crecen más los fanáticos del Islam, los fieles muy devotos y creyentes muy fervientes dispuestos a la Yihad.
Eso alegra a los corazones de los resentidos contra la civilización occidental, los izquierdistas y los relativistas éticos y multiculturalistas.

Pero su odio contra Occidente no les deja ver ni entender que ellos serán las primeras víctimas del totalitarismo islámico.

Dentro de un par de décadas -o antes- existirá una mayoría musulmana en Europa.
Y eso que se adaptan y se integran es completamente falso.
Los inmigrantes musulmanes se reproducen con frenesí conservando sus mañas, mientras que las europeas boludean y se envenenan con anticonceptivos y demás.

No es necesario que los islámicos hagan la guerra en Europa, sólo tienen que esperar un poquito, y a otra cosa mariposa.

9 november 1923/ 9 november 1938 / 9 november 1989

Noviembre 10, 2009 por axel

AÑO TRAS AÑO, LA MISMA MENTIRA
Por Antonio Caponnetto
La Noche de los Cristales Rotos

El próximo lunes 9 de noviembre —si la ira justiciera de Dios no dispone lo contrario— la Iglesia de Santa Catalina de Siena, de nuestra Ciudad de Buenos Aires, sufrirá un gravísimo agravio, como lo padeciera la Catedral Metropolitana en años anteriores, ante las mismas circunstancias.  Para que el dolor resulte aún más lacerante, los primeros responsables de tamaña profanación serán nuestros propios pastores.

Se trata de una falsa celebración ritual que se ha vuelto pecaminosa e impune costumbre. La Arquidiócesis de Buenos Aires, por un lado, mediante su Comisión de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso; y la tenebrosa B’Nai B’rith por otro, co-celebrarán una “liturgia de conmemoración” en el “un nuevo aniversario de la Noche de los Cristales Rotos”. Tamaño oficio religioso —según lo anuncia regularmente la invitación oficial de rigor— suma, además, los auspicios y las adhesiones de una diversidad de instituciones judaicas, unidas todas con la jerarquía católica nativa para “honrar y recordar” a las víctimas de “los nazis” que “en la noche del 9 de noviembre de 1938, profanaron y destruyeron más de 1000 sinagogas, mataron a decenas, encarcelaron a 30.000 judíos en campos de concentración [saqueando] negocios y empresas”. El convite oficial correspondiente al 2009, por su parte, agrega que el episodio recordado “significó el inicio de la Shoa […] que llevó a la muerte a más de seis millones de judíos, entre ellos un millón y medio de niños” (Cfr.AICA, 3-XI-09); esto es, el mito completo y canonizado, presentado con la misma categorizacion dogmática de siempre, contra las más elementales reglas de la estadística demográfica objetiva.

El hecho, por donde se lo mire, constituye una mentira infame y una abominación que clama al cielo.
Sucesión de imposturas

Mentira es que se acuse, sin más, a los nazis, de los luctuosos y reprobables hechos conocidos como la Kristallnacht o Noche del Cristal, repitiendo por enésima vez la versión institucionalizada por la propaganda sionista, el aparato soviético y las usinas aliadas, ya varias y científicas veces rebatida en sólidos trabajos como los de  Ingrid Weckert, “Crystal Night 1938 ”, o “Flash Point, Kristallnacht 1938. Instigators, victims and beneficiaries”.

Mentira es que se oculte el asesinato, a manos del judío Herzel Grynszpan, del diplomático alemán Ernst von Rath, cuya alevosía —sumada a otras acciones judaicas de similar tono— motivó la reacción violenta contra los israelitas aquella noche trágica y condenable. Mentira es que se calle la evidente responsabilidad —tanto en el crimen de otro funcionario alemán, Wilhelm Gustloff, como en el aprovechamiento político de los desmanes— de la siniestra Ligue Internationale Contre l’Antisémitisme (LICA), sobre cuyo mentor Jabotinsky podrían escribirse páginas de negras acusaciones.

Mentira es que se silencien las fundadas sospechas de la provocación intencional de este pogrom por la mencionada LICA, eligiéndose cuidadosamente para su estallido la noche del 9 de noviembre, fecha emblemática en la historia del Partido Nacionalsocialista. Mentira es que se escamoteen arteramente los repudios públicos y privados, enérgicos todos, de los principales dirigentes nacionalsocialistas a aquella jornada de desmanes y tropelías, que incluyen declaraciones de Goebbels, Himmler, Hess y Friedrich de Schaumburg; así como órdenes expresas de reponer el orden y de castigar a los culpables, a cargo del mismo Hitler, de Viktor Lútze, jefe de las S.A, y del precitado Goebbels, en su famoso discurso de la madrugada del 10 de noviembre. Mentira es que se omita el Protocolo del 16 de diciembre de 1938, firmado por el Ministro del Interior de Hitler, Dr. Whilhelm Frick, repudiando tajantemente el criminal atropello, no sin analizar seriamente sus reales motivaciones.

Mentira es que se hable de “1000 sinagogas destruidas”, cuando no llegaron a 180, a manos de una chusma incalificable, y de “30.000 judíos encarcelados en campos de concentración”, cuando 20.000 fueron los detenidos para su propia protección, y liberados pocos días después de aquella demencia nocturna, según consta en el Informe de R. Heydrich del 11 de noviembre de 1938, aceptado en el “juicio” de Nuremberg.  Mentira canallesca,al fin, la que se asienta en el anuncio oficial de la invitación al recordatorio, y según la cual “el mundo se mantuvo en silencio”. En el mundo entero no se habló de otra cosa que de la supuesta barbarie germana, movilizándose más de 1500 diarios en 165 países, como bien lo relata Salvador Borrego. Hasta tal punto que con razón pudo decir Schopenhauer que “si se le pisa un pie a un judío en Francfort, toda la prensa, desde Moscú hasta San Francisco, levanta vivas manifestaciones de dolor”.

Como consecuencia de la trágica noche –cuyo vilipendio no dejamos de subrayar- consiguiéronse ipso facto ventajosos acuerdos de emigración para los judíos alemanes hacia Palestina, lo que se consumó ese mismo año 1938, con un número aproximado de 117.000 hebreos.  El mismo Hitler envió a Hjalmar Schacht a Londres para que gestionara la recepción de 150.000 judíos, mientras el presidente Roosevelt reunió en Evian-les-Baine a representantes de 32 naciones para organizar la preservación de los hebreos.

Los tres objetivos sionistas se habían cumplido con creces: la difamación sin retorno del régimen nacionalsocialista, el principio del movimiento internacional que llevaría a la caída del Tercer Reich, y el abandono de su tierra natal, Alemania, de los israelitas allí radicados, trazándose cuidadosamante el plan de ocupar Palestina. ¿A quién benefició aquella noche de sangre y fuego? ¿Quiénes la tramaron realmente, si los más destacados jerarcas del Nacionalsocialismo se quejaron amargamente de la misma y ordenaron su inmediato cese?
Defendamos la Verdad

Somos católicos, y se nos crea o no, lo mismo da, nuestras espadas no se cruzan por defender una ideología sobre la cual han recaído oportunas, legítimas y sucesivas reprobaciones pontificias. Pero por modestos y mellados que puedan estar nuestros aceros, saldrán siempre en defensa de la verdad histórica, de los vencidos de 1945, a quienes ningún alegato en su defensa se les permite. Y saldrán siempre en repudio y en ataque de la criminalidad judaica, por cuyas víctimas, que suman millones —sí, decenas de millones— no hay un solo obispo viril que quiera rezar un sencillo responso.

Mentiras múltiples, por un lado, decíamos. Pero abominación que clama al cielo, por otra. Y esto es lo más desconsolador, porque peor que la falsificación del pasado es la falsificación de la Fe. Lo primero es oficialismo historiográfico y puede tener el remedio del buen revisionismo. Lo segundo es la entronización del Anticristo y sólo hallará el remedio definitivo con la Parusía.

En efecto; nada les importa a los obispos que las entidades judaicas con las que se unirán en esta parodia litúrgica, tengan un amplio y ruinoso historial de militancia anticatólica. Nada les importa que la B’nai Brith sea sinónimo documentado de malicia masónica, mafia mundial, ideologismo revolucionario y plutocratismo expoliador y artero. Nada les importa si una de esas instituciones, el Seminario Rabínico Latinoamericano, amén de su frondoso prontuario sionista y marxista, ostente con insolencia el nombre público de Marshall Meyer, conocido y castigado otrora por su flagrante inmoralidad. Nada les importa que uno de los co-celebrantes de la parodia ritual, junto con el inefable Padre Rafael Braun, sea el Rabino Alejandro Avruj, Diretor Ejecutivo de Judaica, organización que se exhibe ostensiblemente “en red” junto con JAG (Judíos Argentinos Gays) para propiciar públicamente las uniones “maritales” entre degenerados (cfr. http://jagargentina.blogspot.com , y Agencia Judía de Noticias, 30-6-08). Nada les importa a estos pastores devenidos en lobos, que todas y cada una de estas entidades, hoy llamadas a una concelebración farisea y endemoniada, hayan sido y sean la prueba palpable del odio a Cristo, a su Santísima Madre y a la Argentina Católica.
La herejía judeo-cristiana

No; lo único que les importa es consolidar la herejía judeo-cristiana, convertirse en sus acólitos y adalides, y exhibirse impúdicamente ante la sociedad, no como maestros de la Verdad, crucificados por ella, sino como garantes del pensamiento único, tramado en las logias y en las sinagogas. Bergoglio el primero, y tras él sus diversos heresiarcas —más o menos activos o pasivos, acoquinados o movedizos— no quieren ser piedra de escándalo ni signo de contradicción, ni sal de la tierra y luz del mundo. Quieren ser funcionarios potables a la corriente, empleados dóciles de la Revolución Mundial Anticristiana.

Dolorosamente hemos de acotar —como hijos sufrientes y perplejos de la Santa Madre Iglesia— que en tal materia, el mal ejemplo llega de la misma Roma, desde donde parten y se extienden las más innecesarias majaderías y adulaciones a los deicidas. Empezando por la más grave de todas, cual es precisamente la de exculparlos del crimen del deicidio, renunciando a su conversión.

Nuestro respeto es sincero y creciente por los tantos Natanaeles, en cuyos corazones no hay dolo, según lo enseñara el Señor. Nuestra veneración es mayúscula hacia aquellos que, como los gloriosos hermanos Lémann, Sor Teresa Benedicta de la Cruz, el inmenso Eugenio Zolli, o nuestro cercano Jacobo Fijman abandonaron las tinieblas para arrodillarse contritos —victoriosos en su metanoia— ante la majestad de Cristo Rey.

Pero nuestra guerra teológica sigue siendo sin cuartel y declarada contra este sincretismo indigno, ilegítimo y herético, cuyos fautores eclesiásticos —ya hueros de todo temor de Dios y de toda genuina fe neotestamentaria— no trepidan en ofrecerles a los enemigos de la Cruz  uno de los templos más emblemáticos de la Ciudad, otrora llamada de la Santísima Trinidad. Hospitalarios con los perversos para celebrar la mentira, quede marcado para ellos el estigma irrefragable de quienes traicionan el Altar del Dios Vivo y Verdadero.
Decírselo en la cara

En la Homilía pronunciada durante la Misa Arquidiocesana de Niños en el Parque Roca, el pasado 24 de octubre, entre murgas y marionetas gigantes -según la noticia oficial- el Cardenal Primado, con esa facilidad ilimitada que posee de aplebeyarlo todo, les dijo a los pequeños: ”Nunca le saquen el cuero a nadie. Si ustedes le tienen que decir algo a alguien, se lo dicen en la cara”.

Se lo estamos diciendo en la cara, Eminencia, pero ¿cuál es la parte que no entiende? ¿Qué no se puede cometer sacrilegio, que no se debe homenajear una mentira, que no es posible la unidad de los opuestos y la coyunda con los enemigos de la Cruz, que no se debe permitir la concelebración de un ritual mendaz entre un modernista cripto judío y un hebreo  promotor de la contranatura, que es inadmisible profanar un antiguo templo porteño para cultivar la obsecuencia con el poder judaico? ¿Cuánto más cara a cara tenemos que seguir proclamando estas dolientes verdades para que sean inteligidas?

Con palabras eternas del Evangelio les llegue, a los intrusos del lunes 9 de noviembre y a quienes les abren las puertas, la admonición jamás periclitada: “¡Matásteis al Autor de la Vida, crucificásteis al Señor de la Gloria!”.

Con palabras veraces seguiremos repitiendo lo que todos cobardemente callan: el único holocausto de la historia, lo tuvo a los judíos por víctimarios y a Nuestro Señor Jesucristo por víctima inmolada.

Con palabras de Santa Catalina de Siena –la dueña de casa del Convento que profanarán estos malditos-  repetiremos en alta voz: “Gracias, gracias sean dadas al Dios Soberano y Eterno, que nos ha colocado en el campo de batalla para luchar como valientes caballeros por Su Esposa, con el escudo de la Santa Fe”

Con palabras del martirologio seguiremos proclamando:Cristo Vence, Cristo Reina Cristo Impera.¡Viva Cristo Rey!

http://radiocristiandad.wordpress.com/2009/11/08/antonio-caponnetto-ano-tras-ano-la-misma-mentira/

Ignacio Enlace permanente

Veo con preocupación, por un lado, la actitud valiente del autor del artículo al denunciar las mentiras acerca de los hechos históricos, la indignación por semejante celebración y la amonestación a todos los obispos acerca de la falta de virilidad en la defensa de la fe, pues nada les importa ya. Pero por otro lado, al autor no dice que esta actitud y esta celebración es consecuencia de una celebración y de una actitud superior, que es la judaización de la iglesia llevada a cabo por la Roma Conciliar y Modernista. Por ejemplo: en el Concilio Vaticano II, el misal de la nueva misa (a la cual asiste el autor del artículo) reemplazó la estructura sacrificial del misal tradicional (oblación, inmolación, consumación) por la de la comida judía: berakah (bendición de los alimentos, acción de gracias conmemorativa, fracción del pan y manducación). Así, en el ofertorio de la nueva misa (a la que asiste el Sr. Caponetto), se dirán las oraciones tomadas en parte, palabra por palabra, a la bendición judía de la mesa ¿no debería ser también motivo de indignación?. Además, la iglesia oficial (el Papa anterior) ha ido a la sinagoga y recientemente (el Papa actual) ha ido al muro de los lamentos, etc. y nada se dice. ¿Porque indignarnos recién cuando la sinagoga va a la iglesia oficial?.
¿Que reacción habrá cuando en el 2010 el actual Papa visite la sinagoga?.
Mientras tanto, como es palpable y notorio, la reacción de la FSSPX está reducida al silencio, entreteniéndosela con interminables coloquios.
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ntiratzinger Enlace permanente

La Alemania nazi todavia en los años 30 hacian gala de ser unos “caballeros prusianos” que luchaban contra el enemigo “judeo-bolchevique” ademas de ayudar claramente al regimen de Franco a ganar la guerra en España.
Precisamente por eso LA NOCHE DE LOS CRISTALES ROTOS espanto al mundo entero por su terrorismo callejero contra los locales comerciales de pobre gente,supuestamente judia.Creo que la verguenza fue tal que HASTA LAS PROPIAS AUTORIDADES ALEMANAS tuvieron que reprimir los ataques de los jovenes fanaticos y gamberros de “camisa parda”.

Los dueños de los locales atacados llamaron a la policia.

No hay que olvidar que EL HOLOCAUSTO y la deportacion masiva de judios a Auschwitz fue ilegal hasta para las propias leyes alemanas…Auschwitz fue terrorismo de Estado y mantenido en secreto porque la poblacion alemana no lo sabia.Solo habia rumores.

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Nota de HURANIA: La ironía de la Historia hace que se repita una misma fecha, aunque con signo político diferente.

Quizás aquí no se trata de “casualidades”, que no existen, sino de un plan cuyo diseñador escapa a nuestra inteligencia sólo humana. Quizás en la DDR se permitió (por Gorbachov y los superpoderes que le apadrinaron)  “la caída–que no cayó, sino que fue derribado– del Muro” para dar paso a nuestro actual mundo globalizado… Los “líderes” que anoche hablaron en la Puerta de Branderburgo se “olvidaron” de mencionar al “comunismo” e hicieron hincapié en la abolición de fronteras a los que ellos llamaron “otros muros”. Es decir… dar paso hacia un gobierno mundial…  ¿de la ONU?, por ejemplo…

los alemanes sudetes, otra vez victimados

Octubre 25, 2009 por axel

CHEKIA 45

Hace días ha saltado a la actualidad un tema casi olvidado: la población alemana  que tras la desmembración de Austria-Hungría se encontró de repente viviendo en nuevos estados como Checoslavaquia:

Leemos en el blog Nueva Europa-Nueva Eurabia: que “para el presidente checo, Václav Klaus, quien quiere que  antes de la ratificación de del  Tratado de Lisboa ,  se produzca la legitimación de los asesinatos en masa y la expulsión de alemanes de los Sudetes como  una “excepcional explicación” de la Carta de los Derechos Humanos .”

“Así, por estos  decretos unos 2,9 millones de alemanes fueron  declarados enemigos del Estado, se les quitó la nacionalidad checa, expropiados, y “expulsados por la fuerza. El monto de lo confiscado por la checos, mas los productos alemanes y húngaros y las granjas tenían un pre-valor antes  de la guerra de 100 millones de coronas checas.”

En la expulsión en masa cerca de 250.000 personas murieron. Civiles checos , los paramilitares, y también el ejército cometieron atrocidades indecibles contra alemanes y húngaros, mujeres y niños. Los autores fueron, sin embargo, a causa de la famosa “ley de amnistía N º 115″, 8 de Mayo de 1946 no procesados, así, el asesinato en masa “se ha legalizado”. Algunos expertos, sin embargo, llegaron a la conclusión de que la expulsión y asesinato de los alemanes de los Sudetes en 1945/46 satisfacen el delito de “genocidio”. Esto sigue siendo todavía muy controvertido.

Por otra parte, en el diario de Madrid “El Mundo“  (23 oct 09) se informa que Chequia “ratificará el Tratado de Lisboa”:

Su rúbrica llegará, en cualquier caso, a cambio de una declaración del Consejo de los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete, que la semana próxima aprobarán la excepción para la antigua Checoslovaquia de la Carta de Derechos Fundamentales, en particular del artículo sobre la propiedad que reconoce la obligación de indemnizar a las víctimas de expropiaciones indebidas, como la que sufrieron los sudetes alemanes tras la Segunda Guerra Mundial.

Para la canciller alemana, Angela Merkel, será especialmente duro aceptar una demanda extemporánea de Klaus y que, además, indirectamente justifica los decretos Benes, las normas raciales que expulsaron a la minoría germana y húngara de la extinta Checoslovaquia entre 1945 y 1947.

el “laicista” da un sermón en la gran mezquita de Damasco

Octubre 15, 2009 por axel

El diario “El Pais” (Madrid, 15 de octubre de 2009), al informar de la gira por Oriente Medio del presidente del Gobierno de España, Sr.  Rodríguez –conocido por su adhesión a la Alianza de las Civilizaciones promovida por Turquía e Irán– publica una  reseña de lo que llama “El sermón de la mezquita”:

ZP EN LA MEZQUITA

El sermón de la mezquita

Zapatero expuso ayer en la Gran Mezquita de los Omeyas, ante un auditorio formado por los fieles que atiborraban el templo, sus ideas sobre la Alianza de Civilizaciones. La oportunidad se la ofreció el imán que le dio la bienvenida. Zapatero le respondió que traía desde España “un mensaje de diálogo, entendimiento, tolerancia y cariño al pueblo sirio”. Y agregó, de forma improvisada: “Todas las religiones, culturas y naciones tienen que intentar convivir en paz”. Luego expresó su deseo de que las plegarias sirvan para “llevar la paz a todas las regiones del mundo”.

Nota de HURANIA: En las mezquitas está prohibido a los “fieles”  pisar el suelo sin descalzarse, pero a los “infieles”, en ocasiones, cuando se les permite la entrada, se les sugiere que envuelvan los zapatos en fundas especiales para evitar que  sus pies contaminen el “sagrado lugar” de los “creyentes” en el “Profeta”.

Al día siguiente, este viajero “laicista” tiene previsto visitar en Jerusalem el llamado “Museo del Holocausto”, museo que recibió el premio Principe de Asturias de la Concordia en el año 2007. Es de suponer que no visitará ningun templo cristiano ni ninguna sinagoga, dado que el citado museo hace las veces de centro de una nueva religión, la religión de la “Shoa”.

una crítica visión de una religión del Libro

Septiembre 19, 2009 por axel

En la respuesta de europa  (13 sept 2009) hemos leído la siguiente crítica, cuyas tesis ni asumimos ni rechazamos; creemos que lo que escribe Manu Rodríguez bajo el titular de “el islam sin velo” (es decir, desvelado, al descubierto). es de máximo interés y de actualidad, sobre todo en esta etápa de decadencia generalizada, sobre todo desde la guerra civil europea de 1939-1945. Este es el texto íntegro:

A propósito de ‘El Islam sin velo’, texto recientemente publicado (2009) por Nazanin Amiriam y Martha Zein.

Manu Rodríguez. Desde Europa. 16-08-09

*El título debería ser ‘el Islam medio desvelado’ (como nos sugiere la ilustración de su cubierta superior).
Yo usaría tal título para la obra de Ibn Warraq, ‘Por qué no soy musulmán’. Ésta obra sí que desvela al Islam.
¿Es un libro inocente? ¿Diabólicamente inocente, quiero decir? ¿Son conscientes sus autoras de su ambigüedad?
Tiene todas las trazas de ser un texto de propaganda musulmana que aprovecha los aspectos menos violentos o represivos de su ámbito de dominio para seducir a los ‘infieles’ (en nuestro caso, a los ingenuos europeos). No todo es represión, viene a decir. Es la manzana envenenada que ofrece la bruja a Blancanieves. La patita enharinada que asoma el lobo por debajo de la puerta.
También los cristianos europeos publicaron hace tiempo algo sobre ‘la risa en la Biblia’… pero esa poca risa que allí se encontraba era desmentida constantemente por los exabruptos del dios de los ejércitos. Y otro tanto sucede en el Corán con el poco sexo o la poca alegría que allí se pudiera encontrar.
*El texto, hay que decir, se enmarca dentro de la ‘yihad’. El esfuerzo, la lucha por expandir, por propagar el Islam. ‘Dawa’, proselitismo pacífico. El discurso de Mahoma se ha de extender por todo el planeta.
La violencia contra Europa y Occidente. La guerra, la yihad. Los atentados suicidas. La reivindicación de los territorios que una vez fueron islámicos. Que la fiebre islámica no descansará hasta la islamización del planeta. Que, para conseguir tal fin, todos los medios son legítimos. Carta libre, pues, a la violencia y al engaño. Todo eso queda sordamente legitimado (‘in boca chiusa’).
*Los musulmanes no comprenden cómo, al conocimiento de su discurso (que Mahoma es el último profeta y todo lo demás), la gente no se hace musulmana de inmediato. Su lógica ‘aplastante’. Se sienten incluso ofendidos. La indiferencia al respecto que encuentran a su alrededor, los confunde. Sucede que la gente hace ya tiempo que vive fuera del discurso judeo-cristiano-musulmán y de sus profetas y profecías. Fuera de toda esa patraña, de la impostura judeo-cristiano-musulmana.
Es el Islam el que ofende con su prédica rancia en el corazón de Europa. Con su particular guerra, fría o caliente, contra el ‘infiel’; contra el otro, cualquiera que éste fuese. Trasnochados. Peligrosos.
*La peligrosa megalomanía islámica –de los creyentes. Véase este fragmento en p. 184: ‘Puede suceder que algunos jóvenes musulmanes vivan en pacíficas ciudades occidentales conmovidos por el sufrimiento afligido (sic) a sus correligionarios en otros lugares por quienes consideran invasores. A esta situación se añade la humillación que sienten por las frecuentes discriminaciones racistas, de modo que el dolor se interioriza. Convencidos de que su fe y su modo de vida es supremo y superior al de sus adversarios, entran en una situación límite. Este cúmulo de conflictos emocionales e idearios se les vuelve demasiado grande como para resolverlos en la intimidad de su reflexión, por lo que algunos deciden partir hacia ‘allá’ para hacer algo grande, impedir lo que para ellos ya adquiere la entidad de ‘aplastante derrota’, y lo hacen con todos los medios a su alcance’. A propósito de atentados suicidas, yihad y demás. Adviértase el lenguaje, cómo se va de las ‘pacíficas ciudades occidentales’ al ‘adversario’. ‘Convencidos de que su fe y su modo de vida es supremo y superior…’ ¡Por favor!
Sólo si jugamos su juego. Sólo si aceptamos la ‘teoría profética’ del propio Mahoma, que se considera a sí mismo el último de una serie de enviados o mensajeros del dios de la tradición judía y la posterior cristiana (Mahoma piensa en Moisés y Jesús, básicamente). Se ignora absolutamente el resto de las tradiciones culturales. Si no están dentro del discurso judeo-cristiano, no valen nada. Su mensaje se dirige, pues, sólo a ‘los pueblos del libro’, como se dice, a los judíos y a los cristianos. (El Corán está lleno de referencias a personajes bíblicos). Sólo dentro de este discurso, de este ‘mundo’, un seguidor de Mahoma, un musulmán, ‘se considera superior a los fieles de otras creencias (en un entorno de judíos y cristianos, no se olvide)’. ‘Y si los musulmanes son intrínsecamente superiores por haber aceptado el Islam…’ (Giorgio Vercellin, Instituciones del mundo musulmán, p. 53-54). Ésa es la lógica.
*Judíos y cristianos, como se sabe, no aceptaron la ‘interpretación’ que hacía Mahoma de sus propias tradiciones religiosas. Esta interpretación las subordinaba a la suya. Estas tradiciones se consideran a sí mismas como cerradas. A la espera, tanto unos como otros, de un Mesías. Mahoma introduce en este discurso de ‘revelaciones’ monoteístas (Moisés, Jesús) la línea profética que a él conduce, y cierra astutamente esta serie de enviados. No habrá más, dice, ‘soy el último’.
Los judíos tampoco aceptaron, en su momento, la ‘revelación’ cristiana, que consideraba a su Jesús como el Mesías que los judíos esperaban; los subordinaba al discurso cristiano.
Los respectivos Mesías que esperan tanto judíos como cristianos, cumplirán las promesas de dominio que, sobre todos los pueblos, les hizo su dios. También a los musulmanes (a Mahoma) les prometió su dios que reinarían sobre todos los pueblos. Cada una de estas tradiciones se considera la única ‘revelación’ verdadera.
*La loca y criminal querella que sostienen entre sí judíos, cristianos y musulmanes por el dominio del mundo. ¿Cómo terminará esta historia maldita?
Entretanto, lo que sí han conseguido es que las tres cuartas partes del planeta estén dominadas, e implicadas, comprometidas, por el discurso judeo-cristiano-musulmán.
Han universalizado una historia étnica y local. Ese mundo, y ese conflicto, ¡ay!, se han extendido por todo el planeta.
*Los que no reconocen al último y definitivo enviado son ‘infieles’ que no merecen consideración alguna. Se les respeta, ciertamente, -bajo ciertas condiciones: en un medio donde domine el Islam, judíos y cristianos (como ‘gentes del libro’), han de reconocer la ‘superioridad’ del Islam y ‘acatar una serie de restricciones que los sitúa en inferioridad jurídica, fiscal y política frente a los musulmanes’ (Luz Gómez García, Diccionario de Islam e islamismo, art. ‘dimmi’). El resto de las culturas no tienen nada que decir en este asunto. Es básicamente, un conflicto de intereses entre judíos, cristianos, y musulmanes.
El resto de las culturas son paganas, sin más. Pertenecen a la era de la ignorancia (‘yahiliya’, en árabe). No cabe comparación alguna. O pertenecen a la línea profética que conduce a Mahoma, o son nada, o como nada. Esta actitud hacia las otras culturas es algo que los musulmanes tienen en común con judíos y cristianos.
A los pueblos paganos, pues, no les queda sino la sumisión (la islamización), o la muerte. Desaparecer. Éste ha sido el destino de innumerables culturas en el proceso de cristianización o islamización de buena parte del planeta. Comenzando por la cultura egipcia, la griega, la romana, la persa… La religión/cultura de estos pueblos puede ser destruida. Sus templos, sus santuarios, sus conocimientos, su sabiduría… Nada tienen que ver con el único discurso verdadero; con el dios único, y con la línea de profetas que conduce a Mahoma.
Hay que decir que la actitud ofensiva y hostil hacia el resto de las culturas comienza con la tradición judía. En la Biblia puede leerse sobre la violencia y la crueldad infligida a otros pueblos, incluso de su destrucción a sangre y fuego (en el nombre del dios, por supuesto). Esa actitud la heredaron sus ‘hijos’, los cristianos y los musulmanes (Jesús y Mahoma). Véanse las historias ‘criminales’ de sus respectivas expansiones. En África, Europa, Asia. Las culturas desaparecidas o inutilizadas. El genocidio cultural.
*Se diría que los creyentes son incapaces de salir del discurso lingüístico-cultural que, en su momento, les alienó. El uso de otras fuentes, de otros espacios. El texto se mueve, casi exclusivamente, en el ámbito de ‘los pueblos del libro’ (judíos y cristianos en primer lugar, a los que luego se añadieron los zoroastrianos).
*El zoroastrismo (o mazdeísmo) no tiene nada que ver con el discurso profético que sostiene Mahoma, queda fuera de sus márgenes. Otros serían los motivos que terminaron integrándolos en ‘la gente del libro’. También, y una vez en la India, el Islam extendió este concepto a budistas e hinduistas.
*Cuando, en el texto, se reivindica para el ámbito islámico la paternidad del heliocentrismo, o de la evolución. ¿Para qué? El heliocentrismo (desde Copérnico) y la evolución (desde Darwin) fueron para nosotros, los europeos, hitos en el camino hacia la liberación del tenebroso período de dominio de los sacerdotes cristianos en Europa, hacia la salida del laberinto judeo-cristiano-musulmán.
Pasemos por alto los insidiosos comentarios o las insidiosas comparaciones con el resto de las religiones de salvación (judaísmo y cristianismo, fundamentalmente); o incluso con otras ramas del Islam (los suníes). Contra la competencia. Es muy común en los textos apologéticos de estos creyentes. Así, desde el principio; cristianos contra judíos, musulmanes contra cristianos y judíos; pero también, cristianos contra cristianos, musulmanes contra musulmanes, y todos contra todos.
Las constantes comparaciones con la Europa ‘cristiana’… Amigas, esa Europa cristiana no existe. Hace tiempo que los europeos pasamos página de judíos, cristianos y musulmanes. Hace tiempo que salimos de la Edad media. Entretanto hemos tenido un Renacimiento, un siglo ilustrado, una Revolución francesa, un siglo XIX, una Revolución comunista… un siglo XX…
Asco de Edad media judeo-cristiano-musulmana.
*Esas tradiciones que se citan, y que son anteriores a la islamización de los pueblos, se han conservado no gracias, sino a pesar del Islam (el Nouruz, por ejemplo); es un disparate, a mi manera de ver, el convertirlas en su corona, precisamente, o en muestras de su ‘liberalidad’ y de su ‘pluralidad’.
Un Renacimiento entre vosotros, que no fuera un retorno a períodos islámicos, no puede ser otro que el renacimiento de vuestras culturas pre-islámicas (egipcia, persa…); sería el renacimiento de los ámbitos lingüístico-culturales dominados, sofocados por el Islam; como en nuestro caso lo fue el Renacimiento del mundo greco-romano con respecto al dominio ideológico de los sacerdotes cristianos. Tendríais que liberaros del dominio espiritual islámico, de la sumisión. Primero, un retorno a los verdaderos ancestros.
El salafismo (palabra que hace alusión a los ancestros) musulmán, por ejemplo, de Indonesia a Marruecos, no va más allá de los ancestros del tiempo de Mahoma, los primeros musulmanes (hasta el cuarto califa). En cuanto a los antepasados verdaderos, es como si nunca hubieran existido. Esto es algo terrible, pues son negados y borrados del árbol de la vida cientos de generaciones y siglos o milenios de historia (piénsese en Egipto).
*Hay que advertir que los pueblos cristianizados o islamizados son pueblos colonizados por culturas ajenas. Son globalizaciones, colonizaciones antiguos. Las generaciones presentes hemos olvidado estos sucesos. La alienación cultural viene de antiguo. Comenzando por el momento en que fuimos cristianizados o islamizados, rompiendo el nexo (involuntariamente las más de las veces) con las tradiciones ancestrales de nuestros pueblos y el vínculo con nuestros verdaderos antepasados. A partir de ese momento otros eran los antepasados sagrados, y otras las tierras sagradas, las lenguas sagradas, las tradiciones sagradas, los textos sagrados y demás.
Culturas europeas, africanas, asiáticas, americanas pre-colombinas… Extinguidas. Ramas del árbol de la vida, del árbol de los pueblos y culturas del mundo, arrancadas y echadas a la muerte y al olvido como si nunca hubieran sido.
*El germen religioso judío ha destruido todas las culturas de su entorno, a través del cristianismo primero, y a través del islamismo después. Culturas africanas, asiáticas, y europeas. Egipcios, fenicios, persas… griegos, romanos… El vórtice judeo-cristiano-musulmán amenaza con destruir todas las culturas autóctonas del planeta. ¿Cuántas han sobrevivido? Sin mencionar las culturas de pueblos cazadores-recolectores supervivientes, y remitiéndonos a las civilizaciones del neolítico (hasta la Revolución francesa), quedan tan sólo la India, China, y Japón; contaminadas, empero, por ideologías ya musulmanas, ya hinduistas, ya budistas.
La India también exportó ideologías religiosas universalistas sumamente destructivas (hinduismo y budismo), sus respectivas áreas de dominio afectan a numerosos pueblos (Tíbet, el sudeste asiático…) que perdieron sus tradiciones autóctonas y las vieron sustituidas por tradiciones hinduistas y/o budistas.
El área de dominio de la tradición judeo-cristiano-musulmana, así como de la hinduista y la budista, que ocupan casi la totalidad del planeta, son pueblos y culturas sofocadas, espiritualmente alienadas. Hombres y mujeres sin raíces, o con raíces espurias. Usados, instrumentalizados, enfrentados.
*¡Ay, pueblos dominados por el Islam, liberaos! Alguien, algo que os redima de vuestro ‘redentor’. Desprendeos del Corán, de Mahoma. De ese loco y criminal discurso en el que estáis metidos a vuestro pesar. Retornad a las fuentes ancestrales, a las autóctonas, a los espacios sagrados elaborados por vuestros verdaderos antepasados. Situaos primero en vuestro contexto ancestral. Retomad el hilo de vuestra propia historia. Egipcios, persas, indios, turcos, mongoles, indonesios, pueblos del Cáucaso, africanos… Retornad a las fuentes antiguas. Liberaos. Renaced.
Pero ¿qué tenéis que ver vosotros con la querella milenaria entre árabes y judíos? Es una querella fraternal, entre pueblos semitas. Han internacionalizado, han universalizado sus discursos mediante sus ‘exitosas’ ficciones religiosas; su encono mutuo, su odio y su rencor lo han extendido por todo el planeta. Shelley dijo en cierta ocasión, refiriéndose a los sacerdotes cristianos, que uno solo se bastaba para poner a la mitad del mundo en contra de la otra mitad. Pues bien, los sacerdotes de la tradición musulmana lo han conseguido. Han dividido y enfrentado al planeta. Los pueblos han sido obligados a tomar parte en esta monstruosa y demencial querella. El área islámica se opone a una supuesta área judeo-cristiana occidental.
Hay que decir que la iniciativa de este enfrentamiento y de esta hostilidad, en los momentos presentes, parte del ámbito islámico. Es el Islam el que habla de ‘aplastante derrota’, y de ‘adversarios’, y de ‘infieles’, y de ‘dawa’ o ‘yihad’.
Por lo demás, el área islámica y ese supuesto área judeo-cristiana, son pueblos extrañados de sus orígenes. Son pueblos alienados, culturalmente alienados, que padecieron en su momento un proceso de aculturación y enculturación ya cristiana, ya musulmana. Por encima de estos pueblos, a pesar de estos pueblos, esta querella, pues; se trata del predominio de lo judeo-cristiano (lo ‘occidental’ es una excusa), o de lo árabe.
*O el dios de los hebreos, o el de los árabes. O la verdad de Moisés, o la de Jesús, o la de Mahoma. Para los musulmanes se trata de la verdad de Mahoma. Porque la verdad de Mahoma es su verdad. Porque si Mahoma es nada, ellos son nada. Se juegan su sentido y su ser. Pero son un ser y un sentido espurios.
Los pueblos cristianizados o islamizados podrían recuperar su sentido y su ser ancestral. No tienen nada que perder, bien al contrario. Salir de la pesadilla judeo-cristiano-musulmana.
*No quisiera terminar estas observaciones sin agradecerle vivamente a Nazanin Amiriam todos los datos que sobre el ámbito persa pre-islámico nos proporciona. Ciertamente, el mundo persa no necesitaba el Islam. Nadie, ninguna cultura, ningún pueblo, en verdad, necesitaba el paranoico mundo judeo-cristiano-musulmán.
¿Cómo es que subordina, y aún más, sacrifica, la extraordinaria cultura ancestral de su pueblo a un pueblo otro, al pueblo árabe; a la ficción religiosa de un pueblo otro? ¿Por qué? ¿Por qué lleva la espada cuando habla del chiismo, de los suníes, de los cristianos, de los judíos? ¿Qué le va en ello a un/una persa? Cuando habla del Irán pre-islámico, sin embargo, es la devoción, el entusiasmo, el fervor incluso. Y éste es el camino. Hacia la liberación. Hacia la salida. Otros espacios, otras fuentes. Otros discursos, otros juegos de lenguaje. Otros mundos. Los autóctonos, para empezar.
Sé que se os educa para considerar como traición el abandono del Islam. Que para un musulmán el abandono del Islam es un fuerte trauma psicológico. Porque les desarraiga absolutamente; porque pone a prueba su fidelidad. Por múltiples razones. No es mi intención ofenderla. Pero traición fue el abandono de lo propio y la adopción de lo ajeno. Le hablo desde Europa, desde un ámbito cultural que también sufrió un proceso de aculturación y enculturación; desde una Europa recuperada, desde una Europa gentil, me gustaría decir. No hay otra fidelidad que la que le debemos a las propias tradiciones, a los propios antepasados. Ése es el nexo sagrado.
Permítame que le sugiera una obra, y un título: ‘El Irán a pesar del Islam’

Nota de HURANIA:Este trabajo también se publica en www.jrania.wordpress.com y su autor,

Manu Rodríguez, es también dueño del blog  www.larespuestadeeuropa.blogspot.com

¿qué es la religión de la sumisión?

Septiembre 17, 2009 por tresmontes

Rreproducimos   parte de un informe  elaborado por   Manu Rodríguez ypublicado en su blog   La Respuesta de Europa

 

*Las instituciones jurídico-religioso-político-sociales-económicas… islámicas, están pensadas para hacerle la vida imposible al no musulmán.

El Islam no concibe un mundo pluricultural, distingue únicamente entre musulmanes y no musulmanes.

El término ‘infiel’ (káfir) se aplica a todos los no musulmanes. Si bien se establece una distinción entre las denominadas ‘gentes del libro’ (judío y cristianos, a los que con el tiempo se le añadieron los zoroastrianos y otros), y el resto de las culturas, que son denominadas paganas (idólatras, ‘chirk’), sin más, y no merecen atención alguna, su destino es el de ser destruidas, desaparecer.

El concepto ‘gente del libro’ hace alusión a los creyentes que tienen escrituras santas, textos revelados, libros sagrados; se aplicó en un principio tan sólo a la tradición judeo-cristiana (la saga bíblica, Antiguo y Nuevo testamento, el legado de Moisés y de Jesús).

La teoría profética de Mahoma se incardina en las revelaciones monoteístas que tienen su origen en el pueblo judío. Él es el último y definitivo enviado, dice. No habrá más. La Biblia pues, Antiguo y Nuevo testamento, se subordina a esta última ‘revelación’. Tal interpretación, como se sabe, no fue aceptada ni por los judíos, ni por los cristianos. Estos no ‘reconocieron’ a Mahoma como profeta y enviado del dios. Este rechazo ofendió gravemente a Mahoma, y a sus seguidores.

El término ‘dimmi’ hace alusión a las condiciones que tienen que acatar los no musulmanes en una sociedad islámica (‘dar al-Islam’). Pensada en un principio para los judíos y los cristianos, conforme la expansión islámica avanzaba hacia el este, se le añadieron los zoroastrianos (persas), e incluso, una vez en la India, los budistas y los hinduistas (aunque no siempre).

Las gentes que no son del libro, las tradiciones culturales que nada tienen que ver con el discurso judío y posterior cristiano; los pueblos paganos, la gente sin más, los gentiles, tienen dictada su sentencia de muerte en el ámbito islámico. Sólo la ‘gente del libro’ (la saga bíblica) serán tolerados.

La mayor parte de las culturas y civilizaciones del pasado contaban con textos sagrados, venerados por todos. Sumer, Egipto, Persia, China… Los árabes, precisamente, carecían de ‘libros’; Mahoma hizo el Corán para ellos. Ahí comienza la ‘civilización’ árabe.

No se le reprocha a Mahoma haber unificado a un pueblo, el árabe, y haberlo dotado de un texto religioso-jurídico-político… De haberlos puesto en marcha.

Pero no lo hizo de manera original, no partió del propio pueblo árabe. De sus tradiciones y leyendas. Importó e impostó un discurso monoteísta ajeno, el hebreo, también un pueblo semita. Urdió un discurso que le vinculaba a la tradición profética judía. El sería el último de los profetas enviados por el dios de los judíos (y de los cristianos, Jesús desciende a la categoría de profeta o enviado).

*Una vez asediada una ciudad o un reino, la población no tiene otra opción que islamizarse, acogerse a la ‘dimmi’, o luchar hasta morir o vencer.

La población conquistada y sometida a la ‘dimmi’ goza de ‘protección’ bajo el Islam. Es un insulto éste eufemismo. Dadas las condiciones de desigualdad, de inferioridad, de injusticia… a la que se ven sometidos aquellos que no se islamizan, las poblaciones autóctonas, precisamente –judía, o cristianizada, persa o india.

Numerosos conceptos islámicos tienen que ver con esta consideración despreciativa en que se tiene a la población no musulmana. Los no creyentes no merecen respeto alguno. Aquellos que no reconocen a Mahoma.

La no aceptación de su discurso deja a los musulmanes disgustados, contrariados, y ofendidos. Su actitud hacia los no musulmanes es la del rencor y la venganza. Pagarán caro su rechazo del Islam.

Hay, sin embargo, ambigüedad en la actitud de los musulmanes para con estas poblaciones renuentes a islamizarse y que viven en sociedades regidas por el Islam (en tierra del Islam). Por un lado se las explota (los impuestos que se derivan de su condición de ‘dimmi’), por otro se las desprecia y se las odia porque no reconocen a Mahoma, no se islamizan, no se humillan, no se ‘someten’.

*El complejo, la trama, la red jurídico-política-religiosa-social-económica… islámica, alrededor del ‘infiel’. Dentro y fuera. La guerra fría y caliente contra el ‘infiel’. El que no reconoce a Mahoma, el que no se somete. El otro, los otros. Los no musulmanes están caracterizados y categorizados en el imaginario colectivo de los musulmanes de tal manera que se les puede engañar, robar, matar. Si ello es en el nombre del Islam.

Tiene que estudiarse bien esa trama conceptual que rodea al infiel.

*Es una querella particular la que los musulmanes sostienen con judíos y cristianos. Estos son infieles porque se supone que tienen que aceptar el Islam, tienen que reconocer a Mahoma. Es una querella étnica y local, entre pueblos y tradiciones semitas.

Esa historia étnica y local, se ha internacionalizado, universalizado. Debido a la cristianización y a la islamización de buena parte del planeta.

Los paganos, los gentiles, la multitud de culturas que nada tienen que ver con el estrecho marco histórico-geográfico y lingüístico-cultural en el que se mueve toda esta historia, no tienen voz en este asunto. Nada tienen que decir. No tuvo nada que decir en su momento Egipto, ni Grecia, ni Roma, ni Persia.

Cristianos y musulmanes minaron, destruyeron estas grandes culturas. Apenas quedan culturas clásicas. China, la India no musulmana, Japón. No encuentro otras (que estén vivas), a no ser la tradición judía, precisamente.

El Islam nos obliga a todos a movernos en el estrecho marco citado. En el judeo-cristiano-musulmán. Es una cárcel conceptual. Un laberinto cerrado, sin salida. Un maldito círculo vicioso.

Todos sus mitos y tradiciones, sus profetas, sus enviados… tienen que ver con las promesas de dominio que les hizo (a cada uno de ellos) su dios. La locura judeo-cristiano-musulmana.

Es la última ‘revelación’, la islámica, la que ha exacerbado todo este asunto. No es menos ofensiva y hostil que lo fue el cristianismo en sus comienzos y en su período de dominio, o el mismo Islam a lo largo de su historia, pero las dimensiones que cobra el asunto en la actualidad son ya a escala planetaria. Todo el planeta está implicado. Partiendo de la propia clasificación que de los pueblos del mundo hace el ámbito islámico (entre fieles e infieles, entre musulmanes y el resto, entre tierra del Islam y tierra de infieles…).

La propagación de musulmanes asiáticos y africanos por todo el planeta tiene una intención proselitista, tiene la intención de sembrar el Islam por todo el planeta. De sembrarlo de comunidades islámicas. Esto complicará (ya lo hace) la vida política y social de los pueblos europeos, americanos, australianos y demás. Ya estamos padeciendo las contradicciones culturales, la dicotomía que instaura el mismo Islam, allí donde se establece. La discordia.

La ceguera para una multiplicidad cultural. Invalidan toda cultura que nada tenga que ver con sus reivindicaciones y demandas, con su mundo. El mundo egipcio, el chino, el griego, el romano, el persa… Sus tradiciones, su sabiduría. La desaparición de estos mundos.

Es la misma ceguera que tienen los judíos y los cristianos. Obsesionados por su propio discurso. El discurso sólo a ellos referido. El dios que se dirige sólo a los hebreos, o a los cristianos, o a los árabes. Que habla incluso en hebreo, y en árabe. Que les promete, además, a cada uno de ellos, la preeminencia sobre todos los pueblos del mundo. Los tres tienen la palabra del dios de que, en su momento, todos los pueblos se inclinarán ante ellos. Sueños megalómanos. Sueños propios de pueblos pequeños, y miserables, y mezquinos.

Éste es el pleito que se traen entre sí judíos, cristianos, y musulmanes por la preeminencia y el poder; por el dominio, no sólo espiritual, del mundo. Ésta es su locura, éste es su discurso. ¿Cómo terminará esta loca y maldita historia?

Esta ceguera (esta certeza) les legitima en su camino de destrucción. Cristianos y musulmanes son responsables de la extinción de numerosas culturas en todo el planeta, grandes y pequeñas. El genocidio cultural. Sin conciencia alguna de culpa, pues instauran al ‘verdadero y único dios’.

No podemos jugar a su juego. Ni desde los judíos, ni desde los cristianos, ni desde los musulmanes. No podemos tomar parte en esta monstruosa y demencial querella.

*Si medimos el tiempo de las civilizaciones desde un año cero que tendría lugar hace seis mil años en Sumer, alrededor del nacimiento de la escritura, hace algo más de tres mil años (desde Moisés, influido tal vez por Akhnatón) que padecemos esta lacra de las religiones de salvación.

Mahoma dice que con él termina la serie de enviados del dios de Moisés y Jesús. Pretende cerrar el diálogo que el dios de los hebreos mantenía con su pueblo. Esto forma parte de su impostura, de su intolerable intromisión.

Tenemos que deshacernos de esos juegos de lenguaje. Negarles poder y autoridad fuera de sus ámbitos de dominio. Deslegitimarlos. Aquí, en Europa, en las Américas, en todas partes. Negarles validez, vigencia.

Ciertamente, nos han convencido, es o ellos, o nosotros (el resto del mundo). La guerra que nos planta el Islam en los momentos presentes tiene estas dimensiones. No descansarán hasta la victoria o la derrota final.

¿Por qué tuvo que universalizarse ese discurso? ¿Por qué tenemos que seguir jugando ese funesto juego?

*A los judíos, que iniciaron esta historia, no les queda más remedio que compartir la ‘gloria’ con cristianos y musulmanes. Estos se han adherido a la estela que ellos iniciaron. No podrán llevarse toda la gloria que les prometió su dios. Este dios parece haberles traicionado, primero con los cristianos, y luego con los musulmanes.

También los cristianos creyeron reservada la gloria para solo ellos. Únicamente los judíos que reconociesen a Jesús como el Mesías, alcanzarían la ‘vida eterna’. La ‘revelación’ cristiana pretende anular la judía (mosaica).

Los musulmanes niegan la gloria a los judíos y cristianos que no reconozcan a Mahoma. Pretenden la anulación del judaísmo y del cristianismo. La disipación de estos. Su desaparición. Así como el cristianismo lo quiso con el judaísmo.

¿Por qué el judío va a abandonar su estirpe milenaria? Dejemos en paz a los judíos. Se limitaron, por lo demás, a un pequeño territorio sin aspiraciones imperialistas.

Aparte de los avatares del pueblo judío, que fue el de todos los reinos y pueblos pequeños de Oriente próximo y medio, estos tuvieron que soportar la aparición del cristianismo. Aquí quisiera romper una lanza a favor de los judíos. Jesús como Mesías, y el cristianismo posterior, fue lo peor que le pudo suceder a ese pueblo. A costa de sus tradiciones, de sus claves simbólicas, y de ellos mismos. Ese sufrimiento y esa humillación.

Por si faltara poco, apareció el Islam. Un tercero en discordia. No bastaba la humillación cristiana, ahora tocaba padecer la musulmana.

Mediar, intervenir en algo tan íntimo como las relaciones espirituales de un pueblo con su mundo simbólico. La impostura cristiana y musulmana con respecto al pueblo judío.

Es la envidia lo que está detrás del cristianismo (Pablo) y del Islam (Mahoma).

Sin capacidad para producir nada propio, cristianos y musulmanes, piratearon y parasitaron el legado espiritual judío. Se auto-injertaron, podríamos decir. Usurparon, también. Sin humildad, sin modestia. Arrogantes e insidiosos. Faltos de medida.

El pueblo judío es de los pocos pueblos que, junto con el chino, el indio (no islamizado), y el japonés, han mantenido vivo el nexo con sus antepasados. Un nexo milenario. No menciono a los pueblos de cazadores-recolectores supervivientes. Me limito a las civilizaciones y culturas del período neolítico.

Apenas quedan culturas autóctonas de ese período. Cristianos y musulmanes (además de hinduistas y budistas) las han destruido total o parcialmente. Egipto, Fenicia, Grecia, Roma, Persia… Culturas que han perdido vigencia, valor. Pueblos extrañados de sus orígenes, espiritualmente alienados.

Todos los intentos por destruir la tradición mosaica (por parte de cristianos o musulmanes) fueron infructuosos. Lo que nos muestra que es un pueblo digno de todos los respetos. Un pueblo que ha logrado conservar el nexo con los antepasados. Cosa que no pueden decir ni los cristianos, ni los musulmanes (ni los pueblos cristianizados o islamizados).

Los cristianizados, o islamizados, tenían que desarraigarse primero, extrañarse de sí mismos, de su cultura ancestral, para adoptar posteriormente la base cristiana o musulmana de su ser simbólico. Ésta es la verdadera apostasía, la infidelidad real. El abandono de lo propio y la adopción de lo ajeno. Eso es lo que no hizo el judío. Y eso le honra. Pues en eso estriba la verdadera fidelidad, la que le debemos a los antepasados y a las tradiciones ancestrales de nuestro pueblo.

Los pueblos cristianizados o islamizados carecemos de orgullo, de honor. Con antepasados espurios, con tierras sagradas espurias, con una historia (pasado) espuria. No son, nuestro cristianismo o nuestro islamismo, motivos para enorgullecerse, precisamente, sino bien al contrario. Pueblos, hombres y mujeres, desconectados de su pasado ancestral y autóctono. Alienados, instrumentalizados, enfrentados. En el nombre del dios de los cristianos o de los musulmanes.

Estas ideologías universalistas, hechas, parece, para hombres y mujeres que han perdido u olvidado su estirpe, su pueblo, su gente, sus tradiciones y demás. En el maremágnum de los imperios multiculturales, en la confusión de lenguas y culturas, en el desgaste (de los mundos simbólicos) que se produce; el nihilismo, la desertización, la entropía.

El imperio egipcio, el acadio, el griego, el romano, el persa aqueménida, el sasánida… La aparición del cristianismo, del Islam. El caos, el desorden, la confusión, el diluvio que todo lo arrastra… Mantenerse firmes en estas circunstancias. Eso fue lo que hizo el pueblo judío (entre otros). Ésta es su enseñanza. Otros pueblos también lo consiguieron (China, Japón…), pero han estado menos expuestos que el judío a la extinción. El judío ha llegado incluso a carecer de tierra. Y es que lo verdaderamente importante para un pueblo no es tanto la tierra, sino el mundo simbólico, el cielo. Se puede perder la tierra, pero si se pierde el cielo, ese pueblo desaparece como si nunca hubiese sido.

Es debido a su entereza y a su fidelidad, pese a las más adversas circunstancias, que el pueblo judío merece ser honrado y distinguido entre otros. Son una escuela de fidelidad.

Eso no podemos decirlo ni de los pueblos cristianizados, ni de los islamizados, insisto. Esos pueblos no tienen otros antepasados o patriarcas que los de la tradición judeo-cristiano-musulmana. Europeos griegos, romanos, celtas, germanos… Asiáticos fenicios (libaneses), sirios, persas, afganos, tibetanos, mongoles, turcos… Africanos… Americanos… Multitud de pueblos desarraigados, que han perdido el vínculo natural con sus antepasados y su mundo simbólico.

Esos pueblos han demostrado no ser fieles, no ser fuertes en la adversidad. No luchar hasta la muerte en defensa de lo suyo. Esos pueblos no merecen en verdad honra alguna. Digan lo que digan.

Carecen de voz propia. Son la voz de otro. Un discurso ajeno les domina.

*El Corán se escribió pensando en los árabes. Léanse las fragmentos correspondientes a la relación del Corán con la lengua (y el pueblo) árabe. Es un texto etno-céntrico, como pocos. Como por otro lado lo es también el Antiguo testamento judío. Finalmente, le dice Mahoma a los árabes, ya tenéis un texto ‘revelado’, como los judíos y los cristianos.

*Si con el cristianismo se produce un pan-judaísmo (las claves simbólicas, lingüístico-culturales, son judías), con el Islam se produce un pan-arabismo.

*Mahoma, su Corán, no puede rivalizar con las figuras de Moisés y Jesús. Mal que les pese a los musulmanes.

Difícilmente van a conseguir que judíos y cristianos se islamicen. Sólo la fuerza y la violencia podrían conseguirlo, y aún así. Siempre les quedará el cripto-judaísmo, o el cripto-cristianismo.

Y entretanto, ¿qué hacemos los gentiles? Los paganos, los idólatras, las otras culturas. En Europa hace ya tiempo que el discurso (y el mundo) judeo-cristiano-musulmán quedó atrás. Ha sido superado, dejado atrás. Conceptualmente, espiritualmente, simbólicamente, culturalmente, colectivamente. Me refiero a la población europea autóctona. Ya no rige las conciencias de la mayoría. Ahora son minoría los creyentes y practicantes cristianos.

La población musulmana extranjera que actualmente reside en Europa es aún pequeña, aunque bastante ruidosa. Esta población sí vive de pleno el discurso judeo-cristiano-musulmán. La polémica, el enfrentamiento. Sigue atrapada en ese discurso.

*La religiosidad del Islam, como la de las demás ideologías religiosas de salvación, es ofensiva y hostil para con el otro. Estas ideologías practican el proselitismo, el apostolado, la propagación. Convierten al otro en uno de ellos, o lo intentan. Apenas si hay conversos al Islam (u otras creencias extranjeras) entre los autóctonos europeos. Lo cual, ciertamente, es un motivo de alegría.

Esta indiferencia hacia el discurso de las religiones de salvación en general, no indica necesariamente un rechazo consciente y pensado. No supone una meditación previa. Unas razones para decir no.

Esta indiferencia es generacional y tiene que ver con el desgaste de estas ideologías en nuestro ámbito cultural. Nuestra evolución cultural y simbólica nos ha sacado de esos mundos. Cosa que no parece haberles sucedido a las poblaciones musulmanas en sus sociedades de origen (Asia y África). Estos sujetos aún viven en la Edad media.

Hemos menospreciado estos discursos religiosos. Pero estos amenazan con envolvernos de nuevo y arrastrarnos, hundirnos en el pasado.

Necesitamos, pues, exorcizar estos fantasmas del pasado. Para bien del mundo entero. Acabar de una vez con ellos.

Dada la insistencia de estos creyentes, y particularmente de los musulmanes, la más reciente de estas ideologías universalistas, tarde o temprano, tendremos que contestarles. Necesitan una respuesta. Una posición clara con respecto a estas tradiciones. Y la tendrán.

Hay que decirles unas cuantas cosas a estos creyentes, a cual más ofensivos y hostiles. Europa tiene que responderles. Desde Europa. No desde la Europa cristiana, o desde la Europa musulmana, sino desde la Europa europea, la autóctona, la gentil. La Europa recuperada.

Responderles fuera del ámbito judeo-cristiano-musulmán. Fuera de sus juegos de lenguaje, de sus discursos. Desde Europa. Desde las tradiciones europeas pre-cristianas (y pre-islámicas). Y en los momentos presentes, desde Darwin, desde Marx, desde Nietzsche… Desde el pensamiento crítico contemporáneo.

Es una respuesta a aquellos que se resisten a abandonar el tenebroso pasado. Sus claves simbólicas. Hemos de hacer un esfuerzo por traerlos al presente. Por des-alienarlos también. Hacerles ver primero su extrañamiento espiritual, cultural. Primero que enlacen con sus verdaderos antepasados, situarlos en su contexto ancestral y autóctono. Recuperar el nexo con los antepasados propios. Una vez ahí, traerlos al presente. A la nueva era, al nuevo período que ya vivimos.

*Vivimos los albores de una nueva era que ha tenido su nacimiento aquí, en Europa. Vivimos una revolución cultural semejante a la que dio lugar al neolítico. Un cambio de era cuyas consecuencias culturales están aún por ver. De la misma manera que el hombre del neolítico abandonó los mundos simbólicos elaborados por los paleolíticos que le precedieron (por insuficientes), así nosotros también abandonaremos los mundos generados a lo largo del neolítico –por inútiles, por irreales, por descentrados.

Los nuevos modos de producción (y de vida) que instaura el neolítico dieron lugar a nuevos mitos, a nuevas interpretaciones acerca del mundo, de la naturaleza, de la vida, del lugar del hombre en la naturaleza. Estos mundos son tradiciones coherentes con el período neolítico. Están vinculados a los modos de vida que inaugura el neolítico.

Hay que decir que las ideologías o superestructuras simbólicas del neolítico pecan de un excesivo antropocentrismo y antropomorfismo, que hoy por hoy, y a la luz de la evolución y la genómica, son inconcebibles. La revelación del código genético arruina todo antropocentrismo.

La nueva era no es antropocéntrica, pues. La relación del dios con el hombre es fundamental en las ideologías del neolítico. El hombre es un ser privilegiado en todas estas tradiciones. La naturaleza está, poco más o menos, al servicio de este hombre. Todo esto es inconcebible hoy día.

El hombre de hoy no es el hombre del neolítico, o de las ideologías del neolítico. Criatura privilegiada, creada con el barro más fino. Todas las tradiciones que sostienen este antropocentrismo tendrán que abandonarlo.

Resulta que el sujeto de toda actividad biológica no es la criatura (el fenotipo) que aparece, sino el genotipo que alberga. Los genes son la única sustancia viva del planeta.

Se pasa de un antropocentrismo (o fenocentrismo) a un genocentrismo donde la sustancia genética es el único sujeto de toda actividad biológica (y cultural).

Esto habrá que digerirlo. Este presente.

Ésta podría ser una de las respuestas de Europa. A todos los dudosos e indecisos. A los atrapados en el pasado.

Europa ha de esforzarse porque el resto de los pueblos supere el neolítico. Ha de efectuar una labor específica en pro de la nueva era. Ha de comprometerse. Tiene que dar razones. Tiene que convencer. No puede abandonar a multitud de hombres y mujeres en el pasado. Tiene que traerlos al presente. Y tiene que traerlos al presente en las naves adecuadas; en las respectivas naves autóctonas.

Es una labor doble. O con dos frentes. Primero, advertirles de su alienación cultural (en la mayoría de los casos) y devolverlos a sus pueblos autóctonos; segundo traerlos al presente.

27/08/09

*Nadie nos restituirá nuestras culturas. Nunca recuperaremos nuestras culturas.

Los pueblos que en su momento perdimos o abandonamos nuestras culturas ancestrales.

Restos, reliquias. Lo poco que nos queda.

*¿Qué pasaría si el Islam lograra el dominio del planeta; si todo el mundo se islamizara? ¿Habría paz? No nos engañemos. No pasaría otra cosa que lo que hoy ya pasa y lo que ayer pasó. El Islam está múltiplemente dividido y enfrentado. Dependerá del área de domino de cada una de estas ‘sectas’ (suníes, chiíes, entre muchas otras). Cada día se matan entre ellos. La mismos métodos (guerra fría o caliente) que emplean contra el infiel (‘dar al-harb’, ‘dar al-kufr’, tierra de guerra, tierra de infieles), son los que emplean con sus disidencias. Es una historia cruenta, la historia del Islam. Es también una historia criminal. Mutuamente se acusan de infieles (‘káfir’), o de idólatras o paganos (‘chirk’). Las sectas rivalizan entre sí en ‘puritanismo’. Los ‘puritanos’ abundan y se enfrentan entre sí. Se niegan (la autenticidad, la pureza mutua). Puede verse en la historia de los últimos veinte o treinta años (toda su historia en verdad). Grupos que mutuamente se niegan, se acusan, se destruyen. Es la guerra generalizada.

Se masacran entre ellos. Véase su territorio, el ‘dar al-Islam’. Los musulmanes no conocen la paz. Muerte, muerte, muerte. ¿Es esto lo que quieren exportar? ¡Por favor!

Seamos sensatos con el Islam. No es una vía de paz. En absoluto. Es, quizás, la vía más pura de la violencia. La guerra pura.

Un mundo islamizado sería un mundo en guerra eterna.

La violencia contra el otro está legitimada, sancionada, divinizada. Es guerra dentro y fuera. Fuera contra el mundo no islamizado (no sometido) y dentro contra toda disidencia. Dentro es guerra de todos contra todos. Las diferencias entre las sectas musulmanas les llevan a combatirse a muerte. Es guerra a muerte, no se olvide.

Cada secta reclama para sí la pureza islámica. Acusa a las otras sectas, a los otros musulmanes, de infieles, de apostatas, de idólatras… Son los insultos que les dedican a los pueblos no musulmanes, a los paganos, a los gentiles. A los pueblos no sometidos, no islamizados.

Es un futuro terrible el que nos espera. Si el Islam sigue prosperando en nuestras tierras. Creciendo, multiplicándose. Reproduciendo su modo de vida violento en nuestras tierras. Traen la guerra, la discordia, el enfrentamiento. La mente de cada sectario es un ‘mundo’ que tiene que imponer al otro. Por las buenas, o por las malas.

28/08/09

*El futuro será genocéntrico y ecológico, o no será. Ésta es la conciencia y la sensibilidad que viene, que ya está. Que ya circula. El saber, la conciencia y la sensibilidad que cambiará la faz del planeta. La nueva sabiduría.

Los mundos elaborados a lo largo del neolítico quedan inexorablemente atrás.

¿Qué hemos de conservar de ese período? Cada pueblo ha de conservar el vínculo espiritual con sus antepasados, con los suyos. Son las señas de identidad. Los pueblos han de identificarse, distinguirse. Estas diferencias no pueden perderse.

El futuro es también una nueva era en las relaciones entre los pueblos. Siempre que las diferencias entre estos sean conservadas.

Las únicas culturas o tradiciones culturales que son un obstáculo para tal entendimiento son las llamadas religiones de salvación. El universalismo de estas tradiciones, pese a su origen étnico (indio (hinduismo y budismo, fundamentalmente), iranio (el zoroastrismo o mazdeísmo), o semita (hebreo y árabe)). El ámbito de dominio de estas tradiciones oculta, sepulta, sofoca… numerosas culturas y pueblos.

Son numerosísimos los pueblos que han perdido, total o parcialmente, sus tradiciones. O las han visto desfiguradas, transformadas, desvirtuadas… por la tradición religiosa universalista que en su momento les alienó.

Pueden estudiarse las tradiciones semi-destruidas y deformadas por el cristianismo en Europa (o en América), o por el islamismo en Asia y África, o por el hinduismo y budismo en Tíbet y el sudeste asiático.

Hay que tener presente que lo que se universaliza es una cultura étnica y local (la hebrea, la árabe, la india). Y en un determinado estadio lingüístico-cultural. Son, pues, culturas históricas, étnicas, y locales, las que se imponen. En detrimento de innumerables otras.

Las culturas autóctonas han sido destruidas, deformadas, pisoteadas, mancilladas, profanadas… Los antepasados han sido calumniados, insultados. Los pueblos han sido desarraigados.

Si esta nueva era que vivimos provoca una crisis de identidad, ha de pensarse que, en numerosos casos, la identidad que teme desaparecer no es la autóctona, sino la impuesta en su momento (cristiana, musulmana, hinduista…). Esta crisis de identidad, en estos tiempos de transición, la padecen todos los pueblos, hayan sido o no culturalmente alienados.

El momento no puede ser más oportuno. El nuevo saber, la nueva conciencia, la nueva sensibilidad, que choca ciertamente con el pasado, sitúa a los pueblos en la tesitura de qué pasado merece la pena conservar, transportar al futuro.

Se requiere un proceso de autognosis de los pueblos. Estas tradiciones que defiendo y extiendo a muerte… ¿son mías? ¿Adónde me llevan estas tradiciones? No me llevan a mi pueblo, sino a un pueblo extraño. Si me aferrase a estas tradiciones, conservaría y transportaría al futuro tradiciones foráneas. ¿Qué hay de mis antepasados verdaderos? ¿Por qué no sigo vinculado a estos? ¿Qué sucedió?

¿Por qué Moisés, Jesús, Mahoma, o Buda…? (Y sus respectivas tradiciones lingüístico-culturales). ¿Por qué no mis antepasados griegos, romanos, celtas, germanos… tibetanos, persas, o incas?

Pueblos cristianizados o islamizados… son pueblos extrañados de sus orígenes. Que han vivido un proceso (las más de las veces violento) de destrucción de su propia cultura (aculturación) y de adopción de la ajena (enculturación). Hemos perdido multitud de lenguas, pueblos, y culturas.

El genocidio cultural practicado por las religiones universalistas de salvación. Desde su aparición.

El retorno de los pueblos a sus fuentes. A sus orígenes. Primero la identidad ancestral y autóctona. Es esa identidad la que ha de sumarse a la nueva era. Restablecer el vinculo con los verdaderos antepasados y, adelante, hacia el futuro. Transportar los Manes propios. Como nos enseña Eneas.

Hay que decir que el propio pueblo árabe padeció la destrucción de sus raíces culturales -que comenzó a llevar a cabo Mahoma. Y otro tanto podemos suponer del pueblo hebreo, tras la aparición de Moisés. Zoroastro transforma, subvierte la propia tradición cultural de los pueblos iranios, que les vinculaba al mundo arya védico. En la India los sacerdotes hinduistas hacían lo mismo con el mundo védico; el budismo posterior, a su vez, negaba el mundo védico y el hinduista.

Estas ideologías universalistas, en su momento, destruyeron o manipularon su propio medio cultural. Son ideologías sacerdotales, hay que decir. Son los sacerdotes los que han urdido estas ideologías universalistas en donde el sacerdote, precisamente, ocupa un lugar privilegiado. Son ‘revoluciones’ sacerdotales que surgen a mediados del neolítico histórico. Hace poco más de tres mil años.

Hay que poner en la balanza, pues; pesar, ponderar. Es el momento del juicio. Es un juicio el que debemos realizar sobre el pasado. El periodo neolítico acaba, concluye. Sus mundos, sus superestructuras simbólicas. ¿Qué salvaremos, qué transportaremos al futuro?

Las identidades ancestrales y autóctonas, los Manes propios. Cada pueblo. El mundo simbólico elaborado por nuestros antepasados. Eso es la que debemos transportar al futuro, a la nave Futuro.

Es de justicia. La recuperación del nexo con los propios antepasados y con la propia historia. Recuperar, rescatar, limpiar su memoria. Los diversos pueblos europeos, asiáticos, africanos, americanos, oceánicos… Es también recuperación del orgullo, de la dignidad, del honor.

Enfrentarnos a la nueva era desde nosotros mismos. Llevando con nosotros las figuras de los respectivos antepasados. Desde nuestras estirpes y culturas ancestrales y autóctonas. En memoria de nuestros antepasados. Para mayor gloria del árbol de los pueblos y culturas del mundo, que es también el árbol de la vida. El árbol más puro.

Tenemos, pues, que desprendernos de la envoltura simbólica impuesta, del ser simbólico ajeno.

Es el juicio anunciado, el diluvio, la catástrofe de las catástrofes. La rueda cósmica ha girado. El nuevo estadio, la nueva era.

Sí, qué vamos a transportar a la nave Futuro. De esto se trata. Qué va a sobrevivir. Qué llevaremos con nosotros a la nave Futuro. Qué nos acompañará del pasado. Qué merece la pena conservar.

Los pueblos han de aprestarse, porque el juicio es ya, el diluvio.

Que recopilen sus cosas, que las transcriban. Que las conserven. Que no pierdan el vínculo con su pasado milenario. Un hilo que nos ate al pasado de donde venimos. Nuestro origen. Nuestra rama particular del árbol de los pueblos y culturas del mundo, del árbol de la vida.

Durante el diluvio védico, Manu ata la nave a un árbol. Esto hizo que la nave permaneciera en el mismo lugar cuando las aguas se retiraron. De esto se trata.

Cuando la rueda haya terminado de girar. ¿Qué habrá quedado?

El juicio ha de llegar a la valoración de las ideologías religiosas universalistas. De su actitud ofensiva y hostil contra todo otro.

Es una filosofía de la cultura lo que necesitamos. Pero una filosofía crítica. Que juzga y valora.

Hay que dejar atrás toda diferenciación hostil entre los diversos pueblos y culturas. La universalización de estos discursos etno-céntricos hostiles al resto de las culturas. Son un severo obstáculo. No sólo alienan, sino que enfrentan a los grupos humanos.

No merecen sobrevivir. Son un peligro en sí mismos. Hay que cuidarse de ellos.

¿Por qué, por qué lo hicisteis? ¿Por qué destruisteis nuestras culturas, por qué nos separasteis de los nuestros? ¿En nombre de qué o quién? No teníais, ni tenéis, ni tendréis, el menor derecho a destruir la cultura de un pueblo otro e imponerle la vuestra. Nunca más.

En nombre de vuestros dioses, de vuestras divinidades, de vuestras tradiciones, de vuestros mundos. Esos dioses no eran más que el rostro de vuestra ambición de dominio.

Os delatáis con vuestras divinidades. Delatáis vuestro duro y oscuro corazón. Vuestra extremada voluntad de poder. Vuestra arrogancia, vuestra soberbia. ¿Qué dioses y principios son esos que exportáis?

Es el dios que ordena la destrucción y la aniquilación del otro. ¿Por qué?

No necesitamos vuestros dioses intolerantes y agresivos. Quedáoslo para vosotros. Dejadnos en paz.

Hay que privarlos de poder. Que no sigan enfrentándonos. Tenemos que dejarlos atrás. Va en ello nuestro futuro, el futuro de los pueblos del mundo.

Lo primero es impedirles el proselitismo. Hecho por lo demás absurdo. Porque es como si un chino fuese por ahí convirtiendo a la gente en china (culturalmente china); intentando destruir la cultura del otro y haciendo que adopte la suya. Es algo demencial. El apostolado cristiano, el musulmán, el hinduista, el budista… Ese prurito de universalización. Cristianizar a todo el mundo, islamizar a todo el mundo… Es una locura. El éxito pleno (por cualquier medio) de cualquiera de estas ideologías supondría la desaparición de ¡todas! las tradiciones culturales del planeta.

De los métodos violentos y mixtificadores usados para imponerse en el mundo. De la destrucción, de la deformación, de la pérdida de pureza de multitud de culturas. Del extrañamiento espiritual de los pueblos. De todo esto y mucho más han de dar cuenta la tradición judeo-cristiano-musulmana, así como el hinduismo y el budismo. Éste es el juicio final para ellos. El dictamen final.

¿Quién lo realiza? El momento presente. Las generaciones presentes y futuras juzgarán el comportamiento de estas tradiciones como indeseable e indigno. Mucho daño y ningún beneficio. Quiero decir beneficios que no pudieran ser aportados por otras culturas. No perdemos ninguna consigna ética si estas tradiciones desaparecen. Nada que no pudiéramos encontrar en otras culturas. No necesitábamos estas tradiciones. Ningún pueblo las necesitaba. No nos son necesarias. Consérvelas el pueblo hebreo, o el pueblo árabe, si así lo desean. Pero el Islam (Mahoma) ha de rendir cuenta a su propio pueblo de origen; a sus antepasados. Qué lugar ha de ocupar Mahoma en una Arabia recuperada. Por qué destruyó la cultura ancestral de su propio pueblo. Esto es lo que tiene que sopesar el pueblo árabe.

Las culturas tradicionales carecen de ese prurito de expansión. Egipto, Grecia, Roma… China. Son culturas que se comparten, no se le imponen al vecino.

Necesitamos distancia de estas tradiciones religiosas universalistas y totalitarias. Desde cada una de nuestras culturas hemos de ver estos movimientos. Desde nuestras culturas ancestrales y autóctonas. Ningún pueblo carece de reglas morales, de tradiciones espirituales. No estamos ayunos, ni huérfanos. El legado cultural de los pueblos, sus culturas autóctonas. El vínculo espiritual con nuestra línea, con nuestro hilo.

Legado semi-destruido, semi-arruinado; espejo roto. El sentido, el ser simbólico ancestral. El propio, el elaborado por nuestros antepasados. Las señas de identidad. Lo que nos queda, lo que conservamos y compartimos. Con amabilidad, con delicadeza, con educación.

Este sencillo asunto ha de resolverse así. Mediante el juicio que realicemos sobre nuestro pasado histórico (neolítico histórico). Desde la nueva era, desde el nuevo período.

La rueda gira sola. Está girando. En estos tiempos de transición. Quiero decir que las novedades cognoscitivas (la evolución, o la genómica, o la relatividad…) están haciendo su labor. No sólo teórica sino práctica. Los modos de vida han cambiado. Un cambio tal no se conoce desde los albores del neolítico.

El período de transición hacia el neolítico pleno. El período que va desde las primeras experiencias agrícolas y ganaderas y los primeros asentamientos hasta la escritura, hace aproximadamente seis mil años, cuando arranca el neolítico histórico.

29/0809

*Es un honor, y motivo de orgullo, no estar hoy, a comienzos del séptimo milenio (de la escritura), y del tercer período, sometido al dios de la tradición judeo-cristiano-musulmana, o a cualquiera de las ideologías religiosas universalistas del segundo período, del período neolítico. El período medio, en general. La edad media generalizada.

Ligado a la cultura autóctona, sí; a los propios ancestros. Esta religación no quita, sino que añade honor, nobleza. Pues esto es la nobleza. El contar con Padres (y Madres), con ancestros. El estar ligados espiritualmente a los antepasados. El término ‘patricio’, latino, tiene que ver con esto.

Nuestra era genocéntrica, atómica, evolucionista, relativista… Nuevo cosmos, nueva naturaleza física, nueva naturaleza viviente… Nuevo cielo, nueva tierra, nuevo hombre. Nueva atmósfera –el nuevo saber, la nueva sabiduría. El nuevo alimento espiritual. La nueva luz.

La revelación del código genético, de la sustancia viviente única. Del genio de la vida, de Xenus. Del sujeto único. De nosotros. De Nos. Pues nosotros no podemos ser otros que la sustancia genética. No hay otro sujeto de la actividad biológica (y cultural). No hay otro. ‘Genous’ y ‘Genoussin’.

Los Padres y las Madres nos acompañarán en esta nueva singladura. Los propios. Cada pueblo, que lleve sus Manes. La cultura afanosamente elaborada por los antepasados. Ligazón espiritual con nuestros mundos. Cada pueblo. La nave Futuro.

*Acerca del dios, o de algún primer principio, no podemos decir nada. Algunos pueblos usaron conceptos (‘Rt’, Dao). Pero lo suyo es no decir, callar.

En este asunto hay que extremar las medidas filosóficas. ‘De lo que no se puede hablar, mejor es callar’ (Wittgenstein).

No podemos saber ciertas cosas. No podemos decir ciertas cosas. Hablar sobre lo que no se sabe, ni se puede saber. El conocimiento de ciertos límites. El reconocimiento de estos. Cautelas filosóficas. Honestidad filosófica.

Diré algo sobre la experiencia mística, acerca de la experiencia espiritual, acerca de la ‘iluminación’. De lo que también pudiéramos denominar una ‘crisis psicótica’ de tendencia ‘mística’. Así, sin rubor. Las ‘revelaciones’ religiosas o espirituales tienen ahí su origen.

No debemos pasar por alto el carácter ofensivo, hostil, intolerante, de estas ‘revelaciones’. Tienen que ver con la ‘certeza’ psicótica.

Estas ‘revelaciones’, o ‘iluminaciones’, deben ser escrupulosamente desmitificadas por los mismos espirituales. Se trata de la honestidad espiritual.

La experiencia mística es neutra, silenciosa, muda. Ideológicamente neutra. Es, pura y simplemente, inefable. El silencio es lo suyo. Silencio obligado. Lo honesto, lo prudente, es guardar silencio, no generar ningún discurso, pues éste sería histórico, local, étnico y, probablemente, narcisista (el protagonista de la ‘revelación’, del comercio con el dios…). Así, además, se evita la posible instrumentalización política de estos discursos.

Nota de  HURANIA: El informe completo también se puede leer en Jrania  y en denunciascivicas.

el toro ibérico, víctima del salvajismo

Septiembre 16, 2009 por axel

TORO DE LA VEGA POR

TORO BUSCA REFUGIO EN GUARDIA CIVIL bb

Informa el diario “El País” (Madrid, 16 sept. 2009, p. 35) sobre la “fiesta popular” llamada “El Toro de la Vega”:

El festejo del Toro de la Vega cumplió ayer un año más con el rito de alancear hasta la muerte a un astado que huye despavorido por las calles de Tordesillas, abarrotadas de un gentío superior a las 25.000 personas. Una fiesta criticada por su crueldad que, en esta ocasión, se quedó sin premio para el vencedor, en una decisión que según la alcaldesa es coherente con el empeño por “mantener la pureza” de la tradición.

 El festejo, que comenzó ayer a las once en punto de la mañana, duró poco más de treinta minutos y acabó con la vida de Moscatel, un morlaco de 540 kilos de la ganadería de Victorino Martín, abatido de un lanzazo por un caballista de 29 años natural de Medina del Campo, que no pudo recoger el premio por no haber cumplido las normas. Según las mismas, el animal no puede ser herido antes de llegar a campo abierto, adonde suele dirigirle su instinto ante el acoso al que le someten decenas de caballistas y mozos portando lanzas.

Con motivo del penoso espectáculo “popular” en el que ayer, día 15 de septiembre,  un toro es lanceado por la multitud en la noble ciudad castellana de Tordesillas,   me parece interesante reproducir una reciente carta de una lectora del diario  “La Nueva España” (Oviedo, 22 agosto 2009, p.45) :

El colofón a las fiestas en honor de Nuestra Señora de Begoña, en las que se torturaron varios toros inocentes, lo puso una misa ofrecida por el capellán de los toreros en la misma arena donde los días anteriores agonizaron aquellos animales después de un indescriptible sufrimiento. ¿Ésta es la postura de la Iglesia ante la tauromaquia? ¿Cómo es posible que algunos párrocos acepten capotes bordados como ofrenda a la Virgen o que ciertas corridas sean homenaje a los santos locales?

La Iglesia se ha mostrado contraria a estos espectáculos de muerte y vanidad humana como se ve en la bula promulgada el 1 de noviembre de 1567 por San Pío V. La bula «De Salutis Gregis Dominici» nos dice: «Considerando que estos espectáculos taurinos no tienen nada que ver con la piedad y caridad cristiana y queriendo abolir estos espectáculos cruentos y vergonzosos, no de hombres sino del demonio, prohibimos terminantemente bajo pena de excomunión a los que permitan la celebración de estos espectáculos en los que se corren toros y otras fieras en los lugares donde se lleve a cabo». «Y si alguno muriese allí no se le da sepultura eclesiástica. Prohibimos bajo pena de excomunión que los clérigos que hayan recibido órdenes sagradas tomen parte en estos espectáculos. Quedan prohibidas las corridas de toros aunque sean como erróneamente se piensa en honor de los santos o de alguna solemnidad o festividad de la Iglesia, las cuales deben celebrarse con alabanzas divinas, alegría espiritual y obras piadosas y no con esta clase de diversiones». Bien, según esto no se entiende por qué la Iglesia no protege a sus santos en vez de mandar sacerdotes a bendecir los nuevos «mataderos» y a celebrar misas en ellos en memoria de los «matadores» fallecidos. Demasiada muerte para una institución que está por la vida.

Por otro lado, en 1920 el secretario de Estado del Vaticano, cardenal Gasparri, escribió que «la Iglesia continúa condenando en voz alta, como lo hizo Su Santidad Pío V, estos sangrientos espectáculos». Igualmente, según la investigación histórica de monseñor Canciani, todos los que frecuenten estas fiestas como actores o espectadores están excomulgados («Diario 16», 5 de junio de 1989). Juan Pablo II haciendo uso de la Biblia recuerda que «el hombre salido de las manos de Dios resulta solidario con los otros seres vivientes» como aparece en los salmos 103 y 104, donde no se hace distinción entre los hombres y los animales. También debe recordarse que para San Francisco los animales eran sus hermanos, y, por último, decía Hemingway, gran admirador de nuestra macabra fiesta nacional, que «desde el punto de vista cristiano las corridas son moralmente indefendibles: hay siempre crueldad y muerte». Sí, crueldad. Sí, muerte. Demasiada muerte para una Iglesia que está por la vida.

Nota de HURANIA: ” (…) cientos de personas convocadas por el Partido Antitaurino contra el Maltrato Animal” se manifestaron en Tordesillas, informa hoy “El País“. Evidentemente este partido puede tener buenas intenciones respecto a lois toros… pero autotitularse “Antitaurino” significa, quieran o no reconocerlo, posicionarse CONTRA los toros… no, como se supone pretenden, contra la fiesta de la tauromaquia.

También cabe señalar que las razones de ciertos grupos que dicen defender a los animales no son “honestas” cuando son en realidad una forma de combatir un símbolo cultural español (ó “españolista”, como dirían algunos “nacionalistas”, antes llamados  ”separatistas”). Dichos grupos tampoco se atreven, al parecer, a protestrar contra la crueldad contra animales, cuando esa crueldad está causada por rituales” religiosos”, es decir, rituales musulmanes ó judíos.

los niños de Dresden

Septiembre 11, 2009 por axel

Recientemente se han dado cifras muy diferentes sobre el número de víctimas causadas por los bombardeos aliados en febrero de 1945 sobre una ciudad monumental: Dresde. 

Ahora, por vez primera, leemos un comentario sobre la enorme cantidad de niños que murieron en dichos bombardeos, dado que Dresde era una ciudad repleta de refugiados del Este, alemanes que venían huyendo del avance del ejército soviético.

El citado comentario es de Juan Fernández Krohn, del cual seleccionamos unos párrafos:

David Irving no necesita presentaciones. Ni siquiera del diario “El Mundo”. Su tarjeta de vista habla por sí solo. Nueve meses (nueve) de cárcel por un delito de opinión (antiguo) David Irving es un ciudadano británico (de su Majestad) que empezó estudiando de lo más sesudo el tema de Dresde para darles en la cabeza a los nostalgicos del nazismo no más, y fue donde tuvo por decirlo así su camino de Damasco. “Dresde (La hora del juicio para la Alemania nazi)” empezó siendo, como su subtítulo lo indica, un violenta requisitoria contra los designios expansionistas y militaristas del III Reich para acabar convirtiendose en prueba de cargo decisivo en contra de los bombardeos anglo/aliados que sembraron de muerte pueblos y ciudades de Europa entera por cuenta de la democracia. Para mí, lo confieso sin tapujos, la lectura del “Dresde”, de Irving,  fue una revelacion, [...] del verdadero holocausto de inocentes que tuvo lugar en aquella villa alemana, joya barroca del Elba como se la conocia de antiguo, la noche fatidica del 13 de febrero del 45. Dresde era una ciudad abierta:  en los últimos días y semanas antes del bombardeo se había convertido en centro de acogida de muchedumbre en aluvión -sustancialmente mujeres, niños y ancianos- huyendo en desbandada del avance inexorable de las tropas sovieticas (de Stalin) que le habían llevado su población vertiginosamente en aumento hasta cifras superiores (sin duda alguna) a los seis millones de habitantes.

Era fiesta de noche en Dresde a pesar de la guerra. [...]. Los ancianos todos en la opera, y las calles y las plazas llenas de una muchedumbre de mujeres y de niños en fiesta, todos -niños y grandes- de uniforme ¿y qué importa? Las mujeres (jovenes) en sus ropas de enfermeras o de asistentas o cuidadoras; los pequeños todos con sus trajecitos de fiesta. De repente se hizo la luz en el cielo y una carcajada infantil de miles, de cientos de miles de criaturas se elevo a lo alto y esa fue la señal, la luz o el juego de luces señalizantes que me diga. No hubo otra. [...]. Fue desde luego lo que yo descubrí como iluminacion en el libro de David Irving -al que nunca ví en persona y al que no me liga absolutamente nada- y por eso sus declaraciones del sábado no podían menos de encontrarme receptivo aunque yo ya sabía “grosso modo” lo que podría querer decir y digamos que no me inmuto ni poco ni mucho; porque en Irving lo esencial, lo que sigue ardiendo en llamas, quemando, encendiendo que me diga sensiblidades y conciencias, lo es el tema Dresde. Todo el resto es secundario, peccata minuta se diria. [...].

Decir que el Innombrable -Hitler que me diga- tuvo el merito de perseverar y de esperar contra toda esperanza (como prescribe la biblia) no es de qué rasgarse las vestiduras. Ni tampoco el levantar la hipotesis (digna de exploracion) que fuera en el fondo un hombre simple -en el sentido precisamente de la “simplicitas” evangelica- y acabara dejandose mediatizar e instrumentalizar por el aparato de poder que otros -Himmler en concreto- construyeron por debajo de él. Tampoco lo es el recordar verdades de perogrullo casi, por lo manidas y repetidas y archisabidas (desde hace mucho); que Churchill por ejemplo era un politico deshauciado al que salvo la guerra como por arte de magia; y que el verdadero hombre de paz lo fue Chamberlain en la crisis de Munich, digan lo que digan y sigan diabolizandole todo lo que quieran el equipo de Libertad digital y otros muchos a sus ancas. Pero evitó la intervención internacional en favor de la causa rojo/republicana en el momento crucial del verano del 38 -con la batalla del Ebro a todo arder-y eso es lo que hasta hoy muchos no le perdonan. También es digna de estudio la hipotesis que apunta Irivng que los lobbies judios “pusieron en nomina” a Churchill desde el 36, y fue ahi donde empezaria su belicismo y su intransgencia beligerante siempre en aumento desde entonces. Y decir por ultimo que los judíos fueran ellos mismos arquitectos -en parte- de su propio infortunio, es algo que pertenece ya se quiera o no al acervo de la memoria colectiva (de la humanidad doliente).

Nueve meses de carcel, yo vuelvo a “lo mio” ¿Como fue la vida en la carcel para David Irving? ¿Muchedumbres de reclusos apelotonados esperandole a la salida de las salas de las duchas, en los pasillos, agarrados a los barrotes, en la rotondas de paso obligado junto a los puestos de control al interior del establecimiento, tratandole de negacionista de asesino, de criminal (de guerra) y jurandole todas las maldiciones y amenazas pobsibles e imaginables en todas las lenguas, con la prensa y los medios unanimemente hostiles de telon de fondo, linchandole a discreción a todas horas del dia? ¿Y la misma musiquilla durante dias y dias (con sus noches) hasta que se fuera calmando poco o a poco la jauría aquella? Está claro que es dificil por no decir imposible creerlo al menos. Nunca estuve en una carcel alemana (o austriaca), pero los alemanes tienen fama de metodicos ordenados y disciplinados y los nueve meses de carcel de David Irving por delito de negacionismo no le hundieron (psíquicamente) ni dieron cuenta de el a todas luces de una forma u otra; ni de sus reaños ni de sus ganas de vivir y de seguir luchando y las declaraciones recientes lo confirman. Al contrario de lo que parece haber sido la regla en otros casos mas oscuros. Según se lee en la entrevista de “El Mundo” David Irving aprovechó su encarcelamiento para escribir o seguir escribiendo y eso, lo mismo que el respeto que a todas luces supo igualmente ganarse de sus carceleros, abona mucho en favor de su credibilidad, de su persona y de sus escritos.

Es un inglés, es cierto. Quiere decir que arrastra fatalmente una vision britanica (“british”) de las cosas. Y tabien una dosis (fatalmente inevitable) de sentimiento de culpabilidad o de complejo de culpa. Pero en mi caso no se trata de eso, ni en el mio ni el de otros muchos. Irving estaba por sus propios origenes del lado de los verdugos -en Dresde-; en mi caso en cambio me senti desde que lei su celebre obra irrevocablemente del lado de las víctimas. El relato de los detalles más espeluznantes y estremecedores de la noche aquella desepertó sin duda en mí una sensibilidad un tanto dormida, una conciencia hasta entonces enterrada o semi/enterrada en mí de unos origenes “etnicos” (y que se piense de mi lo que se quiera); de mi condición de hispano/alemán o de español de apellido germano como se quiera. Una llamada interior que nunca antes había sentido o no de por lo menos de la forma aquella.

(“La voz de la sangre” sin duda -como lo escribio Jose Antonio- “que nos liga a los destinos de Europa”. Y al recuerdo de sus grandes tragedias)