ASESINATO DE LA FAMILIA IMPERIAL DE RUSIA

14 agosto, 2018 by

NOCHE DEL 17 DE JULIO DE 1918 NO QUISIERON SALIR LAS ESTRELLAS EN EKATERINGRADO. SE NEGARON A ILUMINAR EL MARTIRIO DE LA FAMILIA IMPERIAL DEL HECHO SE ACABAN DE CUMPLIR CIEN AÑOS

ASESINATO DEL ZAR Y SU FAMILIA



En la madrugada del 17 de julio de 1918 las estrellas se hicieron el remolón y se negaron aparecer sobre el firmamento de Tobolsk no querían iluminar la tétrica escena de semejante holocausto, salió una luna roja.

 

El comisario Abrahan Yurovsky raza maldita disparó dos tiros de revolver a la cabeza del zar Nicolás II que murió ipso facto.

 

El zarevich Alexis estaba sentado sobre sus rodillas y cayó en brazos de la emperatriz que trataba con la mano de protegerlo de la ráfaga. acto seguido, una soldadesca integrada por letones y húngaros entre ellos Imre Nagy que habría de presidir el soviet de aquella republica satélite Stalin lo mandó asesinar descargó su fusilería sobre la zarina Alexandra las infantas Anastasia, Maria,  Tatiana y Olga.

 

Con ellos sería fusilados el doctor Botkin médico de cabecera de la familia imperial. Juntamente, una de las amas de llave de la reina que quiso abrazar el martirio con su señora.

 

Se consumó así uno de los grandes magnicidios de la historia un hecho execrable que ha sido comprado con la crucifixión de Cristo. Nicolás II dio muestras de presencia de ánimo y de serenidad. La orden había sido dada por Lenin que mandó el traslado de los cautivos desde su palacio de Tsarkoe Selo a Yekateringrado a las mismas puertas de Asia.

 

La localidad siberiana se hizo famosa por sus canteras de las que se extraían piedras preciosas para adornar los palacios y la ornamentación de los iconos (amatistas, pórfidos, topacios, malaquitas, amatistas, crisolitos) era un lugar de paso muy concurrido por contrabandistas y gente del hampa. Vladimir Illich Lenin (el pálido) dio la orden de ejecución. Los soldados rojos se negaron a formar parte del pelotón. Seguían creyendo en el carácter semidivino del emperador.

 

La masacre tuvo lugar en los bajos de la casa de Ipatiev un hebreo el hombre más poderoso de Ekaterimburgo.

 

A media noche se comunicó a los prisioneros la orden de traslado. Era un engaño. Por la mañana los comisarios habían permitido la entrada en el presidio de un pope que  dijo una misa de réquiem. La emperatriz Alejandra trató de cobijar a su hijo el zarevich enfermo hemofílico en su seno. Antes de morir tanto ella como su esposo dijeron que perdonaban a los ejecutores. Se notaba en el lugar la presencia de algo extrañamente divino confesaron algunos testigos.

 

Acribillados a balazos los cadáveres fueron amontonas en una telega y transportados al bosque de Kostiolka donde les rociaron con gasolina y fueron quemados. Sin embargo, ochenta años después siendo presidente de Yekateringrad Boris Yetsin se encontró una fosa común de la que se extrajeron algunos huesos. Dos dias mas tarde la princesa Lisabeta de Hesen la hermana de la zarina fue despechada desde lo alto de un acantilado. En sus últimos años había profesado como religiosa y se dedicó a la caridad y atender a los heridos de la primera guerra mundial. Fue canonizada con los últimos Romanov. Algunos testigos que pasaron por el lugar contaban que oyeron gemir a la santa durante dos días.

 

Los Romanov fueron de humillación en humillación y de angustia en angustia durante el calvario de la abdicación y encarcelamientos y al fin lograron la palma del martirio. Yo tengo hecho yb voto de ir, si Dios me da vida, a san Petersburgo sonde está enterrados y prosternarme ante su tumba. Creo que mediante su intercesión he conseguido algunos favores que sólo yo puedo enumerar y que la modestia me impide narrarlos en publico y es que la sangre de los mártires siempre será semilla de cristianos.

 

FUENTE;

https://antonioparragalindo.blogspot.com/2018/08/noche-del-17-de-julio-de-1918-no.html

Curso de Lengua Latina

10 agosto, 2018 by


Curso de Lengua Latina

Peregrinación al Valle

16 julio, 2018 by

Más de 100.000 personas peregrinan al Valle para mostrar su rechazo a la exhumación de Franco

Largas colas para asistir a uno de los oficios religiosos.

AD.-  …el Valle de los Caídos lucía hoy más espléndido que nunca. Ramón Arcas, de la Hermandad de Antiguos Caballeros Legionarios de Barcelona, acudió al Valle desde la ciudad condal en compañía de tres compañeros, con cordialidad, galanura y el lema de la Legión en los labios: “Por España, me atrevo”.

No hay mejor testimonio del éxito participativo que el silencio de la mafia mediática.  En cambio, la manifestación separatista del sábado en Barcelona, en favor de los políticos presos, abrió todos los informativos televisivos y radiales.

Disciplina y respeto

Don Luis Alfonso de Borbón , entre los asistentes.

No hubo lemas políticos ni gritos estridentes. No hubo soflamas rencorosas ni apelaciones frentistas. Hubo una auténtica comunión entre fe y patriotismo, sin banderías políticas, en medio de una extraordinaria disciplina y respeto de los miles de asistentes a la sacralidad del recinto.

Fuentes ajenas a la organización han cifrado la asistencia entre 80.000 y más de cien mil personas. Desde primera hora de la mañana los puentes de la A-6 dirección al Valle de los Caídos han amanecido con pancartas con la cara de Franco y con el lema “El Valle no se toca”.

Hay que destacar sobre todo a la artífice del éxito, Pilar Gutiérrez, presidenta de la asociación Movimiento por España  e hija del exministro Joaquín Gutiérrez.


Miles de personas abarrotan la Basílica del Valle durante toda la jornada

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Los actos religiosos dieron comienzo a las 11 de la mañana con la Misa conventual en la Basílica. Después de la Misa continuó en oración todo el día con el rezo de Salmos, Rosario y la Coronilla de la Divina Misericordia, así como con las oraciones propias del Valle.

 

La asociación Movimiento por España llamó a participar en una misa en la Basílica del Valle para defender que “media España no quiere que Franco sea exhumado, ni el Valle de los Caídos profanado y expoliado”.

Imagen tomada a última hora de la tarde: Colas interminables para entrar en la basílica.

Imagen tomada a última hora de la tarde: Colas interminables para entrar en la basílica.


FUENTE: A.D. 15 julio de 2018

 

 


 

 

La edad de la penumbra

18 junio, 2018 by

FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ

Llegaba al Mare Nostrum el pensamiento único y se abría paso la brutal idea de que sólo hay un dios y una fe verdaderas.

 © El MundoLean el libro de Catherine Nixey (Taurus) titulado así. Les servirá para entender por qué el mundo, tras varios siglos de gloriosa ilustración renacentista, volvió a adentrarse en una larga edad de siglos tan oscuros como los del milenio que generó el jaque mate del cristianismo a Roma. Monjes capitaneados por Alarico arrasaron a finales del siglo cuarto el sancta sanctorum de Eleusis en cuyos misterios se educaron todos los próceres del esplendor pagano. Para entonces ya había cerrado el emperador Teodosio los antiguos templos, aunque faltaban cinco lustros para que el Ku Klux Klan de Pablo despedazase a Hipatia en Alejandría. Llegaba al Mare Nostrum el pensamiento único y se abría paso la brutal idea de que sólo hay un dios y una fe verdaderas. Los primeros cristianos jugaron un papel similar al que hoy desempeñan los podemitas y al que en su día asumieron los sans culottes del Terror jacobino, los bolcheviques de los diez días y siete décadas que ensangrentaron el mundo, los descamisados de Perón y su avispada consorte, los bandoleros barbudos de Sierra Maestra y los balillas lampiños del Gran Timonel. No es de extrañar que en la basílica de Bramante, Miguel Ángel y Berninipredique ahora sacrilegios igualitaristas y buenistas un pontífice populachero y puñetero. Ferlosio escribió una recopilación de textos dispersos a la que puso por título Mientras los dioses no cambien nada ha cambiado. Yo, mi muy querido Rafael, me inclino a pensar que mientras no regrese el respeto por lo sagrado, matriz de la Belleza y de la Ética, todo seguirá igual. Igual de mal, quiero decir. Heidegger escribió que sólo un dios podrá salvarnos. De nada sirve el entramado político y social sin una vertebradura espiritual. Fue el pérfido Constantino quien propició el cambiazo de los dioses en cuyo nombre jamás se impuso nada y a nadie se persiguió. El libro, amenísimo, por cierto, de Catherine Nixey, es sin duda, como afirman sus editores, una apología de la tolerancia, pero yo iría más lejos. Diría que es un magnum opus filosófico e histórico escrito en defensa de lo único que hoy puede detener la errática carrera hacia el abismo: la reapertura de todos los ámbitos en los que se propicia el encuentro de la conciencia con lo sublime. Resacralicemos la Iglesia. Reactivemos el proceso de ilustración pagana y renacentista. Empuñemos el testigo que vanamente esgrimió Juliano el Apóstata. Lo pido en nombre de Júpiter.

FUENTE:

https://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=6019

 

Artículo relacionado:
Javier R. Portella,
 “El cristianismo y la destrucción del mundo clásico”.

JAVIER R. PORTELLA

¿Qué sentido tiene, dirán algunos, remover aguas tan viejas como éstas? Aguas de hace mil quinientos años y que fueron, es cierto, históricamente determinantes, pero ya no lo son. Sólo son aguas pútridas, hediondas; y precisamente por ello, porque su hediondez ha sido tapada y perfumada durante siglos, la historiadora británica Catherine Nixey se dedica a removerlas en su reciente libro La edad de la penumbra. Cómo el cristianismo destruyó el mundo clásico.[1]

Flota entre tales aguas la muerte: la de “la mayor destrucción de arte y cultura de la historia de la humanidad”, afirma Catherine Nixey basándose en una abrumadora plétora de datos. Tuvo lugar tal destrucción entre el Edicto de Milán (313 d.C.) y los dos siglos siguientes. Acarreó, entre otras cosas, la pérdida —precisa la historiadora— del “90% de la literatura griega y del 99% de la latina”; una hecatombe para constatar la cual basta contemplar la Afrodita que, con su nariz rota, sus ojos arrancados y la cruz mancillándole la frente, figura en la portada del libro. También cabe constatar tal hecatombe con sólo acercarnos, roto de dolor el corazón, pero extasiado por tanta belleza como aún queda, a cualquiera de los cientos de ruinas de lo que fueron gloriosos templos, palacios, foros, ágoras…

No, semejante destrucción no fue obra del tiempo, o sólo en muy pequeña parte. Quien demolió toda aquella belleza no fue ese mismo tiempo que ha dejado afortunadamente indemnes la casi totalidad de las edificaciones ulteriores. Quienes se dedicaron a infligir cruces en la frente de Afrodita tampoco fueron los bárbaros que invadieron el imperio.

Fueron otros. Los mismos que, abandonando tiempo después los desiertos, ascetismos y laceraciones del cristianismo primitivo, recuperarían, es cierto, los restos no demolidos del pasado, alzarían templos y desplegarían cultos llenos de belleza y sensualidad —algo que nunca hicieron los actuales destructores de Palmira, víctima ayer del cristianismo y víctima hoy del islam. Se salvó así Europa al tiempo que se dibujaba un doble y contradictorio rostro: el que ha caracterizado durante toda su existencia a la religión que, perviviendo hoy en la sola conciencia de los creyentes, ha dejado de latir en el corazón vivo del mundo.

Si ello es así, ¿para qué remover aguas tan viejas? Por legítimo que sea denunciar aquellas brutalidades de hace siglos, ¿para qué zaherir con su recuerdo a nuestros amigos cristianos, ellos que ya son suficientemente atacados por el enemigo común, el de “¡Arderéis como en el treinta y seis!”, “¡Saca tu rosario de mis ovarios!”, etcétera? Un enemigo común que, más allá de la dicotomía izquierda-derecha, no es otro, en realidad, que la desacralización nihilista del mundo, esa plaga que afecta por igual a las denominadas “derechas” y a las llamadas “izquierdas”.

Semejante desacralización —o lo que es lo mismo: semejante desvanecimiento del aliento maravilloso y misterioso que conduce al mundo— va mucho más allá, por supuesto, del ámbito de lo religioso, pero le concierne obviamente también. ¿Qué sentido tiene entonces emprenderla de pronto con la religión?

No tiene ningún sentido, por supuesto. Y es por ello por lo que nadie aquí está atacando la religión. Todo lo contrario. “Sólo un dios puede salvarnos”, dejó enigmáticamente escrito Heidegger. Sólo si lo divino renace de algún modo en el mundo, podrá un día palpitar el aliento de lo que, escapando a nuestra razón e imponiéndose a nuestra determinación, denominamos lo sagrado.


Si renace de algún modo lo divino…

¿De qué modo puede renacer? He ahí la cuestión. Una cuestión tan inmensa que no queda más remedio que dejarla abierta, siendo imposible abordar en un artículo lo que es empresa de, como mínimo, un libro.[2] Una sola cosa, sin embargo, está clara. Si algo parecido a un dios puede salvarnos, difícilmente podrá ser éste el de la religión que, más allá de la destrucción de imágenes y templos, implantó dos cosas que resultarían aún mucho más destructoras. Son ellas las que impiden, por lo que al ámbito religioso se refiere, que resuene hoy cualquier eco de lo sagrado. Estas dos cosas son: por un lado, la intromisión del control divino —con su culpa y su pecado—en el alma y la carne de los mortales; por otro lado, la sed de lo Absoluto, Unívoco y Eterno.

De semejante sed la Iglesia contemporánea parece haberse desprendido en parte. Debería saludarse con júbilo semejante desprendimiento si no fuera que el precio pagado ha sido más que ingente: incalculable. Abriéndose a la indeterminación que, para bien y para mal, caracteriza al mundo moderno, la Iglesia se ha sometido a lo peor del mismo. Destruyendo la grandeza de sus antiguos ritos y cultos, ha implantado la vulgaridad y la fealdad ahí donde reinaban la grandeza y la belleza. Lejos de imprimir aliento sagrado al mundo, la Iglesia no ha hecho otra cosa que desacralizarse a sí misma.

Giremos la vista atrás, observemos a nuestros antiguos dioses (han seguido vivos, por lo demás, en el arte y la literatura desde el siglo XV hasta bien entrado el XIX). Observemos lo que nos enseñan esos dioses que, siglos antes de que el Concilio Vaticano II descubriera el ecumenismo, ya acogían la pluralidad de cultos y divinidades. Lo cual significa: ya conocían toda la carga de indeterminación —de relativismo, si se prefiere— que ello implica. Aceptaban, en efecto, coexistir con dioses venidos de fuera. Entre ellos también habría habido sitio para aquel nuevo Dios procedente de Judea si, dejando el cristianismo de tomarse por la religión del único Dios verdadero, no hubiese pretendido acabar con todos los demás. O lo que es lo mismo: si su objetivo no hubiese sido acabar —y efectivamente se acabó— con el orden espiritual, y por tanto político y social, que vertebraba a Roma.

Observemos a aquellos dioses que tampoco se entrometían ni en el alma ni en el lecho de los mortales, y retengamos lo más esencial. Sí, es perfectamente posible conjuntar dos cosas aparentemente opuestas: el pálpito engrandecedor y sobrecogedor de lo sagrado, y esa otra cosa que, indeterminada e indeterminable, marca el destino de los hombres y recibe el nombre de libertad.

No sólo es posible conjuntar ambas cosas: hacerlo es condición ineludible para que un día puedan afirmarse ambas con todo el arraigo y todo el poderío del que hoy carecen.

[1] Edulcorada traducción del título original (The Darkening Age) y que, recientemente publicado en España, lleva ya varias semanas en los primeros puestos de libros más vendidos.

[2] Libro que verá la luz el próximo mes de septiembre con el título El abismo democrático (Ediciones Insólitas).


FUENTE:

https://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=6016

LLANTO POR MOLLY MALONE / por Antonio Parra Galindo

1 junio, 2018 by

In Dublin fair city where the girls are so pretty… los que amamos a Irlanda hoy estamos de funeral pensando en los miles de infantes no nacidos trucidados en el vientre materno. La guadaña de la muerte sube en la carretilla de la dulce pescadera de pelo rojizo y ojizarca a la que amamos y cantamos en nuestra juventud. Eire se ha hecho abortista unciéndose al carro de heno de los que niegan la vida en esta Europa crucifija en el palo a la que le han subido toda esa gentuza jarca infernal de los que promulgan los derechos humanos y niegan el derecho a nacer. Las aguas del Liffley el río de Dublín el río más literario del mundo bajan turbias, tintas en sangre de los cadáveres del gran infanticidio. Es el río de Joyce, de Swift, de Erskine, de Bernard Shaw, de Keats. Cantábamos dulces baladas en las barras de Main Street al son del banjo y empapados de Guiness. Mientras, Molly Mallone empujaba la carretilla cargada la cesta de berberechos y mejillones. La pescaderita murió joven el año del hambre cuando se arruinó la cosecha de patatas. Durante mis años ingleses viajaba con frecuencia a la Irlanda mítica a ver las cruces de san Patricio y me encontré pecios de la Invencible. En County Cork hallé un pueblo de gente bajita y morena que se ufanaba de ser descendientes de un galeón de la Armada que se hundió durante una galerna. Los supervivientes del naufragio casaron con mozas de allí. Irlanda es eufónica y torrencial como la música del violín. El gaélico materno que hablaban en la vieja Erín los celtas fortaleció al inglés y es un venero de poesía que recorre por las venas de la literatura inglesa. Nunca entendí el conflicto del Norte pero estuve en un mitin en el cual hablara De Valera por última vez. Fue en la primavera de 1973 y aquí van las fotografías que tomé y que se publican por primera vez. Creo que a partir de hoy Irlanda ha dejado de ser católica.

 

▬ Esa es una mala noticia, Paddy

Antonio Parra Galindo

YAEL FARACHE: Por qué ya no soy feminista

20 mayo, 2018 by

Por qué ya no soy feminista
February 15, 2015
En este artículo uso algunas anotaciones a pie de página que aparecen como números en superscript resaltados en amarillo. No es indispensable leer las anotaciones para entender el artículo, pero ofrecen mayor nivel de detalle sobre algunos puntos. No tengo que añadir que el artículo es largo, después de todo es A70 y en la extensión está la gloria, pero léelo completo, si eres feminista cabe la posibilidad de que al terminar de leerlo dejes de serlo.

Feminismo
* Artículo sobre feminismo. Pic related.

Hasta hace poco cuando alguien me preguntaba si soy feminista respondía con una sola palabra: “no”. Esa respuesta era inconveniente porque solía convertirse en el punto final de la conversación. Me quedaba con la sensación de que la otra persona se iba con la idea en la cabeza de que quizás yo estoy a favor de las violaciones y la diferencia de sueldos.

Así que ahora cuando me hacen la pregunta respondo que soy esencialista. El término me ha venido bien porque me ubica al margen de la propaganda de ambos lados, no me asocia con nadie, y por eso ese término suele ser el principio de una conversación y no el final. Casi nadie utiliza el término “esencialista”. A diferencia de “conservador” no te ubica sobre el territorio de la religión. Nada es menos urbano o cosmopolita que ser religioso. A diferencia de “tradicionalista” no denota una preocupación por lo práctico, tu postura no está motivada por la nostalgia. Puede que te salga algún pesado, pero siempre puedes actualizar el término agregándole un “neo” delante y te desprendes de lo clásico. Eres un neo-esencialista. Tres chic.

Claro que hay que hacer la advertencia de que si vas por ahí declarándote neo-esencialista en tu día a día es porque has bebido del Kool-Aid de A70. Escribir este tipo de material subversivo es como hubiese sido llevar ácido a la fiesta de tu grupo de amigos literarios en 1963. ¿Ese de ahí es un tonto? ¿Sí? Dale un vaso de la jarra azul que está allí. Diez años más tarde te enteras que el tonto está en Esalen dando clases de yoga y haciéndose llamar “Raj Bhatt”.

El esencialismo es una postura que las feministas considerarían inconveniente cuando no incompatible, así que puse el título a este artículo a propósito. Sé a lo que me expongo. Sé que me estoy metiendo en aguas profundas con las declaraciones que haré en este artículo, pero estoy preparada para el Dos Minutos de Odio reglamentario al que me someterán las aparatchiks del feminismo digital. ¿No eres feminista? ¡Has de ser misógina! ¡Allá va la judía sexista sionista y facha de A70! Da igual porque alguien tiene que corromper a la juventud.

TENGO UN PASADO

Hubo una época en la que la gente leía en unos artefactos rectangulares rellenos de hojas en el que las palabras que estaban escritas no se podían cambiar, al menos no de manera inmediata, tampoco se podían agregar o eliminar palabras, lo que ponía el papel era definitivo. Los blogs no existían y lo que hacía la gente era escribir en hojas sueltas, acumularlas, revisarlas, y al cabo de un par de años publicar todo lo que habían escrito en un sólo bloque.

Entonces era común utilizar diferentes métodos para editar el texto. Un texto que había empezado a escribir de cierta manera un par de años atrás, podía desembocar en un lugar enteramente diferente. Como nadie iba a leerlo hasta que no estuviese todo terminado, era posible regresar al principio y corregir las primeras páginas para que tuvieran coherencia con las últimas. Era posible dar la ilusión de continuidad.

Editar como práctica, en la actualidad y en lo que respecta a los blogs nos resulta cuando menos poco ético, y con razón. Algunos intentan editar sus archivos, si tienen éxito es porque nadie lee sus webs. Todavía recuerdo aquella vez en la que puse una foto bebiéndome un chocolate caliente unos seis meses después de publicar cierto artículo: “¿Pero no habías dicho que no bebías leche?”

Por eso con la paciencia suficiente es posible ir hacia atrás en este blog hasta encontrar un punto en la historia en el que no sabía que era esencialista, o lo que sea, y aún me denominaba feminista. Si me has estado leyendo desde hace tres o cuatro años seguramente lo recuerdas. Pero no te confundas, no estoy traicionando ninguna causa. Considéralo como una anécdota que sólo hace la historia más entretenida.

Lo que da más morbo es cuando dos amigos se pelean y dan por terminada la amistad. Ahí sale toda la mierda. Así que si el antagonismo merece la pena, y los de película siempre merecen la pena, es porque han nacido de una estrecha amistad. El resto son enemistades fugaces y ordinarias que interesan poco. Para ponerlo en perspectiva: si tengo razones para escribir más de 100 mil caracteres para renegar del feminismo es porque en algún punto de la historia hubo una cercanía.

Considero oportuno explicar esa peculiar afinidad: nunca me denominé feminista en mi adolescencia a pesar de que leí y disfruté autoras como Woolf y Beauvoir, sencillamente porque no tenía contacto con personas que compartieran mis inclinaciones literarias, ni conocía a ninguna feminista. De hecho, desconocía que el movimiento feminista trascendiese la historia del pasado reciente. Para mí, que trazo la línea del tiempo a través de iconos de la cultura pop, el feminismo llegaba como mucho hasta Doris Day. Mi ignorancia era natural: provengo de una era en la que internet como lo conocemos no existía. En el año 5 d. G. (después de Google) descubrí páginas como Jezebel. Internet me radicalizó.

En internet descubrí que existe un movimiento de mujeres que, a día de hoy, se denominan feministas. Shock. ¿Cuál podía ser el papel del feminismo en la actualidad? ¿El voto femenino? Check. ¿Herencia y control de propiedades? Check. ¿Acceso a cargos públicos? Check. ¿Capacidad de ser independiente en todo sentido del tutelaje de un hombre? Check. A mi entender las mujeres y los hombres son exactamente iguales ante la ley y lo éramos desde hace casi un siglo. Si lo que el feminismo quería alcanzar era la igualdad, ya lo había conseguido.

Entonces leí lo que muchas de las nuevas feministas tienen que decir. No voy a daros una clase de historia porque para eso esta Le Wik. Pero el feminismo actual está más enfocado en cambiar tendencias culturales. Propone que existen todavía diferencias en el trato que reciben las mujeres y los hombres y que eso altera el panorama de lo que cada sexo puede conseguir a lo largo de su vida. En eso todas las feministas parecen haber llegado a un consenso, dedican la mayor parte de su tiempo a denunciar esas diferencias en Tumblr y a marchar ligeras de ropa.

Solventar los problemas es otro tema (al que dedican poco tiempo y energía) cuando llega la hora de proponer cómo cambiar las cosas no se ponen de acuerdo, se dividen en tantos grupúsculos como blogs hay en internet. La variedad de opiniones es tan amplia que pienses lo que pienses tienes un espacio asegurado dentro del espectro feminista, puedes opinar básicamente lo que quieras, mientras tengas una cuenta de twitter.

Se me daba bien la socialización feminista. Ponerse de avatar una foto vieja de Drew Barrymore, citar algún discurso de Gloria Steinem, llevar un jersey de Wildfox, todo va en el mismo paquete porque el feminismo en la actualidad es un “estilo de vida”. Está más relacionado con llevar cierto tipo de ropa, escuchar cierta música, y admirar un panteón común que con una “lucha” real. Porque no queda nada ya por lo que luchar. Todo ha sido alcanzado, incluso los objetivos culturales. El feminismo lo permea todo y es tan perfectamente compatible con el status quo que considerarse feminista hoy es tan rebelde, tan subversivo, como hubiese sido tener 5 hijos y organizar fiestas del club de Tupperware en Long Island a finales de los 50.

Nada de esto fue un “deal breaker”. Siento una fascinación hacia los cultos pero también hacia los clubs y las tribus. Creo que he pertenecido al menos a cinco diferentes a lo largo de mi vida y todos me gustaron. Así que el feminismo no tenía por qué ser diferente. El problema fue más bien mecánico. A medida que me relacionaba con otras feministas, sobre todo en internet, me di cuenta de que había un cisma entre lo que predicaban y sus acciones.

Si el feminismo cultural, el de este siglo, pretende entre otras cosas crear una red, una especie de hermandad entre mujeres, en la práctica las feministas son una jauría de caníbales viciosas1 que destrozan todo a su paso: nada queda en pie. Se pelean por protagonismo y por liderazgo, calumnian y difaman a otras mujeres simplemente por disentir, o para resaltar, o porque las víctimas de sus ataques son más guapas o escriben mejor, o tienen más followers en twitter. Entrar en el mundillo del feminismo es como encontrarse en un estado de perplejidad perpetua, y por más que gritas “Soylent green is people!” nadie te escucha.

Así nació mi desconfianza hacia el feminismo como movimiento. Leyendo entre líneas comprendí que a diferencia de lo que predican el feminismo no lucha por abrir caminos para las mujeres. No busca libertad de elección ni de acción porque no es un movimiento que acepta la diversidad de pensamiento, ni la disidencia. No acepta ninguna desviación de la ortodoxia, de su tema central que es la idea de que no existen diferencias entre el hombre y la mujer. De la boca para afuera las feministas dicen defender la libertad de toda mujer de decidir sobre su propia vida, pero si una feminista declara que su pasión es la maternidad lo que recibe es el frío hombro de una comunidad que ahora es hostil hacia ella.

UN CURA Y UNA FEMINISTA ENTRAN A UN BAR

“Parece, entonces, que no todo ser humano femenino es necesariamente una mujer; para ser considerada como tal, debe compartir esa misteriosa realidad conocida como ‘feminidad’. ¿Es este atributo una sustancia segregada por los ovarios? ¿O es una esencia platónica, el producto de la imaginación filosófica? ¿Basta con ponerse una falda plisada para invocarla?” – Simone de Beauvoir.

“El pasado es un país extranjero” dice el dicho. Si el pasado es un país extranjero, el esencialista es un patriota de ese país. O mejor aún, un exiliado. La feminista mira al pasado y lo considera una pequeña, oscura, y barbárica provincia de este eterno y vasto reino llamado Presente.

El esencialista conoce la verdad: que es justo al revés y es el presente el que es una provincia del pasado. Como toda provincia tenemos nuestras especialidades, la comida por ejemplo. El iPad: formidable. Las películas: nunca mejores. Pero así en general: meh. El esencialista no paga un dólar por sus lecturas desde hace un par de años. Los libros que lee, por lo antiguos, son de dominio público.

Para encontrar héroes la feminista viaja en el espacio, por lo general a EEUU. Pero el esencialista mira a su alrededor y no encuentra un sólo héroe al que seguir. Ha de ir más lejos, viajar en el tiempo. ¿Seguirán leyendo a Platón en la Complutense? Jaja, ¡Platón!

El esencialismo no tiene nada de místico, es más bien simple y directo, cercano al sentido común. Si fuese un poco más enrevesado o contra-intuitivo, sería más atractivo, tendría mas edge, y sería más fácil de contagiar. Pero como es verdadero, el esencialismo no es difícil de entender.

Lo que propone es que cada objeto tiene una esencia que es lo que lo hace ser lo que es y no cualquier otra cosa. Por ejemplo, una manzana es una manzana y no es una pera porque cada una posee dentro de sí una esencia y esas esencias son diferentes. Si la manzana tuviese esencia de pera, sería una pera y no una manzana.

Al mismo tiempo cada objeto tiene accidentes que son características accesorias. Todo aquello que puedas quitar o agregar sin cambiar de manera esencial el objeto es un accidente. El color de una manzana, por ejemplo, es accidental. Una manzana puede ser roja, o verde, o amarilla, y sigue siendo una manzana. El color no altera su esencia.

Lo mismo ocurre con las personas. Tú eres quién eres porque tienes una esencia que es la que conforma tu identidad. Eres tú y no eres otra persona precisamente porque posees esa esencia. Si mañana te cortas el pelo o te operas la cara tus amigos seguirían reconociéndote porque tu pelo y tu aspecto son accidentes, la esencia sigue siendo la misma: tú sigues siendo tú.

Un esencialista sabe exactamente lo que piensa con respecto a casi cualquier tema, porque una vez conoces esta simple distinción es fácil separar los diamantes de la paja. En cuanto al feminismo se refiere, la lucha de sexos, etcétera, el esencialista encuentra una gran montaña de paja, y nada resulta más divertido a la naturaleza humana que tirarle una cerilla.

El hombre tiene una esencia que lo separa de los animales, de las plantas, y del resto de las cosas. Un hombre no es una lagartija porque cada uno tienen esencias diferentes. Todos los seres humanos independientemente de su sexo comparten una esencia humana que es la misma, pero un hombre y una mujer son, a su vez, dos seres diferenciados. Un hombre no podría ser una mujer, y viceversa, porque lo femenino y lo masculino son esencias distintas. Para muchos esta idea es obvia, pero hay personas que no lo tienen tan claro. Las feministas de plano la rechazan.

Las diferencias esenciales entre hombres y mujeres tienen muchos niveles. Las más evidentes y difíciles de rebatir son las que se explican desde la ciencia: hay diferencias genéticas, hormonales, orgánicas, de competencias cerebrales y habilidades cognitivas2.

Las cualidades diferenciadas tienen una distribución normal. No todas las hembras expresan cualidades femeninas de la misma manera, ni todos los hombres cualidades masculinas. De hecho, puede haber un individuo femenino en particular que sea más agresivo que un individuo masculino específico. Pero la tendencia es a que el grueso de la población femenina se comporte de manera más dócil y más sociable que el grueso de la población masculina.

Las diferencias se pueden justificar desde la biología evolutiva. Es imposible creer en la evolución de las especies y al mismo tiempo descartar que existen diferencias profundas entre los sexos. Si los seres humanos evolucionaron, como lo hicieron todas las especies, es natural que la selección natural dotaría de características diferentes a cada sexo para que cada uno cumpliera con sus funciones de manera óptima. Si crees en la evolución has de creer en las diferencias sexuales. No puedes creer en una y no en la otra. Creer en una y no creer en la otra está al nivel del evangélico de North Dakota que saca a sus hijos de la escuela y le instruye en su casa que los hombres convivieron con los triceratops.

Si la ciencia no te satisface, o si te gusta ir más allá, los argumentos filosóficos son fuertes también. Desde la antigüedad se conocía que la naturaleza del hombre y la mujer eran diferentes y complementarias. Aristóteles, que ha sido acusado por las feministas de ser el responsable de las ideas de la inferioridad de la mujer en la filosofía (Beauvoir acusó sin fundamentos a Aristóteles de decir que “La mujer es mujer por una cierta carencia de cualidades” y también que las mujeres sufren de una “defectuosidad natural”) consideraba que había una diferenciación notable entre los machos y las hembras de todas las especies animales. Explica que las hembras son pasivas y los machos son activos, en parte por las ideas de actividad y pasividad de la filosofía clásica. Por “actividad” Aristóteles se refiere a la causa eficiente, y por “pasividad” se refiere a la causa material. Es decir, que el hombre aporta el movimiento y la mujer el sustrato. Como el óvulo y el espermatozoide.

Lo masculino y lo femenino aparecen en casi todas las culturas como fuerzas complementarias. El ying y el yang. Italo Calvino decía que toda buena historia tiene sólo dos posibles argumentos: la continuidad de la vida, o la inevitabilidad de la muerte. O, lo que es lo mismo, la comedia, o la tragedia. Es la misma idea de Freud del Thanatos y el Eros. La mujer es la continuidad de la vida a través del sexo. El hombre es la inevitabilidad de la muerte a través de la guerra. De estas dos maneras de ser surgen los conceptos de “feminidad” y “masculinidad”: aquello que es afin a la naturaleza de la mujer es femenino, y aquello que es afin a la naturaleza del hombre es masculino. Se pueden usar para describir cosas que tienen poco que ver con el hombre.

Existen mujeres masculinas y hombres femeninos, desde luego, pero son la excepción a la regla. A lo que voy es que aunque existen Gilmore Guys, los hombres en general, no suelen exaltarse hasta las lágrimas cuando Big le dice a SJP “you are the one”. Las mujeres por su parte prefieren tener una larga conversación telefónica con sus madres antes que ir a ver 300. Si la aplicación de Kim Kardashian es la más descargada en la historia del app-store no es porque las mujeres como grupo tengan un interés natural hacia la carpintería.

No es extraña la idea de que los sexos son esencialmente distintos. Tiene un sentido práctico. Si algo sabemos acerca de la naturaleza es que ante todo conserva sus recursos de manera extraordinaria. Si los sumerios ya sabían que lo más práctico era dividir el trabajo, y Platón consideraba que el Estado más pequeño posible consiste de cuatro o cinco individuos: “el agricultor, el constructor, el sastre, el zapatero y un par de personas más” no era en vano. Un sólo hombre es incapaz de producir todo lo que necesita para vivir de manera civilizada, no le da la vida. Lo más natural es que haya todavía una división de trabajo anterior al Estado: desde que el hombre bajó de los árboles el trabajo de sobrevivir se hizo entre dos, entre el hombre y la mujer.

Lo más lógico entonces es que las labores diarias se dividiesen entre los dos. No tendría sentido que ambos hicieran todo. Lo sensato es que cada uno se ocupase de unas tareas determinadas, dedicase a ellas todo su tiempo, y aprendiese a hacerlas lo mejor posible. Las mujeres respondieron a su naturaleza y se dedicaron al hogar y a los hijos. Los hombres se encargaron de buscar el sustento y defenderlas. La naturaleza del hombre y la naturaleza de la mujer son complementarias porque vivimos en pareja.

Existen “Supermamás” que trabajan y crían a sus hijos, que lo hacen todo a la vez. Se puede debatir si lo hacen “todo a la vez” o no hacen “nada a la vez” depende de si consideras el vaso medio lleno o medio vacío. Pero quizás el ejercicio más interesante es plantearse el escenario contrario. Una mujer puede decidir si quiere tener hijos o ir a trabajar. En algunos países la mujer es hasta Ministro de Defensa

Pero un hombre no tiene esa opción. Un hombre puede quedarse en su casa, limpiar, y cocinar, pero su experiencia jamás será completa porque para un hombre es imposible quedar embarazado, llevar el embarazo a término, parir un hijo, y amamantarlo. Esta es una experiencia exclusivamente femenina, a la que los hombres jamás tendrán acceso. Las mujeres pueden fingir o adoptar roles masculinos, pero un hombre jamás podrá adoptar el rol por excelencia femenino, un hombre no posee la capacidad anatómica para ello.

Ahora que he explicado lo que significa ser esencialista, conviene explicar por qué si eres esencialista no puedes ser feminista.

Básicamente, el feminismo parte de la idea contraria. Para el feminismo la única diferencia entre un hombre y una mujer es anatómica y más específicamente genital. Para el feminista medio existe un prototipo de “ser humano” básico al que, agregándole tal o cual genital se convierte en un hombre o en una mujer. De resto somos exactamente iguales porque según el feminismo tenemos idénticas capacidades, inclinaciones, y gustos. No lo digo a la ligera, aunque dos o tres feministas consideren que la diferencia entre los sexos es relevante, son consideradas por el resto de las feministas como disidentes porque su opinión va en contra del establishment feminista (tanto académico como activista).3

El feminismo intenta en la medida de lo posible evitar el debate de las diferencias naturales porque saben que su postura es difícil de defender, pero si deben abordarlo buscan por todos los medios desacreditar a priori la idea de que pueden existir diferencias esenciales entre los sexos. Es importante para el feminismo acabar con este debate porque pone de manifiesto lo artificial de su teoría y de sus objetivos.

Eso explica la razón por la que las feministas defienden con vehemencia los derechos de los transexuales. En algunos países han conseguido que ni siquiera sea necesario someterse a una cirugía o tomar hormonas para cambiar de estatus legal. Basta con declarar que “te sientes mujer” o “te sientes hombre” ante un notario para cambiar tu sexo legal. Técnicamente puedes ser un señor con bigote y tener un pasaporte que pone “sexo femenino” porque en esto consiste el sexo para el feminista: en una elección interior.

El feminismo explica el divorcio entre la realidad y su teoría utilizando la cultura. El feminista admite que las diferencias existen, pero discrepa en el origen de las diferencias. Niega que sean innatas o naturales. Cualquier diferencia entre hombres y mujeres no es el resultado de una inclinación natural, sino que es aprendido y por tanto artificioso.

Su postura es que es la sociedad quien enseña a nuestros hijos a jugar como cowboys y a nuestras niñas a jugar como princesas, desde que nace hasta que muere una persona está manipulada por la sociedad para que actúe de acuerdo con su sexo. Entender este punto es muy importante porque este es el tema principal del feminismo: las diferencias entre los sexos no son naturales, son aprendidas, son producto de la cultura que educa a la gente para cumplir con ciertos roles que son artificiales.

Pero no se queda ahí. El segundo tema del feminismo es la idea de que las diferencias son perjudiciales. No puede ser de otra manera porque de acuerdo con el feminismo estas diferencias entre los sexos hacen que uno de ellos esté subordinado al otro.

Si eres esencialista comprendes rápidamente la razón, que es física: un hombre es más fuerte que una mujer y más agresivo. La mujer es más débil, más pequeña, y más dócil. Es fácil para un hombre dominar a una mujer, pero el escenario contrario es difícil de encontrar. Si observas las diferencias entre ambos sexos eres capaz de ver este punto. Pero las feministas no observan la realidad, sino que la sustituyen. Afirmar que se trata de algo físico va en contra de la idea de que las diferencias, cualesquiera que sean, son artificiales, por eso es necesario ignorar esto y actuar como si fuese la cultura la culpable de esta relación de subordinación de un sexo al otro.

No te voy a dar la enfermedad sin ofrecerte la medicina: a través de la historia esa diferencia de fuerza entre sexos ha modelado la cultura. En el mejor de los casos la mujer busca la protección de un hombre que la toma como suya y la protege de los demás (matrimonio). En el peor de los casos, el hombre hace uso de su fuerza para aprovecharse de la mujer en contra de su voluntad (violación o rapto). Pero es de esta diferencia de donde salen mandamientos culturales tan importantes como la negativa de un hombre de golpear a una mujer (en nuestra cultura, no en todas).

El tercer punto del feminismo actual es el siguiente: no sólo las diferencias son artificiales y negativas, además la cultura predominante educa a las personas de manera sexuada con un objetivo específico: el de perpetuar el sistema de opresión del hombre hacia la mujer. Es decir, que estas diferencias culturales entre los sexos se producen con alevosía y premeditación bajo la complacencia de sus protagonistas.

Según algunas corrientes feministas, la gente no se opone a la educación sexuada porque están ciegos y no son capaces de ver la cultura en la que están inmersos. Son cómplices sin quererlo y muchos participan activamente de los actos opresivos. La lucha del feminismo se trata, por lo tanto, de hacer despertar a la gente para poder vencer estos 3 paradigmas y fundar una nueva cultura que no haga distinción entre los sexos para que así cada quién sea capaz de elegir su destino de manera verdaderamente libre.

A esta cultura en la que se educa a la gente de manera sexuada para prolongar un estado opresivo en contra de la mujer lo llaman “Patriarcado”.

EL PATRIARCADO DEL ESPAGUETI VOLADOR

El Patriarcado es como Matrix: nos rodea, estamos inmersos en él, pero no somos capaces de verlo de la misma manera en la que un pez no es capaz de ver el agua, mucho menos el océano del que forma parte. Y desde luego, el feminismo es la píldora roja. Ser feminista sería como pasar a formar parte de un grupo de rebeldes, de una resistencia que es capaz de percibir lo que nadie más percibe, y por tanto de luchar en su contra. De pronto, detalles sobre los que jamás había reparado en el pasado saltan a la vista del feminista como claros actos de sexismo.

La indignación es de amplio espectro porque el Patriarcado es el sistema en su totalidad. La indignación comienza con eventos sexistas que todos reconocemos como podría ser una violación, discriminación a una mujer en una oficina, o un caso mal manejado de violencia doméstica, pero el sexismo no termina allí. El nivel de detalle en la búsqueda de sexismo al que puede llegar un feminista varía, pero a estas alturas casi todos aceptan el término “micro-agresiones” como válido. La micro-agresión es la discriminación involuntaria y casual de otra persona por su condición. Estas micro-agresiones son más peligrosas que los casos de sexismo directo porque son más difíciles de identificar y son parte del aparato de opresión, o eso dicen los feministas.

El Patriarcado no solamente es el sistema en el que el hombre es quien ostenta el poder primario y la mujer está subordinada a él. El Patriarcado es también la cultura en la que el Patriarcado se apoya y todos los mecanismos que se utilizan para promover, perpetuar, y resguardar ese equilibrio. De acuerdo con la teoría feminista los mecanismos de subyugación se agrupan en torno a dos ejes:

1) Disparidad: desigualdades de empleo, de salarios, de derechos, de privilegios, etc. Al convertir a las mujeres en una especie de casta inferior, son capaces de dominarlas.

2) Violencia: tanto las violaciones como la violencia doméstica. De acuerdo con el feminismo vivimos en un mundo en el cual las violaciones son cosa de rutina y por lo tanto no se persiguen ni se denuncian. Las autoridades se hacen la vista gorda, se educa a las mujeres para no llevar minifalda en lugar de educar a los hombres para no violar, etc. La violencia doméstica es similar a la cultura de la violación en forma y fondo, sólo que ocurre dentro del seno familiar. Con la violencia el Patriarcado se perpetúa porque hace de la mujer una víctima temerosa del hombre.

Es imprescindible para el movimiento hacer promoción de estas situaciones porque su lucha se basa en la indignación. Si la gente no se indigna no se manifiestan, si no se manifiestan es difícil pasar legislación que favorezca los intereses del feminismo. Por esa razón el feminista medio es tan propenso a la queja, porque no es una queja vacía, es una queja intencionada que busca llamar la atención sobre la existencia de este Patriarcado que no vemos, pero que según el feminismo, nos rodea.

Los triunfos del Patriarcado son discretos: pasan desapercibidos por todos. La manera en la que el Patriarcado se agencia esta sorprendente tarea es por medio de una compleja red de recompensas y castigos sociales. Por ejemplo, convence a las mujeres de que ser madres debe ser su objetivo primordial. Que el hombre es más fuerte que ella, más inteligente, más capaz, y la mujer debe ser dócil y sumisa. Este trabajo de educación comienza desde la infancia y continúa a lo largo de toda la vida.

Pero el Patriarcado no solamente es responsable de la opresión histórica de la mujer, es también el origen de otros males como las guerras, la esclavitud, y el imperialismo, porque al educar al hombre para ser agresivo y darle a él las llaves del reino, él dirigirá a la sociedad hacia objetivos violentos.

El fin último del feminismo es derrotar el Patriarcado. Los objetivos inmediatos (como las cuotas de trabajadoras en las empresas) no son otra cosa que un estado intermedio. Al final la idea es eliminar el Patriarcado y su cultura: sus valores, sus esquemas, sus instituciones; y suplantarlo con un sistema diferente que esté regido por la mujer. Es decir, suplantar el Patriarcado por un Matriarcado. De acuerdo con la teoría feminista una cultura matriarcal sería superior porque se basaría en los valores femeninos en lugar de basarse en los masculinos, y esto daría lugar a una sociedad pacífica e igualitaria.

Cualquier esencialista, independientemente de sus gustos personales, considera esta idea cuando menos temeraria. No es otra cosa que un peligroso experimento social. Si en la historia escrita hubiese casos notables de matriarcados prósperos los conoceríamos, pero aunque cada civilización que ha existido en la historia de la humanidad ha sido patriarcal, no conocemos todavía la primera cultura matriarcal fuera de la anécdota. En resumen: los hombres crearon esta civilización. Como diría Camille Paglia: si las mujeres estuviéramos a cargo del devenir de la sociedad seguiríamos viviendo en chozas.

Cuando al feminista se le confronta con la historia, saca a pasear algunas teorías de la historia, escritas directamente por feministas o simpatizantes del feminismo, que intentan reconstruir las culturas humanas primigenias previas a la escritura y al sedentarismo. Estas teorías son interesantes, pero no dejan de ser especulaciones, porque existen pocos métodos para estudiarlas más allá de las suposiciones. Casi todas estas teorías se basan en reconstruir una cultura a partir de figurines de arcilla, o de pintura rupestre.

De acuerdo con estas teorías de la historia, el Patriarcado no es el resultado de una inclinación natural humana, sino que ha sido construido por medio de la cultura porque los pueblos más antiguos de la humanidad, los de cazadores y recolectores, eran matriarcados. La conclusión aparente es que si el Patriarcado ha sido construido históricamente, también puede ser destruido históricamente.

No soy fan de la palabra “meme” en primer lugar porque su sonido es estúpido, pero aparte porque ya existe en nuestro vocabulario un término útil para expresar el mismo concepto: “idea”. Pero para efectos de este artículo utilizaré el término “meme” porque hace una analogía sobre la manera en la que una idea se propaga por un proceso similar a la reproducción de un virus o un gen.

Lo del Patriarcado, al igual que cualquier meme, es una idea atractiva, sólida, difícil de desmontar a simple vista. Si fuese sencillo detectarla como artificial, no sería popular, pero el hecho de que mucha gente crea en ella no la hace verdadera. Si tuviéramos que medir la realidad de acuerdo con la opinión predominante, seguiríamos creyendo que la Tierra es plana. Para que un meme tenga éxito no ha de ser verdadero, sólo ha de ser atractivo. Por eso si examinamos la idea del Patriarcado de cerca podemos ver las incongruencias.

Ninguna cultura ha conseguido subyugar u oprimir a una minoría sistemáticamente por tiempo prolongado. Si bien los ejemplos de opresión son múltiples, y atraviesan casi todas las culturas y las regiones, ninguno ha sido duradero. La gente se levanta, los regímenes caen, lo hemos visto a lo largo de toda la historia. Alejandro lo sabía, y lo sabía Roma, por eso daban licencia a los pueblos conquistados de practicar sus culturas. Sin embargo, según el feminismo, a la mujer, que no es una minoría sino que representa la mitad de la humanidad, se le ha tenido en estado de opresión durante toda la historia conocida, es decir, durante más de cinco mil años. Es cuando menos, una idea exótica.

¿Cabe la posibilidad de que junto con las opresiones y los desprecios, las mujeres encontrasen alguna ventaja en el Patriarcado? Si bien los roles no son iguales, las desigualdades no van en una única dirección. Cada sexo tiene un rol que emana de su naturaleza y de acuerdo con él obtiene privilegios, obligaciones, y responsabilidades. A los feministas, que niegan la esencia y creen que el sexo es un constructo social, el orden de la familia les resulta arbitrario y opresivo. Los que aceptan que nuestro orden social puede tener ventajas, consideran en sí mismas son también un problema, el Patriarcado es malo porque cualquier desigualdad es mala.

Bajo este punto de vista es fácil entender la cruzada de las feministas en contra de la feminidad. La feminidad no es otra cosa que la expresión del Patriarcado. La mujer femenina es el producto de una educación patriarcal y encarna en sí misma la continuidad de la opresión. La existencia misma de la mujer femenina es una traición. Lo mismo ocurre con la masculinidad. Cualquier hombre que se identifique con los roles tradicionales masculinos es un opresor. Por eso la baja tolerancia del feminismo hacia la mujer femenina.

Cuando toca discutir la forma en la que el Patriarcado oprime a la mujer, la discusión se vuelve densa. Es cuando menos divertido plantearle a una feminista la siguiente idea: si el veneno es el arma femenina y la mujer sufría de una opresión generalizada y persistente, ¿qué tipo de soborno se le ofreció a las mujeres para que no colocaran arsénico en la cena de sus maridos? K.O. Las que se recuperan antes de los 10 segundos reglamentarios murmuran cosas como que las mujeres estaban tan oprimidas que no se daban cuenta de que lo estaban.

Es posible probar la asimetría que existió a lo largo de siglos en el acceso al poder político entre hombres y mujeres, pero es mucho más complicado probar que las mujeres se encontraban oprimidas por ello. El argumento más manido quizás sea el que acusa a nuestra civilización de relegar a la mujer a las tareas domésticas, apartarla por fuerza de la vida pública y colectiva, prohibirle trabajar, el acceso a la educación, o ejercer labores intelectuales, y en cambio forzarla a tener hijos o a casarse por fuerza. Pero basta con leer las biografías de las madres del feminismo (como Mary Wollstonecraft) para darse cuenta de que estas ideas tienen poco fundamento4.

En Occidente, y dentro de ciertos parámetros, la mujer ha gozado de libertad para trazar su destino. El ser ama de casa, madre, o mujer de un hombre no ha sido impuesto sobre ella a la fuerza. Al menos no desde el Estado (como ocurre en los países islámicos). Ha sido siempre una elección privada. Aunque el concepto sea difícil de comprender, las mujeres han gozado de libertad para ser tan independientes como el hombre. La diferencia es que por naturaleza él impone su voluntad, y ella, por su naturaleza también, acepta con mayor facilidad decisiones de terceros acerca de su vida. Para la mujer muchas veces es más importante agradar, mantener la armonía, y el status social, que hacer cumplir su voluntad.

Si una mujer no quería casarse no tenía por qué hacerlo aunque su padre la obligase. Abundan los ejemplos en la historia de mujeres que huyeron de sus casas para evitar que el padre las casase con un hombre que no era de su agrado. También los hay de mujeres que se fugaron porque no sólo no querían casarse con un hombre determinado, sino que preferían vivir una vida de amor libre. De la misma manera en la que la mayoría de las mujeres carecían de una educación completa porque la sociedad no lo consideraba oportuno o necesario, hubo familias que educaron a sus hijas en todos los temas, y pusieron a su disposición el mismo material que ofrecieron a sus hijos varones. Jane Austen, las hermanas Brontë, y otras familias menos ilustres como la Montagu, son un perfecto ejemplo. El Patriarcado se construye con normas sociales, pero cada individuo es también libre de aceptarlas o rechazarlas.

Con esto no quiero decir que la mujer lo tuvo fácil. Cristina de Pisan comienza “El libro de la ciudad de las damas” (publicado en 1405) contando la tristeza con la que leyó Las Lamentaciones de Mateolo. En su poema, Mateolo comenta que las mujeres hacen de la vida de sus maridos algo insoportable. De Pisan se sintió avergonzada al leerlo: “Este pensamiento inspiró en mí una gran sensación de asco y de tristeza. Empecé a despreciarme a mí misma y a todo mi sexo como una aberración de la naturaleza” De Pisan confesó creer, al principio del libro, que la mujer debía ser mala y viciosa por naturaleza porque no podía encontrar un trabajo sobre filosofía o sobre moral en el que el autor no dedicase al menos un párrafo o capítulo a atacar al sexo femenino. Consideraba que era poco probable que tantos hombres ilustres, dotados de una inteligencia aguda y entendimiento sobre todos los temas, pudieran mentir tantas veces sobre la misma cosa.

De Pisan fue posiblemente la primera mujer en señalar la inteligencia femenina y solicitar que la mujer fuese considerada como sujeto de la misma manera que el hombre, que se le ofreciera acceso a la educación. Sin embargo, cabe mencionar, que De Pisan vivió en la Francia medieval y a pesar de quedar viuda a los 25 años, fue capaz de mantener a sus hijos porque sus obras literarias fueron bien recibidas tanto por hombres como por mujeres, sus escritos se hicieron populares en la corte.

Quizás el problema principal de la mujer sea su necesidad de agradar al otro. El hecho de que la mujer esperase que el hombre le otorgara el permiso para educarse. Si en lugar de esperar la mujer se hubiese preocupado por educarse a sí misma, como muchas lo hicieron, y utilizar su conocimiento para educar también a sus hijas, no hubiésemos llegado a tener estas discusiones. Pero no podemos olvidar que si la mujer no buscase agradar no sería mujer. El agradar es parte de su naturaleza. La mujer ha de atraer al hombre como las flores a las abejas, todo en ella está dispuesto para ello. Las mujeres que, como De Pisan, escapaban de este paradigma lo hacían a pesar de su feminidad.

Aunque no comparto la idea de que las mujeres han vivido oprimidas durante milenios, entiendo por qué las feministas están convencidas de ello y por qué alimentan y propagan estas ideas. El meme tiene varias ventajas. Por una parte confirma el Weltanschauung feminista: que vivíamos oprimidas hasta que el feminismo nos liberó. Pero además permite trazar un vector histórico hacia el futuro: ¡seguimos oprimidas! ¡La labor no ha terminado! ¡El feminismo es necesario!

LA LABOR NO HA TERMINADO

Era el otoño de 2012 y Jackie llevaba un mes en la Universidad de Virginia cuando un conocido llamado Drew (a quién conoció cuando ambos trabajaban de salvavidas en la piscina de la universidad) la invitó a salir a la fiesta de reclutamiento de su fraternidad, Phi Kappa Psi. Según el testimonio de Jackie, durante la fiesta la violaron 7 miembros de esa fraternidad, uno detrás del otro, durante 3 horas y media. El episodio fue descrito con lujo de detalles, la dejaron inconsciente y ensangrentada en el suelo de la habitación. Según su testimonio algunos de los miembros de Phi Kappa Psi gritaban “¿No queréis ser miembros? ¡Todos lo hemos hecho, ahora os toca a vosotros!” Dando a entender que era un ritual de iniciación.

Cuando Jackie despertó llamó a sus tres mejores amigos para que fueran a recogerla. Al verla le preguntaron: “¿Qué te han hecho?” Ella se echó a llorar. Uno de sus amigos ofreció llevarla al hospital, pero los otros dos se negaron por miedo a las represalias sociales, temían no volver a ser invitados a las fiestas de ninguna otra fraternidad.

Este recuento apareció en el reportaje “A Rape on Campus” del panfleto Rolling Stone en Noviembre de 2014. Lo que sigue al testimonio de Jackie es una feroz crítica a la Universidad de Virginia, a la que acusaron de ser cómplice por ignorar los casos de violación en su universidad. Según la revista, esto era un claro indicio de que vivimos en una cultura de la violación en el que estas cosas ocurren con la complicidad de las autoridades, y en la que, cuando una víctima de agresión sexual habla de su experiencia, se le acusa de mentir o de exagerar lo que ocurrió.

Las feministas y su máquina de ecos hicieron que este artículo de Rolling Stone se convirtiera en uno de los más leídos del año. Aparecía en todas partes, en internet, en los periódicos, en la televisión. Hasta que un periodista de Washington Post aguó la fiesta. Resulta que la historia de Jackie no parecía del todo fiel a la realidad: había numerosas discrepancias con los hechos.

En primer lugar las ceremonias de reclutamiento de Phi Kappa Psi no ocurren durante el otoño, sino durante la primavera. El fin de semana que Jackie señaló como la noche de la violación, Phi Kappa Psi no hizo ninguna fiesta o evento. Ningún miembro de la fraternidad trabajó como salvavidas en el Aquatic and Fitness Center. “Drew” que fue el que llevó a Jackie a la fiesta y el que inició la violación, no sólo nunca había sido miembro de Phi Kappa Psi, sino que jamás tuvo una cita con Jackie. Los amigos que supuestamente la disuadieron de ir al hospital se pronunciaron para decir que ese episodio jamás ocurrió, que Jackie no estaba herida cuando la encontraron, y que le ofrecieron llevarla a la policía y fue ella quién dijo que no.

La de Jackie no fue la primera historia acerca de una violación que resultó ser falsa. Lo mismo ocurrió con Tawana Brawley y el equipo de Lacrosse de la universidad Duke. Por no mencionar aquel caso en la feria de Málaga que nos pilla más cerca. Todos los casos aparecieron en los medios, tuvieron una difusión impresionante, y en la corte se comprobó que eran falsos. Si la gente tratase los casos de violación de manera sobria, como tratan cualquier otro caso, estas cosas no sucederían porque la gente solicitaría evidencias junto con la historia. Sin embargo el feminismo se ha dado a la tarea de elevar el estatus de la declaraciones de una víctima de violación hasta el punto de que cuestionarse la validez de la historia es considerado sexista.

Si el feminismo logra construir una narrativa de opresión convincente, tendrán la mitad del trabajo hecho. Porque no es necesario que la opresión exista, sólo es necesario que exista la percepción de esa opresión. Si yo fuese una curandera, por ejemplo, buscaría convencer a todo el que pueda de que sufre de alguna dolencia. Después sería cuestión de ofrecerle la cura previo pago por el servicio. Si convences a un grupo de personas de que su sociedad es opresiva, da igual que lo sea, mientras ellos crean que lo es estarán dispuestos a comprar tu solución.

El Buen Feminista lleva consigo el Almanaque Mundial del Patriarcado allí a donde va, con todas las cifras que pudiera necesitar para probar que vivimos en una sociedad opresiva. Tal como aparece en varias fuentes confiables (blogs) vivimos una “epidemia de sexismo” que nos azota en el Primer Mundo en el que quizás no lapidemos a las adúlteras o echemos vírgenes a los volcanes, pero casi. Os ahorraré la profusión de datos porque con desmentir los más frecuentes es suficiente para dar una idea del panorama.

Lo diré de forma clara: la mayoría de los datos que ofrecen las feministas como argumento son fabricaciones. El feminismo es muy dado a inventar y después a hacerse eco unos a otros de las invenciones, agregando niveles de detalle que alcanzan el virtuosismo, hasta que el resultado y la realidad están tan lejos el uno del otro que se pierden en el horizonte.

Empecemos por lo más básico. Las feministas juzgan el Patriarcado usando 2 ejes temáticos: la disparidad (de sueldos, de acceso a lo público, de cargos políticos), y la violencia (violaciones, violencia doméstica). Estos son los dos ejes principales en lo que respecta al Patriarcado aunque hay temas menores como los derechos reproductivos.

En cuanto a la disparidad, si estás familiarizado con el discurso feminista conoces la cifra de 70 céntimos por dólar “por hacer el mismo trabajo que un hombre”. La cifra varía diez céntimos arriba, diez abajo, dependiendo de la semana y del periódico, pero el argumento se mantiene: haciendo exactamente el mismo trabajo durante exactamente las mismas horas, una mujer gana una fracción de lo que gana un hombre.

Conviene dar mención al preciosismo con el que se fabricó esta ilusión ¿Sabías que existe un Día Nacional de la Igualdad de Sueldos en EEUU? Se celebra el 8 de Abril. ¿Sabes por qué se celebra en esta fecha? Porque este es el día en el que una mujer que trabaja a tiempo completo finalmente ha ganado lo mismo que ganó un hombre el año anterior. Fantástico, dos mil retweets.

En realidad la cifra de 70 céntimos corresponde a la diferencia entre el promedio de los sueldos de todos los hombres que trabajan a tiempo completo, y el promedio de los sueldos de todas las mujeres que también trabajan a tiempo completo. La razón de la diferencia es simple: las mujeres y los hombres toman diferentes decisiones. How totally shocking.

Las mujeres suelen elegir carreras que pagan menos como educación, enfermería, psicología y las humanidades, mientras que los hombres eligen carreras como ingeniería, ciencias, medicina, o desempeñan trabajos de mayor riesgo que tienen una mayor retribución.

De la misma manera, las mujeres suelen dejar su trabajo cuando quedan embarazadas a razón de un año o más por hijo. Los hombres no suelen hacerlo. Cuando se controlan todas las variables la diferencia de sueldos desaparece por completo.

Estas son decisiones que la gente ha tomado libremente. Se puede cuestionar si las mujeres que eligen estudiar enfermería lo hacen porque han sido “socializadas” para ello o porque su cerebro tiene ciertas competencias distintas a las del hombre. Pero a menos de que el feminismo esté preparado para forzar a las mujeres a elegir carreras determinadas, la diferencia de sueldos seguirá existiendo mientras existan individuos con inquietudes diferentes.

En lo personal, si tuviese un empleo estaría feliz de ganar 77 céntimos por cada dólar que gana un hombre, si eso significa que jamás tendré que pagar la cuenta cuando salgo a cenar. No sorprende que el feminismo quiera abolir la diferencia de sueldos, después de todo se sabe que las feministas (y las mujeres de izquierda en general) son en promedio 77% más feas. Cuando alguien me menciona en twitter y veo en su avatar que es una mujer guapa, sé automáticamente que es fan, y viceversa. Si es fea seguramente viene a odiarme.

El hecho es que cada vez que se repite el mito de la diferencia de sueldos diciendo que una mujer gana menos que un hombre por hacer “el mismo trabajo” es una mentira (aunque difícilmente el feminista que repite esta idea sabe que lo que está diciendo es mentira).

Los datos son así de fiables en casi todas sus reivindicaciones. Según el feminismo 1 de cada 3 mujeres sufrirá algún tipo de agresión sexual en su vida y 1 de cada 5 sufrirá una violación. Pero según el feminismo casi cualquier cosa se puede considerar una violación o agresión sexual. Si un hombre y una mujer tienen sexo bajo los efectos del alcohol, por ejemplo, eso puede ser considerado una violación aunque ella haya dicho que sí en el momento y el hombre estuviera totalmente borracho.

La cifra de la esclavitud infantil es la más sorprendente. De acuerdo con el feminismo entre 100 y 300 mil niñas son vendidas como esclavas sexuales y esto es solamente en EEUU. 300 mil niñas esclavas en una población de 200 millones de personas equivale a 1 niña por cada 666 personas. Lo que quiere decir que si has conocido a 1000 personas en tu vida, cabe la posibilidad de que al menos una esté disfrutando de su niña-esclava.

Desde luego, esta cifra sensacional es una fabricación. Salió de un estudio de 2001 de la facultad de sociología de UPenn acerca de la explotación sexual infantil. Según el autor la cantidad de niños *en riesgo* de ser explotados era entre 100 y 300 mil. No eran las víctimas sino aquellos en riesgo. A la hora de hablar de víctimas reales: el número de niños que son secuestrados y usados como esclavos sexuales cada año no alcanza los 500 e incluye un gran número de varones. Si hay cientos de niños en situación de esclavitud, sigue siendo un problema preocupante, pero la diferencia en la cifra cambia nuestra perspectiva acerca de la sociedad en la que vivimos.

Lo mismo ocurre con la violencia doméstica. La cifra de 38% sale de un estudio del Departamento de Justicia. Pero la cifra se refiere a las 40 millones de mujeres que visitan salas de emergencia cada año por heridas de violencia, que son alrededor de 500 mil. De esas, aproximadamente el 38% fueron atacadas por familiares que viven con ellas. Si hablamos de todas las mujeres que visitan las emergencias de las clínicas la cifra no alcanza el 1%.

¿De dónde parte y por qué se genera este fenómeno de desinformación? Si fuesen casos aislados y las cabezas visibles del feminismo se pronunciaran para renegar de los argumentos una vez que han sido desmentidos, se podría afirmar que se trata de un simple error común. Pero las fabricaciones son frecuentes, persistentes, y son repetidas una y otra vez a sabiendas de que son falsos. Así que no se trata de un error sino de una estrategia.

FEMSPEAK

Uno de los puntos más interesantes del conservadurismo es que descubrió una rotunda verdad: todas las ideologías son falsas. Una ideología es un sistema de ideas cerrado que pretende explicar la totalidad de la realidad de una manera sencilla. La ideología sostiene que su sistema de creencias es verdadero en cualquier circunstancia. Evidentemente, la realidad termina por contradecir el sistema. En principio lo contradice en uno o dos puntos, pero a medida que el sistema se pone a prueba la realidad el número de puntos en los que se separa de la realidad sólo aumenta. Las ideologías son incapaces de adaptarse porque no permiten ajustes.

El creyente se encuentra en una encrucijada: si elige la realidad tiene que desechar su ideología. Así que muchas veces prefiere suprimir la realidad. La guerra de la ideología en contra de la realidad es total. Utiliza todo su poder, todas las armas que tenga a su alcance, para suprimir la realidad. Por lo general se traduce en culturas de lo “Políticamente Correcto” es decir, la ideología utiliza su poder para construir una cultura en la que existen cosas que son “correctas” o no, cosas que se pueden o no expresar dependiendo de si es conveniente para el sistema ideológico.

Lo “Políticamente Correcto” no es otra cosa que “la línea del partido político” todo lo que favorezca la agenda política es correcto, y lo que la perjudique es incorrecto. Lo Políticamente Correcto es la postura del establishment. Quién se atreve a contradecirla se arriesga a ser expulsado del aparato social.

Esta cultura busca alterar todas las normas que gobiernan las relaciones entre las personas
y entre las instituciones. Busca alterar el comportamiento de la gente: lo que dicen, lo que hacen, e incluso lo que piensan. Para eso es necesario alterar el lenguaje, porque quién contra el lenguaje controla el pensamiento. El lenguaje se utiliza como arma en contra de la realidad. El feminismo forma parte de una ideología, y quizás sea uno de sus brazos más potentes.

Si como ideología necesitas desafiar las normas de la lógica, has de opacar la realidad. Ninguna persona aceptará sin cuestionar que 2 + 2 = 5. Si quieres que lo hagan tienes que plantear la situación de forma tal que no puedan encontrar a simple vista la contradicción. La forma más fácil es enredar la terminología. Decir, por ejemplo, que (3-1) + √4 = 5. La mitad de la gente aceptará el resultado por simple pereza, porque la operación no se ejecuta en su cabeza de inmediato. Al aceptar eso están aceptando 2 + 2 = 5, pero expresado de una forma diferente. Lo mismo ocurre con el lenguaje. Al retorcer las palabras, se puede convencer a otro de aceptar algo que de otra forma rechazaría simplemente porque no tiene ni pies ni cabeza.

Por eso es juicioso desconfiar de una persona que evita el lenguaje simple y directo. Si es preciso utilizar un lenguaje enredado para expresar un argumento o una teoría hay probabilidades de que su contenido esté en contradicción con la verdad observable. Casi siempre se hace con fines políticos. Freud, campeón del enredamiento verbal fue instrumental en la adopción y el esparcimiento de esta práctica que ha cambiado el panorama del pensamiento académico moderno.

Ante todo conviene recordar que la realidad no depende del lenguaje, sino que existe por sí misma independientemente de él. Quizás te convenga insistir en que una mesa es en realidad un “elemento cuadrúpedo de salón” porque te interesa hacer énfasis en la idea de que la mesa debe ir en un lugar determinado de la casa, pero una mesa no deja de ser una mesa, y muchos tenemos una en la cocina sin problema.

El feminismo como heredero de la filosofía continental, implementa el femspeak para hablar del mundo, en general, y pretende extender el uso de su terminología a toda la sociedad. El feminismo tiene una plétora de formas idiomáticas propias con una capacidad de mutación sorprendente, y por lo tanto es complicado entender qué quieren decir si no estás al tanto de cuál es la frase de la semana.

Hay que añadir que hay una diferencia entre lo que podría ser una jerga, y el femspeak. El propósito de la jerga es trazar una frontera entre el “nosotros” y el “ellos” con la principal intención, de excluir al otro y así ganar exclusividad. Es Nadsat. El femspeak y la terminología ideológica no es una jerga. Su metodología es la misma: trazar fronteras entre los que están “dentro” y los que están “fuera” pero su propósito es trazar límites claros dentro del idioma entre aquello que se puede expresar y aquello que no. Además el femspeak no pretende establecerse como símbolo de exclusividad, sino expandirse imponiendo las nuevas prácticas desde posiciones de poder (como la academia) con el objetivo político de sincronizar el pensamiento. El lenguaje ideológico es Newspeak.

El mismo hecho de hablar de femspeak como el lenguaje del feminismo probablemente sorprenda o incluso llegue a ofender a algún feminista. Dentro de su ideología, femspeak no es un dialecto, es el lenguaje correcto. Es una corrección que se ha hecho a nuestro idioma que es “sexista”; ellos lo están arreglando. Es nuestro idioma y no el suyo el que tiene una finalidad política que es la de oprimir a la mujer y perpetuar el dominio del hombre sobre la humanidad.

De acuerdo con el feminismo el “lenguaje sexista” lo permea todo, comienza con el uso de pautas masculinas como si fueran universales, por ejemplo, utilizar el pronombre “ellos” para referirse a un grupo de mujeres y hombres, o hablar de “el hombre” para referirse a la humanidad. De ahí la empalagosa práctica del “ellos y ellas”. Hay quien va más allá y considera que el orden en el que se enumeran los pronombres es en sí mismo una expresión de subordinación, y hay que mezclarlos en el habla para evitar dar la sensación de que existe una jerarquía sexual. Pasamos al “ciudadanas y ciudadanos españoles” no sin cierto dolor de estómago.

Ver a un profesor universitario dar un discurso ante una facultad de humanidades es un espectáculo conmovedor. Va dando el discurso poco a poco, con dificultad, evitando pronunciar cualquier palabra ofensiva, evita una palabra espontánea como si en lugar de estar dando una conferencia estuviese atravesando un campo minado. Da la sensación de estar viendo a un borracho rehabilitado dar su testimonio en un rally del Salvation Army.

El “lenguaje sexista” es, desde luego, una invención del movimiento feminista. El lenguaje adopta formas determinadas en cada sociedad, pero esas formas no son la realidad ni un reflejo de ella. Todos sabemos diferenciar entre la realidad y la representación. Pensar que la cultura es sexista por la forma en la que está construido su idioma es una forma de pensamiento mágico, es similar a creer que por enunciar una maldición tu enemigo caerá enfermo. Existe una distancia entre la palabra y la cosa.

Si las formas del lenguaje tuviesen algún tipo de relación con las estructuras sociales culturas como la guajira serían menos opresivas con la mujer. En wayú (el idioma de los guajiros) el pronombre genérico es el femenino. Sin embargo la sociedad guajira es famosa por sus altos índices de prostitución infantil que se hace desde la familia, es decir, los padres venden el derecho a violar a sus propias hijas pequeñas.

Es normal que para una persona que se encuentra al margen de la academia el tema del lenguaje sexista resulte tremendamente trivial, especialmente al compararlo con todos los actos reales de opresión a la mujer que ocurren en este momento en otras culturas. Para el observador tendría más sentido que las feministas se trasladaran a los lugares en los que las mujeres están verdaderamente oprimidas e hicieran su trabajo allí donde es necesario.

Los sentimientos de los feministas ante el lenguaje pueden ser legítimos, pueden sentirse ofendidas al escuchar a la gente hablar utilizando el género masculino como universal. Pero esta es una teoría del lenguaje que está basada únicamente en los sentimientos de sus autores. Femspeak eleva lo sentimental al plano de la hermenéutica.

Para el que tiene un poco de perspicacia es evidente que el problema del lenguaje feminista es político. Es la legitimación de una ofensiva que forma parte de una estrategia política más amplia. Dentro de esta estrategia cada vez que el pronombre masculino ha de ser purgado de los textos, cada vez que se ha de insertar la palabra “persona” como sufijo genérico, cada una de estas actividades constituye una victoria simbólica dentro de una lucha mayor.

Las feministas no inventaron la manipulación del lenguaje con fines políticos. Hay numerosos ejemplos en la historia.

El idioma italiano tiene pronombres para designar niveles de intimidad entre las personas. Así como en español tenemos “tú” para referirnos a alguien cercano y “usted” para referirnos a una persona a la que debemos respeto o con la que no tenemos mayor relación, el italiano tiene como forma íntima “tú” y como forma respetuosa “lei” (que además es la tercera persona del plural). Bien, en un punto de 1930 Mussolini dio un discurso en el que condenó el uso del pronombre “lei”. Lo consideraba un pronombre afeminado, una forma afeminada del lenguaje. El propósito de la Revolución Fascista, dijo, era restaurar el vigor y la virilidad del pueblo italiano. De manera que el buen fascista era el que usaba formas directas tanto en el lenguaje como en la acción. El buen fascista, por lo tanto, no usaba el pronombre “lei”, en lugar de eso usaba “voi” (la segunda forma del plural).

Esto es ridículo desde cualquier punto de vista. Antes del discurso de Mussolini nadie consideraba el uso del pronombre “lei” como afeminado era, sencillamente, italiano. Pero la situación cambió dramáticamente a partir del discurso. Todos comenzaron a prestar atención al tema, se podría decir que fueron concienciados. Utilizar “lei” se transformó en un símbolo subversivo, de actitud reaccionaria. Utilizar “voi” en su lugar, en especial si se pronunciaba en alto y con orgullo era evidencia de que el locutor era un buen fascista, es decir, se convirtió en el equivalente verbal del saludo fascista. En resumen: una palabra que antes de ese discurso era un elemento neutro y apolítico del idioma italiano se transformó en un símbolo cargado de significado político.

La cruzada política por transformar el idioma gana terreno a medida que el movimiento que lo propone gana auge. Si el feminismo no fuese prevalente nadie se tomaría sus quejas en serio, no pasarían de ser una fantasía inofensiva. Pero a medida que ganan espacios su censura se impone sobre libros de texto, manuales del gobierno, e incluso las leyes. Se planifican boycotts en contra de aquellos que utilizan el supuesto lenguaje sexista en los medios públicos. Y desde luego se abren puertas y espacios para las líderes feministas que imparten cursos en sintaxis no sexista y escriben los lineamientos que los editores deben seguir.

Las feministas revisan las bibliotecas de los colegios, escrutinizan los programas de televisión con atención inquisidora, acosan a quienes no se plegan a sus ideas en las aulas y en los mítines políticos, reclutan a editores de texto y de periódicos y los ponen al servicio del “lenguaje correcto”. Los más ambiciosos invaden los jardines de infancia con una lista de tabúes idiomáticos que se ha de imponer a los niños, y reescriben los clásicos con su dialecto. No puede ser de otra forma dada la pálida religiosidad de la modernidad, el impulso existe pero no tiene destino, y se vuelca sobre causas seculares. Tenemos en el feminismo un una nueva falange de clérigos enloquecidos traduciendo la Biblia y las encíclicas al lenguaje de Jane Magazine. Todo esto se hace con actitud de total certidumbre, después de todo a la marabunta no se le da bien el escepticismo, la moderación, ni la humildad.

La expansión de femspeak más allá de los círculos sectarios se tiene que comprender como parte de un imperialismo cultural de una nueva clase intelectual que busca imponer su lenguaje, sus valores, y su dominio político por encima del resto de las clases de la sociedad occidental. Se entiende como parte de la cultura de lo Políticamente Correcto.

EL ORIGEN DEL FEMINISMO

La razón principal por la que un racionalista de cualquier denominación no acepta el feminismo es porque el feminismo es una ilusión. A lo que me refiero con la palabra “ilusión” es que es una creencia irracional que conduce al error. Ilusión es toda creencia que contradice directamente la realidad, las evidencias, y la lógica simple. Para poder aceptar el feminismo hay que rechazar la realidad.

Pero además de ser una ilusión, el feminismo es un simulacro: en apariencia es una cosa, pero en realidad es otra. La mayor parte de la gente que se denomina feminista lo hace solo por estar convencidos de que el feminismo es lo que aparenta ser. Es decir, consideran que el feminismo se trata de defender los derechos de la mujer y que no tiene un fondo ulterior más allá de lo aparente.

En la práctica, sin embargo, las ideas y las creencias funcionan como redes entrelazadas. La mayoría de la gente acepta o rechaza ideas de manera social. El feminismo forma parte de un racimo de creencias que están inscritas dentro del marco del universalismo que si bien ha existido de una forma o de otra desde que existe el cristianismo, ha sido la “religión” predominante del pensamiento occidental desde hace al menos un par de siglos. Su principal creencia irracional es: “todos somos iguales”.

Dentro del marco del universalismo hay múltiples variantes ideológicas, cada una adaptada a un espacio determinado. Si el universalismo fuese winamp, las diferentes variantes son solo skins (perdonadme lo desfasado de la referencia, pero es el ejemplo más perfecto que encontré para explicar el concepto). Hay quien prefiere el texto en color rojo y los botones en gris.

Las variantes del universalismo son muchas. El animalismo, el marxismo, el vegetarianismo, quizás la más potente sea la democracia que es al mismo tiempo la forma de gobierno del universalismo y su más potente repetidor. Todos creemos en la igualdad porque creemos en la democracia y viceversa.

Las creencias son importantes únicamente cuando se traducen en acciones. Puede que la creencia de que el cielo es fucsia sea irracional, pero mientras sea una creencia de tipo pasivo, la secta no es problemática. Una creencia sólo representa un problema cuando deja de ser una simple concepción y se convierte en acciones prácticas que deben ejecutarse en la realidad.

Las creencias irracionales no solo son de tipo religioso. Existen creencias irracionales en lo secular (“todos somos iguales”) que muchas veces desembocan en acciones. Dado que tenemos que compartir el mundo con un gran número de fanáticos, conviene entender que lo único que diferencia a una creencia religiosa de una secular es su origen. La religiosa tiene un origen paranormal, y la secular no. Pero aunque el origen sea diferente, eso no transforma sustancialmente la creencia.

Si una tribu es víctima de una mala cosecha, el chamán puede considerar que la razón es que no se sacrificaron suficientes vírgenes a Baal. Así que la tribu reúne a tres vírgenes de pelo negro y las echa al volcán. Esto sería terrible. Pero ¿qué ocurre cuando la idea no es de tipo religioso? Imagina que la tribu echa las vírgenes de pelo negro al volcán para purificar su raza. ¿Es menos terrible?

A lo que voy con esto es que contra el primer escenario tenemos una defensa: la secularización del Estado. Desde hace un par de siglos todas las democracias occidentales tienen como una de sus bases la separación entre el gobierno y la religión. En Occidente no es legal escribir las leyes de un país basándose en un texto religioso. Si un arzobispo quisiera convertirse en presidente del gobierno y obligar a toda la población a ir a misa los domingos bajo pena de cárcel, eso sería inconstitucional. La idea es que cosas como La Inquisición no puedan volver a ocurrir. Sin embargo la cláusula de la secularización no es suficiente porque sólo abarca las religiones (creencias irracionales de origen paranormal). Las creencias irracionales de origen secular todavía pueden ser utilizadas para legislar, como ocurrió por ejemplo en la Alemania Nazi. No estamos protegidos contra las creencias irracionales de origen secular porque la diferencia que hacemos entre las creencias religiosas y las que no lo son es dramática y nos dificulta entender lo parecidas que son, en lo práctico son la misma cosa. La única diferencia entre ambas es de origen. Poco importa el origen cuando las creencias se transforman en acciones.

Para poder trascender la frontera entre la categoría “religión” y la categoría “secular” en las creencias es necesario cambiar un poco el lenguaje que usamos para hablar acerca de ellas.

De aquí en adelante usaré la palabra “germen” para referirme a un conjunto de creencias irracionales acerca del mundo, por ejemplo, “todos somos iguales”, y “repetidor” para hablar de las instituciones que sirven como método de difusión de esos gérmenes. Por ejemplo, el cristianismo es un germen y la Iglesia es su repetidor.

La transmisión de gérmenes se parece un poco a la manera en la que funciona internet. El repetidor emite una serie de paquetes de gérmenes, y cada receptor elige si aceptar los paquetes o rechazarlos. Si un paquete combina bien con el germen personal del receptor, probablemente lo acepte y lo incorpore. Pero si contradice o no se acopla bien a su germen entonces lo rechazará. Si una persona se ve en la situación de rechazar más paquetes de los que acepta, posiblemente se cambie de iglesia.

El marxismo es una germen y la universidad es uno de sus repetidores: las universidades están llenas de profesores que son marxistas o cuyas ideas han sido fuertemente influenciadas por el marxismo. Ni siquiera dentro de las universidades las creencias del marxismo son pasivas. Han transformado el currículo de las universidades y las facultades, se han añadido carreras enteras como sociología, que tratan sobre marxismo, y clases como “estudios poscoloniales”.

Las creencias marxistas aunque no son de origen paranormal, son tan irracionales como las católicas. Si existe un equivalente secular al creacionismo cristiano, sería sin duda la economía marxista. Con la diferencia de que el creacionismo es un germen menos tóxico por ser una creencia más pasiva. La universidad es en apariencia una institución dedicada a la difusión del saber racional, y en su seno las creencias religiosas no tienen cabida, sin embargo creencias igual de irracionales de origen secular como los marxistas desbordan sus aulas.

El feminismo es otro de los repetidores del marxismo. En apariencia va de proteger y defender los derechos de la mujer, pero en la práctica forma parte de la ideología y la doctrina marxista y esconde el objetivo marxista de desestabilizar y subvertir la civilización occidental a través de la renuncia a sus principales instituciones.

El nexo ideológico entre el feminismo y el marxismo es tan estrecho que la separación es casi nula. Pero como el “skin” es diferente, es fácil creer que se trata de un programa diferente. Es posible considerarse feminista, haber leído gran parte de sus textos más importantes, sin intuir esa relación.

No es casual que cuando estudias historia del feminismo, dentro de la lista de los textos seminales del movimiento se suele citar junto a Vindication of the Rights of Woman de Wollstonecraft, The Second Sex de Beauvoir, y Feminine Mystique de Betty Friedan, al cuarto pilar fundamental: “El origen de la familia, la propiedad privada, y el Estado” de Engels.

Después de la muerte de Marx, Engels se dio a la tarea de poner por escrito sus ideas acerca de la familia en ese tratado. En él ubica el origen del capitalismo en la familia tradicional, señala que la primera opresión de clases ocurrió del hombre hacia la mujer, y asoma que para derrotar al capitalismo es necesario primero derrotar la familia5. El libro es el resutado de 3 cosas que Marx y Engels comprendieron:

1) Que si querían imponer su modelo tenían que hacerlo sobre las ruinas del modelo anterior. Es decir, que mientras la civilización occidental fuese robusta, las probabilidades de implantar con éxito el comunismo eran nulas.

2) La base de la civilización occidental es la familia. (Me refiero a la familia tradicional que es monogámica y en la que el padre y la madre tienen roles definidos y permanentes.)

3) Es imposible derrotar la cultura occidental sin deshacerse primero de la familia.

No es un tema religioso, ni siquiera moral, aunque creencias que la justifiquen las encontramos desde todos los ángulos. En lo práctico la familia es valiosa porque es el bloque social más estable.

La sociedad funciona como los legos. Un individuo es el bloque más pequeño, el de un solo punto: Es útil como pieza, pero no puedes construir nada sólido con legos de un punto. Las asociaciones libres (corporaciones, equipos deportivos, clubes, etc) son múltiples piezas de un punto trabajando en conjunto: se pueden construir cosas, pero sus lazos son débiles y su alcance es incompleto. Si una mañana te levantas y sin querer pisas tu torre de legos, no sólo maldecirás en voz muy alta, sino que destrozarás lo que construiste por completo.

Sin embargo, la familia tradicional, cuando no existen conflictos de interés en su seno, tiene varios individuos que funcionan como uno solo. En ese sentido es como un bloque de 4 o 6 puntos: lego1 Puedes construir con ellos lo que quieras y no se caerá porque esos bloques son indivisibles. La familia funciona de esta manera porque, entre otras cosas, la propiedad privada es común a sus miembros: cuando uno se beneficia, se benefician todos.

La familia funciona como un freno natural al Estado porque mientras una persona obtenga todo lo que necesita de su familia y no requiera nada del Estado, sus elecciones serán libres y menos viciadas. El individuo que es cliente de su familia no es cliente del Estado y viceversa. Cuando un individuo carece de una familia (o fue criado en una “familia” moderna en la que los padres son a su vez clientes del Estado) entonces su destino estará siempre en manos del gobierno de turno y dará su voto a cambio del mejor soborno.

Marx y Engels tenían visión amplia y entendieron el problema que representa la familia para el triunfo del comunismo, pero también dentro de cualquier sistema que pretenda hacerse con el poder absoluto. El totalitarismo disuelve las asociaciones naturales y las reemplaza por columnas verticales vacías de significado (El Partido, las Juventudes Hitlerianas, etc). Es decir, la única relación posible es vertical y ocurre entre el individuo y el Estado. Las relaciones laterales son aplacadas.

Sin asociaciones libres lo suficientemente fuertes como para ofrecer protección y sustento a sus miembros, nadie compite con el Estado (o con el líder) por la lealtad de su pueblo. Todo esto se puede resumir en que existe un conflicto de interés entre la familia y el Estado. Funciona en ambas direcciones. Cuando Sonny se entera de que Michael se apuntó al Ejército le dice que su padre jamás va a aceptarlo. Después de todo ¿qué clase de traidor se va a arriesgar su vida para defender a desconocidos? Lo valioso es la sangre.

En la cultura de lo Políticamente Correcto es imposible cuestionarse ciertas cosas. El universalismo hace imposible si quiera pensar en ellas y cuando se trata del feminismo hasta el lenguaje se ha retorcido para ocultar los puntos en los que la ideología se separa de la realidad. Por lo general sabes que te has encontrado con uno de estos puntos tabú cuando por alguna razón la simple idea de pensar en algo resulta peligrosa.

El más saliente ejemplo de la cultura de lo Políticamente Correcto en el feminismo es el voto femenino. Es imposible cuestionárselo. Si te cuestionas si es cierto que la mujer debe votar, eres catalogado no solamente de sexista, sino de ser un radical, y la consecuencia es ser expulsado del círculo social al que pertenezcas.

Pero cuanto más peligrosa es una idea tanto más hay que insistir. Si dejamos a un lado los resquemores ideológicos y nos hacemos la pregunta de si debe o no la mujer votar con seriedad, una cosa salta a la vista: si frente al debate la gran mayoría de las mujeres se oponían al sufragio femenino, quizás había una razón de peso para ello. Asumir que todas ellas eran parte del Patriarcado es dar por sentado que una mujer carece de independencia de pensamiento.

En un ataque de rebeldía furtiva busqué literatura anti-sufragista, y fue muy difícil conseguirla, pero encontré varios intercambios epistolares entre mujeres anti-sufragistas y miembros de la Iglesia, o entre ellas y políticos conservadores. En estas cartas las mujeres expresan su preocupación por lo que consideran una peligrosa intromisión. La razón por la que las anti-sufragistas no querían el voto no era porque creyeran que las mujeres eran inferiores al hombre, o que no merecían que sus opiniones fuesen tomadas en cuenta, es porque las anti-sufragistas ya formaban parte de la vida política a través de sus maridos. En cada una de sus cartas las anti-sufragistas explican que el voto debe ser para las familias y que el marido es el representante político de su familia como ellas son las representantes en asuntos religiosos y sociales.

Los anti-sufragistas consideraban que otorgarle el voto a la mujer producía un conflicto dentro de la familia. El Estado se entrometía entre marido y mujer. Si tenían que compartir el voto, el deber cívico era motivo de encuentro para la familia, de debate, y de compromiso. Pero si cada uno votaba por su lado la mujer votaría al candidato que le prometiera más dádivas a ella por su condición, y el hombre a él; y al final esas diferencias políticas terminaban por separarlos en lugar de unirlos.

Si el feminista es inteligente, cree haber encontrado el agujero en este argumento: “Si el punto es otorgar un solo voto por familia ¿Por qué no darle el voto a ella? ¿Por qué elegir al hombre como representante y no a la mujer?” La razón por la que el hombre era quién poseía el derecho a votar es muy sencillo: era el hombre quién arriesgaba su vida en las guerras y también quién se encargaba de sostener a su familia. De manera que era él y no ella, quién tenía la capacidad para medir qué necesitaba su familia en lo político y en lo económico. Para el anti-sufragista hubiese sido difícil de comprender, por ejemplo, el motivo por el que una mujer (que no va a una guerra) tenga la capacidad de elegir al político que es el que las declara.

La razón por la que explico los argumentos anti-sufragistas no son porque considere que debamos quitarle el voto a la mujer (aunque sin duda el mundo sería muy diferente si las mujeres no votásemos, posiblemente la social-democracia no se hubiese tragado a Europa). El motivo que me lleva a contar todo esto es demostrar que el hecho de que las mujeres no pudieran votar no respondía a una decisión arbitraria y opresiva que pretendía mantener a las mujeres subyugadas. Una vez que entiendes los argumentos en contra del voto femenino descubres que el voto masculino tenía un sentido lógico que funcionaba bajo un orden diferente del nuestro.

Bajo ese orden la familia era lo primordial. Formar una familia era una obligación ciudadana. Una persona que no formaba una familia, fuese del sexo que fuese, no era considerada un ciudadano en toda regla. A diferencia de la mujer, el hombre podía tener amoríos sin que eso supusiera una mancha a su reputación. Pero el que llegaba a su vejez soltero era tan mal visto como la mujer libertina. El voto femenino era compatible con el feminismo que no busca fortalecer a la familia sino debilitarla.

Sería fácil adoptar la postura de que Engels “secuestró” el movimiento feminista, sería atractiva y fácil de digerir para el lector medio de internet, porque le daría permiso de renegar del feminismo moderno sin renegar del primigenio. Pero aunque sería más atractivo, sería una mentira.

En realidad las raíces del feminismo son las mismas que las del socialismo marxista y se encuentran en la Revolución Francesa. Todas las autoras del feminismo primigenio eran jacobinas, admiraban la Revolución Francesa, y adoraban a Rousseau como a un semidiós. Se podría decir que tanto el feminismo como el marxismo parten del mismo germen que es la creencia en el buen salvaje de Rousseau. Aquella idea de que el hombre es bueno hasta que la sociedad lo corrompe.

Por esta razón ambos movimientos son primitivistas: idealizan lo salvaje y desean regresar a ese estado. Las feministas hablan de matriarcado y de sociedades igualitarias. Cuando les pides ejemplos los extraen de las tribus de cazadores/recolectores, de indígenas de la Selva del Amazonas, y tribus de negros africanos. Cuando lees a Marx y a Engels o escuchas a un comunista convencido hablar de sus ideas (si es que sabe de lo que está hablando) encontrarás el mismo tipo de romance. Idealizan a las tribus nativas americanas y desearían regresar a un sistema en el que la propiedad privada no existe y toda la propiedad es común. Estas ideas son incompatibles con la civilización a la que pertenecemos, y en realidad con cualquier otra civilización, porque todas las civilizaciones se construyen con los mismos bloques: familia y propiedad. En esto el feminismo y el marxismo son aliados: para alcanzar su objetivo hay que destruir la propiedad y la familia.

EL FEMINISMO COMO SUBVERSIÓN

El marxismo tradicional propone la toma por la fuerza del poder mediante la Revolución que da paso a la dictadura del proletariado. Es, en resúmen, necesariamente violenta, y requiere de la participación de un gran número de personas de la clase proletaria agrupados bajo el mismo estandarte. Sería imposible bajo este esquema alcanzar el comunismo sin contar con la complicidad y la participación de la masa obrera.

Marx jamás consideró ese detalle como un problema porque su inspiración fue la Revolución Francesa y consideró que no sólo era posible replicar ese proceso de sublevación a gran escala, sino que además planteó que ese era el fin natural e inequívoco de la historia, que es inevitable. Según la dialéctica marxista toda sociedad capitalista lleva por fuerza una contradicción en su seno, un conflicto en tensión permanente entre dos clases: la burguesía y los obreros.

El éxito de la Revolución Bolchevique en 1917 parecía ser la confirmación de esta tesis e inspiró una ola de revoluciones en Europa entre el fin de la Primera Guerra Mundial y 1919. En Munich Kurt Eisner lideró una revolución para deponer la monarquía e instaurar la República Soviética de Bavaria. Rosa Luxemburgo hizo lo mismo en Berlín. En Hungría Bela Kun lideró la revolución y declaró la República Soviética de Hungría. Todo esto en espacio de dos años. Visto el panorama los comunistas de Europa y de EEUU pensaron que estaban a las puertas de una nueva era de igualdad proletaria.

En ese clima, el Ejército Rojo de Trotsky invade Polonia, y contrario a las expectativas, es derrotado. Una a una se derrumbaron todas las conquistas de los dos años anteriores porque no lograron amasar el apoyo necesario de la clase obrera. Es decir, a los obreros fuera de Rusia les interesaba poco la Revolución, que acabó por convertirse en un asunto de élites intelectuales con demasiado tiempo libre y pocas obligaciones. Una a una cayeron: Berlin, Munich, Hungría, Polonia.

Los comunistas se encontraron perplejos. Si el comunismo pretendía traer bienestar a los obreros y colocarlos en la cúspide de la estructura social, si serían ellos los beneficiarios del triunfo comunista, ¿por qué no respondieron? Los revolucionarios marxistas no culparon a su ideología por el fracaso, culparon a los obreros. Sólo un grupo de académicos comunistas supo señalar el problema dentro de la doctrina comunista.

La historia de la intelligentsia comunista es amplia y tiene demasiados nombres, pero hay que hablar de un par de ellos para poder entender el nexo entre el feminismo y el marxismo.

Antonio Gramsci, un teórico comunista italiano fue el primero en señalar que el poder en una sociedad no lo tiene quien controla el dinero, lo tiene quién controla la cultura. De acuerdo con Gramsci el fracaso de las revoluciones tuvo una causa clara: Europa no estaba preparada para ellas culturalmente. Antes de iniciar una Revolución habría que crear un Hombre Comunista. Un hombre que aceptase voluntariamente plegarse a la Revolución. Para ello había que modificar la cultura desde las instituciones: el gobierno, el aparato militar, y sobre todo el sistema educativo y los medios de comunicación. Si los comunistas lograban controlar las instituciones culturales, lo demás caería por su propio peso.

Estas ideas de Gramsci hoy nos resultan obvias, pero en su momento no lo eran, mucho menos dentro del pensamiento comunista porque según la teoría marxista la sociedad funciona de forma opuesta: lo económico es lo que determina lo cultural, y al cambiar la economía la cultura seguiría. Gramsci retó esa idea y le dio la vuelta, no sin éxito.

Georg Lukacs resumió las ideas de Marx y les dio más peso. Para que la cultura marxista pudiera surgir, dijo Lukacs, la cultura existente debe ser destruida. Un cambio tan drástico de valores a nivel global no puede llevarse a cabo sin que los revolucionarios aniquilen los valores antiguos, y mientras exista el cristianismo la revolución sólo puede fracasar.

Cuando Lukacs se convirtió en el Comisario de la Cultura en la Hungría comunista de Bela Kun, instauró un programa conocido como “terrorismo cultural”. Como parte del programa introdujo clases de educación sexual en las escuelas húngaras en el que se enseñaba a los niños acerca del amor libre, de las relaciones sexuales abiertas, la naturaleza arcaica de la familia, lo obsoleto de la monogamia, y que la religión es indeseable porque priva al hombre de la búsqueda de sus placeres.

Lukacs y otros intelectuales marxistas fundaron lo que se conoce como Escuela Crítica de Frankfurt (en Frankfurt). La idea detrás de la Escuela era atacar las bases de la cultura occidental de manera sistemática por medio de un trabajo en apariencia de crítica académica racional.

La Escuela Crítica de Frankfurt fue la que desarrolló el marxismo cultural de acuerdo con las teorías de Gramsci, y lograron convertir al comunismo de una lucha violenta de clases, en una lucha cultural. La forma en la que lo consiguieron fue sencilla: dejaron atrás cualquier etiqueta que los señalara como comunistas, presentaron su instituto como una escuela de estudios sociológicos objetivos y neutrales.

Al mismo tiempo, el objetivo de la Escuela Crítica era atacar la Civilización Occidental y todos sus valores hasta que no quedara nada en pie y al mismo tiempo promover todos los valores y los mensajes que la debilitaban como el libertinaje sexual, la obsolencia de la monogamia, el pacifismo frente a ataques, el multiculturalismo, y el desprestigio sistemático de las sensibilidades de la cultura Occidental.

El método de crítica que usaron fue una mezcla entre el análisis de Marx y el psicoanálisis de Freud. Criticaron el cristianismo, el capitalismo, la autoridad, la familia, el patriarcado, las jerarquías, la moral, las tradiciones, la modestia sexual, la lealtad, el patriotismo, el nacionalismo, la idea de la herencia, el etnocentrismo, las convenciones y el conservadurismo.

Las críticas calaron porque la excusa que usaron para escribir sobre ellas era el supuesto estudio de las causas y los motivos que llevaron a Alemania a apoyar el nacional-socialismo. El horror que experimentó el mundo entero tras la Segunda Guerra Mundial cuando se supo las atrocidades que había cometido el gobierno alemán con el apoyo de su pueblo fue tal, que cualquiera que se agenciara la labor de explicarlo estaba por encima de cualquier cuestionamiento.

Uno de los libros más importantes de la Escuela Crítica fue “La personalidad autoritaria”. Lo escribió Theodor Adorno. La tesis del libro planteaba que la razón por la que surgió el nazismo en Alemania es porque su pueblo contaba con elementos autoritarios dentro de su carácter, que es lo que hace a la gente ser más propensa a tener prejuicios. La segunda tesis del libro es que esa personalidad autoritaria que llevó a los alemanes a votar por Hitler era el resultado de haber sido criados bajo el cristianismo, el capitalismo, y la familia patriarcal. De ese libro se desprende la idea de que a menos de que se erradiquen esos males, otro Holocausto podría ocurrir.

Pero las ideas más importantes para propagar el marxismo cultural fueron las de Marcuse, porque se dio cuenta de algo que sus camaradas ignoraban y es que el comunismo estaba condenado desde el principio por hacer tanto énfasis en una clase social, la de los proletarios. Marcuse sabía que la lucha nunca podría ser de una clase contra la otra, porque la pelea sería en última instancia entre dos tipos de personalidad: la personalidad conservadora y la progresista (los reaccionarios y los revolucionarios). Dado que muchos proletarios eran al mismo tiempo conservadores, pretender que se levantarían en bloque en contra de la tradición era un error. En lugar de eso, concluyó Marcuse, había que trasladar la lucha. Los estudiantes universitarios, las minorías raciales, los homosexuales, los inmigrantes y las mujeres podían tomar el lugar del proletariado dentro de la Revolución Comunista. Hacia ellos había que dirigir todos los esfuerzos.

Las ideas de Adorno se complementaban perfectamente con las de otro de los intelectuales de la Escuela Crítica: Wilhelm Reich. En Mass Psychology of Fascism explica que la Escuela Crítica se separó del marxismo tradicional en que el marxismo pretendía enfrentar a dos clases socioeconómicas: la burguesía y el proletariado; mientras que el marxismo cultural buscaría enfrentar dos tipos diferentes de carácter: los reaccionarios y los revolucionarios (o los conservadores y los progresistas). La “familia autoritaria” (familia tradicional), de acuerdo con Reich era un modelo en miniatura del Estado Autoritario. En su seno se fraguan los valores y las expectativas que llevan al imperialismo.

Aportaré un sólo dato para entender lo popular que se hizo Marcuse y cómo caló su discurso en la contra-cultura estudiantil de los años 60, porque es tan contundente que no hace falta otro: fue Marcuse el que acuñó la frase “Make love, not war”.

El último frente de la Escuela Crítica fue la batalla en contra del lenguaje. Los intelectuales de la escuela plantearon que el marxismo cultural debía hacerse desde una rebelión lingüística que revirtiera los significados de las palabras. De estas ideas surgieron las corrientes filosóficas que están en el corazón de lo que se imparte en las universidades a día de hoy: el estructuralismo y el deconstruccionismo.

Los libros de Marcuse y de la Escuela Crítica en general se volvieron increíblemente populares entre los estudiantes de los 60, inundaron las universidades de EEUU y de Europa, y así las ideas del marxismo cultural llenaron las aulas. Al principio las teorías de la Escuela Crítica fueron repudiadas y rechazadas por los profesores de las universidades, la única manera en la que se esparcían era a través de las mismas manifestaciones estudiantiles, pero los estudiantes revolucionarios se dieron cuenta de que esa aproximación no tendría éxito a largo plazo. Así que muchos optaron por quedarse dentro del sistema y transformarlo desde adentro. Al graduarse pasaron a formar parte de las facultades y una vez allí, desde posiciones de poder como profesores y decanos, añadieron cursos, y hasta facultades enteras, cambiaron los programas, y ahí permanecen hasta el día de hoy. La educación que se imparte en las universidades occidentales no es otra cosa que una formación intensiva en marxismo cultural.

El feminismo no es el único repetidor del marxismo. Hay muchos otros. No es difícil identificarlos una vez que conoces la historia, cada vez que escuchas una idea que debilita la civilización en la que vives, sabes que estás en presencia de un brazo del marxismo cultural. La tolerancia excesiva hacia el enemigo, por ejemplo, es un índice claro del marxismo cultural.

El feminismo se imparte desde las aulas universitarias en donde hay cátedras enteras dedicadas al feminismo y a su pensamiento, que no es otra cosa que comunismo with a twist. Si logran convencer al estudiante de que las diferencias entre los sexos no existen y son artificiales, entonces los sexos se transforman en clases. El feminismo transforma la lucha entre clases económicas del marxismo clásico en una lucha entre géneros. Si el marxismo proponía abandonar la propiedad privada y regresar a un estadio primitivo de la cultura para alcanzar el igualitarismo; el feminismo plantea abandonar la familia y regresar al matriarcado. Abandonar la familia es igual a abandonar la propiedad privada, son conceptos equivalentes porque la familia monógama es el primer garante de la propiedad privada.

La única manera de resistirse al marxismo cultural es detectándolo. En segundo lugar hay que retarlo. No es suficiente con mantenerse al margen, hay que cruzar todas las fronteras, usar las palabras que las feministas odian, repudiar la idea de que cualquier cosa es sexista, defender la familia, defender la propiedad privada, y defender la civilización en la que vivimos que es infinitamente superior al orden que usaron los grupos salvajes de recolectores y de cazadores.

MODERN FAMILY

La primera vez que leí La Mística Femenina de Betty Friedan, con 20 años, creí en la tesis de la autora. Pensé que era cierto que las amas de casa, no sólo durante la década de los 50, sino en todas las épocas, fueron víctimas de un sistema que les negaba la trascendencia y las encadenaba en tareas mundanas como las labores domésticas. Creí que Friedan tenía razón, que ser ama de casa y encontrar satisfacción personal eran dos conceptos reñidos.

Pero las últimas veces que he leído su panfleto feminista, una sensación de tristeza me sobrecoge. Porque lo que leo en sus páginas en lugar de parecer una pesadilla, parece más bien un sueño. Las mujeres de La Mística Femenina eran madres que tenían una casa propia, un coche, podían dedicarse a su familia a tiempo completo, cocinar para ella, cuidar de sus hijos, y reunirse con sus amigas. La tristeza me invadió al darme cuenta de que si bien esas amas de casa pudieron elegir si querían serlo o no, mi generación no corre con la misma suerte.

En la actualidad dedicarse a su casa es un lujo que casi ninguna mujer se puede permitir. Desde hace casi cincuenta años nadie habla de estas inquietudes. No se habla de ello en la literatura feminista, ni en las revistas, no se toca el tema en las columnas de los periódicos, ni siquiera en los textos de mujeres escritos para otras mujeres.

En los millones de artículos que escriben los expertos (y las expertas) se recomienda a la mujer ser independiente. Se le anima a buscar trascendencia en su oficina, a sentir satisfacción por sus logros académicos. Se hacen perfiles a mujeres famosas que le recuerdan la antigua promesa de que es posible “tenerlo todo” sin dejar de ser una misma. No hay mayor gloria que el triunfo laboral, le dicen.

Las revistas femeninas le enseñan hábitos de estudio, cómo elegir la mejor carrera, a preparar un buen currículum e ir a una entrevista de trabajo. Se le enseña a ser asertiva, a proyectar autoridad, a ser seria y a no tener miedo de negociar con sus jefes para obtener un aumento de sueldo y los mismos beneficios que él, a organizarse como grupo para pedir reformas políticas que la lleven a ser todavía más libre.

Se le enseña con ejemplos, a mujeres que han triunfado porque tienen una magnífica carrera y han logrado conjugarla con una familia unida. Resuena una vez más la antigua frase: “no has de renunciar a ningún camino, puedes tomar ambos, puedes tenerlo todo, si quieres”. Sin embargo la forma de conseguirlo está arropada en el misterio.

Aprende también a sentir cierta compasión por las mujeres menos inteligentes, menos apasionadas, menos independientes que ella. Las mujeres débiles y superficiales que expresan el deseo de ser amas de casa y ocuparse de sus hijos. Aprenden que una mujer de verdad debe desear tenerlo todo: carrera y familia, presencia política y educación universitaria, independencia y las mismas oportunidades y perspectivas de un hombre.

Así creció mi generación. La mayoría no ha tenido la oportunidad de cuestionarse el modelo, de preguntarse si es mejor o peor que lo anterior porque no conocen otra cosa. No saben si desean realmente “tenerlo todo” o si es posible siquiera alcanzar eso.

La mayoría creció dentro de una familia en la que la madre tenía un trabajo fuera de su casa, en la que ambos padres estaban en mayor o menor medida ausentes. Su infancia estuvo marcada por la espera, transcurrió entre la escuela, actividades extra-escolares, y el cuidado de terceros, cualquier cosa para mantener a los hijos ocupados 9 to 5. Las necesidades de los hijos dentro de esas familias eran raras veces la prioridad, y las madres que tenían trabajos fuera de casa acababan el día exhaustas sin tiempo para dedicar a sí mismas entre las responsabilidades de cuidar de una familia y sus compromisos laborales. Ese era el precio del sueño.

Las mujeres más intuitivas, observaron a la madre “tenerlo todo”, la vieron trabajar sin descanso, en la oficina y en el hogar, ocuparse de sus hijos al final del día, todo por probar que sí se puede y el resultado, lo sabemos ahora, es que no tuvo nada: ni familia, ni vocación; la trascendencia nunca llegó. Abandonó la idea de consagrarse a su familia por realizarse en un trabajo de oficina que al final del día no le trajo trascendencia ni elevó su espíritu a ninguna parte. En cambio lo que sí obtuvo fue una familia de miembros verdaderamente independientes en el que nadie depende de ninguna otra persona, ni hay encuentro ni proyecto compartido. Fueron, en todo menos en nombre, compañeras de piso de sus hijos.

Estas, las perspicaces, se sienten abrumadas por la expectativa contemporánea de “tenerlo todo”, no quieren repetir la experiencia de sus madres, pero pocas lo dicen en voz alta porque temen la compasión de sus congéneres: ser calificadas de superficiales o de desagradecidas, de darle la espalda al sueño. Así que han aprendido a renunciar a la porción correcta de ese sueño: como no pueden declarar una renuncia a la academia y a la vida laboral, rechazan en cambio la maternidad, la idea de familia, y hablan de ello como si estuvieran rompiendo esquemas.

En parte la renuncia a la maternidad se debe a un ejercicio comparativo. A su alrededor ven a algunas de sus amigas casarse, quizás conocen a una o dos mujeres, compañeras de universidad o antiguas amigas de la escuela, que han tenido hijos. Reconocen en estas nuevas madres una especie de inercia, que se han comprometido a tener una familia sin pensárselo demasiado, como quien sigue un guión establecido. La mujer perspicaz no se deja llevar de esta manera y lo sabe, pero también sabe, aunque no le gusta aceptarlo, que la postura de rechazo a la maternidad no rompe esquemas verdaderamente, no es una postura subversiva aunque de eso se disfraza porque dentro de mi generación quienes piensan de esta forma son la mayoría.

Veo a los primeros de mi generación pisar los 30 y lo que encuentro es desconcertante. La mayoría de mis congéneres viven solos, muchos sin pareja, compartiendo piso con amigos, como eternos adolescentes. Los que tienen un trabajo, apenas les permite mantenerse con lo mínimo, y poco más. No tienen pensado ni se plantean formar una familia porque la idea les resulta tan remota y fantasiosa como un cuento de ficción.

Según cifras del CIA World Factbook la tasa de natalidad en España durante el 2014 ha descendido al 9.11 por cada mil personas, cuando en los años sesenta era del 21 por mil. Según la INE, La edad promedio en el que las mujeres se casan ha alcanzado los 30 años cumplidos cuando hace tres o cuatro décadas era de 24. Vemos especiales en las revistas femeninas acerca de la maternidad a los 40 y a especialistas en fertilidad asegurar que sí se puede. La crisis es tal que surgen nuevas técnicas para prolongar el reloj biológico femenino, ¿no tienes pareja? ¿no tienes dinero? No importa, ¡congela tus óvulos! Forever young.

No nos gusta este sueño y es normal, pero no tenemos otro. Sabemos que por las circunstancias es imposible retroceder. Antes, con el sueldo de uno vivían todos, el padre trabajaba y la madre se dedicaba al hogar, pero hoy ni siquiera trabajando ambos se puede conseguir el mismo resultado. La razón de esto no es la avaricia de las empresas, ni el fracaso del capitalismo 6

No es solamente un tema de lo bajos que son los salarios en comparación con el costo de vida, sino que los trabajos son cada vez más escasos, las viviendas son cada vez más caras, y si no cuenta con ayuda externa, una familia joven pasa necesariamente por grandes dificultades. Es mucho más sencillo ser independiente y rechazar un objetivo que parece a todas luces inalcanzable. Es preferible quedarse en un estado de perpetua adolescencia.

A los hombres no les vino mejor. Ven a sus amigos que se han casado con mujeres que trabajan fuera de sus casas y no están del todo convencidos de querer meterse en eso. No se les puede culpar. Desplazados en su rol natural de proveedor, se encuentran sin un propósito claro: no son necesarios. Se convierten en un hijo más de su mujer, tanto en acción como en apariencia. No es raro ver a un hombre de 40 años colgando fotos en Facebook saltando con su monopatín o disfrazado de DJ.

El hombre contempla la realidad de su casa, de su familia, y no la siente como suya porque sabe que es intercambiable: sin él el cuadro no cambiaría demasiado porque él no puede ser madre, y sin embargo, su mujer puede hacer todo lo que hace él. Su masculinidad ha perdido la mística: no dirige, ni toma las decisiones, no es la cabeza de su familia, quizás un brazo, o una pierna. El hombre se vería más tentado a participar si encontrara una estrategia de salida, pero las leyes no le favorecen: separarse es sinónimo de ruina y de esclavitud de por vida a una familia a la que quizás ni siquiera le permitan ver. Por lo tanto, también el hombre ha elegido para sí la independencia.

Quizás para muchas la negativa a tener hijos no nace de una inclinación verdadera hacia fines más trascendentes como la academia o la política. Después de todo, ¿qué fin puede haber con mayor trascendencia que criar y educar a tu hijo, a otro ser humano que ha nacido de ti? ¿Organizar ficheros y hacer briefings? ¿Escribir textos graciosetes para un anuncio? Cabe la posibilidad de que el rechazo a la maternidad no sea el resultado de una elección libre, sino una resignación forzosa.

Puede ser que muchas mujeres de mi generación (las perspicaces desde luego) desengañadas de la promesa del feminismo, deseen secretamente poner marcha atrás al reloj y regresar a la antigua manera de hacer las cosas, pero pocas son capaces de confesarlo siquiera frente a sí mismas. La nostalgia se manifiesta de manera indirecta en sus gustos literarios, en el escapismo de las películas. La mujer de mi generación consume con avidez toda película de época, nunca antes había gozado Jane Austen de una popularidad tan universal. La mujer contemporánea suspira con Downtown Abbey. Dice compadecerse de sus protagonistas pero secretamente las admira. Encuentra en las antiguas preocupaciones de sus protagonistas, las preocupaciones de “casarse bien” y de aprender a llevar una familia con sentido y sensibilidad, ciertas verdades profundas que le hacen eco y no sabe por qué.

La mujer perspicaz lee La Mística Femenina de Betty Friedan y se sorprende, no por la opresión de las amas de casa en los 50, sino por su increíble bonanza. Le cuesta creer lo bien que vivían. Si entonces la mujer podía elegir si deseaba trabajar o tener una familia, hoy la elección ha desaparecido. Elegir ser ama de casa para las mujeres de mi generación no se presenta como otra cosa que un sueño prohibido del que hay que sentir vergüenza.

En realidad la mujer de mi generación no puede retroceder porque no tiene referentes. Su madre era ya una mujer liberada, como lo fueron sus tías. Todo lo que conocen es la retórica de la liberación femenina y de las bondades de su actual condición. Quizás en sus abuelas encuentran un ejemplo de familia tradicional, pero les pilla lejano.

Si no tenemos referentes es importante rescatarlos o directamente construirlos. Hay que ver películas y series en los que la familia monógama existe aunque sean difíciles de encontrar. Hay que celebrar lo femenino, aprender a cocinar, disfrutar del hogar. Abrirle la puerta a las tradiciones. Empezar a reconstruir lo que hemos perdido, y sobre todo tenemos que hacer un esfuerzo por llamar a las cosas por su nombre, tocar los temas que no quieren que toquemos, usar las palabras precisas aunque no sean las políticamente correctas.

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– Por qué ya no soy feminista. Por qué, entre otras cosas, las mujeres no deberían poder votar.

– El Origen del Odio Islámico (o Islam 101). Es un artículo de investigación acerca de la doctrina islámica y su relación con el terrorismo en Occidente. http://acapulco70.com/islam-101/

– Ajedrez y democracia: siempre que digo que la democracia es una forma de gobierno mediocre, la gente me pregunta por qué. Esta es una de las razones. http://acapulco70.com/ajedrez-y-democracia/

– La verdad acerca de Pablo Iglesias y su partido político “Podemos”. Este post fue publicado en Julio de 2014, tuvo más de 2 millones de visitas y casi 1000 comentarios. Fue usado de pauta por periodistas de renombre para hablar acerca del fenómeno de Podemos en muchos de los periódicos más importantes de España. http://acapulco70.com/la-verdad-acerca-de-pablo-iglesias-y-su-partido-poltico-podemos/

– Conflicto Palestino for Dummies. Una explicación detallada del origen histórico del conflicto árabe-israelí. Todo lo que los medios de comunicación no dicen sobre el conflicto. http://acapulco70.com/conflicto-palestino-for-dummies/

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YAEL FARACHE: la marabunta

20 mayo, 2018 by

La marabunta
August 29, 2014
La retórica de Podemos funciona porque es ideología de la identidad. Busca que el votante se identifique con el partido hasta un punto tal en el que el partido se convierte en él mismo. La idea se transforma en una equivalencia de tipo EL PARTIDO = YO = EL PUEBLO. El escenario se complica cuando el partido gana y entonces el gobierno pasa a ser sinónimo del pueblo y todo el que se oponga a él deja de ser el pueblo. Si no estás con Pablo Iglesias, no eres el pueblo. Se termina por asociar a todo el que se opone con fuerzas extranjeras. En Venezuela, al opositor se le trataba de “yanqui” o “proyanqui” o “pitiyanqui” es decir: una persona que es fiel a EEUU por encima de Venezuela ya que Venezuela es Chavez y Chavez es Venezuela.

El mecanismo entra en efecto rápidamente, por poner un ejemplo, en el mensaje privado que una mujer que no conozco me dejó en Facebook y que aparece en la siguiente captura:

Maite Costal Mascato

Ella dice: “Ocúpate de tu país y deja de meterte con Podemos” préstale atención a la frase, la voy a volver a poner para que la leas nuevamente y léela con atención: “Ocúpate de tu país y deja de meterte con Podemos” Es decir, que me ocupe de mi país y deje de meterme con España, pero en lugar de usar la palabra España la sustituye con el nombre del partido: me estoy metiendo con Podemos, que ya es España en su imaginario. Por consiguiente, si Podemos es España, cualquiera que critique a Podemos no es España: a pesar de que todo el mundo sabe que soy española, se utiliza la estrategia de acusarme de ser extranjera para invalidar mi opinión simplemente porque he vivido en otros países como Venezuela o EEUU.

Puede que esta señora sea militante de un círculo de Podemos, o puede que sencillamente sienta un vínculo sentimental con el partido. En muchas ocasiones los que votan a partidos populistas ni siquiera están involucrados de manera activa en la política: ni van a mítines ni están apuntados a nada. Se limitan a comprarse la camiseta, a dejar comentarios en blogs, como mucho a colgar una pancarta en su balcón, y desde luego, llegado el momento, a votar por ellos. Aunque parezca un caso aislado y poco relevante, en cada país hay una marabunta de gente deseando que llegue un populista al poder para implicarse religiosamente con él y desahogarse de un sentimiento de fervor que en nuestras sociedades seculares raras veces encuentra expresión.

A Podemos desde luego le viene de maravilla ese fenómeno y lo estimulan a todo nivel. La idea de que el gobierno es el pueblo se ha utilizado desde la Revolución Francesa con el mismo objetivo: el de oprimir a la nación. Todo tipo de atropellos se cometen bajo la premisa de que se hace por el bien de la ciudadanía. Medidas dictatoriales, tasas de impuestos absurdas, expropiaciones, y en los peores casos hasta gulags y medidas de control que son réplicas de los episodios más oscuros de la historia. Todo se lleva acabo bajo la idea de que el gobierno es el pueblo.

Por ejemplo, cuando expropian una empresa lo hacen “por el pueblo” porque según su discurso, al expropiarla las ganancias de la empresa “serán de todos” cuando en realidad se expropia desde el gobierno con la idea de meter el brazo hasta el hombro y financiar la fiesta de corrupción y de amiguismo. La marabunta, desde luego, no ve un duro porque cuando toca repartirse las ganancias de ese trabajo de piratería que es el acto de gobernar de manera socialista, queda en evidencia la treta: el partido quiere que tú te identifiques con ellos, pero ellos no se identifican contigo. Cuando hay que repartir no hay pueblo que valga, ahí la distribución se hace entre la clase gobernante. No quiero decir con esto que sería mejor si entregasen los dividendos a la marabunta, después de todo el gobierno para ellos no es otra cosa que una mafia a sueldo que roba a unos para dárselo a otros. Lo que quiero decir es que la marabunta es la única criatura capaz de tropezar dos mil veces con la misma piedra sin escarmentar: una y otra vez participan del timo de la estampita.

En realidad la idea de pueblo, ese “nosotros” que somos los gobernados, el tú y yo, el hombre de a pie, no es otra cosa que la sumatoria de los individuos que componen la nación. El gobierno no es ni nunca será equivalente a la ciudadanía, y cuando toca aplicar medidas raras veces se hacen con la ciudadanía en mente, independientemente de lo que diga el discurso. Cuando el gobierno viola los derechos de un individuo, no sólo está violando los derechos de una persona en concreto, está violando los derechos en general, los de todo el pueblo porque nadie garantiza que si hoy se lo hacen a A, mañana no lo harán con B, con C, y hasta contigo. Esta es la realidad que la ideología populista busca opacar de forma desesperada. Cuando hacen a la gente creer que hay dos tipos de ciudadano, “nosotros” (que somos el pueblo) y “ellos” (que son la casta, o los extranjeros, o los yanquis, o lo que sea) la gente que les vota cree que son intocables y que las violaciones sólo se harán en contra de ese “ellos pervasivo” nunca piensan que también se pueden hacer en contra de “nosotros”. Al final todos caen, desde luego, porque el único “nosotros” para cualquier gobierno son las cabezas de su propio partido.

Esta marabunta de gente que vota a partidos populistas hiberna en todos los países del mundo. Cuando las situaciones son las propicias y aparece un líder dispuesto la marabunta se levanta y el país descubre que en él ha dormido siempre esa bestia. Si Podemos llega a ganar las elecciones lo hará apoyado por este tipo de gente, y España se llevará una sorpresa amarga. Muchos de vosotros descubriréis de golpe que no sois españoles, sois “europeístas” o cualquier otro término que convenientemente se sacarán de la manga llegado el momento.

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– Conflicto Palestino for Dummies. Una explicación detallada del origen histórico del conflicto árabe-israelí. Todo lo que los medios de comunicación no dicen sobre el conflicto.

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Yael FARACHE apoya a Donald Trump!

20 mayo, 2018 by

 

Ajedrez y democracia. / Yael FARACHE

20 mayo, 2018 by

Ajedrez y democracia.

December 8, 2014

A menos de que tengas doscientos años lo más probable es que al escuchar la palabra “democracia” pienses en prosperidad, justicia, progreso, y paz. Pero para mí la palabra “democracia” significa tiranía, guerra, y atraso. De manera que es probable que si nos encontrásemos en alguna parte tú y yo tendríamos algunas cosas que decirnos.

Cuando frente a un hecho se desprenden dos explicaciones: una basada en la realidad y otra basada en una ficción, no siempre gana la primera. Es posible que en una disputa entre la verdad y la ficción, sea la ficción la que gane, y no solo que gane, sino que además, por atractiva o conveniente, suplante a la realidad.

Imagina que una persona comenta que está cansada y otra le dice que la mejor forma de descansar es salir a correr un rato. Todos sabemos que la solución no es esa sino precisamente la contraria, pero con el mensaje adecuado y la intensidad suficiente se puede llegar a convencer a todo un pueblo de que la solución al cansancio está en salir a correr. En especial si el gobernante es el dueño de la fábrica de zapatillas deportivas.

No siempre las ficciones son lo opuesto a la realidad como en el ejemplo anterior, muchas veces son simplemente explicaciones alternativas y ficticias, como señalar que la solución al cansancio pasa por comer brócoli. El caso es que casi siempre estas ideas ficticias se propagan porque quienes están en el poder tienen el motivo y los medios para propagarlas, y porque la marabunta carece del ingenio necesario para detectar el engaño.

El truco de las ficciones políticas está en que nadie las detecta. Se sostienen precisamente porque son capaces de suplantar a la realidad de forma completa. Hay que acotar que no son mentiras cogidas por los pelos, son ficciones creíbles, difíciles de desmentir, que evolucionan junto con la sociedad a lo largo de varios siglos, en el caso de la democracia son los últimos 200 años, y es una idea que está tan arraigada socialmente que planteársela trae consigo un estigma social.

El mejor ejemplo para ilustrar esto es el de la Monarquía Divina porque es una ficción difunta: ya nadie cree en esto, pero hace unos siglos todo el mundo creía que la Monarquía Divina era el gobierno perfecto: un sistema en el que el Rey es elegido y puesto allí por D-os para gobernar sobre todos. Dado que en el pasado sí creímos en esto de forma colectiva y hoy nadie cree en ello entonces la única conclusión que se puede sacar es que o bien la ficción suplantó a la realidad en el pasado y estuvimos todos engañados; o lo estamos ahora y la Monarquía Divina sí es, en efecto, un designio de los Cielos.

Convencer a un ciudadano egipcio del siglo 3 AdC de que la Monarquía Divina no era real, que D-os no seleccionó a nadie, y que por lo tanto el gobernante estaba allí de forma más o menos arbitraria, sería un ejercicio tan complicado como convencer al ciudadano del siglo 21 de que la Democracia Participativa es una ficción, que no produce igualdad ni trae bienestar ni paz a los pueblos, y que en definitiva está en el origen de las tiranías.

Quizás esto es un artículo que por lo extenso debería ir en la sección de artículos, pero dado que las ideas aunque forman un cuadro sólido, entre ellas son más o menos independientes prefiero hacer varias notas cortas, cada una explicando una idea puntual acerca de la ficción de la Democracia, que un artículo largo. Esta es la primera de ellas acerca de lo pernicioso que es el voto popular.

Imagina que hay un tablero de ajedrez. Tenemos las fichas negras, las fichas blancas, un jugador a cada lado. Alrededor del tablero hay además una audiencia. A medida que se desarrolla el juego la audiencia hace apuestas. Algunos apuestan a favor del jugador negro. Otros a favor del blanco. Dependiendo de los movimientos que hace cada uno las probabilidades de ganar o de perder aumentan y lo mismo ocurre con las apuestas.

Supongamos que el juego acaba de empezar. El tablero está intacto. En este momento tanto el blanco como el negro tienen las mismas probabilidades de ganar, y por lo tanto colocar una apuesta a favor de uno o a favor del otro paga lo mismo: 50-50.

El blanco abre con un movimiento tradicional, como podría ser el Peón del Rey. Es un movimiento típico para el que existe una amplia gama de respuestas predeterminadas y que por lo tanto no afecta en gran medida el desenlace del juego. Si decides apostar en este punto las probabilidades siguen siendo 50-50 o supongamos que son algo así como 49-51 dado que el blanco ya ha movido.

Ahora imagina que en lugar de abrir de la forma tradicional, el blanco abre con una jugada torpe como el Peón del Alfil. Es difícil recuperarse si cometes un error estúpido al principio de un juego. Sabemos que la audiencia considera que el blanco tiene menos probabilidades de ganar porque las apuestas rondan el 30-70 a favor del negro.

Considera las posibilidades de este arreglo y piensa en lo que pasaría si tú pudieras conocer de antemano las apuestas que haría la audiencia en base al juego que se está desarrollando. Sabrías qué apuestas haría la audiencia dependiendo de cada movimiento, y podrías elegir cómo reaccionar en base a eso. Es decir, serías capaz de eliminar al jugador. Es una idea radical y hasta cierto punto genial. No dependes de la capacidad del jugador para elegir de qué forma mover las fichas y parece que has logrado desprenderte del error humano.

Pero aquí viene el problema y es el siguiente: para que este ejercicio tenga un final feliz la audiencia ha de cumplir con tres requisitos:

1) La audiencia ha de conocer el juego.

2) La audiencia ha de estar involucrada con el desenlace del juego.

3) No debe haber un conflicto de interés.

La audiencia ha de conocer cómo funciona el ajedrez y debe tener experiencia jugando. Si la audiencia no conoce la diferencia que existe entre abrir con el Peón del Rey y abrir con el Peón del Alfil, están apostando a ciegas y sus elecciones tendrán poca relación con la realidad por lo que guiarte por ellas no será mejor que lanzar una moneda.

Si a la audiencia le da igual el desenlace del juego porque no ha invertido nada en él entonces también tenderán a apostar por diversión. No apostarán de manera rigurosa ni estudiarán las posibilidades con atención. Quizás una manera de corregirlo sería observar cuánto dinero apuesta cada cual. Una persona que no ha invertido nada, o casi nada, en la apuesta tiene menos que perder que alguien que ha invertido una cuantiosa suma, podemos pensar que la tendencia es que la gente que invierte fuertemente lo hace con convicción: sabe a qué está apostando. El dinero se toma simplemente como una medida de cuánto confía el que apuesta en su elección: mientras más ha arriesgado una persona en una empresa, tanto más importante es para él el desenlace.

En última instancia es necesario que no existan conflictos de interés. Supongamos que a un miembro de la audiencia se le ocurre que si apuesta fuertemente a un resultado determinado puede ganar mucho dinero pero para ello necesita que el resto de la audiencia apueste al escenario contrario aunque no tenga mucho sentido hacerlo. Si esta persona puede utilizar su dinero para alterar el patrón de apuestas de la audiencia e influir en sus elecciones lo hará siempre y cuando le reporte un beneficio. Digamos que él sabe que apostar a cierto resultado le generará una cantidad de dinero, llamémoslo X. Y él determina que para influenciar las apuestas de la audiencia de manera que su apuesta funcione debe invertir una cantidad de dinero, llamémoslo Y. Esta persona cambiará el resultado de las apuestas siempre que Y sea menor que X. Así que podríamos estar basando nuestras jugadas sobre el tablero no en lo que verdaderamente la audiencia considera que es la movida acertada, sino en un espejismo: en lo que una persona de la audiencia eligió de antemano por su propio beneficio.

Es probable que de cada 100 personas que lean este artículo las que tienen experiencia alguna en política, y entienden de qué manera se gobierna sean exactamente 0. Sin embargo cuando llegan las elecciones todos pueden ir a votar. Su voto es tan valioso como la apuesta del que no sabe diferenciar entre el Peón del Rey y el Peón del Alfil. Elegir el destino de una Nación en base a las elecciones arbitrarias de millones de personas es tan absurdo como lo es elegir tu estrategia sobre el tablero de ajedrez en base a las elecciones aleatorias de cientos de espectadores que están viendo por primera vez un partido de ajedrez.

Supongamos que mis 100 lectores han decidido ir a votar. Es probable que la mayoría de ellos no tenga nada invertido en el país: no tienen una propiedad a su nombre, ni son dueños de una empresa que opera y genera beneficios en España. Alguno habrá que tenga una familia y sea responsable por la vida de sus hijos, pero pocos son los padres que se dan cuenta de ese hecho y lo asumen con la debida responsabilidad. Habrá varios con múltiples nacionalidades, o españoles por el mundo que viven en otro país pero votan por el destino de España aunque ni siquiera vivan allí. Por lo tanto la mayor parte de quienes votan en unas elecciones son personas que tienen poco invertido en el país. Es como el miembro de la audiencia del juego de ajedrez que apostó un céntimo y lo único que arriesga es su propio aburrimiento: elegirá en base al que prometa mayor entretenimiento a corto plazo.

Es evidente que cuando se trata de gobernar los conflictos de interés son múltiples y comprar votos es rentable. A veces ni siquiera hace falta dinero para comprar votos, basta con promesas y discursos. Así que el voto popular que es el principal mecanismo de la Democracia Participativa es un mecanismo pernicioso que desemboca en movimientos estúpidos.

Aunque al voto popular es la cura al cansancio –nos lo venden como “el gobierno de todos”, es “el gobierno del pueblo”– en realidad es el gobierno de nadie porque se parece más a jugar ajedrez con los ojos vendados o seguir las direcciones de un tercero cuyo interés está en conflicto con el interés del pueblo que la ficción que nos venden.

La Democracia Participativa también la presentan como la alternativa a otros sistemas primitivos. En lugar de tener un Jefe de Jefes como las mafias o las tribus de gorilas en la selva, nosotros tenemos la Democracia, ese maravilloso antídoto a la opresión y a la violencia.

La realidad, sin embargo, es que la nación que elige como modelo la Democracia Participativa está en un estado de constante fricción. La lucha por el poder entre diferentes facciones o partidos en períodos de cuatro años es una especie de guerra limitada en la que no se pueden usar armas, sólo el número de cabezas. Este sistema sólo lo soportan sociedades homogéneas y estables en las que hay una idea de destino compartido con pocas variaciones. La Democracia en esas sociedades es un mal que a duras penas se soporta, y las sociedades que no consiguen soportarlo desembocan en guerras civiles y el posterior gobierno de gorilas.

YAEL FARACHE: Mis tetas y yo

20 mayo, 2018 by

Mis tetas y yo

March 1st, 2012

Las tetas es un tema que todo el mundo quiere tocar, pero poca gente lo hace desde la honestidad. Las revistas te dan tips para sacarles partido, tus amigos se sientan a valorarlas, los políticos buscan legislar sobre la teta, las redes sociales directamente la prohíben, la asociación contra el cáncer te advierte de sus riesgos, y los cirujanos de la ley de la gravedad.

Pero las tetas son parte de una persona. Aprendemos desde pequeñas que hay que temer a nuestras tetas, y nadie nos enseña a amarlas. Podrías pensar que este artículo es simplemente una excusa para enseñar las mías, pero te puedo asegurar que al terminar de leerlo te dará vergüenza haber pensado eso.

¿Qué se siente al tener tetas? No es una pregunta que uno se plantea a menudo. Tener tetas es raro. Una niña pasa los primeros 12 o 13 años de su vida sin tetas. Después, un buen día, le salen dos objetos en medio del pecho que redefinen su relación con el mundo. No se puede estar preparado para un cambio así.

Hay niñas que se desarrollan demasiado pronto, son las primeras de la clase. Sus tetas le parecen un cartel que anuncia al mundo su condición. Las hay que se desarrollan tarde. Sus amigas tienen tetas y ella no. Se pregunta si todo está bien, si a ella también le saldrán y cómo serán. Hay otras que se quedan esperando porque nunca les salen. Y todas, independientemente del momento en el que les ocurra, sienten angustia.

Frente al espejo la niña descubre que las tetas no tienen un propósito propio. Las tetas son para el otro. Para amamantar a un niño en un futuro. Para ser codiciadas por un hombre. Las tetas no sirven para nada si no hay un otro. Son una expresión física de su condición femenina. De ser un ser para otro ser. Un ser que se define en el otro. Toda la injusticia de la especie se concentra para ella en su pecho. El útero también es injusto, pero odiar la regla es algo que se acepta socialmente. Para odiar las tetas tienes permiso, pero únicamente en cuanto a sus particularidades “odio mis tetas porque son así” y no en cuanto a concepto.

Después está el tema de la atracción. La niña que posee tetas descubre que no le es indiferente a la mirada de los hombres. Los ojos la siguen a donde va. Antes de tener tetas, una niña tiene culo, es cierto, pero el culo siempre se está yendo, las miradas se le pegan por detrás. Las tetas siempre están viniendo, y encontrarse de frente con la mirada del otro es una experiencia nueva. La niña se siente protagonista, pero no sabe qué sentir al respecto. No sabe si quiere o no la atracción que genera. Puede sentir que no la merece, que no ha hecho nada para conseguirla. Las tetas crecieron en ella sin su intervención.

Algunas se descubren poderosas. Yo tenía una amiga en el instituto que tenía las tetas grandes y sabía explotar su poder. Como consecuencia le pusieron de sobrenombre “la Chichi” por esta canción. No hace falta mucho para ser la puta del instituto. Muchas de las niñas que tienen mala fama la tienen más por la forma de sus tetas que por su experiencia, su cuerpo las traiciona. Nadie quiere ser La Chichi.

Después del instituto las consideraciones son de otro tipo. Dependiendo del lugar en el que vives las tetas simbolizan cosas distintas. Por lo que sale en las noticias puedes pensar que en Venezuela es casi obligatorio tener las tetas operadas y enseñarlas, pero en realidad eso depende de tu círculo social. En el mío tener las tetas grandes y usar ropa ajustada es considerado de baja clase social. La gente de bien se cuida mucho de este tipo de deslices, porque a diferencia de Europa donde el orden social en la mayoría de los casos está determinado por la raza, en Latinoamérica el orden social se establece por la clase socioeconómica.

Algunas sufrimos por tenerlas grandes, otras por ser planas. A algunas mujeres no les gusta la forma de sus tetas, a otras el color. Los pelos son más comunes de lo que todo el mundo cree. Algunas tienen los pezones raros, invertidos, o demasiado grandes, o protuberantes. No hay un prototipo de teta normal, aunque todas creemos que sí. Aceptar tus propias tetas es un proceso que dura años, y cuando finalmente lo haces, se te empiezan a caer.

LAS TETAS: EL DEBATE

Yo sabía que tenía las tetas grandes, y por eso me esforzaba por ocultarlas. No quería ser una “choni”. Además me gustaba la moda con todos sus mitos. Pensaba que un componente del buen vestir era el desdén por lo sexy. De manera que pasé alrededor de 10 años con cuellos cisne, pelo corto, y una talla incorrecta de sujetador.

Hace dos años más o menos que me he liberado de los cuellos cisne poco a poco. No es que vaya en tetas por la calle, simplemente he sustituido los jerseys por camisetas de cuello abierto. Ha sido una lucha contra mis propios prejuicios, pero lo he logrado. Lo sorprendente es ver las reacciones de la gente ante mi nuevo “look”. Nada de lo que he hecho en mi vida ha generado tanta polémica. Me acusan de todo tipo de cosas. De enseñar mis tetas para ganar popularidad, de habérmelas operado, de ser machista, hasta de “venderme”.

Mi primer “fan”, un argentino que se llama Serge, me seguía desde que abrí el blog. Me escribía por email. Él y su novia tienen un estudio de fotografía, o de estilismo, no recuerdo, el caso es que me enviaba sus fotos para que le diera mi opinión de vez en cuando, y a lo largo de un año intercambiamos varios correos. Pues bastó con que pusiera este post para que pasara de admirarme a repudiarme. No sólo me dejó un par de comentarios en el grupo de Facebook “y ese boobshot?”, sino que además me envió un email diciéndome que su novia y él se habían equivocado conmigo.

La verdad es que es la primera vez que me toca estar de este lado del debate. No los culpo porque cubierta hasta el cuello yo también me sentía sobre una tarima moral. Yo apuntaba el dedo. Criticaba el escote ajeno. Una vez dije de una amiga que se vestía como una “secretaria porno”. Kim Kardashian me parecía una desvergonzada. Paris Hilton no. No tenía que ver con su actitud sino con el tamaño de sus tetas.

EL PACTO DE EVA

El verano pasado Israel y yo fuimos a Málaga. Estábamos tumbados en la playa tan tranquilos, cuando de la nada salió una tía en tetas, puso su toalla en la arena frente a nosotros y se acostó a tomar el sol. No era una tía especialmente guapa, y ni siquiera estaba mirando a Israel, pero yo me indigné.

Para situaros un poco en contexto: no estoy acostumbrada a ver tías en tetas. En América es ilegal tomar el sol topless excepto en las playas nudistas. Todas se operan en Venezuela, pero nadie se quita el bañador. Así que la imagen fue algo nuevo para mí. Por otro lado, aceptar mis sentimientos negativos también era algo nuevo. No se supone que uno debe sentir indignación frente a una tía sin bañador. Pero estaba practicando la auto-aceptación, y la primera parte de la auto-aceptación es verse tal cual uno es.

Me indigné, me puse territorial. Lo que yo sentí era una traición. Pero nada había ocurrido. ¿Por qué me sentía traicionada?

Le dije a Isra: “Si ella quería venir a la playa en tetas, debería haber venido con sus amigas. Eso estaría bien. Pero ¿venir sola, en tetas, y acostarse allí frente a todo el mundo? Eso sólo lo haces si estás buscando algo” Intenté darle la vuelta a la idea: ¿qué pasaría si algo hubiese pasado? ¿con quién me enfadaría? Mi respuesta me confundió aún más: me enfadaría con mi novio. Entonces, ¿dónde está realmente el problema?, ¿cuál es la traición que ella comete? y más importante aún: ¿contra quién?

No creas que yo aceptaba estas ideas con facilidad. Sé que son súper machistas. Pero la única manera de combatirlas es permitiéndome sentirlas, para poder entender de dónde salen. Después de darle vueltas durante horas descubrí lo que sentía realmente: el acto de ir a la playa en tetas es injusto porque tienta a los hombres, incluyendo a mi novio. En ese momento escuché un eco en mi cabeza. La idea me resultaba familiar, muy familiar, de hecho. Es una idea muy antigua. Salió de la Biblia, del episodio de Adán y Eva.

Eva tentó a Adán. Adán no tiene la culpa de su pecado porque fue Eva quién lo tentó. ¿Por qué Adán no se resistió? Porque no pudo. Eva es irresistible. Su poder radica allí. Las tetas simbolizan la sexualidad feminina, son la marca de Eva. La sexualidad femenina es el pecado original, la mujer es la pecadora, y las tetas son su arma. El hombre se defiende del peligro que ella representa cubriéndola. Le hace cubrirse de la misma manera en la que Eva se cubrió después de probar la manzana.

EL LUGAR DE LA MUJER

Pero la idea de que la mujer es peligrosa no es exclusiva de occidente. La Biblia no creó esa idea, es sólo un reflejo de un sentimiento que la precede. Para estudiar este tipo de cosas, el lugar que ocupa un concepto (la idea de la feminidad) dentro de una cultura se suele estudiar usar la lingüística.

Las palabras estructuran nuestro mundo. Sus categorías lo ordenan. Agrupamos bajo una misma categoría los objetos que consideramos semejantes. El lugar de la mujer se estudia desde la categoría más amplia: el género. Se estudia, por ejemplo, el tipo de palabras que tienen género femenino y por qué se les agrupa junto a la mujer. Qué dice de la visión que tiene una cultura de la mujer cuando comparte género con ciertas cosas y no con otras. Por qué en español la casa es femenina y no masculina, por ejemplo.

No todas las culturas tienen género femenino y masculino en su lenguaje, el inglés, por ejemplo, es un idioma neutro. En el español tenemos 2 géneros: femenino y masculino. Pero en Australia existe entre las tribus aborígenes un idioma llamado Dyirbal que tiene 4 géneros diferentes: masculino, femenino, vegetales, y misceláneos. Dentro del género masculino están los hombres, los peces, las culebras, los kanguros, y las lanzas. Dentro del género femenino está la mujer, el fuego, y las cosas peligrosas (1). La mujer para ellos es fogosa y peligrosa. Un ser de cuidado.

El Dyirbal lo hace de manera explícita, pero en la mayoría de las culturas la mujer está vista de esa forma: como una criatura peligrosa, difícil de comprender, e irresistible al mismo tiempo.

(1) Women, fire, and dangerous things de George Lankoff

LA MUJER COMO EL OTRO

A la mujer se le teme también porque es “lo desconocido”. La mujer ocupa el lugar de “el otro”. El hombre se siente sujeto de su mundo, y sitúa a la mujer a su lado. Es lo suficientemente parecida a él como para poder reflejarse en ella, y al mismo tiempo también la desconoce, se le escapa. Ella es al mismo tiempo conocida y desconocida, la interrogante y la respuesta, y como es distinta de él, ella es para él su juez. Por eso un hombre de negocios le consulta sus decisiones a la mujer. Puede que ella no tenga idea del tema, pero él toma en cuenta su opinión porque ella es la juez de su mundo.

El hombre teme al poder de la mujer y al cubrirla “desaparece” su feminidad, su otredad, su amenaza. Ella acepta cubrirse siempre y cuando todas las demás mujeres se cubran con ella. Dado que la sexualidad femenina es irresistible, la mujer cree que nada puede competir contra unas tetas desnudas. No importa qué tan bella, inteligente, sensible, o apetecible ella se considere, cree que frente a unas tetas desnudas, su atractivo queda “neutralizado”. Por esa razón ella sólo acepta cubrirse si no hay otras tetas a la vista.

El pacto de Eva también es un pacto entre mujeres, y traicionarlo tiene consecuencias. Cubrir las tetas es un pacto de desarme. Muchos países tienen armas nucleares, pero hay un acuerdo tácito, un pacto, de no usarlas. Si un país amenaza con hacer uso de su poder atómico, los otros países lo condenan. Y lo mismo ocurre con las tetas.

La mujer que se exhibe traiciona ese pacto. Salir en tetas es hacer uso de tu bomba atómica cuando todos los demás guardan las suyas. Es violar un pacto que iniciaron los hombres, pero que perpetuamos todos. La mujer vigila que el pacto se cumpla, y castiga a la infractora con la burla, el rechazo, o el ostracismo. El hombre, en cambio, anhela que rompa el pacto, pero cuando lo hace la tilda de puta.

La mujer somete a la infractora a la burla para desacreditar la amenaza que representa. El hombre tilda a la infractora de puta para desacreditarla como juez. El hombre teme el juicio de la mujer fácil. Si una mujer ha estado con muchos hombres diferentes, puede juzgarlo a él, y por lo tanto, puede poner en riesgo su masculinidad. La mujer virgen no ha estado con nadie y el hombre junto a ella se siente seguro. La mujer es peligrosa para el hombre en cuanto a que lo juzga. Tildar a una mujer de puta es descalificar su argumento a priori. La mujer es peligrosa para la mujer en cuanto a que aniquila su atractivo. Tildar a una mujer que se exhibe de puta es para ambos una manera de protegerse.

Pero la castigue un hombre o una mujer, para que el castigo sea efectivo tiene que hacerse en presencia de un tercero. Por eso el castigo es siempre en público. El castigo es siempre social.

LA HERENCIA DEL MONOTEÍSMO

Soy judía y estudié en un colegio judío. Desde pequeña me enseñaron a sentir orgullo por ser la primera religión monoteísta del mundo. Se nos enseña que el monoteísmo es la forma más civilizada de religión. Que el politeísmo es absurdo, el paganismo es arcaico, y la idolatría está vinculada a religiones crueles.

Imagino que a los católicos les enseñan algo parecido. Que creer en un sólo dios es la forma “correcta” de entender el mundo. El agravante en el catolicismo es que además es proselitista. No solamente lo consideran correcto, sino que consideran que es lo ÚNICO que es correcto. Esperan que todos los pueblos adopten su religión.

Pero en el monoteísmo, ¿cuál es el papel de la mujer? Si el pacto de Eva salió de la Biblia, ¿qué otras cosas que nos afectan tienen sus raíces en la religión?

La relación del hombre con la mujer (y por lo tanto el lugar que la mujer ocupaba en su sociedad) ha cambiado varias veces a lo largo del tiempo. Por lo general está vinculado al lugar que el hombre le da a la naturaleza, y en especial al lugar que le da a la tierra.

Durante la era paleolítica el hombre era nómada y se mantenía de la caza, la pesca, y la recolección. Los viajes eran largos, el territorio difícil, el clima duro. El hombre del paleolítico empleó toda su energía en sobrevivir. Pero a pesar de que sabía construir herramientas, no sabía sembrar ni domesticar animales.

En esa cultura primitiva, la mujer no gozaba de una buena posición dentro de la jerarquía social. Movilizarse de un lugar a otro era un trabajo arduo. La mujer es más débil que el hombre y por lo tanto no puede cargar mucho peso. Pero sí consume: come y bebe tanto como él. Durante varios días cada mes está indispuesta. El niño era una carga aún más pesada que la mujer porque durante 3 años no puede ni caminar. Cuando digo que no gozaba de una buena posición en la jerarquía social me refiero a que cuando no habían suficientes recursos sacrificaban a los niños y dejaban a las mujeres atrás (1).

Todo cambió con el sedentarismo hace unos 15 mil años. Por primera vez la tierra se convirtió en un recurso escaso. Los hombres querían tierra para sembrarla y para cuidar de sus rebaños. Se sentían atados a ella de una forma especial. Los sedentarios sacaban su comida de la siembra, y a diferencia del nómada, él podía administrarse. Sabía de cuánta comida disponía, podía guardarla para momentos de escasez así que los niños y las mujeres dejaron de ser una amenaza para la supervivencia y se convirtieron en una parte necesaria de la familia.

El hombre sedentario descubrió el tiempo. Aprendió a medirlo con las cosechas. Descubrió que el mundo es cíclico. Que las cosechas se corresponden con la luna, con las estaciones, con las mareas. Midió los movimientos de las estrellas en el cielo y creó un calendario. Comprendió que al igual que el universo, la mujer también es cíclica. Su fertilidad la inserta en el tiempo. Para el hombre sedentario la mujer poseía dentro de sí el secreto de la naturaleza. Así se convirtió en la encargada de la siembra ritual, su fertilidad fecundaba también a la Tierra (3).

La siembra era una actividad tan ardua como la caza o la recolección. El hombre sedentario quería varios hijos para poder distribuir el trabajo. Pero desconocía la paternidad. Creía que el embarazo era un secreto de la mujer, que los hijos brotaban de ella como brotan las plantas de la tierra. Así que además de ser la responsable de la fertilidad, la mujer era también la dueña de la vida. Daba la vida y también la quitaba. (4).

Los primeros sedentarios temían al poder de la mujer, y por lo tanto su religión adoraba a La Diosa. Ella era omnipotente, inmortal, y estaba profundamente conectada a la naturaleza. Era la responsable de la capacidad de creación, y también de la de destrucción. Su nombre variaba de acuerdo con la cultura, pero estuvo presente en casi todas las sociedades que se asentaron cerca del Mediterráneo: AstartéIshtarInanna, Nina, NutIsisAshtorethAu SetHathorNammu, o Ningal. (5)

No es casual que todas estas diosas estén representadas por sus tetas. Las tetas eran el máximo símbolo de la fertilidad. Las tetas de la mujer eran la fuente de su poder, pero no en cuanto a que el hombre no puede resistirse a ella, sino en cuanto a que es ella quien le da la vida al hombre. Si la mujer es quien da la vida, y quien la quita, el hombre siempre estará sujeto a ella. El hombre es secundario. Sólo existe después de la mujer. Es en este punto en el que entiendes que el pacto de Eva no fue un pacto entre hombres y mujeres, fue un pacto entre el monoteísmo y la mujer. Al cubrirse las tetas la mujer cedió su poder al hombre. Cuando una mujer muestra sus tetas con orgullo no está traicionando un pacto, está desafiando el orden social. Está poniendo en peligro la estabilidad de la estructura patriarcal. La traición y el pecado fueron simplemente dos excusas convenientes para hacer abdicar a la mujer.

El monoteísmo borra a la mujer. En el judaísmo su papel es pasivo. Hay un par de heroínas por ahí, (Yael decapitó a un rey enemigo clavándole una estaca en la cabeza), pero en líneas generales, hay pocas figuras femeninas con las que una mujer judía se puede sentir identificada en un rol activo. El catolicismo lo reduce aún más. Dentro del catolicismo la mujer sólo puede ser María o Eva. La madre bondadosa y pura, o la mujer mala tentadora. No hay intermedios ni otras opciones. Por eso se santifica la maternidad en occidente y se repudian las otras dimensiones de la feminidad.

Como existe un sólo modelo válido a seguir (la vírgen), la única posible interacción entre mujeres es la competencia. Si sólo tienes una meta válida, todo se parece a una carrera. Todas somos versiones más o menos perfectas de lo mismo. En la carrera por la perfección el juego sucio vale: como una mujer sólo puede ser una cosa, y como Eva y María nunca se dan en simultáneo, entonces si demuestro que la que tengo al lado es una Eva, tengo menos competencia en mi carrera. Convertir a otra mujer en Eva es putificarla.

(1) No recuerdo en dónde leí esto, pero el artículo de la wikipedia en inglés sobre el paleolítico está bastante completo, puedes leerlo aquí. Y también hay un artículo muy interesante en Primitivism.com donde explican el impacto de la agricultura en en el hombre, si quieres leerlo pulsa aquí.

(2) The Oxford Encyclopedia of Women in World History, Vol. 1

(3) Lo sagrado y lo profano de Mircea Eliade

(4) El segundo sexo de Simone de Beauvoir

(5) The Living Goddesses de Marija Gimbutas

Nota: no soy teóloga, ni arqueóloga, ni historiadora. Todo lo que sé lo aprendí de Google, descargas ilegales, y libros robados. Hay muchas teorías con respecto a las culturas primitivas. Muchas se contradicen. Yo no sé cuál es la mejor, pero estas son las que más me interesan a mí.

PUTIFICAR

Lo más peligroso del pacto de Eva es que es tácito. Desde que naces formas parte de él sin saberlo. Las mujeres lo perpetuamos sin saber muy bien por qué. A las niñas se les roba el poder desde muy temprano, toda su infancia es una preparación para él. Se les educa para seguir el pacto aún antes de que le salgan las tetas, pero no se le dan razones. Cada vez que la madre se ríe del escote de otra mujer está enviándole a su hija un mensaje velado: debes cubrirte. Y no sólo se educa en la casa, se hace en el colegio, en la tele, en internet. Facebook me quitó esta foto de mi grupo porque viola los términos y condiciones de uso:

El problema no es que Facebook haga cumplir una de sus normas. El problema es que ESA sea una de sus normas. Que consideremos la teta como algo prohibido. Que se ponga a la mujer en una posición en la que cubrir su cuerpo es una obligación. Después de recibir este tipo de mensajes durante toda tu vida, es normal que sientas ganas de repudiar a otra mujer que rompe el pacto. Pero es probable que no sepas el por qué. Es probable que, al igual que me pasó a mí, si te encuentras con una mujer que está rompiendo las reglas te sientas traicionada y que tu sentimiento te parezca irracional. Es probable que quedes tan perpleja y confundida como yo.

Si el mecanismo por el que el pacto se perpetúa en el tiempo es dañino, peor son las consecuencias concretas del pacto: el estigma social de la puta. En inglés tienen una palabra para eso: slutshaming(se pronuncia slotsheimin). En el siguiente vídeo una niña de 13 años explica lo que es el slutshaming y por qué está mal. El video está en inglés, pero si no hablas inglés no te preocupes, voy a explicarlo debajo.

“Slutshaming” es una palabra compuesta por dos palabras más: “slut” que significa “puta”, y “shaming” que significa “avergonzar a otro”. Pero aquí en A70 lo voy a llamar “putificar” para hacernos la vida más fácil.

Putificar significa degradar o burlarse de otra mujer por su conducta sexual. Las excusas para putificar a otra mujer son muchas. Se le putifica por usar ropa ajustada o reveladora, por disfrutar del sexo, por tener sexo con frecuencia, o con varias personas, o incluso se le puede putificar porque existe un rumor sobre ella. No siempre se le putifica implicando que es una puta. Se puede hacer de una manera más sutil implicando que por su conducta sexual es tonta, superficial, o machista, o cualquier otra cosa negativa.

Una persona que putifica a otra cree que está castigándola solamente a ella, pero dado que la putificación se hace en público, el mensaje es para todos y es el siguiente: una mujer que disfruta de su sexualidad es mala, participar en actividades sexuales es malo, la mujer debe cubrirse. O mi favorito: nadie quiere a una mujer que es una puta.

Pero si el sexo es concensuado y te sientes segura con tu pareja… entonces el sexo es bueno. Disfrutar de tu cuerpo es bueno. Expresar tu sexualidad es bueno. Lo que hagas con tu cuerpo, con tu ropa, y con tu pareja es algo privado. Nadie tiene derecho a juzgarte por eso. No, ni siquiera tu madre.

La putificación alimenta la tolerancia a la violencia contra la mujer. El pacto de cubrir a las mujeres parte de la excusa monoteísta de que su sexualidad es peligrosa. Que al igual que Adán, el hombre no se puede resistir al pecado de la mujer. Esa idea representa un grave peligro para nosotras. Si la mujer es la que tienta y el hombre no se puede resistir, entonces ¿de quién es la responsabilidad cuando ocurre una violación? Si crees en el pacto, entonces la respuesta es simple: la mujer tiene la culpa por haberse expuesto. El hombre no se puede resistir. ¿Ves el error?

Hace unos meses en Nueva York un profesor de universidad le dijo a sus alumnas que no usaran faldas cortas o shorts si no querían que las violen. Semanas después una mujer iba en bicicleta con minifalda y un policía la paró y le dijo que fuera a su casa a cambiarse de ropa si quería evitar una violación. Este tipo de cosas no se quedaron atrás. Pasan cada día a nuestro alrededor. (1)

Al mismo tiempo alimenta la idea de que está bien burlarse o degradar a otra mujer. Propaga la idea de que está bien ser violento (verbal, o físicamente) con ella si ella rompe alguna regla social. Pero ser violento nunca está bien.

La única manera de liberarnos del pacto es ver a las mujeres que nos rodean como aliadas, y no como enemigas. En vez de criticarles el escote, apláudelo. Apláudelo aunque tú no te lo pongas. Aplaude su coraje, y aplaude también su libertad de elección.

(1) Duly Noted: Scenes from SlutWalk NYC

EL FEMINISMO MACHISTA

En mi grupo de Facebook hubo una discusión sobre feminismo hace poco. Lo que me sorprendió es que mucha gente tiene una idea equivocada de lo que significa el feminismo. Algunos creen que es “como el machismo pero al revés”. Otros creen que las mujeres quieren ser exactamente iguales a los hombres. Entiendo que tengan esas lagunas porque en nuestra cultura el feminismo siempre se ha visto como algo extraño. Pero aquí voy a hacer un repaso veloz de lo que significa en realidad.

El feminismo es buscar activamente la igualdad entre los sexos. ¿Qué tipo de igualdad? Igualdad de derechos, e igualdad de oportunidades. Le debemos gran parte de nuestros derechos al feminismo. Gracias al feminismo podemos votar, por ejemplo. Hay muchos tipos de feminismo, y aún más tipos de feminista. Pero todos parten de las dos premisas anteriores.

Las feministas de los 70 estaban divididas en el tema sexual. Lo llamamos The Sex Wars. Los debates dividieron a las feministas en dos grupos: las anti-porno y las pro-sexo. Las anti-porno consideraban que la sexualidad masculina era la raíz de la opresión de la mujer, que el hombre ve a la mujer como un objeto sexual, y que por eso la mujer debe defenderse. Su idea de defensa era cubrirse, y prohibir la pornografía. Las pro-sexo consideraban que el sexo era algo placentero y bueno para la mujer, que el porno le devolvía algo de su poder, y que la elección le corresponde a la mujer. Al final de los 90 no quedaban ya feministas anti-porno y el tema sexual quedó zanjado con la idea de la elección individual.

Yo en lo personal encuentro el debate a estas alturas absurdo. Me parece absurdo también que el porno se siga viendo tan mal. Yo soy mujer y veo porno. Sé que muchas de vosotras también lo hacéis. Pero es probable que aunque lo hagas sientas vergüenza de hacerlo o de decirlo. Es normal. Lo que no es normal es estigmatizar en público algo que TODOS HACEMOS EN PRIVADO. No voy a proponer que se le cambie el nombre de porno al porno, porque cuando hay actrices maquilladas y cámaras y todo es tan producido es realmente una película como las de Hollywood. Pero cuando una pareja se graba en la tranquilidad de su hogar, o una mujer se hace fotos de su propio cuerpo, para mí no es porno, es sexo. Sexo y ya. Sexo delante de una cámara. ¿A que se te quita la mitad de la vergüenza viéndolo desde esa perspectiva?

Pero en realidad el cisma va más allá del porno. Es algo mucho más profundo. Es una actitud. La feminista anti-porno de esa época sigue existiendo con otra cara. Es la feminista machista de hoy en día que degrada a las mujeres por mostrar su feminidad. Creen que ninguna mujer puede disfrutar de la cocina, o de las manualidades, o de tener hijos, o de sus tetas. Consideran que todas estas cosas son producto de la educación, de la sociedad patriarcal. Y así se enfrentan a la opresión de la mujer negando la feminidad.

Si regresamos al segundo párrafo y volvemos a leer el objetivo del feminismo: la igualdad entre los sexos, la contradicción se hace evidente. Una sola cosa precede la igualdad de derechos y de oportunidades. Lo que está por debajo de todo es la libertad de elección. Sin la libertad de elección, la igualdad de derechos se convierte en una imposición de obligaciones, y la igualdad de oportunidades en un camino designado.

Esto es justamente lo que hace el machismo. El machismo tiene muchas formas, pero lo principal es que busca quitarle a la mujer su capacidad de elegir. Robarle a una persona su libertad de elección es convertirla en una víctima. El machista obliga a la mujer a quedarse en su casa, le prohíbe estudiar, o la fuerza a vestirse de una manera específica. ¿Qué hace el mal feminismo? Lo mismo. Le prohibe que cocine, que se exhiba, que participe del sexo, y que disfrute de su hogar.

En ese sentido el mal feminismo y el machismo son lo mismo, y ambos subordinan la individualidad al bien social. Ambos traicionan al individuo. Pero cada persona sólo vive en su individualidad. La mujer no existe como concepto, sólo se realiza en la singularidad de un sujeto concreto. Nadie se realiza en lo colectivo. Respetar el derecho de libre elección es la base del feminismo, y también de ser una buena persona.

EL REGRESO AL POLITEÍSMO

¿Realmente es tan difícil comprender que la feminidad tiene más de una cara? ¿Que una mujer puede ser más que Eva o María?

Es fascinante ver el cambio del lugar de la mujer en la mitología. ¿Cómo pasamos de adorar a Cibeles, una diosa que va en un carro tirado por leones, a adorar a la Virgen María? Cibeles es fuerte, aguerrida, orgullosa, y poderosa. La virgen es una mujer sumisa, silenciosa, obediente, y esclava del hombre. ¿Con qué excusa convencieron a nuestras abuelas para que cambiaran a Durga por la virgen? La excusa debió ser realmente buena, lo que no me explico es cómo seguimos dándole crédito a religiones tan humillantes.

Lo que voy a decir a continuación te va a sonar bastante New Age, pero dame un voto de confianza y léelo hasta el final porque no soy del tipo de persona que se interesa en el reiki, o en los palitos de incienso. Mi idea va por otro camino.

En el hinduismo, una religión politeísta, existe una diosa llamada Shakti. Es la diosa de la energía cósmica. Es la fuerza que mueve a todo el universo. Es también la diosa del poder creativo de la feminidad, y se le llama “La Gran Madre Divina”. Al igual que la virgen, Shakti es la gran madre, pero a diferencia de la virgen, Shakti tiene poder en sí misma. Shakti no depende de nadie, su existencia está directamente unida al universo, y es la responsable de sus cambios.

Quizás lo más interesante de Shakti es que para los hindúes ella existe dentro de cada mujer. No existe solamente como una manisfestación, no, cada mujer ES Shakti literalmente. Dentro de cada una de nosotras Shakti vive y crea, y por eso para honrar a Shakti tienes que honrarte a ti misma. Shakti no se sacrifica por el otro, ella se regocija en sí misma y conoce su poder de creación. Es una diosa digna.

Al mismo tiempo Shakti convive perfectamente con todas las demás diosas del hinduismo. Con Parvati, Lakshmi, Devi, Durga, y Kali. Cada una de ellas es poderosa, y todas son perfectas en sus diferencias. Como no hay un único modelo a seguir, sino múltiples, la mujer hindú aprende a valorar las diferencias en las mujeres que la rodean. La mujer politeísta aprende la tolerancia, la apertura, y a disfrutar de la variedad. La mujer monoteísta aprende a sincronizarse con un sólo ideal y a ver a sus semejantes en términos de competencia.

Quizás el hinduismo está muy lejos de nosotros. Nos es ajeno, pero podemos tomar como ejemplo las religiones politeístas de nuestro pasado. Las mujeres griegas, por ejemplo, también vivían en una sociedad patriarcal como la nuestra, y sin embargo en Grecia tenían 12 dioses principales: 6 eran hombres, y 6 eran mujeres.

El cielo, la tierra, el mar, y el inframundo estaban gobernados por los dioses masculinos, pero cada una de las diosas navegaba dentro de esa realidad de una forma diferente. Algunas se unían a los hombres y se desprendían de la feminidad (como Atenea, o las feministas anti-porno), otras se apartaban (como Ártemis), algunas se aislaban hacia adentro como Hestia, y otras vivían dentro de la sociedad, aceptando su rol de mujer (Hera, Perséfone, Démeter). Finalmente estaba Afrodita que vivía bajo sus propias reglas, tomando amantes por placer.

Cada una de estas diosas representa una cara de la feminidad. Son una fracción de La Diosa. Afrodita representa la parte fértil de la Diosa. Démeter, su parte maternal. Hera representa el papel de La Diosa como Reina de los Cielos. Pero al fin y al cabo, cada uno de esos arquetipos brota de la psique humana. Todas tenemos diferentes diosas dentro de nosotras que interactúan, se activan y se desactivan a lo largo de nuestra vida.

Existe la mujer que ama lo salvaje y que desea ser libre como Ártemis, pero también existe Hestia, la diosa del hogar, que ama su casa y la autoreflexión. Hay mujeres a las que les gusta genuinamente cocinar, bordar, tejer, y tener hijos. Es tan válido disfrutar de esas cosas como ser una mujer de carrera, una exploradora, o mujer de mundo.(1) También puedes adoptar varios modelos diferentes. Hay mujeres que se sienten mal porque creen que su personalidad es contradictoria, pero quizás tienen varias diosas diferentes dentro de sí, y eso está perfectamente bien.

Cuando te abres a nuevos arquetipos, a nuevas diosas, eres tolerante con las mujeres que hay a tu alrededor. Comprendes que el mundo no es una carrera, y que no existe una sola meta. Hay muchas maneras de ser mujer, y cada una es válida. El camino de la autoaceptación comienza por la apertura mental.

(1) Estas ideas sobre los arquetipos de las diosas griegas no son mías, son de una psicoanalista jungiana que se llama Jean Shinoda Bolen. A los que recibís mi newsletter, os comenté que estaba leyendo su libro en el newsletter #2. Si quieres leerlo puedes comprarlo en el FNAC o por Amazon.

ACEPTA TUS TETAS

Tus tetas son tuyas. Te hacen mujer con todo lo que eso significa. Las tetas te dan tu poder. Ellas simbolizan tu fertilidad, tu conexión con la naturaleza, tu lugar en el mundo. En ellas se plasma tu poder de dar la vida. No renuncies a tu poder sin dar una buena pelea.

Cuando te mires al espejo sé gentil con tus tetas. Cuando escojas tu ropa también. Compra los mejores sujetadores para ti, que sean de tu talla y te den un buen soporte. Camina sacando el pecho y no encorvándolo. No las critiques por sus “fallos”. Si estás descontenta con tus tetas, en el fondo es un reflejo de un descontento más profundo hacia ti misma. Aprende a querer a tus tetas y te estarás aceptando un poco más.

Ama tus tetas cada día, y siéntete orgullosa por tenerlas. Comprende a las mujeres que te rodean. Aprende también a apreciar las tetas ajenas porque después de todo, son también símbolos de tu feminidad. No juzgues a otras por su escote, ni siquiera a las famosas. Lleva tu feminidad con orgullo. Lo que quiero decir es que toda mujer debería sentir la libertad de mostrarse como quiere y cuando quiere sin ser juzgada por su elección. Si quieres usar escotes, o si quieres mostrar tus tetas, ¡hazlo! y si alguien te critica siéntete libre de hacerles un corte de mangas.

No sé si lo sabes pero dos veces a la semana envío un newsletter con contenido diferente al de la web. Envío fotos personales, anécdotas sobre mi vida, cosas que me gustan, y los mejores enlaces de internet. Si te quieres suscribir pulsa aquí.

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Dale una patada en el culo a la depresión

February 23rd, 2012

Esta es la segunda parte de un artículo que escribí acerca del estancamiento. Se llama Cómo encontrar un trabajo en medio del paro.

Si no lo has leído aún, es mejor que empieces por allí, así podrás entender bien este artículo. Aunque de todas formas te voy a hacer un resúmen.

Zugzwang (se pronuncia tsuk tsvank). Significa “compulsión de movimiento”, y se usa para describir un tablero en el que el jugador al que le toca mover descubre que cualquier movimiento posible sólo empeora su situación. Mover una pieza implica hacer grandes concesiones, a veces incluso poner en riesgo la partida. La opción más ventajosa para el jugador sería paralizar el tablero, quedarse como está, pero en el ajedrez es imposible dejar el turno pasar. Te encuentras en Zugzwang cuando permanecer estático es tu opción más favorable pero estás obligado a moverte.

Cualquier persona puede caer en Zugzwang. Se diferencia de la depresión en que es solamente un estado de parálisis. No quieres moverte porque no le encuentras sentido al movimiento. A veces la parálisis puede desembocar en depresión, así que para darle una patada en el culo, debes comenzar por desbloquear el Zugzwang.

En el primer artículo hablé de la parálisis del recién graduado. De la persona que está buscando un trabajo sin conseguirlo. Del que vive con los padres porque no le queda otra opción. Mi solución a ese tipo de Zugzwang era ser generoso con el talento, y sí es cierto que es lo mejor que puedes hacer para resolver un problema así en ese momento. Pero en realidad el Zugzwang es algo universal. Es la idea del estancamiento.

Una persona se puede estancar por muchas razones. Hay gente que lleva años en el mismo trabajo. No les gusta, saben que no van a llegar a ninguna parte, que un ascenso es una idea remota, y que aunque lo obtuvieran el trabajo les seguiría pareciendo un peso. No hacen nada. Hacer su trabajo bien requiere poner más esfuerzo en algo que no les interesa. Renunciar los dejaría en una situación peor. Así que ahí se quedan durante años, en su trabajo mediocre, cobrando un sueldo por algo que no les gusta y lamentándose por su situación. También está la madre que dedicó toda su vida a sus hijos, un día los hijos se van de la casa y la madre se encuentra sola y no sabe qué hacer. Los sueños que dejó a medias le parecen infantiles. Sus deseos le parecen algo distante. No sabe qué hacer con tanto tiempo libre. Se estanca. Está el hombre que se casó por inercia. Diez años después tiene 2 hijos, una hipoteca, y una esposa a la que ya no reconoce. Gana un cheque a final de mes que se va íntegro en leche, pañales, comida, y alquiler. No puede abandonar su situación porque no cree tener el coraje para enfrentarse a su mujer. Tampoco busca mejorarla porque no se siente a gusto, no es donde quiere estar. Se estanca.

El Zugzwang es un enemigo insidioso. Piensas que estás posponiendo el movimiento. Que sólo estás esperando a que aparezca una buena oportunidad para actuar, pero mientras más tiempo pasas paralizado, menos oportunidades se presentan. Y las que sí tenías comienzan a desaparecer. El Zugzwang es una serpiente que se muerde su propia cola.

Las razones para estancarse son miles, y sólo una de ellas se resuelve compartiendo el talento. Así que he escrito este post para expandir la idea del anterior y dar soluciones generales al problema. Este post seguramente tendrá un tono de auto-ayuda, y quizás te parezca algo tonto. A mí también me parece tonta la auto-ayuda. Tratar de crear una receta universal para un problema que es tan individual es un poco tonto. No pienso que lo que pongo aquí sirva para todo el mundo por igual, no tengo las respuestas. Pero lo más importante para salir de un problema de este tipo es tener las ganas de salir de él. Puede que lo que ponga aquí no te funcione, pero tampoco te hará daño. Es cuestión de probar.

He estado pensando mucho en la generosidad como forma de vida. Es una idea que ocupa gran parte de mi tiempo. Estoy tratando de poner por escrito todas las cosas he hecho en lo práctico que me han ayudado. Algunas las hice a propósito, otras salieron espontáneamente, pero todas me ayudaron a romper el círculo vicioso.

Todo lo que diré a continuación se puede resumir en una idea muy simple:

Tu interior y tu exterior son la misma cosa. Todo lo que hagas hacia afuera tiene el mismo efecto hacia adentro.

LA BUENA ACTITUD

La buena actitud trae “suerte”. Es posible ser la persona con más suerte del mundo. Sólo tienes que cuidar de tu actitud. Esto lo aprendí de Israel. Él cree de todo corazón en la suerte. Tiene una cartera de la suerte (se le está cayendo a pedazos de lo vieja que es). Y yo me río de él, pero le funciona. [No, no es que yo crea en la suerte, no se puede creer o no creer en la suerte, la suerte existe y ya – Israel]

Pero él dice que lo más importante no es la suerte sino la actitud. Al nacer te pueden repartir una muy buena mano de cartas, pero si no las sabes jugar, si utilizas tus cartas de manera estúpida no sirve de nada que buenas cartas te hayan dado. De la misma manera, te puede tocar una mano mala, y si sabes darle la vuelta, si tienes una buena actitud si usas la vida de manera inteligente puedes ser el hombre más afortunado del mundo. La buena actitud es saber jugar tus cartas bien. Israel tiene muchas reglas de ‘la buena actitud’, pero estas son para mí las más importantes:

  • Respeta tu trabajo: aunque no vayas a salir de tu casa, vístete. No te sientes frente al ordenador en pijama.
  • Manten una buena apariencia. Compra lo mejor que te puedas permitir. Sentirte bien al verte en un espejo hace que tengas confianza en cualquier cosa que vayas a hacer.
  • Se valiente o por lo menos no seas cobarde. No te paralices ni tengas miedo a “lo que pueda pasar” si crees en lo que vas a hacer hazlo sin que nada te frene.
  • Usa tu dinero, deja que fluya. El dinero es como el agua, si se queda estancado en el banco, o en un cajón, se pudre. Si no dejas a tu dinero ir, no vuelve, no generas más. Da lo mismo si tienes 20 o 200. No te apegues a él. Usalo inteligentemente. No gastar por miedo es casi peor que derrochar a lo loco.
  • Cuando tengas una idea ponte a ello al momento. No pierdas el tiempo planeandolo todo al milimetro por miedo a “lo que pueda pasar”. Ponte a trabajar inmediatamente y si tienes que corregir algo, mejor hacerlo sobre la marcha.

Más allá del dinero o del trabajo, creo que la buena actitud es cuidar de uno mismo. Es tratarse a uno mismo con bondad. Tener una buena actitud es ser generoso hacia adentro.

BAILA, BAILA, BAILA

Hay líneas finas que nos unen. No, mentira, no nos unen. Nosotros somos las líneas. Somos hilos muy delgados que descansan sobre un telar. Los hilos se tejen entre sí, y consigo mismos. Tejen tapices con el tiempo. Esto no me lo estoy inventando yo. La analogía de los hilos y la vida existe desde que el hombre es hombre. Quizás el mito más importante es el de las Moiras que tejían el destino de los hombres.

Para poder tejer un tapiz lo primordial son los nudos. Para formarlos tienes que mover los hilos. Es imposible crear un tapiz con hilos inmóviles. Si nunca has visto cómo se teje uno prepárate:

Es un trabajo delicado y sensible. Los hilos tienen que ser flexibles, tienen que cruzarse. Deben poder bailar. Así que para salir del Zugzwang tú debes hacer lo mismo. Mientras la música suene, baila, y no te preocupes por nada más. No pienses en las razones. Cada vez que piensas tus pies se detienen, y te estancas. No importa qué tan tonto sea el baile, báilalo. Sólo así se pueden dar las conexiones que buscas. Nadie te garantiza que el tapiz resultante será de tu agrado, o que los nudos se formarán como tú quieres que se formen. Pero lo que es seguro es que mientras te mantengas estático no se formará NINGÚN tapiz. Es imposible posponer la vida para siempre.

Empieza por moverte físicamente: acepta todas las invitaciones que te hagan. Sal de tu casa, sal a pasear. Ve al cine, aunque sea solo. Haz nuevos amigos, recupera los viejos. Planifica un viaje. Hazlo. Es necesario que salgas de tu habitación para que sucedan cosas. Buenas o malas. El estancamiento sólo se combate moviéndose.

Cuando tengas dominado el arte de moverte de tu sitio, lleva tu generosidad un paso más allá: baila con otros. Ayuda a una persona nueva cada día. Un desconocido, o una persona cercana, no importa, da igual. Dedica 10 minutos cada día a ayudar a alguien más. No tienes que hacer mucho, basta con un buen consejo, una palabra de aliento, o una buena acción. Sé el superhéroe de otra persona por un día. Y cuando termines de hacer la acción olvídala. No esperes que te den nada a cambio, ni siquiera su simpatía, porque lo que estás haciendo no es un favor, lo estás haciendo para ti mismo. Ayudar a otros te ayuda a ti. No creo en el karma, pero sí creo que una de las claves para vivir con alegría es generar buen rollo a tu alrededor. Bailar es ser generoso con tu tiempo.

VACÍATE

Durante mi peor Zugzwang mi habitación parecía un ático: estaba llena de trastos. En mi armario había un montón de ropa que jamás me ponía, y esa ropa por lo menos estaba dentro del armario porque la que sí me ponía estaba en una pila sobre la silla del escritorio. Tenía un montón de muebles, libros, y trastos que no usaba. Era un desorden. No sé si tu habitación se parece a la que estoy describiendo, pero si estás en Zugzwang es probable que sí.

**Los espacios que habitamos se parecen mucho a los espacios que nos habitan, si tu habitación es un desastre, tu cabeza también. **

Todos tenemos un ático en la cabeza. Un sitio lleno de trastos que hemos acumulado a lo largo de la vida: proyectos sin terminar, otros que jamás empezamos, recuerdos perdidos, responsabilidades desplazadas, deseos por realizar, afectos en desorden. Todo está allí revuelto. Es la principal causa del malestar.

Cuando tu vida está congestionada, es natural que no te puedas mover. Cuando tu nariz se congestiona no pasa ni el aire. Si quieres desbloquear tu Zugzwang comienza por abrir espacios en tu mente y a tu alrededor.

Vacía tu habitación. Elimina de tu vida los muebles que no usas. Quédate con lo necesario. Regala el resto. Saca toda la ropa de tu armario. Todo lo que no te hayas puesto en los últimos 2 meses regálalo. Regala los libros que no tienes pensado volver a leer. Formatea tu ordenador. Después haz una limpieza a fondo. No vas a creer lo bien que te sientes después. El espacio vacío es un espacio sereno. Puedes hacerlo como un proyecto de fin de semana, o hacer un poquito cada día, da igual, lo importante es que conquistes tu espacio.

Mantén tu habitación en ordenCuando tengas la habitación ordenada, procura mantenerla así. Barre y friega cada mañana. Haz tu cama. Ordena lo que tienes sobre el escritorio. Esta parte es la más complicada. Cuando yo estaba paralizada no quería mover ni un solo plato. Era terrible. No sabía por qué, pero no había forma humana en la que yo pusiera algo de orden a mi alrededor. Lo peor es que yo estaba convencida de que estaba a gusto en mi desorden. Mi madre me reclamaba a diario y en mi cabeza yo pensaba: “¿para qué voy a hacer la cama si la voy a volver a desordenar después?”.

Con el tiempo me di cuenta de lo que estaba pasando. Lo que voy a contar es muy personal y quizás no le sirva a nadie más, pero aún así lo voy a compartir porque si existe una sola persona que lea mi blog y que esté pasando por la misma situación que yo pasé, esto puede ayudarlo. Yo no podía mover los objetos de lugar porque me parecía que era una carga sumamente pesada para mí. A ver si me explico, no era algo racional, pero me di cuenta de que para mí mover una lata era equivalente a mover una montaña. Después pensé que quizás mi problema no era que las cosas fueran demasiado grandes, sino que yo me sentía demasiado pequeña. Y fue algo muy visual.

Si no ponía orden en mi cuarto es porque no ponía orden en mi cabeza. Esperaba que alguien viniera a salvarme. Entonces hice un esfuerzo consciente por mirar las cosas de otra manera. Me acerqué a la pila de ropa, y la miré “desde arriba”, hice un esfuerzo por pensar: “es solamente ropa”, “son solamente latas”, “son solo papeles”. A partir de allí más nunca tuve problemas para ordenar nada, y de hecho me sorprende lo fácil que me resulta.

Si no encuentras la raiz de tu problema es muy difícil atenderlo. Porque aunque pongas todo el esfuerzo del mundo, si para ti cada vaso es una montaña vas a terminar agotado cada día. Dejarás de hacerlo y no te culpo, cualquiera se cansaría en tu lugar. Pero si logras mantener tu cuarto limpio y en orden, la mitad de tu bloqueo desaparecerá.

Ahora ve un paso más allá: ordena tus afectos. Mantener una habitación en orden es un esfuerzo que se renueva cada día. Cada día tienes que dedicar unas horas a limpiar y organizar tu habitación. Lo mismo ocurre con tu ropa, con tu cuerpo, cada día nos duchamos, ¿no? Pero muy poca gente dedica la misma cantidad de tiempo a su cabeza. Y es muy importante mantener la cabeza en orden.

Hacer limpieza, descartar lo que ya no sirve dentro de tu cabeza debe ser una de tus prioridades. Así que cada día aparta una hora para ti mismo y tu mente. Lo que hagas con esa hora depende de ti, lo más importante es el mensaje que te estás dando a ti mismo: tú me importas. Si quieres puedes llevar un cuaderno. Explora lo que sientes y anótalo. Si tienes proyectos pendientes termínalos, aunque sean cosas viejas. Descarta todas las ideas negativas que tienes sobre ti. Deja de pensar en la gente que te hace daño. Puedes leer un poco sobre eso en Cómo lidiar con gente de mierda. Si te sobran amigos, haz una limpieza de esa lista también. Deja únicamente a las personas que te quieren y a las que quieres genuinamente.

Haz un esfuerzo por mantener la mayor cantidad de espacio abierto tanto en tu habitación como en tu cabeza.

Vaciarte es ser generoso con tu espacio.

CULTIVA LA APERTURA

A veces veo a la gente pasar en la calle y es como si tuviera un narrador malvado metido adentro. Me va narrando las cosas más feas sobre la gente. ¿Te ha pasado eso alguna vez?

Cuando me descubro haciéndolo tengo que frenarme. Me digo: “No conoces a estas personas que están cruzando la calle. Es imposible que sepas que él es un infeliz, que no se preocupa ni por su aspecto, que no se ducha ni limpia su casa, que su novia es miserable, que preparan comidas raras para cenar y tienen esa foto del Ché Guevara colgando en la pared del salón” Es imposible saber estas cosas, ¿por qué las pienso? Estoy segura de que los demás piensan cosas así cuando me ven a mí pasar: “¿Qué se cree esa pija?, ¿qué le pasa con las tetas?, ¿por qué no se cubre un poco?, ¿es una pervertida ninfómana cazamaridos?”

El problema es la cerrazón. Los soliloquios desagradables son producto de una mente cerrada.

Una amiga me contó un sueño que tuvo conmigo: estamos las dos en una habitación que tiene una ventana. La ventana está abierta. Una ola de agua entra por la ventana y la habitación se innunda. Con el agua por las rodillas ella corre hacia la ventana para cerrarla y entonces le digo: “Deja la ventana un poco abierta, si la cierras por completo la presión del agua la hará estallar, y nos vamos a inundar de verdad. Deja que entre un poquito de agua, y así tendremos tiempo de salir”. Esa imagen es una analogía perfecta para la mente. Si cierras por completo la ventana de tu mente, la harás estallar.

Entrénate en la apertura, en la aceptación. La aceptación no es lo mismo que la tolerancia. La tolerancia es pasiva, su objetivo es vivir con algo que te desagrada. La aceptación no es eso. Es una forma especial de apertura. Cuando veas a la gente pasar, busca una cosa que te guste en cada uno. Quédate con eso. Cuando ese ejercicio te resulte natural, aumenta el número. Busca 2 cosas buenas, busca 3, busca 10, busca hasta que no te quede tiempo para pensar en nada malo. Con suficiente práctica te darás cuenta de que algo muy curioso comienza a ocurrir en tu espejo: ahora también te es muy fácil encontrar 1 cosa buena en tu cara, y 2, y 3, y 10. Pronto no tendrás tiempo para pensar nada negativo sobre ti mismo.

Pero ve más allá. Ábrete también a nuevas experiencias. Cambia tu rutina. Pinta tu habitación de un color diferente. Cambia el orden de los muebles. Planifica viajes a lugares a los que jamás irías. Busca una persona con la que no hablarías voluntariamente, y hazte su amigo. Prueba una cosa nueva cada día. No te vayas a la cama sin haber hecho algo diferente al día anterior. Aprende a tocar un instrumento, o a pintar. Y si tienes alguna postura cerrada, si eres de derecha, o de izquierda, o te identificas con cualquier ideología, dale una oportunidad real a la opción contraria. Compra el libro favorito de tu enemigo, y ríndete antes de empezar a leer, léelo como quien se encuentra con el tema por primera vez. Llénate de ideas nuevas y tu mente se renovará con ellas. Aceptar la realidad es ser receptivo a la generosidad del mundo. Y recibir bien también es una forma de generosidad.

OFRECE TU TALENTO

Este punto es la idea principal del artículo de Cómo conseguir un trabajo en medio del paro. Ofrecer tu talento es ser generoso con tu identidad. Con lo que te hace especial y diferente. Regalar tu trabajo con alegría cada día. Quizás te resulte difícil. Después de todo da miedo exponerse, da miedo que te roben tus ideas, y también da miedo la mirada del otro. Pero compartir tu talento es el tipo de generosidad más poderoso. Al menos es el que te ayuda a desbloquear tu Zugzwang en lo concreto. Si quieres leer más sobre este punto lee el artículo que enlacé arriba.

LA PRÁCTICA DIARIA

Todo lo anterior, toda esa parrafada, se puede resumir en una rutina diaria. Es muy simple. Toma tiempo adaptarse a ella, y la romperás más de una vez, pero cuando descubras lo bien que te sientes cumpliéndola no querrás dejarla.

Lo ideal es que cada quien se cree una rutina propia. Que esté hecha a la medida de sus necesidades. Que tome en cuenta sus gustos y sus intereses. La autoexploración y la autodeterminación son la clave. Pero para ilustrar el punto os ofrezco la mía. No la cumplo a rajatabla, y aunque me gustaría llegar a hacerla cada día, lo cierto es que muchos días me salto alguno de los pasos.

1) Ordena tu mente: me gusta mucho usar la mañana para anotar mis ideas en un cuaderno. Busco pensar al menos en 10 ideas nuevas cada día. Últimamente las ideas que anoto son sobre artículos que quiero escribir. En mi día hay mucho espacio porque no trabajo en una oficina, pero si tienes un trabajo, parte de ordenar tu mente es hacer listas de prioridades, es organizar tu tiempo y espacio mental.

2) Ordena tus afectos: esta idea merece todo un post. No tengo espacio para explicarlo con lujo de detalles, pero una práctica sencilla que puedes hacer en cualquier momento es apartar un espacio para sentir cosas hacia las personas que te rodean. Busca sentir agradecimiento hacia las personas buenas en tu vida, alegría por las personas felices, y compasión hacia las personas que sufren. Mientras más veces hagas este ejercicio, más fácil te será ignorar a la gente de mierda. A mí todavía me cuesta controlarme en presencia de gente de mierda, pero así es la vida, baby steps.

3) Ordena tu cuerpo: escoge un ejercicio y practícalo cada día. A mí me gusta el yoga. Hacer ejercicio libera endorfinas y neurotransmisores que regulan el funcionamiento de tu cuerpo. Te ayuda a dormir mejor, a digerir mejor la comida, a ser una persona más serena. Cuida de tu aspecto, dedícale unos minutos al espejo. Estudia tu alimentación y si puedes mejorarla, hazlo también. Regula tu ciclo de sueño. Evita disparar tu propia ansiedad. El café, el cigarrillo, y el azúcar son algunas cosas que deber evitar. Tu cuerpo y tu mente son una sola cosa.

4) Ordena tu cuarto: empieza el día ordenando tu habitación. Si la habitación está desordenada te distrae y te causa malestar. Haz la cama aunque la desordenes después. Hacerla tiene un gran beneficio: te hace sentir mejor durante todo el día. Más que algo práctico es algo simbólico, dejar tu cama deshecha es como si nunca te terminas de levantar. Barre y friega, mantén tu escritorio en orden. Dobla tu ropa y guárdala en el armario. Limpia el polvo.

5) Comparte tu talento: ejercita tu talento una vez al día todos los días durante un año. Quizás no saques nada en claro, pero aprenderás muchas cosas valiosas sobre ti mismo.

No sé si lo sabes ya, pero tengo un newsletter que envío dos veces a la semana. El contenido de mis newsletters es diferente a lo que pongo en los posts, son bastante personales. Hablo de mi vida, pongo fotos de lo que hago, comento libros que estoy leyendo, y mando los mejores links de internet. Si te quieres suscribir pulsa aquí.

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Bienvenidos a América

February 17th, 2012

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